Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.


Capítulo 7 – El heredero.

Sirius miró por enésima vez el reloj que presidia el salón de la casa de los Black. Porque sabía que no podía ser real, pero juraría que ese antiquísimo reloj perteneciente a su tatarabuelo había comenzado a mover sus manillas hacia atrás.

Vació de un trago su copa de whisky y a continuación volvió a servirse otro. Estaba con los sentimientos cruzados, quería que aquello finalizase cuanto antes, pero a la vez no quería que llegase ese fin. Si el matrimonio había sido algo complicado lo que estaba a punto de producirse iba a ser peor. Bueno, lo que debía de producirse en las próximas horas, porque ya llevaban en esa situación desde hacía cinco horas y ese niño no acababa de nacer.

Cuando se enteró de que Bellatrix estaba embarazada creyó que el mundo se le caía encima, el no iba a ser padre y mucho menos padre de un niño producto de algo como lo que había entre ellos. En un primer momento pensó en conseguir alguna poción ilegal para acabar con aquello cuanto antes, pero cuando estaba a punto de ir al callejón Knockturn, la lechuza de la familia Black llegó velozmente a la casa. Ya eran conocedores de la noticia. ¿Qué cómo se habían enterado tan pronto? Pues muy fácil, al parecer el árbol genealógico de la familia estaba tan encantado que cuando un niño era concebido, de los nombres de sus padres comenzaba a crecer una rama que se completaría cuando este naciese. Al estar su madre obsesionada con el tapiz enseguida descubrió la "buena" noticia.

La lechuza que les enviaron, les obligaba a volver inmediatamente a casa, ya habían cumplido con el objetivo por el que habían solicitado mudarse temporalmente. Obviamente que la familia estaba encantada, si a los sangre limpias les gustaban las bodas, la llegada de un heredero era un momento de éxtasis total. Pero algo bueno tuvo que obtener de esa situación y era que le ignoraron por completo, todas sus atenciones se centraron en Bellatrix. La venganza era un plato que se servía frio y aunque hubiera deseado que no fuera una de ese estilo, le provocaba satisfacción ver como Bellatrix sufría, no solo por lo pesadas que eran su madre y su suegra, sino también por los síntomas del embarazo.

Esos nueve meses de embarazo no fueron fáciles para Bellatrix, principalmente no tenía ningún afecto hacia ese niño que iba a nacer, en eso Sirius estaba de acuerdo con ella, y su magia se había descontrolado. Eso había provocado que se cabrease hasta límites insospechados, tanto era así que en uno de sus brotes derrumbó la pared que daba al jardín.

–No te preocupes, los hay que se hacen de rogar. –Su padre debió interpretar sus continuas miradas al reloj como signo de preocupación.

No dijo nada. No estaba preocupado, lo cierto es que le importaba bien poco lo que estuviera sucediendo unas plantas más arriba. En esos momentos agradeció las tradiciones arcaicas de su familia. Un Black debía de nacer en casa y solo las mujeres podían estar presentes en el parto, los hombres tenían la obligación de esperar en otra sala.

–Si es tan terco como su padre, no me extrañaría que estuviéramos aquí durante días. –Si Lucius pretendía molestarle con sus palabras no lo había conseguido. Le miró, entendía que Narcisa estuviera acompañando a su hermana, pero que ese rubio oxigenado lo hiciera también no.

Volvió a vaciar su copa por quinta vez. Su suegro se lo volvió a rellenar y le apretó el hombro para reconfortarle, realmente el que parecía necesitar algo de apoyo era ese hombre, el sí que estaba preocupado por su hija y su nieto. No sabía cuánto tenía que durar un parto, pero aquel ya estaba cruzando la barrera de uno normal.

¿Y si estaba habiendo complicaciones? No le deseaba la muerte a nadie y mucho menos a un niño, pero tampoco se iba a lamentar si de repente ocurría algo y se quedaba viudo. Bellatrix había sido una obligación que posteriormente se convirtió en un entretenimiento y ese niño… Había logrado verlo como algo que no era suyo, sería un miembro más de los Black el cual crecería empapándose de todos los ideales tan dañinos que la familia profesaba. Así que no tenía ningún sentimiento hacia ese bebe.

Un ruido procedente de arriba hizo que todos inconscientemente mirasen hacia las escaleras esperando que alguien bajara anunciarles el nacimiento, pero nadie apareció. De vez en cuando se oían ruidos como ese pero nada más, habían utilizado algunos hechizos para que no escucharan mucho más que eso.

Lucius frunció el ceño. Debía querer irse de allí cuanto antes, pero hasta que Narcisa no saliese de esa habitación no iba a poder hacerlo. Eso es lo que tocaba cuando tu mujer era una Black, además tendría que practicar, Narcisa también estaba embarazada. Menudo engendro que iba a salir de esos dos.

Dejó la copa sobre la mesa y se acomodó en el sillón. Eso no parecía avanzar así que mejor llevar la situación lo mejor posible. Su padre se levantó a estirar las piernas mientras que su suegro continuaba mirando fijante a las escaleras. Lucius en cambio se quitó la cazadora dejando visible su tatuaje de mortífago. Sirius miró su brazo y con alivió observó como él no tenía uno. Se había resistido desde la reunión en la mansión Malfoy a unirse a ellos para disgusto de Bellatrix, que en más de una ocasión le había amenazado para que acabara formando parte de las filas del mago oscuro.

No sabía en qué momento se había quedado dormido, pero alguien solmenándole del brazo le despertó. Miró hacia la persona aun desorientado, pero cuando vio la seriedad en la cara de su madre, la somnolencia desapareció por completo.

–Acompáñame.

La forma tan fría de hablarle de su madre hizo que inconscientemente un nudo se formase en la garganta. Si todo hubiera salido según lo esperado su madre hubiera ido a decírselo de una forma más alegre, ahora se lamentaba de haberse imaginado una vida viudo, el no era así y por mucho que Bellatrix le pareciera una persona desquiciada no merecía una muerte de ese tipo.

Apenas miro al resto de hombres en la sala y salió detrás de su madre, esta llegó a la puerta donde habían llevado a Bellatrix y se paró ante ella.

–Entra. –Su madre le señalo a la puerta que ya estaba abierta.

Aquello no pintaba bien, y lo que pintaba peor era que le hicieran ver lo que había ocurrido. ¿Qué tipo de tortura era aquella?

Nada más entrar lo primero que vio fue a su suegra, el mandil que llevaba estaba lleno de sangre. Si había sangre eso no auguraba nada bueno. Al igual que su madre, Druella tenía el mismo semblante. La mujer se apartó de la cama y detrás de ella observó a Bellatrix, la cual se encontraba viva. Era cierto que estaba sudorosa y pálida, mucho más de lo normal, pero parecía estar bien. Se cruzó de brazos al verle y frunció los labios enfadada.

La ausencia de bebe en sus brazos le hizo recorrer con la vista la habitación, y en el fondo de esta, Narcisa, con ya un abultado vientre, sostenía algo entre sus brazos envuelto en una toalla blanca.

Ese debía de ser su hijo.

No entendía el porqué de esas caras. Era evidente que el bebe estaba vivo, ya que veía como se movía y aunque Bellatrix tuviera ese semblante enfermizo, estaba seguro que era debido al esfuerzo.

Narcisa se acercó a él y sin apenas darle tiempo a reaccionar le poso al bebe en los brazos.

–Es una niña. –Le susurró.

En ese momento comprendió el porqué de todas esas caras largas. Una niña no era lo que todos estaban esperando.

Bajo la vista hacia la niña. Era un bebe muy pequeño y delgado, parecía que en cualquier momento se iba a romper. Observando esas diminutas manos y esa cara que apenas podía mantener los ojos abiertos, algo dentro de él cambio. Sentía ganas de protegerla, de protegerla de todos y de todas las cosas, y sobretodo sintió pena. Ese pequeño bebe acababa de ser repudiado por su familia con tan solo unos minutos de vida por el simple hecho de ser niña. Ajustó la toalla a su alrededor para que no cogiera frio. No sabía porque pero tenía la convicción de que eso era lo que debía hacer.

Desde la cama, Bellatrix estuvo a punto de soltarle que todo eso era por su culpa. Ya que se había quedado embarazada, ese bebe debía haber sido el heredero esperado no esa niña. Pero cuando observó la forma en Sirius tapaba al bebe, no pudo evitar que una sonrisa apareciese en su cara.

Una sonrisa malvada.

Un nuevo plan comenzó a formarse en su cabeza. Quizás ella no pudiera convencerle para que se uniera a los mortifagos, pero igual esa niña iba a ser más útil de lo esperado.


Los primeros días de vida del bebe fueron un autentico descontrol en la casa, tras el shock inicial de su género femenino, todos se volcaron en ella. Al fin y al cabo era el primer bebe que había en la casa desde hacía años.

–¡¿Quién es el bebe más puro del mundo?! ¡¿Quién es el bebe más puro del mundo?! –Walburga y Druella se asomaban a la cuna para ver mejor a su nieta.

Sirius las observaba apoyado en el marco de la puerta. Pobre niña tener que soportar a esas dos viejas brujas. El terror de todo niño.

–No solo el más puro del mundo, sino el bebe más guapo. Mira esos reflejos rubios, sin duda son herencia de los Rosier. –Comentó Druella orgullosa.

Sirius sabia que ese comentario no le iba a gustar nada a su madre, ya que desde que había asimilado que era una niña, no dejaba de decir lo mucho que se parecía a ella.

–Que Merlín te guarde el oído porque lo que es la vista… ¡Estas completamente ciega! –Había muchas cosas que molestaban a su madre pero que denostaran sus opiniones era intolerable. –Este es el bebe más Black que jamás he visto. ¿Rubia? Pero si tiene el pelo tan negro como el carbón.

Cuando se percató que su madre iba a comenzar a sacar el listado acerca de lo que diferenciaba a un Black del resto, creyó que era conveniente interrumpir tal momento. Según los elfos, la niña tenía un sueño un tanto ligero y en más de una ocasión la había escuchado llorar a rabiar cuando la despertaban, así que la voz elevada de su madre iba a lograr eso.

–Ha llegado el momento de que dejéis al bebe dormir.

Su madre y su tía le miraron estupefactas. Los hombres no se metían en los asuntos de los niño, pero debían de obedecer a sus órdenes. Así que sin rechistar abandonaron la habitación. Aprovechó ese momento de soledad para acercarse al bebe. Siempre que pretendía verla había alguien, o bien su familia o los elfos que estaban encargados de su cuidado.

Tomó el mismo puesto que su madre y se apoyó en los barrotes de la cuna para observarla mejor. El bebe debió de notar su presencia ya que abrió brevemente los ojos para luego volver a cerrarlos.

Tenía los ojos azules como los suyos.

Veía muchas características de Bellatrix en ella, el pelo negro, la forma de la boca, la nariz… pero los ojos, los ojos eran suyos, y cada vez que los veía no podía evitar que una sonrisa tonta asomase en su cara. Nunca creyó que fuera a querer a nadie más que así mismo, pero cada vez que miraba esa cara, su corazón explotaba de amor.

–Aún no tiene nombre. –La voz de Bellatrix interrumpió sus pensamientos.

–No haces más que decir que son todos horribles. –Su madre le había dado una lista con todos los nombres de la familia. Era la mujer a la que le correspondía esa labor.

Bellatrix se acercó a la cuna y se posicionó al lado contrario que Sirius.

–Supongo que no te gustaría que la llamase Elladora y te recordarse toda la vida a la antepasada que le cortaba la cabeza a sus elfos.

Sirius no pudo evitar asquearse al mirar a la niña y pensar que tuviera que llamarla así.

–Ni de coña.

Bellatrix sonrió con satisfacción. La siguiente parte de su plan la iba a poner en marcha en ese instante.

–Por eso he decidido que seas tú el que elija el nombre.

Eso sí que le pillo desprevenido.

–Pero sois las mujeres las únicas que podéis elegir los nombres.

Bellatrix se agachó hacia el bebe y le acarició la cabeza.

–Yo elijo que tú lo elijas, así que digamos que es como si yo lo hubiera elegido. –Apartó la mano de la niña y se incorporó. –Pero te advierto que nada de nombres absurdos. Tiene que ser un nombre que represente su importancia y linaje. –Con esa última frase Bellatrix dejo la habitación.

Sirius volvió a fijar su vista en el bebe que continuaba durmiendo plácidamente ajena a la conversación de sus padres.

–¿Y qué nombre te pongo yo a ti?


Tras varias semanas dándole vueltas a varios nombres, los cuales ni siquiera creyó conveniente en mencionárselos a Bellatrix ya que estaba seguro que los iba a rechazar, decidió plegarse a las tradiciones y entrar en la sala del tapiz para ver si había algún nombre que le gustase. Todos eran nombres horribles, en eso estaba de acuerdo con Bellatrix, los únicos que podían ser más aceptables eran justamente los que habían sido borrados y esos estaban claramente descartados. Cualquiera le diría a su madre que su primera nieta iba a llamarse como alguna de las brujas desterradas por la familia.

Pero cuando estuvo a punto de tirar la toalla y escoger uno de esos horribles nombres se percató de algo, algo que tenían en común la mayoría de los nombres en su familia. Su relación con las estrellas.

Recordó que en el ático se guardaban todas las cartas astrales con las que muchos de sus antepasados habían elegidos los nombres de sus hijos. Esperaba allí encontrar un nombre que no fuera extremadamente malvado. Esa niña ya iba a tener bastante con el apellido Black.

El ático estaba repleto de cosas, artilugios de generaciones de miembros de la familia Black se guardaban allí. Por lo que para poder encontrar las cartas tuvo que usar su varita.

–¡Accio cartas astrales! –Estas fueron lanzadas rápidamente contra sus manos.

Apartó el polvo de uno los muebles y se sentó. Allí encontraría la calma para poder buscar un nombre sin la presión de Bellatrix para que se decidiera de una vez por uno. Para ser ciertos, esas cartas contenían el nombre de un millar de estrellas y constelaciones, y la verdad es que la mayoría eran tan horribles como los de su familia.

Se estaba desesperando cuando vio uno que, a pesar de su simpleza, podía encajar perfectamente.

–Atria…

Cogió la carta astral y comenzó a leerla. Atria era la estrella más brillante de su constelación, con una luminosidad equiparable a la de siete soles. Pero lo que llamó más la atención de Sirius era que Atria era una estrella solitaria en su constelación y que había sido creada por otras estrellas ya desaparecidas. Esa descripción fue la que hizo que finalmente se decidiera por ese nombre. Al igual que la estrella Atria, su hija había nacido siendo rechazada por su familia, por lo tanto sola, y era el producto de dos personas que aunque no hubieran desaparecido, era como si lo hubieran hecho cuando fueron coaccionadas a ese matrimonio.

–Atria Black.

Sonaba bien.


A/N: ¡Hola! Lo primero gracias a todos los que comentan y le dan a favoritos a esta historia. Me alegra que os haya gustado esta historia por eso hoy he decidido subir otro capitulo a modo de agradecimiento.