Capítulo 1

El Secreto de Annette

Fines de Mayo de 1998...

El trabajo con el G-Virus iba dando sus frutos, ofreciendo resultados cada vez más satisfactorios. Pero asimismo, William parecía estar cada vez más absorbido por su trabajo y dispuesto a entablar contacto con facciones que podrían alarmar a Umbrella. Como ser compañías rivales o el gobierno de los Estados Unidos.

Annette seguía con sus tareas, muchas veces teniendo que lidiar con el orfanato y los sobornos al desagradable jefe de policía Brian Irons. Ella sabía que Irons, Warren y algunos políticos eran bastante amigos del Dr. Nathaniel Bard pero no tenía manera de saber qué tramaban. Lo que más la preocupaba era que alguno supiera lo que William estaba intentando hacer.

Necesitaba relajarse un poco de vez en cuando para sobrellevar todo ese estrés. Por lo que había empezado a tener un hobby algo peculiar...

Aquella noche de fines de Mayo era como cualquier otra. Annette y William llegaron a su casa cerca de las nueve, bastante pasado el horario de trabajo.

La casa de los Birkin se encontraba en el centro, no muy lejos de la estación de policía, y era muy pintoresca. Tenía un estilo urbano que parecía más de los '70s pero bien cuidado, con un pequeño jardín muy bonito en la parte delantera. Claro que estos cuidados eran llevados a cabo por un jardinero y una asistenta, ya que los Birkin rara vez estaban en casa.

Sherry se encontraba en la sala de estar, sola, mirando televisión. Al escuchar la puerta se volteó para saludar a sus padres. William hizo un gesto con la mano, parecía estar muy inquieto, y siguió de largo por unas escaleras hacia un piso superior.

Annette se acercó a Sherry y le dio un beso en la mejilla.

—¿Cómo estás, hija? —preguntó Annette mientras caminaba hacia la cocina.

—Igual que siempre... —respondió Sherry, poniéndose de pie.

Mientras Annette sacaba comida del refrigerador y la ponía en el microondas, Sherry se sentó a la mesa. Ya había cenado hacía una hora, pero quería pasar todo el tiempo posible con su madre siendo que últimamente apenas la veía.

—No creo que tu padre baje a cenar.

—Está bien... —murmuró Sherry—. ¿Cómo estuvo el día?

Annette sacó la comida del microondas y la llevó a la mesa. Sherry hizo un gesto aludiendo a que ya había cenado, por lo que tras una breve pausa Annette se dirigió a un cajón para sacar un par de cubiertos y se sentó a la mesa.

—Atareado. Me gustaría descansar un poco pero hay mucho que hacer —respondió Annette con pesar en la voz.

Sherry asintió. Permaneció en silencio unos instantes, viendo que su madre no le preguntaba nada decidió continuar por su cuenta.

—Ya hice mi tarea. La escuela se ha puesto muy exigente —dijo Sherry, esperando iniciar una conversación.

Annette levantó la mirada por un instante y se fijó en Sherry. Hizo un gesto afirmativo con la cabeza.

—Me parece muy bien. Debes seguir siendo así de responsable, tendrás un gran futuro.

—¿Mañana me llevarás a la escuela?

Annette negó con la cabeza mientras dejaba los cubiertos sobre el plato.

—Tenemos que salir demasiado temprano. La asistenta te llevará.

Sherry agachó un poco la cabeza, decepcionada.

—Está bien... —murmuró y volvió a la sala de estar.

Su madre la observó irse, sabiendo que la había defraudado una vez más. Le producía un dolor enorme, pero se había convencido a sí misma de que así serían las cosas. Tenía una mezcla de sensaciones por su responsabilidad familiar y el proyecto G, con todo el peligro que eso significaba.

Dejó el plato y los cubiertos en el fregadero para luego dirigirse hacia las escaleras. Antes de subir echó una mirada a Sherry, que seguía en el sofá mirando televisión sin mucho entusiasmo. Parecía que iba a dormirse ahí...

—Sherry. No te quedes ahí toda la noche, quiero que en una hora estés en tu cama —le dijo Annette, arrepintiéndose tras cada palabra, sintiendo que sonaba dura e imperativa.

—Sí, mamá —contestó Sherry sin desviar la mirada del televisor.

Annette subió por las escaleras hasta un pasillo en el que había varias puertas. La primera era la de la habitación matrimonial.

Al abrirla vio que William ya se había duchado, y estaba discutiendo con alguien por teléfono.

—... espera —dijo William, miró a Annette y le hizo un gesto para que salga.

Ella resopló, cerró la puerta y se quedó en el pasillo. Por un lado escuchaba el televisor desde la sala de estar, y por otro la voz apagada de William. Probablemente estaba enfrascado en alguna discusión con algún interesado en el proyecto... el alto mando de Umbrella no se comunicaba nunca con las casas particulares por lo que no serían ellos. Excepto si fuera una especie de advertencia "extra laboral". Annette pensaba en todas esas posibilidades pero no quería volverse demasiado paranoica.

Se preguntaba qué iba a ser de su familia si otra facción compraba el proyecto G. ¿Tendrían que irse a otro país u otro estado? ¿Vivir bajo otra identidad? Era pesadillezco. No le gustaba la idea de vivir a la fuga pero ya era demasiado tarde para volver atrás.

Tras varios minutos William le abrió la puerta.

—Disculpa, era... ya sabes.

—Sí, supongo —respondió Annette tajante.

—Pronto se terminará todo esto —aseguró William mientras se acostaba.

Annette ingresó en el baño privado de la habitación para tomar una ducha. No escuchó si William dijo algo más, pero tampoco creía que fuera a contarle algo. Había cosas que mantenía en secreto, incluso con ella.

Para cuando salió, William ya estaba casi dormido. Annette se puso un camisón y se acostó a su lado. La única luz encendida era la lámpara de su mesita.

—¿Y qué hay de Sherry? ¿Cómo se tomará todo esto? —preguntó Annette.

—No lo sé... pero voy a arreglar todo esto, voy a cumplirle —respondió William con los ojos cerrados.

—A veces creo...

—Ella merece ser feliz —continuó William.

Annette se quedó en silencio y apagó la lámpara. A los pocos instantes notó que William ya se había dormido, pero aquellas palabras quedaron en su mente. Sabía que muy en el fondo la principal preocupación de William era su familia, pero aquel proyecto lo había consumido por completo.

Sabía que tenía una mentalidad competitiva, y que quería demostrarle algo a alguien. Pero luego fue determinar que el resultado de ese proyecto sería la prueba de su genio. Un científico ejemplar, con la creación más poderosa de la historia. Seguía siendo el hombre ambicioso del que se había enamorado, pero a veces su ego era enorme. Y a cada día que pasaba se sentía más menospreciado por el alto mando de Umbrella. Esto sólo podía hacer que la situación empeore.

Annette permaneció despierta. Escuchó cuando Sherry fue a su habitación y cerró su puerta. Tras unos minutos se levantó, y se vistió en silencio con una ropa bastante casual. Unos jeans similares a los que usaba siempre, una camisa y unos zapatos. Tomo su cartera con sus identificaciones y se escabulló de la habitación mientras William roncaba.

Al bajar las escaleras pasó junto a una mesita que había cerca de la puerta donde tomó las llaves del coche. Salió de la casa, donde fue recibida por el aire frío de la noche. El barrio estaba relativamente en silencio, excepto por algunos vecinos que seguían con sus actividades o con la televisión a volumen alto.

Ella entró en el coche que estaba estacionado junto a la acera y lo puso en marcha. Encendió la radio donde sonaba "Saudade" de Cody Matthew Johnson, otra vez... se notaba que era el hit del año. Prácticamente no había radio que no pasara esa canción a intervalos regulares.

De la guantera extrajo una caja de cigarrillos. Sacó uno y se lo llevó a los labios. Con su mano izquierda movió la palanca de la puerta para bajar el vidrio, y acto seguido encendió el cigarrillo. Le dio una buena pitada mientras su mirada se perdía entre las luces de la ciudad y la música...

Condujo hasta el Spencer Memorial Hospital, lejos de casa. El edificio era enorme, una obra digna de llevar ese nombre. En el estacionamiento de la parte delantera del complejo no había muchos coches, por lo que aparcó allí y se bajó.

Ingresó a través de las puertas principales y se acercó al mostrador donde había dos guardias. Al mostrarles su identificación de Umbrella hicieron un gesto afirmativo y la dejaron pasar.

Sus pasos resonaban en los silenciosos pasillos del hospital. Caminó hasta una puerta lateral que parecía ser de servicio, pero conducía a las profundidades de aquella instalación.

Llegó a un área de grandes dimensiones donde vio un par de camiones con los logos de Umbrella, junto a algunas personas trabajando allí escoltadas por miembros del USS. Un soldado la vio, por lo que se acercó rápidamente a pedir las credenciales.

Ella le mostró su identificación y continuó su paso. Sabía que en esos camiones solían mover BOWs durante la noche, mientras los habitantes de Raccoon City dormían. Si supieran la cantidad de cosas que ella sabía...

La siguiente zona era un gran almacén donde se guardaban algunos de esos contenedores con BOWs. El lugar estaba extremadamente vigilado. También vio que algunos sujetos con batas de laboratorio iban moviendo unas camillas con bolsas para cadáveres encima... ocupadas. A veces esa era una manera de sacar sujetos de prueba del hospital sin llamar la atención.

Finalmente Annette llegó al NEST2. El lugar donde Nathaniel Bard tenía su base de operaciones. Era un laboratorio destinado a probar BOWs y otras armas, y desarrollar medidas contra las mismas. Allí había toda clase de proyectos secretos, pero a veces algunas cosas se filtraban. Así se enteró que estaban trabajando en una especie de railgun para eliminar Tyrants, mientras que otra división estaba ocupada diseñando sistemas de control remoto para manipularlos. El encargado de eso era un francés que no le caía demasiado bien...

Annette siguió su camino hacia el área que visitaba ya desde hacía varias semanas. Era un pasillo de aspecto frío y estéril, con una puerta de acceso al final pero un escritorio con un guardia de por medio.

Era Yorick, un miembro del USS que tenía el turno nocturno y ya la conocía.

—Buenas noches, doctora Birkin —saludó el guardia.

—Buenas noches, Yorick. ¿Se puede?

—Sí, sólo hay algunas personas... disfrutando también del cambio de turno —respondió esbozando una sonrisa.

Annette sonrió levemente. Luego miró hacia unas taquillas al lado del escritorio.

—¿Conseguiste mi pedido? —preguntó Annette casualmente.

El guardia hizo un gesto como si recordara repentinamente. Se deslizó hacia la taquilla usando las ruedas de su silla de escritorio, para luego abrir la pequeña puerta y sacar una botella de vino tinto.

—¡Sí, señora! Exactamente la marca que me dijo —dicho esto, Yorick dejó la botella sobre el escritorio junto a una copa.

—Gracias, Yorick.

Mientras pasaba hacia la puerta, le dejó un sobre con billetes sobre el escritorio. Yorick lo tomó silbando por lo bajo y lo guardó dentro de la taquilla.

La puerta daba a otro pasillo, que tenía una sala a un lado con una máquina de café y varias mesas con sillas. Siguiendo derecho, había un par de puertas más pero a ella le interesaba la que estaba al fondo: Sala de testeos.

Pero antes de poder llegar allí, y sin poder escabullirse, alguien la llamó por su nombre.

Miró hacia la máquina de café donde estaba Daniel Fabron con una taza humeante en mano. Tenía una sonrisa en su rostro, mientras que sus ojos permanecían ocultos tras unas gafas de sol opacas.

—Daniel, ¿qué estás haciendo aquí? —preguntó Annette.

Él señaló la botella de vino que ella llevaba.

—Yo podría preguntar lo mismo. El vino no está permitido en el laboratorio —replicó Daniel, aún sonriente.

Annette estaba algo irritada pero se rió por lo bajo.

—Tengo asuntos pendientes en la sala de testeos —contestó ella, mientras una discreta sonrisa se dibujaba en su rostro.

—¡Perfecto! No me voy a entrometer. Parece que esa sala se ha vuelto bastante popular en las últimas semanas —dijo Daniel.

—¿No has ido?

—Debo admitir que sí, un par de veces.

Fabron dio un sorbo a su café mientras Annette se predisponía a seguir su camino, pero repentinamente volvió a dirigirse a él.

—Quiero hacerte una pregunta, Daniel.

—Dime —contestó casi bostezando.

—¿El sistema de control del Tyrant está operativo?

Daniel alzó las cejas, como si hubiese sido tomado por sorpresa. Luego esbozó una sonrisa cómplice.

—Oui. Está en fase de pruebas, pero es utilizable —respondió finalmente.

Ella hizo un gesto afirmativo. Daniel entendió, dejó la taza y la siguió hasta la sala de testeos.

Era una oficina grande, con un montón de monitores y tableros con botones y luces. A un lado había una especie de casco junto a unos guantes, todo conectado con cables a un ordenador enorme.

Mientras Annette dejaba la botella y la copa en el escritorio, Daniel caminó hasta el casco.

—Hay un Tyrant conectado a esto. Yo lo llamo... Trenchy.

Annette había olvidado la costumbre de Daniel de ponerle nombre a todo. Generalmente eran cosas que sonaban bien en su cabeza, pero luego resultaban ser muy estúpidas. Sin embargo él pensaba que era muy ingenioso.

Daniel continuó su explicación:

—Trenchy tiene un pequeño dispositivo en su cabeza, oculto por un sombrero. Cuando activas esto, podrás usar el casco para ver a través de sus ojos, y estos guantes para controlar sus movimientos. Hay unos pequeños circuitos para poder usar sus extremidades, pero todo esto es muy experimental. No tendrás más de uno o dos minutos.

—Entiendo. Es muy interesante... si esto pudiera expandirse y militarizarse... —dijo Annette, dejando escapar un dejo de fascinación.

—Lo veo muy difícil. Pero quién sabe, a lo mejor en el futuro...

—Claro... es posible —agregó Annette.

—Luego, aquí hay un botón para sobrecargar el dispositivo de la cabeza de Trenchy y dejarlo inmóvil. Es la única manera de meterlo de vuelta en su contenedor. No vayas a dejarlo activo porque todo el laboratorio estará en problemas —advirtió Daniel.

Annette hizo un ademán, sintiéndose insultada.

—Daniel, soy extremadamente cuidadosa. No voy a dejar un Tyrant suelto en un campo de pruebas —su tono fue tajante.

Fabron se rió. Hizo un gesto como indicando que eso era todo.

—Que te diviertas, mon amie. Si obtienes algún dato de combate interesante, házmelo llegar —dijo Daniel despidiéndose mientras caminaba hacia la puerta.

—Seguro, Daniel. Gracias.

El colega se retiró cerrando la puerta. Una vez en silencio, Annette inspeccionó de cerca ese casco. Era muy extraño, pero había algo que le parecía bastante intrigante en todo eso. No estaba allí la última vez que estuvo en la sala de testeos.

Cerca de la puerta había unas taquillas donde los que usaban esa sala solían dejar cosas. Annette abrió la puerta de una donde había dejado una de sus batas de laboratorio, que efectivamente allí estaba.

Se la colocó, y encontró un sacacorchos en un bolsillo. Una vez más, no era la primera vez que hacía eso...

Procedió a descorchar la botella, se sirvió un poco y se sentó frente a los monitores. En ese momento era como si su personalidad cambiase. De pronto se sentía más despierta, ignorando el cansancio del día completo, lista para comandar a la manada.

—A ver qué tenemos hoy... —murmuró mientras encendía los monitores.

Vio cuatro sujetos encerrados en contenedores. El campo de pruebas era una simulación de un laboratorio, con varias habitaciones, objetos desparramados por ahí y diferentes contenedores con criaturas.

Cada habitación estaba poblada por cámaras desde las que se podía seguir la actividad de los sujetos.

En una pantalla vio los datos de los cuatro que estaban allí esa noche. Sus nombres eran Martin Sandwich, January Van Sant, Valerie Harmon y Samuel Jordan. Más allá de información como la edad, estatura, peso, tipo de sangre, no había nada. Y tampoco le interesaba. Ni siquiera saber cómo habían llegado ahí. Eran sus sujetos de prueba, con los que iba a divertirse esa noche.


Continuará!