My apocalyptic ways

Sinopsis: Versión extendida y corregida de los días 13, 18 y 20 del mes Ichiruki, por lo que habrá más violencia, sexo y sangre.

Él es jinete de la guerra y ella la doncella que dará a luz al cordero, o eso se supone que debe de hacer, pero ella prefiere compartir lecho con él, si de ella dependiera el mundo podría desaparecer, ya poco importa.

Prólogo

Cuando Dios creó al mundo, le prohibió a los hombres comer del fruto de la sabiduría.

Cuando Dios creó al hombre, le ordenó a todos los ángeles postrarse ante él.

Cuando Dios decidió darle una esposa a Adán, ella se negó a someterse a él.


Cuando el hombre comió del fruto prohibido, lo castigó echándolo del jardín del Edén, convirtiéndolo en mortal.

Cuando algunos de sus ángeles se negaron postrarse ante el hombre los castigó expulsandolos de su reino.

Cuando Lilith, la primera esposa de Adán, lo abandonó y se negó a regresar a su lado, la convirtió en un demonio.

Todos estos eventos han creado un cisma que ha afectado el mundo humano y lo ha llevado al borde de la destrucción total en varias ocasiones.


En todas esas ocasiones había ciertos elementos que se repitieron, nadie, ser celestial o demoníaco, sabe cuál es el origen de ellos, siempre embargo, siempre están ahí.

Los Jinetes del Apocalipsis.

La Prostituta y la Mujer.

El Dragón y el Cordero.


El Dragón nace de un vientre maldito, el de la Prostituta, una mujer que no se somete a Dios y sus siervos, y sólo se sirve a sí misma y a sus objetivos.

El Cordero nace del vientre consagrado de una Mujer, seleccionada y criada especialmente para dicha tarea. La mujer deberá ser virginal, devota a Dios y servicial a su futuro marido.

Los Jinetes, por otro lado, son los del origen más misterioso de todos, porque de algún modo lograron convertirse en la encarnación de males que plagan a la humanidad peste, hambruna, guerra y muerte.

Los tres primeros se aferraron tanto a su poder que lo convirtieron en legado que han heredado.

Excepto la muerte, su representante no puede crear legado y tampoco puede crear vida.

Eso es lo que dicen los sagrados escritos de Babilonia.