Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.


Capítulo 5 – La Convivencia.

Tras la boda, la obsesión de la familia por la importancia de su matrimonio comenzó a disiparse. El juramento se había cumplido y ahora se centraban en los preparativos para la boda de Narcisa. Sirius agradeció dejar de ser el centro de atención. Además, no solo eso, sino que el estar casado hizo que su rango en la familia cambiase, ya no era el heredero, ahora era considerado un patriarca y eso su madre lo había captado la primera. Había pasado de darle órdenes a obedecerle.

Bueno… Siempre al estilo de su queridísima madre.

Ahora solo deseaba que le diesen su regalo de bodas. Otra de las tradiciones de la familia Black era que cuando te casabas te regalaban una casa, pero por el momento nadie había dicho cual sería la suya.

Se levantó del sofá que había en la habitación que compartía con Bellatrix. Ella podía dormir plácidamente en una cama de dos metros, pero él se debía de conformar con ese incomodo sofá del siglo dieciocho. Al menos ya no dormía en el suelo.

Cuando estuvo preparado bajó a desayunar. La espalda le estaba matando, pero no podía quejarse a nadie sino acabarían descubriendo que efectivamente no habían consumado. Al menos sus padres no habían pactado eso como requisito imprescindible del juramento.

–¡Hijo! –Su madre estaba tan contenta con la situación que no escondía sus renovados sentimientos hacia él. –Toma asiento, tu amada esposa ha preparado el desayuno para ti.

Bellatrix que estaba sentada frente a él, sonrió con picardía. Miró el plato que tenía delante, estaba lleno de sus dulces favoritos. Obviamente Bellatrix no había cocinado ella, el decir que ella lo había preparado era una forma de decir que les había dicho a los elfos que lo hiciesen.

Tomó uno de los dulces y se lo llevó a la boca. La verdad es que estaban deliciosos, como bien sabían todos esos eran sus favoritos, aunque quizás tenían demasiada azúcar. A los elfos se les había ido de las manos el azucarero.

–Delicioso. –Levantó uno de los dulces exageradamente y se lo llevó a la boca. –Gracias mi querida esposa. –Se les escaparon varios trozos al hablar. Todo premeditado para molestar a las dos mujeres.

Esa tónica continuó en las semanas siguientes, no importaba cuando fuera, desayuno, comida, cena… Siempre era Bellatrix la que acababa eligiendo su comida. ¿Sospecho? En un principio podría decirse que sí, creyó que podría estar envenenándole, pero claro si hiciera eso ella correría la misma suerte. El juramento indicaba que ambos morirían si se asesinaban mutuamente… Pero claro uno nunca puede hacer de menos a Bellatrix y tras llevar comiendo durante semanas cantidades exageradas de azucares y grasas, un fuerte dolor de estomago le envió a San Mungo, donde tras unos análisis se dijeron que si continuaba comiendo tan mal acabaría sufriendo un infarto.

¡Será malvada!

Ahora todo tenía sentido, la muy… había llegado a la conclusión de que si le provocaba un infarto y moría, esta sería una muerte natural y por tanto ella no sufriría en absoluto.

Tras descubrir la estrategia de Bellatrix también recibió noticias acerca de su futura casa… Y aquello no podía ser peor.

–¿Casa? ¿Qué casa? –Su padre preguntó sin comprender. Había hecho la pregunta cuando sus padres disfrutaban del té de las cinco.

–La casa que se regala en esta familia cuando alguien se casa. –El haber tenido que explicarlo le dio malas vibraciones. –Como la que ya estáis pensando para Narcisa.

Su padre asintió comprendiendo.

–Esta será tu casa y la de Bellatrix. –Indicó con las manos al lugar. –Es a vosotros a quienes les corresponde la casa Black cuando nosotros fallezcamos. –Lo dijo como si aquello supusiera un premio ansiado por muchos, menos por Sirius. –Hasta entonces viviréis aquí con nosotros como la tradición manda.

Sirius abría los ojos sorprendido. Había asumido que se mudarían y así cada uno podría vivir su vida sin el control de sus padres. Bellatrix haría lo que quisiera y el podría salir y entrar a su antojo incluyendo poder visitar a sus amigos.

¡Eso no era lo que tenía planeado!

–Pero eso… –No podía procesar la información. –¿Cómo vamos a tener que vivir con vosotros?

Walburga que se había mantenido callada, no aguantó más.

–¡Porque es como manda nuestra tradición y nosotros tenemos la obligación de cumplirla! –Estaba desquiciada.

Sirius veía esa tradición absurda y el comportamiento de sus padres aún más.

–Pero… es que… –Estaba desesperado quería largarse de esa casa, así que alguna cosa debía de inventarse –¡Uno no se puede concentrar en concebir un heredero con sus padres y sus suegros al otro lado del pasillo!

Walburga que iba a protestar se quedo callada abruptamente y Orión paralizó la taza de té que dirigía a su boca.

–¿Un heredero? –Walburga preguntó temerosa de haber escuchado mal. –¿Estáis ya planeando en traer un heredero al mundo?

Sirius tragó saliva. ¡¿Por qué había dicho eso?!

–Si es así eso cambiaria las cosas. –Orión dijo pensativamente.

Quizás no estaba todo perdido, igual ahora sí que les compraban una casa. Ya se encargaría después de inventarse una historia por la que no había heredero.

–Sí, tenemos pensando dar un heredero a la familia Black lo antes posible. –Le asqueaban esas palabras.

Su madre se levantó de un salto. Estaba feliz.

–Entonces debemos de comenzar a prepararlo todo. Amado esposo ¿recuerdas nuestra casa de verano al sur del país?

Sirius sonrió con satisfacción. ¡Lo había conseguido! Encima la casa de la que hablaba su madre estaba genial, con piscina, cerca de la playa… ¡Un lujo!

–Creo que es lo más conveniente. Con unas semanas bastará. –Dictaminó Orión. –Después volveréis para poder recibir entre todos a ese heredero.

Sirius dejó escapar una risa nerviosa.

Ahora sí que se había metido en un buen lio.


Bellatrix se tomó la noticia de muy malas maneras. En un principio no le había parecido mala idea, hasta que su madre y su tía comenzaron a darle consejos… Consejos sobre embarazos. Posteriormente descubrió en qué consistía esa "maravillosa" idea de irse a la casa de vacaciones.

Sirius había metido la pata hasta el fondo.

¡Estúpido!

Las caras de sus padres y sus tíos cuando se despidieron no hacían más que evidenciar que ahora querían un heredero si o si. Estaba pensando en mandarlo todo a la mierda y matar a Sirius, ella también moriría, pero estaría dispuesta a correr ese riesgo.

Cuando llegaron a la casa, acompañados de un elfo que les cocinaría y limpiaría, Sirius se fue a la playa. "Ojalá venga una ola y se lo lleve" Cada día que pasaba era más tonto. Su familia no se iba a conformar con la espera eterna de un heredero y ella bajo ningún concepto iba a tener un hijo. Ella quería unirse a las filas de Voldemort y luchar por sus ideales, pero ese machismo instaurado se lo impedía y si encima tenía un hijo ya se podía olvidar de todo.

Las únicas que tenían información sobre los planes de Voldemort eran las mujeres de los mortifagos…

Sacudió la cabeza.

Sirius nunca estaría dispuesto a formar parte de las filas del Señor Oscuro.

O puede que si….

Tendrá que utilizar todas sus armas para convencerlo.


En los primeros días, Sirius pasó la mayor parte del día fuera de casa. No quería estar más que lo justo con Bellatrix. Estaba enfadado, pero la verdad es que no lo estaba con ella, estaba enfadado con James y con todos sus amigos. Desde la boda no había vuelto hablar con ellos, pensó que al salir de la casa Black estarían dispuestos a que fuera a visitarles, pero ninguno respondió a sus cartas ni a sus intentos de contacto a través de la chimenea.

Aquella casa se le estaba empezando a caer encima. La piscina sin sus amigos no tenía sentido, la playa había quedado destrozada por el temporal así como el jardín. Todo era un desastre.

Ahora estaba sentado en el sofá mirando como el fuego consumía los trozos de madera.

–¿Quieres un trozo? –Bellatrix se le acercó con un plato.

Sirius la miró y se hizo a un lado para que se sentase.

–¿Es otro intento para matarme?

Esta simplemente negó.

–En algunas ocasiones, aunque en muy pocas, hago las cosas sin buscar nada a cambio.

Sirius tomó el plato y comenzó a comer el trozo de pastel. ¡Su tarta favorita! Ese magnífico dulce le sirvió para olvidarse de sus problemas, aunque cuanto terminó la realidad volvió a su cabeza.

–¿Qué te ocurre? No es que me importe, pero me molesta tu drama.

Miró a su prima sorprendido. Era la primera vez en su vida que se preocupaba por él, a su manera, pero se preocupaba.

–Problemas de gente normal. No creo que lo entiendas.

Esa contestación no le había gustado nada a Bellatrix.

–¿Es que acaso tu novio Potter no contesta a tus cartas? ¿O es el lobo el elegido? No, no, no ¡ya sé! ¡Es la rata! –Bellatrix quiso intentar un acercamiento, pero el comportamiento de Sirius no le había dejado otra opción que contestarle de la misma manera.

Sirius se levantó enfadado y tiró el plato al suelo haciendo que se rompiera.

–¡Estas podrida! –Era cierto que sus amigos no le contestaban sus cartas pero, ella no era nadie para burlarse de ellos.

Bellatrix que no se asustaba ante nadie, le imitó y se puso a su altura.

–Te deberá estar doliendo que las únicas personas que estamos contigo somos a las que llevas años despreciando. ¿Dónde están ahora tus amigos? Todos te han dando la espalda.

Sirius negaba. Pensarlo dolía, pero escucharlo era peor.

–¡Cállate!

Pero Bellatrix no dejaba de insistir.

–Mucho burlarte de nosotros, pero soy yo la que está aquí contigo.

Es que esa mujer no se podía callar. Era cierto todo lo que decía, pero no lo quería aceptar. Lo único que quería en ese momento es que Bellatrix se callase.

–Al bebe Sirius nadie le…

Quería que se callara y en ese momento solo se le ocurrió una manera de hacerlo.

La besó.

Tan en shock se habían quedado los dos que ninguno dijo nada. Ambos se quedaron en esa posición con los labios unidos.

La verdad es que no era desagradable. No solo había conseguido que su prima se callara si no que le estaba gustando eses acercamiento. Por eso sin casi ser consciente, comenzó a profundizar el beso.

Bellatrix lo correspondió con ansias.

No sabía en qué momento, ya que siempre que se besaban perdía la noción del tiempo, acabaron quitándose la ropa y delante del fuego de la chimenea consumaron su matrimonio.