Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.


Capítulo 4 – La Boda.

–Chaval ponte erguido.

El hombre frente a él se estiró a indicación de cómo debía mejorar su postura. No sabía quién era persona, era la primera vez que lo veía, lo único que le habían dicho es que ese hombre sería el que le iba a casar. Ignoraba hasta de que religión era su familia, pero viendo lo visto, estaba seguro que el demonio tenía grandes probabilidades de ser la criatura a la que profesaban.

Finalmente acabó obedeciendo al hombre. Tenía que participar en su juego tal y como le había dicho James. "Aún no sabemos cómo romper el juramento por lo que, por tu seguridad, tendrás que ir cumpliéndolo según lo establecido"

La música comenzó a sonar. Eso significaba que el espectáculo empezaba. La tradición de su familia decía que el futuro marido debía de estar el primero en el altar mirando hacia el frente de espaldas a la novia. No podría verla hasta que no estuviera a su lado. Viendo lo horribles que eran algunas de las mujeres con las que se habían casado sus antepasados, no le extrañaba nada que hubieran puesto esa tradición sino más de uno se hubiera ido nada más verla entrar por la puerta.

Cuando Bellatrix estuvo a su lado se giró hacia ella… Y aunque no lo quisiera admitir, esa estúpida tradición no hubiera hecho falta en su caso. A pesar de que estaba toda enfurruñada, con los brazos cruzados y agarrando el ramo como si de una bomba a punto explosionar se tratase, estaba completamente impactante. El carísimo vestido con telas provenientes de París, era un diseño muy extravagante, como todo lo que desprendía hedor Black, de la voluminosa falda blanca salía una enorme cola que llegaba hasta la mitad del pastillo, esta tenía adornos en negros que combinaban con el corpiño del mismo color, el cual marcaba perfectamente los atributos femeninos de su prima.

–Hazlo ya. –Dijo Bellatrix entre dientes.

Eso le hizo reaccionar, debía de cumplir con la siguiente parte de la tradición y le quitó el velo que cubría su cara. A partir de ese momento la ceremonia del matrimonio se inició.

Dos horas estuvo ese hombre dándoles el coñazo de lo maravilloso que sería el mundo a partir de ese momento, resaltando las grandezas de los sangre limpias y como era su deber continuar el linaje.

Un auténtico muermo.

–Sirius Orión Black… –Estuvo tentando a decidir presente ya que se había desconectado del mundo con el fin de superar esa larga jornada. –¿Aceptas a Bellatrix Black como tu pura esposa?

¡Ah era eso! Ya habían llegado a esa parte.

–Sí, acepto.

A la vez que pronunciaba las palabras escucho un suspiro de alivio, esa debía ser su madre. ¿Es que acaso pensaban que iba a decir que no? Valoraba mucho su vida como para desafiar al juramento y acabar muerto. Además, tenía clarísimo que sus amigos terminarían encontrando algún remedio.

–Bellatrix Black ¿Aceptas a Sirius Orión Black como tu puro esposo?

Bellatrix aún estaba shock por ver lo fácilmente que Sirius había obedecido. Ella misma había sido tentada en protagonizar un suicidio público y decir que no frente a todos los invitados y que el juramento se cobrase su premio. Pero que Sirius aceptase a todo eso sin rechistar le había dado a entender que este quizás se guardase un as debajo de la manga.

–Sí, acepto.

Otro suspiro de alivio se volvió a escuchar en la sala, esta vez era de la madre de Bellatrix.

A continuación se intercambiaron los anillos. Siempre creyó que aquello era una tradición muggle. Su madre se puso como una loca cuando se lo comentó, le dijo que los sangre sucias no solo les estaban robando la magia sino que ya lo habían hecho con sus tradiciones.

–Por el poder que me ha otorgado Merlín, os declaro marido y mujer. –Parece que al final no profesan a Satanás. –Puedes besar a la novia.

Sirius no pretendía para nada darle un beso en la boca, la primera y última vez que lo habían hecho se sintió utilizado por ella. Pero cuando vio entre las primeras filas a Rodolphus sentado con una cara de estar oliendo a mierda… Se le ocurrió que iba a matar dos pájaros de un tiró. Iba a devolverle la jugarreta a Bellatrix y a molestar a Rodolphus. Un plan perfecto.

Sonrió con picardía, la tomó por la cintura y la besó.

Sorpresivamente Bellatrix respondió al beso, no iba a perder en su propio juego. Además esperaba que con su matrimonio y ese beso, Rodolphus se diese cuenta que lo suyo estaba muerto. El pesado había continuado todo el verano insistiendo en que debían de estar juntos, incluso le propuso la absurda idea de fugarse. ¿Fugarse ella? ¡Jamás!

El hombre que les había casado les dio un golpecito en el hombro para que se separasen. Al parecer el beso estaba pasando del rating apto para todas las edades.

–Den un fuerte aplauso a los Black. –Todos los invitados se levantaron de sus asientos y obedecieron las indicaciones.

Oficialmente ya eran un matrimonio.


El convite fue igual de aburrido que la ceremonia. No es que se esperase una gran celebración con fiesta, música y alcohol, pero aquello parecía un funeral. Nadie hablaba, nadie se salía de su sitio. El único momento en el que se divirtió fue cuando a Narcisa le dio un brote psicótico por no ser el centro de atención y Bellatrix acabó tirándole el ramo de flores a la cabeza para que se callase. ¡Qué buena puntería tenía la tía!

Tras ese incidente, los invitados comenzaron a marcharse. Ya era hora, todos muy ricos y con modales, pero a esas familias les gustaba más la comida gratis que la pureza de sangre. Nunca tuvo tantas de ganas de estar solo con su familia como en ese momento. Esperaba que al pasar todo el rollo ese de la boda le dejasen tranquilo. Tenía planeado hacer un trato con Bellatrix, ella podría hacer lo que le diese la gana si prometía no decir nada de lo que él hiciese. Así cada uno estaría a su bola y no tendrían que tener que aguantar a los padres de ambos.

La boda había sido en su casa, así que cuando el último invitado se fue, se tomó el lujo de acudir al salón y servirse uno de los licores que su padre guardaba. Ahora se podía decir que era un cabeza de familia y podía darse esos lujos.

–Chico no bebas eso. –Su padre y su tío se acercaron a él. –Bébete este, es mejor. –Su padre le lleno una copa y se la entregó.

Tenía razón ese era mejor que la bazofia que se había servido segundos antes. Miró a su tío y observó que este se tomaba su copa de un solo trago. No sabía porque pero parecía nervioso.

–Bueno Sirius… –Su padre sonrió de medio lado. –Hasta ahora han tenido lugar las partes fáciles. Hoy deberás de dar la talla en tu noche de bodas.

No iba a tocar a su prima ni de lejos, una cosa era que se hubieran besado pero otra muy distinta era llegar a ese punto con ella. Además que seguramente Bellatrix fuese a ser la primera que no quisiera acostarse con él.

–No te preocupes… La suerte que tenéis los jóvenes de hoy en día es que no es un tema tan vergonzoso como en nuestra época, ¿a que no Cygnus?

Su tío volvió a rellenarse la copa. Ahora entendía su comportamiento, no es que su tío fuera una persona que hablase mucho, pero le entendía. Estar alentando a un chico para que se acostase con tu hija, no debía ser el tema de conversación favorito de un padre. El resto de esa curiosa conversación continuó de la misma manera, su padre dándole consejos en cómo debía enfocar el tema y su tío con cara de querer morirse en ese instante.

Cuando llegó el momento esperado por todos, les condujeron hacia una de las habitaciones que habían preparado especialmente para ellos.

–Que Merlín os bendiga. –Fue lo último que escuchó decir de su madre antes de que esta cerrara la puerta y les dejara solos.

El silenció que invadió la habitación a continuación le hizo ponerse nervioso. Tenía claro que Bellatrix no iba a querer nada con él, pero ¿y si quería? Obvio que el ya había estado en esa situación con otras chicas, pero no podía engañarse a sí mismo. Bellatrix le daba miedo. Pero esta en cuestión no parecía estar lo más mínimo preocupada. Fue hacia la cama y se tiró en ella de un salto. Durante el convite se había cambiado a otra ropa más cómoda, de ahí su agilidad.

–¿Sabes por qué estamos aquí? –Le extraño que Bellatrix fuera tan obediente como directamente tumbarse en la cama para que pasara lo que todos esperaban que pasase.

–Por supuesto que lo sé. –Se quitó los zapatos y los tiró hacia un lado. –Y ni borracha voy a permitir que me pongas un dedo encima.

Sirius suspiró aliviado.

–Escúchame, mañana saldremos de esta habitación dando a entender que nos hemos acostado o como dice mi madre que hemos consumado como manda la tradición. Así que esta noche tendremos que aguantarnos.

No le pareció un mal plan. Estaba dispuesto a tener que convivir con ella las próximas ocho horas. Además como el día de hoy le había dejado agotado, estaba seguro que en cuanto se acostase en la cama se iba a quedar dormido.

Se iba acercar a la cama pero Bellatrix le paró.

–Un momento. –Le tiró una almohada y una manta al suelo. –Tú dormirás en el suelo. Como el perro que eres, estarás acostumbrado.

Iba rechistar, pero Bellatrix se giró y cerró los ojos.

Resopló indignado. Desde luego que esa no era la noche de bodas que se hubiera imaginado.