Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.


Capítulo 2 – El Cortejo.

Sirius bajó las escaleras con sigilo. Acomodó la mochila en su espalda y continuó descendiendo. En su siguiente intento de fuga, tenía planeado cruzar la cocina, salir por la puerta trasera que daba a un callejón, donde solo tendría que saltar una valla que le llevaría a la calle principal, de ahí tomaría un transporte muggle y finalmente se encontraría con James.

Era entrada la madrugada, así que esperaba que todos los habitantes de aquella casa estuvieran dormidos. No aguantaba ni un minuto más allí. Si la situación había sido complicada soportando sus charlas sobre la pureza de la sangre, ahora con esa estúpida idea del compromiso, no permanecería ni un segundo más. ¿Casarse él? Y sobre todo ¿casarse él con Bellatrix? Ni por todo el oro de Gringotts.

Llegó a la cocina.

¡Primera parte del plan conseguida con éxito!

Tenía buenas vibraciones. Sentía que aquella era la fuga definitiva. La puerta al final de la cocina estaba a tan solo unos metros detrás de la larga mesa que había sido testigo de las interminables cenas de la familia Black. Cuando estaba llegando al final de esta, observó un plato repleto de diferentes pastelillos.

¡Sus favoritos!

Enseguida se llevó una a la boca y guardó varios en su mochila. Por si le entraba el hambre durante las siguientes partes de su fuga. Pero cuando estaba a punto de llevarse el segundo pastel a la boca, se percató que debajo de estos había un pergamino con su nombre.

"Sirius

Disfruta de estos dulces que los elfos han horneado especialmente para ti. Antes de volver a tu habitación, limpia las migas que dejes. En tus fugas sueles dejar todo hecho un desastre.

Descansa hijo que mañana es un día muy importante.

Tu madre"

Miró sorprendido el pergamino. ¿Cómo diantres se había enterado?

Resopló.

Maldito juramento. Por eso nunca podía fugarse, esa magia diabólica le impedía cumplir su objetivo. No importaba lo que hiciese, estaba obligado por ley mágica a quedarse en esa casa. Azotó la mochila en el suelo y se sentó a comer el resto de los pasteles. Seguro que si salía por esa puerta alguna otra cosa se encontraría que le truncase su escape.

Cuando terminó, volvió a regañadientes a su cuarto. Se rendía, lo había intentado de mil formas y no podía. Se quedaría en esa casa hasta que sus amigos consiguieran averiguar una forma de librarse de ese juramento.

Al pasar por delante de la habitación de sus padres, la puerta de estos se abrió. Su padre apareció entre las sombras.

–Yo también acostumbraba a levantarme a comer cuando era un joven como tú. Además, mañana necesitarás la energía.

Sirius frunció el ceño y siguió subiendo las escaleras hacia el último piso.

¿Qué era lo que pasaba mañana?


Sirius dormía plácidamente, o al menos lo plácidamente que uno podía hacerlo cuando en los próximos meses te obligarían a casarte con tu prima. ¿Por qué el incesto no podía estar mal visto en su familia?

Sintió como de pronto alguien le quitaba la sabana de seda que le tapaba.

–Pero que…

Abrió los ojos con sorpresa. Miró a su alrededor pero no vio a nadie. Unas huesudas manos aparecieron a los pies de su cama.

–El ama Walburga ha pedido que Kreacher despierte al señorito Sirius. El ama dice que el señorito Sirius debe de comenzar a prepararse. Hoy es un día muy especial. –Con un chasquido el elfo desapareció.

¿Es que nadie pensaba decir que iba a pasar hoy?

Cuando se levantó de la cama se fijo que antes de que Kreacher desapareciese, este le había dejado un traje sobre la silla de su escritorio. Observó las ropas y tenía que admitir que podía decirse que le gustaban. Enseguida se la puso. Que odiase a esa familia no significaba que no aceptase sus caros regalos.

Cuando estuvo preparado bajo a las escaleras, al igual que la noche anterior salvo que esta vez no cabía la posibilidad de ninguna fuga. Entró al salón donde acostumbraban a desayunar y allí ya estaban presentes los restantes miembros de la familia, todos con impecables atuendos.

Su madre le hizo un gesto para que se sentase junto a Bellatrix. Habían reorganizado los sitios. Si esperaban que con eso una relación sentimental fuera a nacer de ahí lo tenían claro. Ellos no tenían nada en común, absolutamente nada.

A Bellatrix tampoco debió hacerle mucha gracia ese cambio en la mesa ya que puso los ojos en blanco cuando Sirius se sentó a su lado.

Este comenzó a servirse el desayuno como de costumbre. Estaba hambriento, las fugas le daban hambre. Cuando llevaba cinco tostadas y varios platos de huevos revueltos, su madre depositó su taza de té con fuerza sobre la mesa. Llevaba varios minutos intentando captar la atención de su primogénito.

–Sirius… querido… –Desde que se había anunciado su futuro compromiso, su madre había comenzado a tratarlo de forma distinta, incluso pasaba por alto sus comportamientos. –Me alegra tu buen apetito. Un hombre debe de estar sano y saludable para su futura esposa.

Todos los adultos presentes rieron ante ese comentario con tan poca gracia. Walburga satisfecha con su intervención continuó.

–Nuestra tradición establece que antes de la boda debe haber un compromiso y que antes de este debe haber un cortejo.

Sirius asintió. No tenía ni idea en qué consistía eso del cortejo, seguro que sería alguna otra fiesta para echar en cara de todos que casabas a tus hijos.

–Hoy, Sirius y Bellatrix, pasareis el día juntos. Es el momento que os comencéis a conocer mejor…

–Yo a este ya le conozco perfectamente. No necesito pasar tiempo con él. –Bellatrix interrumpió a su tía.

Walburga intento esconder su ira mediante una sonrisa. Aunque aquello parecía más bien la sonrisa de una malvada bruja que estaba a punto de echarte dentro del caldero.

–Esa es una ventaja que tenéis. Muchos deberán empezar desde el principio, pero digamos que el cortejo es una manera de conocerse… más íntima. Vais a dejar de ser primos para pasar a ser un matrimonio. Las cosas entre vosotros serán diferentes.

En ese instante Sirius comprendió lo que su madre decía.

–Vaya queréis que nos enrollemos. –Que le llamase como quisiera pero hoy en día significaba eso.

Cygnus hizo caer el tenedor de entre sus manos, al golpear en el plató hizo un sonido estridente.

–Ya me entendéis… –Sirius hizo como si no se hubiera percatado de las alarmadas caras. –Que la ponga mirando hacia Hogsmeade, que me adentre en su bosque prohibido, que hagamos un nueve y tres cuartos…

Sus padres estaban horrorizados y sus tíos… Parecía que hubieran visto un muggle en su casa. Todos habían captado las connotaciones sexuales de los comentarios.

–¡Walburga! –Cygnus gritó a su hermana.

Sirius sonrió a su tío. Todos debían de ser conscientes que si el plan que tenían para ellos era casarse en algún momento tenían que adentrarse en esos quehaceres.

–¡Eso no es el cortejo! –Walburga se desesperaba. –¡No podéis consumar hasta después del acto del matrimonio!

Sirius no se cansaba de molestar a su familia. Ya que tenía que sufrir por lo menos que la cosa fuera más amena. Además, disfrutaba desquiciando a su madre.

–Bellatrix sabe muy bien en qué consiste el cortejo. –Druella le aseguró a su cuñada. –Yo misma le he explicado todos los detalles… Querido, ¿recuerdas nuestro cortejo? –Se dirigió a su marido, el cual simplemente asintió. El hombre estaba más calmado tras escuchar las palabras de su hermana y su mujer. –Fue la primera vez que hablamos.

Sirius enseguida desconectó de las palabras de su tía. Sabía que su familia estaba para allá en lo que era la pureza de la sangre y el incesto, pero de ahí a casarlos de esa manera. Al menos él conocía a su prima…

–Pues entonces… Que comience el cortejo. Os estaremos vigilando muy de cerca. –Walburga miró especialmente a Sirius. –Ahora salir al jardín.

Bellatrix resopló y azotando la servilleta sobre la mesa se levantó de la silla. Quería acabar con eso cuanto antes.

–Bella, recuerda los modales de una dama. –Druella avisó a su hija.

Bellatrix puso los ojos en blanco y volvió a sentarse y se quedó mirando a Sirius. Este le devolvió la mirada sin comprender ¿acaso el tenía que hacer algo? El resto, al igual que Bellatrix, también le observaban.

–Todo hombre debe ser caballeroso con su futura esposa. –Comenzó Orión. –Asiste a Bellatrix con su silla y ayuda a que se incorpore.

Iban listos si creían que Sirius Black haría tal cosa. Bellatrix era malísima, era lo peor, la había visto burlarse de medio colegio con solo un par de palabras. No se rebajaría a ser su perrito faldero.

–Sirius… –Dijo Walburga en tono amenazante.

Resopló. Se mordió la lengua y obedeció. Solo esperaba que Lily demostrase su inteligencia y le sacara de esa lo antes posible. Se levantó y movió la silla de Bellatrix y le tendió la mano. A regañadientes esta acepto su gesto y se incorporó.

–¿Hay algo más que debo de hacer por su excelentísima? –Preguntó con ironía. –¿Limpiarle sus posaderas? ¿Digerir su comida?

–Mejor límpiate esa bocaza que tienes. Lo único que sale de ella es porquería. –Bellatrix le soltó la mano con furia.

Sirius fingió estar dolido.

Se quedó esperando a que Bellatrix tuviera la iniciativa para salir de aquella sala y acabar con ese estúpido cortejo. Pero esta no se movió un centímetro.

–Sirius debes de ser tu el primero en salir, ella te seguirá. –Orión dijo al observar la situación.

Fue en ese instante donde se percató de lo que ocurría. Ahora tenía sentido el porqué tuvo que hacer ese paripé de apartarle la silla. Estaban haciéndoles entender cuál sería el lugar de cada uno en ese futuro matrimonio. El hombre lideraría y la mujer le seguiría. ¡Qué machistas! Quizás eso explicase el comportamiento de su madre hacia él, al no poder dominar sobre su marido intentaba hacerlo sobre su hijo.

Salió de la sala a pasos agigantados. Bellatrix iba detrás de él, pero antes de que llegasen a las puertas que daban al jardín ella se le adelantó.

–No te acostumbres a este comportamiento. Yo no me voy a rebajar ante nadie y mucho menos ante ti.

Bellatrix abrió la puerta y salió hacia el jardín.

–No me esperaba menos…


Su paseo del cortejo por el jardín fue bastante soportable, quizás fue porque ninguno de los dos dijo nada. Es más ni si quiera se habían mirado. Ambos deseaban acabar con esa estupidez y perderse en sus dormitorios.

Volvieron a entrar a la casa a la hora del té. Pensaban que con aquel paseo por el jardín el cortejo había finalizado. Pero estaban muy equivocados.

En el salón del té, valga la redundancia. Sus padres y sus tíos les esperaban. El padre de Bellatrix más que satisfecho al comprobar que su sobrino no se había sobrepasado con su hija. La verdad es que los habían estado espiando desde la ventana. Cygnus no se fiaba que Sirius no intentase hacerle algo a su hija y Walburga temía que Bellatrix intentase matar a su hijo.

–¿Qué tal? ¿Habéis descubierto muchas cosas el uno sobre el otro? –Preguntó Walburga emocionada.

–Por supuesto tía. –Bellatrix sabía cuánto le gustaba a su familia los cotilleos y por lo tanto no iban a dejar de incordiar hasta conocer algo que le satisficiera. –Sirius es… –Le miró intentado que algo se le ocurriera. –A Sirius le gustan los animales… Especialmente los perros.

Sirius la miró sorprendido. ¿Acaso sabia ella lo de su condición? La sonrisa que le devolvió esta le confirmo que sí. Pero ¿Cómo? Tendría que tener una conversación en privado con ella.

–Yo también he descubierto una cosa asombrosa de mi futura esposa. –Él también sabía jugar. –Es intima amiga de Rodolphus Lestrange. Espero que esté su familia invitada a nuestra boda.

Bellatrix intento fingir indiferencia. Estaba seguro de que sus tíos verían de mala manera que su hija hubiera tenido novio sin que ellos lo supieran. Quizás utilizase esa información para que no se fuera de la lengua sobre su condición de animago.

–Muy interesante… Los Lestrange estarán invitados tanto al compromiso como a la boda. Todos los sangre limpias tienen que estar presentes ante la unión más pura del mundo mágico. –Walburga se le llenaba la boca cuando hablaba de esa boda. –Y Sirius, espero que no tengas ningún perro escondido en esa pocilga a la que llamas dormitorio.

No sabía cómo Bellatrix se las arreglaba, pero a ojos de su madre ella siempre quedaba bien. No es que le importase, adoraba ser el repudiado de la familia. Pero nunca conseguía ganar a su prima y eso le molestaba. Aunque no sabía porque, ya que ella no era nada para él.

–Permitirme que os felicite por vuestro comportamiento. Teníamos nuestras dudas acerca de cómo os afectaría esto… –Tras comprobar que Sirius había demostrado ser un caballero, Cygnus cambió de idea sobre ese compromiso. Aunque en el momento del juramento había tenido sus dudas, ahora no lo veía tan desacertado. Al menos de esa manera podría conservar a una de sus hijas en casa.

–Mi hermano Cygnus, siempre tan sentimental… –Walburga tomó un sorbo de té. –Eso no importa. Aquí lo único importante es la pureza de esta unión. ¡Todos nos tendrán envidia!

Sirius miró a su madre con asco. Cada día que pasaba le parecía más imposible que él pudiera provenir de esa mujer. Esperaba poder deshacerse de esa unión sino iba a estar casado con un clon de ella.


A/N: Aquí otro capítulo más. ¿Qué les ha parecido? Yo la verdad es que me divierto mucho escribiendo este fic, espero que ustedes disfruten leyendolo.