CAPÍTULO 20.
--¿Así que tienes que drogar a los hombres para que te lleven a la cama? ¿Ese es tu método? Le soltó Terry a Elisa sin importarle lo grosero de sus palabras.
—Terry, me duele que me hables así, --Elisa sabía que necesitaba poner a Terry de su lado, estaba segura que nadie podría relacionarla con el padre de Terry. No, nadie sabía que ella había contactado al Duque a través de su abogado y que este le ofreciera medio millón de dólares para destruir a Terry Graham públicamente. Pero ella no había dejado pasar la oportunidad y había destruido la relación de Candy y Terry. No nadie lo sabía y así tenía que seguir siendo.
—¿Y de qué otro modo se le puede hablar a una mujer que droga a un hombre para conseguirlo?
— ¡No es lo que parece! Yo sólo… te quiero demasiado, ¡y no puedo soportar que Candy termine con tigo, como lo hizo con Anthony, y que en la cabeza de Anthony sólo estuviera ella, sólo Candy, y parece que también en tu cabeza esté Candy, Candy, Candy! —Terry no le contestó y Elisa siguió. --Me engañaron y me amenazaron. Pero yo no quería hacerte ningún daño, lo siento tanto, es lo que intento decirte. Tengo miedo Terry, me amenazaron, sólo actúe como cualquiera lo habría hecho en mi situación.
--¿Con quién llegaste esa noche al Bar? Terry no dejaría de insistir hasta saber quién de los GrandChester estaba detrás de todo. --La noche qué pusiste la droga en mi bebida Elisa no se dio por sorprendida, y si lo estaba lo supo ocultar muy bien.
--No se de que hablas.
--Hay un video, Elisa y se te ve bajar del auto que pertenece a la nobleza y que casualmente llevaba el emblemático de los GrandChester.
--Oh...Terry. El abogado llamó a la oficina de Albert y me dijo cosas tan...
—Me encargado de hacerte pagar. —Terry la interrumpió, Elisa ya le había confirmado que quién le había pedido que hiciera el trabajo tan sucio era el abogado, que de igual manera era Richard. Sintió un odio como nunca pensó sentir por nadie. Elisa miró a Terry con un poco de miedo Era un hombre grande, imponente. ¿Por qué había reaccionado de esta manera a su historia? Se suponía que se pondría de su lado. Pero había ocurrido todo lo contrario. Por qué, ¿maldita sea?
En ese momento dos agentes de la policía llegaron al aeropuerto veinticuatro minutos después de que Terry hiciera la llamada al comandante que estaba en turno. Pidieron hablar con Elisa, y ella al verlos, entró en pánico. Cuando, además, la esposaron y le leyeron sus derechos, empezó a llorar, a resistirse, a gritar. Sara que había estado buscando a su hija en la línea de abordaje tomó su teléfono y empezó a llamar a Albert en cuanto vio lo que estaba pasando, pero éste no contestó a su llamada. Para empeorar las cosas, un afortunado periodista estaba en la estación de policía intentando cazar alguna buena noticia. La escena en que Elisa era llevada al interior de la comisaría y ella se revolvía intentando escapar, fue captada por las cámaras. Sara Legan estaba segura que mañana sería divulgada en los medios.
El sonido del teléfono la despertó de un sueño plácido. A tientas, Candy estiró la mano sobre el velador que estaba junto a su cama, pero no alcanzó el condenado aparato electrónico. Se estiró un poco más, y no fue capaz de mantener el equilibrio. Se dio de bruces contra el suelo. Maldijo una retahíla de insultos, pero antes de que se perdiera la llamada, respondió jadeante por la forzosa situación. ¡Dios, no eran ni las seis de la mañana!
—Diga —contestó de mala gana.
—Señorita White —Candy miró la pantalla de su móvil, la voz le era desconocida y sin embargo sentía el latido de su corazón ir rápidamente —, le agradeceré que, la próxima ocasión intente hacer un esfuerzo para responderme con más profesionalismo. Soy el dueño de la nueva cadena teatral--. Terry había cambiado el tono de voz, era actor y sabía como hacerlo.
Candy no podía creer su suerte, se había dicho que registraría el número de teléfono personal del nuevo cliente, después de conseguirlo con mucho esfuerzo, para estar alerta. Incluso pensó en asignarle un tono de llamado personalizado, pero había estado tan agotada en estos últimos días que se olvidó por completo.
—Ah… buenos días, señor. No… —Se sentó sobre la alfombra y apoyó la nuca contra el colchón de la cama. Cerró los ojos porque explicarle sería una pérdida de tiempo—: ¿En qué puedo ayudarlo?
Terry que se había preparado para que al volver a escuchar su voz, y no le afectará en ningún sentido, no había esperado que le respondiera con esa voz sexy. Le causaba una inexplicable satisfacción. Ni siquiera iba a cuestionar el motivo. Aún que sintiera unas ganas de meterse por el móvil, para ver a Candy. No, Tenía que seguir como lo había planeado.
—Necesito un informe completo de todo, y con todos los detalles que se han hecho de forma preliminar. Hoy me reúno con la señorita Julia a las diez de la mañana. Tampoco olvide pedir que tengan una lista de los lugares para la publicidad. Necesito revisarlos con urgencia. --Era un arrogante tan ogro como ser humano pensó Candy mientras intentaba tomar nota mental de todo—. Necesito que coordine todo. Candy siempre empezaba a las ocho de la mañana, y el día que hubo de firmar el contrato con Julia para que le explicase los pormenores más indispensables de su gestión. La asistente del exigente hombre resultó ser una mujer igual de impaciente. Le explicó los puntos más importantes que tenía que desarrollar bajo las directrices del misterioso arrogante nuevo dueño de la compañía a la que ella iba a publicar. Candy también llevó a Julia en un recorrido por las instalaciones de la compañía y le presentó a todo el staff de directores creativos, diseñadores, consultores, ejecutivos de ventas, ejecutivos de negocios todo por petición del nuevo cliente. La presidenta de la compañía no estaba, pero volvería dentro de unos días, así que Julia se perdió de conocerla en persona.
A pesar de toda la información que recibió de la flacucha, Julia al parecer olvidó decirle que su jefe tenía por costumbre despertar muy temprano, y con el condimento especial de llamar, ladrando órdenes como si ella fuera su asistente personal recién contratada. Como si tuviese un chip en lugar de memoria humana. El tipo arrogante, según Julia, era un excelente jefe. Candy empezaba a sospechar que la mujer, después de un tiempo trabajando con el dueño de la compañía, ya no era capaz de diferenciar los defectos de las virtudes de ese insensato irresponsable sin nombre.
— ¡Veinte mil dólares! —exclamó Sara, enterándose de a cuánto ascendía la fianza que debían pagar si no querían que su hija pasara los siguientes días en prisión, y como Albert no contestaba a sus llamadas, fue hasta las oficinas de los Andley para hablar con él personalmente. Albert la recibió en la sala de juntas, pero no estaba solo; había un hombre a cada lado.
—Elisa está muy mal —lloró Sara acercándose a él, sin importarle la falta de privacidad—. Tienes que ayudarla.
—¿Ayudarla? —preguntó Albert sin mirarla, parecía muy atento a unos documentos que tenía en sus manos.
—Claro que sí.
—Pero ella misma admitió haber puesto la droga en la bebida de Terry. Es culpable.
—Ese hombre miente. Elisa estará mucho tiempo presa si no hacemos algo. ¿Sabes lo que a alguien como Elisa le harían si va a prisión? Es una niña delicada, y acostumbrada o un tipo de vida muy por encima de toda esa gente, no resistirá…
—Candy, a los doce años, era una niña delicada cuando tú y esa arpía se propusieron arruinarle la vida—. Sara abrió grandes los ojos y dio un paso atrás, sumamente sorprendida por la contestación de su primo político—. Tú no tuviste compasión por una niña como ella. ¿Por qué tendría yo compasión por la zorra de tu hija, si ya es una adulta?
—No hables de ella de esa manera. ¡Es tu familia!
—No es nada mío.
— ¡Es tu familia, en segundo terminó, pero lo es!
—Y a quién le quitaré todo lazo con mi apellido. También a ti…
—No puedes hacerlo. La tía Elroy no lo permitirá.
-- La tía Elroy tendrá que empezar a preocuparse por ella misma, Ahora estoy yo para preocuparme por la familia.
Sara se derrumbó en su lugar temblando por los espasmos de sus sollozos, poco después salió sin conseguir que Albert le hubiera ayudado.
Albert sintió pena por Sara, pero no podía permitir que Elisa quedase libre. Era justo que recibiera un buen escarmiento, y falta que le hacía.
--¿Qué propones hacer? -- pregunto George que había escuchado todo.
—Necesito hablar con Candy personalmente. Quizás puedas encontrarla en las oficinas publicitarias de los Britther. No confío en Sara en estos momentos.
--Ya mismo me hago cargo.
—Por favor, hazle llegar mi mensaje. No podemos dejar las cosas así. No creo que Terry en este momento tenga mente para tomar una decisión…, a demás tiene la presentación de inauguración para su teatro, y por lo que tengo entendido Terry va a actuar en la primera presentación de la obra. Se lo importante que este proyecto para él. Una noticia como la que le daré de su padre lo va a derrumbar.
—Creo que protección para el padre de Terry sería bueno. Pero es mejor que hables con el joven Terry, podía molestarse si se lo ocultas, además está su seguridad.
— ¿Crees que sean capaces de…?
— Me temo que si son capaces de todo. Oh, tal vez al abogado. Thomas Briche, le quede la última gota de humanidad y no se atreva a cometer asesinato, pero...
--Margaret GrandChester --interrumpió Albert-- esa mujer es una perra insensible y sin corazón. De ella hay que cuidarse, y mucho—. George miró a William, que parecía profesarle un odio especial a Margaret GrandChester. No imaginaba qué cosas debió haber hecho al joven Terry, antes para ganarse tanta animadversión, pero seguro que éste era muy merecido.
Charles se frotó la sien. Después de pasarse dos años escribiendo cosas intrascendentes para la sección de Estilo, parecía que sus esfuerzos habían dado fruto, cuando Elisa Legan le había dado el artículo de su vida. Su gran oportunidad. Una noticia de portada. Ahora podía sacar otro chisme al revelar el nombre del informante que destruyó la imagen de Terry Graham. Todo sería mezclado con la boda, pero su compañero no se estaba mostrando muy comprensivo.
—Me he ganado mi columna.
—La primicia de esta boda no va a ser la salvación de la empresa.
—Tal vez no, pero puede que sea mi salvación aquí, y mi ascenso. Yo te he defendido a capa y espada y, ahora, tú me vas a devolver el favor. Le prometí al jefe que conseguiría una exclusiva. La compañía de teatro de Terry GrandChester sale dentro de una semana, y la boda de la hija de los Britther con el empresario Archieball Conrwell va a ir en la página central. Todo esto es una bomba que subirá económicamente a la empresa.
—Vamos, Charles. Eso no es más que una revista de cotilleos… Él lo interrumpió sin miramientos.
—Tu opinión es irrelevante. Owen es el jefe y editor, y es su proyecto más personal. En ese momento Charles recibió la noticia de que Elisa Legan había sido detenida.
Cuando Candy llego a las oficinas de los Britther, de inmediato supo que sería un día ajetreado.
—Tienes una cita con Peter a las doce en punto en su despacho para hablar de la campaña de publicidad del hombre misterioso . Después, a la una y media, tienes que ir a probarte el vestido. A las dos y media van a venir para hablar de la seguridad de la boda… Ellynor llamó para decirte que llegará directamente al banquete, bueno, ya estamos acostumbrados a tratar con las actrices del mundo artístico. Incluso les decepcionaría que se comportara como una persona normal. Candy sonrió dando la razón a su secretaria.
Candy tenía dolor de cabeza. Habia mucho trabajo, gracias al tipo, que sin conocerlo le caía como indigestión estomacal. La puerta de su oficina se abrió y entró su secretaria.
—Candy tienes una visita. Veinte minutos después Candy salía de la oficina acompañada de un hombre.
--Se quien podría ayudarnos en esto, además, le haríamos un inmenso favor a ella. George miró a Candy sin comprender lo que acababa de decir.
George había llegado a la empresa de los Britther buscando a Candy. Cuando la encontró le explicó lo más rápido posible la situación, sin decirle que Terry estaba en Chicago. Sólo le dijo que Elisa había sido detenida, pero la madre de Elisa, Sara Legan, la culpaba a ella, por eso era importante que se reuniera con Albert quien había llegado a Chicago y que ahora esperaba en la mansión de los Andley.
Desde que Ellynor había buscado a Richard GrandChester para decirle que estaba embarazada no había tenido apenas noticias suyas. Richard había soñado con sus ojos azules como el cielo de noche muchas muchas noches. Y bien sabía Dios que fueron muchas vigilias. Sus años mozos quedaron atrás hacía mucho y, aunque no negaba que se pudo tachar su conducta como la de un libertino, el tiempo acababa por poner a todos en su lugar. Su memoria regresó esa noche lejana, en la que su existencia dio un vuelco completo.
--Maldita seas Ellynor, eres igual que todas.
Ellynor salto de la cama, se sentía mareada, aturdida. No entendía que pasaba, estaba casi desnuda y con Franco en la cama. Tras vestirse rápidamente salio tras Richard, pero Richard no se detuvo y arrancó su automóvil.
Ellynor no volvió a saber nada de él hasta tres meses después, cuando Ellynor se presentó en la mansión GrandChester para decirle de su embarazo. Pero después de haber sido rechazada, humillada, y que Richard la corriera de su casa diciéndole que estaba bien con su esposa y que dejará de insistir. Ellyonor destrozada volvió a América.
Cuando no pudo con su dolor le contó a su compañera y amiga.
--No puedes fiarte de la capacidad de perdón de las demás personas, y tampoco te apresures tú a lanzar juicios. Te equivocaste, y no de cualquier manera. Te equivocaste terriblemente; esta es la reacción que cualquiera habría previsto. Le había dicho su amiga y dama de compañía
—Pero…
—Nunca le dijiste a Richard que Franco te acosaba --Ellynor sabía que eso era cierto. -- Cuando tienes una discusión fuerte con un ser querido, vas al todo por el todo —insistió su amiga—. Sacas todo lo que llevas dentro de una vez; iras, resentimientos, cuentas pendientes… Todo sale. Por que es importante no te contienes, no vas a medias tintas. Que él haya sacado toda su ira delante de ti indica que, en el fondo, saben que nada romperá ese lazo. Para él no eres cualquier persona, eres la mujer de la que está enamorado de verdad. Entre más duro el resentimiento, más grande es el amor.
—Lo dices para hacerme sentir mejor.
—Lo digo con conocimiento de causa. Tú vives prevenida y con miedo porque temes que los demás te vean así. Pues yo opino que a ellos les habría valido menos que les ocultaras cosas, y luego, se habrían aprovechado de tus nuevas circunstancias como cobro por su "amor". Por eso era evidente y hay gente que no soporta ver a otros felices. En cambio, Richard está dolido, porque piensa que la mujer que ama no hace lo que creé que hiciste tú. ¿Me explico? —Ellynor sólo asintió. Tenía que ser positiva y confiar que Richard le diera la oportunidad de explicarle. Pero pronto supo que Richard se había olvidado de ella. Ellyonor le lloro hasta que las lágrimas se le secaron. Y estas regresaron seis años después y luego su dolor y llanto fueron por años, cuando sin ningún remordimiento Richard le quitó a su hijo tras conseguir la orden de un juez. Así pues había tomado una decisión, qué quizás fue una mala.
—¿Irás mañana con la compañía que te ofreció ser la actriz de Hollywood ? —le había preguntado Felicita, su amiga y dama de compañía, Ellynor asintió en silencio, sabía que al aceptar ser la actriz de Hollywood. estaría renunciando a su hijo para siempre, pero no podía hacer nada si no tenía dinero suficiente para enfrentarse a Richard GrandChester, era lo único que podía hacer.
Albert estaba impresionado, frente a él sentada en un sofá rojo se encontraba Ellynor Bécquer y Candy. Lo que Ellynor había revelado aclaraba muchas cosas, Hasta entonces entendió lo que había sucedido para que Richard GrandChester actuará de manera irracional, cuando al separar a Terry de su madre se sentía traicionado. Sólo que Terry desconoce esta parte de la historia, Albert pensó que podía relacionar lo sucedido en el pasado con la situación de Terry y Candy en el presente.
Los invitados de la boda llegaron poco a poco al banquete. Algunos eran estrellas de cine, personajes famosos, guapos y guapas acompañantes y unas cuantas personas normales que llamaban la atención entre tanta celebridad. Al otro lado de la enorme carpa había un cuarteto de cuerda que tocaba a Mozart mientras varios aspirantes a actores pasaban bandejas de canapés, representando el papel de camareros serviciales. Unas azaleas rosas radiantes rodeaban la terraza y flanqueaban un camino de baldosas que conducía desde la entrada, hasta la tarima cubierta de parras, que se usaría como el altar, un gusto exquisito y absolutamente romántico adornado con largos Candelabros de plata y cristales. El bonito jardín que parecía sacado de una revista se extendía en toda la parte trasera de la mansión de los Britther. En el centro se alzaba Cupido sobre una fuente de mármol rodeada de flores primaverales de color rosa, blanco y azul jacinto, y sentimientos de diferentes colores llamativos. Todo en su conjunto era un sueño. Annie había encontrado, y aprendido el exquisito gusto y sofisticación siendo la hija adoptiva de los Britther. Pensaba Candy, feliz, de que la niña chillona que había sido de pequeña, ahora era una mujer, segura de carácter y lista para formar su propia familia siendo la señora Cornwell. A su alrededor se extendía el césped verde, adornado con cerezos en flor que daban sombra a diversos bancos de madera rociados con pétalos caídos. Otros parterres, aún sin flores, bordeaban las verjas cubiertas de rosales que ocultaban los caninos circundantes.
Continuará...
Lamento mucho mi demora.
Saludos. JillValentine.
