Capítulo 2

Apocalipsis Zombie

Annette observó los monitores y el tablero frente a ella. Cada botón tenía una función. Algunos activaban interruptores de luz o puertas, otros abrían contenedores con BOWs. Y algunos permitían activar armamento en ciertas cámaras o activar trampas apagadas en el campo de pruebas.

Allí también había un micrófono que le permitía hablar a los sujetos mediante altavoces dispuestos por toda la simulación.

Al presionar un botón, abrió los contenedores de los sujetos. Salieron a los tropezones, confundidos. Se encontraban en una sala con algunas taquillas vacías y una caja grande de metal en el centro.

El primero en recuperar la visión fue Samuel. Un joven musculoso de cabello corto que vestía como un auténtico jock. Se pasó la mano por el rostro y miró a su alrededor.

—Oigan, ¿están bien?

—Bien jodida —contestó la rubia mientras se frotaba los ojos.

—¿Qué es este lugar? —preguntó el otro joven, confundido.

—Oh, por Dios... sabía que esto iba a pasarme —dijo la otra chica, agarrándose la cabeza.

—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó Samuel, alarmado.

—Me llamo Valerie. Soy estudiante de química en la Universidad de Raccoon City y tengo una beca de Umbrella. Mi compañera de cuarto estuvo teniendo algunos... "blackouts" de memoria, digamos. Estuve investigando, y creo que Umbrella tuvo algo que ver... —explicó Valerie rápidamente, atropellando las palabras.

—Vaya, qué coincidencia —dijo la rubia, sin parecer muy sorprendida.

Samuel se volvió hacia ella.

—¿Y cuál es tu historia?

—Soy January. Estaba trabajando con una reportera del News Comet, investigando la conexión entre Umbrella y el departamento de policía. Que me haya despertado en este lugar dice bastante —relató January.

—Yo soy Martin, soy mecánico. Lo último que recuerdo es haber ido al Spencer Memorial a hacer unas reparaciones... y ahora estoy aquí.

—Bueno, mi nombre es Samuel. Antes de despertar aquí estaba tomando parte en un tratamiento médico con Umbrella...

Todos se quedaron en silencio unos instantes, mientras asimilaban la información en cada historia y la gran coincidencia.

—Pues... parece que Umbrella nos encontró a todos —observó January con sarcasmo.

—¿Pero yo qué hice? ¡No hice nada! ¡Ustedes se metieron con ellos! —acusó Martin mientras señalaba con un dedo tembloroso.

Samuel le bajó el brazo y lo fulminó con la mirada. Valerie se sentó en el suelo y se abrazó las piernas.

—¡Cálmate, Martin! —espetó Samuel.

Martin se quedó en silencio pero visiblemente alterado.

—No vamos a salir con vida de aquí, quieren silenciarnos —dijo January.

—Lo que dices no ayuda en nada... —apuntó Samuel.

—Tiene que haber una salida —murmuró Valerie.

De pronto un sonido metálico se propagó por la habitación. Todos se pusieron en alerta, siendo en ese momento cuando notaron la cámara de seguridad que los observaba. A continuación se activó un altavoz.

—He calculado que sus chances de sobrevivir son del... diez por ciento. Este experimento es por el bien de la humanidad —dijo Annette.

Los sujetos se quedaron helados. Valerie empezó a temblar mientras Martin miraba desesperadamente de un lado a otro.

—Como primer paso, por favor, acérquense a la caja. Encontrarán todo lo que necesitan —continuó Annette.

El primero en acercarse con determinación fue Samuel. Abrió la caja lentamente, pensando que podía tener un explosivo o algo. Pero no. Al inspeccionar el interior vio que estaba llena de armas como ser pistolas, revólveres, cuchillos, palos, algunos subfusiles y sprays de primeros auxilios. Agarró un palo con firmeza y lo blandió en el aire.

January se acercó y tomó una pistola. En el fondo de la caja había algunos cargadores, por lo que se llevó un par en los bolsillos de su chaqueta de cuero.

Martin llegó arrastrando los pies. Agarró una pistola junto a dos cargadores con manos temblorosas.

Valerie se mostró más dubitativa. Decidió acercarse, tomó un revólver y algunas balas pero prefirió aprovechar su mochila para meter unos sprays de primeros auxilios.

—Se tomaron la molestia de vaciar mi mochila pero me la dejaron —comentó algo extrañada.

De pronto escucharon que el seguro de la puerta se desbloqueaba.

—Tendrán que superar una serie de pruebas. En la siguiente simulación deben encontrar tres piezas de un puzzle: Figuras de virus. Deben colocarlas en su lugar junto a las compuertas al final del recorrido para poder salir —les informó Annette.

Los sujetos intercambiaron algunas miradas. Todo sonaba extremadamente bizarro, pero no tenían más opción que seguir las instrucciones.

—Esto suena más como un juego macabro que otra cosa... —dijo January.

—¡Quizás tengamos una chance! —exclamó Martin, esperanzado.

—Sí, tiene que haber una salida —agregó Samuel.

January no era tan optimista, pero veía que Samuel buscaba consolidar algo así como un espíritu de equipo.

Toda la situación parecía carecer de sentido. Si Umbrella hubiese querido matarlos, lo habría hecho. ¿Qué era esta especie de juego demencial?

Samuel se encaminó hacia la puerta seguido por January, ambos avanzando con cautela. Valerie se quedó un poco más atrás, sin saber qué hacer. Martin también parecía estar abrumado y los observaba sin moverse.

Al poner la mano sobre el picaporte y volver la mirada hacia atrás, Samuel los vio inmóviles a la distancia.

—¡Vengan aquí! —indicó haciendo un gesto con la cabeza.

Valerie asintió en silencio y empezó a acercarse lentamente. Martin dudó pero finalmente decidió seguirla.

Estando a una distancia prudencial, Samuel le indicó a January que se preparara. Ella se tensionó un poco al quitar el seguro de la pistola pero apuntó con pulso firme hacia la puerta.

Samuel giró el picaporte y tiró. Por un segundo esperaban ser atacados pero no pasó nada. El pasillo estaba en silencio.

Las luces titilaban, reflejándose en las paredes metálicas. January advirtió una lámina en el suelo a unos pocos metros. Le indicó a Samuel la ubicación de la lámina y él hizo un gesto afirmativo. January empezó a caminar hacia el punto señalado, se agachó para observar bien qué era.

Se trataba de un mapa, aparentemente de esa ubicación. Al examinarlo rápidamente determinó el pasillo en el que se encontraban.

—Vaya, eso podría ser útil —comentó Samuel, observando por encima de su hombro. January se giró, pero luego asintió en silencio.

—A lo mejor sólo quieren asustarnos —dijo Martin, como si tratase de tranquilizarse a sí mismo.

—Pero no debemos bajar la guardia —replicó Samuel.

January se incorporó con el mapa en mano. Puso el seguro a la pistola y la colocó en uno de sus bolsillos, luego extendió la lámina usando ambas manos.

—Aquí estamos nosotros. —Dijo señalando un punto—. Y aquí está la salida —indicó en la parte norte del mapa.

—Entonces las piezas pueden estar en cualquiera de esas otras habitaciones —dijo Samuel.

—Así es. ¿Figuras de virus? —preguntó January.

—Deben ser imágenes o modelos de virus. Los he estudiado —acotó Valerie.

—Bueno, si ves alguno avísanos así los vamos juntando —le respondió January, enrollando la lámina.

—Debemos ir en grupo —dijo Samuel.

January se encogió de hombros pero asintió. Valerie y Martin parecían algo más relajados tras escuchar esas palabras.

Avanzaron por el pasillo hasta un umbral que daba paso a una pasarela. El lugar estaba iluminado por potentes reflectores, con algunos grandes aparatos mecánicos a ambos lados de la pasarela emitiendo un constante sonido similar a un motor.

El camino era derecho hasta otro umbral que daba a la siguiente sección. Según el mapa allí estaban las diferentes habitaciones y pasillos.

Al ingresar notaron que en algunas paredes había compuertas, así como en el techo. Aquí la iluminación era más tenue, con algún reflector ocasional. Pero por las maquinarias dejadas allí y el tipo de arquitectura daba a pensar que era una zona industrial. Se encontraban en un área espaciosa, con una puerta a su izquierda y otra más alejada. Decidieron ingresar en la puerta de la izquierda, que daba a un pequeño pasillo.

January llevaba la pistola en mano con el dedo en el gatillo. Si bien la situación parecía estar demasiado tranquila, palpaba la tensión en el aire casi como algo eléctrico.

Samuel parecía estar sintiéndolo también porque aferraba el palo con fuerza. January mantenía la mirada hacia delante pero miles de cosas daban vueltas en su cabeza.

La investigación que le había asignado Alyssa resultó ser más peligrosa de lo pensado. Algo sucio ocurría en el RPD, y querían llegar al fondo del asunto. Sabían que un periódico rival también había empezado a tomar un interés por esa historia, por lo que probablemente iban a asignar a alguien. Alyssa era muy ambiciosa y quería tener la primicia, por lo que le tocó a January tener que comenzar la investigación. Especialmente si requería de usar sus habilidades para hackear sistemas y burlar seguridad electrónica. Aunque seguramente las redes de Umbrella no serían fáciles de quebrar.

Su ensimismamiento se rompió bruscamente al escuchar una voz irrumpiendo en sus oídos.

—¡Alto! —exclamó Martin.

Samuel se frenó y January chocó contra él. Valerie se sobresaltó, miró a su alrededor alarmada.

January se acomodó la chaqueta mientras Samuel se disculpaba. Por fortuna la pistola llevaba el seguro puesto.

—¿Qué pasa, Martin? —preguntó Valerie.

—A un lado, miren esto.

Se fueron apartando a medida que Martin se acercaba. Pasó junto a Samuel y se agachó a escasa distancia frente a él. Señaló un objeto metálico rectangular en el suelo.

—Es una mina explosiva —dijo Martin.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó Samuel.

—Conozco estas cosas. En mi adolescencia hice bombas de tubo. Si pisabas esto a lo mejor no te mataba, pero sí puede mutilarte —explicó Martin, con un leve temblor en la voz.

Pero como si recuperase la confianza, Martin se inclinó sobre la mina y hábilmente tocó algunas partes. Eventualmente la levantó y con cuidado la dejó a un lado.

—Está desarmada, pero no quiero moverla bruscamente por si se activa o algo.

—Muy bien. Gracias, Martin —dijo Samuel.

Martin asintió, por un momento atinó a esbozar una sonrisa. Valerie le hizo un gesto con el pulgar hacia arriba.

Decidieron pasar a la siguiente habitación, que era una especie de cafetería. Había cosas tiradas por todos lados y manchas de lo que parecía ser sangre. Mientras todos se fijaban en esos detalles horribles, Valerie señaló hacia una mesa lateral.

—¡Una pieza!

Se acercó por su cuenta y agarró una cosa que para January parecía una molécula con espinas. Era una figura de plástico, parecía un juguete perturbador.

—¡Muy bien! Un primer paso... —dijo la voz de la mujer en los altavoces.

En ese momento, varios metros por delante, vieron que una compuerta del techo se abría y un cuerpo caía hacia la cafetería. El cuerpo se estrelló contra el suelo haciendo un ruido grotesco.

Valerie se quedó helada, al igual que Martin. Samuel y January se pusieron en guardia pero incrédulos ante lo que habían visto. ¿Una persona... muerta?

Pero entonces el cuerpo emitió un gruñido. La situación empezaba a ser surreal, no podían dar crédito a lo que veían. Entre quejidos ese ser se puso de pie, moviéndose de manera antinatural. Vieron que tenía el rostro cubierto de sangre y los ojos blanquecinos con pupilas poco definidas. Abrió la boca en un gesto salvaje, animalesco, mostrando los dientes y los hilos de sangre que colgaban de sus labios. La piel parecía cuero viejo, arruinada con algunas zonas más estiradas que otras. Esa cosa no podía estar viva. Una persona normal se habría reventado contra el suelo tras esa caída. Sin embargo ese ser estaba de pie, caminando erráticamente hacia ellos y con los brazos extendidos como si quisiera agarrarlos.

January quitó el seguro de la pistola y le pegó un tiro al pecho. La bala entró, frenando a la criatura. Sobre la ropa vieron la marca de sangre donde estaba el impacto del proyectil. Pero como si no hubiese sido más que una pequeña molestia, el muerto viviente reanudó su dantesca marcha.

—¡¿Cómo es posible?! —se preguntó Martin en voz alta.

—¡Dale a la cabeza! —exclamó Valerie, presa del pánico sin darse cuenta que ella misma tenía un arma en su mano.

January apuntó tratando de mantenerse firme, extendió los brazos y fijó su mirada como si la guiara la corredera. Lo tenía en la mira pero no paraba de moverse. Emitió un suspiro y apretó el gatillo.

Esta vez sintió el retroceso con más intensidad. Hubo un fogonazo y el zombie cayó al suelo. La había había entrado por el ojo derecho que quedó destrozado. Se quedaron observándolo por un momento, cuando notaron que parecía seguir tratando de levantarse.

—No puede ser... —murmuró January.

Pero esta vez fue Valerie quien disparó. Dos tiros más a la cabeza que quedó reducida casi a una masa sanguinolenta. No volvió a moverse.

El estupor se prolongó por unos instantes mientras asimilaban lo que acababa de suceder. Era algo imposible, y sin embargo había ocurrido. El primero en recuperarse fue Samuel.

—Vamos, no debemos perder tiempo.

—Ha sido horrible —murmuró Martin.

Valerie avanzó algunos pasos seguida por Martin. Samuel se acercó a January y le puso una mano en el hombro.

—¿Estás bien?

Ella tragó saliva y asintió. Luego movió el hombro para alejarse.

—Sí, estoy bien —dijo de manera tajante y siguió a Martin.

Samuel sonrió y meneó la cabeza. Por un instante se permitió abstraerse de esa situación horrenda para pensar en el equipo que sentía que tenía a cargo. Sus personalidades, sus diferencias, sus habilidades y sus motivaciones. Debían continuar cooperando juntos.

Al llegar a la puerta al final de la cafetería escucharon algunos sonidos del otro lado. Como si alguien estuviese caminando llevándose todo por delante. Samuel tomó la delantera y abrió la puerta cautelosamente.

Vio un zombie deambulando torpemente mientras emitía ruidos guturales. Samuel se dirigió a los demás en voz baja.

—Voy a entrar y a golpearlo para aturdirlo. Ustedes vayan rápido, traten de encontrar una pieza y otra puerta.

El grupo estuvo de acuerdo. Se prepararon detrás de Samuel, que abrió la puerta y corrió hacia el zombie con el palo en sus manos. Antes de que la criatura reaccione, Samuel aprovechó su velocidad para golpearlo y tumbarlo. Años de boxeo y entrenamiento le habían dado los reflejos, rapidez y fuerza necesarios para enfrentar a cualquiera.

Valerie ingresó corriendo, observando en todas las direcciones pero la iluminación era muy baja.

La habitación tenía varios escritorios con monitores rotos encima. Parecía como si alguna vez hubiese sido una oficina funcional. Por los rincones había cajas con montañas de papeles en blanco junto a cosas estropeadas que parecían llevar años tiradas ahí.

En el otro extremo del cuarto Martin y January encontraron la puerta pero parecía estar trabada.

—¡Sam! ¡Está cerrada! —exclamó Martin.

—¡Denme un minuto! ¿Cómo vas, Valerie? —dijo Samuel.

Valerie estaba registrando los escritorios junto a January. Hasta que encontró la pieza detrás de una máquina de fax arruinada.

—¡Lo tengo!

El zombie había quedado boca abajo en el suelo y cada vez que trataba de levantarse Samuel lo golpeaba en la cabeza con el palo para mantenerlo abajo. Una vez que todos se agruparon en la puerta, dejó a la criatura y corrió hacia el grupo.

Con el momentum obtenido por la corta pero intensa carrera le dio una patada a la puerta que la hizo temblar. Se escuchó un crujido pero no terminó de abrirse. A continuación Samuel usó su hombro para embestirla, abriéndola de par en par.

Salieron a un corredor metálico, donde vieron marcas de algo que parecían ser largos rasguños en algunas paredes. Los rastros de sangre por el suelo no eran muy alentadores tampoco.

January sacó el mapa para observarlo.

Tenían dos habitaciones más para explorar, y siguiendo el corredor hacia el norte era donde debía estar la salida. Ella le informó esto al grupo y decidieron continuar por el cuarto más cercano.

Samuel abrió la puerta lentamente. No había nada dentro, excepto algunos generadores. La luz era escasa, por lo que Valerie tuvo que ir casi a tientas.

January se acercó a un interruptor, le sacó la tapa y empezó a tocar los cables. Martin se acercó para darle una mano. Ella primero se negó pero luego aceptó la asistencia.

Lograron encender dos reflectores que hicieron más fácil la búsqueda. Finalmente detrás de un generador Valerie halló la tercera pieza, y la metió en su mochila junto a las demás.

En ese momento se abrió una compuerta del techo dejando caer dos cuerpos.

—¡Corran! —exclamó Samuel.

Salieron al corredor, donde vieron que compuertas de las paredes y el techo se abrían dando paso a una horda de muertos vivientes.

—¡Por aquí! —indicó January, que ya tenía el mapa mental armado.

—No dejen que los agarren, estén en movimiento —dijo Samuel.

January esquivó a un zombie cercano por poco, enfiló en dirección norte corriendo lo más rápido que le daban las piernas. Samuel la alcanzó sin dificultades dado su estado físico. Llegaron a la compuerta de salida que tenía al lado una máquina con huecos para colocar las figuras.

—Defiende esta posición, voy a ayudarlos —dijo Samuel al ver que Valerie y Martin tenían problemas para evadir a los zombies.

—Bien... pero ten cuidado —contestó January quitando el seguro a la pistola.

Samuel empezó a correr. Escuchó dos disparos seguidos por el peso de un cuerpo golpeando el suelo. Continuó hasta Valerie que estaba prácticamente paralizada mientras dos zombies de aspecto deplorable, sucios y ensangrentados pero con ferocidad en sus movimientos le cortaban el paso.

—¡Dame la mano! —exclamó Samuel.

Valerie se lanzó hacia delante agachándose, extendiendo su brazo hacia Samuel que la aferró con fuerza. Él tiró de ella poniéndola en dirección norte.

—¡Corre!

La chica corrió sin mirar hacia atrás. Cuando vio a January reduciendo a un zombie se sintió más segura. En el suelo vio tres cuerpos ya inmóviles. Todos tenían tiros en la cabeza pero también por el cuerpo y las extremidades. January no tenía la costumbre de disparar por lo que a veces fallaba.

Valerie examinó la máquina. Vio que cada hueco era específico para una pieza. Dejó la mochila en el suelo, sacó las piezas y empezó a colocarlas donde encajaban.

Mientras tanto, Samuel estaba tratando de alcanzar a Martin que había quedado demasiado atrás. Se abrió paso usando el palo para aturdir a los zombies, aún sabiendo que no sería suficiente.

Martin hizo algunos disparos erráticos, generalmente impactando en las piernas y torsos de las criaturas. Samuel empujó a un zombie con el hombro, tirándolo al suelo, para luego hacerle un gesto con el brazo a Martin que estaba a varios metros de él.

—¡Por aquí! ¡Rápido!

Martin se impulsó pero un zombie lo agarró con fuerza. Como si fuera algo instintivo, la criatura lo mordió en el hombro. Hundió los dientes penetrando la piel, seguido de un brote de sangre. Martin gritó de dolor, se sacudió tratando de quitarse al zombie de encima pero no fue hasta que Samuel llegó y lo apartó de un puñetazo que pudo zafarse.

A continuación Samuel tomó a Martin de un brazo para llevarlo con él. Corrieron medio agachados esquivando a los muertos vivientes hasta llegar a la compuerta de salida, ya abierta.

—Oh, no... —dijo Valerie al observar el estado de Martin.

—¡Dale uno de esos! —indicó Samuel señalando los sprays en la mochila.

Valerie agarró uno y lo aplicó rápidamente sobre la herida. Samuel ayudó a Martin a continuar, seguido por January. Valerie agarró la mochila y salió. Tras esto la compuerta se cerró a sus espaldas.

—¡Muy bien! Muy... interesante. Pero esto está apenas comenzando —dijo la voz femenina de los parlantes.

Se encontraron en una habitación que parecía un vestuario, con algunos lockers junto a unas bancas. Había cosas tiradas pero nada útil.

Martin se sentó, temblando, en una de esas bancas de madera. Valerie se ubicó a su lado, tratando de tranquilizarlo.

January se había adelantado casi hasta la puerta de salida. Intentó escuchar algo del otro lado pero parecía no haber nadie.

Samuel se acercó a ella con una mirada de preocupación.

—Mordieron a Martin. Espero que no le pase nada —dijo Samuel en voz baja.

—A lo mejor el spray es suficiente —replicó January.

—No debimos haber corrido, tendríamos que haber permanecido juntos —masculló Samuel, con un tono de remordimiento en su voz.

January se dio vuelta para mirarlo a los ojos. Era la primera vez que se fijaba realmente en alguno de sus acompañantes, y en la expresión de Samuel le pareció ver que algo lo estaba torturando.

—No es tu culpa —fue todo lo que salió de los labios de January. Iba a decir algo más pero no quería sonar desconsiderada con el pobre Martin. No podía culparlo a él, cuando todos estaban en la misma situación. Fue algo desafortunado, desgraciado, imprevisto. Sabía que Martin estaba nervioso desde el comienzo, lo que probablemente nublaba su capacidad de reacción. Pero tampoco podía aceptar que Samuel se culpe a sí mismo por eso.

—Era mi responsabilidad —continuó Samuel.

—No estamos a tu cargo, Samuel. —Dijo January con dureza—. Todos somos responsables por igual.

Samuel hizo un gesto como para replicar pero desistió a último momento. Hizo un gesto afirmativo y volvió hacia Martin.

January bajó la mirada. A veces se arrepentía del tono que usaba, que la hacía sonar irritada o tajante cuando no era su intención. Una costumbre que debía corregir. El problema era que se lo venía repitiendo desde hacía años.

La pausa se interrumpió por un sonido metálico. Los altavoces volvieron a transmitir aquella inquietante voz.

—Para la siguiente área necesitarán una tarjeta. Con eso activarán una consola junto a la compuerta de salida. La tarjeta está en poder de un zombie al que identificarán por una gorra de guardia color azul.

Mientras el grupo se acercaba hacia la puerta para dar comienzo a la búsqueda, January se abstrajo un poco en sus pensamientos.

¿Quién era esa persona? Sonaba como alguien con rasgos psicopáticos, hablando con frialdad como si leyera un manual de instrucciones. Mencionando consignas como si se tratase de un juego, mientras los observaba a través de las cámaras. Era algo sumamente macabro e inquietante. ¿Quién podría ser así? ¿Por qué les hacía pasar por esto?

Samuel la devolvió a la realidad al ponerle la mano sobre un hombro.

—Vamos. Estamos todos juntos en esto —dijo con confianza.

Esta vez se encontraron en un pasillo con más signos de combates. Manchas de sangre seca e impactos de balas poblaban las paredes, mientras que se veían algunos casquillos por el suelo. Parecía ser que esos lugares eran zonas de batallas relativamente constantes. January se inquietó pensando en lo que Umbrella podría estar tramando si dedicaban esa cantidad de recursos a simular escenarios de combate.

Pasaron por un pequeño cuarto donde había unas camillas oxidadas apiladas en un rincón, para verse luego en una habitación con varios tubos grandes que parecían incubadoras pero estaban rotos. Había cristales por el suelo, objetos electrónicos inservibles y algunas compuertas en los techos.

Mientras exploraban la habitación, a medio camino de la salida, las compuertas se abrieron y empezaron a caer zombies en grandes números. Samuel agarró a Martin pasándole un brazo por el hombro, al mismo tiempo que profería la orden de escapar. Salieron lo más rápido posible mientras los muertos vivientes se incorporaban lentamente. Tras atravesar el umbral, Valerie cerró la puerta. Sólo podían esperar que los zombies no los sigan.

Ahora estaban en una sala similar a la anterior pero con una estructura más intrincada de pasarelas con incubadoras rotas de por medio. No parecía ser una habitación muy grande pero tenía un diseño confuso, que podía resultar algo laberíntico.

January encabezaba el grupo seguida por Samuel y Martin, con Valerie cerrando filas. A medida que avanzaban escuchaban un gruñido cada vez más cercano.

Y así a varios metros por delante vieron al zombie con la gorra. La criatura se giró hacia ellos haciendo gesticulaciones con su boca ensangrentada, emitiendo sonidos incomprensibles.

La joven January alzó el arma, se tomó unos instantes para apuntar y disparó. El zombie cayó de espaldas sobre la superficie de metal. Samuel ayudó a Martin a sentarse en el suelo, para luego ir inmediatamente hacia el zombie y aturdirlo en el piso con el palo. January revisó los bolsillos con cuidado hasta encontrar la tarjeta.

—¡La tengo! —exclamó January, aferrándola con energía.

En ese momento las luces se apagaron al tiempo que se encendían unos reflectores con filtros rojizos, tiñendo la sala de sombras y un tinte escarlata.

—Bien, pueden tenerla. Pero ahora deberán salir con vida —dijo la mujer de los altavoces.

Martin empezó a toser violentamente. Se agarró el estómago sintiendo un dolor cada vez mayor. Valerie corrió a su lado, dejó la mochila en el suelo y empezó a buscar un spray.

Pero en ese momento una compuerta del techo se abrió dejando caer algo que no habían visto antes.

Era una criatura verdosa con escamas. Tenía una forma anormal, como encorvada. Las patas eran grandes, pero lo más notable eran sus brazos largos que terminaban en descomunales y afiladas garras. Había caído de pie, pero de espaldas a Samuel y January. Pudieron ver que emitía un sonido extraño, para luego moverse a una velocidad increíble en dirección a Valerie.

January empezó a correr en dirección opuesta, donde tras unos pocos metros encontró la puerta.

—¡Por aquí! —exclamó, desesperada.

En ese momento escucharon que la puerta por la que habían ingresado se rompía, como si la hubiesen derribado de sus bisagras. La horda de muertos vivientes estaba ingresando a los tumbos en el lugar.

Valerie apenas tuvo tiempo para reaccionar cuando aquella criatura dio un salto, bastándole una de sus garras para rajarle el cuello. Empezó a brotar sangre abruptamente de la herida como si fuera una erupción. Valerie sintió que se ahogaba, se llevó las manos al cuello y cayó de rodillas.

—¡No! —gritó Samuel, corriendo hacia ella.

—¡Sam, no! ¡Te va a matar! —exclamó January.

Martin se arrastraba un poco más lejos mientras la criatura se acercaba de manera amenazante, pero se frenó cuando escuchó a Samuel e inmediatamente giró en su dirección. En ese momento Samuel miró a los ojos de esa bestia. Eran amarillos y pequeños, pero sagaces. Era la mirada de un cazador implacable.

Samuel agarró la mochila de Valerie y empezó a correr hacia January. Tras darle unos segundos de ventaja, la criatura comenzó a moverse a gran velocidad tratando de darle alcance.

January intentó dispararle pero sólo acertó un tiro en uno de los hombros. La criatura era muy veloz, pero además demostraba unos reflejos increíbles para esquivar disparos. Samuel le tiró el palo, que sólo sirvió para ganar unos segundos cuando el monstruo se hizo a un lado para evadirlo.

La puerta estaba abierta, sostenida por January. Samuel pasó de un salto, tras lo que January la cerró. Usó su cuerpo para mantenerla firme mientras la criatura le daba fuertes empujones desde el otro lado.

—¡Jan! ¡Usa la tarjeta! —exclamó Samuel señalando hacia la compuerta de salida, varios metros por delante.

Ella no se detuvo a pensar en eso, pero la salida se encontraba más cerca de lo que imaginaba. Samuel llegó a su lado para usar su fuerza en mantener la puerta cerrada. No sabía cuánto tiempo iba a aguantar...

January corrió hacia la consola, insertó la tarjeta y vio que una pequeña pantalla se encendía. Tenía una línea de comandos vacía. Escribió rápidamente la orden para abrir la compuerta, pero no funcionó. Iba a tener que hacer un trabajo más fino...

—¡¿Qué pasa?! —preguntó Samuel.

—¡No me deja abrirla! ¡Dame unos segundos! —respondió January.

Usó sus habilidades y conocimientos en sistemas para ingresar al menú de los administradores. Aquella consola en sí tenía funciones muy limitadas, pero por lo que vio permitía abrir la compuerta, encender las luces y usar cierres electrónicos. Inmediatamente usó ese último para trabar todas las puertas de aquella sección.

Mientras aguantaba los empujes, Samuel escuchó que se accionaba un cierre. La puerta parecía estar más fija, pero la criatura continuaba esforzándose por entrar.

A continuación January activó la compuerta que no tardó en abrirse.

—¡Vamos! ¡Se cerrará automáticamente! —exclamó January.

Samuel hizo un gesto afirmativo, y algo dubitativo se alejó de la puerta. Empezó a correr lo más rápido posible, aprovechando al máximo su capacidad física. Tras unos instantes escuchó que la criatura lograba irrumpir allí, tirando la puerta al suelo. El monstruo emitió uno de sus extraños sonidos para luego dispararse en dirección a Samuel.

Sin embargo, el joven atleta llevaba una mayor ventaja. Se lanzó al suelo deslizándose para atravesar la compuerta justo antes de que se cerrara.

Al mirar a su alrededor vio que estaba en una sala demasiado blanca, con algunas cajas tiradas por allí. La pesada compuerta estaba cerrada, no dejaba pasar ni el sonido de la criatura que había quedado enajenada del otro lado.

Notó que aún aferraba en su mano la mochila de Valerie con los sprays dentro. Rápidamente acudieron a su mente las últimas imágenes de ella y Martin. No podía creer lo que había ocurrido, pero fue en un instante.

Se incorporó un poco aún en el suelo y buscó a January con la mirada. La vio acercándose con los ojos llenos de lágrimas.

Ella se arrodilló a su lado, trató de decir algo pero parecía estar ahogada. Samuel entendía que tras lo ocurrido no habría palabras capaces de atenuar el horror vivido minutos atrás. Al abrazarla percibió que su cuerpo se aflojaba. Como si por un instante la tensión fuera derrotada por la sensación de contención emocional.

—Martin, Valerie... ha sido horrible —murmuró January entre sollozos.

—Debemos seguir adelante por ellos.

Permanecieron en silencio unos instantes. Hasta que la gélida voz de los parlantes inundó la habitación.

—La siguiente área será su fin. Demuestren de qué están hechos.

January se separó de Samuel, luego se puso de pie y se paró frente a la cámara que la observaba.

—¡Baja y dímelo en la cara! ¡Te voy a matar! —vociferó con furia.

No hubo respuesta.

Samuel se acercó a ella. Mientras se quedaban allí acordando hacer algo de tiempo en ese cuarto para pensar qué hacer a continuación, Annette los observaba.

Esbozó una sonrisa al sentirse desafiada. Presionó unos botones del tablero que hicieron que la cápsula conteniendo al T-103 conectado al aparato de control de Fabron se colocara sobre la habitación en la que estaban Samuel y January.

A continuación se puso de pie para caminar hasta el dispositivo desde donde podría comandar directamente al Tyrant. Programó la apertura de la compuerta en el tablero para darse un poco tiempo.

Se preparó colocándose el casco y los guantes. Al activarlo pasó de ver una pantalla con números a oscuridad total. Estaba dentro de la cápsula.


Continuará!