Pétalos

Segunda Parte


La segunda vez que Adrien fue a la floristería habían pasado casi tres semanas, Marinette había perdido todas las esperanzas de volverlo a ver, pero Alya seguía insistiendo en que la gente normal no solía tener motivos semanales para ir a una floristería.

Alya, como Marinette había predicho, había enloquecido con ella por todo lo que había pasado y después de que Marinette le había recreado con lujo de detalle cada interacción entre el modelo y ella, Alya había declarado que él se había sentido tan atraído por ella como ella por él y que eran almas gemelas.

Marinette lo había negado todo, pero siendo sincera con ella misma, deseaba que todo eso fuera verdad.

Verdad que parecía menos verdad mientras los días pasaban y Adrien no volvía a la floristería, pero quizás ella había entendido todo mal y cuando él había preguntado si podía volver, se refería a volver el próximo año cuando Chloé volviera a cumplir año.

Suspiró mientras arreglaba las peonias en la exhibición de ese día y se volteaba para entrar de nuevo a la tienda, que apenas estaba abriendo, para estrellarse contra alguien.

‒ ¿Todo bien, Marinette?

Marinette contuvo un grito.

Era Adrien vestido de negro de pies a cabeza, con un suéter con capucha cubriéndole el rostro, tomándola por ambos brazos para estabilizarla mientras le sonreía.

‒ ¡Ad-¡ ¡estoy bien!

Él le sonrió y Marinette dio un paso hacia atrás, sonrojada. Se había imaginado muchas veces cómo Adrien aparecería por la tienda, e incluso se había emocionado al confundir a otros clientes con cabello rubio entrar por la puerta, sólo para decepcionarse al notar que no eran él, pero no se imaginó que al verlo iba a terminar estrellada en su pecho. El perfume que usaba le hizo sentir cosquillas la nariz.

‒ ¿Qué estás haciendo aquí?‒ balbuceó acomodándose el flequillo, no recordaba haberse peinado esa mañana.

‒ ¿No me dijiste que podía volver?

La sonrisa le flaqueó en el rostro a Adrien por una milésima de segundo.

‒ ¡Claro! Me refería a que es demasiado temprano, apenas ha salido el sol.

‒ Puede o no puede que me haya escapado de una sesión de fotos.

Se veía adorable, Adrien, balanceándose en sus talones y sin atreverse a mirar a Marinette a la cara, que no pudo evitar balbucear más preguntas, sólo porque su corazón latiéndole a mil en el pecho la distraía de tratar de ser más discreta.

‒ ¿Pero no es ese tu trabajo?

Adrien se encogió de hombros‒ Debatible, es una larga historia.

‒ Si no estás trabajando, creo que tendrás tiempo de contarme, ¿quieres pasar y tomarte un café?

Marinette no sabía de dónde había sacado el valor para tal propuesta, pero la sonrisa de Adrien pareció alargarse hasta sus orejas y se alegró de haberla hecho.

‒ Me encantaría.

‒ S-sígueme.

Pasó a la tienda seguida del chico, chequeando sus dos coletas en el reflejo del vidrio de la puerta, donde comprobó que todo estaba en orden en su cabello pero no precisamente con el exceso de rosa en sus mejillas.

Adrien la ayudo a sacar una silla extra del depósito para que ambos se sentaran entre los narcisos y los laureles y sirvió dos tazas enormes de café. Le entregó una a Adrien y se sentaron.

El humo del café se esparció entre ellos cuando ambos soplaron en sus tazas al mismo tiempo. Se miraron a los ojos divertidos con ese pequeño acto sincronizado sin querer.

‒ Espero que no esté muy dulce, suelo abusar del azúcar.

‒ Yo sí espero que esté muy dulce, amo todo lo dulce.

‒ ¿No se supone que los modelos tienen que cuidarse?‒ bromeó Marinette.

Él tomó un sorbo antes de responder.

‒ Tienes un punto. Aunque sólo me cuido cuando mi agente mira.‒ respondió guiñándole un ojo.

De repente el calor de la taza que sostenía entre las manos no parecía lo suficientemente caliente comparado con su rostro.

‒ ¿Cómo te fue con el arreglo?‒ balbuceó para poner un tema de conversación. Ella ya sabía que el plan había sido un éxito después de buscar y leer con avidez cada artículo que lograra encontrar sobre la fiesta de Clhoé, que también había sido un éxito a la vista del mundo. Donde quiera que Marinette leyera, también leía sobre Adrien y el infame arreglo floral que ponía fin a un amor que nunca había empezado, como un reportero con "fuentes confiables que aseguran que el significado del arreglo es de pura amistad" había decidido llamar a la creación de Marinette.

Los ojos de Adrien brillaron.

‒ ¡Fue perfecto! ¿Leíste las noticias? Ni siquiera tuve que decir algo para que todos empezaran a murmurar que esas no eran las flores que se le regalan a una novia. Primero Chloé las amó, hasta que Sabrina le contó lo que todos estaban murmurando, ahí se enfadó conmigo, no mejoró cuando le dije que había sido adrede, y al final me dijo que yo había sido un iluso al pensar que ella y yo podríamos haber sido algo‒ Adrien soltó una carcajada por encima de su taza,‒ Al terminar la fiesta estaba enrollada con un actor hawaiano y gritaba hermanito cada vez que me veía. Fue increíble. Me alegra que piense que fue ella la que me rechazó, así no la pasa tan mal y yo puedo vivir con el desplante.

Marinette soltó una carcajada.

‒ Sí leí algo que dijo sobre el incesto en una entrevista.

‒ Esa es su nueva palabra favorita. Incluso peleó con un entrevistador cuando le preguntó qué había pasado con todas sus insinuaciones de que éramos pareja antes.

‒ ¡Lo vi! Pobre hombre, casi se lo come vivo.

‒ Ella ama el drama, y ahora tiene más motivos para vivirlo como yo me he librado de él, todo gracias a ti.

‒ No fue nada, sólo me alegra haber ayudado.

La miró con dulzura y levanto su taza.‒ A tu salud.

‒ Oh. A la tuya, por más problemas que se puedan resolver con flores.

Marinette chocó su taza con la de Adrien.

‒ ¿Así que te has fugado del trabajo?‒ preguntó Marinette aún con el sabor dulce del café en su boca.

Adrien asintió‒ Había pedido libre este día a mi agente desde hace meses.

‒ Fugarse y pedir libre el día no son la misma cosa.

‒ ¡Ese es el punto! Lo pedí y no lo respetaron aunque lo volví a asegurar la semana pasada.‒ Se encogió de hombros‒ Puedes decir que estoy haciendo valer mis decisiones.

‒ Oh‒ empezó a responder Marinette‒ entonces estás haciendo lo correcto, ¿supongo? No sé cómo se lidia con modelos prófugos por causas valideras, pero como humano parece razonable.

Adrien rió.

‒ Siento que estoy haciendo lo correcto.

‒ Es una buena señal.

Se llevaron ambos la taza a la boca, Adrien asintiendo y Marinette sonriéndole sobre ella, el café aún cálido a su tacto, cuando un nuevo pensamiento se le ocurrió en ese instante: si Adrien había pedido el día libre hacia meses, no era precisamente para visitar a la floristería.

‒ ¿Y para qué pediste el día libre?‒ La pregunta escapó de sus labios antes de que pudiera pensar que no era de su incumbencia y que no eran lo suficientemente amigos como para interesarse así por su día a día.

Él sonrió, limitando su sonrisa a sólo estirar los labios de una manera impersonal que ella sólo le había visto antes en televisión y se sintió culpable.

‒ No tienes que decirme si no quieres‒ agregó Marinette de inmediato.‒ No quiero incomodarte.

‒ ¡Oh no! No es eso. Sólo no sé cómo decirlo, no estoy, mm- acostumbrado.‒ Dirigió su mano a su nuca y la miró avergonzado.

El instante incómodo había pasado, la sonrisa tensa de Adrien suplantada en su rostro por una expresión más amigable dirigida hacía Marinette, que se sintió lo suficientemente aliviada como para hablarle como venía haciéndolo desde hacía rato.

‒ ¿Qué tal si empiezas uniendo palabras?

Adrien bufó divertido, regresando su mano a su regazo.‒ Esa es una idea excelente, señorita Dupain-Cheng, debería patentarla.

Marinette rió, sus hombros relajándose después de pensar que Adrien ya no querría seguir hablando con ella, pero el joven seguía tan dispuesto a hablar con ella como en su primer encuentro, quizás sólo un poco más tímido.

Haría lo que fuera, pensó Marinette, para tener más momentos así con él.

‒ Es sólo que…‒ titubeó‒ nunca realmente he tenido que decirlo en voz alta. Asumo que mi padre lo sabe y nunca hablamos de ello, y todos a nuestro alrededor deciden ignorarlo.

‒ Suena difícil.

Adrien sacudió la cabeza‒ no lo es, es sólo algo que pasa, a eso sí acostumbrado.

Marinette controló el impulso de tomar su mano, dudando del nivel de confianza al que habían llegado en ese momento.

‒ Podemos no ignorarlo, tu y yo, si lo deseas.

Los dedos de Adrien tamborilearon su rodilla, y Marinette casi estuvo segura de que el pensamiento de tomar su mano no había sido sólo de ella, para confirmarlos un segundo después cuando Adrien puso su mano sobre la de ella.

‒ Me gustaría mucho no ignorarlo contigo. Gracias.

Si Marinette no sabía lo que era morir, en ese momento sintió algo muy parecido. Ni siquiera sabía que su corazón pudiera palpitar tan rápido y sus ojos, negándose a mirar a Adrien, dejaron su rostro para enfocarse en los pistilos de los narcisos.

‒ No hay de qué‒ respondió con un hilo de voz.

Adrien estaba igual, asombrado con su propia acción, rojo hasta las orejas y con los ojos clavados en los laureles.

No duró más de unos pocos segundos, la tensión, cuando Adrien retiró su mano y volvió a tomar su taza con ambas. Marinette lo imitó sintiéndose casi aliviada.

Adrien se aclaró la garganta, y aún sin que se lograran mirar, le contó todo a Marinette.

Había pedido el día libre para ir a visitar a su mamá en el cementerio en el aniversario de su muerte, y año tras año solía dejarle flores por pura costumbre, cualquier tipo de flores que en cualquier floristería pudiera encontrar. Sin embargo este año había había sentido algo más que tristeza al pensar en visitar a su mamá, le alegró la idea de saber que al conocer a Marinette las flores iban a ser especiales. Que en la compañía de su padre hubiesen ignorado su petición bajo el mando de Gabriel Agreste, cuando todos sabían por qué pedía el día libre, había contribuido a explotar el enojo que se venía acumulando con muchos otros desplantes.

‒ Me gusta ser modelo‒ le dijo con la taza ya vacía sobre sus piernas‒ pero hoy simplemente necesitaba dejar de serlo, para ser el hijo de mi mamá.

Marinette, conmovida, se paró de su silla.

‒ Te haré el bouquet más hermoso que hayas visto jamás.‒ declaró, encontrando finalmente sus ojos azules con los ojos verdes de Adrien.

‒ No podría esperar menos de ti, Marinette.

Ella le sonrió, levantando la vista cuando él se paró también de su silla.

‒ Tenías razón en fugarte del trabajo.

‒ Lo sé, ¿verdad? A veces me imagino sólo trabajando para mí.

‒ Es un buen momento para darle más solidez a esa idea, ¿no te parece?

Adrien pensó las palabras antes de responderle, ‒ tienes razón, es un buen momento, y también es un buen momento para que me dejes ayudarte en ese buquet.

Marinette rió encantada, Adrien Agreste ayudándola en la floristería parecía descabellado, pero se sentía tan cómoda con él ahí que podría llamarlo su amigo y hubiese parecido completamente razonable.

‒ Tu mamá estaría muy complacida con eso, Adrien.

Él le sonrió con calidez y por una segunda vez en el día, le tomó la mano y se la apretó con ligereza.

‒ ¿Ya te dije que eres maravillosa?

Esta vez él no apartó la mirada y Marinette la sostuvo con toda la voluntad que logró recoger, porque pedazos de su mente y corazón parecían derretidos por su toque, el toque de Adrien Agreste sosteniendo su mano.

‒ No más maravilloso que tú- ¡digo! Tú también lo eres, como yo, que lo eres, maravilloso, eso.

Y al parecer su capacidad para formular oraciones sensatas también se había derretido.

Adrien rió, pero no soltó su mano.‒ ¿Entonces me enseñas a hacer un arreglo para mi mamá?

¿Habría algún universo en el que Marinette pudiera decir que no? Definitivamente no, mientras más compartía y hablaba con Adrien las líneas de su estatus de celebridad se difuminaban más para ser sólo Adrien, su amigo, y su crush de adolescente parecía también desaparecer para ser reemplazado por algo más concreto que le revoloteaba en el estomago.

Asintió porque las palabras no le fluian de la mente y sin soltarle la mano, le dio la espalda para dirigirlo hacía atrás del mostrador.

‒ También sería estupendo que aprovecháramos para que me dieras tu número de celular, princesa.

Si su torpeza entre las tijeras de podar y sus tropiezos con pétalos caídos en el suelo no la mataban, probablemente lo iba a lograr Adrien pidiéndole su número.


Nota Autora: ¡Gracias por leer y por sus reviews!