Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.


Capítulo 9 – El Mortífago.

Con solo un mes de vida Atria se había vuelto un autentico dolor de cabeza para Bellatrix. Como ahora debía de hacerse ver una madre afectuosa a los ojos de Sirius, tenía que estar atenta a cada uno de los quejidos de esa dichosa niña, y esta no hacía más que llorar. Daba igual la hora que fuese, pero su hora especial para molestar eran las tres de la mañana. "Que gracia, la hora de las brujas" Pensó con ironía.

Entró en la infantil habitación y se acercó a la cuna. Atria se calló de golpe al verla pero al cabo de unos segundos comenzó a llorar con más fuerza que antes.

Suspiró.

¿Qué había hecho ella para merecer esto? Lo único que quería era ser mortífaga, no madre.

Puso los ojos en blanco y acercó su cara a la cuna.

–¿Qué clase de actitud es esta señorita? –Estaba claro que no sabía cómo tratar con un bebe. –¿Espera usted estar toda la noche así? –No, definitivamente no sabía.

Atria se llevo un dedo a la boca. Si hasta la niña estaba confundida con la forma que tenia de tratarla. Pero que iba hacer, ella tenía cero instintos. Bastante era que había conseguido llevarla dentro durante nueve largos meses. Pero si quería lograr su objetivo no le quedaba otra. Tomó al bebe en brazos e intentó acunarlo tal como le había visto hacer a Sirius. ¿Por qué hizo caso al traidor de su marido y despidió a los elfos encargados de la niña? Suspiró otra vez, ya lo recordaba, todo había sido para darle a Sirius por el gusto y que creyese que se estaba domesticando.

Estúpido.

Aunque ahora dudaba quien era el estúpido. ¿El que dormía plácidamente en su habitación o el que estaba allí intentando calmar a ese bebe chillón?

La primera fase de su plan había resultado con un éxito mayor de lo esperado. Sirius tardó cero segundos en encariñarse con su hija. Lo tuvo muy claro desde el momento que vio como la protegía esa primera vez que la tomo entre sus brazos. Ese gesto fue algo natural, solo de una persona que realmente se preocupa por otra. Pero ante la duda, siguió alimentando esa sensación. Primero, haciendo que eligiese el nombre del bebe, con esa astuta estrategia fortaleció el vinculo. Segundo, ordenó a los elfos que cualquier cosa relativa al bebe, solamente se la comunicasen a Sirius, así se incrementaría esa sensación de querer protegerla y tercero, una vez despidió a los elfos y ella comenzó a encargarse de los cuidados de Atria, se mostraba mas cariñosa con el bebe. Ese último paso fue el que acabó por romper las barreras que Sirius había intentando construir.

Ahora estaba a punto de comenzar la segunda fase y no veía el momento de lograr su objetivo.

–Vuelve a dormir, ya me encargo yo de ella. –Sirius entró en la habitación restregándose los ojos. Aún estaba adormilado.

Bellatrix ahogó una carcajada antes de girarse hacia él.

Era ahora o nunca.

–No hace falta. Atria está muy a gusto entre mis brazos.

Y como si la niña hubiera entendido cual era el plan de su madre dejo de llorar. Bellatrix ajustó al bebe contra su pecho y este no tardó en dormirse otra vez.

–Pásamela. –Sirius estiró los brazos. –Se que te sienta mal si no duermes lo suficiente.

Bellatrix negó con la cabeza y se aferró más al bebe.

–Somos las mujeres las que no encargamos de los niños.

Observó como Sirius se acercaba a ella con los brazos aún extendidos, pero apretó más a la niña y se giró bruscamente. Todo según lo planeado.

–¿Qué estás haciendo? –Preguntó Sirius extrañado e intentando volver a coger al bebe. Ahora directamente casi estaba forcejeando con Bellatrix.

–No ves que así la vas a despertar.

Bellatrix se giró hacia otro lado pero Sirius no dejaba de insistir. Finalmente este logro su objetivo y tomó a Atria entre sus brazos. Pero debido a los bruscos movimientos, el bebe se despertó y comenzó a llorar otra vez. La acuno tal y como hacia siempre, pero nada hacía que el llanto cesase.

–Mira lo que has hecho. –Bellatrix se acercó a él y volvió a tomar al bebe entre sus brazos, el cual automáticamente dejó de llorar.

Sirius se quedó ojiplatico mirando la escena, él era el único que conseguía calmar a Atria. Abatido por la situación dejo la habitación.

Bellatrix observó cómo se iba y a continuación volvió a fijar la vista en el bebe que ya comenzaba a cerrar los ojos otra vez "Atria, ya le tenemos donde queríamos".

Que iluso de Sirius. Había manejado tan bien los hilos que ni si quiera se había dado cuenta, se había comportado igual que un niño al que le sobornas con un juguete. Primero se lo das a probar, cuando se porta mal se lo quitas y solo se lo devuelves bajo unas condiciones.

Pero aquello no era un juguete, y después del comportamiento de hoy estaba segura que Sirius haría lo que fuera por poder estar con su hija.


La tercera y última fase del plan estaba lista y a punto de ser utilizada cuando el momento se diese y esperaba que ese fuese cuanto antes. Ya estaba cansada de que Narcisa le restregase por la cara lo mucho que sabía sobre los planes del Señor Oscuro y que se lamentaba de no poder decírselo. Que falsa podía llegar a ser su hermana.

Su estrategia con Sirius había continuado igual que aquella fatídica noche hacia un par de semanas, cada vez que Sirius se acercaba a Atria ella hacía lo mismo y tomaba al bebe entre sus brazos. Sabía que Sirius se estaba enfadando pero tan solo le quedaba apretar un poco más las tuercas y ya estaría en el punto que quería.

En esas estaba en esos momentos. Era le hora del té y descansaba sirviéndose una taza en el salón de la casa con Atria en una pequeña cuna junto a ella. Sirius acababa de llegar del ministerio de una de esas reuniones que ya había comenzado a liderar tras el delego de su padre. Cuando Sirius acudió al salón tras cambiarse de ropa se sentó frente a ella y echo un ojo al interior de la cuna, Bellatrix aprovechó esa oportunidad para tomar a Atria entre sus brazos.

–¿Qué pretendes? –La pregunta de Sirius la tomó por sorpresa, no se iba a engañar, esperaba que continuara callando ante sus movimientos.

–Yo no pretendo nada. –Acaricio la cabeza del bebe con delicadeza. –Simplemente protejo a mi hija.

Sirius se rió incrédulo.

–¿De mi?

Bellatrix se encogió de hombros como si nunca hubiera roto un plato.

–La protejo de las personas que le pueden hacer daño y ya que no tú no estás dispuesto a anteponer su bien a tus ideales, pues la protejo de ti también. –Se levantó de su asiento y se dispuso a dejar la habitación.

Esa frase que acababa de lanzar Bellatrix le resultaba tan parecida a la que hacia unas semanas Andromeda le había dicho. Hasta ahora no le había dado importancia, pero todo comenzaba a tener sentido y por primera vez en su vida tuvo miedo. Aquí ya no había estudiantes, competencias entre casas o partidos de Quidditch, aquello era la vida real y tenía que pensar como un hombre y no como un niño.

–¿Qué es lo que quieres? –Ya se estaba dando cuenta de que todo lo que había hecho Bellatrix este último mes había sido una fachada.

–Muy simple, compórtate como el padre sangre limpia que se merece tu hija y si no…

–Y si no ¿qué? –La interrumpió. Que engañado había estado todo este tiempo, Bellatrix continuaba siendo Bellatrix, la loca de su prima.

–Y si no tendrás que asumir las consecuencias.

Sirius ya se estaba enfadando.

–¿Y qué harás? ¿Matarme? Te recuerdo cariño que si me matas tú también morirías. Dale las gracias al juramento de tus padres. –Contestó con guasa.

Bellatrix se volvió acercar a su sitio.

–Hay cosas peores que la muerte "cariño". Pero si es lo que buscas yo estaría dispuesta a sacrificarnos por nuestra amada hija. Seguro que tu madre estaría encantada de criar y educar a su nieta huérfana. Imagínate que valores tendría tu hija. –Rió con satisfacción.

–Eres malvada y ruin. –Sirius negó apesadumbrado.

–No sabes lo mucho que me encanta que me digas esas cosas tan bonitas. –Bellatrix soltó una carcajada. Ya había ganado la guerra ahora solo esperaba que Sirius pronunciase las palabras que llevaba deseando escuchar desde que dijo sí quiero.

Sirius se llevó la mano a la cabeza. Sabía lo que Bellatrix quería, todo se remontaba a aquella reunión con Voldemort ¿Estaría dispuesto a traicionar a sus ideales? ¿A todo lo que había traicionado para convertirse en el hombre que era? De pronto, las palabras de Andromeda volvieron a inundar su cabeza, tan enorme era la sensación que no podía dejar de escuchar la voz de su prima mayor una y otra vez "no hagas estupideces y antepón la seguridad de Atria ante todo".

–¿Qué es lo que tengo que hacer? –Ahora ya no importaba su bienestar si no el de su hija y bajo ningún concepto iba a permitir que ni su madre ni nadie criase a Atria.

Bellatrix sonrió tanto que sabía que la cara le iba acabar doliendo, pero eso no importaba, había logrado su objetivo. Se acercó a Sirius y posó al bebe entre sus brazos.

–Irás a la Mansión Malfoy y el Señor Oscuro te recibirá. –Era imposible esconder lo feliz que estaba. –Has hecho lo correcto. –Finalmente se arrimó lo suficiente para depositarle un beso en los labios.

Sirius ni se inmuto. Espero a que Bellatrix saliese de la sala y bajo su vista al bebe.

–Cachorrito nunca dejaré que te pase nada malo.

Aquella misma noche Sirius Black se convertía en mortífago y le era tatuada en su brazo la marca que le ataría por siempre a Lord Voldemort.