CAPÍTULO 10.

—Gracias, Candy… por darnos la oportunidad de trabajar contigo. --Le dijo Albert a modo de despedida.

— Empezamos mañana, entonces —dijo Terry con voz grave y aterciopelada. Candy asintió.

—Gracias ati… a ustedes, por darme esta oportunidad, creo—. Terry sonrió y sin previo aviso, se inclinó a ella y le besó la mejilla, demorándose allí por uno segundo más de lo normal. Después de una larga mirada, dio la media vuelta y se alejó al fin. Candy se quedó mirando la espalda de Terry, hasta que él cerró la puerta del auto y ambos se fueron. Empuñó sus manos con fuerza. Si caía de nuevo en esta red, dudaba que pudiera salir libre otra vez.

—¿Qué está ocurriendo? —le preguntó Albert sentándose frente a su amigo.

—Una larga historia, pero, en conclusión, estoy tratando de aclarar mi panorama personal. Eso es algo, ya sabes, que me divierte mucho. Albert se rio. —Te conozco desde hace casi dos años, y jamás te había visto en un plano tan confuso, estúpido y de negación con una mujer. Así que una de dos. O estás enamorado sin remedio o… ahora te encuentras en un período de locura penitencial.

—Parece que te diviertes a mi costa. Albert soltó una carcajada.

—Solo me recuerdas a mí. No quisiera que te ocurriese lo mismo. Creo que es momento de que sigas adelante.

Terry movió la cabeza quitándole importancia, pero Albert no pensaba lo mismo, y al cabo de un rato Terry le contó de como había conocido a Candy, hasta como había desaparecido.

Elisa Legan se había levantado esa mañana dispuesta a convencer a Terry que ella era la mejor modelo para el comercial, pero todo había ido mal, pues su ánimo se había dañado al enterarse por Archie de las nuevas. No había podido, estaba en shock. Terry Graham, luego de rechazarla a ella de manera tan ignominiosa, había propuesto el comercial a la musa de establo. La huérfana no era modelo. ¿Por que maldita seas Candy? Elisa no pudo soportarlo, y salió corriendo de las oficinas de la ABC.

— ¡Eso no es justo! —exclamó Elisa llorando—. Yo llegué primero, yo estoy aquí desde antes. Llevo tanto tiempo esforzándome, luchando para ser la mejor, y ella, sin esfuerzo alguno… ¿Por qué, por qué?

— ¿Y te vas a dar por vencida? —preguntó su madre con voz displicente— ¿Esa es la hija que crie?

—Está trabajando con Terry Graham, mamá, va a ser la modelo de su comercial, ¡y yo quería hacerlo! me esforcé mucho para conseguirlo. Es la segunda vez que me lo quita, y lo hace a propósito, la huérfana sin clase lo hace a propósito.

—Elisa…

—La odio, mamá, ¡la odio tanto!

—No tienes que temer de esa estúpida. Es una huérfana. En cambio, tú, cariño, tu eres familia del tío William—. Elisa sacudió su cabeza; esas palabras no la consolaban—.Tu eres la sobrina nieta política del tío William, el dueño de ABC

—Tienes razón —se tranquilizó Elisa de repente, —. Yo soy familia del tío Abuelo… ella no.

— ¿Lo ves? No tienes nada que temer…

—Ella es sólo la huérfana mosa de establo … soltó una risita de victoria.

Candy llegó al cuarto de grabaciones en la ABC a la hora indicada y sin contratiempos. El equipo se puso de inmediato a sus órdenes, indicándole cambios de ropa y cualquier cosa que pudiera requerir. Y luego a sus manos llegó un libreto. No era complicado, leyó. Y luego estaba nerviosa, y las manos le empezaron a sudar al salir del cuarto donde la habían maquillado y vestido de inmediato. Albert se ubicó a su lado.

—Estás perfecta —dijo Albert mirándola con aprobación.

—Gracias —contestó Candy con gratitud.

—Terry ha sido muy exigente con este proyecto.

—Es decir, que es Terry quien lo decidió..

—Algo así. —Candy sonrio y se alejó de él para caminar hacia donde le indicaron. Una parte sería grabado en la entrada del edificio de ABC y bajo un enorme letrero que tenía una forma de plumas de pavo detrás de tres letras en negro que representaría el logo de la ABC.

— ¿Estás lista? —le preguntó Terry pillándola desprevenida, y Candy se sorprendió un poco al verlo que no pudo decir nada —Me estoy felicitando mucho por haberte elegido—. Eso la hizo reír.

—Ahora dirás que el mérito fue tuyo.

—Por supuesto, Albert te descubrió, pero pude haber elegido a la última modelo. Eva, Elsa... que entrevisté aunque habría sido desastroso, seguramente... ni siquiera recuerdo bien su nombre.

—Elisa, te entrevistaste con Elisa Legan—. Él ladeó su cabeza como si tratara de recordar—. Cabello cobrizo, ojos marrones.

—Oh… sí, ella. —y dijo con inocencia— la que quería ganar el puesto por su escote—. Candy volvió a reír

Elisa Legan llegó por segunda ves el mismo día a las oficinas de la ABC, pero está vez con mucho cuidado de no ser reconocida y se dirigió a toda prisa hacia su objetivo.

—Albert… —dijo Elisa en un susurro y en un tono por completo diferente, más dolida. Albert se apartó del cuarto de grabaciones y le dedicó su completa atención a su sobrina política, aunque estaba un poco sorprendido por la visita inesperada.

—¿Hay algo que necesitas saber sobre Candy.

—¿Candy?-- preguntó Albert. La curiosidad sobre lo que pudiera decirle Elisa de Candy lo carcomía por dentro. pero por experiencia podía decir que cuando una mujer hablaba en tono sereno, era sobre algo que no le agradaría. Solo esperaba que cualquiera que fuese el tema no fuese en contra de la—ahora— modelo de la ABC.

Mientras las grabaciones simplemente habían ido fluyendo una tras otra haciéndoles avanzar con extrema rapidez. Candy desprendía calidez, elegancia, seguridad. Todo el paquete completo estaba en ella.

Albert todavía no daba crédito a toda la historia que estaba contándole Elisa. Adoraba a la madre de Elisa, como si fuese su propia hermana, pero saber que le habían ocultado algo tan importante, y que el difunto marido de su prima política había adoptado a Candy, para que fuera la compañera de Elisa, y luego que Candy fuera repudiada, le dolió. Le dolía que hubiera pasado tanto tiempo sin que él tuviese la posibilidad de conocer la historia. Se imaginaba todo lo que Candy tubo que sufrir con alguien tan frívola como es Elisa.

-- ¿Quién está enterado de todo esto, Elisa,? Quiero todos los nombres.

-- Aparte de mis padres, sólo la tia Elroy, Pero entiendes tío abuelo, que era mejor que no se supiera que alguien como Candy no tuviese relación alguna con alguien como nosotros. Hubiéramos sido la vergüenza de la familia, si no hubiese sido por mi Papá, esa huérfana no estaría robando lo que es mío. No permitas que Candy se quedé con el comercial. Es una mentirosa. ¿Sabías que ella y Terry, se besaron? --Albert no escuchaba a su sobrina, él sólo pensaba en lo que hubo de pasar Candy. También le dolía que la tia Elroy no hubiese confiado para hablarle de todo esto.. ¿Cómo era posible?

—¿Tío Abuelo, me escuchaste lo que te he pedido?-- Preguntó Elisa con cara de estar sufriendo.

—Es que lo único que tenías que hacer era hablar de Candy . Eso es todo. A partir de ahora, Elisa puedes despedirte de tu mesada, ya tomaré una decisión antes de hablar con tu madre, pero advierto no sere benévolo. Cierra antes de salir de mi oficina, y pronto por favor. --Albert salió furioso dejando a una Elisa desconcertada.

Elisa no podía creer el comportamiento y lo que dijo el tío abuelo, y poco a poco estaba que se la llevaba el mismo infierno. Ardía de odio hacia Candy. Se dispuso a salir sintiendo que había sido humillada, y tambien furiosa, pero una llamada entrante la detuvo y antes de que alguien se enterase contesto.

—Oficina de ABC, buenas noches. ¿En qué puedo ayudarle? —preguntó con una sonrisa maliciosa en el rostro. «Una llamada.» Talvez esperaría a Terry en su oficina. Por que no pensaba renunciar a el. ¿Qué sería de él en manos de la huérfana?

—Buenas noches —dijo la voz grave de un hombre. ¿Estaba enojado?, se preguntó Elisa, pero se mantuvo callada a esperar que su interlocutor hablase—. Necesito hablar urgentemente con Terrence. Ah, se refería al hombre de sus sueños con nombre de pila. Curioso.

—No se encuentra ya en la oficina, pero si me deja un mensaje se lo haré llegar sin ningún problema —expresó con su tono muy amable fingido.

—Soy el secretario de él Duque. Richard GrandChester, a Elisa no le hacía clic el nombre. ¿Debería? Tenía buena memoria con los nombres de los Duques. Al menos eso siempre se aprendía y le había servido en varias de sus reuniones con sus amigas que viajaban mucho al viejo continente —cuando mentía y tenía que relacionar ciertas personas con otras. Pero el apellido GrandChester no le sonaba de nada.

—Entiendo, le diré que ha llamado y…

—¡No! ¡Necesito hablar con él ahora! —exclamó el hombre. «Sí, estaba enojado.» —. Es muy importante. Creo que, a pesar de todo, tal vez le interese lo que tengo que decirle.

—Puede decirme, soy su asistente personal y de confianza.

—Dígale que su padre, el Duque, ya sabe en donde se encuentra ahora, y que sino se presenta en la mansión GrandChester está semana, lo va a lamentar —dijo con voz grave y furiosa—, Elisa estaba muda, la información que acababa de recibir era una bomba y ella la tenía en su poder —Dígale a Terrence GrandChester que se ponga en contacto conmigo.

—Su Padre... --el hombre la interrumpió. Le dictó un número, que Elisa anotó, y después el hombre cortó la comunicación de forma abrupta dejándola con una sensación de euforia, a medida que la información que acababa de recibir de sopetón empezaba a cobrar fuerza en sus pensamientos. Pero tenía que hacer algo primero con la musa de establo.

Luego de grabar Candy vio a Annie con el teléfono en la mano, esperándola.

— ¿Pasa algo? —preguntó Candy mirándola extrañada, y Annie apretó sus dientes asintiendo.

—Esa maldita de Elisa. Tuvo que ser ella—. Candy miró a Terry, que por suerte no las observaba, parecía interesado en la conversación que mantenía con Albert, pero a ella no le interesaba que él se enterara, así que caminó hacia su amiga y, tomándole el brazo, la llevó fuera del lugar.

— ¿Qué hizo?

—Están circulando en internet fotos tuyas… —. Eso la dejó lívida. No le preocupaba demasiado que el público se enterara de ella y su pasado, sino Terry. Si él veía esas fotos, ataría cabos al fin.

—No puede ser.

— ¡Mira esto! —exclamó Annie mostrándole el teléfono. Había imágenes de ella adolescente y de ahora haciendo el consabido contraste "Primero Plebeya y Modelo después". Pero la misma mujer parte del equipo publicitario de Terry Graham. Los artículos no podían ser más amarillistas y sensacionalistas, y especulaban en que era una farsante que intentaba ser una modelo profesional sin una carrera.

Continuará...