Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.
Capítulo 6 – El Linaje.
Desde aquella tarde lluviosa la relación entre Sirius y Bellatrix había mejorado consideradamente. Se podía decir que ahora se toleraban y no era porque se hubieran acostado… bueno, la verdad es que era por eso. No compartían ningún interés en común excepto los buenos amantes que eran. Tras aquel día volvieron acostarse, muchas veces para ser ciertos, pero ya que les había tocado sufrir ese matrimonio al menos iban aprovecharse de las cosas buenas.
Bellatrix no pensaba que usando sus armas femeninas iba a conseguir que Sirius se convirtiera en un perro dócil, pero era un hombre y en el momento que pulsaba las teclas adecuadas hacia todo lo que ella pidiese, y aunque le hubiera costado admitirlo ella también disfrutaba de sus encuentros.
Llevaban viviendo varios meses en esa casa cuando decidió que era hora de plantearle a Sirius y una cuestión un tanto… especial. Preparó varias de las cosas que le gustaban; un gran banquete en el que tendría todas sus comidas favoritas, el vino que tanto deseaba, varios periódico muggles (ella misma se tuvo que ir al pueblo muggle a comprarlos) y algún que otro regalo más que sabía que le iba a encantar.
"Mírate Bella, si hasta pareces una esposa"
–¿Qué estamos celebrando? –Sirius no tardó en aparecer cuando olió la deliciosa comida. –¿Periódicos muggles? –Se extrañó. –¿A quién has matado? –Bellatrix debía haber hecho algo realmente malo para prepararle todo eso.
Bellatrix no contestó a ninguno de sus preguntas y se sentó en la silla junto a él.
–Simplemente quiero agradecer a mi marido lo bien que me trata. –Intentó no sonar sarcástica, pero le resultaba imposible.
Tras varios segundos dudando Sirius comenzó a servirse la comida. Era evidente que no iba a renunciar a aquella suculenta comida.
–¿Por qué no me dices lo que quieres y acabamos cuanto antes? –No era estúpido y aunque agradeciese ese comportamiento, tenía muy claro que había algo detrás.
–Que suerte tengo de tener un marido que conoce también a su mujer…
–Venga Bellatrix. ¿Qué quieres? –Debía de ser algo muy importante para tomarse todas esas molestias.
Bellatrix suspiro dándose por vencida, o al menos eso era lo que él creía ya que esta tenía muy claro su plan.
–Pues… Yo estaba pensando, que sería buena idea que fueras a la reunión que hay mañana.
–No sé de qué me estás hablando. –Sirius no tenía conocimiento de ninguna reunión.
–Es una asamblea… –Bellatrix sabía muy bien que no era una asamblea exactamente. Pero tampoco podía decirle que era una reunión de mortifagos. –Sobre la importancia de las clases en el mundo mágico.
Sirius dejo la copa de vino sobre la mesa y comenzó a reírse.
–Que graciosa. Ese chiste ha sido muy bueno. –Volvió a coger la copa y le dio un sorbo. –Eres una ilusa si crees que voy a ir a una reunión de esas de sangres limpias.
Bellatrix lo podía llamar como quisiera, pero se estaba refiriendo a una de esas reuniones donde se encontraban los sangres puras para lamerse el culo los unos a los otros.
–Pero si no vas todos sospecharan de nosotros. Pensarán que los repudiamos. –Sabía que no iba a ser fácil convencerle.
–¡Mi sueño hecho realidad! –Sirius continuaba negándose.
–Sabes de sobra que iría yo, pero no dejan a las mujeres, así que solo tendrías que ir para escuchar lo que dicen para después contármelo y ya, no tienes que participar ni nada.
Sirius la miró detenidamente durante unos segundos. Era conocedor de que a las mujeres no les dejaban ir a ningún tipo de reunión relacionada con asuntos tan delicados como los sangre limpias, pero no, el no iba a ir a ningún sitio.
–Que te cuente tu hermana lo que hablen. –Hacia unas semanas que Narcisa se había casado con Lucius Malfoy.
Bellatrix negó.
–Ella ya no es una Black, no me va a contar nada. Tienes que ir tú. –Sentenció.
–No y no.
Ante la negatividad de Sirius, Bellatrix puso en marcha la siguiente parte del plan. Se levantó de su silla y se sentó sobre Sirius. Este puso los ojos en blanco al tener que separar su silla de la mesa para que Bellatrix se acomodase.
–Sirius… –Le rodeo con sus brazos por el cuello. –Solo será una hora, dos si la cosa se alarga.
–No sé Bella. –Había comenzado a dudar. Bellatrix sabía que si con la comida no funcionaba, jugar con sus armas de mujer iba a resultar.
–Venga Sirius… Un hombre es feliz si su mujer es feliz, y si yo estoy feliz ten por seguro que te lo voy hacer pasar muy bien. –Sonrió con picardía.
Aprovechó que Sirius se había quedado pensativo para colar una de sus manos por dentro de su pantalón. Eso sí que hizo reaccionar a Sirius.
–Está bien, está bien… ¿A qué hora y donde es la reunión?
Bellatrix sonrió con satisfacción. Si es que Sirius pensaba más con su bragueta que con la cabeza.
Sirius se dirigió a través de la red flu a casa de su prima Narcisa. Bellatrix le dijo que la reunión se celebraría allí. Menuda tarde más insoportable le esperaba…
Cuando puso un pie fuera de la chimenea se maravillo por la grandeza de la casa. Aquella casa era enorme y parecía muy cara. ¿Cómo era posible que a Narcisa le hubieran comprado esa casa y el tuviera que mendigar por una de segunda mano? ¡Qué injusta era la vida!
–Black. –Lucius le recibió batiendo su pelo.
–Malfoy. –Por mucho que las cosas hubieran cambiado desde su último año en Hogwarts, ninguno de ellos se toleraba.
Si sus amigos le vieran hablar con Malfoy… Bueno, ex amigos, ya que llevaba cerca de un año sin saber de ellos.
–Acompáñame al salón, nuestro invitado principal no tardará en llegar.
Sirius obedeció. La sala estaba llena de otros Slytherins que enseguida reconoció. Dolohov, Nott, Rosier, Crabbe, Goyle, Snape… Los Lestrange. Se preguntaba quién sería el invitado.
–Bienvenido. –Crabbe le tendió la mano a modo de saludo.
Sirius miró la mano pero opto por no estrechársela. Un simple gesto pero que podía encerrar demasiadas cosas.
–No me interesa nada de lo que habléis hoy, simplemente…
–Vienes porque tu mujer te lo ha ordenado. –Dolohov le interrumpió. –No te avergüences, yo estoy aquí tan bien por eso. –Rió. –Pero la tuya da más miedo que la mía, así que… ¡Suerte!
Sirius puso los ojos en blanco. Ya les gustaría a todos esos tener la mitad de la mujer que él tenía. Viendo como estaba el mercado, Bellatrix era la mejor opción de todas.
Lucius les hizo pasar a otra sala y les indicó que se sentaran alrededor de una larga mesa negra. Al cabo de unos minutos la luz verde de la chimenea del fondo se iluminó de forma intensa y de entre las llamas apareció un hombre alto. Este llevaba puesta una túnica verde oscura que llegaba hasta suelo, junto a él apareció una serpiente…
Sirius sintió un escalofrió recorriéndole la espalda. No tenía dudas de quién era ese hombre, estaba muy cambiado en comparación a las fotos que habían publicado de él, pero era imposible no reconocerle. Lord Voldemort.
Ahora tenía sentido. Esa reunión, era una reunión de mortigafos. Bellatrix lo sabía y por eso le había convencido a ir. Se iba a enterar cuando volviese… El juramento se iba a cobrar su recompensa esa noche.
–Lucius agradezco la generosidad de que me dejes compartir tu morada para mis fines.
–Generosidad es la vuestra mi señor.
Sirius miraba la escena con incredulidad. Nunca hubiera imagino vivir esa situación. Podría haberse ido de allí, pero estaba seguro que no le iban a dejar irse fácilmente y además no estaba en igualdad de condiciones. Así que se resigno a soportar esa tétrica velada.
–Caras nuevas observo. –Voldemort tomó asiento mientras que su serpiente se paseo entre los invitados.
–Si amo. Tenemos dos nuevos miembros. –Lucius continuó haciéndole la pelota. –Antonin Dolohov y Sirius Black.
Ni de coña iba a ser el miembro de esa panda de asesinos. Bellatrix se había cavado su propia tumba.
–Black. El sangre limpia rebelde que quiere volver a sus orígenes. –Voldemort rió. El resto le imitó. –Nunca es tarde para volver al camino del bien.
Ahora el que quiso reír fue Sirius. Que mejor llamase a eso el camino de la perdición.
–Lo estoy deseando. –Quiso sonar serio pero el sarcasmo tan Black era difícil de ocultar. –A mi mujer también le gustaría estar aquí. –Si podía pasarle a Bellatrix ese muerto, que se lo comiese ella.
Voldemort no capto en ningún momento la ironía de sus palabras, cualquiera diría que ese era el mago más temido del mundo.
–No estaría mal. Tengo entendido que es una ferviente seguidora de la causa, pero ella no debe estar aquí. Todos tenemos un lugar, los hombres son los que llevan a cabo mi plan mientras que las mujeres son las encargadas de mantener el linaje para traer al mundo a otros que continúen la causa.
Qué forma de despreciar a las mujeres tenía esa sociedad de sangre limpias. Si hasta sentía pena por todas esas mujeres puras que habían sido utilizadas como maquinas incubadoras.
El resto de la reunión, Voldemort se dedicó a contar su causa y cuáles eran algunos de sus objetivos. Obvio que haría llegar toda esa información mediante un anónimo al ministerio. Si al final iba resultar útil haber ido a esa reunión.
Dos horas más tarde la reunión se dio por finalizada.
Voldemort se acercó a cada uno de ellos para despedirse.
–Sirius Black bienvenido a tu destino.
–¡Bellatrix Black! –Gritó furioso nada más poner un pie en casa. –¡Eres un ser ruin!
Que astuta habían sido engañándole, estaba claro que no se podía fiar de ella y mucho menos ir a los sitios donde le indicase, así por las buenas casi acababa siendo un mortífago. Ahora sí que iban a hablar de él cuando se negase a volver y esperaba que Bellatrix recibiese el mismo trato. Eso le iba a sentar peor que cualquier tortura.
–¡Bellatrix! –Volvió a gritar.
Esperaba que esta apareciese por cualquier esquina con una sonrisa de satisfacción por haberle engañado, pero no fue así. Eso le extraño. ¿Dónde se había metido esa mujer?
Paso por el salón, las habitaciones, los jardines, todo esto mientras la llamaba, pero no había rastro de ella. Igual había salido. Pero sería muy raro, el pueblo más cercano era el muggle y dudaba que Bellatrix fuera a ir allí porque si.
Tras varios minutos pensando donde podría estar observó a su elfo salir corriendo de la puerta que daba a las cocinas, salía cubriéndose la cabeza.
–¡Sienna!
La elfina se recompuso ante él.
–Amo Sirius.
–¿Por qué este comportamiento? –No le gustaba ser duro con los elfos, pero su madre les había metido tanto miedo que si no se comportaba así no le hacían caso.
La elfina acabo por alisar el trapo que llevaba a modo de vestido.
–El ama Bellatrix está trabajando en las cocinas y le ha pedido amablemente a Sienna que salga de la cocina.
¿Amablemente? Bueno, podía ser verdad, eso era todo lo amable que podía ser Bellatrix, si no ya le hubiera cortado la cabeza al elfo.
–Retírate Sienna.
La elfina agachó la cabeza y desapareció.
Vaya así que es allí donde se escondía. ¿Acaso creía que no la iba a encontrar?
Entró en la cocina estrepitosamente, quería que le escuchase. El lugar estaba hecho un desastre, el suelo estaba repleto de comida, varios calderos con una sustancia verde se amontonaban sobre la mesa, papeles y artilugios acababan completando esa imagen tan desastrosa… y en el medio de todo se encontraba Bellatrix, apoyada contra a cocina mirando absorta el contenido del caldero que estaba removiendo.
–¡Eres la peor persona que me he encontrado en la vida! –Le volvió a gritar.
Pero para su sorpresa Bellatrix no le dijo nada y continúo mirando al caldero.
–¡Bruja malvada!
Pero nada, que Bellatrix seguía igual.
¿Qué estaba ocurriendo? Tenía claro que esta no se callaba ante nada y ante nadie.
Algo debía de haber ocurrido.
–Bella… –Ya le estaba dando miedo.
Esta finalmente levantó la cabeza y le miró. Sirius no supo que escondía esa miraba, no estaba enfadada, pero tampoco contenta, parecía estar en shock. ¿Por qué?
Bellatrix se hizo a un lado y le hizo un gesto para que se acercara al caldero para que mirase su contenido. Sirius hizo tal como le dijo y miro el contenido del caldero, pero no sabía qué era lo que tenía que ver. Lo único que había ahí dentro era una sustancia verde.
–¿Te ha salido mal tu poción y estas enfadada? –Bromeó. –No eres tan buena bruja como te crees…
Si la cara de Bellatrix de antes era de shock, la de ahora era de total confusión.
–¿Es que no sabes que poción es esta?
Sirius negó. Las pociones nunca habían sido su punto fuerte, no es que fuera un troll pero su vida académica en esa clase se baso en la ley del mínimo esfuerzo. Solo estudiar lo imprescindible.
–A través de la elaboración de esta poción, la bruja que la realice… –Se detuvo, trago saliva y continuó. –Conocerá si esta…Embarazada.
Cuando escucho esa palabra Sirius dio inconscientemente un paso hacia atrás. Volvió a mirar detenidamente a su alrededor, estaba lleno de calderos con la misma poción verdosa que en el caldero que Bellatrix le enseñó. Verde…
–Y… –Eso sí que era peor que haberse encontrado con el mismo Voldemort. Esperaba que el verde significase, no premio siga jugando.
–El rojo significaría… negativo y el verde… –Bellatrix no terminó la frase.
No hacía falta que completara la frase, estaba claro que el verde significaba que estaba embarazada.
