Disclaimer: Pokémon me pertenece, en mi próxima vida.
Sinopsis: Ash, entrenador del fuego, ha sido testigo de la desaparición de May, su novia y princesa del Reino Pallet. Para encontrarla, ha iniciado su viaje junto a Misty, en busca de los legendarios entrenadores Pokemon; pero al llegar al Reino de Celeste descubre un peligroso secreto. ¿Qué sucederá con Misty? ¿Por qué siendo una princesa desean matarla?
Light´s Travel
By kasumi_21
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Capítulo V: El Reino de Celeste
- Corre más rápido! – gritó exaltado el castaño, mientras se volteaba por unos momentos a verle. Ash comprobó su deplorable estado y pensó que seguramente él estaría igual: con el sudor recorriendo su rostro, con su cabello desordenado y una irregular respiración acompañando su alocada carrera.
- eso intento, no me estas viendo? – contestó de la misma forma, algo molesto con su repentino compañero de aventuras. Entendía que estuviera preocupado por la pelirroja endemoniada, pero no tenía derecho a reprenderlo cada diez minutos porque aún no llegaban a su destino. Al fin y al cabo, el realmente se estaba esforzando y llegando casi al límite de su cuerpo.
En ese instante, la oscuridad del cielo era corrompida sólo por unos haces de luz y el sol se había escondido tras el horizonte hace minutos. A pesar de estar en el desierto y corriendo a través de éste, el moreno sentía con claridad como su piel se erizaba ante la súbita baja en la temperatura ambiental. Si hubiera investigado un poco más sobre el lugar, habría sabido enseguida que aquellas variaciones eran normales y que era necesario ropaje grueso para protegerse del frío.
Según sus aproximaciones, ya eras las ocho de la tarde.
- explícame una cosa – dijo el trigueño con algo de dificultad, mientras observaba al ojiazul y se olvidaba por un momento del gélido entorno. – cómo es que Misty llegó a esta extraña situación – y para enfado del muchacho, el joven ni siquiera se molestó en voltearse.
- pika! – chilló una voz enojada sobre su cabeza, demostrando que su pokémon también parecía molesto. Finalmente, el castaño se volteó a verlo con una extraña expresión en su rostro y permaneció por unos segundos en silencio.
- Dobla a la derecha! – indicó de pronto, sorprendiendo al moreno que casi tropieza con sus propios pies.
- PERO QU-! –
- SPARKY! – gritó el joven con asombro y alivio, recibiendo una criatura amarilla en sus brazos. En medio de la corrida, el animal se acomodó con facilidad en unos de sus hombros y dirigió su oscura mirada a los nuevos conocidos. Ash comprobó que era igual a Pikachu, sólo que una pequeña hebra dorada se escapaba de su frente.
- PIKA! – gruñó impactado mientras señalaba a su igual, su cara llena de pánico.
- descuida Sparky, luego te contaré sobre eso – lo calmó su entrenador, mientras acariciaba con suavidad el pelaje de su espalda – ahora debemos llegar al castillo – el pokémon de inmediato llevó su atención hacia el castaño, y al notar su dura mirada, se limitó a observar el camino.
- y entonces… - inició el trigueño con voz seria e impaciente.
- supongo que tienes derecho en conocer su historia – dijo luego de suspirar, cerró sus ojos azules con pesadez y al abrirlos, un extraño brillo de tristeza los acicaló – te lo contaré desde el principio –
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El Sol se encontraba justo en la cúspide del cielo, rodeado de hermosas y esponjosas nubes. Y bajo éste, las personas que eran testigos del común hecho, sabían con seguridad que llovería si esas blancas masas se unían con otras tantas.
En el final de una terraza, justo en el medio y apoyada en la baranda de piedra, una agraciada figura era delineada por los dorados rayos solares. Sus brazos, pálidos como el mármol y rodeado de cadenas de oro, estaban elevados hacia el cielo; junto con su hermoso rostro de marfil. Su espalda era cubierta por hebras doradas, que se mecían con gracia por la fuerza del viento, a la vez que su sencillo vestido blanquecino dejaba a la vista parte de sus muslos, con su movimiento ondeante.
Apartado de la mujer, un hombre de ojos azulados vigilaba cautivado el paisaje que se dibujaba ante su mirada. Estaba apoyado en una gruesa columna de mármol, sus brazos cruzados cómodamente sobre su pecho, a la vez que una sonrisa ladina amenazaba con expresarse. Decidió salir de su improvisado escondite, uno de los arcos que marcaban la entrada a la terraza, para guiar sus pasos hacia la divinidad que tenía en frente. Mientras lo hacía, sintió como el césped mimaba sus piernas con suavidad y como la tibia brisa rozaba su piel. Cuando la luz estuvo en contacto directo con su cabello, éste reflejo un intenso tono pardo que variaba a carmín en algunas zonas.
- no deberías esforzarte tanto – dijo con voz grabe y suavidad, mientras cruzaba sus brazos por la cintura de la mujer y juntaba sus manos en el abultado vientre. En seguida, el vapor que rodeaba a la rubia, desapareció.
- hace mucho que no llueve, amor – respondió con una sonrisa, mientras abría sus ojos y revelaba un sublime tono verdemar. Bajo sus extremidades superiores con lentitud, para luego unir sus pequeñas manos a las que la abrazaban. – soy una entrenadora y es mi deber ayudar a este reino – señalo segura, mientras se volteaba a verlo y luego observaba la panorámica que le ofrecía la terraza del castillo.
- pero primero eres mi esposa - argumentó con algo de intranquilidad en su mirar – deberías preocuparte de tu salud y la de este pequeño – indicó mientras acariciaba la panza con excesivo cuidado, provocando sólo una sonrisa más amplia en la ojiverde.
- esta pequeña – hizo un énfasis en las palabras – es tan fuerte como su madre, así que tu temor es infundamentado – explicó con una sonrisa de suficiencia, buscando serenar al Rey. Sin embargo, su expresión no cambio ni un ápice. – por favor… - susurró con molestia, mientras elevaba una de sus manos y en ella se formaban tres pequeñas burbujas. Las envió con suavidad hacia el rostro de su marido, donde humedecieron todo lo que tocaron con un suave chapoteo.
El castaño se impresionó, para luego reír fuertemente y contagiar a su Reina con la misma alegría. Luego de unos minutos, cuando por fin logró controlarse, se quedó viéndola con una dulce mirada.
- no me dejarás nunca, verdad? – preguntó en un susurro, mientras la abrazaba delicadamente pero con aprehensión. La rubia se volteó a verlo con un mohín y con sus ojos entrecerrados.
- que es esto? No se supone que en el embarazo es la mujer la que se vuelve más insegura? – antes que recibiera una respuesta, un fuerte gruñido proveniente de algún lugar cercano se llevó toda la tranquilidad.
- al parecer aún no me quiere – comentó mientras apoyaba su rostro entre el cuello y el hombro de la mujer. Ésta rió ante la cosquilla agradable que provocó en su cuerpo.
- no te preocupes cariño, tenemos toda una vida para que te acepte - le sonrió de vuelta, para luego abrazarle con fuerza y dirigir su mirada hacia la ciudad. Allí se levantaba la capital costera de un próspero reino, de bellos bosques y fértiles campos: El Reino Celeste.
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- eran bosques? – pronunció impresionado el moreno, mientras se dedicaba a observar cada rincón del seco paisaje que lo circundaba. No existía ni un pequeño matorral o planta cerca. – por qué ahora es un desierto? -
- el reino se encuentra justo en la unión de dos corrientes marinas – explicó el castaño – al encontrarse, provoca que las nubes se condensen en el mar y no llueva en el reino –
- pero si eso es normal, no significaría que este lugar naturalmente es un desierto? Cómo lograron que se transformara en un bosque? –
- se cuenta en la historia de Celeste. Este sitio se construyó con la ayuda de los entrenadores de agua, la madre de Misty era una de ellos –
- ERA UNA ENTRENADORA? – inquirió completamente sorprendido, recordando que los entrenadores solían aparecer en el mundo en un lapso de tiempo muy estrecho. Misty y él, que tenían la misma edad, eran un ejemplo. – espera… era? – preguntó con suavidad, al notar el detalle de aquella palabra.
- sí – contestó, para luego continuar de inmediato con la narración – como dominan el agua, son capaces de evitar su condensación y provocarla en la tierra. Así, con muchos años de trabajo, se consiguieron campos con capacidades para la siembra –
- y luego? –
- como la madre de Misty falleció… pasaron muchos años sin recibir agua y éste fue el resultado – Ash se limitó a observar, escapando de la mirada del castaño. No supo la razón de la preocupación que lo atacó al pensar en la pelirroja, pero se vio en la necesidad de esconderla para proteger su orgullo.
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El rojo sol se escondía lentamente en el horizonte, dándole un exquisito aderezo multicolor al cielo y al mar.
Desde una elegante terraza, un hombre de cabello castaño y piel dorada observaba encantado el paisaje circundante. En su rostro se dibujaba una triste sonrisa, mientras el viento otoñal se encargaba de mecer hebras de su pelo.
- PRINCESA! NO CORRA! – una voz grabe desde el interior del castillo, llamó su atención. Al parecer era un hombre que escondía su preocupación en un molesto tono. Y no podía juzgarlo, ya que su hija era tan temeraria que el mismo no tenía un día sin intranquilidades.
- papá! –llamó una niña de unos cuatro años. Su brillante cabello naranja se balanceaba con gracia en una coleta hacia el lado, a la vez que sus cristalinos ojos agua marinos se paseaban expectantes por el lugar. La figura que buscaba con anhelo apareció de inmediato frente de sí.
- cariño! – dijo el rey mientras la recibía en un cariñoso abrazo y la elevaba del piso. Una extraña criatura con forma de huevo, que llevaba en su mochila, sonrió feliz por el tierno encuentro.
- papá! Papá! Te cuento lo que hice hoy? – exclamó emocionada mientras sus pálidas mejillas se sonrojaban. El Rey se limitó a sonreír, sabiendo de antemano que le narraría con lujo de detalle las aventuras vividas con Denisse y su amigo entrenador. Y luego de unos minutos, ya había finalizado por completo su historia.
Cuando la pequeña estaba por retirarse, seguramente para practicar los nuevos conocimientos que había adquirido, el Rey William la llamó con suavidad. La pelirroja siguió su orden con un demostrativo mohín en los labios, algo molesta por obligarla a aplazar lo que tenía en mente. Su padre se sentó en el césped y le pidió que realizara lo mismo.
- Mist, hace tiempo he estado pensando sobre esto y he tomado una decisión que necesito informarte – inició el hombre con delicadeza, pero seriedad. Por su parte, la niña sólo tenía la cabeza inclinada, observándolo claramente sin entender o inferir algo – yo… he conocido a una muchacha y… decidí… casarme con ella – finalizó.
Pasaron varios minutos y la pequeña colorina aún tenía una expresión en blanco. A pesar de sus cortos años, la pelinaranja miró a su progenitor en un detallado escrutinio, buscando en su rostro o cuerpo alguna señal que le indicara que era una broma. Pero no halló nada.
- ca-casarte?- inquirió con suavidad, mientras un temblor suave se presentaba en su pequeño cuerpo. Su padre la observaba con preocupación, maldiciéndose a sí mismo por no poseer más delicadeza en su actuar. – por-por qué? – preguntó, esta vez con fuerza en la voz.
- Mist… escucha – dijo el padre con pesadez, mientras se apoyaba en las rodillas y se acercaba a su hija. Ésta, sintiéndose traicionada, se alejó unos pasos de él.
- acaso ya no quieres a mamá? – interrumpió con esmeraldas líquidas en los ojos, llenos de gotas de agua. – acaso ya te olvidaste de ella? –
- Mist, no es eso! –
- acaso a mi tampoco me quieres? – gritó con sus mejillas llenas de lágrimas, sintiendo como una pesadez en el corazón se distribuía por todo el cuerpo y se centraba en su garganta.
- Mist! –
- FUE POR QUÉ MATÉ A MAMÁ? –
- MISTY! – y el gritó del Rey, lleno de magnificencia y porte, cubrió impetuosamente toda la terraza real. La pequeña princesa guardo silencio de inmediato, aunque no pudo evitar los sollozos que escapaban fortuitamente de sus labios apretados. Luego de unos segundos en tensión, William se acercó lentamente hasta su hija y la apresó en sus protectores brazos. – Mist… por qué sigues pensando de esa forma? – interrogó con tristeza, mientras aumentaba la fuerza de su agarre.
- mamá… mamá murió… porque yo nací – contestó con voz apagada, mientras apuñaba sus manitas sobre la camisa del castaño y un nuevo gimoteo inundaba su boca. – es mi culpa! Ella debe odiarme! –
- Mist… Mist! – llamó mientras la alejaba para observarla directamente y su mano acariciaba suavemente su mejilla – mamá te ama, te amó incluso antes de que nacieras… te amó tanto que dio su vida para que tú pudieras vivir – le explicó dulcemente mientras recordaba como en el parto, Elizabeth siempre se preocupo por la salud de su "niña" y falleció con una sonrisa en los labios al saber que se estaba sana.
- p-pero… - susurró la niña con su rostro lleno de tristeza, demostrando en él toda la angustia que sufría al sentirse culpable por el hecho.
- sé que mamá te está observando ahora y no se arrepiente de nada, ya que logró que una hermosa muchachita llegara a este mundo – finalizó con una sonrisa tranquila que contagió el sentimiento a la pelinaranja. Ésta lo miró por unos segundos con los ojos llenos de lágrimas, para luego saltar nuevamente hacia él y abrazarlo. El rey la recibió con cariño, mientras una triste sonrisa adornaba su rostro. Por lo menos ahora tenía la certeza de que su hija dejaría todos esos pensamientos equívocos.
- pa… papá? – susurró luego de unos minutos, cuando logró calmar su llanto. Se separó delicadamente del abrazo y después guió su mirada verdemar hacia su progenitor. – si… si quieres casarte… yo lo aceptaré –
- gracias hija – contestó con una sincera sonrisa, a la vez que finalmente se separaban y se limpiaban rastros de lágrimas de sus semblantes. Misty se disculpó, con una serenidad y madurez atribuible a una Reina, para luego marcharse a su cuarto.
El castaño se quedó viéndola hasta que desapareció por uno de los pasillos cercanos, para luego voltearse nuevamente hacia el paisaje que se dibujaba en la cercanía. Por un momento sus ojos perdieron el intenso brillo que los caracterizaban, para ser reemplazados por un oscuro tono azulado. En ese mismo instante, se recordaba que no había olvidado a Elizabeth ni que había dejado de amarla. Más bien, su próximo matrimonio era sólo por conveniencia y para que su dulce princesa tuviera el apoyo de una madre.
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En un hermoso pasillo, de tono blanquecino y adornado por sublimes retratos, la figura de una muchacha rubia se movía con agilidad. El contoneo de sus caderas provocaba un efecto exquisito en el traje negro que llevaba y en su largo cabello, tanta que cierto moreno no lo creería aunque el mismo lo hubiera observado.
El repique de sus zapatos en punta, chocando contra el fino piso de mármol, se complementaba en perfección con el sonido del carrito que llevaba. Sobre éste se distribuían variados platos de alta gastronomía destinados a la "Reina" de aquel palacio, con el fin de saciar uno de sus típicos caprichos: la buena comida.
Misty no pudo reprimir el suspiro suave que nació de su boca ni la maldición que acudió a su mente. Aún no podía creer el odio que el universo le profesaba, ubicándola en una situación tan compleja como en la que estaba. Y para su frustración, producto de los pensamientos que la alejaron de la realidad, ya se encontraba frente a la puerta del dormitorio. Elevó su mano con lentitud mientras un nudo se formaba en su garganta, golpeó la puerta con suavidad y espero hasta recibir la respuesta esperada.
- adelante – percibió la voz de la mujer con suavidad pero con un leve toque exigente. La muchacha dirigió sus dedos hacia la manilla de oro blanco y la giró pausadamente, descubriendo la habitación más hermosa del palacio. En ella, el piso estaba cubierto por una hermosa alfombra persa de cálidos colores, que contrarrestaban magníficamente con las paredes tapizadas en dorado y el cielo con figuras de oro. Al observar el lecho real, junto al fino tocador de su madre, Misty recordó como cuando niña se sentaba junto a su padre para platicar sobre los entrenamientos o las labores del Rey. Aún memorizaba con gran ternura la delicadeza de las sábanas y la calidez de los abrazos paternales en los días de lluvia. – niña! – sintió que llamaban a su lado con apuro, alejándola de sus queridas evocaciones. – es que eres tan inepta? Sírveme el té de inmediato - gritó malhumorada, obligando a la rubia a elevar su mirada en busca de su ama. Y allí la encontró, a la mujer que más odiaba en el mundo: su madrastra.
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Era una mujer hermosa, ella lo sabía. Tenía unos años menos de los que tendría su madre, un porte elegante con un cuerpo bien cuidado, una sonrisa coqueta bajos sus gruesos labios y un brillante cabello negro contra insinuantes ojos dorados.
Era una mujer amable, lo sabía. Había cuidado sola a tres hijas, luego de la muerte de su primer esposo; era querida por la mayoría de la nobleza de Kanto y mostraba humildad ante todos sus súbditos.
Era la adecuada… lo sabía. Poseía experiencia en la administración real y rebosaba, orgullosa, el título de Condesa.
Por lo mismo, la pequeña Misty, tras la puerta principal de la habitación real, no entendía completamente lo que estaba sucediendo. Ya había pasado un año desde el matrimonio de su padre – ella ahora tenía 5 años – y ya estaba empezando a acostumbrarse a la presencia de sus tres nuevas hermanas y madrastra. Ahora parecían llevarse mejor, las "hermanas sensacionales" habían dejado de molestarla tan frecuentemente y hasta la condesa se esforzaba por hablarle, a veces. Pero y entonces… ¿Por qué ella miraba a su padre con tanto rencor?¿por qué ahora lo abrazaba como si realmente lo quisiera?¿Por qué Misty sentía que sería la última vez que lo vería?.
La pequeña siguió con atención las acciones de la morena, luchando con su "yo" impulsivo para no entrar en el lugar. Observó como la mujer se movía con sutileza hacia una mesita de noche, donde se ubicaban dos vasos con licor. Con mucho cuidado, cogió un pequeño tubo que estaba dentro de su vestido y lo abrió, depositando en una de las copas un desconocido polvo blanquecino. Luego de ello, se acercó a su padre y le ofreció el que lo contenía.
Un doloroso escalofrío la obligó a abrazarse a sí misma mientras, sin entenderlo, sus ojos verdeazulados se llenaban de lágrimas. Y en el momento en que un vaso cayó, un cuerpo se derrumbo y el tiempo se detuvo; una de ellas circuló libre por su mejilla. Se quedó quieta por unos segundos, mirando inexpresiva la figura de su padre que hallaba sobre el tapiz, sin comprender aún por qué se encontraba allí.
Lentamente, y adecuándose a la realidad, los ojos esmeraldas se abrieron completamente; demostrando el horror que sentía la dueña de éstos.
- PAP-! – gritó la niña desesperada a la vez que intentaba ingresar a la pieza, mas se vio imposibilitada por una persona que cubrió su boca y la abrazó por la cintura. La pelirroja dirigió su rostro hacia el atacante, rebosantes de lágrimas en sus esmeraldas líquidas, con la intención de descubrirlo. En él halló a su amigo y servidor castaño, que le dedicó una mirada lleno de dolor y a la vez seguridad. Sin embargo, el vínculo se rompió de inmediato y el niño observó nuevamente hacia el interior.
- mierda – lo oyó susurrar con los dientes apretados, mientras realizaba la misma acción y comprobaba que su madrastra se acercaba hacia ellos. En un movimiento rápido, sintió que cogían su muñeca y la jalaban en la dirección contraria.
- RICHIE! – gritó asustada a la vez que le seguía el ritmo a su compañero. Ahora corrían.
- debes salir de aquí! –
- PERO PAPÁ! –
- SI TE ENCUENTRA TE MATARÁ! – aseguró el castaño, tanto con su voz como con la mirada. Misty sintió como nuevas gotas empezaban a picar en sus ojos y como la certeza de la situación taladraba en su cabeza: ella ya no tenía padres, ella ya no tenía hogar – ERES LO ÚNICO QUE SE LE OPONE PARA OBTENER EL TRONO! -.
Se dejó guiar por el ojiazul en lo que restaba del camino, derramando incontrolables y silenciosas lágrimas en cada paso que daba. Cuando finalmente se detuvieron, escuchando como música de fondo el jaleo que provocaban los guardias reales, aparecieron frente a una pequeña puerta en una de las habitaciones de la servidumbre. El castaño se apresuró en abrirla frente a una pelinaranja muerta en vida.
- Mist – la llamó con suavidad, mientras se inclinaba levemente para observarla a los ojos. La chica alzó su mirada, aún en el deplorable estado, sumisa ante cualquier orden. – éste camino te llevará a las afueras del castillo. A penas llegues, corres lo más rápido que puedas y te alejas lo más que puedas de la ciudad. -
- Rich… yo –
- pika! – exclamó de pronto Sparky, que apareció sutilmente por uno de las canales de ventilación. En su espalda cargaba una pequeña mochila, en su interior un pequeño huevo dormido.
- gracias Sparky – contestó el niño con una sonrisa suave, mientras cogía las cosas y se las entregaba a la princesa. – ahora agáchate, gatea y corre. – mandó a la vez que apoyaba sus manos en los hombros femeninos y la empujaba.
- Rich… yo –
- debes ser fuerte Mist – contestó de inmediato y le sonrió de forma alentadora – tu padre querría que crecieras adecuadamente y luego te convirtieras en la Reina de Celeste –
- pero… Rich… yo! –
- apresúrate – finalizó, sin perder la expresión suave en su rostro. la pelirroja lo observó por unos segundos, consciente de que no volvería a verlo – te estaré esperando, mi Reina –
Finalmente, la muchacha salió del recinto despidiéndose con amargura de todas las personas que amó. Pero en ese mismo instante les prometió a sus padres volver a la ciudad y tomar el trono en honor a ambos.
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Una figura femenina se movió con gracia y sutileza en medio de la noche. Primero se había acercado al salón principal de aquella hermosa construcción donde, en la mitad de ésta, había revelado una pequeña puerta en el piso. En una ágil acción saltó hacia el orificio y cayo en cuclillas sobre un piso de cemento, en un lugar completamente oscuro.
- little light - susurró con suavidad, mientras elevaba su mano derecha y de ella aparecía una pequeña luz. Alargó su brazo hasta alcanzar su máxima extensión, mientras provocaba un hermoso efecto es su cabello dorado y en sus ojos negros.
La luminosidad que acudió en ese momento logró revelar parte del lugar que la rodeaba. Se encontraba en un estilo de alcantarillado, conformado por hermosos arcos blanquecinos y pequeñas antorchas de plata. A pesar de la elegancia que lo caracterizaba, el polvo y las numerosas telarañas que la adornaban daban cuenta de su abandono.
Misty empezó su exploración con decisión, pero al limpiar una red que estaba en su camino cerró sus ojos con fuerza, llena de pavor. A pesar de los años, aún mantenía ese miedo irracional hacia los insectos.
Luego de unos minutos de caminata, la muchacha percibió una tenue luz que se propagaba al final del camino. De inmediato descendió su extremidad y camino hacia ella, con una mirada llena de nostalgia y algo de felicidad. Finalmente se encontró con el lugar que más adoraba del castillo y el cual no había visitado por más de 10 años: la tumba de su madre.
Era una bellísima cúpula compuesta por distintos cristales, donde se colaban los plateados rayos de luna y daban directo sobre una fuente de agua. En el mismo, el vital elemento se encargaba de reflejar parte de ellos en los sitios que la luz no alcanzaba, provocando un efecto que limitaba en lo mágico. La rubia reinició su caminar con suavidad y lentitud, su expresión permanecía neutra y su mirada descansaba cómodamente en el piso. La levantó, finalmente, al llegar junto a la fuente.
A la distancia que se hallaba, podía observar con claridad una estatua que se encontraba en el centro de ella. Estaba recostada y representaba a una hermosa mujer, de largo cabello y finos rasgos. Su padre le había comentado que era la imagen exacta de su madre y debajo de ella descansaban sus restos.
La oscura mirada se paseó lentamente por la figura, dándose el lujo de tomar el tiempo que quisiera para analizarla. Pero antes que completara su observación, un repentino modelo llamó la atención de la chica y interrumpió de improvisto su concentración; tanto que ahora la muchacha era pelirroja y tenía unos hermosos ojos verdeazulados.
- padre… - susurró con voz queda, mientras entraba a la estructura en un acto impulsivo. Enseguida su cabello se humedeció, al igual que su ropaje y el resto de accesorios que lo acompañaba.
Pasaron unos minutos antes de que Misty se decidiera y tocara con extremo cuidado las esfinges que representaba a sus progenitores. Se arrodilló justo en el medio de ambos, mientras su mirada se escondía y su cuerpo empezara a temblar.
- ya estoy en casa – murmuró delicadamente a la vez que un par de lágrimas se deslizaban por su rostro.
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- y ahora qué? – inquirió molesto el moreno, ganándose otra mirada azulada llena de recelo. Ya había perdido el número de cuántas llevaba.
- eres idiota o qué? – preguntó esta vez el castaño aumentando la frustración del entrenador. – te lo he dicho ya tres veces, debemos esperar –
- y si sucede algo? Y si no actuamos a tiempo? – señaló con simpleza, a pesar de sus inquietudes llenas de preocupación. El entrenador eléctrico lo miró algo sorprendido, era la primera vez que mostraba algo de intranquilidad.
- deberías confiar más en ella. Al fin y al cabo también es una entrenadora y muy fuerte – ante la afirmación Ash permaneció en silencio, aunque su rostro mostraba contrariedad. De verdad, ¿cómo ese extraño – que por cierto, aún no sabía su nombre – le pedía que se fiara de una chiquilla que había conocido en diez días?. Era algo por sobre lo ilógico y lo peor de todo es que su corazón ya lo hacía, y desde el momento que se encontró con ella. Además, producto de la conversación y al conocer la historia de la pelirroja, una extraña necesidad de protegerla había renacido en su alma.
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Luego de unos minutos en silencio, que se le antojaron horas, la pelinaranja se levantó y salió de la fuente. Cuando llegó a la orilla, tomó un pequeño frasco desde uno de los bolsillos y lo lleno con un poco de agua. Finalmente lo guardó y con una reverencia se despidió de sus padres. Sin embargo, cuando se dispuso a dar el primer paso, una fuerza desconocida la retuvo en el lugar y la inmovilizó.
- realmente eres estúpida, como siempre lo dije – inició una voz femenina con suavidad, erizando todo el cuerpo de la pelirroja. Ni siquiera debía voltearse para reconocerla, ese tono se había grabado con fuego en su memoria. – entregarte a mi tan fácilmente, mocosa – finalizó con una sonrisa llena de satisfacción, mientras el lugar se iluminaba completamente de improvisto. Misty notó como su madrastra había reunido refuerzos y ahora se encontraba completamente rodeada por guardias reales. – voltéate ahora! Insolente! – ordenó la pelinegra con furia, al verse desplazada por una niña de apenas 17 años.
Y de pronto la figura juvenil se giró con una elegancia y sutileza digna de la corte real. Su cabello se meció con gracia, a pesar de su estado, y sus ojos verdeazulados brillaron con un orgullo desconocido en la muchacha.
- no creo que sea prudente que te refieras así Leah – inició la pelirroja en un susurro - a la reina de éste lugar -
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Y… continuará!
Hola a todos! Si, soy la misma autora desvergonzada que actualiza como dos veces al año y luego pide que lean sus historias xD …. u,u. Bueno, el punto es que luego de un horrible segundo semestre llena de trabajos y pruebas es un poco difícil escribir y más aún terminar una escena.
Espero lo comprendan, sé que seguramente ustedes pasan por lo mismo :/
Ahora respondo reviews!
Janvier GoldAngel Khan: gracias por tu comentario! Espero que te pases otra vez por aquí :D.
Yamile (alias yami-chan!): hey! Como estas? Espero que bien :D. Pues si, Ash es muy cruel a veces ¬¬ hasta imagino a Misty y le dio risa xD … estos hombre modernos x3. Creo que Rich es más bueno que él, o no? :O. Ojala te haya gustado esta capi! Cuidate, cuida de drupi y nos vemos! :D
KiRai-ShiRo: perdón! Perdon! Perdon! Perdoooooon! Siento haberme demorado tantooo! (para ás info mirar un poco mas arriba). Espero recibir un comentario tuyo de nuevo, plis…! Nus vemos! =)
Lefthon Aryn: creo que esta vez me ganaste! No he tenido tiempo para leer tu fic pero sabía que ibas subiendo capi continuamente, más que yo por lo menos x). Sigue así! Ojala pudiera tener la misma capacidad que tu tienes! Saludos :D
Yakumo2112: hola! Gracias por tu reviews! En realidad Dawn no es una princesa, espero que quede un poco más claro en este capi. (cuidado… spoiler! xD leer antes el capi y luego esto) Dawn es la sobrina de Leah que es la madrastra de Misty, por lo tanto ella por mucho podría ser una condesa pero no una princesa. La verdadera princesa es Misty (en realidad reina) y sus hermanastras (las hermanas sensacionales). Sobre Silver, un lector me había pedido el favor de convertirlo en el entrenador oscuro de esta historia, pero yo le explique que el personaje ya estaba elegido y que no podía cambiarlo. Aunque no descarto la posibilidad de agregarlo en la historia. Bien… eso xD! Gracias otra vez por leer esta historia! Espero que estes bien :D.
Andy Elric: sinceramente te estas convirtiendo en mi lector favorito xD jajajaja, es una exageración, pero si te agradezco mucho tu comentario. De verdad gracias por decirme que la Misty princesa era obvia, me esforzaré mucho más para que esta historia tenga más partes interesantes y no sea tan predecible. Es uno de los puntos que más quiero desarrollar en esto (que sea una historia impredecible). Bien, esop. Ojala me dejes algun comentario porque siempre son necesarios. Saludos! :D
Bien…. ahora si me voy! :D iré a escribir un poco más ahora que ando motivada xD.
I'll see you soon!
Kasumi_21
