Capítulo 3
Sed de Sangre
Samuel se pasó una mano por el rostro, tratando de recobrar la compostura. January se había calmado, aunque parecía estar planeando algo.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Samuel.
—Podríamos quedarnos aquí y hacerle perder el tiempo a quien dirige esto, o buscar una salida.
Samuel no quiso desanimarse, pero la situación ya empezaba a pesarle.
—¿Crees que haya una salida?
—Tiene que haberla. No podemos rendirnos —dijo January.
Él asintió. Tenía en una de sus manos la mochila de Valerie con los sprays, por lo que pasó las correas por sus hombros y axilas, poniéndola en su espalda. Aún quedaban unos cuantos sprays dentro. No hacían milagros pero sí que podían curar determinadas heridas o al menos paliar el dolor.
January comprobó el cargador de su pistola y luego lo volvió a colocar en su lugar. Pensaba que a esas alturas, visto lo visto, era muy improbable que fuera a sobrevivir esa noche. Umbrella los había atrapado a todos. Sabían que ella había estado investigando la conexión entre la compañía y el RPD, por lo tanto lo único que podían hacer era silenciarla. Sin embargo no entendía por qué habían metido a otras personas como Martin y Samuel en eso. ¿Para el deleite sádico de quien estaba a cargo de esa instalación?
January le hizo un ademán a Samuel para que se acercase. Pero antes de poder enfilar a la salida escuchó que una compuerta del techo se abría.
Alzó la vista, girando la cabeza para mirar hacia atrás, y vio una enorme figura caer pesadamente de pie sobre el suelo.
Samuel estaba más cerca, casi le había caído encima. Vio a un ser de piel grisácea, con surcos en el rostro y una mirada fría, casi robótica. Vestía una gabardina verde oscuro con un sombrero de igual color. Llevaba guantes negros, hebillas y correas en los brazos, y enormes botas de combate.
January alzó su arma pero Samuel parecía estar más confiado.
—¡Corre, Jan! ¡Es mío!
Samuel tenía confianza en sus años de boxeo y preparación física. Creía que podía vencerlo.
Empezó a darle puñetazos tratando de atacar sus riñones, pero golpeaba una especie de superficie dura como el acero. El otro sujeto estuvo inmóvil, hasta que lanzó un puñetazo que tiró a Samuel contra la pared. Tras esto se acercó y, antes de que Samuel pudiera ponerse en guardia, le conectó dos puñetazos más.
Un dolor inmenso recorrió el cuerpo de Samuel. No creía poder enfrentarlo directamente luego de eso. Empezó a alejarse con dificultad, pero January llegó a su lado para ayudarlo.
Juntos atravesaron la puerta de salida justo cuando aquel ser iniciaba una embestida veloz que terminó dando contra la puerta, arrancándola de sus bisagras.
Ahora se encontraban en una pasarela que hacia ambos lados daba a unas oscuras profundidades inciertas. Pero el resto del recinto contaba una plataforma móvil en el centro y más pasarelas, incluyendo algo que parecía ser un piso superior.
January ayudó a Samuel a llegar a la plataforma, y allí vio un panel de control. Accionó la palanca con desesperación, lo que resultó en que la plataforma se mueva hacia arriba. Aquel sujeto del sombrero quedó abajo, lejos de ellos.
La plataforma se detuvo dando acceso a un pasillo donde vieron una compuerta, algunas pasarelas y algo que parecía ser una oficina con una ventana y una puerta.
—Vamos allí —indicó January.
Samuel se aferró a ella. Ambos caminaron con dificultad hasta la puerta, que estaba abierta por lo que pudieron ingresar.
La oficina estaba desierta. Tenía un par de máquinas similares a servidores emitiendo sonidos, pero también había un par de escritorios, sillas y varios papeles desparramados. Samuel se sentó en el suelo, apoyándose contra una pared justo debajo de la ventana que daba a la zona por la que habían venido.
January le sacó la mochila, la abrió y tomó un spray.
—Creo que me rompió las costillas —masculló Samuel.
—Déjame ayudarte —dijo January.
Con algo de dificultad, January levantó la remera de Samuel. Vio hematomas enormes donde había recibido los golpes. Evidentemente aquel sujeto golpeaba como un camión. Aún no podía entender de qué se trataba realmente. No se parecía a nada que hayan visto hasta el momento.
Empezó a aplicar uno de los sprays sobre los moretones de Samuel.
—Se siente un poco mejor —dijo Samuel con una expresión de dolor, tratando de esbozar una sonrisa.
—No me mientas. Espero que esto realmente funcione —contestó January, con seriedad.
Samuel sonrió, todavía algo aturdido por los golpes.
—Tranquila. Sí, creo que me siento un poco mejor.
January suspiró. Dejó el spray sobre el suelo, pero permaneció de rodillas frente a él.
—No soy la mejor enfermera, pero espero...
—Lo has hecho genial. Gracias.
Samuel tomó la mano que January había usado para aplicar el spray. No la aferró con fuerza ni como una forma de apretón, sino más bien que era como si la sostuviese. Ella movió sus dedos para aferrar la mano de Samuel, mientras lo miraba a los ojos.
—Puede que tengas razón... y no vayamos a salir de esto... —Dijo Samuel, mientras tomaba un poco de aire.
—Sam...
—Pero me alegro de que hayas estado conmigo —continuó Samuel.
—Ojalá pudiera haber hecho más —expresó January con desolación.
Pero antes de que Samuel pudiera responder los alertó el sonido de unas alarmas. La plataforma estaba moviéndose.
January se acercó a la ventana discretamente, asomando sólo los ojos. Vio que la plataforma volvía con aquel sujeto pero que tras caminar unos pasos, quedó inmóvil. Cayó apoyado sobre una rodilla y una mano, pero no se movió ni un milímetro más.
—Ha quedado quieto... no sé por qué, pero no parece que sea parte de su funcionamiento —comentó January.
—Espero que se quede así —dijo Samuel.
Mientras tanto, en la sala de testeos, Annette había dejado los aparatos de control a un lado. Parecía ser que el tiempo de uso era muy breve, el Tyrant había colapsado por sí solo. No creía que ese sistema fuera a ser muy confiable a futuro.
Volvió a los monitores donde rápidamente ubicó a los sobrevivientes refugiados en la oficina. Por un momento pensó en soltar algunas criaturas, pero luego consideró que aún podía testear ciertas capacidades del Tyrant.
Tomó un trago de vino y se acercó a un teclado que había junto a un monitor, entre los tantos que tenía frente a ella, donde accedió al programa Tyrant. Aquel sujeto en particular llevaba un dispositivo conectado en su cabeza al que podía sobrecargar para incapacitarlo, pero también podría ser una vía para introducir órdenes.
No conocía los detalles específicos de ese aparato ni su programación, pero tras experimentar el control directo del Tyrant vio que tenía algunas capacidades de percepción interesantes que podían potenciarse.
Annette ingresó al programa y rápidamente accedió al aparato particular de ese Tyrant. Vio una serie de líneas de comandos, órdenes y textos poco interesantes. Lo llamativo fue ver la línea de "función". Había algunas opciones, todas con valores negativos. Decidió ir a la función "stalker" y ponerla activa.
A la vez ingresó "eliminar a todos los organismos no infectados". La función stalker hacía que los ojos del Tyrant escaneen constantemente, en este caso buscando organismos con valores de infección inferiores a los de un sujeto expuesto al virus. Podía ser una buena manera de probar su desempeño en una simulación de una potencial misión real.
Una vez ingresada la orden, el Tyrant que había permanecido inmóvil en la plataforma se puso de pie. Por un momento pareció confundido, pero pronto empezó a mirar lentamente en diferentes direcciones hasta que centró su atención en la oficina.
January volvió a ocultarse y tomó a Samuel del brazo.
—Creo que viene hacia aquí.
Lo guió hasta un escritorio que aprovecharon para esconderse. Escucharon los pesados pasos de aquel ser, seguido por la puerta abriéndose bruscamente.
Por un instante January cerró los ojos, con su mente esforzándose en pedirle a quien fuera que no dejara que esa criatura los encuentre. Pero el sonido de los pasos era cada vez más fuerte.
Al abrir los párpados lo primero que vio fue el rostro de ese ser asomándose por su lado, pero lo más inquietante fueron esos ojos faltos de vida. Una forma de frialdad que nunca había visto. Sintió que sus fuerzas la abandonaban.
En un instante aquel sujeto corrió el escritorio con un impulso increíble, lanzándolo hacia un lado y provocando que choque con otro. Samuel intercedió, conectando un puñetazo en el rostro de ese ser.
El monstruo retrocedió un poco, sorprendido. Pero inmediatamente volvió al ataque. Samuel esquivó un puñetazo pero antes de poder evadir el segundo, un fuerte dolor lo hizo perder la coordinación. En ese momento recibió un golpe directo al pecho que lo tiró de espaldas al suelo.
—¡Corre, Jan! —exclamó con el aire entrecortado.
—¡Sam, no! —gritó January, desesperada.
Pero en ese momento sintió que una mano la agarraba con fuerza por la nuca. Pensó que la iba a quebrar en ese momento, pero en un instante se vio suspendida en el aire atravesando la oficina hasta impactar fuertemente contra un servidor. Vio que aquel monstruo se precipitaba sobre Samuel, que iba a enfrentarlo hasta el final.
January sintió un dolor intenso desde la espalda hasta las piernas. Apenas podía moverse pero hizo lo suficiente para salir de la oficina. Lo último que escuchó fueron gritos y golpes, seguidos por un silencio desolador.
Sintió que empezaban a correrle lágrimas por el rostro mientras se movía con dificultad, apenas pudiendo respirar. Se apoyó contra el borde de una pasarela para afirmarse, pero no tenía rumbo ni esperanzas.
Tras escuchar la puerta abrirse, lo siguiente fueron una serie de pasos pesados hasta que se vio cara a cara con ese monstruo. En un instante sintió cómo una mano con fuerza la aferraba por el cuello.
Ya no sentía las piernas, las tenía flexionadas casi como para arrodillarse pero aquel ser la mantenía en pie.
—Por favor, no... —Murmuró January entre jadeos.
Puso sus ojos en el rostro de ese ser. Y en la mirada no había nada, sólo un vacío asesino. Nada de lo que dijera iba a cambiar algo.
A medida que la presión sobre su cuello aumentaba sintió que se desvanecía. Todo, incluyendo los recuerdos de las últimas horas, se volvía una nube de confusión. Por un instante pensó en las cosas que había dejado pendientes. Los últimos rostros que vio con claridad fueron los de Alyssa, Martin, Valerie... y Samuel.
Sintió que se ahogaba. Sin pretenderlo, más bien de manera instintiva, había usado sus manos para aferrar el brazo de ese monstruo en un intento por librarse pero sin éxito. Sus brazos se aflojaron hasta quedar a ambos lados de su cuerpo, ineficaces y sin fuerza. Cerró los ojos, como una última acción como para que no muriese viendo aquel rostro horrible y desprovisto de vida. Ahora se encontraba en la oscuridad, cada vez más fuera del mundo. Su cuerpo ya casi no respondía.
Sintió el contacto de algo fuerte en la cabeza y nada más.
Por medio de las cámaras Annette vio cómo el Tyrant eliminaba a ambos objetivos con eficiencia. No le había tenido tantas esperanzas al proyecto, pero parecía ser más efectivo de lo esperado.
Sabía que aún estaban conduciendo algunas pruebas en Arklay con otro modelo, pero éste parecía ser la mejor opción para introducir algunas mejoras.
Se dirigió al monitor del programa Tyrant y lo sobrecargó para incapacitarlo. Tras esto dio aviso al personal del USS para que entre y limpie la zona. Iban a guardar al Tyrant en su cápsula pero también procederían a eliminar a todas las criaturas deambulantes, recolectar todos los cuerpos y luego mandarlos a la planta de desechos P-12A.
Annette cerró la botella de vino y la dejó en su taquilla, junto a la bata blanca. Tras esto decidió aprovechar para escribirle unas notas a Daniel Fabron. Primero diciendo que el sistema de control del Tyrant no era confiable, y que además resultó ser poco efectivo. Sin embargo el programa de órdenes sacaba lo mejor de la bio-arma. Tenía capacidad para patrullar, encontrar objetivos y eliminarlos con eficacia sin necesidad de monitoreo constante o control directo.
Apagó todo y salió de la sala de testeos. Al mirar su reloj vio que eran pasadas las cuatro de la madrugada. Aún tenía tiempo para llegar a casa, dormir un poco y continuar el trabajo en el proyecto G más tarde.
Se despidió de Yorick y se fue del NEST 2. Tras ingresar a su coche y encender la radio, se encontró con que "Saudade" sonaba de nuevo. Prendió un cigarrillo mientras ponía el motor en marcha, a la vez que esbozaba una sonrisa con fastidio al escuchar esa canción otra vez. Pero al mismo tiempo, la sentía como su única compañía en ese momento.
No tenía ningún remordimiento por lo que acababa de ocurrir. Umbrella tendría sus motivos para capturar a esas personas. Además, consideraba que los proyectos en los que trabajaba la compañía eran demasiado grandes como para aceptar limitaciones éticas. El orfanato que dirigía Brian Irons era una fuente casi constante de sujetos. Pero no podía dejar que eso la afecte, ella tenía una misión. Realizar la visión de William, y llevar aquel proyecto a su absoluta concreción.
Condujo por las calles de Raccoon City con su mente volviendo a lo ocurrido en las últimas horas. Había obtenido datos de combate importantes sobre zombies, Hunters y el Tyrant. No tenía nada de qué arrepentirse. Sin embargo, ¿por qué volvía una y otra vez a esa última víctima? Su muerte fue en un instante. Una muestra de la implacable efectividad del Tyrant. Pero aún así, algo le inquietaba. ¿Esa persona rogó por su vida ante una bio-arma?
Durante el recorrido nocturno vio aquellos camiones de Umbrella transportando criaturas infernales en medio de la noche, así como los patrulleros del RPD de Irons parando gente por cualquier razón para sacarles dinero. En un momento cruzó un lujoso coche que no podía pertenecer a otra persona que a la hija del alcalde, Katherine Warren. ¿Qué podría estar haciendo deambulando por la ciudad a esas horas?
En cierto sentido, Annette pensaba que las bases de Raccoon City estaban podridas. Y con todo lo que ocurría, a veces se atormentaba pensando si no sería ella misma parte de esa podredumbre.
Continuará!
