CAPÍTULO 11.
— ¡Mira esto! —exclamó Annie mostrándole el teléfono. Había imágenes de ella adolescente y de ahora haciendo el consabido contraste "Primero Plebeya y Modelo después". Pero la misma mujer parte del equipo publicitario de Terry Graham. Los artículos no podían ser más amarillistas y sensacionalistas, y especulaban en que era una farsante que intentaba ser una modelo profesional sin una carrera.
—Candice... —la llamó Terry. Candy se giró de golpe y Annie abrió los ojos como platos. Ni Annie o Candy habian visto a Terry acercarse.
— ¿Qué? —preguntó Candy palideciendo—. ¿Cómo me has llamado?
—Candice, porque eres Candice. La Candice de hace dos años, la chica de la que me enamoré, y la chica que luego desapareció.
— ¿Yo desaparecí ?
— ¡Ah, lo admites! —exclamó Terry con triunfo—. ¡Eres tú! No puedes seguir mintiendo, ya se que eres tú.
— ¡Maldito seas, Terry! —gritó Candy roja y furiosa, y todos alrededor se giraron a mirarlos.
—Hablemos —pidió Terry, pero Candy le dio la espalda y echó a andar.
—Mi amor, espérame un momento —dijo Candy fingiendo por teléfono con voz lo suficientemente alta como para que Terry la oyera. Pero Terry le tomó la mano y la detuvo.
— ¿Tienes novio? —preguntó ceñudo, aunque Candy lo miró con odio. — ¡No puedes tener novio! —Ahora exclamó Terry, y ella lo miró con ojos grandes—. Diablos… Pero pensé que tú… Candice…
— ¡Basta!
—Pero… tú y yo…
— ¿Tú y yo qué?—preguntó ella y cerró sus ojos.— ¿Desde cuándo lo sabes…?
— ¿Importa?
—Sí, maldita sea, por una vez sé honesto en tu vida y dime la verdad—. Al oírla, Terry la vió como si fuera una desconocida.
—Yo a ti no te he mentido —contestó Terry esta vez ofendido—.
— ¡Lo haces! Yo sólo fui una tonta más…
—Entiendo que estés molesta por lo que Robert dijo, pero…
— ¿Qué ? ¿De que hablas?
—Se las cosas desagradables que te dijo… y que por eso te habías marchado —Candy se echó a reír aunque era una risa de odio y dolor , y zafándose de su agarre giro y siguió andando hasta llegar a la esquina de la calle. Mierda, no tenía auto. Hasta ahora Terry la había estado transportando.
—Candice, aún llevas la ropa del comercial —le advirtió, y ella se miró a sí misma. No le importó—. Candice, nena…
—No me digas nena, No me digas Candice; mi nombre es Candy, ¡Candy!
— En el pasado te presentaste como Candice, eres tú la que inició todo esto ocultando cosas y diciendo mentiras—. Candy cerró sus ojos esquivando su mirada—. ¿Sabes cuánto tiempo te busqué? ¿Cuántas veces te llamé? ¿Cuántos mensajes te dejé? Te busque en la universidad. No me dijiste nada antes, no me dijiste que hice, y yo sólo pensé que… Dios, pensé tantas cosas, Candice…
—Que no me llames así.
—Me enamoré de ti…
—No me mientas —se enojó.
—Te estoy diciendo la verdad… Me enamoré de ti, y cuando te fuiste… fue un duro golpe, Candice… Candy. Dios, mío me va a costar un poco empezar a decirte Candy.
—No tendrás que acostumbrarte. No tendrás que llamarme de ningún modo.
—No puedes dejar el trabajo tirado.
—Me arriesgaré.
—Demonios, ¿por que eres así de testaruda? —Candy extendió la mano y un taxi se detuvo, y sin mirarlo, se metió en él. Tan sólo unos segundos después, Annie se detuvo con un taxi frente a Terry.
—Annie, eres la mejor —le agradeció Terry, y ambos iniciaron la persecución al taxi en el que iba Candy.
—No quiero que le hagas daño.
—Prefiero morir antes que hacerle daño—. Annie lo miró con recelo, como queriendo meterse en su cerebro.
— ¿Qué es lo que pasó hace dos años que hizo que Candice... que Candy se fuera? —preguntó Terry en voz baja, Annie le entendió perfectamente, pero que podía ella decirle, si hasta el momento ella misma no sabía que había pasado.
—No te lo puedo decir —contestó sin mirarlo—. Sólo… por qué no se que pasó. Lo que si te puedo decir es que yo hice que Candy diese otro nombre, y créeme fue lo mejor. Terry se pasó las manos por el cabello y volvió a mirar a Annie, que lo observaba preocupada.
—Oh, ¿Es por eso que no la encontré? —ella no dijo nada, y él siguió—. ¿Y por qué lo hicistes ? ¿Cuál fue el motivo para protegerla? El momento había llegado, pensó Annie.
— Candy y yo crecimos en un hospicio.
— ¿Cómo? —preguntó él.
—Si. Crecimos sin padres. Nos adoptaron de pequeñas. Sabes ella me protegía, todo el tiempo se preocupaba por mi— Annie sonrió, pero su sonrisa demostraba tristeza—, y yo le fallé. Mi padre quería adoptar a Candy, pero yo convencí a Candy de que no dejará el hospicio, por qué yo quería una mamá, y de algún modo Candy no dejo que la adoptaran, pero en cambio decidieron adoptar a alguien más, y cuando tuve la oportunidad yo no me negué. —los ojos de Terry se fueron iluminando poco a poco, como si al fin entendiera el motivo de protección que infundia Annie por Candy ahora de adulta —. Y de alguna manera cuidarla es mi forma de saldar mi deuda— Tal como pensó Terry.
—Entiendo...
—No, no entiendes, Candy fue cojida por una familia que lejos de aceptarla, lo que hicieron fue humillarla y luego la repudiaron, Fui testigo de las maldades de Elisa Legan— Terry miró a Annie sorprendidó. —Cuando introduje a Candy en el medio publicitario, de algún modo supe que sería mejor que no supieran su verdadero nombre y no me equivoqué, Elisa se encargó de que todos supieran que Candy era la chica que habías besado, besarla no fue lo malo pero si lo que Elisa hizo creer a todos. — Terry no necesito detalles, ya imaginaba lo que una víbora como Elisa Legan había hablado de Candy, solo le había bastado con mirar a esa mujer para saber de lo que era capaz de llegar hacer para salirse con el triunfo—, pero yo pude desmentir eso — siguió Annie — los datos dieron la razón.
Ambos se habían empujado el uno al otro hasta estar allí, pensó Terry. No era así como quería las cosas con Candy. No más mentiras, ni fingimientos, ni engaños. No más acusaciones. Quería paz con ella, porque así era como siempre lo había soñado. Pero las cosas estaban mal, ambos se habían equivocado mucho.Se pasó las manos por el cabello y volvió a mirar a Annie
—Por favor —le dijo ahora con voz suave, pero autoritario—Necesito estar con ella, tenemos mucho de que hablar.
—No la dejaré sola contigo.
—Annie… Ella y yo tenemos una conversación —aseveró Terry con voz firme—. Nada la va a retrasar ni un minuto más, por eso te pido, ya que eres su mejor amiga, que me dejes a solas con ella. Te lo ruego.
Terry saltó del auto tan pronto como éste se detuvo frente al edificio de Candy, y atravesó el pasillo casi corriendo tratando de alcanzarla, pero las puertas de los ascensores se cerraron dejándolo a él fuera. Sabía cuál era su habitación, y al llegar alcanzo a detener la puerta antes de que Candy de la cerrase en las narices.
—¿Por qué me seguiste? ¿por qué te empeñas en buscarme?
—Candice…
—Mi nombre es Candy, ¡Candy! Ya —grito furiosa y tan roja como un tomate.
—Creo que lo mejor es que me vaya— dijo Annie cuando llegó corriendo detrás de Terry
—No, Annie.
—Necesitas hablar con tu chico… — le dijo con ternura.
—Pero él… —Annie la interrumpió.
—Él es la razón por la que no quieres que salir con un chico, ¿verdad? —Candy la miró a los ojos, y una lágrima rodó por sus mejillas. Annie la secó y siguió:—Él es la razón por la que ninguna relación romántica que has intentado ha funcionado. Vamos, habla con él… escucha sus razones, tal vez… tenga una válida.
—No me dejes.
—Estaré muy cerca, y tengo una promesa que me hizo, no te hará daño—. Después de besarle la frente Annie salió. Terry no le quitó la mirada de encima a Candy que caminó unos pasos yéndose al otro lado de la habitación, abrió una cortina que cubría una fantástica imagen del Central park y miró por la ventana la ciudad, ya empezaba a oscurecerse, podía mirar la línea del horizonte anaranjada, roja amarilla y azul con un toque de morado, sin duda era la vista más hermosa que hubiera visto nunca. Escucho a Terry que respiró profundo y acercándose lentamente a ella, pero el no la tocó.
— ¿Qué pasó que hizo que te fueras ? ¿Que hice para que me odies?—preguntó en voz baja, pero que ella entendió perfectamente. Sólo movió la cabeza.
—No te odio —contestó sin mirarlo—. Sólo… me di cuenta de quién y cómo eres, realmente.
—Oh, ¿de verdad? —ella no dijo nada, y él siguió—. ¿Y qué fue eso? ¿Cuál fue ese acto que mostró mi verdadero ser? El momento había llegado, las palabras que tenía atascadas en el alma quemando desde hacía mucho tiempo salieron de repente.
— ¡Yo... yo para ti fui una simple fan, una más! Solo fue un beso de una más— le dolió el alma decir aquellas palabras, le dolió tanto como el día que las escucho salir de los labios de Terry, volvían a quemar en su pecho como si estuviera dentro de un volcán.
¿Cómo? —preguntó Terry sin comprender— De qué manera, ¡cuándo! — el corazón comenzó a latir en su pecho como un tambor.
— ¡Tú no me querías! —exclamó ella alejándose y mirándolo a los ojos con una expresión de dolor—. Jugaste conmigo, ¡me hiciste daño! —Él no lo soporto y en dos zancadas llego a ella. Con delicadeza, y firmeza la sostuvo entre sus brazos. Candy se retorcía intentando zafarse de sus brazos, pero en un momento los espasmos del llanto la debilitaron y las lágrimas gruesas no tardaron en caer, deslizándose como un río cuando cae en una cascada por sus mejillas. — Te oí… te oí decirle a otro actor… que yo sólo era una más de… tus fans a la que simplemente le diste un beso, por qué así éramos las fans —los ojos de Terry se fueron iluminando poco a poco, si recordaba ese hecho—. Y que lo habías hecho con una más, de alguna manera entendí que era para no romper el corazón de otra más.
—¡Oh, Dios…!
—Dijiste que solo fue por la euforia del éxito… y solo fue un beso más, sin importancia, por qué pronto me iría, y todo quedaría olvidado.
—No, Candy…. No era así.
— ¡Entonces cómo era! De qué otra manera podía yo interpretar esas palabras. A solas conmigo eras lindo, especial, pero delante de los demás, yo no existía, y con tus compañeros del teatro, solo era una fan más. ¡Qué querías que entendiera, por Dios! —él no contestó a sus acusaciones pero la solto, y se pasó las manos por la cabeza y dio media vuelta en silencio—. ¡Vamos, di algo! —Candy exclamó al ver que no se defendía —. Di que era mentira, que no eras tú, o que yo estaba equivocada y que mire mal y que te confundí. Él se giró a mirarla por fin, y Candy vio en sus ojos que había mucho dolor.
— Si fui yo quien dijo esas horribles palabras— Candy cerró sus ojos. ¡Ah! Su corazón se rompió en millones de pedazos — Sólo digo que… fue mi manera de… protegerte —Candy abrió sus párpados de golpe y se echó a reír; pero era una muestra de qué estaba doliendole el alma.
— ¿Protegerme?— Preguntó reemplazando la irá por la furia.
— Ya antes habían ocurrido cosas desagradables cuando tenía alguna novia, así que temí por ti.
—Por favor, Terry. Inventa una historia mejor. — Candy se alejó y puso distancia entre ellos.
—No conoces a la gente …No conoces a mi Padre, su familia es capaz de comprar a cualquier idiota que le interese el dinero y hacerme daño. Joder, no sabes nada de mí… ¡Y con esas huecas y crudas palabras te estaba protegiendo.
—Candy meneó su cabeza, incrédula, y Terry que no era paciente empezó a desesperarse—. Nunca fuiste una más para mí, pero Dios, sí que me enamoré de la chica de coletas , porque lo que vi fue su corazón, el enorme corazón de oro que tenía lleno de luz, y paz, y calidez… —ella lo miró con ojos grandes— Y de repente te fuiste —siguió Terry —. Sin explicaciones, sin razones… ni una sola nota o mensaje. ¿Tienes idea de cómo me sentí? —él se acercó a ella en tres grandes zancadas, poniéndose delante de ella otra vez—. ¿Sabes del oscuro, amargo y profundo vacío en el que me dejaste? —los enormes verdes ojos de Candy lo miraron ahora con un poco de espanto—. Me parece aquí, que la mala has sido tú, Candy. Terry le dio la espalda. No quería que ella viera la lágrima que solitaria salía de su pupila.
—¿Qué hubieras hecho tú? —preguntó Candy, terca en tono retador, pero Terry no tuvo problema en contestar.
—Hablar con tigo —dijo sin dudarlo—. Reclamar… Gritar un poco tal como hiciste hace unos momentos… me merecía un bofetón, y tú una explicación. Pero te fuiste en silencio… al primer error saliste corriendo.
Continuará...
