CAPÍTULO 23.

—Como broma ya está bien. Ahora, Por favor regresemos. El silencio fue su respuesta. Candy pensó que había sido una mema. Se habían alejado de la mansión lo suficiente como para que no escuchara la música en la distancia. Terry maldijo su estupidez otra vez. Se sintió rechazado por Candy, de nuevo. Llevado por la irritación. quiso herirla tal y como lo hacía ella cuando quisiese.

—Muy halagador, entonces, que me concedieras una atención tan íntima. Candy abrió los ojos como platos, que intentaba decirle, ¿Acaso que ella lo había provocado? ¿Qué fue ella la que le pidió que fueran a un lugar sólo y alejados de todos? No se contuvo y protestó;

—Piensas que me he insinuado a ti. ¿Es eso lo que crees que he hecho, Terry?

--¿Te parece que, de no haber sido así, me hubiera comportado como lo hice?

--No puedo creerlo, así como tampoco le daría esas libertades a ningún otro... Candy se detuvo abruptamente y se arrepintió de sus palabras en cuanto la había dicho. Se quedó quieta y trató de recobrar la calma. Le temblaba el cuerpo, le ardían los labios y en su boca permanecía el sabor de la boca de Terry. Aquella que le había trasvasado. Comprendió en ese momento que Terry sólo estaba castigandola por su error del pasado.

-- Será mejor regresar. -- Terry estaba controlando las ganas de tomarla allí mismo. --Al menos que prefieras hacer algo... más... placentero.

Estaba en lo cierto, no se confundía: Terry estaba coqueteando con ella con el mayor de los descaros. Por un lado, se sintió halagada, pero por otro se la llevaron los demonios. «Y yo, entretanto, he estado imaginando que volvíamos ¡Maldito sinvergüenza! Veamos hasta dónde vas a querer llegar.» Carraspeó, falseó el timbre de su voz cuanto pudo, giró el rostro hacia él y le respondió en el tono más meloso que consiguió:

—¿Tan aburrida le parece a usted que quiere estropear la sorpresa antes de tiempo, milord?

—Puede ser. --Terry le siguió furiosamente el juego.

—¿O es que busca tal vez otras distracciones?

—Es posible.

—¿Distracciones que una mujer como yo pueda ofrecerle? —Candy se atrevió incluso a pasar las yemas de los dedos por la solapa de su chaqueta. Terry creyó haber recibido un puñetazo en pleno tórax. La mujer que lo había tenido embelesado desde que la vio en la gira hacia años, no era la mujer que ahora tenía frente a él. ¡Ya era mala suerte! Además, para mayor desgracia y humillación, ella no dudaba en insinuársele con total desparpajo. «Tampoco debo extrañarme, eres una desvergonzada, por mucho que hayas conseguido engañar a los demás con tus sonrisas y dulzura». Carraspeó.

--Ya hemos llegado.

Apesar de que Terry quería convencerse, la cercanía de Candy volvió a ejercer sobre él, aun sin quererlo, una pulsión de deseo que, aunque aborrecía sentirlo, fue más fuerte que el rencor que le inspiraba. No se lo pensó y, al instante, la tenía entre sus brazos y la estaba besando. Con rabia, despechado, pero enardeciéndose porque su vigor respondía a las curvas arrebatadoras que delineaban sus manos bajo su ligero vestido. Y es que ella, en lugar de rechazarlo, alzó los brazos para rodearle el cuello y corresponderle, con una lucha de lenguas enredadas que lo llevó a la perdición. Entonces se vio a sí mismo como un pobre hombre desgraciado. Porque tenía en sus brazos a Candy y la deseaba con frenesí. De cualquier modo, ya nada le importaba, ni siquiera su insolencia, solo el clamor de su cuerpo que hervía necesitado de liberación. Le inclinó el cuello que dejó y luego tiró hacia abajo de la tela del vestido agachó la cabeza para tomar en su boca la cumbre endurecida de un pezón y apresó el otro entre sus dedos, frotándolo, hasta arrancar un gemido a la joven. Ya no podría quitarle las manos de encima, había vuelto a perder la cabeza, a dejarse llevar sin pensar en las consecuencias de sus actos. Deseaba tenerla y punto. Pero no había contado con la respuesta femenina. Ella, desafiante, puso fin a la carrera de sus ímpetus mutuos empujándolo con fuerza y dando un paso atrás, tan acalorada que hasta se mareaba y, al mismo tiempo, avergonzada de su propio deseo. Porque se imaginó arrancándole la ropa y tumbada junto a él sobre el césped. Se mordió los labios, se recolocó a tirones el escote del vestido para cubrirse.

—Creo que no me conoces, Terry, no me conoces en absoluto. No creas que yo soy tan fácil de llevar a la cama —replicó y echó a correr hacia la mansión de los Britther.

Terry se apoyó en el pilón de la fuente. Tenía que calmarse. Un simple beso y unas caricias escasas no podía ser que lo llevaran a tal grado de excitación. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué no conseguía mantener las distancias? ¿Desde cuándo tenía la percepción de que la necesitaba más que a nadie?

No es que ella anhelara ese instante. Más bien lo temía. Porque antes o después se iba a encontrar con Terry frente a frente y, cuando lo hiciera, pondría de relieve a la mujer que no solo lo rechazó, sino que se avino a su juego. Y si ya tenía mal concepto de ella, ¿qué iba a pensar entonces? Se apoyó en el sostén de una columna porque le temblaban las rodillas. «¿Y qué? Lo he reconocido, no puede imputarme ningún delito por haberme dejado besar por él, a fin de cuentas, es el hombre que amo. Yo sí que tengo motivos para condenarlo por su conducta, puesto que él sí creía que me había vuelto como una cualquiera», se dijo en un acceso mitad de rabia y mitad de esperanza que le devolvió el ánimo.

—¿Qué sucedió, Candy? ¿Por qué desapareciste de repente?

Annie formulaba preguntas a las que Candy, dudo dar una respuesta. Sin embargo ante la insistencia de su amiga, Candy supo que sería mejor hablar. Candy se sinceró sin dejarse nada en el tintero. Le puso al tanto de la presencia de Terry, de de su deshonroso encuentro. Annie no se alteró demasiado. Conocía bastante bien la relación de su amiga, lo que si llamo su atención fue la manera de hacer las cosas de GrandChester.

--Pero él te quiere --le aseguró.

—No ha pronunciado de manera categórica.

—Leo entre líneas, Candy. Ese hombre te sigue amando, aunque no te lo haya dicho.

—Eso en un pasado lejano ya.

-- Elisa los engañó, destruyendo su relación , incluso destruyó a Terry ,con tal de seguir disfrutando del dinero y luego pretendía enamorarlo por que quería su título. Terry es hombre hecho y derecho y sigue enamorado de ti, y ahora eres tú quien lo duda.

—En todo caso, si ha vuelto enamorado no ha sido de mi. Anny no de mí, no se quién es ahora en realidad. El hecho de que yo sea un recuerdo nada tiene que ver, al contrario, sabe que yo no confíe en él, porque para él no soy la mujer que el quiere a su lado.

—Es posible, pero lo dudo muchísimo. Creo que te equivocas. Al final, se quiere o no se quiere.

--Es ahora de que y yo rehagamos nuestras vidas tal y como el destino las haya trazado. No quiero hacerme ilusiones Terry es un Duque, pronto se irá, y cuanto más tiempo permanezca a su lado más difícil será también para mí separarme de él. Cometimos errores y tenemos que vivir con las consecuencias.

—Ni siquiera ahora eres capaz de culpar a quien de veras es la causante de todo este condenado embrollo.

--Elisa hizo mal, y mira donde terminó, adónde la llevo tanto recentimiento mal infundado, alguna vez creí odiar a Elisa, pero ahora solo siento una profunda compasión por ella.

—No opino lo mismo. Ahora bien dejemos a esa loca donde se merece estar, volvamos a lo que importa. Insisto: habla con Terry, confiésale que cometiste un gran error y ve con la verdad por delante.

-- Será mejor que regresemos --dijo Candy para salir de ese momento. Mientras caminaban en dirección al jardín a Candy le pareció escuchar una discusión, y dos voces muy, muy conocidas.

-- Espera Annie. sigue tú, en un momento te alcanzo.

Sin esperar a que su amiga respondiera, Candy siguió el sonido de las voces, con cada paso que daba cada vez estaba más segura de quién se trataba.

Terry más calmado había tratado de localizar a Albert, pero una inesperada aparición lo plantó en seco.

Se quedó en el umbral, con sus ojos fijos en el rostro de aquella mujer, sin atreverse a dar un paso hacia dentro. Tenía los pies pegados al suelo, con toda su alma galopando al pasado y una batalla vana por retener las lágrimas. Deseaba abrazarse a la mujer que lo miraba asombrada al punto de llorar y, sin embargo, se quedó quieto incapaz de reaccionar.

—¿Estás aquí, hijo. No estoy soñando?

—Ellynor... —Trató de reponerse.

—Terry... Necesitamos hablar. Tengo muchas cosas que explicarte...

Terry sacudió la cabeza para desechar la imagen protagonizada, porque solamente era una imagen. Necesitaba una copa.

--No has escuchado ni una palabra de lo que te he dicho.

—Disculpa, No entiendo nada. -- dijo aún aturdido, pero poco a poco supo que aquello no era una imagen y que frente a él estaba su madre. --¿Qué haces tú aquí?

—Quieres venir conmigo.

—No sé si he entendido bien. Pero lo que sí sé es que han pasado muchos, muchos años, ¿no te parece?

—Has entendido perfectamente, es necesario que te hable de la verdad, no lo que te hicieron creer.

—¿Qué verdad? Que un hecho pueda ser cierto no significa que deba creerse. Además, ¿a quién se imagina que le dará crédito, cuando está muy claro que sólo pensó en un beneficio propio?

—¡Las cosas no son así!

—Pruébelo. —dijo con una mirada furiosa y conteniendo un insulto—. Aunque tampoco me extrañaría que quisiera llegar a ser alguien importante, pero primero necesitaba deshacerse de su bastardo.

--Terry...

—Váyase, Ellynor, ahora que aún puede. Diré que se ve obligado a retirarse por razones personales, y desaparezca de mi vista.

Marcharse era la única salida. Una retirada a tiempo se podía considerar una victoria, porque una cosa era la ira y otra la estupidez, pero su hijo no era ningún cretino. En cualquier caso, había acumulado una estimable cantidad de rencor por ella, pero no podría dejarlo ir, no ahora que lo tenía a un metro de sus brazos..

—Yo. Lamento haberme presentado así. Ni era como quería verte. Puesto que estás aquí, ¿debo entender que Candy ha hablado con tigo?

—¿Candy sabe de ti? No puedo creerlo, --así que Candy lo sabía. —¿Por qué me buscas ahora? ¿ por qué no te has quedado en Hollywood ?

Candy se topó con la escena, pero cuando escuchó las palabras hirientes de la boca de Terry, una ira la invadió y no dudo en intervenir.

—¡Como te atreves hablarle así a tu madre! Mocoso malcriado. El insulto, dicho así, en voz baja y con animosidad, sí que le hizo reaccionar. Se enfrentó a Candy con las manos convertidas en puños y la mirada vidriosa por la emoción.

—¿Y a ti, quien te dijo que podías meter tu nariz en esto.

--¿Qué te pasa Terry?

--Hijo... --Ellynor trato de calmar la situación

-- ¡Déjame en paz y lárgate lejos de mi , que es donde deberías estar ahora! ¿O es que piensas que no me he dado cuenta que es lo único que sabes hacer?

—No digas tonterías. --Candy estaba desconcertada.

—¿Las digo? Si ella no me buscó, es porque no me quería a su lado.

—¡Pero tú la quieres y sí la necesitas a ella! --Candy sabía que enfrentándose a Terry no iba a conseguir nada, intento por calmarse--. Escucha lo que tu madre tiene que decirte, y luego podrás decidir.

—No necesito a nadie. A nadie, Candy —enfatizó. Ellynor lo miró con lástima, pero a Terry le dio igual, ya no le afectaba nada, ni los gestos de compasión, ni los de disgusto, se sentía herido era como si estuviera muerto en vida.

—Terry... --Candy hablo con voz tranquila e intento tomarle la mano, pero él la rechazó, y no se contuvo, realmente se sentía traicionado.

—¿Por qué no lo dijiste? No entiendo, ni lo que pretendas, pero no soy tu perro faldero. Ellynor intervino.

--Será mejor que me retire. Terry lamento mucho que el encuentro se haya dado en esta situación, y no pretendo arruinar la boda de la señorita Britther, pero me gustaría hablar contigo. Me gustaría que escucharás mi verdad, y después tú decides. Búscame en el hotel de la ciudad, entenderé si deseas que te deje en paz, sólo házmelo saber. Te quiero. Te he querido siempre --dijo Ellynor y acto seguido se retiró con lágrimas cayendo por sus mejillas. Candy miró a Terry furiosa y muy sentida también.

Terry estaba confundido y sin mirar a Candy salio de allí.

La boda continuó, Sin que los invitados se hayan enterado de lo sucedido. Pero no Candy, que se sentía culpable, herida, y furiosa. Aún con todo lo ocurrido momentos antes, no era comparado con todo el dolor que sentía. Las palabras qué Terry le dijo le perforaron el alma.

--Candy... --dijo repentinamente la voz de Albert, Candy limpió las mejillas con disimulo, pero Albert la conocía ya lo bastante bien como para saber que había estado llorando.

-- ¿Qué es lo que ha pasado Candy? Es Es acaso por Terry qué estás así, imagino que lo has visto ya en la fiesta. Lamento no haberte dicho nada --se disculpó Albert sinceramente --pero el mismo me lo pidió, está aquí por unos asuntos, y... -- Albert se detuvo pues Candy sacudía la cabeza en negativa.

-- Todo está mal, todo. Nada tenía que haber pasado así. Ahora Terry me odia, más si todavía se puede.

--No entiendo, ¿pequeña que sucedió?

--Oh Albert Candy se abalanzó a sus brazos y apoyo su mejilla en el pecho ancho y duro de Albert. Al verla entre sus brazos Albert tuvo unas inmensas ganas de protegerla, le volvió a insistir que le contara que había pasado y, Candy qué con Albert era más fácil hablar de todo; le dijo lo que había sucedido todo lo que había pasado desde que vio a Terry, Aunque se contuvo los momentos íntimos.

Después de escuchar a Candy, Albert se acercó a su sobrino, Archie. Le explicó la situación excusando porqué se retiraba. Tenía que buscar a Terry.

—¿Estás aquí o en tu mundo? ¿Qué piensas? —interrumpió Albert sus cavilaciones.

—Que el corazón es un órgano estúpido.

—¡Por favor! No he venido hasta aquí para filosofar.

—Por supuesto que no.

--Pero no te quejes tanto, Dime Terry, ¿qué esperas para ir y arreglar las diferencias con tu madre, y ya de paso con tu padre?

—¿Es que también tú me vas a dar la lata con eso?

—No.Pero, cómo pretendes que sea de otra manera, si dejaste tirado el título que heredaste de tu padre... No dado la oportunidad a tu madre de explicarse, ni el beneficio de la duda. No puedes evadir todo así no más.

—Lo siento, no sigas, por ahí. No volveré junto a ese hombre —le cortó.

—Richard fue un padre deplorable, lo sé, le hizo la vida imposible a tu madre y te la hizo a ti, comprendo que lo detestes incluso después de que supiste que nunca te forzó. Pero mal que te pese, no dejas de ser el Duque de GrandChester por sucesión, aunque reniegues de su legado y te obceques en utilizar el de Lord, que heredaste de tu bisabuelo, abuelo, y padre.

Cumplir el deseo de Candy de acercarse a Ellynor, no incluía dejar de doler, estar junto a los seres queridos había sido su sueño, pero eso fue cuando era pequeño, ahora era todo diferente; el pasado no se puede borrar lo que hizo dañó, dañado está. A partir de ahí, entró en la rutina perversa de encerrarse en si mismo, o en el despacho sin querer ver o hablar con nadie. Hasta que la obstinación de su amigo le obligó a reaccionar. No había vuelto a ver a Candy ni le contestaba a sus mensajes atravez de Albert al que apenas, si es que le contestaba. Estaba irritable desde la noche de la fiesta.

Candy también tuvo un enfrentamiento cuando se dio por vencida y decidió que dejaría de buscar a Terry.

Sin embargo nada la preparo para lo que venía a continuación;

Cuando llegó el día lunes, Candy se presentó en la empresa de Annie, para seguir como si nada hubiera pasado, como si un chico no hubiera venido y volteara su mundo otra vez. Pero ese día había algo diferente, tenía que terminar con la publicidad y había un detalle que ya no podía esperar más. Era agregar el nombre del dueño de la cadena de teatro, el que ella le daría publicidad. Y era de suma importancia que se supiera por fin el nombre de ese insensato que se escondía como un ratoncillo.

Como si hubiera llamado a través de la mente lo que estaba esperando, la puerta de su oficina se abrió y la primera en cruzar fue Julia.

Toda su vida dio un giro de trescientos sesenta grados y el mundo estalló a su alrededor. No hubo más para ella. El tiempo transcurrió en medio de una nebulosa que le arrebataba el aire que respiraba, presa de una congoja que le nublaba la visión. El codiciado paraíso por recordar todo lo vivido esa noche. Se topaba con el presente, las realidades contrapuestas que atormentaban su espíritu porque la obligaban a ver la realidad de sentirse otra vez engañada. ¿Qué debía hacer ahora? ¿Cómo resolver el sentimiento de sentirse usada que amenazaba la felicidad que había comenzado a vislumbrar? Justo entonces, cuando empezaba a creer en Terry, tenía que enterarse qué todo este tiempo jugó con ella. Terry quería hacerle pagar su error. Su gran error, y lo consiguió. Debía asumir la verdad por muy dolorosa que fuera. «Terrunce GrandChester, Terry», resonaba su nombre en su cabeza con la reiteración de un eco.

Continuará...

Saludos. Lectores pronto terminaré esta historia, no quiero aburrir con tanto tira y afloja. Vale.

JillValentine. X.