CAPÍTULO 17
Albert le pareció un hombre íntegro, sincero y generoso como muy pocos. Caballero como los de antaño y educado. Se dió cuenta que le gustaba escucharlo. La serenidad con la que miraba y la tranquilidad con la que pronunciaba cada palabra... Candy había estado manteniéndo una conversación inesperada con él.
— Debo decir que no creí tener tu apoyo, Albert— se sinceró —Elisa..., bueno ella es tu familia, y yo..., yo no soy nadie.
—No, Candy, eres una mujer que cuando rie ilumina todo a su alrededor. No me gusta la gente clasista, para mí no hay pobres, ricos, poderosos, o miserables que necesiten ser tratados o diferenciados. Todos somos seres humanos... Somos libres..., Libres de hacer con nuestra vida lo que creamos conveniente. He conocido de ti lo suficiente, como para saber qué tipo de persona eres. Igual como lo vi en Terry. —La mención del hombre que vivía dolorosamente en su mente, hizo que el corazón le diera un vuelco a Candy, el dolor, y la tristeza se hicieron notables. Albert decidió hablarle como quien se aprecia de ser un amigo.
—Candy... El amor incluye, no excluye. Multiplica y suma, no divide. Acerca, no aleja. Abraza, no patea. Comprende, no juzga —ella parpadeo repentinamente para evitar que las lágrimas salieran. No esperaba palabras tan poéticas y tan pero tan ciertas. En ese momento meditó en su error. —Pequeña —siguió Albert —Terry, el puede ser un arrogante, quizás un poco exasperante, pero no haría nada para lastimar tus sentimientos.
Las sensaciones… y los pensamientos seguían ahí, como una sombra acechando su cabeza. Y, cuando los acontecimientos se escapaban a su control, esa sombra se extendía y se volvía más oscura.
—No estoy de acuerdo con Elisa y la Tía Sara, Candy— le había dicho Archie—. Quiero que sepas que te considero mi prima, aún más que a Elisa.
—No quisiera generar problemas. No tiene importancia, el pasado que viví con los Legan, no me afecta ahora, Y menos ahora que tengo el cariño de Albert y el tuyo también, eso me llena de Felicidad.
—Eso es pequeña sonríe. —Ella puso una sonrisa sincera pero no plena, pero no quería que vieran su dolor. —Por cierto saldré con Annie,—volvió a decir Archie— así que no tendrás que soportar a tu jefe— Candy rio de buena gana—. Te vere más tarde. Archie estaba tan feliz que no vio nada diferente en Candy.
Llegó el día que no pudo más... y se dejó llevar por los latidos del corazón.
Mientras caminaba en las aceras del Central Park, Candy recordó todo lo que había hablado con Albert, iba tan sumida en las palabras que estaban rodando en su cabeza, que no vio el automóvil deportivo estacionado más adelante del edificio donde vivía. Unos ojos zafiros centelleantes de amor, la miraba con anhelo. Con desesperación. Cuando Candy llegó a la puerta e introdujo la llave en la cerradura, dió un respingo al ver a parecer sorpresivamente a Archie, que la recibió con galantería y una sonrisa amable..
—Candy, queremos ir a cenar fuera. ¿Te apetece acompañarnos? — Candy sonrió, pero negó.
—Es su noche. Además, tengo ganas de dormir un poco.
—¿ Seguro? Podemos quedarnos y pedir algo.
—Nada de eso. Me gustaría dormir temprano.
—Vale, pequeña. Archie depósito un besó en la mejilla de Candy, y le sonrió con cariño. A corta distancia, los ojos zafiros flameando llenos de rabia, Terry sintió el más profundo dolor, dolor que llego hasta su corazón, al mismo tiempo, una lágrima bajaba por su mejilla. No soportó seguir viendo más, y con un movimiento violentó se acomodó en el asiento conductor, y puso el auto en marcha. Se alejó a toda velocidad. Decidió alejarse de Candy. Talvez, aquella sería la última vez que le viera.
Annie que venía en ese momento bajando del acensor, dio un abrazó reconfortante a su mejor amiga. Segundos después Annie tomó la mano de Archie, y Candy los vio alejarse. Entonces pensó en lo poco que le apetecía arrepentirse de no haber hecho lo que quería. Con mucha rapidez olvidando lo mal que le ponía subir por el ascensor llego hasta el piso diez. Entro cómo un rayo en el apartamento. Cambió su vestido atado al cuello, por unos pantalones Chanel en color negro, los tacones altos se quedaron, y unas zapatillas cómodas cubrieron sus pequeños y pálidos pies, por último, un abrigo corto en color blanco quedó sobre una blusa rosa pálido de corte cuadrado. Tomó llaves y cartera en mano, y fue en busca del chico al que no quería perder.
Sin saber... había llegado tarde.
Candy llegó al piso de Terry temblando de anticipación, llamo a la puerta insistentemente, Toco el timbre, esperó y esperó. No hubo respuesta del otro lado de la puerta. Espero un par de horas, pero Terry no llegó. Llamó a su móvil, pero ni siquiera timbró una vez, el móvil estaba apagado. Candy se quedó desconsolada. Dos días después supo que Terry se había marchado. Terry se había ido. Terry no la quería en su vida. Ella no había confiado en él. Todo era su culpa.
A medida que transcurría los días, transcurrieron la semanas, y los meses, luego se hizo un año y llego marzo sin que llegara la primavera, a medida que se acercaba la boda de Archie y Annie. No había podido dejar de pensar en Terry, todo ese tiempo, de preguntarse dónde estaría y si era feliz. Se debatía entre la convicción de que se había limitado a seguir con su vida y la persistente sospecha de que quizá, dondequiera que él estuviese ya no la recordaba, Sus recuerdos se volvían más crueles y abandonaba toda esperanza de volver a sentir algo como lo que había vivido con Terry, supo que si no podía sacarlo y borrarlo de su vida, por lo menos debía intentar ocuparse de otras cosas. Cosas pequeñas y positivas que contrarrestaran lo negativo. Y así, a falta de borrarlo de su mente, decidió que tenía que seguir adelante, era tiempo de hacer algo que había querido hacer siempre. Hubiera sido pleno si Terry compartiera su sueño con ella. Basta Candy, es tiempo de poner un hogar para niños abandonados. Annie le había propuesto el lugar de presidente en la empresa de su padre en Chicago, eso le daba la posibilidad de hacer la fundación para todos los pequeños.
—Si llegas a necesitar algo, lo que sea, no dudes en llamarme.
— Lo tendré presente. Candy iba a echar de menos las pláticas con Albert, en el tiempo que estuvo con él, fue más que un amigo, un hermano.
Regresó a Chicago.
Un sábado en la mañana llegó para ver una casa de acogida. La vivienda era bastante pequeña, y la más descuidada del vecindario, de estilo sencillo color gris, con un jardín tan muerto que le daba un aire de lo más triste. En ese momento supo lo que ella quería. Se despidió del agente de bienes raíces, y fue a buscar en el campo. Allí encontró lo que buscaba. Lo llamaría, El hogar de pony, en honor a la mujer que le dio todo en sus primeros años de vida.
Los primeros dos meses fueron difíciles para Candy. Patrocinar un hogar para niños abandonados era una gran responsabilidad. Reuniones y más reuniones con la junta municipal de distrito. Las muchas reuniónes que se vio arrastrada para tener el apoyo del comité, y demostrar la función del lugar, también necesito visitar empresas reconocidas y lograr que los empresarios dieran la ayuda inmediata. Todo tenía que salir y ser apoyado económicamente del círculo de la más alta sociedad. Brindar asesoría para demostrar que no era una estafadora. Había sido un camino duro de cruzar. Después de meses lo había logrado. Sin embargo había otro inconveniente,. para eso tubo que tomar clases de enfermería y sicología para poder ayudar a los pequeños y que ellos recuperaran todo lo perdido y no propiamente cosas materiales, sino su vida emocional, psicológica y física. Pero los resultados eran gratificantes. Después de seis meses de duro trabajo. El hogar de Pony se hizo realidad. El hospicio contaba con cien camas que estaban divididas en cuatro dormitorios grandes, los niños se acomodaban por edades y sexo. Cada una tenía un baño con diez espacios para ducha y cuatro cubículos de toilet. Además de contar con dos talleres escolares, un sacerdote, dos enfermeras, calefacción, aire acondicionado, Profesores y el amor que Candy les brindaba a cada uno. De las cien camas, treinta fueron ocupadas las primeras semanas, ahora, solo había veinte vacías. Fue en una de sus visitas a California donde Ellynor y Candy se hicieron amigas, a pesar de la diferencia de edades. Ellynor era una mujer que desprendía elegancia y sofisticación por cada poro de su piel, pero Candy vio en ella una mujer de buenos sentimientos, dulce, amorosa, pero que intentaba esconder un inmenso vacío en su interior. Ellynor y Candy platicaban constantemente, por llamadas, o mensajes de texto. Un día se citaron en un restaurante en Chicago, Ellynor había viajado a la ciudad para darle a Candy una donación, hubiera sido fácil con solo una transferencia a través del banco, pero la actriz tenía ganas de ver las instalaciones del hogar de pony.
—Me alegra tanto verte Candy.
—Yo también estoy muy feliz de volver a verte Ellynor.
—Elly. solo dime Elly.
—Muy bien, Elly.
—Por favor cuéntame cómo ha ido todo en el hogar de Pony. La sonrisa luminosa y sincera de Candy era como dar la información.
Cuando ambas mujeres llegaron al hogar de pony. Ellynor platicaba y abrazaba a los pequeños traviesos con tanto amor, los pequeños parecían encantados con la actriz, en un momento Candy vio que Ellynor se limpiaba una lágrima discretamente, cuándo Steban un pequeño de seis años se negaba a dejar los brazos de Ellynor. Candy tenía mucha curiosidad por conocer más de Ellynor. Cuando la vio por primera vez, había sentido algo parecido a la melancolía que había mirado en Terry el día que Annie lo presento. Talvez anhelaba ver a Terry, que lo veía en el rostro de Ellynor, o quizás empezaba a enloquecer.
Más tarde Candy no pudo contener su curiosidad.
—¿A quién extrañas? —preguntó en voz alta. Aunque no esperaba contestación. Sin embargo, Ellynor sí contestó.
—A mi hijo.
Remover sus recuerdos había sido una terrible idea. había trabajado incansablemente para mantener un balance. No lo hubo conseguido. Le contó a Candy sobre su pasado. Ell dolor de perder al hombre que amaba y que ella creía sería para toda la vida.
—Intente decirle, que lo amaba, que no podía haberlo engañado. El tiempo se volvió contra mi. No conseguí demostrar que era inocente. No confío en mis palabras. Él es un hombre despiadado con los que lo traicionaban, y con migo fue implacable.
—¿Que hizo? Preguntó Candy consiente de que atravesaba un límite.
—Me quitó a mi hijo. ¡Oh Candy! Si lo hubiera sabido, nunca le hubiera dicho de mi embarazo, creí tontamente, que quizás sí se enteraba que íbamos a tener un bebé, pensé estúpidamente que me daría la oportunidad de explicarle. ¡Todo..., todo fue una trampa de su esposa!
—¿Qué les hicieron? Volvió a preguntar Candy. Ellynor meditó y Candy pensó que le diría que era una entrometida, pero Ellynor necesitaba decir todo lo que había guardado por mucho tiempo.
—Había un chico, su nombre es Franco. No paraba de molestar, me mandaba cosas, cartas de amor, flores. A Richard no le gustaba. Un día en un café de la plaza estaba esperando a Richard, queria decirle que estaba embarazada, pusieron algo en la bebida que llevo el mesero a mi mesa. — Ellynor cerró su ojos zafiros, y Candy sintiéndose mal por abrir esa herida, tomó su mano y apretó con cariño—. Lo que pasó después no lo recuerdo, pero cuando desperté estaba en la cama con Franco, ambos estábamos desnudos y Richard viéndonos desde la puerta. Cuando lo busque y le dije de mi embarazo, Richard no me creyó, pero después de seis años regresó y me quitó a mi hijo. Candy empezó a llorar, y Ellynor se sorprendió.
—No Candy, no tiene que afectarte mi pasado... Eso ya...
— Yo también —Candy la Interrumpió —Yo también, vi a Terry; lo vi..., lo vi con otra mujer en su cama. Ellynor se cubrió la boca con ambas manos de la impresión, oír el nombre de Terry abrió la herida, empezó a sentir el repentino bombeo de su corazón con un dolor inmenso. Y una mínima pero una esperanza se instaló en su alma.
—¿Terry GrandChester? El nombre pronunciado, hizo que Candy detuviera abruptamente los sollozos.
—¿Cómo sabes su nombre?
—¡Dios mio...! —Ahora fue Candy quién cubrió sus labios con ambas manos.
—Elly... eres la madre de..., Terry.
Ellynor perdió las pocas fuerzas que la habían mantenido de pie durante tantos años, los diecinueve años más dolorosos que vivía día a día, pidiendo una ayuda, un camino para demostrar que ella no había engañado a Richard, una ayuda para volver a ver a su hijo.
—Annie acaba de enviar un correo. Hay reunión a las once de la mañana. para el proyecto, el del teatro, recuerdas —le recordó su secretaria. Candy regreso a la realidad, había estado tan sumida en los recuerdos. Donde Terry ya no era parte de ellos. Soltó el aire y sacudió la cabeza, tenía trabajo.
— Creí que esa reunión la haría Annie personalmente
—Pues, ella quiere que seas tú. Desde que la nueva cadena de teatro pidiera una proyección de calidad en la publicidad del lanzamiento hacia un mes, Annie estaba en tensión. Según le había dicho su amiga, había mucho dinero en ese proyecto. A Candy le daba igual si el dueño era un egocéntrico exigente, para ella era la oportunidad de presentar su trabajo, pero sobretodo hablarle a ese hombre desconocido, de las ventajas de ser un patrocinador del hogar de pony. Era cuestión de tiempo que se diera un encuentro. Necesitaba más patrocinadores.
Candy caminaba por el largo corredor que la llevaba a la sala de juntas, para esperar al hombre millonario que exigía trabajo. Mientras recorría el pasillo con el ruido de sus zapatillas de tacón de siete centímetros y el sonido de la papelería que era un constante en el lugar, ponía de los nervios a cualquiera. El sonido que circulaba por las distintas estancias, Miró el cuarto y al equipo de diseño con una sonrisa, siempre daban un trabajo único. Entró en la sala de juntas y espero, pero no tuvo que esperar más de un minuto. La puerta se abrió en silencio.
—Buenos días. —Una chica joven y bonita se aproximó con la mano extendida —Julia Duval—se presentó la recién llegada. Candy que se apreciaba de dominar cualquier situación, quedó clavada en el suelo, Esperaba ver a un hombre, la mano que seguía extendida la hizo reaccionar al instante.
—Buenas tardes... señorita Julia —dijo mirando su reloj, pasaba ya de ser días, tomando la mano. —Candy White —El apretón de manos fue rápido y breve como exigía el decoro.
—Mi jefe a esperado este proyecto mucho tiempo, para llevarlo acabo —dijo Julia con una sonrisa y levantó la ceja en un gesto que decía que estaba esperando su siguiente movimiento.
—No tan largo —contestó Candy con aparente calma, y se disponía a sentarse no sin antes pedirle a la representante del hombre misterioso que tomase su lugar. "Respira, solo respira. Odiaba que millonarios " en especial de esa especie" no tuvieran el mínimo interés solo exigían. No lo arruines". Se centró en su papel de profesional dispuesta a comenzar la reunión. Aunque se acercó a la mesa y se sentó indolente en una silla frente a Julia.
—Antes que nada, me gustaría aclarar— empezó Candy bastante molesta—... que esperábamos al dueño, para este proyecto, No sabía que alguien más estuviera a cargo y espero que no haya ningún inconveniente.
—No, en lo absoluto — sonreía mientras hablaba, Candy sin entender, el por qué, deseaba borrar la sonrisa de su rostro. —Mi jefe confía en mis decisiones, así como confía en que "«aqui»", están los mejores empleados y altamente capacitados para desempeñar las labores que se requieran en la publicidad para el teatro.
—Estoy segura de que estaremos a la altura de sus expectativas —dijo Candy, tratando de controlar su furia, pues sabía muy bien que la imagen de la empresa era lo primero.
—No está en duda, señorita White .
—Le aseguro —replicó Candy, casi gruñendo, No entendía pero " eran celos lo que sentía" —Soy muy profesional en mi trabajo y no tengo ningún problema en desempeñarme para lo que estoy capacitada. Ahora la pregunta es: ¿Cómo se sentirá el dueño, si no se presentó?— Preguntó, exasperante por no saber que nombre ponerle al petulante insensato.
— Por supuesto, no ponemos en duda su capacidad, ahora y disculpe mi falta, pero tenemos tiempo limitado, señorita White. Si le parece bien podemos empezar a trabajar. La miraba con una sonrisa que a Candy le hizo pensar que la tenía pintada en el rostro. Una mujer entró con una bandeja en la que había café y agua. Candy Tomo enseguida las riendas de la situación. Julia presentó las necesidades de su jefe y puso toda concentración en lo que ofrecería la jefa de diseños.. La reunión duró aproximadamente dos horas. En lo profesional ambas estaban sorprendidas de sus respectivas capacidades. A un nivel personal no podía decirse lo mismo. A Candy le quedó claro que no obtendría el nombre del millonario,al que representaba la flacucha de sonrisa pintada.
Terry jamás había podido arrancar a Candy de su cabeza. Incluso su maldita sangre Inglesa se había resistido a olvidarse de ella. Conocía perfectamente lo que implicaba esa travesía, y no quería ni oír hablar de las terribles consecuencias, cuándo la tuviera frente para luego alejarse de ella otra vez. Pero había asuntos pendientes que resolver, Y había esperado dos años, largos y lentos años para ello.
Ellynor Había intentado decirle a Richard lo que había pasado. El tiempo se volvió su calvario, cuando creía que lo había conseguido, algo salía mal. Pero ahora tenía una esperanza, pequeña, pero la había.
Continuará...
