My apocalyptic ways
Sinopsis: Versión extendida y corregida de los días 13, 18 y 20 del mes Ichiruki, por lo que habrá más violencia, sexo y sangre.
Él es jinete de la guerra y ella la doncella que dará a luz al cordero, o eso se supone que debe de hacer, pero ella prefiere compartir lecho con él, si de ella dependiera el mundo podría desaparecer, ya poco importa.
Lilith
Se me llama demonio porque me negué someterme a mi marido, un ser despreciable que nunca me tomaba en cuenta y siempre me sometía a sus caprichos durante los rituales de apareamiento, aunque en ese momento no los llamábamos así. Pero, la verdadera historia es más complicada que eso.
Dentro de él Edén, sólo nos encontrábamos él, yo y un montón de animales y árboles frutales. La ausencia de algo que hacer o alguien diferente con quién interactuar me provocaba una sensación de aislamiento lo que ocasiona que nuestras interacciones sean tensas y las peleas sean comunes, no hay alguien más con quién hablar.
A veces, por encima de los muros del Jardín podemos ver a nuestros hermanos mayores, los ángeles. La mayoría de ellos son horribles, me da terror de sólo pensar en ellos y que nos miran con un sentimiento que no logro identificar, uno que me hace desear salir corriendo para alejarme de sus miradas. Lo he tratado de hablar con Adán, pero él me ignora y dice que son tontería mías, que Padre las ha dado la orden de servirnos y amarnos, pero yo no estoy tan segura de que ellos lo hayan tomado con gusto.
No obstante, hay otros ángeles que son totalmente diferentes: son hermosos, parecen amables y en sus ojos se puede ver una calidez agradable, incluso me devuelven el saludos cuando logró verlos desde su ubicación a la distancia. Hay un ángel que es especialmente hermoso, su nombre es Samael, es tan bello que lo llaman Portador de luz. Su larga y sedosa cabellera amarilla y sus hermosos ojos ocre contrastan enormemente con la cabellera roja y ojos oscuros de Adán.
Independientemente de si son hermosos u horripilantes, todos los ángeles tienen en común que sus alas delicadamente hermosas, que piden ser acariciadas y adoradas.
— ¡Mujer!— La molesta voz de Adán me saca de mis ensoñaciones angelicales.
— ¡Qué!— ¿Ahora qué quiere mi querido esposo?
— ¡Hazme caso!, te estoy hablando desde hace rato.
— Ugh, bien, ¿dime qué quieres?
— Quiero que yazcas conmigo.— ¿Eso era?, ¿no le bastó con la mañana?
— Sólo si puedo estar arriba.— Es mi turno, ya lo dejé estar encima.
— ¿¡Qué!? ¿Cómo te atreves?, soy tu marido, no tengo que estar debajo de ti.
— Pero pesas mucho y me asfixias. Además, para variar quiero que me des placer.
— ¿Para que quieres placer?, no estás hecha para disfrutar de la carne.
— Entonces, no.— Me levanto de mi lugar y me voy para poder seguir con mis cavilaciones en privado.
— ¿A dónde vas, Mujer?
— Lejos, dónde no estés tú. Y te recuerdo que tengo un nombre, Lilith, ¡úsalo!
— ¡Regresa aquí!— Puedo escuchar su voz en la distancia que lanza improperios que ignoro, como me es costumbre.
Ahora sólo me queda ir a un lugar al que Adán no le gusta ir, mi lugar privado. La cascada que forma el torrente que lleva al lago, es un lugar rodeado de muchos árboles, que curiosamente no son frutales, y piedras que conforman una gruta detrás de la cascada. Voy ahí no sólo para escapar de Adán o pensar en privado, sino porque está lejos y desolado. Me da la oportunidad de ver mi reflejo en la laguna que se forma antes de entrar al río que lleva al lago en el que vivimos Adán y yo.
Me encanta mi reflejo, puedo ver y cepillar con mis dedos mi largo cabello negro. Comprobar lo pequeña que soy en comparación con Adán y con... me roba el aliento, ver el color violeta de mis ojos me saca suspiros. Muchas han sido las veces que he yacido conmigo misma al ver mi reflejo en la cristalina agua de la laguna. Tampoco han sido pocas las veces que he fantaseado con el toque de los hermosos ángeles que me miran con cariño cuando me baño bajo la cascada.
Me meto a la laguna para nadar un rato a la espera de algo. Escucho el sonido de alas acercarse a mi ubicación. Se tardó en llegar. Sigo nadando sin voltear a ver al recién llegado.
— Deberías esperar a que llegara antes de meterte al agua, Lilith.— Una voz que conozco muy bien, una que me encanta escuchar.
— Te tardaste demasiado en llegar, Samael.— Dejo de nadar para enderesarme y verlo en toda su hermosa gloria. O casi, no entiendo que es esa tela, él la llamó así, que cubre su cuerpo y que me impide de disfrutar de verlo como se debe.
— ¿Deseas que entre al agua o quieres ir a la gruta?
No le contesto, nado rápidamente a él para lanzarme a sus brazos y besarlo.
Cómo extraño a mi querido Samael cuando tengo que estar lejos de él, ójala él fuera mi esposo. Samael me trata bien, me deja estar encima cuando yacemos juntos y me pide mi opinión hasta para pequeños detalles. Lo ha sido así desde que nos conocimos cuando lo encontré en esta laguna bañandose una de las veces que huía de Adán, era la primera vez que podía ver a un ángel de cerca. Me le quedé viendo en silencio, me le acercaba poco a poco para verlo de cerca. Cuando él me descubrió, algo surgió entre nosotros fue la primera vez que nos acercamos de manera íntima y no lo hemos dejado de hacer desde entonces.
Él me toma entre sus fornidos brazos y me lleva a la gruta donde retozaremos salvajemente durante horas antes de que tenga que volver con Adán. Durante este y todos nuestros encuentros me llena con su amor, me cubre de besos y me atiende de una manera que Adán ni siquiera se le ocurre. Samael es el mejor amante que podría existir.
— ¿Dónde habías estado?— Adán me grita cuando e veo obligada a regresar a su lado, porque ya no tengo otra opción que dejar a Samael en nuestra gruta. Desperté junto a él sin esa toga que lo esconde de mis ojos y con sus alas acariciandome hasta alcanzar el éxtasis en sueños. Me tuve que ir con el remordimiento de no poder seguir acariciando los mechones de su cabello.
— Por ahí, este lugar es muy grande.— Le grité en retribución, no tolero su presencia impuesta, sigo mi camino.
— Te estaba esperando para que me hicieras de comer.
— ¿Qué?, ¿me estabas esperando para que te alimentara?— Me volteo molesta, no es mi deseo servirle.
— Por su puesto, es tu trabajo como mi esposa.
— ¿Acaso no estás rodeado de comida?, no me necesitas para alimentarte.— Me giro para señalar todos los árboles de dónde puede conseguir alimento.
— ¿Por qué siempre tienes que pelear conmigo?
— Porque siempre me pides cosas irrazonables o estúpidas.— Ya estoy harta de este hombre.
— Eres mi mujer, debes de hacer lo que quiera.
— No tengo que hacer nada, ni siquiera eres capaz de complacerme con esa cosa que tienes entre tus piernas.
— ¿De qué estás hablando?
— ¡De que mis dedos hacen mejor trabajo que tú!
El rostro de Adán se pone tan rojo por mi confesión que me sorprende cuando me da un puñetazo. El golpe nubla mi visión.
— Pues ahora vas a someterte a mí.
El me tumba al suelo y yo lucho como puedo para quitarmelo de encima. Al parecer mis puñetazos le molestan porque violentamente me voltea para que quede con el rostro contra el suelo.
— Si no vas a someterte por las buenas, entonces será por las malas.
No entendí en ese momento el significado de sus palabras, sólo sé que todo me dolía. Trataba de luchar contra él, de darle patadas y gritaba pidiendo ayuda, aun a sabiendas de no vendrá nadie. Salvo por Samael, ningún ángel baja al jardín, y él debe de seguir dormido como para poder escucharme.
De repente siento como Adán entra en mí de forma violenta, él empieza a entrar y salir rápidamente sin ninguna compasión por mí. Ha encontrado el perfecto modo de humillarme, de hacerme sentir como tierra bajo sus pies. Me ha robado de mi dignidad, de mi capacidad de elegir.
Puedo escuchar sus gemidos en mis oídos, él pone una de sus manos sobre mi cabeza para asegurarse que no pueda levantar la cabeza para mostrarle mi rechazo y el asco que me da que se encuentre encima de mí.
— ¡Ahh!, ¿Ves, Lilith?— Sólo puedo sentir, además del dolor entre mis piernas, como algo caliente escurre entre mis piernas. No atino ni a levantarme.
— ¡Qué callada estás!, si hubiera sabido que se requería de esto para mantenerte callada, lo habría hecho hace mucho.— dice orgulloso.— Bueno, por tu silencio, creo que quieres más de mí.
Estoy tan aturdida, como fuera de mi cuerpo, que no atino a nada, me quedo quieta mientras él vuelve a tomarme contra mi voluntad de todas las formas posibles que se le pudieron ocurrir a Adán.
Mi suplicio dura hasta el amanecer, cuando él se cansa de magullar mi cuerpo y se retira a dormir, dejándome ahí, tirada en el suelo. Cuando escucho sus ronquidos, recobró el sentido y control sobre mis extremidades y salgo corriendo a la laguna. Samael debe de seguir ahí, él podrá ayudarme.
Ya puedo ver la gruta, sólo tengo que...
Tengo que...
¡Oh, por Padre!
¿Esa soy yo?
En la cascada puedo ver mi reflejo, tengo moretones en todo mi cuerpo, cortes y rasguños. No me había dado cuenta de la sangre seca entre mis piernas, de que mi mejilla y ojo estaban hinchados, de que esa no soy yo.
Con esta apariencia, ¿cómo podría presentarme ante la belleza de Samael?
No puedo hacerlo.
Pero no pienso regresar con Adán, se repetiría lo mismo que me hizo anoche.
Tengo que irme de aquí, tengo que abandonar el Jardín.
— ¡Lilith!
Esa es la voz de Samael. Mi Samael.
¿Cómo me encontró? He estado caminando por el desierto por tanto tiempo.
— ¡Lilith, detente!
Debo de seguir caminando, no quiero que me vea, no soy digna de estar en su presencia.
— Dije que te detuvieras.— Él aterriza frente a mí. Sigue siendo tan hermoso como la última vez que lo vi. Me le quedo viendo por un momento para después mirar el suelo fijamente. No tengo derecho a verlo a la cara.
— ¿Lilith, por qué te fuiste?— No le contesto, no puedo. No solo porque no me siento capaz de hacerlo sino también porque me duele la garganta de tanto llorar.
— ¿Qué te pasó?— La preocupación en su voz me rompe el corazón, aún me duele tanto el cuerpo que apenas y siento cuando me abraza, pero no puedo evitar devolverle el abrazo y llorar otra vez.
— ¿Lilith, piensas volver?— Sólo atino a mover la cabeza negativamente.
— Está bien, yo te cuido.— Su agarre en mí se torna fuerte y protector.
— Samael... no me dejes.
— Tranquila, nunca lo haría.— Sé que sus palabras son una promesa.
— Lo odio, lo odio tanto.
— ¿Quieres que interceda con Padre en tu nombre?
— No funcionará, ya le he pedido ayuda antes y siempre me ha respondido negativamente.— Me falta el aire.— Samael, desde que salí del Jardín todo se ve y se siente distinto. No me siento bien.— El mundo se vuelve borroso.
— Es porque saliste del Jardín sin protección.
— ¿Eso qué significa?— Cada vez me siento más cansada, mis párpados pesan y me cuesta mantenerlos abiertas.
— Come.— Él pone algo en mi boca, se siente fresco y jugoso. Samael pone otro trozo de lo que sea que me esté alimentando cada vez que trago bocado hasta que me lo termino.— Es uno de los frutos de la sabiduría.
— Pensé que esos nos los tenían prohibidos.— Recuerdo cómo Padre se puso cuando quise tomar uno.
— Lo están, lo robé para ti. ¿Cómo te sientes ahora?
— Ligera, desnuda...— Empiezo a incorporarme. Siento que una sensación de calor se acumula en mí.— Deseosa de ti.
— Es uno de sus efectos secundarios.
— También...— Lo miro vez primera a la cara desde que me encontró.—, ¡oh, eres hermoso!
— Estás adquiriendo un alma inmortal, cómo la mía.— No comprendo el significado de lo que dice...
— ¡Oh, Samael, bésame! ¡Borra las señales que Adán dejó sobre mí!— Necesito sentir como nuestros cuerpos se vuelven uno.
— Lo destruiré por lo que te hizo. A Padre y a todo de ser necesario.— Esas palabras son tan excitantes, me hace desearlo más.
— Primero vuélvete uno conmigo.— Se lo suplico, él es el único que puede llenar este vació que siento entre mis piernas y mi pecho.
— Con gusto, mi Lilith.
Nos besamos, pero el beso se siente diferente, más profundo, como descargas eléctricas se formaran en nuestras bocas. Nuestras lenguas empezaron una batalla por la dominación. No hay ganador y eso me encanta.
Bajo mi manos de su hombro hasta meterla debajo de su estorbosa toga.
— ¡Lilith, arañame!, quiero tu marca sobre mi piel.
Lo obedezco, quiero que nuestros hermanos sepan que él me pertenece.
Samael es mío, y destruiré toda la creación de ser necesario para que siga siendo así.
Él baja sus manos por mi espalda hasta alcanzar mis glúteos y los masaje ávidamente.
¿Cómo es qué sé todo eso ahora?
— ¡Oh, hazlo más duro!— Necesito que Samael, me trate con más dureza.
Samael baja su boca por mi cuello. Su boca es salvaje, me muerde desde mi cuello hasta llegar a mi pezón mi pezón izquierdo. Lo muerde y chupa hasta hacerlo sangrar.
Yo meto mi mano por debajo de su ropa hasta alcanzar su polla. Masturbo de arriba a abajo hasta ponerla dura.
— ¡Oh, Lilith!
Él regresa a mi boca y sujeta mi negra cabellera entre sus dedos. Su boca comienza a dominarme. En respuesta, yo lo termino de desnudar. Usamos la tela de su toga como superficie para poder fornicar a placer.
Su verga se siente tan dura, lista para enterrarse en mi coño.
Pero él me sorprende, en lugar de entrar en mí, baja su mano y comienza a mastrubarme, justo como yo lo hacía con él hace un momento. Sus dedos entran y salen de mí en un ritmo rápido. Sé que nosotros ya habíamos hecho esto en otras ocasiones pero ahora se siente diferente. Más duro. Más profundo. Más placentero.
Vuelvo a su duro falo. Mientres el me masturba yo lo masturbaré a él.
La presión de mi centro aumenta. Sé que en Samael también porque su respiración se acelera.
— ¡Ah, Lilith!
— ¡Oh, Samael!
Llegamos al orgasmo al mismo tiempo. A pesar de haberse corrido en mi mano, su verga sigue dura como piedra. Una deliciosamente dura piedra. Hago que vea como me trago el semen que cayó en mi mano.
Esa imagen parece que mueve algo en Samael porque me toma por la cadera y nos gira hasta que estoy encima de él
Nos miramos por un momento. Él desea esto tanto o más que yo. Tomo su verga entre mis mano y la dirijo a la entrada de mi coño. Samael mantiene el agarre en mis caderas, sus dedos se entierran en mi piel. Voy a hacerlo esperar por mi, y él desea que lo haga esperar. Se que quiere ganarse el acceso a mi interior.
Restriego su glande contra mis labios vaginales. Es delicioso. Pero es más placentero verlo retorcerse por mis actos. Lentamente lo dirijo al interior de mi coño.
— Ahhh...— Enfundar a Samael en mi interior es la sensación que más anhelo repetir.
— Lilith, ah...
Sin que pueda o quiera hacer nada para evitarlo, él comienza a mover nuestras caderas rápidamente.
— Lilith, tócate, me gusta cuando lo haces.
— Sólo lo hago para ti. — Esa es una orden que no dudo en cumplir.
Subo mi mano derecha hasta llegar a mi pecho derecho, comienzo a estimular mi pezón fuertemente. Cuando comienzo a acariciarme su verga se pone más dura en mi interior. Él acelera el ritmo de sus estocadas y mis gemidos suben de volumen.
Mantenemos ese ritmo rápido y profundo por varios minutos hasta volver alcanzar el orgasmo. Algo caliente se vierte en mi interior. Caigo encima de él. Estoy cansada pero deseosa de más de él. A pesar de ya haberse corrido dentro de mi, Samael sigue moviendo mis caderas y su verga está tan dura como al principio.
Seguiremos así toda la noche de ser necesario, hasta que borre todo rastro de Adán en mí.
Sólo quiero que en mí quede Samael y su simiente.
— Lilith, tengo que irme.— Seguimos desnudos, sólo cubiertos por el cielo estrellado que comienza a aclarar y la toga de Samael.
— Vas a volver por mí, ¿verdad?— Necesito que él vuelva a mí.
— Por supuesto, así me tome mil vidas.
Él no lo sabe, pero sus palabras son un bálsamo para mí, de todo el conocimiento que está entrando en mí desde que comí el fruto de la sabiduría me agobia. Sé que nos volveremos a ver, de que él vendrá por mí.
Antes de irse, me cubre con su toga.— Te protegerá y te guiará a tierra segura.
— Vuelve pronto, por favor.
— Eso trataré, debo de encargarme de Adán primero.— Lo sujeto de las manos, no quiero que se vaya.
Veo un cambio en sus ojos, siguen siendo tan dorados como siempre pero ahora emiten un brillo carmesí.
— Por favor, cuidate.— Nos damos un largo beso de despedida. Nos volveremos a ver... eso espero.
Lo último que veo de él es su silueta que emprende vuelo. Es curioso verlo irse desnudo y orgulloso, nunca antes lo había podido apreciar así.
Ha pasado mucho tiempo desde que Samael se fue y no he tenido noticias de él. En ese tiempo me he dado cuenta de que estoy embarazada. Mi vientre se ha distendido, y, por mis cálculos, debo de estar cerca del periodo de término.
Me he estado preparando para recibir a este bebé desde que me di cuenta de que estaba embarazada. Samael estará tan feliz de saber que es padre cuando regrese.
He conseguido suministros y he construido un refugio cerca de un río que da al mar con los precarios materiales que poseo. También he cortado mi cabello hasta los hombros, su largo me estorbaba, pero tengo un mechon testarudo en mu frente al que le he tomado cariño.
Como dijo Samael, esta toga me protege, de algún modo me ayuda a conseguir suministros y herramientas, y el refugio está debidamente acondicionado de un momento a otro. Sé que no fui yo la logró todo esto. Yo no pude haber hecho un refugio de materiales de la noche a la mañana, haber hecho un pozo o haber tejido tela y otros materiales para usar de cobija o para fabricar ropa.
En definitiva es un regalo de Samel.
Padre no me habría ayudado, muy por el contrario. Él me haría sufrir por haberlo desobedecido.
¡Auu!, sus patadas cada vez duelen más y me es más difícil respirar. Creo que ya va a nacer.
— Tu padre estará tan feliz de conocerte.— Siempre que hablo con mi bebé tengo que acariciar mi vientre, eso lo calma.— Ya pronto no veremos cara a cara, tú y yo.
Los dolores de parto fueron horribles, no me dejan ganas de repetir la experiencia, al menos no sola. ¿Samael, por qué tardas tanto en regresar? ¿Te gustaría tener más hijos? Si fueran tuyos tendría un millón.
Mi bebé fue una niña, una muy hermosa, con los cabellos rubios de su padre, pero tiene mis ojos violeta. ¡Eres hermosa y te amo tanto!
¡Tu nombre será Lilu!
Han pasado poco más de tres meses de que dí a luz a Lilu, todo ha estado tranquilo. Amamantar a Lilu es una de las experiencias que más he disfrutado de todo esto, aunque me dejan terriblemente agotada, ni siquiera quiero recordar lo que es cambiar pañales o, peor aún, lavarlos.
— ¡Te hemos encontrado!— Afuera de mi refugio de escuchan tres voces que hablan al unísono y aleteos muy sonoros.
— ¡Sal, mujer!
No esperaba que después de tanto tiempo de dejarme sola me encontraran, ni siquiera esperaba que me buscaran. Lilu está dormida, si me doy prisa tal vez logre que se vayan sin darse cuenta de su existencia. No tengo más opción más que salir a confrontarlos.
— Se te dio la oportunidad de regresar con tu esposo.— Son ángeles, de los horrorosos. Los que tienen sus cuerpos deformes por pústulas y quemaduras, sólo una toga cubre sus caderas y tienen un collar con placas que deja ver sus nombres Senoy, Sansenoy, y Semangelof. Como si lo único bello que poseyeran fuera sus alas y las lanzas y espadas que portan.
— ¿Por qué regresaría con él?
— Porque era tu deber.— ¿Siguen con esa cantaleta?
— ¿Qué hacen aquí? ¡Largo!— ¡Ya vayanse, van a despertar a Lilu y me costó mucho trabajo dormirla!
— Hemos venido a informarte que nuestro hermano Lucifer, antes conocido como Samael, se ha levantado en armas contra padre y lidera una rebelión contra él.— Ese mensaje sí me paraliza, siento que la sangre se me va del rostro y el mundo pierde estabilidad.
— ¿Eso qué significa?— Sama... Lucifer, ¿qué estabas pensando?, ¿qué fue lo que sucedió?
— Qué él y todos sus seguidores han sido expulsados de los cielos.— ¡Ya dejen de hablar al mismo tiempo, maldita sea!
— ¡¿Pero qué le pasó a Lucifer!?— Sólo atino a gritarles, por eso Lucifer no regresó a mí.
— Él y los suyos ahora están encerrados en el infierno por su soberbia.
— ¿Pero por qué? ¿Qué fue lo que motivó todo esto?
— Tú.— Ellos me apuntan con sus esqueléticos dedos.— Lucifer acusó a Adán de atacarte violentamente y Padre le ordenó rendirle pleitesía. Cuando él se negó Padre lo castigó quitándole sus alas.— ¡Oh, no!— Al poco tiempo regresó con todos lo ángeles como él con la intención de asesinar a Padre. Pero fracasaron en su intento y ahora pagan por ello.
— ¡No! Volveré con ustedes pero déjenlos ir.
— Es muy tarde, ya no te necesitamos.
— ¿Qué? ¿Entonces, qué hacen aquí?— Estoy confundida,
— Ya te lo dijimos, hemos venido a informarte.
— Ya lo hicieron, ahora váyanse.
— No, no hemos terminado.— ¿Hay más?
— Ya no te necesitamos, Adán ahora tiene otra esposa, una que sí...— Se escucha de repente el llanto de Lilu, me debe de estar buscando. No, ahora no, por favor.
— ¿Qué es ese llanto?— Empiezan a hablar individualmente, eso es más aterrador. Sansenoy, entra en mi refugio.
— Una criatura no permitida por Padre, seguramente.— Semangelof, desenfunda su espada.
— Debe de ser destruida.— Sansenoy vuelve a salir con mi Lilu. La sujeta por las piernitas, sin importarle que así no se sujeta a una recién nacida.
— ¡No, suéltenla, dejen ir a mi bebé!— Les suplico, estoy casi segura que será en vano pero debo de intentarlo. Ella es todo lo que tengo.
— Esta cosa no debería existir.— Semangelof la atraviesa y parte en dos con su espada. Veo como Sansenoy la deja caer como si fuera basura. Para ellos, mi bebé es basura.
— ¡NO, LILU! ¡Lilu! ¡Lilu! ¡Lilu!
El mundo se vuelve lento, no escucho sus voces. Trato de alcanzar su cuerpecito pero Senoy me lo impide
— Tú serás castigada por tus transgresiones contra Padre.— Senoy me patea para alejarme de Lilu. Me saca el aire y avienta varios metros.
— ¡Li-ilu!— Escupo sangre y me duele mucho el abdomen. debo de estar sufriendo una hemorragia interna. No importa, debo de acercarme a Lilu, quiero estar cerca de ella, necesito estar cerca de ella.
Me levanto y voy trastabillando hacia el cadáver de Lilu.
— Muere por tus pecados.— Vuelven a hablar al unísono.
Ya sólo puedo sentir una lanza que atraviesa mi pecho con tal fuerza que terminó en el rió que me arrastra al mar.
No comprendo cómo sigo viva, pero lo estoy.
¿Sería la toga de Lucifer?
Se la pude haber puesto a Lilu, eso la habría protegido.
¿Mi egoísmo de sentirlo cerca ocasionó la muerte de nuestra hija?
No, eso es lo que ellos quieren que piense.
Fue Padre y sus estúpidas reglas las que pusieron en este predicamento.
No pocas fueron las veces en las que le dije que no quería estar cerca de Adán, que quería escoger a mi propio esposo. Y en todas y cada una de ella me ignoró o se burló de mí, o me llamó ignorante, o me amenazó con encerrarme en el infierno.
Me vengare, hare que Padre se arrepienta de haber utilizado la arcilla con la que nos creó, haré que Adán se arrepienta de haberme dirigido la mirada siquiera.
Con mis manos sujeto la lanza que sigue enterrada en mi pecho. Mientras lo saco una sensación en cuerpo me hace estremecer, siento una corriente eléctrica que inicia desde la punta de mis pies y que sube por todo mi cuerpo hasta la punta de mi cabeza. La toga de Lucifer, que aún porto, se repega a mi cuerpo como una segunda piel. En mi espalda se empieza generar un ligero dolor.
Me siento cansada.
Cuando recupero el sentido en la playa siento mi cuerpo ligero, mi visión es más aguda. También tengo una sensación extraña en mi espalda y la lanza que antes estaba enterrada en mi pecho se ha convertido en una especie daga, mis uñas se han afilado... me siento diferente. Cuando me incorporo noto que mi piel se ha tornado pálida.
No sé qué me ha sucedido pero me siento... poderosa.
Me toma varias horas poder regresar a mi antiguo refugio, la corriente me alejo mucho de mi campamento, necesito ver qué quedó de él. También quiero despedirme de Lilu, su pobre y tierno cuerpecito merece más que eso.
Ver que lo han quemado mi refugio hasta sus cenizas no me rompe el corazón, era de esperarse. Pero ver lo que hicieron con Lilu sí. No sólo la asesinaron partiéndola en dos con sus espadas. Han violado su cuerpo, puedo ver los restos de su semen, seguramente producto de sus masturbaciones, lo han pateado y destazado más. Lo que ya le habían hecho no era suficiente. Lo han hecho para burlarse de mí. Siempre había sospechado de que nos odiaban a Adán y a mí, pero hacer esto al cadáver de mi hija...
De la pequeña choza que tenía no queda nada. Aquí ya sólo me queda sepultar a mi Lilu para devolverle algo de dignidad.
El Jardín del Edén, mi antiguo hogar. El infierno que abandoné y al que regreso en búsqueda de retribución.
Por suerte no han bloqueado la salida que utilicé para escapar la primera vez. Esta salida se ha convertido en la entrada a mi justa venganza. Porque para mí nunca hubo acceso a la justicia.
Justo hubiera sido que Padre, ese monstruo, me hubiera dejado elegir, me hubiera permitido tener libertad.
Dentro del Jardín, caminando entre sus árboles, flores, escuchando el trinido de sus aves, de la aparente paz que ofrece y de que todo luzca tan vivo, mucho más brillante que antes de que me fuera, de que me lastimara los ojos. No obstante, me parece tan artificial, tan falso. El exterior, a pesar de su opacidad y de su ambiente hostil, me es más real y natural.
Regreso a la laguna donde Lucifer y yo teníamos nuestros encuentros clandestinos, necesito bañarme.
En mi reflejo puedo ver los cambios que he sufrido y no sólo me he vuelto pálida o mis uñas parecen garras. Mi cabello se ha vuelto de un tono cenizo y mis ojos violetas han adquirido un reflejo blanco. Pero lo que más me sorprende es ver que en mi espalda han aparecido un par de alas. No como las grandes, bellas y plumíferas alas que Lucifer portaba, éstas son más bien pequeñas y escamosas, parecen más bien diseñadas para flotar que para volar.
Las intento mover, es difícil, pero lo logro. Por cada movimiento que realizo con mis recientemente descubiertas, por más ligero que sea, sueltan un rastro de polvo brillante.
De la toga de Lucifer no queda mucho, está rota y manchada. Por fín, después del ataque de los ángeles, ha perdido su brillo y poder. O, tal vez, no lo ha perdido, me lo ha transferido. Otros cambios que he notado como mis labios que se ven más rojos y atractivos, como clamando por besar y ser besados y mis dientes, me han salido colmillos afilados.
Ya que que estoy aquí debo de pensar muy bien qué es lo que debo de hacer. Debo de observar primero lo que sucede en el Jardín.
Me he dado cuenta desde que he estado observando a Eva, la nueva esposa de Adán, de qué es curiosa, ansiosa por aprender, y de qué no le han explicado o no tienen la intención explicarle cómo funcionan las cosas en este lugar. Tal vez lo hacen para controlarla más fácilmente, un error del que me aprovecharé.
Eso la vuelve vulnerable y sugestionable.
— Hola, tú debes ser Eva, ¿o me equivoco?— La mañana que me le presento ante ella, me aseguro de que se encuentre sola, recolectando unas frutas o algo así. Demasiado temprano para mi gusto. Apenas se empiezan a ver los rayos del amanecer.
— Ah, hola. Sí, soy Eva, la esposa de Adán.— Me mantengo bajo las sombras de los árboles para que no puedan detectar mi presencia.— No te había visto nunca.
— Es que sólo puedo salir los días que el sol se oculta tras las nubes.
— Oh, eso lo explica, eres muy hermosa, tu ojos son fascinantes, ¿qué eres?, no he visto nada como tú en todo el Jardín.
— Puedes llamarme Serpiente... — Evado sus preguntas y no parece darle importancia.— ... Y dime, Eva, ¿qué tal es estar casada con Adán?
— Oh, él es maravilloso— Su voz no suena tan segura, pero no voy presionar en este momento.—, sólo que a veces siento que me oculta cosas.
— ¿Dime, pequeña, de dónde saliste?
— ¿Yo?, mmm, me dijeron que de su costilla. No recuerdo muy bien. — Eso explica su actitud más sumisa, la crearon para ser obediente a Adán.
— ¿Qué te han dicho de este lugar exactamente?
— Que este es nuestro paraíso mientras sigamos las reglas, que aquí está todo lo que necesitamos o podríamos necesitar.
— Mmm, he visto que lanzas piedras al lago en el centro del jardín, ¿por qué lo haces?
— Oh, eso, lo hago para ver qué sucede. He notado que dependiendo del tipo de piedra y de cómo la lanzes es el efecto que verás en el agua.
— Oh, con qué te gustan las ondas en el agua.
— ¿Así se llaman?, cuando le pregunté a Adán, él me dijo que dejara perder el tiempo.
— Ya veo... bueno, creo que es hora de que me vaya. Adios, Eva.— Ya está poniendo se en lo alto el sol.
— No, espera, Serpiente, ¿podríamos vernos otra vez?— ¡Perfecto!
— Sólo si no le hablas a Adán de mí.
— ¡Por supuesto que no le diré nada!
— Te veré aquí, mañana, a la misma hora a la que nos encontramos.
— ¡Aquí estaré!— Pobre, es tan crédula.
— Serpiente, ¿entonces, así es como se hace?
A pesar de ser más alta que yo, la tengo entre mis brazos. Tengo que aletear para poder estar a la altura adecuada para poder hacerlo. Asimismo, he notado que le gusta que la sostenga, reparo en ello por sus pezones erectos y enrojecidos por la sangre que corre en ellos. Me molesta eso, le estoy enseñando a pescar, no hay motivo para que se excite por algo tan inocuo.
— Sí, ahora empieza a tirar con suavidad o se romperá el cordel y escapará.
La ayudo a tirar de la caña, para ello la tengo que apretar un poco más a mí. Siento como se tensa ligeramente. Aún así, Eva y yo logramos sacar a un enorme pez que se mueve fuertemente tratando de escapar de nosotros.
— ¡Sí, lo tenemos!— Eva empieza a celebrar, retorciéndose entre mis brazos y llenándose del polvillo que cae de mis alas.
— No hagas eso, el pez va a...— Demasiado tarde, el cordel se ha roto y el pez ha escapado.
—Au, lo siento, Serpiente, no quería que eso pasara.— Ahí va mi cena, de regreso a la laguna.
— Perdoname, Serpiente.— Eva se voltea a mí, luce realmente apenada.— ¿y ahora que vas a comer?— ¿Por qué frota sus piernas así? Actúa como cuando yo estaba ansiosa de retozar con Lucifer...
— No hay problema, puedo buscar otra cosa.— Sus labios se están llenando de sangre y su vista se ha nublado. En el aire hay un aroma que me es conocido.
— ¡Ah, Serpiente...!— De repente ella se lanza a mis brazos, en busqueda de mi boca, no sé qué ha provocado esa reacción en ella. Pero me tumba suavemente en el suelo y empieza a bajar su boca por mi cuerpo y con sus manos a tocar todos los recovecos de mi cuerpo con una suavidad impresionante.
Por alguna razón mi hambre disminuye con cada beso y caricia que recibo de ella.
Sus besos y caricias son tan apasionados que siento como se moja mi coño. Debe de ser porque tengo tanto tiempo sin sentir pasión carnal.
Tal vez deba dejarla ser por un momento, al menos me pide permiso con la mirada a cada paso que da... es más de lo que obtuve alguna vez de parte de Adán.
— ¿Serpiente, cómo es que sabes tantas cosas?— Eva se encuentra encima mío, repartiendo besos con la boca abierta por mi estómago. No es la primera vez que tenemos encuentros como este. Ella es siempre la que los inicia y yo siempre la dejo ser y hacer. No es que no sienta placer de esto que tenemos. Los dedos y lengua de Eva son muy diestros y la forma con la que juega con mis pechos me han llevado al orgasmo múltiples veces. Pero no soy recíproca con ella, ni en afecto ni en pasión carnal. Tampoco es como si pudiera hacer, entre el hecho de que odio todo lo que se relacione con Adán y porque la única vez que quise darle un beso de premio por sus esfuerzos se volvió loca y no se calmó hasta que no me tuvo bajo suyo para hacer lo que quiso, aunque siempre me llevaba al orgasmo, por varias horas. Debo de admitir que es mucho más habilidosa que Adán en las artes amatorias.
— ¿Te molesta que lo haga?— Le permito escuchar ligeros gemidos de vez en cuando. Se conforma con tan poca cosa.
— No, por el contrario, me gusta mucho.— Empieza a utilizar su lengua y a darme lametones hasta llegar a la aureola de pecho y luego empezar a darle pequeñas, aunque placenteras, mordidas.
— ¿Te gustaría saber tanto como yo?— Es una pregunta honesta, pero tengo tiempo esperando lograr que quiera hacerlo.
— Me gustaría mucho.— Se pone ligeramente roja, muevo un poco más mis alas, para soltar ese polvo que poseen. Cada vez que lo hago ella se pone roja, algo somnolienta y ansiosa por ser tocada, lo que me ha ayudado a manipularla.
— Está bien, te enseñaré cómo es que aprendí todo lo que sé.
— ¡Sí!— Se lanza a mis labios emocionada, quiere más de mí.
— Te advierto que las consecuencias de ello tal vez no sean agradables.— Le informo cuando se separa de mis labios por un momento.
— No importa.— Reclama mis labios nuevamente, sin cuidado de los cortes que le dan mis colmillos, siente una fascinación por mis colmillos. La recibo, porque es todo lo que puedo y deseo darle. Me preocupa que esté dispuesta a recibir mis migajas pero no puedo y no tengo la intención de hacer nada al respecto. Ella es mi vehículo para vengarme de Adán y de Padre.
— Te lo diré, pero con dos condiciones...
— Me las dices después. Por ahora sólo dedicate a verme con esos hermosos ojos tuyos mientras juego contigo.— Vuelve a mi boca y baja su mano a mi centro con claras intenciones de retozar conmigo y por la forma en que habré mis piernas, serán varias horas... tengo suerte de que es una amante muy atenta.
Desde la distancia puedo ver que Eva ha llevado a Adán hasta el árbol de la sabiduría.
— Vamos, Adán, esposo mío. No va a pasar nada.— Eva utiliza los pucheros que le enseñé a hacer para ablandar a Adán.
— Pero, Eva, Padre nos lo tiene prohibido.— Ella tiene uno de los frutos del árbol de la sabiduría en sus manos.
— Yo lo morderé primero si así lo deseas.— Muerde gustosamente el fruto en sus manos, lo disfruta y jugo de la fruta resbala por su barbilla hasta llegar a su pecho.
Noto que Adán también siguió atentamente los movimientos de Eva y lo excitó. ¿Sólo en eso puede pensar ese estúpido? Su pene piensa más que él.
Eva le pasa el fruto al que ya le había dado tres mordidas. Adán, en su estupor, lo toma entre sus manos y lo muerde tímidamente. Deja caer el fruto, que rueda en mi dirección.
Eva y Adán se miran a la cara, los primeros efectos del fruto deben de estar empezando a darse. Una lujuria incontenible. Adán toma a Eva por el cabello y la fuerza besarlo, ella le corresponde, más presa por la lujuria, por la forma encrespada de sus dedos, que por deseos de estar con él.
Cuando Adán se lleva a Eva, seguramente para saciar su lujuria, me doy permiso para tomar el fruto a medio comer que dejaron caer al piso.
— Mi labor aquí ya ha terminado.— Sé que nadie me escucha. Me termino la fruta por ellos y tiro sus restos donde Padre pueda encontrarlo.
Será mejor que ya me vaya. No quiero ver la cara de tristeza de Eva al conocer el castigo que recibirán. Le advertí que lo habría. Pero ella nunca quiso escuchar mis advertencias, me besaba cada vez que lo intentaba.
— Te dije que habría consecuencias, sólo que no te dije que tan terribles serían.
Y pronto sentirán la primera de ellas.
Pudor.
Antes de irme para siempre del Jardín, tomo más frutas de los árboles prohibidos del jardín, tres del árbol de las calamidades y dos del árbol de la vida y la muerte.
Ahora ya sé cuál será mi plan contra Padre.
En mi camino por el mundo me he encontrado con otros seres divinos, pero no tan favorecidos por Padre. Me ha sido fácil seducirlos, especialmente si utilizo el polvo de mis alas. Asmodeo, un reflejo que mi querido Lucifer pudo enviar para que me acompañara, fue uno de mis amantes, uno de mis favoritos hasta que fue asesinado por uno de los enviados de Padre. Con él tuve miles de hijos e hijas que, como yo, se alimentan del placer de la carne, aunque sólo pueden acceder a ella a través de los sueños de los mortales.
Dos de mis amantes más importantes, antes que me encontrara con Asmodeo, fueron los hijos varones de Eva, Caín y Abel. Forniqué con ambos a espaldas de Eva, no quería romperle más el corazón. Sin embargo, creo que fui una de las razones de las rencillas que llevó a Caín a asesinar a su hermano Abel. No debí permitir que Caín me viera con su hermano y viceversa, o compartir encuentros con ellos a la vez. No eran muy buenos amantes en realidad, a diferencia de su madre, seguramente heredaron sus habilidades de su padre.
De Caín tuve tres hijos, y a cada uno le di uno de los frutos de las calamidades. Y con Abel, bueno, con su cuerpo moribundo, engendré una hija, a ella sólo le pude dar una de las semillas del árbol de la vida y la muerte.
Me guardé otra semilla, la última, para ella tengo pensado un uso que especial que le quiero dar.
Cuando Asmodeo fue asesinado, mi último pedazo de Lucifer en este mundo, decido que este será mi adiós, mi último embarazo. Consumo la semilla que me queda y con ella alimentos a mis hijos, estos trece bebés míos serán los artífices de mi venganza. Serán mis hijos de ojos violeta. Ellos se encargaran de darle lo que le falta a la hija que tuve con Abel. Algún día, de algún modo.
La muerte de Lilith se siente en todos los planos astrales, especialmente en el infierno. Lucifer, que había separado una parte de su alma y le había dado forma en Asmodeo, estaba especialmente triste al sentir que la vida de ella se desvanecía y volvía al torrente de la vida. Ella volvería, sin poder recordarlo, de cierto modo nunca sería ella.
— Yo también volveré al torrente de la vida. Así, tal vez, me pueda reunir con ella algún día.
Y con esas palabras se hirió a sí mismo de muerte y de la sangre que brotó de sus heridas las cadenas que le impedían a los otros ángeles caídos salir se abrieron. La tela de la realidad se rompió y permitió que los caídos, ahora llamados demonios, pudieran vivir en la tierra.
