My apocalyptic ways
Disculpen que me haya tardado tanto en actualizar, problemas familiares serios, y de hecho, este no es el capítulo completo, pero ya estaba tan largo que pensé que tal vez quisieran un adelanto.
Si les gusta la historia por favor diganmelo en los comentarios. Los reviews son el alimento del ficker.
Pasando las dos, o tres, partes de Historia de amantes volveremos a ver a nuestros protagonistas.
Sinopsis: Versión extendida y corregida de los días 13, 18 y 20 del mes Ichiruki, por lo que habrá más violencia, sexo y sangre.
Él es jinete de la guerra y ella la doncella que dará a luz al cordero, o eso se supone que debe de hacer, pero ella prefiere compartir lecho con él, si de ella dependiera el mundo podría desaparecer, ya poco importa.
Historias de amantes
Parte 1
La muerte de Lilith, la madre de los demonios, sacudió los planos de existencia de tal modo que se sintió hasta en lo cielos. Los ángeles, fieles a la obra de su Padre, se organizaron y urdieron un plan para acabar con la estirpe de Lilith y con los caídos que lograron escapar de su prisión por la sangre derramada por el suicidio de Lucifer. Los ángeles empezaron a organizarse, a veces utilizando su fuerza, otras engañando a los humanos. Aunque sus mayores éxitos radican en haber hecho tres cosas.
Lo primero que lograron fue tener una serie de bases en el mundo humano para albergar a un ejército mitad humano y ángel, conocidos como Nephilim; Senoy, Sansenoy, y Semangelof seleccionaron y adecuaron personalmente los lugares que serían sus bases de guerra para que pudieran camuflajear de la vista humana los enormes espacios de reproducción y crianza de sus Nephilim. Han secuestrar a mortales que les sirvan de madres y mantenerlas drogadas para que no luchen mientras cumplen su sagrada labor de incubar vida celestial, con salvarán sus almas pecadoras; fue una de las mejores ideas que pudieron tener los grandes gestores antes de regresar a los cielos. Tuvieron que secuestrarlas ya que, cada vez que un ángel se les acercaba para seducirlas, éstas huían por lo espantosos que son los ángeles a ojos humanos, ni el glamour que aprendieron a utilizar les servía por mucho tiempo.
Lo segundo, desarrollaron un medio de comunicación entre los que radican en la tierra mortal y sus hermanos en el cielo que son incapaces de bajar a la tierra; aunque requieren de monjas dedicadas a descifrar, ordenar y registrar esos mensajes ya que tienden a ser crípticos y alegóricos. La orden de las Teofanías es la principal y la mejor fuente de comunicación que tienen. La mayoría de estas órdenes están integradas por monjas y novicias que, por una razón desconocida, son capaces de ver a los seres celestiales y demoníacos sin volverse locas o asqueadas. Los ángeles tienen prohibido tocarlas de ninguna manera a riesgo de que pierdan habilidades.
Y lo tercero, su mayor orgullo, los escuadrones Copas y Trompetas; el primero, de mayor rango, tiene la capacidad de comunicarse directamente con entidades divinas no terrenales, sin necesidad de interpretar sus mensajes, también se encarga de actividades de coordinación y planeación estratégica; y el segundo escuadrón, de menor rango pero más poderosos en términos de fuerza, se encarga de actividades de cacería, rastreo y seguimiento de entidades demoníacas y su sirvientes. El poder que tienen ambos escuadrones viene de la sangre heredada a catorce familias por los primeros miembros de los escuadrones, ellos fueron seleccionados y ungidos por los ángeles Sansenoy y Semangelof, que no decidían cómo se debían de conformar sus tropas humanas y Senoy sugirió que cada uno conformara su propia tropa y que la primera en ser terminada tendría el mayor rango. Además ambas divisiones tienen sus agentes y aprendices que les ayudan a realizar sus tareas diarias.
La localidad de Sempringham, un pintoresco pueblo en la provincia de Lincolnshire, Inglaterra, es famosa por que atraen a muchos turistas que les interesa conocer el interesante pasado histórico del área, buscan un lugar tranquilo para descansar en alguno de sus exclusivos spa de aguas termales o asistir a los muchos y famosos festivales culturales y culinarios que se dan constantemente.
El, en apariencia, pequeño poblado está rodeado de ruinas arqueológicas, el antiguo convento de las Hermanas de la Orden Gilbertina, ahora convertido en museo de sitio, es de las más visitadas. El pueblo también alberga alberga a una pequeña orden que se encarga de actividades de beneficencia, aunque es sólo una tapadera para su verdadera función. Aunque algunas de las zonas arqueológicas están prohibidas a los turistas que se llegan a perder en ellas, particular y especialmente las que pertenecen a la iglesia. Otro dato para tener en cuenta al pueblo es por los prevalentes rumores de desaparición de personas, principalmente mujeres, pero que nunca figuran en las noticias o estadísticas nacionales, y cuando lo hacen son olvidadas rápidamente.
En una de las ruinas prohibidas, un arco de piedra caliza y mármol de gran tamaño de lo que antes fue la entrada a una edificación conocida como el Portón de la verdad, se encuentran tres personas. Una de ellos es Ganryu Kudo, miembro de las Trompetas, próximo a retirarse y heredar el puesto a su hijo, Fujimaru; él es un hombre con el que los años no habían sido muy amables con él, su cabello está totalmente encanecido y tiene cicatriz que va de su sien y termina debajo de su pómulo izquierdo son prueba de ello, aunque sus facciones atestiguan que alguna vez fue un hombre atractivo.
— Matsuri, este va a ser tu nuevo hogar.— Le dijo Ganryu a su hija mayor, Matsuri, una jovencita de cabello rubio que siempre lo trae sujeto en una cola de caballo y de profundos ojos azules.
La jovencita, de apenas dieciséis años, está confundida, ella ya tiene un hogar, no necesita estar aquí. O eso pensaba esa mañana. Desde la muerte de su madre, hará unos meses, que las cosas no están muy bien en casa, su padre pasa mucho tiempo con su gemelo, Fujimaru, y a ella la deja de lado o le relega a las tareas domésticas. A su hermano, menor por dos minutos, lo entrena en lucha divina y le enseña el lenguaje de los ángeles, pero a ella la aísla, a pesar de que se le facilita la lectura divina, casi ni se esfuerza, eso la ha obligado a realizar sus entrenamientos sin supervisión, lo cual puede ser peligroso. Bueno, aún cuando su madre vivía, su padre no la tomaba mucho en cuenta y parece que ahora ya no tiene pretextos para entrenarla.
— ¿Por qué estoy aquí, Padre?— La chica ya sospecha porqué está en esté lugar.
— Te convertirás en monja de las Teofanías.— Ganryu lo soltó como si hablara del clima con un extraño.
— Pensé que querías que me convirtiera en Trompeta, como tú.
— Padre, mi hermana tiene razón, ella siempre ha mostrado mayor dominio de...
— No digan tonterías— se voltea a Matsuri— , aquí estarás mejor, será más seguro para ti.
— ¿Padre, esto tiene que ver con lo sucedido con la Copa Giriko Kutsuzawa?, ella sólo era una niña y creo que...— Fujimaru trata de ablandar a su padre recordandole un incidente sensible de la niñez.
— No, Fujimaru, no tiene nada que ver, y no sé de donde sacaron la idea de que te podrías convertir en Trompeta, Matsuri, sólo puedo darle mi lugar a uno y es mejor que sea tu hermano. ¡Ahora caminen!
— Como digas, Padre.— Ambos jóvenes responden amilanados y cruzan el portal, saben qué pasará mucho tiempo antes que se vuelvan a ver.
Matsuri Kudo, ahora novicia de la afamada y secreta orden de las Teofanías, ha pasado los últimos tres años de su vida entrenando como leer e interpretar mensajes divinos, por lo que su capacidad y resistencia de combate ha desaparecido casi por completo y detectar y distinguir entes de humanos se le ha vuelto muy difícil por su contacto constante con ángeles y nephilims.
Por el otro lado, el tiempo la ha vuelto una joven muy hermosa que, a pesar de la ropa recatada, por no decir fea, se le ciñe al cuerpo de manera muy atractiva, al menos a los ojos de los pobladores; no es raro que se le acerquen a invitarla a salir, pero como novicia del pequeño convento del pueblo, aunque sea a la fuerza, está obligada a rechazar todas las propuestas que recibe. Su frustración de no poder tener las mismas experiencias que otras chicas de su edad las libera leyendo a escondidas esas novelas baratas de Harlequin, sus favoritas son las de su línea de novelas picantes.
— Matsuri, ven aquí!
— Dígame, Madre.
— Necesito que vayas al pueblo, el panadero tiene un nuevo aprendiz y quiero que le expliques cómo consumimos nuestro pan y prepares las nuevas órdenes para el mes.
— Como diga, Madre.— Ugh, qué flojera, explicarte a otro libidinoso que las monjas quieren pan duro, ¡como si tuviera algo de complicado!, lo bueno es que podré tomarme buena parte del día libre.
— No te tardes demasiado, aun tienes lecciones que estudiar.
— Cómo diga, Madre.— Ugh, ¿más lecciones?, ¿ahora de qué? Ya memoricé todas señales y el lenguaje angélico, puedo escribir y traducir sus versos mejor que nadie en esta abadía, puedo, incluso, hablar con ellos sin caer en la locura humana, ¿qué más quiere de mí?
— Hola, hola...— Entrar a la panadería por la puerta trasera, una costumbre adquirida para dirigirse a la atiborrada oficina de la panadería ya no es problema, ha venido tantas veces que ya nadie se sorprende cuando entra sin permiso con la encargada mientras hacía cuentas y preparaba pedidos de harinas y otros ingredientes. Aunque hoy fue un poco más difícil entrar a la panadería que en e otras ocasiones, había muchas chicas arreboladas en las vitrinas cuchicheando y tratando de ver algo hacia el interior.
— ¡Oh, Srta. Matsuri!, ¿viene a dejar la orden de la semana para el asilo?— Así es cómo esconden a la población que son realmente.
— Sí, me comentaron que el panadero tenía un nuevo aprendiz.
— Sí, Marco no aguantó la presión, tendrá que volver a explicarle cómo y cuando quiere le realicen las entregas.
Le deja el pago por el pan de la semana como es costumbre y se dirige a la trastienda a hablar con el nuevo aprendiz de panadero. Aprendiz es un eufemismo, todos en el pueblo saben que el panadero no tiene hijos a quienes dejarle el negocio y lo que busca es a alguien dedicado a quién pasarle sus recetas. Bueno, tenía una hija y ella amaba el negocio, pero desapareció hace varios años. Tal vez si no hubiera tenido un vientre tan fértil, ahora se encuentra en misión de Dios, misión forzada, pero misión al fin y al cabo. Lástima que ya no volverá por culpa de ello.
— Buenas tardes, ¿es usted el nuevo aprendiz?— Matsuri le hablaba a un hombre que se encontraba dándole la espalda mientras amasaba masa para baguette. El hombre se veía joven, aunque contrastaba enormemente con su cabellera tan rubia que parecía blanca, de cuerpo delgado pero con músculos fuertes y tonificados, se notaba por la forma tan firme y segura que amasaba, casi sin esfuerzo. Sin mencionar la forma en que el pantalón de su uniforme se amoldaba a sus estrechas caderas.
— Sí, soy yo, permítame un momento.— ¡Por Dios, qué voz tan masculina y dulce a la vez! Matsuri nunca había escuchado a un hombre con semejante voz y tuvo que ignorar la repentina y desconocida punzada en su vientre, pero esperó a que él cubriera la masa con un trapo húmedo para que no secara. Cuando el joven se dió la vuelta, supo cuál había sido el origen de la punzada, que ahora se empezaba a tornar en humedad, estaba excitada por primera vez en su vida.— ¿Dígame, en qué puedo ayudarla, Señorita...?
— Ma-Ma-Matsuri, Matsuri Kudo.— Nunca en su vida había sentido la lengua tan torpe, mucho menos por una cara bonita.
— Encantado, Señorita Matsuri, ¿en qué puedo ayudarle?— ¡Qué sonrisa tan encantadora tiene! Con razón había tantas chicas afuera de la panadería, estaban esperando poder verlo con sus propios ojos.
— ¿Señorita?, ¿Señorita?— Matsuri no se dió cuenta cuánto tiempo llevaba embelesada, admirando sin responder, cuando volvió en sí, podía sentir cómo se le encendían las orejas de la vergüenza.
— L-lo siento, es que no esperaba que el nuevo aprendiz del Panadero fuera tan joven.
— Oh, no soy tan joven, sólo lo parezco.— Hasta su mirada violeta pareciera que sonríe.
— Ah, usted disculpe entonces. Vine a dejarle las instrucciones para el pan que requerimos en el asilo.
— ¿Para el asilo?, me imagino que lo quieren blando y esponjoso, que sea fácil de masticar para que no lastime las encías de los abuelos.
— No, lo requerimos duro.
— ¿Duro?, eso no es bueno para los ancianos, podrían lastimarse sus encías.
— Eso no es de su incumbencia.— Les dije a esas malditas ancianas que necesitábamos cambiar la orden antes de que comenzaran a sospechar.
— Lo es si mi pan lástima a los ancianos y daña la reputación de esta panadería.
— Es lo que podemos pagar.— Es mentira, pero las monjas lo hacen por penitencia, como castigo por las chicas a las que les roban, robamos, su futuro.
— ¿Entonces quieren pan viejo?
— No, sólo duro.— ¿Por qué eres el primero que hace preguntas?
— Es que el pan viejo es más barato.
— No es lo que quise decir.— Por favor, ya déjalo y sólo toma mi orden.
— Ah, ya entiendo, preparan sopa de pan duro.
— ¿Eh?, sí por supuesto, los ancianos se toman, a veces, tanto tiempo en comer que si les damos pan suave este esté tan mojado que arruine la sopa para ellos. Por cierto me llamo Kokuto.
— M-mucho gusto— Se dieron un apretón de mano y se dedicaron buena parte de la tarde en realizar los arreglos del pan.—, pero le pido que no me trate con tanta familiaridad,soy una novicia y se vería mal de mí que me vean hablando tan familiarmente con un hombre.
— La entiendo, por mí no se preocupe.— La sonrisa tan hermosa que le dedicó hizo que se hiciera consciente de su coño, de cómo sus labios vaginales dolían y de cómo este se empapaba con la sola presencia de ese hombre.
— Kokuto... ah, tenemos que parar.— La joven novicia con mucho, y doloroso, esfuerzo separa su boca de su recién adquirido amante. Sus medias, zapatos y velo fueron las primeras prendas que terminaron en el suelo, además de su pantaletas rotas en su centro, cuando Kokuto le hizo saber lo que era recibir un beso entre sus piernas. Ya han tenido momentos vigorosos, pero es la primera vez que pasan de los besos fogosos y las caricias ardientes.
Las poderosas manos de Kokuto acarician y moldean las curvas de Matsuri por encima de su ropa como si fueran la masa con la que trabaja, le da tanto placer que las noches en las que ella se permitía fantasear con él palidecen a ese momento.
— ¿Estás segura?— Él baja su boca al cuello abierto de su hábito, separarse de ella en este momento le es imposible.
— No, pero me tengo que ir, mi padre viene a verme esta noche.— a pesar de sus palabras mete sus manos bajo la camisa de trabajo de Kokuto y se dedica a acariciar a placer los musculosos pectorales.
— ¿Segura que me vas a dejar así?, no quisiera que alguna de mis admiradores me vieran en este estado y traten de aprovecharse de mí.— Toma una de las manos de Matsuri y la dirige para que sienta su abultada erección, pero sin dejar de besar el cuello de la novicia.
— ¡Oh, no podemos permitir algo así!— Y no lo iba a hacer, ¡qué terrible sacrificio será el sentir como la verga de Kokuto, y no sólo sus dedos, se abre paso entre sus muslos hasta llevarla al placer máximo por primera vez!
— Pero tu padre...
— Mi padre se puede ir al infierno.— La discusión terminó cuando ella se quitó el vestido de su hábito y el sostén que escondía sus pechos, al cabo tenía mucho tiempo para regresar. Si iba a pasar el resto de su vida encerrada en un convento leyendo y transcribiendo mensajes divinos al menos lo haría siendo una mujer.
— ¡Hermana, te has vuelto tan hermosa!— Fujimaru sorprende a su hermana con un fuerte abrazo, a pesar de la obvia confusión
— ¿Fujimaru, que haces aquí?— ¿Dónde está Padre?, él dijo que tenía algo que pedirme.
— He venido a verte en nombre de Padre, él se encuentra en una reunión y no quería perderme la oportunidad de verte.
— Yo también te he extrañado mucho.— Matsuri le devuelve el abrazo con fuerza, su Padre se encargó de cortar todo contacto entre ellos, alegando que se debían de concentrar en sus respectivos entrenamientos.
— Toma, te traje un mensaje de Padre.— Le entrega a su hermana un sobre finamente lacado y con letras doradas.
— ¿Un mensaje?, es la invitación para una boda...
— Es la invitación para la boda de Gin Ichimaru, el hijo de la IV Trompeta, y Rangiku Matsumoto.— Fujimaru respondió la duda en el rostro de Matsuri.
— ¿Pero... por qué estoy invitada?— Eso extraña a la joven, una boda entre los suyos dura días sino es que semanas y cómo novicia no puede alejarse demasiado del convento, las Teofanías no permiten que sus monjas y novicias se alejen por más dos días de su recinto.
— Creo que Padre desea que regreses a la familia.
— No suenas muy seguro.
— Es porque no lo estoy, no confío en Padre, hay una nueva II Trompeta y la Copa Giriko Kutsuzawa está llegando a su fin.
— ¿En cuánto tiempo es la boda?
— En tres meses. Padre dijo que enviará por ti que hará los preparativos necesarios.
— ¿Cuánto durarán las festividades?
— Un mes, al parecer.
— Ya veo.— El miedo y la resignación empiezan a acumularse en ella. Apenas acaba de descubrir el placer de sentirse plena con un hombre y tal vez, pronto, ya no lo volverá a ver.
— Dejarás de ser ser novicia, volveremos a ser familia.
¿Pero a qué precio?
— M-matsuri, estás m-muy ansiosa hoy.— Hoy Matsuri ha decidido estar arriba, montando a Kokuto, sus movimientos son rápidos, frenéticos, ansiosos por sentir a Kokuto dentro de ella. Si bien era cierto que Kokuto era virgen antes de que se conocieran, sus destrezas sexuales de han salido a relucir con ella y no han dudado en sacarles provecho a los pocos días que les quedan juntos. De sólo pensar que tienen que aprovechar el poco tiempo que les queda, hace que los pezones de Matsuri se endurezcan por la atención que van a recibir y su coño duela de lo vacío que se siente antes de chupar la dura verga de Kokuto como para que esta nunca se vaya.
— Es que, ahhh, h-hoy quiero, ah, todo de ti.— Ella lo tenía a su merced, complaciendola en todas las formas que se le podían ocurrir, no sabía cuando su padre enviaría por ella así que tenían que aprovechar.
— Pero, ah, no hemos tomado...pre-precauciones.— Kokuto aún trataba de ser la voz de la razón entre los dos, a pesar de que él tampoco perdía la oportunidad de probarla de maneras diferentes y en lugares diferentes, muchas veces inapropiados. El haber tenido relaciones en la mesa de trabajo de la panadería fue muy imprudente y hace que casi los descubran. Aunque la experiencia les encantó, explicar a las monjas las manchas de harina en su hábito requirió de muchas explicaciones.
Para Kokuto, el sólo verla o escuchar el simple sonido de su risa, por una razón que aún no llegaba a comprender, y contra su buen juicio, hacía que la sangre de su cuerpo se aglomerara en su pene hasta convertirlo en el falo más duro y ansioso por hundirse en su carne. Siempre, a diferencia de sus hermanos y hermanas, nunca requirió alimentarse directamente de la energía sexual de los que lo rodean, o tuvo deseos de fecundar a nadie y, de hecho, por seguridad, lo evita. No obstante, desde que conoció a Matsuri... ya perdió la cuenta de todas las veces en las que se vino dentro de ella y de cómo su semilla pareciera sólo excitarla más, pues sus encuentros se han vuelto cada vez más largos y arriesgados.
— No me, ah, importa, ya v-veremos qué sucede...ah, te siento tan, ah, ah, profundo... — Matsuri se acercó a su pecho para besarlo sobre el lunar en forma de luna creciente que tanto la fascinaba, mientras él la sujetaba de las caderas para mantener el ritmo.— Tú sólo dámelo todo de tí.
— Te sientes tan bien, como si fueras hecha para mí.— La luz de la luna que se cuela por la ventana hace que se le olvide todo menos el bello rostro de Matsuri mientras alcanza el cuarto orgasmo de la noche, pero que sigue siendo insuficiente para satisfacerla. Y él está más que dispuesto a saciar todos los apetitos de su mujer.
Mantuvieron el ritmo e hicieron el amor casi hasta el amanecer, hora en la que Matsuri tenía que regresar al convento para que no notaran su ausencia porque para las monjas, ella seguía siendo tan casta como desde el día en que llegó.
Las festividades previas a la boda han sido muy elaboradas, su padre la trajo dos semanas antes de lo esperado para llevarla a comprar un guardarropa nuevo y adecuado para una joven de su alcurnia, pues los andrajos que vestía en en convento, palabras de su padre, y la falta de vestidos de gala no se verían bien viniendo de la hija de la III Trompeta. Si bien se divirtió probandose ropa como antaño, viendo maquillaje, escogiendo zapatos y joyería y, en general, comprando todo lo que se pusiera en frente, no podía evitar tener un mal presentimiento, como si la estuvieran tratando como a una muñequita. Aunado al hecho de que no tuvo oportunidad de despedirse o explicarle nada a Kokuto, le han dejado un terrible un vacío en el estómago.
Tampoco le ayuda que las últimas semanas no se ha sentido particularmente bien; sí, su cabello se ve más sedoso, aunque eso puede ser por los tratamientos de cabello que le hace la estilista cada semana; su rostro brilla como nunca, seguramente es por las mascarillas y el maquillaje que está aprendiendo a ponerse; siente sus pechos más turgentes, ha de deberse a los sostenes nuevos que está utilizando; pero, su menstruación, que es menor, debe ser por los nervios el que sea irregular no le ayuda... sí debe de ser eso y las náuseas deben de ser por los cólicos.
— Hermana, luces espectacular, debes de tener cuidado de no opacar a la novia, ja, ja, ja.— El vestido de chifón azul tenía vuelo en las piernas que le permitiría bailar a placer, toda la noche si así lo deseaba, en la cintura se le ceñía con un lazo largo y el pecho y la espalda del vestido estaba adornado con encaje en forma de flores y hojas que que estaban sobrepuestas en una tela transparente que la hacían parecer semidesnuda y que se sostenían por arte de magia, con zapatos y aretes a juego. El peinado que había escogido lo tenía sujeto con una trenza con pequeñas flores y en la unos pocos mechones traviesos caían por los lados de su rostro, dándole una apariencia de ternura y pureza.
— Fujimaru, no digas tonterías, nunca podría opacar a una belleza como la de Rangiku-san.
— Tu hermano tiene razón, Matsuri, te ves hermosa.— La forma en que lo dijo su padre, a opinión de Matsuri, no se sintió ni la mitad de cálido de cómo lo dijo Fujimaru, más bien pareciera que un glaciar hablara. Ganryu no fue capaz de fingir, siquiera, una sonrisa en su rostro.— Hay alguien que se sentará en nuestra mesa y quiero que ambos— No obstante, la dureza de su mirada estaba dirigida a su hija— se comporten como se debe y sean amables.
Matsuri no pudo evitar sentir como un escalofrío le recorría la espalda, y le recordara a un evento similar de su niñez.
La boda fue espectacular. El propio ángel Gabriel bajó a oficiar la ceremonia, eso habla de la importancia de los novios. Ni Matsuri ni Fujimaru conocían mucho acerca de la familia de la novia, pero es bien conocido que la familia Ichimaru han tenido la posición de Trompeta por generaciones. Fue todo un espectáculo de luces y chispas cuando los novio dijeron acepto y sellaron su unión con un beso. Y la novia, ¡guau!, se veia espectacular con ese hermoso vestido con corte de sirena y pecho en forma de corazón que hacía resaltar su abundante pecho, hasta el propio Gabriel se sonrojo múltiples veces mientras oficiaba la boda.
Pero, si por un lado, la boda fue espectacular, la primera noche de la fiesta no lo fue tanto, al menos no para Matsuri y su hermano. En su mesa, no sólo estaba sentada la última amante de su padre, a la que conoció hasta esa noche y que era muy antipática con ella; la novia de su hermano estaba bien pero estaba tensa, probablemente le tenía miedo a su padre; los escuderos de su padre y sus esposas, que tenían cara de cansancio, eran amables pero se notaba que no durarían mucho esa noche o las próximas noches que duren los festejos; pero lo peor de la mesa era la presencia de la Giriko Kutsuzawa, un soltero y casi un anciano del que Matsuri no quiere recordar. Su hermano la hizo sentarse entre él y su novia, lo más alejado posible de la Copa.
Afortunadamente, el hombre pareció entender la incomodidad que producía en ella porque después de la cena y el brindis, se retiró con la excusa de que tenía asuntos que tratar que le impedían quedarse más tiempo esa noche. No sin antes de dedicarle a Matsuri una mirada apreciativa, parecía que la desnudaba con la mirada por la forma en que se relamió los labios al despedirse de los presentes en al mesa.
Ya cuando pasó el primer baile de la pareja, ya sólo quedaban en la mesa Matsuri, su hermano y su novia, que entablaron una plática amena y en la que le comentaron que estaban pensando comprometerse dentro de poco.
— ¿Cómo se la están pasando en la fiesta?— Los novios pasaron a la mesa a hablar con sus invitados.
— Muy bien, gracias por preguntar.
— Tengo una curiosidad, ¿cómo es que se conocieron?— La curiosidad de la novia de su hermanos pudo más, ella es una neófita, por lo que todo es nuevo para ella.
— Oh, bueno, nos conocimos cuando yo estaba rastreando a una demoniza, una sucubo.
— ¿Eres agente de campo, Rangiku-san?— Hasta yo estoy sorprendida, rara vez podemos ver mujeres agentes de campo e investigación.
— Siempre me he preguntado cómo se cazan a esos demonios de los sueños.— Matsuri y Fujimaru, como muy pocas veces, hablaron al mismo tiempo.
— No es nada espectacular, siempre y cuando no hayan despertado el instinto sexual de su víctima.— Gin intervino.— Sólo necesitas cristales de cuarzo para detectarlos y una daga santificada.
— Bueno, pues, Gin, llegó y me interrumpió cuando estaba a media cacería, la maldita ya había secado a su víctima, inclusive estaba embarazada. Obligarla a tomar forma corpórea no fue fácil pero ya la tenía acorralada.
— Pero te pedí perdón, creí que era el demonio tras el que estaba.
— ¡Aja, y tres años después y aún no lo encuentras!
— Pero ya llevamos once de los trece, le ha tomado milenios a mi clan encontrarlos y matarlos.
La discusión de la pareja era tan divertida, se notaba que había camaradería, aunque el matrimonio fuera arreglado.
— Lo que sucede es que la sección de Gin tiene la misión de atrapar a los Lilim.— Rangiku respondió la pregunta en sus rostros.
— Pero, atrapar a trece íncubos no puede puede tomar tantos años.— Fujimaru no se puede creer que semejante clase de monstruos puedan ser tan esquivos.
— ¿Trece?, nunca he escuchado que haya tan pocos súcubos e íncubos.— Incluso a Matsuri la pareció extraño esa información, todos estaban en el entendido de que se contaban por millares los demonios del sueño.
— Es porque no los hay, estos trece son diferentes. Mientras la mayoría de los súcubo e íncubo no viven más de veinte años, estos han vivido desde la era del génesis.— La voz de Gin se tornó seria
— ¡Eso no es posible!
— A menos que seas de la última estirpe de Lilith.— Sentenció Rangiku, ella debe de saber algo.
Incluso entre clanes de hay secretos y misiones que se guardan por seguridad de que haya un traidor entre sus miembros.
— Pero ya estoy muy cerca de atrapar al doceavo, ya sé cómo identificarlo, cuando lo tenga, el treceavo será pan comido.— Gin parece satisfecho consigo mismo.
— Perdón, no entiendo de qué están hablando, ¿cómo identificas a demonios tan particulares si se han escondido por tanto tiempo?
— Para empezar, viven más, mucho más, que el promedio, no se alimentan a través de los sueños y de hecho tienen forma corpórea todo el tiempo, a diferencia de sus primos que embarazan espiritualmente. Parece ser que los Lilim buscan a alguien especial entre sus hijos. Aunque no veo cómo si abandonan a la pareja y al vástago al poco tiempo de dar a luz.
— ¿Los qué que?
— Son la casta especial de incubo y sucubo, los últimos hijos que tuvo Lilith antes de morir. Los llamamos Lilim.
— ¿Y son speciales, cómo? Si no se alimentan a través de los sueños, ¿cómo se alimentan?
— Del coito que tienen con sus víctimas, aún no sabemos porqué lo hacen, pero se caracterizan por ser muy atractivos a los ojos de las mujeres y hombres y por querer dispersar su semilla o, en el caso de las súcubo, de tratar de quedar preñadas de sus víctimas. Sus pobres víctimas quedan tan embelesadas con ellos que no dejan de pensar en fornicar con ellos aunque se les seque el cuerpo y el alma y una vez que los abandonan mueren por el abandono o por la energía que pierden durante el parto.
— Suena tan inverosímil. De existir, deben de parecer humanos comunes y corrientes, ¿cómo los identifican?
— De dos maneras por tener un lunar en forma alguna de las fases de la luna en alguna parte de su cuerpo y los ojos violetas que heredaron de sus madre.
— ¿O-ojos violeta?— ¿Como los de Kokuto?
— Sí, por alguna razón, los ojos violeta despiertan los instintos sexuales de los que se encuentran a su alrededor.
— ¿Eso quiere decir todos los súcubo e íncubo tienen ojos violeta?
— No, incluso entre los demonios, ese color de ojos es raro y hasta codiciado.
— ¡Basta de hablar de trabajo, Gin! Es nuestra fiesta de bodas y ahora quiero que me saques a bailar.
— Lo que tú quieres, Ran-chan, es que vayamos al bar por unas copas de sake.
— ¡Mentira!, pero si pasamos al bar no me opondría, je, je, je.
Con esas palabras la pareja se retiró y poco tiempo se fueron a celebrar su noche bodas, a la mañana siguiente la fiesta continuaría para presentar la tela de la pureza, en la que se vería la sangre que demostraría que Rangiku llegó casta al matrimonio. Aunque, considerando la edad de ella, de que su compromiso fue largo y de la forma tan física en la que se tocan, es probable que ellos hubieran consumado su relación hace mucho tiempo y que la ceremonia de mañana sea puro formalismo o la prueba esté falsificada.
Los días posteriores a la fiesta, durante las celebraciones menores, Matsuri seguía asustada de la plática con los recién casados. Kokuto tenía ojos violeta y en su pecho tenía un lunar que le recuerda a una luna creciente, y no ha tenido una menstruación normal desde que empezó a tener relaciones con él y el hecho de que últimamente ha tenido náuseas y de que le duelen sus pechos... Está de más decir que está temerosa de que posiblemente esté embarazada, de que el padre sea un demonio o de lo que le harían por estar embarazada de un uno.
— Matsuri, ven aquí.— Su padre la llamó con algo de vehemencia. Él se encontraba en el estudio de la villa en la que estaban hospedados.
— ¿Me llamaste, Padre?
— Hay algo que tengo que decirte...espero que recuerdes que anoche en nuestra mesa se sentó una Copa.
— Sí, lo recuerdo, la VII Copa, Giriko Kutsuzawa, el hombre que...
— El hombre con el que te vas a casar.
— ¿Qué?
— He pasado el último años negociando con él tu futuro matrimonio, ¿por qué crees que te saqué del convento?
— ¿Porque querías que volviera a la familia?
— No digas tonterías, ¿qué utilidad me darías, especialmente estando sucia?, además Giriko quiere herederos y qué mejor que mezclar nuestros clanes.
— ¡Padre, no puedes hablar en serio! ¡Tú sabes perfectamente que ese hombre...!— La bofetada que le dió Ganryu a su hija que resonó en el salón y su rostro reflejaba furia contenida.
— ¡No te atrevas a hablar mal de alguien tan honorable como Giriko!
— ¡Pero me violó!
— ¡Tú, de puta, lo sedujiste!
— ¡Tenía doce, no pude hacer tal cosa!
— Pues ahora resarcirá el daño casándose contigo, después de todo ya eres su mujer, y le darás herederos después de que nos deshagamos de lo que llevas en tu vientre, no es como si fuera la primera vez que nos deshacemos de un estorbo.
— ¿De qué estás hablando, Padre?
— ¿Crees que no me di cuenta de que estás embarazada?
— No estoy embarazada.
— Claro que lo estás, las monjas me contaron que te escabas por las noches para verte con tu amante y que regresabas con tu ropas desordenadas.
— Pero eso no significa que...
— Luces igual que tu madre cuando quedó embarazada, brillas con la luz de maternidad.
— Está noche vendrá el arcangel Uriel a oficiar la ceremonia y las tierras de los Kutsuzawa en una semana, ahora pasarás a ser su problema.— Con esas palabras su padre la dejó sola en el estudio para que se lamentara de su destino.
Estoy embarazada... pero esta vez, ¿si lo quiero?, no fue concebido por... y, tal vez, no amo a Kokuto, pero todo fue... ¿qué voy a hacer?, como lo extraño... no importa si me engañó, él no me forzó a nada. ¿Qué voy a hacer? ¿Qué puedo hacer?
La pobre Matsuri no reaccionaba, la ceremonia de su boda fue más bien estéril, plana, casi un sucio secreto. Hace unos días era la chica más popular durante la boda, a la que todos los jóvenes le pedían un baile, la que se divirtió platicando con la gente y comiendo del banquete. Ahora se encuentra en a horas de una boda con un monstruo.
— Señorita, no creo que lo que me pide su padre sea posible.— La doctora que mandó llamar su padre tiene rato que la está auscultando, es un mujer amable y trae consigo un aparato de ultrasonido portátil.
— ¿Eh?— Matsuri no sabe qué pensar, no quiere casarse pero no sabe cómo huir o a dónde ir. Con Kakuto no es posible, no ahor aque sabe que es un demonio.— ¿A qué se refiere, Doctora?
— Usted tiene más de más de 16 semanas de gestación— La doctora seguía moviendo lentamente el cabezal por encima de su vientre.—. La única manera de realizar un aborto en esta gestación es de manera quirúrgica y, si bien es un proceso rápido, tendría que tenerla en observación una cuantas horas y en este lugar carezco del equipo para realizarlo de manera segura.
— ¿Eso quiere decir que, Padre tendría que posponer la boda?— Matsuri lo dijo más para sí.
— ¿Boda?, ¿Señorita, usted realmente desea abortar?, su padre me dijo que usted deseaba el procedimiento con premura.
Matsuri se le quedó viendo a la Doctora, no lo había pensado. No había ni siquiera pensado en la posibilidad de estar embarazada mientras estaba con Kokuto, quería fingir que eso no podía ser, por lo que no se cuestionó si deseaba o no ser madre, pero con esa pregunta se dio cuenta de que quería ser la madre de lo que fuera que estaba en su vientre. Ella lo traería a este mundo, sin importar lo que pensara su padre.
— Ella no desea abortar, Doctora.— Fujimaru, que había estado en silencio, alejado de las mujeres, intervino.
— ¿Entonces, por qué estoy aquí? Quiero que entiendan que si mi paciente no desea atravesar por el procedimiento no habrá poder humano que me obligue a realizarlo.
— No deseo que lo haga, necesito que me ayude a sacarla de aquí.
— ¡FUJIMARU!— Ganryu entró a la enfermería, en la que se encontraba su hijo.
— ¿Qué sucede, Padre?— El aludido estaba tendido en una cama, apenas estaba despertando. Su novia lo había encontrado tirado en el estudio donde la doctora revisaba a su hermana.
— ¿DÓNDE ESTÁ LA PUTA DE TU HERMANA?— Ganryu llegó lo más rápido que pudo cuando le informaron que su hijo estaba inconsciente y su hija desaparecida.
— No me grites, que no soy tu sirviente ni escudero.
— ¡DIME DÓNDE ESTÁ TU HERMANA!
— No lo sé, sólo recuerdo que acompañé a la doctora a su auto, dijo que volvería mañana a realizar el procedimiento de Matsuri.
Fujimaru ya no escuchó la respuesta de su padre porque este se retiró rápidamente a armar equipos de búsqueda pensando de que no pudo haber huido lejos.
— Muy bien, querida, puja, ya casi sale.
Matsuri se encontraba en un pueblo de la Sicilia rural, gracias a su hermano y a la doctora había podido escapar. Isane Kotetsu, desde entonces, se ha vuelto en una muy buena amiga y mantienen una muy cercana relación por correspondencia. Ella la ayudó a trasladarse con su mentora, la prestigiosa doctora Yachiru Unohana, a un pueblo poco poblado. Por sólo un euro se pudo hacer de una casa, bastante grande por cierto, con la condición de que la renovara y viviera en el pueblo, con planes de convertirla en un hostal para turistas. La hija de la doctora, Retsu, ha sido una compañía agradable y la ha ayudado mucho durante estos meses, en particular porque su primer trimestre lo pasó sin los cuidados prenatales debidos.
— La tengo, Matsuri... es una niña hermosa.
Matsuri, por su parte, estaba agotada, el parto fue largo y difícil, aunque la silla de parto vertical redujo mucho el dolor. La bebé venía de pies y Unohana tuvo que estimular a la bebé a tomar la posición correcta y después se subía de su posición. No fue hasta que Yachiru le dijo a Matsuri le dijera a la bebé que necesitaba nacer es que ésta aceptó hacerlo. Estuvieron muy cerca de tener que realizar una cesárea.
— Enfermero tome nota, Bebé Shinomoto, secxo mujer, , nació vivo, pesa 2.9 kg y mide 48 cm. Peso y talla dentro de lo esperado. Báñela, debo de regresar con la madre. No olvide realizar la prueba del tamiz.
— ¿Matsuri, cómo te sientes?
— Cansada, ¿cómo está mi bebé?
— Hermosa, tiene los cabellos negros más bellos que he visto.
¿Cabellos negros?, ¿de quién los habrá heredado?
— ¿Sus ojos?, ¿de qué color son?— No quería que
— Querida, eso es imposible saberlo hasta dentro de un mes. Mejor relajate, en un momento Hanataro traerá la bebé y aún tienes que expulsar la placenta.
— Matsuri-san...— El enfermero, un joven aparentemente escuálido y tímido le trajo a la nueva madre a una pequeña que no dejaba de llorar por el frío y por el cambio repentino del mundo al que conocía.— Siento que su difunto marido no pueda estar aquí para ver lo hermosa que es su hija.
— Gracias, Hanataro.— En cuanto el mencionado le dió la bebé a Matsuri y ésta la acomodó en su pecho desnudo por debajo de la bata, la pequeña dejó de llorar y se relajó. Fue en ese momento en el que ella tuvo una sensación extraña en sus pecho, en es especial en sus pezones.— Eres hermosa, no podía esperar más para conocerte.
— Ahora debes de acercarla a tu pezón para que empieces a producir calostro, te costará trabajo y ella no sabrá que hacer al principio, así que debes de ser paciente por las dos.
La Doctora se dedicó varios minutos a darle indicaciones y recomendaciones de cómo posicionarse correctamente para amamantar, además de posibles complicaciones que debe de esperar.
— Dime, Matsuri, ¿ya sabes cómo la vas a nombrar?
— Por supuesto, se llamará Hisana.
— ¿Deseas que le informe a tu hermano?
— Por favor, me encantaría hacerlo yo misma pero temo que...— No tener contacto con su hermano es una de las pocas cosas lamenta de haberse escapado de su padre y familia, pero no cambiaría a la pequeña Hisana por nada del mundo.
— No tienes nada que decir, es lo mejor para ti y la pequeña Hisana que todo se mantenga así. ¿quieres que le envíe una fotografía?
— Le estaré muy agradecida si lo hace.
