CAPÍTULO 19.

Con papeles repletos de eventos, moda y cosas banales, pero vacíos de interés, Charles tenía ese día en particular mucho trabajo. Además también tenía que tomar un vuelo a Chicago a las 9:00 pm. Había recibido la información de una fuente confiable. El próximo enlace matrimonial entre la señorita Annie Britther, con uno de los solteros más codiciados. El empresario, Archieball Cordwell, miembro de la familia Andley. Charles necesitaba sacar un buen reportaje, últimamente no tenía nada interesante que publicar, Y si no había un árbol lleno de naranjas, no llenaría la jarra, pensó patético. El sonido de su móvil comenzó a timbrar en algún lugar debajo del montón de papeles, sin ningún entusiasmo, Charles busco su móvil, haciendo que el montón de hojas cayeran al suelo alfombrado, soltando maldiciones encontró el aparato que seguía vibrando, e iluminado miró la pantalla, leyó el nombre de su destinatario, o mejor dicho de su destinataria, Elisa Legan, pronunció con satisfacción. Esa era la señal que había estado esperando para tener un buen jugo.

— Señorita Legan —dijo Charles de mejor humor— me complace que recuerde a viejos amigos. —Una carcajada burlona fue el saludo del otro lado de la línea.

—Tengo una información que le puede ser interesante— dijo Elisa sin perder tiempo. No le gustaba hablar con alguien inferior a ella, y que se tomasen atributos como si fuesen iguales.

—¿Un cambio? No entiendo.

—Si, algo muy sencillo, en realidad...

--Usted dirá...

Ese mismo día y a primera hora de la mañana, Albert y Terry habían llegado a Chicago. Albert le había sugerido a Terry que se instalara en la mansión de las rosas, propiedad de los Andley. Sin embargo Terry tenía otros planes y agradeció el gesto diciendo que ya tenía una habitación. Pero ambos fueron a encargarse de un asunto a la delegación. Terry había cambiado, parecía estar contra el mundo y, Albert se dio cuenta de su cambio y prometió hablar con él, pero por el momento había que resolver lo de Elisa.

Al igual que Albert y Terry Eliza Legan también llegaría a Chicago.

Richard GrandChester, tenía la sensación de estar completamente solo, a pesar del movimiento constante de gente en la mansión GrandChester, sus hijas no se acercaban a él. Bueno lo hacían sólo cuando necesitaban dinero. Las dos mujeres solían pasar noche tras noche en Night Clubs, invitando a disque amigos a diestra y siniestra, como si comprar amistad fuera normal. Las hermanastras de Terry tenían pocas cualidades, o talvez ninguna en particular. Ninguna de las dos jóvenes estaba prometida, ni siquiera se les había conocido algún novio. Las cantidades de dinero que Richard, o mejor dicho el secretario personal de Richard les proveía semanalmente. rozaba lo exagerado. ¿Esas cosas son las que hacen los jóvenes? Se engañaba Richard, cuando veía los Estados de cuentas. Con el paso del tiempo Richard iba siendo consciente de que sus hijos crecían, y por eso trato de acercarse a ellos en varias ocasiones, pero luego entendió que había sido muy tarde. El humor lo empezaba a doblegar, y su porte imponente ya no intimidaba a nadie, quizás era la edad. Aunque a veces sentía como si mañana fuera a morir. Su esposa, Margaret, con ella nunca volvió a relacionarse. Todo un matrimonio falso, hipócrita. Y Terry. Él hijo vástago. Fruto de la mujer que había amado en la vida y la mujer que lo había destrozado, Terry ni siquiera le dirigía la palabra. Dos golpes en la puerta lo alertaron.

-- Entré... --dijo Richard GrandChester con voz débil y cansada, pero seguía siendo autoritaria. Un lacayo entró e inmediatamente hizo una reverencia.

--Señor, su hijo está en la línea dos.

A Richard le floreció una sonrisa en los labios. Cuando supo que Terry se había marchado, se sintió un poco triste, porque no le había avisado nada de un viaje. No entendía por qué nunca pudo llevarse bien con su hijo, y aún así tenía la esperanza de llevarse mejor, ahora que Terry era un hombre responsable.

—Sabía que me llamarías, hijo sonrió Richard GrandChester, y Terry sintió que algo muy amargo llegaba hasta lo profundo de su alma cuando lo llamó hijo.

— ¿Por qué has hecho todo eso, Richard? Cuando decidiste publicar quién soy, te has puesto en evidencia tú también, pero drogar a tu hijo para conseguir que asumiera el Ducado, es repugnante. No te perdonaré jamás. Tengo pruebas, las tengo Richard. Terry estaba furioso. Desde que Albert mostrase los vídeos de su inocencia. en Nueva York, algo había cambiado en él. Algo dentro de él se amargó, como si un demonio le hubiese entrado en el alma.

— ¿Qué estupideces estás diciendo? Soy una persona que hace las cosas de manera limpia—. Terry entrecerró sus ojos al escucharlo. Por supuesto, jamás diría algo que pudiera ser comprometedor por teléfono—. Tú fuiste quien vino a mi.

— ¿Qué pretendes? A mi no me engañas, yo no soy como tú --Richard cerró sus ojos, sabía que haberlo separado de su madre era hacerle un daño, pero no podía haberlo dejado con esa mujer, una mujer que le había destrozado el corazón. Pero con el tiempo creyó que Terry y él, pudieran entablar una relación de padre.e hijo. Sin embargo no fue así.

—Oh, nada, hijo mío. Nada. Quiero que seas feliz, que puedas ir con la cabeza muy en alto y… —Terry no soportó escuchar más basura y alejó el teléfono de su oído. La soberbia hecha hombre, pensó. Y entonces, allí sentado y mirando la calle desde su ventanilla, una verdad vino a él como una pequeña luz al final de este túnel. Entendió también cuáles eran los errores que él mismo había cometido y la razón por la que estaba como estaba. Se puso de nuevo el teléfono en el oído y siguió escuchando a Richard.

Elisa Legan salió de migración luego de una larga fila sintiendo una extraña sensación. Era de madrugada y no había dormido mucho en el avión. En cuanto había bajado del avión, le había enviado a su mamá un mensaje informándole que ya estaba aquí, pero se habían pasado los minutos y este aún no aparecía como leído. Tal vez se había quedado dormida, pensó. No, no era posible. Ella le había prometido venir personalmente por ella. Tomó su maleta y esperó un rato sentada en una de las banquetas disponibles, pero pasó media hora y nada que llegaba Sara, y tampoco contestaba a sus llamadas. Algo estaba mal, pensó que no hubiese ido por ella no le gustaba, así que en el camino intentó mantener la calma. Las luces de un automóvil estaban encendidas apuntandola y eso le extrañó. Era Terry, su peor miedo,

—Tú… —dijo y sus ojos brillaron como espadas.

Elisa sabía que no le convenía mostrarse asustada, En la escuela de modelaje había estudiado un poco de actuación. Así que lo único que tenía que hacer, era meterse en su papel, podía hacerlo muy bien, tenía que hacerle creer a Terry, que ella era una víctima inocente, y sólo se había dejado engañar por el Duque. Richard Grandchester. Talvez un poco de coquetería le ayudara.

—Mi querido Terry —sonrió Elisa rodeándolo con sus brazos, pero Terry la rechazó con fuerza, casi violento, y se alejó de ella.

—Realmente eres mala —dijo Terry acercándose a Elisa furioso. Cuando Albert y Terry llegaron a la mansión de Lakewood, después de ir a denunciar con las autoridades a Elisa. Sara Legan llegó gritándole a su sobrino político.

--¡No puedes hacer esto a tu familia, Albert! Elisa llega hoy, y sino retiras esa orden, la van a arrestar. No puedes acusarla, estas son mentiras--. Había sido el saludo de Sara, sin ni siquiera ver que Albert no estaba solo.

--¿Que es lo que no puedo hacer. Prima? Por que dime que harías tú, Imagina que alguien droga a Elisa sin pensar en las consecuencias que podría causar.

-- Elisa no sería capaz de..

--Ay pruebas. --Albert la interrumpió.

-- Seguramente es mentira de esa hija del establo. No te das cuenta que desconocemos su origen.

--¡Basta!.

--No Albert, debo enterarte y abriré tus ojos de esa hija de nadie.

-- ¿Que quieres decir?

--Elisa y Anthony se amaban mucho, y Candy se metió con Anthony provocando que terminara la relación con mi hija, y todo para que, para que por culpa de Candy, Anthony muriese. Albert y Terry miraban a Sara Legan, atónitos.--Por favor-- Siguió Sara con lágrimas--. No puedes repudiar a Elisa por culpa de una huérfana.

Pero aunque las acusaciones de Sara hacia Candy eran graves. Albert se dijo que tenía que ser mentira, todo es mentira se repitió, pero una semilla se instaló en su interior.

—No soy mala. Yo sólo… te quiero demasiado, y… Elisa le puso la mano en la entrepierna para provocarle, pero Terry la detuvo y antes de apartarla le dijo--:

— Viniste sólo para… ir a la cárcel, por que me encargaré de que pagues por lo que hiciste, y todos por fin se darán cuenta de quien eres en verdad. Hay un video, así que de nada te servirá negarlo.

— ¿Un video? —exclamó Elisa mientras tiraba de su agarre. — ¿Qué video?

— ¡Quién te pago! -- Exigió Terry. ignorando la pregunta de Elisa.

— ¡Mientes! —exclamó Elisa frunciendo el ceño, realmente preocupada.

--Es la Última vez que te lo pregunto.

--Oh... Terry... me amenazaron...

El ruido de los tacones, comenzó a ir más lento, a hacer un espacio en cada toque en el piso de madera y azulejo, como si lo hiciera más largo, en cuanto más se acercaba a su apartamento sus pies se negaban a seguir avanzando. Había sido otro día monótono, aunque productivo. Trabajo en imágenes simples y otras muy extravagantes con diferentes entornos, ángulos, letras grandes y pequeñas en 2D y 3D, pero había logrado avanzar mucho más de la proyección que esperaba él exasperante misterioso, arrogante, irresponsable para su teatro. Por alguna razón Candy quería terminar con ese contrato lo antes posible. Lo que Candy desconocía era que no terminaría tan rápido como era su deseo. Luego al salir de la empresa de los Britther, hubo visitado a la familia Britther y charlado con su mejor amiga. Por último estuvo en el hogar de Pony. Entre risas y carreras en el campo había alegrado a los corazones de sus pequeños habitantes, era lo que hacía para no pensar en él, en Terry. Sin embargo todo se derrumbaba en cuanto cruzaba la puerta de su pequeño apartamento, en Magnolia. St. Eran en las noches cuando su mente se encargaba de recordarle el calor de otro cuerpo, el sabor de otros labios, y cuando quería lamerse la herida solo tenía que asomarse y ver las cenizas de su corazón roto, terminaba llamándose tonta por no haber confiado en Terry. La idea de imaginarlo ahora mismo entre los brazos de otra mujer, empezaba rondando en su cabeza, y terminaba por sacar lágrimas involuntarias de sus pupilas. A medida que los días seguían, entendía que por más esfuerzo que hacía en olvidarse de él, más grande se hacía su amor y los recuerdos compartidos cada vez mas viejos, poco apoco serían agua pasada.

El sonido de su móvil la hizo parpadear, y miró la pantalla.

--¿Elly?¿ Todo bien? -- pregunto extrañada.

-- Perdón por si interrumpo...

--No, no... para nada.

--Bien, me gustaría hablar con tigo de un asunto delicado.

--Ah... vale.

--Ya se que te dije que llegaría hasta el día de la boda, pero he llegado esta tarde.

--Esta bien, ya entiendo. Nos vemos en algún sitio, o si lo prefieres estaríamos mejor en mi apartamento.

-- Si. Prefiero que sea en tu apartamento.

--Te envío mi dirección por mensaje.

Después de enviar el mensaje, Candy se dispuso a preparar una tetera, dos tasas, azucarera, leche en una jarra. Se preguntó que era lo que le diría Elly. Desde su última conversación no había insistido en saber más. Aquello había sido un momento duro para ambas. Para Candy había quedado claro que Terry le había ocultado muchas cosas de él. Para Ellynor saber que talvez podría acercarse a su hijo, pero aquel había lastimado a Candy, Aquello era un recordatorio de que como madre había fracasado. Antes de cualquier decisión debía saber si Candy podía ayudar, no quería poner a la chica en peligro.

—No soy quién para darte consejos, pero no seas demasiado dura con Terry, él también ha sido víctima de esa mujer que tenías por hermanastra. Imagínate cómo se debió sentir cuando se enteró de que había pasado la noche con esa mujer, y peor que no recuerde nada, y porque estaba bajo el efecto de alguna droga, según te dijo el mismo.—Candy no decía nada, -- Dime, Candy… ¿de verdad sientes dentro de tu corazón que el cariño que él te profesó todo este tiempo fue falso? —Candy no quiso analizar eso ahora, así que, esquivándola, se puso en pie y empezó a dar vueltas por el cuarto sin mirarla.

—Habíamos prometido no ocultar nada.

-- Tal vez estaba esperando el mejor momento para decirlo.

Las palabras de Ellynor dejaron a Candy pensativa el resto de la tarde. A pesar de saber que no tenía la culpa no lo había visto como una víctima. Pero, por más vueltas que le daba, esa nueva perspectiva no conseguía extirpar de su corazón el dolor que había sentido al saber que él también la había engañado, por que lo hizo. Terry le ocultó algo muy importante sobre él y eso es equivalente a una mentira, Terry no confió en ella, por que había podido decirle en muchas ocasiones, habían estado siete meses viviendo juntos.Trataba de comprenderlo, pero se dio cuenta que no podía. No cuando tenía un agujero en el centro del pecho.

--Elisa ha confesado que Richard GrandChester le pago medio millón de dólares. El abogado y hombre de confianza fue con quien ella trató, sólo en una ocación miró al Duque, o eso es lo que la hicieron creer, pero resultó siendo todo lo contrario, Richard era una víctima. --Albert se sentó frente a la ventana sin dejar de mirar a George con preocupación. --Hice unas investigaciones y encontré cosas muy interesantes. Como deshacerse del Duque. Richard GrandChester nunca tocará la vida de su hijo. Pero existe otra persona que si le conviene. -- Termino de decir , George orgulloso.

—¿Crees que Terry está en peligro ? Dios, George. —dijo Albert, bebiendo de un solo un vaso con Coñac. --¿Quien?

--Margaret GrandChester. Durante mucho tiempo se ha estado haciendo pasar por el Duque de GrandChester.

-- ¿Como?

--Es muy fácil William, hay muchas formas de cambiarte la voz y muchas más maneras de usar rostro de quien quieras. Así que de esa manera le propuso a Elisa para que esta se metiera en la relación del Joven Terry y la señorita Candy,

-- Se saldrán con la suya una vez más si no hacemos algo. El tiempo se nos agota.

— ¿Qué propones hacer?

Continuará...