CAPÍTULO 14.
Después de la primera noche juntos, vinieron muchas más, Todo parecía perfecto, era perfecto. Candy seguía grabando comerciales para la compañía en la que se desempeñaba en su carrera como asistente de diseño. Archie y ella hacían un equipo fantástico. Annie había regresado a Chicago, aunque frecuentemente viajaba a Nueva York para estar con su mejor amiga.
Elisa pudo conseguir la información de la familia GrandChester, También consiguió que no le retirarán su mesada. Elaboró un plan y había conseguido que Albert le diera un trabajo. Todo era parte de lo que tenía en mente. Incluso había tenido que pedir perdón a Candy, pero los resultados serían su recompensa.
Candy y Terry continuaron con su rutina, Terry había llevado algunos de sus objetivos personales al apartamento de Candy, y si bien a Candy le pareció pronto, dado que no hacía mucho que habían renovado el romance, se sintió más segura con Terry a su lado. La convivencia era perfecta, Terry era el hombre perfecto, el principe de sus sueños, buen conversador y excelente amante.
Un viernes en la tarde, frente al edificio donde Candy tiene su pequeño apartamento, se había estacionado un automóvil de la nobleza. El conductor, igual que en días anteriores, no perdía pie ni pisada de a quienes veía junto al joven GrandChester. Anotó a qué horas salía la mujer que parecía ser todo en la vida del futuro Duque, luego vio a un par de jóvenes, dos hombres de buen porte de cabellos claros, uno más alto y un poco mayor que el otro, ambos entraron al mismo edificio. La policía pasó en una ocasión y no reparó en él, así que seguía pasado por desapercibido. Minutos más tarde, la joven rubia hermosa que ya conocía entró al lugar. Llevaba una canasta de mercado con varios paquetes. El hombre dedujo que sería ingredientes para preparar. Transcurrió la tarde y llegó la noche, los dos jóvenes con parecido similar salieron, subieron a un automóvil que se detuvo frente al edificio para enseguida desaparecer en las calles de Nueva York. Al día siguiente apareció de nuevo la joven con el joven Terry tomados de la mano.
—¡Ey, qué sorpresa! Si es la parejita del año —exclamó Elisa, sin dudarlo se acercó a Terry y le dio un beso en la mejilla que demoró adrede. Él, molesto con la interrupción, le dijo:
—No se que haces aquí Elisa.
— No puedo creer, Albert no te ha dicho que es mi tío —su sonrisa demostraba lo opuesto a sus palabras.
—Pues sí, lo ha dicho. —La verdad Terry lo había olvidado. Candy quedó perpleja. ¿Por qué Terry no le había hablado de eso? Elisa nunca le habló de su familia, ni de nada en realidad,. Después de la muerte del señor Legan no volvieron a llevar a Candy a reuniones sociales, fueron muy pocas las reuniones a las que había asistidó y nunca con la familia política de los Legan. Trató de disimular el gesto de sentimientos y vulnerabilidad y se topó mirando el atuendo de Elisa. La típica pinta para seducir. Nada del estilo estético de una modelo profesional, todo lo contrario parecía una modelo de un bar, ¡Dios mío Candy! No eres como Elisa, compórtate.
—¿A dónde van? — Preguntó Elisa con mucho interés.
—Acompaño a Candy a su grabación —dijo Terry sin ganas de entablar una conversación, menos con aquella mujer, pero la cortesía era más fuerte que sus deseos.
—Vamos para el mismo lugar, así que iré con ustedes —propuso Elisa, que se puso en medio de los dos y tomó del brazo a Terry.
—¿Hablaste con Archie? —preguntó Elisa a Candy y luego le habló a Terry—. Es que nuestra Candy está muy solicitada. Tú ahora, más tarde Archie.
—Elisa, ya basta —interrumpió Candy—. Terry sabe de mi relación profesional y de mi amistad con Archie. Elisa soltó una risa que no llegó a sus ojos, carente de humor.
—Querido. No sabía que te gustaba compartir. —Terry se soltó de ella y la enfrentó:
— Pareces muy ansiosa de hablar, pero a Candy la respetas. No permitiré que tú la insultes. El semblante de Elisa se desencajó y con una mirada de fingido arrepentimiento, se alejó. Al volverse, Terry se encontró con la mirada de Candy.
—¿Por qué no me habías contado que parentesco tenía Elisa con Albert ?
—Es una descocada, ni siquiera me acordaba de eso. Elisa es la sobrina política de Albert y no es una persona de la que debes confiar Candy, tu mas que nadie deberías saberlo, mantente lejos de ella.
Elisa Legan había vuelto, pero para sorpresa de Candy no había hecho lo que era común en ella, humillarla. Todo lo contrario, su pesadilla de infancia se había presentado diciéndo un montón de tonterías, le había pedido a Candy una oportunidad de tratarse como lo que habían sido, "hermanastras". Candy había esperado humillaciones. Sin embargo al escuchar a Elisa pensó que está se había vuelto loca. Candy no había creído en los cambios de Elisa, pero habían sido tres meses que Elisa se había comportado como si fuera en verdad su hermanastra.
— Pasó por ti al final de la grabación — interrumpió Terry a Candy en pensamientos.
— No puedo. Saldré con Annie está tarde.
—Es verdad, lo he olvidado. ¡Mmmm! — se quejó—, no sé si podré soportarlo.
— Prometo que te daré muchísimos besos esta noche.
— Dicho así, podré soportar tu ausencia. Candy sé despidió de Terry con un apasionado beso en la puerta de su camarote, ese día tenía la última toma del comercial. Mientras la maquilladora hacia su trabajo con su rostro, Candy meditaba sobre el vuelco que había dado su vida desde que apareció Terry. Un extraño sentimiento la inquietaba. Siempre había sido una mujer positiva en la vida y de buenos sentimientos, creía en las segundas oportunidades, pero no en las terceras, Cuando Elisa pidió una tregua, Candy había dudado y se sintió por primera vez insegura. Durante su adolescencia fue renuente a enamorarse, protegía su corazón a capa y espada. La verdad, ningún hombre la había atraído tanto como Terry, era como si lo estuviera esperando. Ni siquiera la tranquilidad que tuvo con Anthony. Elisa la culpó por la muerte de su queridísimo Anthony. No le gustaba la idea de ver a Elisa cercas de Terry, que llegó a su vida como un huracán. No le daba ningún motivo para desconfiar de él, sabía que estaba ante un hombre que careció de amor, pero con ella era un estupendo ser humano. Sin embargo la cercanía de Elisa era un recordatorio que en cualquier momento podía llegar a perder tanta felicidad. Tenía miedo, era mucho lo que anhelaba con Terry en cada encuentro, que tanta felicidad la asustaba un poco. Son nuestros amores más grandes los que pueden lastimarnos profundamente porque son el sentido de la vida, porque son lo único valioso que tenemos.
Las grabaciones comenzaron con el pie derecho. Candy brillaba en cada imagen, lugar o espacio, el trabajo se realizó exitosamente y muy rápido.
—Bien hecho, preciosa —la felicito Albert sinceramente, pero noto algo diferente en ella, Candy estaba algo distante. Después de enterarse que Albert era familiar de Elisa, Candy no tenía la misma confianza. —¿Ocurre algo, pequeña?
—No, Albert todo está bien —fue la respuesta cortante de Candy, antes de alejarse.
Roy Rymón, era un hombre elegante y millonario, entro en la ABC sin prisas, pero detuvo sus pasos en cuánto vio a una mujer que iba pasando. Candy vio al hombre de traje sin prestarle interés. Pero Roy si le puso mucho interés, la chica era rubia y hermosa, pero lo que impresionó a Roy fueron sus ojos verdes. La mujer perfecta para ser un Ángel, justo lo que él necesitaba.
—Perdone, me podría decir quién es esa jóven —preguntó Roy Rymón al vigilante que terminaba en es momento de su jornada de trabajo.
—Claro señor, es la señorita Candy, la modelo de la ABC.
—Perfecto, gracias. —Roy Rymón puso un billete en la mano de su informante.
Albert había seguido a Candy con la mirada hasta que la perdió de vista, se quedó pensando, algo no estaba bien, por lo regular Candy lo abrazaba después de cada grabación. Su móvil sonó deteniendo sus pensamientos.
—¿Diga?
—Señor William, ha llegado el señor Roy Rymón.
—Muy bien, Alice. Por favor avísale a Terry que estaré en el bar 230 Fifth.
—Muy bien señor.
Había bastante movimiento en la compañía de la ABC que nadie se dió cuenta que Elisa Legan estaba pendiente de todo lo que sucedía.
Terry estaba en su oficina cuando recibió la llamada del secretario de Richard GrandChester, pero como venía haciendo últimamente lo ignoró lanzando una maldición. Sabía que no podía seguír ignorando al Duque. Estubo a punto de tirar el móvil en el contenedor de basura cuando volvió a sonar, pero se detuvo en cuanto vio que era de la oficina de Albert.
— Aló...
—Señor Graham. El señor William lo espera en el bar 230 Fifth, para la reunión con el señor Roy Rymón.
—Gracias Alice.
—No hay de que, señor Graham.
Roy Rymón era el dueño de Victoria's Secret, no le gustaba mucho que la reunión se diera en un bar, pero era mucho dinero en juego y a Roy Rymón .no se le decía que no. Tomó de mala gana la carpeta de piel que estaba en su escritorio y se dirigió a la cita.
— Este es el contrato —Albert puso sobre la mesa. Se encontraban en la área VIP. —En cuánto llegué mi socio podrá ver las fotos de las modelos que elegimos más adecuadas para...
—No sera necesario, ya tengo mi elección — le cortó.
—No entiendo.
— Justo hoy en su empresa encontré la mujer perfecta que necesito para el lanzamiento de mi nueva línea. El Ángel perfecto
— ¿Sabe el nombre de la modelo? Disculpe es solo que como no ha visto las fotografías de las modelos, no se de quién se trata.
—De los ojos verdes mas impresionantes y el rostro más hermoso que he he visto en una mujer. La señorita Candy porsupuesto.
—¿Candy? —Mierda, pensó Albert.
—¿Algún inconveniente con ella?
— Bueno, Roy, la señorita Candy no es exactamente modelo y...
— Entiendo, pero eso no es problema, solo dame el precio.
— No me mal intérprete Roy, es solo... que no sé si la señorita White este dispuesta a ser la modelo para este tipo de anuncio.
— Cualquier modelo sueña con ser un ángel de Victoria Secret. Por qué no le llama y lo confirma.
Terry llegó a la reunión de mal humor, consecuencia de la llamada del secretario de Richard. Su furia no tardaría en convertirse en algo peor en cuanto Albert dijera las nuevas noticias.
—Seria mejor si discutimos este asunto en persona con la señorita White —propuso Albert antes de ver a Terry quien se acercaba justo en ese momento.
—Si así lo prefiere, solo que lo dejaré para mañana, tengo un compromiso al que no puedo faltar. ¿Usted entiende?
—Porsupuesto — terminó de hablar Albert y Roy Rymón se levantó de su asiento para salir del bar cruzando la mirada y un asentimiento de cortesía con Terry.
— ¿Ocurrió algún problema? —Preguntó Terry de inmediato.
— Depende de como lo veas—. Terry frunció el ceño. —Roy Raymón quiere que la modelo sea... Candy. — Albert vio como el ceño fruncido de Terry pasó de desconcertado a ser de furia y termino en celos.
—De ningúna manera, Candy no es modelo y aunque lo fuera no lo hará, sobre mi cadáver y mi alma tendrías que pasar.
—Terry, cálmate. He propuesto hablar con Candy, no puedes tomar decisiones por ella.
— Claro que puedo. Y es no.
— Estás actuando posesivo. Confías en tu novia.
— No hay discusión, es no y punto.
— Hablemos en la oficina, piénsalo mejor, de todos modos hablaré con Candy, estes o no deacuerdo.
Albert salió del bar dejando a un Terry hechando fuego y soltando todas las maldiciones que conocía a todos los hombres en general.
— Un whisky. — Pidió Terry
—Enseguida, señor Graham.
Elisa enfundada en un vestido negro muy corto pegado al cuerpo, el cabello suelto con maquillaje en exceso. Llego al bar en donde sabía estaría Terry. Estaba a punto de irse cuando vio a Albert, pero entonces algo increíble pasó, Elisa vio la discusión entre su tío abuelo político y Terry, aunque le hubiera gustado enterarse por qué discutían. No importa se dijo, Terry estaba solo y eso era lo que había estado esperando. Vio al barman dirigirse con un trago. Era su oportunidad. Camino y en un descuido fingido estuvo a punto de caer frente al mesero.
— Oh dios mío...
— Señorita... — el barman dejo la charola con la bebida sobre la mesa próxima. —¿ Se encuentra bien?
—Oh no, creo que me he lastimado el tobillo. Necesito hielo. En cuanto el barman se alejó Elisa puso un polvo en la bebida de Terry. Sonrió satisfecha. El barman llegó un momento después con un cubo de hielo.
—No lo necesito, estoy bien —el Barman puso una mueca de desagrado, odiaba esa clase de niñas ricas, tanto dinero y no podían comprar modales. Volvió a su trabajo.
Terry tomo el vaso y bebió su contenido de uno solo. Si su humor estaba ya en su límite en cuanto vio a Elisa apretó el vaso que seguía en su mano. Se dijo que la gran diferencia entre Elisa y Candy, aparte de la calidad humana de Candy, era la clase, ese mismo atuendo en Candy sería otra cosa.
—Hola, Terry, que bien encontraros aquí —dijo Elisa, fingiendo estar sorprendida.
—¿Qué haces aquí? Elisa sonrió sin dejar de mirar descaradamente a Terry.
—Lo mismo que tú, divertirme.
Iba a ser el gran día de darles su merecido a la parejita de enamorados. A su lado estaba la oportunidad de cambiarle la carita a la huérfana de Candy.
—Me retiró —dijo Terry de pronto. Elisa se acercó a él.
—Terry, quiero disculparme contigo y con Candy por lo ocurrido hoy en el pasillo.
—Has sido pésima hermanastra de Candy. Le has hecho desplantes y humillaciones. No me simpatizas.
—Fumemos la pipa de la paz, Terry. Discúlpame. Le tendió la mano. Él la miró desconfiado, Elisa lo invitó a un trago y Terry lo rechazó.
—Vamos, un brindis de reconciliación. Mañana me disculparé con Candy.
—Está bien. Con un profundo suspiro de alivio, Elisa vio a Terry beberse el trago de golpe y tras despedirse de Elisa con un ligero gesto Terry salió del lugar, pero sin darse cuenta Elisa lo siguió a corta distancia. Sabía que poco a poco se apoderaría de él una somnolencia que lo obligaría a caer inerte y aparentemente embriagado. Su corazón aceleró los latidos. Su hora estaba cerca, deseaba desahogar la envidia que le causaba la devoción que sentía Terry por esa huérfana. Se tomaría venganza por los desplantes del tío abuelo, Albert, y hasta de Archi, pero más que nada por su amado Anthony. Vio tambalear a Terry a mitad de la calle. Se acercó a él. Trató de ayudarlo, pero él fue contundente.
—Yo puedo solo, gracias. Terry se sentía atontado. ¿Qué hacía Elisa a su lado? Se quedó mirando a su acompañante y soltó una sonrisa de ebrio. La cabeza le empezó a dar vueltas y fue incapaz de dar un paso más. Elisa lo sentó en la acera. Un auto que pasaba por allí se detuvo. El conductor, al ver la indisposición del joven que no tardó en ver de quién se trataba, se ofreció a llevarlo. Con gran esfuerzo y entre los dos lograron meterlo al vehículo, Elisa dió la dirección del piso donde vivia Terry, saco las llaves de su bolsillo, fue todo perfecto. Sabía que el chófer de Terry estaba a disposición de Candy, Había estado siguiendo cada pasó que daban. El auto de detuvo y lograron llevar a Terry hasta la cama. Elisa se hizo pasar por su novia y le agradeció al hombre la ayuda. Ya los dos solos, se dedicó a observar el piso y con gesto ambicioso, hasta que vio algo que le doliera el estómago de rabia,sin pensarlo tomó una fotografía de Candy que posaba en un portarretratos encima de la mesa de noche y la tiró a la basura.
Las oficinas de la ABC, continuaban en plena actividad cuando el reloj marcó las primeras horas de la noche. La mayor parte del equipo administrativo no estaba ya ejerciendo labores, pero otra historia era el grupo de creativos que tenían campañas por pulir, organizar, bosquejar, y presentar. Los publicistas vivían una carrera comprometida e invertían mucho su creatividad en ideas siempre procurando diferenciarse del resto. Las personalidades de muchos de ellos eran bastante peculiares, incluso algunos podrían calificarlas de exóticas. Últimamente habían ingresado en la lista de clientes varias compañías, y requerían de un plan de publicidad mucho más detallado para sus productos. No era fácil convencer a los gerentes o presidentes corporativos sobre la necesidad de implementar un cambio en la visión o formato de presentación a la hora de llevar la imagen de la compañía a los consumidores, pero ese era parte del trabajo de un publicista. A veces, Albert, podía ejercer de todólogo y otras veces tenía que hacer un gran esfuerzo para no convertirse en el próximo asesino en serie del país. «Si la paciencia pudiera comprarse…», aquel era un pensamiento recurrente en Albert.
Candy avanzó por el pasillo alfombrado de la compañía y llegó hasta la oficina de Terry. Pensó que faltaba decorar el espacio con su toque personal pero ya habría tiempo para esos detalles.
—Usted es la novia de mi jefe, imagino —dijo Amanda amable y extendió la mano. Candy no pudo evitar la luminosa sonrisa en el rostro—. Admiro su trabajo y siempre lo pongo de ejemplo como una visión Candy soltó una carcajada y estrechó la mano de Amanda.
—Gracias. Siempre es agradable un halago —dijo con su sonrisa—. ¿Y tú eres?
— Amanda, la asistente… del señor Graham. Apenas empecé a trabajar hoy. Candy asintió.
—¿Ha hecho ya un recorrido por todas las oficinas?
—Sí —sonrió Amanda—, es un piso impresionante. La sala de la cafetería parece hecha para impedir que los empleados quieran salir de la oficina. Candy rio.
—¿Terry se encuentra en su oficina?
—Tuvo que salir a una junta con el señor William —replicó—. Candy se encogió de hombros. —Quiere que le dé un mensaje.
—No Amanda, fue un placer conocerte.
Después de darse una ducha rápida, secarse el cabello, Candy abrió el clóset de par en par. Se decidió por una lencería de seda en tono azul, le gustaba sentirse sexy. Pasó la yema de los dedos sobre la ropa. Uno de los vestidos que no había utilizado en mucho tiempo colgaba envuelto en la funda plástica de la tintorería. Lo sacó, lo puso sobre su cuerpo, y se miró a sí misma en el espejo de cuerpo entero. Era un vestido Versace corto en tono turquesa, de mangas transparentes que le cubrían los brazos, y tenía cuello en V. Deslizó el cierre de la espalda hacia abajo, y se lo acomodó. Alisó la prenda sobre su propia piel, y le gustó el reflejo. Soltó un suspiro acompañado de una sonrisa, solo faltaba que llegará Terry.
—Eso te mereces maldita huérfana por estar siempre en mi camino y quitarme todo lo que era para mí —dijo, Elisa mientras acariciaba a Terry sobre la ropa—. Tendremos que desvestirte. No queremos que Candy nos encuentre vestidos. ¿Verdad, cariño? Con movimientos ágiles, lo desvistió. Terry estaba inconsciente. Elisa aprovechó para acariciarlo besarlo y en ese preciso momento Elisa deseó más que nada en la vida a Terry. Intento exitarlo pero no lo consiguió. Minutos después se desvistió y se acostó a su lado con la pierna atravesada en el muslo de Terry. Y sin más de quedó dormida con una tranquilidad asombrosa.
Candy subió veloz las escaleras ignorando el ascensor, no le gustaba la sensación de subir en esa caja metalica. Con suerte encontraría a Terry, estaba preocupada no sabía nada de él. Toco en la puerta cuando llegó al piso de Terry pero no hubo respuesta. Golpeó, nadie abrió. Probó la cerradura, estaba sin llave. Al entrar, pensó que se había equivocado de piso, pues había ropa de mujer en el pasillo, camino despacio hasta la habitación, en la cama estaba una chica encima de un chico…
El mundo de Candy se vino abajo. Rogó por estar equivocada. "¡Dios, que no sea Terry! ¡Por favor! ¡Te lo suplico!". Se acercó a la cama, ya con lágrimas en los ojos. Elisa se estiró y abrió los ojos, triunfante. Revolvió a Terry para que despertara.
—Mi amor, levántate, tenemos visita. Terry gruñó, se abrazó a Elisa y siguió durmiendo.
La visión de Elisa desnuda rebulléndose en la cama le produjo asco y la enloqueció de celos. Quiso acercarse a la cama y tomarla del cabello, zarandearla y arañarle la cara. Sus piernas no ayudaron. La rabia, y el dolor crecían en su pecho a pasos agigantados. El puñso se le había disparado y la presión en el pecho le impedía respirar con tranquilidad. "Tengo que irme", pensó aturdida, pero de nuevo sus piernas se negaban a moverse, se sintió ridícula frente a Elisa.
Elisa se rebulló a Terry con más violencia. Este despertó y con mirada desenfocada y extrañada, reparó en la mujer a su lado y en que Candy estaba en la puerta de la habitación con expresión desolada y los ojos a punto del llanto.
—Eres un hijo de puta, como te has de haber reído de mí.
Terry brincó de la cama como si esta tuviera alfileres. Estaba completamente desnudo. No entendía qué hacía Ella sa en su cama y por qué Candy estaba gritándole y llorando en la puerta.
—Mi amor, no entiendo, no sé qué pasó —farfulló, mientras, sin dejar de mirarla, tomaba el jean y se lo ponía a toda velocidad. Con un dolor de cabeza que percibía como si se le estuviera dividiendo el cráneo en dos, se refregó los ojos y cuando los enfocó, supo que su relación con Candy estaba al borde del abismo. Terry se terminó de vestir de cualquier forma y salió corriendo tras ella mientras se ponía un suéter, no sin antes decirle a Elisa:
—Eres una maldita zorra y me las pagarás.
Candy caminaba con prisa y no veía hacia delante. Las lágrimas se agolpaban en sus ojos y corrían por sus mejillas. Sentía el corazón a punto de explotar, presionaba en las costillas causándole un dolor sordo. Eso y la dificultad para respirar le ocasionaron un ligero vahído. Al llegar a la estación de tren en tiempo récord, se sentó en una de las sillas, rogando porque este no demorara. A través del velo de lágrimas y angustia veía pasar la gente, algunos le echaban vistazos azorados. Terry la alcanzó dos minutos después.
—Candy, mi amor, no sé qué pasó, te juro que no recuerdo nada de anoche, tienes que creerme, yo no pude haber estado con Elisa. Candy lloraba, inconsolable. Pero ante su última declaración, le dio un vistazo furibundo que Terry nunca había visto en el tiempo que llevaba con ella. Hizo el amague de acercarse, pero ella lo rechazó enseguida.
—No te atrevas a tocarme, no quiero volver a verte nunca más, mira mis ojos, Terry Graham, porque nunca más los volverás a ver. Y se levantó dispuesta a dirigirse al tren, que ya anunciaba su llegaba. Terry la agarró del brazo, mirándola desesperado.
—Ni lo sueñes, no te vas hasta que hablemos. Ella se soltó de forma brusca.
—No quiero hablar contigo. No me volverás a ver nunca más. Suéltame o armo el escándalo de mi vida, la policía está cerca. Terru vio como el par de policías les echaban vistazos curiosos. Eso no podía estar pasando, percibió un miedo que pocas veces sentía alojarse en sus entrañas. Fue el mismo sentimiento que lo invadió el día que lo separaron de Ellynor, al saber que ya nunca la iba a volver a ver. "Esto es una puta pesadilla", se repetía, desolado. Candy era el amor de su vida y no la iba a perder.
—Déjame explicarte, por favor. —Terry quería zarandearla hasta hacerla entrar en razón.
—No es necesario, no se necesita ser muy inteligente para saber lo que sucedía, no necesito explicaciones —Candy alejaba las lágrimas de sus mejillas con rabia al recordar la horrible escena. La gente empezó a bajar del tren. Candy no espero su turno para subir.
—Mi amor, por favor —rogaba detrás de ella.
—Esto se acabó, tú y yo terminamos, no quiero que me busques. Teery la miró, desesperado. Trataba de tocarla, pero la mirada de dureza de Candy detrás de sus lágrimas lo tenía azorado.
—Un cuerno que me vas a dejar, no puedes dejarme. Yo te amo, Candy.
—Bonita forma de demostrar tu amor. Candy subió al tren, pero pudo escuchar perfectamente el comentario de Terry. Lo miró por última vez, tenía los ojos anegados de lágrimas.
—No nos hagas esto, mi amor, lo solucionaremos. La puerta del tren se cerró. Terry la dejó marchar. Ella lo pensaría, no podría terminar
La limusina tomó la curva. Su puerta se abrió. Elisa vio a un tipo de uniforme, con la piel morena y un traje oscuro.
—Señorita Legan.
Continuará...
