CAPITULO 21.

La conversación con Ellynor se alargó posteriormente hasta la cena. Hubiese durado hasta bien entrada la noche si Albert no hubiese puesto sentido común a la situación y decidiera que sería mejor para todos, descansar. De todos modos Albert tomó las medidas necesarias para proteger a Richard GrandChester y sentía que la situación estaba controlada. Ahora sólo faltaba hablar con Terry de todo y antes de la boda, así que a pesar de estar cansado, Albert salió de la mansión de los Andley con un propósito. En la reunión no habia dicho que Terry estaba en Chicago. Terry quería que se mantuviera en silencio, por lo menos hasta que fuera la noche de la presentación, e inauguración del teatro, y Albert iba a respetar eso. Bueno no del todo. Por que lo llevaría a la boda y algunos se darían cuenta de su presencia. Esperaba que pudiera arreglar su situación con Candy, Aunque, Terry había vuelto muy cambiado. y ese era el otro motivo que tenía para ir a visitarlo ahora mismo, hablar con él y saber qué le estaba pasando.

Pero Candy sentía una sensación extraña. Una mezcla de sentimientos que la tenía totalmente aturdida. Por un lado experimentaba rencor, rabia y malestar por Elisa, pero al mismo tiempo remordimiento. Terry le había dicho la verdad, y ella lo había dejado mal delante de todos. Estaba exhausta mental y físicamente, necesitaba descansar, pero la situación y los acontecimientos la angustiaba ¿Cómo Elisa había hecho algo así? ¿Cómo había podido drogar a un hombre para perjudicar su integridad? ¿Y por qué? Su cabeza era un hervidero de preguntas y su cuerpo temblaba asaltado por los espasmos de su llanto reprimido.

Cerro los ojos antes de que las lágrimas resbalaran por sus mejillas. Sollozó de nuevo por la marcha de Terry, por aquella inexistente despedida que le volvía a dejar el sabor amargo del abandono, y porque sabía que, en el fondo nunca había dejado de amar a Terry más que antes en realidad.

Terry esperó a que Albert terminase de hablar, antes de obsequiarlo con una mirada de sensaciones mezcladas. Se sentía derrotado incapaz de asimilar tanta maldad. Y, sin embargo, una parte de su lado cuerdo sabía que Margaret era capaz de todo.

— Lo que me dices no me sorprende Margaret es mala, más de lo que creía. Sin embargo --Terry guardó silencio--, sin embargo no puedo hacer nada para enmendar el pasado. Pero sí para mejorar el presente. Albert, tú más que nadie sabe que mi vida No ha sido fácil. Pero no soy aquel joven malcriado, en el mal sentido de la palabra, que intento escapar de esa familia. Ahora se cual es mi lugar, y también se que no es tan malo como creía en un principio, incluso puedo ayudar a más gente en realidad. Ahora soy un hombre con las cosas claras.

—Bueno, ¿y qué piensas hacer?

— Primero voy a encargarme de Margaret y a Thomás para que acaben en la cárcel, seguir con el título que me dejó mi padre, así como seguir con mis planes

—No entiendo la terquedad que tienes, podrías empezar una nueva vida y no tener que pasar por todo esto.

—Desde qué Candy decidió terminar definitivamente, siento un una losa de culpabilidad que no me deja respirar, pero respetaré su decisión y la dejaré seguir con la vida que ella eligió. Necesito hacer llamadas -- dijo para intentar cambiar el tema. Todavía no se sentía listo para hablar de Candy, al menos no en ese tema--. No puedo viajar al viejo continente en estos momentos, pero tengo gente que actúa en mi lugar y es tiempo que la basura, sea tirada En los contenedores

--Y ahora que sabes la verdad de tu madre ¿Qué piensas hacer?

--Ella decidió esconderse. No hay nada que hacer en ese asunto.

El abogado de Richard GrandChester, Thomas Briche, estaba sentado junto a su escritorio, con ambas manos empuñadas y apoyadas en su frente, su respiración estaba agitada, y una terrible jaqueca latiendo en sus sienes. Ya la policía lo sabía, ya estaban enterados. Su vida se había acabado aquí. Terry, seguramente él, porque no podía haber nadie más, les había enviado evidencias. Una de ellas era ese video que antes habían usado para acusar a Elisa, la puñetera estocada, fue la declaración de Elisa la que terminó por hundirlo y lo que seguiría era que se dieran cuenta de todo lo que hizo. Elisa estaba ahora en manos de las autoridades. Todo lo que había hecho no había servido de nada. Tantos años siendo el empleado de un Duque, tanto tiempo perdido, Thomas paseó sus ojos por su oficina. No servía de nada tener un título en derecho si estabas desprestigiado. No servía de nada ser la mano derecha de un Duque si, aun así, te seguían mirando por encima del hombro. Todo por lo que habían trabajado, Margaret y él, habría sido en vano. Estaba acabado, en ruinas. Todo su dinero y poder no alcanzarían para escapar esta vez. No, se dijo, y levantó la cabeza para mirar en derredor. Aún no estaba acabado. Tomó su maletín, y caminó de prisa hacia la caja fuerte y sacó de allí dinero, documentos que lo terminarían pudriéndose en la cárcel. Las metió todas en su maletín y abrió también los cajones de su escritorio metiendo allí más papeles que le podían servir. Salió a prisa de la oficina, y cuando su secretaria le preguntó si regresaría, Thomas simplemente la ignoró.

Margaret estaba completamente sola, con todo el servicio preparado para su reunión. Diez mujeres, esposas de los hombres más ricos de la región, más influyentes, y más importantes, habían sido invitadas para esta hora, y ninguna vino. Si bien todas estas mujeres eran de dinero, e hijas de personas importantes, ninguna portaba un título nobiliario. Deberían haber estado agradecidas de que se las invitara a tomar el té a la mansión de un Duque. Pero la habían dejado plantada. El propósito de esta reunión, era Terry y que tanta gente se estaba tomando en serio. Había pretendido recordarles, como de pasada, que ese pobre chico no era más que un alcohólico, y que ahora actuaba falto, tal vez, de atención. Con un pasado como ese, no era posible que se le creyera lo que decía, pero no había tenido oportunidad de hacer nada. Había pensado que nadie creería sus palabras, y en el remoto caso de que le creyeran, eso no repercutiría en sus planes.

—Quiero el divorcio, Margaret—. dijo Richar de pronto. Margaret se apoyó en el espaldar de uno de los costosos sillones de la sala de estar y cerró sus ojos buscando el oxígeno, que se negaba a entrar a sus pulmones, era una visión qué Richard estuviera frente a Ella diciéndole esa sarta de estupideces—. Yo… lamento mucho… no haberme dado cuenta de la clase de mujer que eres sino hasta ahora. Terry tiene razón, he sido un padre terrible. Creyendo que hacía un bien cuando separe a Terry de Ellynor, consiguiéndole una madre y dos hermanas… pero fue un error, un terrible error, que estoy pagando con el odio de mi propio hijo. Yo… no lo puedo culpar. Pero a ti… a ti te haré pagar, Margaret.

—No puedes divorciarte de mí —dijo Margaret, recuperándose del shock—. No tienes… ningún buen motivo. Tendrías que… darme la mitad de tus bienes—. Richard elevó sus cejas. Por primera vez, Margaret se estaba mostrando ante él tal como era, tal como decían que era. Miró a los hombres a su lado, que habían estado muy atentos a la conversación, y uno de ellos asintió tomando la palabra.

—Señora GrandChester —dijo—, le aconsejamos tomar lo que nuestro cliente le ofrece a cambio de un divorcio tranquilo y silencioso. No quisiéramos tener que mostrar ante el juez las evidencias de sus… pequeños y constantes crímenes.

— ¿Qué? Yo jamás… ¡No puedes hacerme esto! —gritó señalando a Richard, pero éste sólo le sostuvo la mirada en silencio—. ¡No tienes pruebas! ¡No puedes! No ahora, que estoy en problemas…

—Lo siento, Margaret. Pero no por ti, sino por mis hijas.

— ¡Maldito pedazo de mierda! —gritó Margaret con los ojos llenos de lágrimas—. Tú… me las pagarás, y tu bastardo, y la zorra de Ellynor, ¡te lo juro! —Margaret dio la media vuelta y salió, dejando a Richard con sus abogados.

— ¿Procedemos? —preguntó—. Si ella se niega, será un proceso largo y… tal vez escandaloso.

—No importa el tiempo que tome, y el escándalo ya no me puede afectar. No más de lo que me ha afectado el haber estado ciego. Poco después Richard se retiró a su dormitorio, no se sentía bien.

Margaret estaba obsesionada con conseguir su propósito: Tenía que encargarse de Richard, y de Terry no podía permitir que se hiciera con una esposa, por que entonces ella ya no sería la duquesa, . Había tenido que engañar y mentir, pero eso no importaba. Gracias al abogado de su marido, al que había engatusado, así que, por su parte, iba a hacer lo imposible por conservar su posición.

Se acercó a paso lento hacia la cama, odiando la oscuridad, pues le obligaba a ir tanteando el camino. Pero tal vez la oscuridad era mejor; lo que estaba haciendo ya era lo más bajo que caería, pero era con un propósito… Ella debía seguir siendo Duquesa. No podía arriesgarse más, no podía esperar más. Terry podía decidir darle el título a cualquiera. Había comprobado que realmente estaba enamorado de una huérfana y la noticia podía empezar aesparcirse, y todos lo veían, eso no podía permitirlo, Ella no perdería, maldición. Ya le había vendido el alma al diablo por eso.

Miró el rostro de su esposo y se impresionó al ver lo mucho que le temblaban las manos. No podía ser que le quedaba un poco de humanidad, pensó.

Estaba apunto de matar al padre de sus hijas. Había sido él quien a pesar de sus errores siempre se preocupó por su familia. Pero tenía que hacerlo. Tenía que. Tomó la almohada en sus manos y se acercó más a Richard poniéndola sobre su rostro, iba a empezar a apretarlo, pero entonces, un clic metálico se escuchó muy cerca.

—Suelta eso —dijo una voz de un hombre. Pálida como la muerte, Margaret soltó la almohada y levantó ambas manos.

— ¿Qué… qué sucede? —preguntó Richard despertando.

—Esta mujer pensaba asfixiarlo —dijo el hombre que acababa de ser asignado para la protección de Richard. Entre Albert y Terry habían llegado a la conclusión de que la única manera que tenían para proteger al padre de Terry, era poniendo a un hombre que se hiciera pasar por el asistente del médico, ya que el abogado de Richard tenía como una de sus labores contratar al personal de seguridad y si querían engañarlo era la única opción que encontraban para su propósito.

—Estás confundiendo las cosas —contestó Margaret enseñándole las palmas de sus manos— Sólo estaba…

--Le vi ponerle la almohada en el rostro, pensaba matarlo.

—Claro que no. No sabes lo que estás diciendo.

— Estás desesperada por seguir siendo la dama con poder, y lo entiendo. Pero me duele… me duele que este título haya destruido tu vida.

—No es así…

—Y que hayas destruido la vida de Terry, incluso cuando él estaba muy lejos en América, hasta allá llegó tu codicia. Eso me duele, Margaret.

—No sé de que hablas …

—Lo sé todo, Margaret —siguió Richard, y tomó su bastón para ponerse en pie. El hombre de seguridad se puso a su lado sin dejar de apuntar con el arma como si temiera que en cualquier momento Margaret le fuera a saltar encima—. Sé todo lo que has hecho. Me enteré recientemente, pero… lo sé. Y desde entonces, decidí que nunca volverías a ser la Duquesa de GrandChester.

— ¿Qué?

—Has demostrado de lo que eres capaz para ostentar tanto poder…

—No es posible. Te odio… ¡Maldito seas!

—Margaret no podía soportarlo -- ¡cómo te atreves! —gritó olvidándose de ser una dama, gritó por todos los años que se había contenido.

—Saca a esta mujer de aquí—le pidió Richard al hombre de su seguridad poniendo mano sobre su hombro y haciendo que bajara el arma.

— ¿Terry? —llamó la voz de Albert, y él giró a mirarlo un poco extrañado. Él se había despedido hacía ya varios minutos—. Tu padre está aquí —le anunció, y Terry entonces cortó la llamada y lo miró un poco sorprendido. Bajó las escaleras sentía que las manos le temblaban. ¿Qué querría su padre? ¿A qué habría venido? Podía ser cualquier cosa, desde un regaño por haberse atrevido a insultar a Margaret, hasta lo que él llamaría castigo por acusarla ante la policía. Llegó a la sala tratando de aparentar calma y serenidad, pero lo cierto era que su corazón estaba bastante agitado.

En una esquina estaba George, con sus brazos cruzados y mirando a Richard con cara de pocos amigos, pero el siempre tenía esa cara. Richard al verlo, se puso en pie.

— ¿A qué viniste, papá? —preguntó Terry cruzándose de brazos, reacio a creer que algo así ocurriera. No creía mucho en los milagros, no en los ocurridos en su padre. Mucho tiempo había esperado uno, y este nunca vino.

—La policía vino a interrogar a Margaret…

—No retiraré los cargos contra ella —lo interrumpió Terry.

No lo digo por eso —lo atajó Richard, e incluso levantó una mano como si así pudiera detener sus palabras—. Ella… está detenida.

—Vaya, ¿dejaste que se la llevaran? Eso es asombroso. Antes siempre la defendiste—. Richard meneó su cabeza negando.

—Ofrecieron una fianza, pero no, no la pagué, y he congelado las cuentas de ella y de tus hermanastras, así que Margaret pasará una temporada en la cárcel. Ella debe aprender—. Ante esas palabras, Terry lo miró asombrado, en silencio, y aprovechando eso, Richard siguió: He aprendido, con todo lo que he tenido que vivir, que mientras haya una sola persona en el mundo que te ame y se preocupe por ti… ya eres afortunado. Yo tuve a Ellynor, y esa fue mi fortuna. Ahora tengo la esperanza de tener a mi hijo y corregir a sus hermanas,

— ¿Por qué me estás diciendo esto ahora? —preguntó Terry.

—No importa lo que te haya hecho —siguió Richard—, vuelve a empezar, olvida el rencor. Nunca serás verdaderamente libre si en tu corazón hay un mínimo de odio hacia la persona que te hizo daño. ¿Quieres volar? Suelta las cargas que te agobian, y verás cómo, tú solo, empiezas a flotar—. Terry sonrió de medio lado

—Creo que nunca me habías dado tantos consejos juntos.

— Siento mucho… no haber podido hacer más. Pero te quiero Terry. Hay algo que quisiera pedirte-- Terry lo miró muy serio-- Busca a tu madre, ella fue una víctima, y se que te ama.

Tal y como había previsto, las familias más influyentes se dieron cita el 27 de marzo para ver cómo uno de los integrantes de la familia Andley se unía en matrimonio con la hija de los Britther, la señorita Annie. Ambas familias influyentes.

Annie, llegó radiante del brazo de su padre y de la compañía de su madre. El vestido de la novia era blanco con flores bordadas en hilo de plata. Las orquídeas que adornaban su cabello oscuro resaltaban dando un estilo moderno y elegante , así como los zarcillos de amatista y diamantes que brillaban con cada movimiento de su cabeza.

Terry entró a la mansión de los Britther junto a Albert, que lo miraba de reojo. Por los gestos en el rostro de Terry supo que se había dado cuenta que estaban en una celebración. Sin embargo ninguno pronunció nada. En la cabeza de Terry se empezaron a formar interrogantes, pero su desconcierto no lo dejaba formular las preguntas que sentía atragantadas en la garganta. Justo en ese momento se escucharon murmullos de los invitados a sus espaldas.

--Archie y Annie viajarán por dos semanas a Francia -- Dijo una mujer fe cabellos Palatinos, era una dama de edad mayor y muy elegante

--Qué romántico. --Respondió otra mujer un poco regordete.

Como si hubiese recibido un golpe en el pecho, Terry sintió como había empezado a bombear con fuerza su corazón. Miró a su Amigo buscando que rectificara a su visión , pero Albert sonrió por su mirada, se puso de pie y esperó. Sin comprender nada, giró la cabeza con brusquedad para comprobar que había sido un error, que quizá había entendido mal.

--Si Terry, estamos en la boda de mi sobrino, Archie, y Annie.

Continuará...

Saludos. JillValentine.x.