Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.
Capítulo 3 – El Compromiso.
"Cornamenta, Lunático, Colagusano, Lily o cualquiera a quien le llegue esta maldita carta;
¡Estoy desesperado! Completamente desesperado. Esta misma tarde me comprometerán formalmente con Bellatrix, eso significa que estaré un paso más cerca de verme atado eternamente a esta familia… Y creerme las cosas que estoy escuchando de cuál será mi futuro después de esa boda. ¡No se lo desearía ni a mí peor enemigo!
Esta es la séptima carta que os envió y no sé si estáis muy ocupados buscando una solución a mi situación o es que me habéis abandonado… Espero que sea lo primero, ya tengo bastante con el rechazo de mi familia como para tener el vuestro también.
¡Por favor! ¡Ayudarme!"
Sirius ató el pergamino a la pata de su lechuza y abrió la ventana para que pudiera volar a la dirección indicada.
–Sois mi última esperanza. –Murmuró.
Desde su última carta, en la que les había contado su experiencia en el cortejo y donde les avisaba que tuvieran cuidado que si Bellatrix había descubierto que él era animago quizás también supiera del resto, no había vuelto a tener respuesta de ellos.
–¡Ahí estas! –Su madre le sobresaltó. –¡Y ya estas vestido!
El tono de sorpresa de esta hizo que mirase a su atuendo. Ni si quiera lo había pensado cuando se vistió esa mañana, cogió lo que Kreacher le dejó la noche anterior en su habitación. Por primera en su vida había cumplido con una orden de su madre. Eso si le pareció raro ¿Le estarían envenenando?
–¡Qué guapo estas! –Su madre le repeinaba y le pellizcaba las mejillas. –Te pareces tanto a tu abuelo Pollux.
Sirius no pudo esconder su cara de asco. Corría una leyenda urbana que decía que su madre había nacido cuando sus abuelos tenían unos trece años. Todos los Black habían negado tal cosa. Seguro que hasta a ellos mismos les daba vergüenza admitirlo. Es que eran una panda de degenerados.
–Es normal que estés nervioso. –Su madre era una pesada. –Pero Bellatrix es la mejor candidata. ¡Qué guapos los dos! –Volvió a pellizcarle las mejillas. –Que nietos voy a tener… La envidia de todos.
Un momento, un momento. ¿Nietos? ¿De quién? ¿Él ser padre? Ni de coña. Además, eso significaba acostarse con su prima… Y a esa no la tocaría ni con un palo.
Su madre iba a continuar con su verborrea, seguro que hasta ya tenía decidido el nombre de esos futuros nietos, pero Druella entró a buscarla. Para algo bueno servía su suegra.
¡¿Suegra?!
¿Pero que le estaba pasando?
Definitivamente todo debía ser por el veneno.
–¡Kreacher! Ven aquí estúpido elfo. –Walburga inspeccionaba una de las copas. –Hay una mota de polvo, ¿tú sabes lo que esto puede suponer?
El pequeño elfo se acercaba tembloroso, pero acostumbrado a las regañinas de su ama. A Sirius por un momento le dio pena, pero ese elfo se había ido chivado tantas veces a su madre de las cosas que hacía, que ni se inmuto.
–La mayor pureza del país se reunirá en esta casa y si ven esta simple mota de polvo seremos el hazmerreír, ¡pensaran que somos unos guarros!
–Sí ama. Kreacher ahora lo limpia.
–Más te vale que quede como la patena…. Sino quizás debería de volver a continuar la tradición y añadir una nueva cabeza de elfo a la pared.
Sirius resopló con cansancio. Llevaban una hora esperando a que Bellatrix se acabara de vestir. Los instintos asesinos de su madre comenzaba a florecer y eso significaba que se estaba desesperando. No sabía qué era lo que pasaba en el piso de arriba pero una Narcisa bastante malhumorada bajo las escaleras a pasos agigantados.
–Madre requiere de tu asistencia. –Se dirigió a Walburga con una vocecilla de un ser inocente que nunca había roto un plato.
Walburga subió rápidamente las escaleras hacia el piso superior. A saber qué problema se traerían esas… Seguramente alguna estupidez relacionada con absurdos vestidos y maquillaje.
Narcisa no acompañó a su tía y se posicionó al lado de Sirius. Desde el anunció del compromiso esta no le había vuelto hablar, ni que lo hiciera antes, simplemente le miraba de forma misteriosa. Cualquiera diría que estaba intentando desintegrarle con la mirada.
–Nunca creíste verte en una como esta. –Narcisa frunció los labios. –Después de todo lo que nos has hecho sufrir… Al final has conseguido ser el centro de atención.
Sirius se rió, entendía de qué iba todo aquello. Narcisa tenía envidia. La pequeña niña malcriada había descubierto que desde que se había anunciado su compromiso con Malfoy había dejado de ser una Black, aún no formalmente, pero a los ojos de su familia sí.
–Mira rubita de bote. –En más de una ocasión había dejado el baño hecho un desastre con su tinte de pelo. –Te regalo toda la atención… ¡Ah no! Que ya ni tus padres quieren saber nada de ti, ahora solo tienen ojos para tu hermana.
Pasaba de lo esa le dijese su prima, pero no la soportaba. Por una vez agradeció que la prima a la que le hubiesen prometido fuese Bellatrix, al menos esta era un digna contrincante. Narcisa por el contrario… Era Narcisa, la versión femenina de Malfoy.
Su madre y su tía se unieron a ellos al cabo de unos minutos y detrás de ellas, una enfurruñada Bellatrix las seguía. Narcisa iba a responderle pero al verlas se contuvo. No podía dañar su impecable imagen.
–¡Narcisa! –Druella le dio un golpecito en el hombro. –¿Qué haces aquí? Tú vas al fondo junto a Regulus. –Se giró hacia su otra hija. –Bellatrix, al lado de Sirius, y espero que…
Sirius no consiguió escuchar lo que su tía decía ya que entre que lo dijo en voz baja y que su hermano, padre y su tío entraron al salón hablando, se tuvo que conformar con el misterio, pero viendo la cara de enfado de Bellatrix, no debía ser nada bueno. Al menos ella también estaba en contra de ese matrimonio.
Su padre fue el que comenzó a recibir a los invitados. Los Malfoy se paseaban por la casa como si fuera suya, el haber conseguido a una Black les había hecho subir de golpe en la escala social. Los Bulstrode, les entregaron varios objetos a forma de regalo, todos artilugios de artes oscuras. Los Macmillan también estaban allí, así como los Nott, los Dolohov, los Crabbe los Goyle… Los Lestrange.
¡Ay! ¡Los Lestrange!
Aquella situación no le gustaba, pero ver la cara malhumorada de toda esa familia valía la pena. Debían de tener asumido que Bellatrix iba a ser prometida a Rodolphus. Si para James su archienemigo era Lucius Malfoy, para él lo era Rodolphus Lestrange. La de veces que se había burlado de él y ahora iba y le "birlaba" a la novia.
Tras aguantar a que la mayoría le diese la enhorabuena y le hablasen de estupideces, llegó el momento. Era cierto que aquello era todo una parafernalia, el juramente para su compromiso se había realizado años antes, pero no podía dejar de sentir que aquello era el principio del fin.
–Queridos amigos. –Comenzó Orión. –A toda la familia Black nos enorgullece vuestra presencia, queremos que seáis testigos de la promesa de matrimonio que se celebrará a continuación. Parece que el destino quiere acabar con nuestros linajes, pero en días como el de hoy, las uniones entre nuestras sangres permiten la continuación de nuestro deber de proteger las sagradas tradiciones que siempre han demostrado ser necesarias para mantener nuestro mundo libre de sangres sucias.
Todos los presentes aplaudieron las palabras. A Sirius le dio una arcada, hubiera vomitada en medio del salón si su madre no hubiera tirado de él para que se colocará al lado de su padre. Bellatrix hizo lo mismo, salvo que al lado contrario.
–Por todos esos motivos me satisface anunciarles formalmente el compromiso matrimonial entre mi hijo, Sirius Orión Black, y mi sobrina, Bellatrix Black. –Su padre le cogió de la mano y la unió a la de Bellatrix y las mantuvo atrapadas entre las suyas. –¡Siempre puros! –Su padre alzó las manos entrelazadas.
–¡Siempre puros! –Repitieron el resto de miembros de la familia Black.
Pues ya estaba. Compromiso realizado.
Tras soportar varios encuentros donde le habían ofrecido desde trabajar en una importante empresa mágica de distribución de varitas hasta entrar al ministerio como ayudante del ministro. Consiguió perderse entre la multitud.
Salió a los jardines. Aquél era el único lugar donde no escuchaba las tonterías que se decían dentro. Pero si creyó que allí iba a poder encontrar calma se equivocó. Bellatrix había tenido la misma idea.
–¿Huyendo de tu baño en sociedad? Estoy seguro que todos estarán encantados de escucharte.
Bellatrix se cruzó de brazos.
–¿Tú crees? Todos prefieren escucharte a ti… A pesar de que eres un traidor. No lo entiendo, bueno… la verdad es que sí. –Negó con la cabeza. –Tú eres el heredero y yo un simple objeto con el que mantener el linaje.
¿Cómo? ¿Había escuchado bien? ¿Acaso su prima estaba en contra de su familia y del linaje que tanto defendían?
–Yo valgo para mucho más que para parir hijos. Yo… quiero ser la que acabé con todos esos estúpidos sangres sucias.
Sí, Sirius, habías escuchado mal. Aquella en frente de él continuaba siendo la desequilibrada y loca de su prima. ¿Por qué le estaba pasando eso a él? Era buena persona, se portaba bien con los demás… Esperaba que sus amigos consiguieran encontrar alguna solución, si finalmente acababa casado con esa loca, augura un futuro muy oscuro. Si hasta hubiera preferido que le casaran con cualquier otra, con una de las Bulstrode incluso, aunque eso supusiera tener que vivir entre ambientadores, aquella familia apestaba o con una Nott. Con cualquier menos con…
De pronto alguien interrumpió los pensamientos de Sirius, aunque más bien fueron los labios de alguien, y ese alguien era Bellatrix.
¡¿Qué diantres estaba sucediendo?!
Bellatrix profundizaba el beso a ritmos agigantados. Los brazos de esta le rodearon la cintura y le atrajeron más contra ella.
¡Esa mujer estaba loca!
Noto como la piel del cuello de Bellatrix se erizaba con su contacto. ¿Un momento? ¿Cuándo había colocado sus manos allí? Y sobretodo ¿En qué momento comenzó a responder a ese beso? No supo contestar a ninguna de aquellas preguntas, pero siendo sincero, esa situación le estaba gustando. Si aquello era lo que deparaba para el resto de su vida... ¡Pues bienvenido sea!
Pero al igual que ese beso comenzó, Bellatrix lo terminó.
–¡Rodolphus! No sabíamos que estabas ahí.
Rodolphus les miraba desde la puerta. Abría tanto los ojos que parecía que se le iban a salir de la cara. Bellatrix en cambio sonrió con satisfacción cuando observó como el que había sido su novio se giraba y volvía a entrar en la casa.
Sirius no entendía nada de lo que acababa de ocurrir.
–¿Acaso ese no era tu novio?
Bellatrix asintió.
–¿Y me acabas de meter la lengua hasta la garganta delante de él?
Esta volvió asentir.
–Yo creía que le querías…
Esta vez Bellatrix soltó una sonora carcajada.
–Por favor Sirius no me hagas reír. –Se cruzó de brazos. –No le soporto. Es cierto que éramos novios, pero como creía que el seria mi futuro marido, consideré prudente probarlo antes de comprarlo.
Sirius se tocó la barbilla pensativo.
–Ahora entiendo… Por eso me has besado.
–No. No pienses que esta situación se va a volver a repetir. No dejaría que me tocases ni con un palo. Pero digamos que me has venido de perlas para demostrarle a Rodolphus que paso de su cara.
Bellatrix se ajustó la ropa y comenzó a caminar hacia la puerta para volver a entrar en la casa. Sirius la miraba sorprendido. Que mujer más cruel. Estaba claro que Rodolphus era su peor enemigo, pero por una pequeña milésima de segundo le dio pena.
–Por cierto… Besas fatal. –Giró el pomo y entró.
Aquella mujer no estaba loca, no estaba desquiciada...
¿Decir que Sirius Black besaba mal?
Definitivamente era el mismo diablo en persona.
