Disclaimer: Pokémon no es mío, tal vez en mi próxima navidad (?).

Sinopsis: el entrenador de fuego, Ash Ketchum, ha sido testigo de la desaparición de May, su novia y princesa del Reino Pallet. Para encontrarla ha iniciado un viaje junto a Misty y Ritchie en busca de los diez legendarios entrenadores. Ahora, finalmente han dejado Ciudad Azulona y se dirigen hacia un nuevo destino, ¿qué retos los esperan? ¿Ash logrará salvar a May?

Gracias a sumi-chan! Mi beta reader (la mejor!)

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Light's Travel

By kasumi_21

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Capítulo XII: La chica de cabellos lila.

Andando por los caminos de tierra y con la mirada perdida en el atardecer, Ash agotaba el tiempo mientras avanzaba lejos de Azulona. Atrás suyo podía escuchar la voz de Misty, enfadada e irritante, que se había dedicado a regañar a Ritchie desde que habían salido de la ciudad. El último respondía sólo con frases y monosílabos y ya parecía bastante aburrido por la situación.

- ¡Es por eso que digo que eres injusto! - la pelinaranja gritó con fuerza y Ash se preparó mentalmente para otra ronda de pelea. Ahora que se encontraba fuera de una discusión con Misty, podía sentir un poco más de simpatía hacia Ritchie y a lo que había tenido que soportar en días anteriores.

- No es tu asunto… - respondió el ojiazul y Ash por primera vez se volteó a ver a la pareja, esa respuesta era la primera que denotaba cierta rudeza del chico. Antes que pudiera planificarlo, los ojos castaños se movieron hasta la chica y encontraron en ella una expresión de sincera sorpresa.

- ¡C-claro que es mi asunto! ¡Erika es mi amiga! ¡Y tú no tienes derecho a tratarla de esa manera! -

Ritchie lanzó un bufido y aumentó su marcha siguiendo al pelinegro, el mismo que había aprovechado la poca atención de la pelirroja para iniciar el trayecto de un nuevo atajo. Ahora estaban ingresando al bosque de ciudad Azulona, cuyas características se hacían difíciles de observar en aquel atardecer. - ¡Ritchie, te estoy hablando! -

- ¡No sé qué es lo que te molesta! ¡No he hecho nada para que me estés regañando! - Ash espió la conversación por sobre sus hombros y le concedió su apoyo silenciosamente al ojiazul.

- ¡¿Te parece poco la forma en qué te despediste de ella?! -

- ¡¿Y qué querías?! ¡¿Qué le diera un beso de despedida y le prometiera amor eterno?! - le gruñó y Misty retrocedió levemente, en especial por empezar a comprender la posición del ojiazul. Ciertamente, por más hechizos que se posaran entre ellos, era imposible que el amor se desarrollara tan sólo en cinco días.

- E-eso es cierto, pero… - el orgullo femenino se negó a ceder - ¡No debiste ser tan impersonal con ella! ¡Fuiste muy cruel! -

Ante la afirmación, Ash se vio duramente tentado a entrometerse en la conversación. Realmente no entendía como esa mujer podía decir aquello, conociendo los sentimientos que Ritchie poseía hacia ella, la única que era realmente cruel era Misty. Por la forma en la que hablaba, llena de convicción sobre la buena amistad que podría nacer entre Ritchie y Erika, era casi como si estuviera obligando al pelicastaño a enamorarse de la niña. Guiado por sus pensamientos, los ojos almendrados enfocaron la figura del ojiazul, el mismo que había empuñado sutilmente sus manos y que caminaba rápidamente escondiendo su mirada. Tras suyo, Misty desconocía su actuar y probablemente no fue consciente de su estado.

- Me despedí de ella - comentó el entrenador eléctrico cuando se había alejado, lo suficiente para sentirse seguro - Eso debería ser suficiente -

- ¡Pues no lo es! ¡Erika, ella…! - la voz de Misty murió lentamente, mientras una mirada de sorpresa se fijaba en el rostro femenino. Por inercia, ambos muchachos iniciaron la búsqueda de aquello que Misty observaba con tanta intensidad, pero sólo encontraron árboles y césped. Olvidando de inmediato la pelea anterior, Ritchie se acercó a ella con preocupación.

- Hey Mist… ¿estás bie-? -

- ¡KYAAAAAAAHHHHHH! - Gritó de pronto la pelirroja, llevando sus manos a la cabeza y con una expresión de pánico en su rostro - ¡MALDITA SEA! ¡LO OLVIDÉ! -

- ¡¿QUÉ?! ¡¿QUÉ OLVIDASTE?! - preguntó el ojiazul, tomándola desde los hombros para intentar tranquilizarla. Un poco apartado, Ash veía la situación con una mueca aburrida y los ojos entrecerrados. Aun así el brillo de inquietud que se había dibujado en su mirada fue imposible de esconder.

- ¡PEDIRLE A ERIKA! -

- ¡¿PEDIRLE QUÉ?! -

- ¡PE-PERDIRLE QUÉ-! - de pronto la mirada verdeazulada se posó en la almendrada, causando el sobresalto de Ash. Él esquivó su mirada de inmediato, sin embargo la culpabilidad y tristeza reflejadas en los ojos esmeraldas lo acompañaron por varios minutos. Misty se quedó en silencio aun observando al pelinegro, recobrando la compostura en el momento. Ritchie observó intrigado todas las emociones que se habían dibujado en el rostro femenino.

- ¿Mist? - ella volvió su atención hacia el ojiazul.

- No es nada - la pelirroja rio nerviosamente mientras se alejaba sutilmente de su agarre - No te preocupes - ella elevó su mirada hacia su amigo, encontrando los ojos turquesa que brillaban intensamente por la preocupación - estoy bien -

- De acuerdo - Ritchie le dedicó una última mirada y continuó con el caminar, dejando levemente a Misty atrás. Ash ya se encontraba alejado en unos metros, decidido a no esperar a la pelirroja y dejar de preocuparse por ella.

- ¡KYAAAHHH! - Misty gritó nuevamente y esta vez ambos chicos se voltearon con inquietud.

- ¡MISTY! ¡¿QUÉ PASA?! - gritó el ojiazul mientras corría hacia ella, mientras la pelirroja tiritaba en su posición y buscaba con la mirada algo en el piso.

- N-nada… - de pronto la pelirroja le dedicó una sonrisa nerviosa, mientras reiniciaba el andar - ¡No ha sido nada! ¡Jeje! - Ash la miró con escepticismo, pero prosiguió su camino.

- Esta chica… - se susurró a sí mismo, logrando una sonrisa en Pikachu que seguía atentamente sus movimientos.

- ¡KYAAAAAAHHHHHHHH! -

- ¡MALDITA SEA! ¡¿Y AHORA QUÉ?! - le gritó el pelinegro, incapaz de ignorarla nuevamente, mientras se volvía hacia ella. Más Misty no fue capaz de sorprenderse, ya que ahora caía inconsciente entre los brazos de Ritchie, el mismo que la veía con preocupación. - ¡¿Qué sucedió?! -

- ¡No lo sé! ¡Simplemente perdió el conocimiento! -

- ¡Eso no tiene nada de simple! - Ash cayó cuando escuchó el crujir de un arbusto y de inmediato preparó su espada. Cuando el sonido se repitió, esta vez en una planta más lejana, el entrenador no dudó ni un segundo. Con un grito de furia y desvainando su espada que se transformó tras una llama espontánea, se lanzó hacia el posible responsable del estado de Misty. - ¡SAL DE AHÍ! ¡QUIÉN QUIERA QUE SEA! - gruñó cuando el filo de la hoja estuvo a centímetros del extraño, más cuando la llama logró mostrar a su agresor, Ash se detuvo de inmediato. Frente a él se encontraba un niño de 7 años, rodeado de insectos y a punto de desmayarse por el pavor. El pelinegro logró cogerlo cuando finalmente su pequeño cuerpo había cedido.

- ¡Dan! ¡Dan! ¡¿Dónde estás?! - al momento salía de entre unos árboles una imponente mujer de unos 35 años, de contextura gruesa, cabello castaños y ojos negros. Cayó de inmediato al notar a Ash y a su inconsciente hijo.

Había anochecido y los viajeros lograron cobijarse del frío invernal en una humilde casa de madera. Dentro de ella, agradecían la calidez que les otorgaban una fogata pequeña y un tazón con chocolate caliente.

- Así que… - inició Misty, envuelta por su saco de dormir rojo y calentando sus manos con la taza - ¿Usted es la guardabosque? - la misma mujer que habían encontrado en la tarde, cuyo nombre era Verónica, le sonrió con simpatía.

- Exactamente, el reino de Carmín me otorgó esa labor a cambio de este pequeño terreno - la mujer cortó algunas verduras y las incluyó a un pequeño guiso que se cocinaba en el medio de la habitación, la única en ese hogar - Aquí nos dedicamos a la plantación de distintas verduras, no ganamos mucho dinero pero por lo menos vivimos tranquilos -

Desde un extremo de la habitación, con la mirada entrecerrada y un filete de carne en una mejilla inflamada; Ash observaba la conversación con cierto interés. Se hubiera acercado un poco más para escuchar, pero las distintas contusiones en su cuerpo imposibilitaban su movimiento. Verónica se percató de su mirada.

- ¡Hey niño! ¡Quita esa expresión de tu cara! - señaló la mujer con una sonrisa despreocupada.

- Por lo menos debería pedir disculpa - contestó el aludido con voz neutra pero con una mirada que indicaba reproche. Entendía que la mujer hubiera malinterpretado la situación cuando se encontraron, sin embargo la paliza que le dio después fue bastante exagerada, inclusive más que las de Misty. Con dos mujeres violentas al mismo tiempo, que por cierto se habían llevado bien desde el inicio, empezaba a temer por su vida.

- Eres tú quién invadió mi propiedad y atacó a mi hijo - Ash decidió callar, prefiriendo ser malentendido que decir la razón por la cual había asaltado al niño. No estaba dispuesto a reconocer su preocupación por Misty.

El sonido de la puerta corrediza llamó la atención del pelinegro, quién guio su mirada al momento que Ritchie y Sparky hacían su entrada. El pequeño Dan, que ahora mostraba unos hermosos ojos caoba y cuyo cabello rubio era adornado por un escarabajo, estaba junto a ellos con una buena carga de leña. Aunque era mínima en comparación con la que llevaba el ojiazul.

- ¡Ya estoy en casa! - anunció con una sonrisa el niño.

- Así veo hijo, pero ahora deja a Cachitos fuera de casa - el chico salió nuevamente.

- ¿Cachitos? - inquirió con curiosidad el pelinegro, recibiendo la mirada de la madre.

- Es la mascota de Dan - aclaró sin percatarse como cierta pelirroja tiritaba de miedo. Ritchie, que si había notado aquel detalle, se acercó luego de dejar la madera y acarició brevemente la cabeza de Misty. Ésta la agradeció con una sonrisa.

- Y con este clima, ¿no tendrá frío? - la pregunta casual de Ash causó sorpresa entre los presentes, incluido al niño que acababa de volver.

- ¡Ves mamá! ¡Sabía que alguien pensaba igual que yo! - señaló con una sonrisa gigante.

- Dan, ya te he dicho que Cachitos está acostumbrado a cualquier clima - luego Verónica indicó a Ash - No le hagas caso a lo que cualquier idiota te pueda decir -

- ¡OIGA! - gritó el aludido, rojo por la vergüenza. A su alrededor todos empezaron a reír, menos Misty que lo observaba con escepticismo y que compartía distraídamente su chocolate caliente con Pikachu. Para su fortuna, el pokémon había ganado rápidamente su perdón aun cuando ella no creía su versión sobre Gary.

- Increíble - se susurró a sí misma - Preocupado por un escarabajo -

- De todas formas, al parecer tendrá mejor suerte que nuestras cosechas - mencionó la mujer mientras revolvía el consomé. Al notar como ella intentaba encender más leña, Ash rápidamente chasqueó sus dedos y formó una explosión de llamas - Gracias, es una lástima que ninguno sea el entrenador del agua -

El pelinegro pestañeó, interesado.

- ¿Por qué lo dice? -

- Con el inicio del invierno hemos sufrido muchos cambios del tiempo y hemos perdido muchas plantaciones -

- Y como el entrenador del agua puede manejar los estados de éste, sería el entrenador de más ayuda - completó Ritchie - ¿Cierto? - Verónica asintió.

- ¿Y no ha intentado cubrirlas con plástico? -

- ¿Eh? -

Y antes siquiera que pudieran entenderlo, Verónica y Ash se sumieron en una conversación sobre distintas técnicas para combatir el frío. Y para Misty y Ritchie no fue una sorpresa, ese pelinegro tenía una especial habilidad para atraer a la gente de la que él aún no era consciente.

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Ash se sentó en la sombra con el entrecejo y los labios fruncidos, mientras revolvía el jugo de naranjas frescas que portaba en un vaso. Su mirada chocolate estaba fija en la figura de sus padres: una hermosa mujer de cabello castaño, ojos almendrados y expresión amable; y un hombre pelinegro de ojos azulados y de complexión delgada. A pesar de ello, se adivinaban tras su remera gris y sus jeans gastados un envidiable desarrollo muscular.

- ¿Qué es lo que haces? - inquirió curiosa una voz de una niña, Ash no se volteó a verla.

- Pienso - le contestó con simplicidad mientras acentuaba el juego con su vaso, en una pobre imitación de un adulto al beber vino. Misty terminó por ubicarse frente a él, limitando de pronto su campo visual. El niño se sobresaltó. - ¿Q-qué pasa? - la pregunta nació casi como un acto reflejo, en especial por la mirada en blanco que ella le otorgaba y que le generaba una intensa curiosidad.

- Vaya… es que nunca imaginé que tú podías pensar -

- ¡HEY! ¡TÙ NIÑITA! - su pelirroja amiga rió alegremente, mientras se volteaba a ver el objetivo de su profundo análisis. Su risa cedió lentamente para permanecer como una sonrisa.

- De todas formas, ¿en qué piensas tanto? - Ash volvió a su antiguo estado mientras Misty se acomodaba frente a sí. La pequeña colina de césped que ocupaban como refugio, en cuyo cielo se extendían majestosamente las ramas de un roble, les permitía a ambos tener una visión perfecta de la situación. La pelirroja atrajo a su pokémon acompañante con un abrazo, a la espera de una explicación por parte del pelinegro. Aun así el seguía absorto en la figura de sus padres.

- Es sólo que… no los entiendo - los ojos verdes volvieron a los adultos, encontrándolos sentados en una mesa improvisada hecha de tablas y troncos. Estaban tomando el postre, una simple ensalada de frutas, mientras discutían sobre un tema que ambos niños no lograban escuchar. Aun así Misty pudo advertir el cierto brillo especial que adornaban sus ojos cuando intercambiaban miradas.

- ¿Y qué es? -

- Sólo… mmm… a veces me pregunto por qué no se han separado - ella se volteó a verlo con tanta violencia que él se sobresaltó.

- ¡¿De qué estás hablando Ash?! - exclamó enojada, logrando la atención de todos los presentes menos los adultos.

- Bueno... ¡Míralos! ¡Se la pasan peleando todos los días! ¡Por cosas estúpidas! - Misty frunció aún más el entrecejo, perturbando al niño, más se negó a detener sus argumentos. - ¡Ninguno de los papas que he visto se portan como ellos! ¡A veces ni siquiera sé si se quieren! - lo último le causó un extraño sentimiento de inseguridad y temor; y a la vez una parte de él pensó que haría en esa situación y no logró encontrar respuesta. La pelirroja gateó hacia él y cogió su cabeza para obligarlo a mirarle, sus labios fruncidos en lo que parecía una expresión de decisión.

- Ash… - lo llamó con dureza, generando un vuelco improvisto en el corazón del pelinegro. De pronto estaba nervioso - Eres un idiota -

- ¡¿QUÉ?! ¡¿POR QUÉ TÚ-?! -

- ¡Qué yo nada! - lo calló de inmediato - ¡¿Cómo puedes pensar así de tus padres?! ¡¿Cómo nunca lo has notado?! ¡¿Acaso no vives con ellos?! -

- ¡¿Notar qué?! - Misty se quedó viéndolo con intensidad, buscando silenciosamente una pista en sus ojos marrones. Luego de un rato, pareció rendirse y se alejó con un bufido.

- Eres un idiota -

- ¡DEJA ESO Y CUÉNTAME! - Misty respiró profundamente, calmando su cabeza, y giró a ver a los padres de su amigo. Ash siguió sus movimientos.

- Sólo es cosa de verlos, a pesar de que tus padres siempre discuten y se molestan entre sí, ellos se quiere. Es su forma de expresar amor - los ojos de la pelirroja brillaban con intensidad, como esmeraldas expuestas a los rayos vírgenes del amanecer.

- ¿Cómo puedes estar tan segura? - rebatió el pelinegro, escondiendo la mirada a tan intenso efecto que sufrían las pupilas de su amiga. A pesar de conocerse por tantos años, aún no podía enfrentar aquella mirada sin tener un espasmo en el corazón.

- Es tan obvio que se nota -

- Pues yo no lo noto - los ojos verdes se transformaron a azules de inmediato. Ella nuevamente bufó.

- Eres un niño -

- ¡HEY TÚ-! - Ash detuvo su reclamo al notar que no utilizó su usual insulto - ¡Tú también eres una niña! ¡Tienes 8 años! -

- Y tú tienes 7 -

- ¡Mañana tengo 8! -

- ¡Pues sigo siendo mayor que tú! -

Pikachu observaba la discusión de los entrenadores con los ojos entrecerrados, mientras Togepi que se encontraba a su lado, reía despreocupado por ellos. Ellos también solían discutir, pero últimamente Ash tendía a molestarse por la diferencia de edad entre ambos. El pokémon amarillo no entendía del todo su enfado, al fin y al cabo sus cumpleaños se separaban sólo por algunos días.

Al momento que el ser eléctrico retomaba su atención hacia la pareja, Misty ya se había calmado y ahora se sentaba tranquilamente junto al pelinegro. Aun así su expresión enojada no había cambiado.

- De acuerdo Ash - la pelinaranja omitió la mirada enfada como el mohín en la boca de su amigo - Tal vez con esta pregunta puedas entenderlo. Si te fijas, ¿no piensas que nuestra amistad se parece un poco a la relación de tus papás? - el pelinegro se sonrojó de pronto, sin saber por qué. Frente suyo, su amiga sufría la misma reacción por efecto reflejo de su expresión. - O-o sea... ¡S-sólo un poco!, pero… sobre eso… ¿tú no me odias, verdad? - la pregunta lo asombró, por lo que quedó con una mueca impresionada por varios segundos. Cuando el entrecejo de su amiga se frunció en una mueca triste supo que había sido malentendido - N-no… ¿no me odias?... o tal vez… -

- Misty - Ash supo que no podía mentir, no cuando los ojos verdeazulados se clavaban tan firmemente a los suyos - No te odio - ella le sonrió con esos irises resplandecientes y él debió escapar de su mirada.

- ¿Lo ves? Es el mismo caso -

- Pues… aun así… -

- ¡Ash! - la voz grave de un hombre los interrumpió y ambos reconocieron la figura del padre de Ash subiendo por la colina. Su rostro moreno revelaba una gigantesca sonrisa y unos alegres ojos azules. Al hombro portaba una guadaña de hierro. - ¡Vamos hijo! Se acabó el descanso -

- ¡Ok! - el niño se levantó de un salto y cogió su morral lleno de semillas, para luego empezar a correr hacia su padre. El hecho de dejar su espada abandonada no le preocupó, solía hacerlo cuando Misty estaba cerca de ella. - ¡Vamos Pikachu! -

- Chaa~ - el entrenador de fuego se detuvo cuando notó que su compañero no lo seguía. Se volteó en su búsqueda y lo encontró sentado en el regazo de Misty, disfrutando de sus caricias. Era obvio que no acudiría a su llamado.

- ¡¿Eh?! ¡¿PIKACHU?! -

- ¡Je~! Parece que Pikachu tiene debilidad por las niñas lindas -

- ¡G-gracias señor Ketchum! -

- ¡¿QUIÉN DEMONIOS ES LINDA?! ¡Y TÚ! - apuntó a la pelirroja - ¡SI ESTÁS DE VISITA POR LO MENOS AYUDA EN ALGO! ¡VEN Y SIEMBRA CON NOSOTROS! -

- Técnicamente fue tú mamá quien me invitó -

- ¡NO ME IMPORTA! ¡VEN Y AYÚDAME! -

- ¡No quiero! ¡Hay bichos por todas partes! -

- ¡NO ME IMPORTA! ¡VEN AHORA! -

- ¡No! -

- ¡MISTY! -

El pelinegro observó a su hijo con cierta sorpresa, buscando en su expresión alguna pista que le explicara su cambio de humor. Cuando se percató de un detalle en particular, sus labios se curvaron en una sonrisa traviesa.

- ¡Vamos hijo! No estés celoso de Pikachu - Ash se volteó hacia él con horror.

- ¡NO ESTOY CELOSO! -

- ¡Cha! ¡pika pi! -

- No te preocupes Ashy-boy~ - ella gritó con una voz melosa, buscando molestarle - Siempre tendré un lugar para ti en mi corazón -

- ¡C-CÁLLATE! -

Y los niños se hubieran sumergido en una discusión interminable si no hubiera sido por el hombre, que cogió a su hijo de los hombros y lo obligó a seguir el mismo camino. Y como era habitual, Ash no podía sentirse más pequeño y protegido con ese abrazo.

El crujido de unas ropas logró perturbar su sueño y de pronto, el pelinegro logró enfocar su mirada en el techo de una pequeña habitación de madera. Cuando fue consciente nuevamente de su viaje, identificó la figura de una mujer robusta que se calzaba unas botas en la entrada de la casa. Aún estaba sentada y a su lado el pequeño Dan dormía envuelto por gruesas mantas de lana.

- Señora Verónica - susurró él con voz ronca, recibiendo la mirada sorprendida de la castaña.

- Ash-kun, buenos días - él asintió en respuesta, aún no acostumbrado a los agregados que ella usaba en su nombre.

- ¿A dónde va tan temprano? ¿Ya debe trabajar? -

- Así es, debo ver mis cultivos y regarlos. Esta madrugada fue especialmente fría, por lo que estoy un poco preocupada - el entrenador de fuego asintió, también se había percatado de ello.

- Si va a regar debería esperar un poco, hasta que salga el sol y la temperatura suba -

- Gracias por el consejo - ella le sonrió, para luego terminar de abrochar sus altas botas. Al mismo momento, el cuerpo de su hijo se movió entre los ropajes. El niño entreabrió los ojos, aún adormilado.

- Mamá - susurró, recibiendo la cálida mirada de la mujer - ¿Debo levantarme? - ante la pregunta, la mujer acarició suavemente su cabello y depositó un beso en la frente. Ash observó la situación con el corazón apretado, recordando las acciones de su madre que tanto se parecían.

- Descuida cariño, descansa un poco más - y sin esperar demasiado, el niño se dejó envolver nuevamente por el hechizo de Morfeo. Verónica se quedó unos segundos observando a su hijo, para luego erguirse y salir de la habitación. La oscuridad que se advirtió tras la puerta corrediza confirmó la inexistente presencia del sol, así como el frío invernal que se coló como una gélida brisa.

Antes de que siquiera pudiera planearlo, Ash cogió su propio calzado y se preparó para salir a ayudar. Antes de dejar la habitación, volteó a ver a sus compañeros y comprobó que Pikachu se había colado al saco de dormir de Misty. Al parecer si tenía una debilidad por las chicas lindas.

Ante su propio pensamiento, el chico entrecerró los ojos y se recriminó así mismo.

- ¿Quién es una chica linda? -

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Con un sonido seco, Ritchie y Sparky se dejaron caer en la tierra, ambos jadeando fuertemente y sudando más de lo debido en un día de invierno. Aun erguido, sin su habitual chaqueta azul y cargando una guadaña sobre los hombros; Ash se volteó a verlos con fastidio.

- Vamos chicos, ¿no me digan que ya se cansaron? - Ritchie balbuceó una respuesta, imposibilitado por el cansancio para hablar, y el pelinegro solamente atinó a entrecerrar los ojos. Sinceramente estaba decepcionado, siendo su amigo un entrenador esperaba que tuviera su misma resistencia física, mas había aguantado apenas unas cuantas horas. A su lado Sparky se encontraba en un deplorable estado que podría causarse por su cuerpo pequeño; pero como Pikachu seguía muy saludable, aun cuando había realizado tareas más pesadas, no tenía un justificativo. Ante sus pensamientos los ojos castaños buscaron la figura de su compañero, no debió extrañarle que se encontraba junto a Misty, ambos sentados en el marco de la puerta corrediza de la pequeña casa y disfrutando alegremente de unos jugos de naranja. Ella no había ayudado ni un poco y se había limitado a verlos desde ese mismo lugar. Y extrañamente la situación le resultaba muy familiar, aunque no sabía el por qué.

Permitiéndole un descanso a su cuerpo y a su cabeza, el pelinegro movió rápidamente la guadaña por entre sus brazos y la clavó en el suelo.

- ¡Increíble nii-san! - Ash se volteó un poco confundido, en especial por los vocablos que aún no conseguía entender, pero se limitó a sonreír. Mirándolo emocionado desde el suelo, Dan le ofrecía alegremente un vaso con jugo de naranja, probablemente las mismas que habían recolectado en ese día. Recibiéndolo con un suspiro cansado, se dejó caer junto al pequeño y se dedicó a observar el fruto del duro trabajo. Cosecharon los vegetales maduros, recolectaron 5 cestas grandes de manzanas y naranjas, dividieron las semillas según preferencia para la estación, sembraron algunas nuevas, instalaron un manto orgánico sobre el terreno y ahora, se dedicaban a quitar la maleza que había crecido entre las siembras de perejil y berros. - ¡Gracias Ash-nii-san! Hemos avanzado mucho con tu ayuda - el aludido se llevó una mano tras la cabeza.

- Jeje… no ha sido nada, además fue trabajo de todos - se fijó en la figura de Ritchie - Bueno, casi todos… -

- C-cállate - respondió, tomando grandes boconadas de aire - No t-todos… t-tuvimos la suerte… d-de n-nacer en una f-familia de campesinos - Ash pensó que tenía algo de razón, si ahora poseía conocimiento suficiente sobre agricultura y la fuerza física mínima para hacerla, era todo gracias a sus padres. A ellos y a sus escapadas a los terrenos de la familia de Brock, donde había ayudado en los últimos 7 años. Sus ojos se suavizaron por la melancolía.

- ¡Han hecho mucho Ash nii-san, ha avanzado el trabajo de casi todo un mes! - dejando de lado su escasa humildad, el pelinegro se permitió disfrutar completamente de los halagos.

- Puede que tengas razón, soy muy hábil en esto -

- ¡Chicos! ¡A comer! - la voz de Verónica llegó firme y clara desde el interior de la cocina y de inmediato Ash y Dan empezaron a correr hacia ella. Sin la misma suerte, Ritchie y Sparky se levantaron lentamente sintiendo como sus músculos se quejaban por ello. Cuando estuvo completamente erguido, el ojiazul notó como el pelinegro volvía para buscar su chaqueta azul que estaba sobre un tronco.

- ¡Kkyyaaaa! - el grito de Misty dentro de la humilde casa atrajo su atención pero sin llegar a perturbarles. Al momento siguiente, el niño salía y depositaba a su mascota escarabajo en un árbol cercano. Ash sintió pena por Cachitos cuando voló desanimado hacia otro lugar.

- Pobre Cachitos… - murmuró, lo suficiente para que Ritchie lo escuchara.

- Es inevitable, Misty le teme a los insectos -

- Así que aún les tiene miedo… - ante la frase, los ojos azules se clavaron rápidamente en Ash. Lo notó de inmediato - ¿Qué pasa? -

- ¿Aún? -

- ¿Aún qué? - el entrenador de fuego preguntó de vuelta, confundido.

- Tú lo acabas de decir, "aún les tiene miedo" - los ojos castaños pestañearon un par de veces, sorprendido.

- ¿En serio lo dije? No me di cuenta - y sin más lo rodeó, en busca del preciado almuerzo que sería su premio en ese día. Por su parte, Ritchie se quedó quieto en su posición observando la figura del pelinegro. Recordaba que él mismo había mencionado su supuesta amistad con Misty cuando eran niños, más su falta de pruebas como el desconocimiento de la propia pelinaranja le hicieron dudar sobre aquella relación. Pero ahora le había dado claramente una prueba y era inconsciente de la misma; entonces, ¿Qué había sido aquella frase refleja? ¿Había cierta memoria perdida también en la mente de Ash?

El almuerzo se había servido tarde, especialmente por culpa del pelinegro que en su motivación había mantenido ocupada a la madre de Dan hasta las dos de la tarde, por lo que al terminar ya se habían encontrado con el inicio del atardecer. Debido a su arduo trabajo, Ash se había ganado una hora de descanso y ahora disfrutaba de la calidez de los rayos del sol bajo un árbol de hojas naranjas. Obligándose a quitar la vista en ellas, que poseían un color similar al cabello de cierta persona, apoyó sus brazos tras la cabeza y la espalda sobre el tronco. Disfrutando de los rayos tibios y el viento otoñal que acariciaban su rostro, cerró sus ojos y el sueño acudió rápidamente él.

Sin importarle los más mínimos detalles, como la falta de una chaqueta o percatarse de la dirección, Ash había iniciado una carrera frenética por el bosque. Ahora bajaba velozmente un empinada pendiente, sin preocuparse por los rasguños que las ramas y arbustos habían causado en su cuerpo. Sólo algo era lo importante, debía llegar a la capital del Reino. Debía llegar como fuera posible.

Una mala decisión en sus pasos causó que tropezara con una piedra y cayera estrepitosamente por la colina, rodando varios metros hasta llegar a la zona plana donde golpeó su cabeza con un arbusto de espinas. El dolor físico y el mareo pasaron a segundo plano cuando intento levantarse, debiendo arrodillarse un momento para recomponerse. Cuando finalmente lo logró, fue consciente del jadeo oscilante en las que se habían transformado sus respiraciones y el picor intenso en su frente debido a una herida que sangraba sin parar. La limpió con el dorso de su antebrazo, el mismo que estaba cubierto de pequeñas cortadas y tierra, pero comprobó que era inútil cuando la sangre se desplazó hasta su ojo derecho. Lo limpió nuevamente, negándose a perder contra una estúpida herida.

Apretando los dientes ante un pensamiento que generó una furia contenida, el niño pelinegro reinició su carrera hacia su destino, decidido a llegar aunque le costara días.

- ¡ASH! ¡ASH! - la voz de su amiga se desenvolvió por entre los árboles y llegó a él con un tono que parecía desesperado. Sabía que ella le seguía el paso, más decidió ignorarla y seguir su camino, no tenía tiempo para escucharla - ¡ASH! ¡ASH! ¡MALDITA SEA! - el grito esta vez fue desgarrador y él sabía que ella lloraba. No pudo evitar pensar en lo tonta que era, dejándose convencer por una noticia que simplemente era mentira. Porque definitivamente era mentira y por ello sus lágrimas se negaban a salir, aun cuando el ardor en los ojos y la presión en su garganta se hacían cada minuto más insostenibles. Porque era mentira. Él sabía que era mentira.

Otro obstáculo en su camino causó que cayera nuevamente, esta vez en un césped sin inclinaciones, y cuando iba a levantarse; un cuerpo humano lo obligó a permanecer en el suelo. Él apretó los dientes con fuerza, consciente que Misty lo había alcanzado y no lo liberaría con facilidad. Aun así movió su cuerpo bajo el de ella, luchando con su fuerza física que disminuía cada minuto.

- ¡Suéltame! ¡Bájate de una vez! - ella no parecía escucharlo. En contraste había escondido su rostro en la zona posterior de su cuello, él lo sabía por las lágrimas que se colaron causándole un escalofrío y un tirón en el corazón; y se aferraba a él con una devoción que no recordaba haber presenciado en su corta vida - ¡MISTY! ¡DÉJAME! -

- N… - su voz quebradiza llegó en un susurró de algún lugar de sus cabellos azabaches.

- ¡MISTY! -

- ¡NO! -

Maldiciendo el hecho de que Misty tenía un cuerpo más alto que él, aun cuando ambos tenían 10 años, Ash luchó con todas sus fuerzas para zafarse de su agarre. Luego de unos minutos supo qué era imposible

- M-Misty - la llamó, su voz inestable por el lío de emociones que lo colmaban - P-Por favor... - el moreno fue capaz de girarse cuando los brazos de ella le dieron permiso y terminó por encontrarse con el rostro que esperaba esquivar por el resto del día. El cuerpo de la niña jadeaba y temblaba, sus mejillas estaban repletas de lágrimas y sus labios se curvaban en un mohín que indicaba sincera tristeza, los mismos que sus dientes mordían con ahínco para evitar gemidos innecesarios. Cuando Ash guio su mirada hacia los ojos verdes, donde vio el reflejo de su propio dolor, sintió como algo en corazón se había quebrado. La sensación de vacío se acrecentó cuando su amiga cruzó sus brazos tras su espalda, atrayéndolo a un abrazo apretado mientras repetía entre susurros la frase "lo siento". Ash se sintió mareado ante la carga sensorial que trajo consigo el gesto y el aroma a lilas que lo envolvió, más su pecho seguía contrayéndose ante el dolor y la combinación de sentimientos tan opuestos terminó por romperlo. Aquella sería la experiencia agridulce que lo acompañaría por el resto de su vida.

Agotado, se resignó al dolor y se aferró a Misty como si ella fuera la vida misma. Antes que fuera consciente su cuerpo se había unido al temblor de ella y sus gritos agonizantes se perdían tras el cuello femenino.

- ¡NO PUEDE SER CIERTO! ¡DÍ QUE ES MENTIRA! ¡POR FAVOR DÍ QUE ES MENTIRA! - la sintió retorcerse en su abrazo, pero no se alejó de él.

- Ash... - le susurró con voz queda, rompiéndose al final - L-lo s-siento tanto... -

- ¡NO! ¡NO DIGAS ESO! - el pelinegro apretó los dientes y luchó con el nuevo torrente de lágrimas que se aglomeraron en sus ojos - ¡P-Por... favor...! , s-sólo... No lo digas... - él sintió que lentamente se derribaban sus defensas, con ella confirmándolo era muy difícil seguir creyendo que todo era mentira - Mis p-padres... Ellos n-no p-pueden... - no, ellos no estaban muertos. A pesar de tener una camioneta antigua, que más de una vez les había dado problemas, su padre era un gran conductor. Además era muy fuerte, se levantaba siempre temprano y solo, se encargaba de todos los quehaceres de su pequeña plantación. Eso le había otorgado un cuerpo fornido, suficiente para resistir cualquier accidente que pudiese sufrir, especialmente los de tránsito. Y sobre su madre, cuya fortaleza residía en el corazón, seguramente su padre la protegería como lo había hecho desde que se habían conocido. Él la protegería porque la amaba.

Los dedos de su amiga se perdieron tras mechones negros y la caricia lo trajo a la realidad. Y se dio cuenta que él pensaba en sus padres… en pasado. - No... ¡No! ¡Maldita sea! - Misty lo aferró con mayor fuerza sin cesar el movimiento en su cabeza, parecía negarse a soltarlo siquiera un segundo.

El crujido del césped le informó que ya no estaban solos y por el rabillo del ojo, Ash comprobó que se trataba de su maestra. La pérdida de su habitual sonrisa aumentó su temor y desesperanza.

- Maestra Denisse - susurró su amiga sin alejarse y el pelinegro, avergonzado por sus lágrimas, escondió su rostro tras el pecho de la niña. Si la mujer se vio conmovida por su acción, él no pudo saberlo.

- Es hora de irnos - señaló con voz neutra y Ash agradeció que su tono era el habitual. Misty empezó a alejarse y asustado, el niño cogió su mano para atraerla hacia él. Sus ojos chocolates seguían dirigidos hacia el suelo, incapaz de enfrentar las miradas de su amiga y su maestra. Con temor, esperó por la respuesta de la pelinaranja, deseando intensamente que ella entendiera lo que necesitaba con urgencia. Ella así lo hizo, como siempre, y respondió sosteniendo su mano con fuerza. Ash suspiró agradecido, esperando que ella siguiera a su lado por siempre.

De pronto se encontró a si mismo frente a dos lápidas de piedra. Llovía y el agua fría estaba calando su cuerpo a pesar del abrigo, largo y negro, que debía protegerlo. En contraste, el calor que se desprendía de su mano izquierda, el mismo que había permanecido constante desde que habían salido del bosque y que era suficiente para abrigar su alma, le hizo ser consciente de su amiga y culpable por exponerla a ese tipo de clima. Se volteó hacia ella, encontrándola completamente empapada y con sus ojos verdes apagados por la tristeza. Verla así le quebró el corazón.

- Misty - la llamó con voz ronca, habían pasado horas desde que había emitido su última palabra - ¿Estás bien? ¿No tienes frío? - Ash reconoció sorpresa y terquedad en los ojos verdeazulados cuando lo miró.

- Estoy bien, me iré cuando tú quieras irte -

-… No me moveré de aquí por varias horas -

- Entonces me quedaré aquí, contigo - él no supo por qué, pero un espasmo agradable recorrió su cuerpo y terminó en su corazón. Entrelazó sus dedos con ella, en busca de que la sensación durara un poco más, y se volteó nuevamente hacia el lugar de sepultura de sus padres. Habían pasado cuatro días desde que se había enterado y otros dos desde que habían viajado por los campos cercanos hacia el reino de Paleta, el taxi que Denisse había contratado había reducido a horas el viaje que tomaba por lo menos 3 días a pie. Para cuando habían llegado, la zona de la catástrofe ya había sido limpiada, sus padres ya reconocido por los clientes habituales y la ceremonia ya planificada por la familia Harrison, que parecían tener especial aprecio por la familia Ketchum. Ash terminó por comprobar que la noticia que había considerado como mentira era verdadera y que sus padres habían sufrido un accidente automovilístico cuando el chofer de un camión, con el que habían chocado, se había quedado dormido. Comprobó también que había sucedido una desgracia justo en el primer viaje en que se había rehusado a participar, para quedarse junto a su amiga en respuesta a su petición. Un intenso dolor se quedó en su pecho ante aquella revelación, la epifanía que estaba teniendo en su cabeza y que se negaba a aceptar. Había sido su culpa…

Ash permaneció con nula expresión en su rostro, a pesar de las lágrimas que retomaban el camino hacia las mejillas morenas. Se obligó a apretar los dientes, esperando que aquello sirviera para callar los gemidos que nacían en su boca; pero lo único que logró fue aumentar el dolor de cabeza que lo había acompañado en todos esos días. Demasiado cansado para luchar contra su propio orgullo, exhaló el aire que había contenido en sus pulmones y apretó con fuerza la mano de su amiga. Presentía que lo único que necesitaba en ese momento era su compañía.

- No es tu culpa - el susurro de ella nació tan suavemente que por un momento pensó que lo había imaginado, más ella lo miró nuevamente con aquellos ojos que parecían leerlo con facilidad - No es tu culpa - volvió a decirle y el pelinegro sintió como sus ojos almendrados empezaban a repletarse de lágrimas. Una parte de él empezaba a aburrirse, reprochándole lo patético que era frente a su amiga. Más en la mirada verdeazulada no encontró la lástima que temía, sino un sentimiento más profundo que reconoció como empatía. Ella estaba a su lado, comprendiendo y sintiendo su dolor.

- Lo es… - le respondió en un murmullo, su voz temblando levemente.

- Ash, sabes que esto… -

- ¡No, Misty! - La interrumpió - ¡Sabes que es mi culpa! ¡Si hubiera venido como siempre lo hacía, esto no hubiera pasado! ¡TODO ESTO ES MI CULPA! -

- ¡¿Cómo puedes estar seguro?! -

- ¡Soy un maldito entrenador! ¡Debe servir de algo! - le gritó desesperado, su voz tronando fuertemente a pesar de la lluvia torrencial. A su lado Misty ni siquiera había retrocedido, su mano seguía fuertemente entrelazada a la suya. - ¡Debía estar con ellos! -

- ¡Que seas un entrenador no significa que seas invencible! ¡No puedes evitar que algunas cosas pasen! - Ash apretó los dientes, intentando callar el pensamiento que había recurrido a él desde que toda esta pesadilla había empezado, pero su ser impulsivo terminó por ganarle.

- ¡Si no hubiera cambiado el destino…! ¡Entonces! ¡Entonces… POR LO MENOS AHORA ESTARÍA MUERTO! -

El silenció envolvió a ambos niños por una pausa que se les hizo eterna, aún con las gotas de agua que caían ruidosamente sobre el césped, y Ash observó con fascinación el cambio de colores que sufrieron los irises de su amiga. El temor y la ira en completa sincronización.

- ¡no vuelvas a repetir eso nunca! ¡NUNCA MÁS ASH! - Misty lo tiró al suelo con fuerza y el pelinegro, sorprendido por sus actos, se limitó a mirarla - ¡Qué sería de Pikachu si tú mueres! ¡Qué sería de Denisse! ¡QUE SERÍA DE MÍ SI TE PIERDO! - ella había cogido su rostro con ambas manos, obligándole a mirarla, y ante el crudo sufrimiento que se había dibujado en su rostro, Ash se sintió aún más culpable por sus acciones. Él no quería causarle dolor.

- Misty… yo… - susurró, sintiendo un peso en el estómago.

- ¡júralo Ash! ¡Júralo aquí y ahora! - La voz de su amiga finalmente se había quebrado al igual que su imagen serena, ahora lloraba intensamente - ¡Jura que nunca más volverás a pensar en algo así! - con el cuerpo temblando, ella lo atrajo hacia un abrazo apretado y el pelinegro se perdió en su aroma a lilas. A pesar de los pensamientos alborotados que inundaban su cabeza, logró encontrar paz en los brazos de ella y a su mente acudió una frase que alguna vez su madre le había dicho… Debes vivir…

Con el alma más serena y una nueva resolución en su vida, el pelinegro descansó su rostro en el pecho femenino. Cuando Misty apoyó suavemente los labios sobre su frente, el calor que lo acogió abrumó sus sentidos.

- Yo… yo… lo juro - susurró contra ella.

Fuera del sueño, una hermosa pelirroja se acercó a él con una manta. Detuvo sus acciones cuando observó su rostro, y el entrecejo de ella se frunció con preocupación cuando se percató de una solitaria lágrima que cruzaba la mejilla masculina.

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May observó como las sombras de los árboles de desplazaban por entre las rejas de su pequeña ventana y sintió una leve pesadez en su pecho. Esta había aparecido desde la mañana y había permanecido insistentemente a lo largo de todo el día, cuando fue consciente que la ayuda que esperaba no llegaría. Con sus manos recorrió las marcas en la pared que indicaban sus días cautiva y también los dibujos de personas que estaban alrededor, ella misma se había encargado da caricaturizar a quienes extrañaba con fin de no sentir tan duramente la soledad. De entre todos, el más destacado era el dibujo de un muchacho junto a una rata de orejas puntiagudas, quien le sonreía con despreocupación y le prometía silenciosamente su libertad. Se acercó hacia él hasta apoyar su frente en la fría piedra, luchando con las ganas de echarse a llorar. Debía ser fuerte, porque sabía que él vendría a buscarla.

El sonido de la puerta de metal atrajo su atención, ya estaba oscuro pero aún no era la hora de la cena, y descubrió la figura de un muchacho que entraba lentamente a su habitación. A pesar de que llevaba una antorcha, sólo logró distinguir las líneas finas que componían su rostro, sin duda masculino pero que aún luchaban con las características de la niñez.

- Mi señor ha tenido la bondad de ayudarle - le avisó con acento duro y allí May descubrió que se trataba del mismo chico que la había atendido el día anterior, y probablemente durante toda su estadía. - Acompáñeme - y sin más abandonó la habitación, dejando un halo de luz por las llamas que acompañaban su camino. La castaña se levantó presurosa, teniendo cuidado de no tropezar con el ruedo de su vestido, y lo siguió rápidamente por los pasillos que le eran desconocidos. Cuando fue consciente de que había dejado su prisión, intentó memorizar los caminos de piedra con fin de utilizarlos en una posible huida, más la oscuridad circundante como las grandes zancadas que realizaba su acompañante le impidieron su objetivo. Terminó por resignarse a seguir al chico, que le ganaba en altura por varios centímetros, y agradecer que tuviera la posibilidad de darse un baño después de tantos días.

Un golpe seco llamó su atención y se sorprendió cuando encontró al muchacho en el suelo, sobándose la nariz y matando con la mirada a la pared que se hallaba justo enfrente. Un sonido gutural nació en la garganta de la chica cuando entendió la situación, ¿él… había chocado con la pared?. Antes que pudiera impedirlo y potenciada por su imaginación, May comenzó a reír con sincera alegría. Sus manos se habían ubicado sobre su boca, intentando ocultar lo que era inútil. A sus pies, el chico la observaba con los ojos entrecerrados y un suave sonrojo en las mejillas.

- Por favor cállese -

- Jeje… lo siento… jeje -

Él finalmente siguió su camino y May realizó lo mismo tras suyo, aún con una pequeña risa entre los labios. Y entre sus pensamientos, ella le agradeció aquella pequeña alegría, ya que no se había reído ni una vez en esos días.

- Disculpe, ¿le puedo preguntar su nombre? - él ni siquiera volteó a verla.

- No tengo - ella decidió omitir su respuesta ruda.

- Sé que no quiere tener mayor conversación… -

- Me alegro que se dé cuenta -

-… Pero sólo quiero saber su nombre - él se detuvo frente a una puerta y la guió hasta una habitación iluminada por varios candelabros. En ella habían varias damas, supuso que personal del lugar, que la esperaban en lo que parecía ser un tina con agua caliente. May se sorprendió, ya que al parecer ese sitio no poseía energía eléctrica.

- Si le complace saberlo realmente no tengo un nombre, y si lo tuve no logro recordarlo - los ojos azulados de ella buscaron a los del muchacho y descubrió que no mentía. Sintió tristeza por él.

- Pues entonces le daré un nombre - ella le sonrió con calidez - creo que Max quedaría muy bien en usted -

Max la observó sorprendido, más no se rehusó a su pedido en ningún momento.

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– Ojalá tengan un buen viaje – Ash se volteó hacia la mujer con una sonrisa, recibiendo con alegría su mano en señal de despedida. Tras él, Misty y Ritchie observaban la escena con una mueca afable, esperando pacientemente para reiniciar su camino. Obligados por el frío tiempo matinal, los tres muchachos llevaban capuchas sobre ellos: una rosada para Misty, una verde para Ritchie y una roja que arropaba tanto a Pickachu como a su dueño. - Y gracias por su ayuda -

- Al contrario, gracias a su hospitalidad - contestó de vuelta el pelinegro, agradeciendo en silencio también por los recuerdos en forma de sueños que le había traído ese lugar. Aun cuando no lograba describirlos en su totalidad, tenía certeza de que había soñado con sus padres y con su infancia en su humilde casa a las afueras del reino Pallet.

Junto a su madre, Dan se acercó a despedirlos y luego de unas cuantas palabras, finalmente los muchachos retomaron su viaje. Ash agradecía las dos noches que había pasado en la casa de la señora Verónica, asegurándole el descanso adecuado para recorrer una mayor cantidad de kilómetros en ese día.

Con una emoción burbujeante en su pecho, el pelinegro se volteó hacia su compañera para preguntar la distancia restante, más al momento que sus ojos se encontraron, recordó su enfado. Con una repentina mueca disgustada, el pelinegro aceleró el paso y se nominó a sí mismo como el líder, confiando en su instinto para llegar a la próxima ciudad.

Tras de él, Misty había emitido un bufido y lo observaba con los ojos entrecerrados. En su mente se debatían las ideas de golpearlo hasta que se disculpara o simplemente ignorarlo. Se inclinó por la segunda y optó por hablar con Ritchie para aliviar la travesía. Iba a llamarle cuando un grito agudo la interrumpió. De inmediato los tres viajeros se detuvieron a espera de otra señal que confirmara su sospecha.

- ¡AYUDA! -

Antes que pudiera pensarlo y en envidiable sincronía con su pokémon, Ash inició una carrera hacia la zona donde provenía el llamado. Mientras se acercaba logró identificar las voces de otras personas, infirió que eras tres o cuatro hombre que estaban intimidando a una joven.

- ¡Por favor! ¡AYUDA! -

- ¡CÁLLATE DE UNA VEZ! ¡Maldita niña! -

El pelinegro llegó en justo momento para ser testigo de cómo uno de los tipos, de rasgos toscos y cuerpo macizo, agredía a una joven de corto cabello lila. Él la había abofeteado y por la fuerza del golpe, la chica había terminado fácilmente en el suelo.

- ¡HEY! ¡Ustedes! - vociferó la voz de Ash, que pareció especialmente ronca en ese sector del bosque. Al momento tenía la atención de cuatro personas, tres hombres que sonrieron con suficiencia y una joven cuyos ojos violeta reflejaban una sincera esperanza. Lo último le confirió cierta valentía - ¡Déjenla en paz! - ordenó recibiendo sólo risas confiadas. Los ojos marrones aprovecharon el receso para estudiarlos, notó finalmente un morral violeta de claras características femeninas que permanecía en las manos de los bandidos.

- ¡De que hablas niñito! - Contestó uno que poseía un bigote negro y parecía ser el líder - ¿Por qué no te largas? Créeme, te conviene -

- P-por... Favor - susurró la chica aún en el suelo con sus mejillas repletas de lágrimas. Al momento uno de los bandidos la empujó hacia la tierra, con nada de delicadeza.

- ¡cállate! -

- ¡HE DICHO QUE LA SUELTEN! - un hombre de cabello rubio, que contrastaba horriblemente con su bronceado oscuro, se levantó del suelo con aspecto cabreado y sacó de su chaqueta una pistola automática. La dirigió hacia Ash.

- Veo que no entiendes la situación, chico -

Un conocido peso en su hombro derecho así como la lenta pérdida de la sonrisa en los bandidos, acrecentaron la confianza que el muchacho tenía en sí mismo. Se acercó hacia ellos caminando suavemente mientras los sectores circundantes se incendiaban a su paso. Los ojos del trigueño se habían vuelto a rojizo, tallándose en ellos la amenaza de un próximo y peligroso ataque.

- Ustedes son quienes no entienden -

- Él es... ¡un entrenador! - ante el pánico del reciente descubrimiento, el bandido que le apuntaba se apresuró a disparar; pero el moreno, más rápido que un humano normal, se agachó en el momento preciso para esquivar las balas con facilidad e iniciar una rápida carrera hacia sus atacantes. En el trayecto y sintiendo como el mundo se movía en cámara lenta, Ash identificó a unas pequeñas luciérnagas que viajaron rápidamente hacia los bandidos. Se obligó a cerrar los ojos.

- ¡EXPLOSION! -

A pesar del intento por zafarse del hechizo, el trigueño y su poķémon terminaron aturdidos y cayendo a la tierra.

– ¡¿En qué estabas pensando Ash?! – Le reclamó la voz de Ritchie sorprendentemente cerca – ¡Sabes que no podemos dañar a las personas normales con nuestro poder o lo perderíamos! –

Ante el ínfimo detalle olvidado, el aludido se limitó a sonreír.

- Lo siento -

- ¡Cómo si eso sirviera de algo, imbécil! Deberías ocupar la cabeza! ¡¿Qué pasaría con May si pierdes tus poderes?! - los ojos de Ash se ensancharon ante la epifanía que el grito de Ritchie había provocado en su cabeza.

- Yo... Yo de verdad... -

- ¡Hey tú! ¡Corre! - el grito de Misty había provenido desde las alturas y desorientado, el pelinegro terminó por encontrarla en la rama de un árbol que su poder aún no había quemado. Estaba apuntando una flecha hacia el bandido más cercano a la chica y que ya empezaba a reponerse. - ¡Corre! - exclamó nuevamente y esta vez Ash comprobó que se dirigía a la chica de cabellos lila, la misma que ahora tanteaba el suelo en busca de sus pertenencias. El ojimarrón apretó los dientes, si seguía a ese ritmo la alcanzarían fácilmente.

- Maldición - masculló con dureza para luego correr hacia ella. Cuando estuvo a su lado comprobó con la mirada que no tenía daño significativo y que aún se encontraba encandilada. - Disculpa - le susurró antes de tomarla fácilmente en brazos, su cuerpo pequeño le recordó a May, y se dirigió hacia donde se encontraba su amigo. Por el rabillo del ojo comprobó que los bandidos ya se habían recuperado. - ¡RITCHIE! - el pelinegro notó la sorpresa en los ojos azulados - ¡Cúbreme! - el entrenador eléctrico resopló enfadado, intentando deducir por qué Ash siempre terminaba ayudando a todo el mundo. Dejando sus pensamientos de lado, Ritchie extendió ambos brazos y se preparó para los próximos ataques. El sonido repetitivo de unos disparos fueron la alarma - ¡Ritchie! -

- Lo tengo - las balas se acercaban hacia ellos y Ash se dejó caer en la tierra, abrazando a la desconocida y protegiéndola con su cuerpo - ¡Attraktion! - pero antes de alcanzarlos se detuvieron en el aire y volvieron hacia los atacantes - ¡Abstobung! - y Las balas terminaron por perderse en los rincones del bosque, repelidas por sus propias armas.

Los ojos almendrados estuvieron presentes justo en el momento en que una flecha de Misty se dirigía hacia los bandidos y daba de lleno en el ropaje al costado del tipo rubio. Al momento estaba unido a un árbol por la simple tela de su camisa. El pelinegro observó asombrado, descubriendo que la ojiverde tenía un perfecto control de su magia así como una envidiable puntería.

- Señores - llamó la pelirroja con tono severo, apuntando una flecha al líder - Ya han comprobado mi destreza en el arco y ahora mi objetivo es la cabeza de uno de ustedes. Sera mejor que se retiren antes que mis dedos se resbalen - y de inmediato los bandidos soltaron al hombre rubio y empezaron a correr hacia una zona segura.

- Wow... Increíble - susurró la chica y de inmediato los ojos almendrados se fijaron en ella, buscando rápidamente algún signo de daño. Al no encontrar nada, Ash suspiró aliviado y observó finalmente los ojos de la muchacha. Eran de un inusual tono violeta.

- ¿Te encuentras bien? – le preguntó con una sonrisa.

- E-estoy b-bien – ella tartamudeó una respuesta y el pelinegro se sorprendió por lo incómoda que ella parecía. Ritchie, que veía la conversación desde cerca, sonrió por la inocencia de su amigo.

- ¿Estás segura? –

- Deberías empezar por soltarla – comentó el ojiazul y Ash recordó que aún la tenía cogida entre sus brazos. Con una risa nerviosa, el pelinegro se separó de la muchacha y se hincó a su lado.

- ¿Te encuentras bien? – la voz de Misty se unió de pronto a la conversación y la desconocida, que había fijado completamente su atención en Ash, se giró a verla. La pelinaranja caminó hacia ellos con una sonrisa y se detuvo junto a Ritchie.

- Estoy bien gracias a su ayuda – los ojos lilas volvieron hacia el entrenador de fuego y este respondió con una sonrisa animada.

- Es bueno saber que de vez en cuando algunas personas pueden ser útiles – Misty no cambió su expresión afable y Ash supo que se estaba burlando de él. Con una mueca molesta y negándose a mirarla, él se levantó dispuesto a irse.

- ¡Cha! ¡Pika pi! – Pikachu lo llamó - ¡Pikachu pika pikachu! – el entrenador observó por sobre el hombro la expresión molesta de su compañero y suspiró resignado.

- Èl no sería capaz de hacer eso – la voz de la chica interrumpió sus pensamiento y la encontró hablando directamente con Pikachu – Él no se iría sin despedirse, ¿verdad? –

De inmediato los tres amigos la observaron con sorpresa.

- Tú… - inició Misty - ¿Puedes entenderlo? –

La chica asintió con una sonrisa.

- Entonces… ¿eres una entrenadora? –

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Continuará…

Bien, estoy aquí para reportarme y de paso para que me quemen viva… con la advertencia de que nunca sabrán como termina esta historia si lo hacen… muajaja (?)

Feliz año nuevo y navidad (suuuper atrasada) a todos los lectores! Espero que este haya sea genial para ustedes y que puedan disfrutar más capítulos de esta historia!

Bueno… vamos a RxRxR!

ElphabaLii: espero no matarte con este capítulo (me refiero a un ataque al corazón xd) ¡oh Dios¡ No! No odies a Misty xd promete que la volverás a querer en el camino. Tienes completa razón, al inicio cuando escribí lo que pasaba entre Ash y Misty post caída; nunca pensé que llegarían a estar enojados por ello. Pero los personajes tomaron vida propia y terminó en este desastre! Aun estoy pensando como solucionarlo, los dos son muy testarudos! Espero que te hayas divertido con este capítulo :D

L'Fleur Noir: Sumi chan! Realmente debo agradecer públicamente tu paciencia, siempre me recibes acogedoramente aunque pasen meses sin escribir. Gracias por eso y por tu apoyo! Y sí, si te sirve de consuelo… Gary ama a Misty. Por qué se comporta así, será respondido con el tiempo :) Esperemos que Ash haga algo antes de que Gary reconsidere su forma de actuar con Misty. Gracias totales amiga!

Andy Elric: jojoj disculpo tu review tarde si disculpas mi actualización tardía! Es justo, no? No? … ok u.u lo siento. Ahora… sobre las dudas, como mencionaba arriba, Sí, Gary ama a Misty. No es que el tipo sea un sádico ni nada, pero hay una explicación para su trato con Misty que se explicará mas adelante. Y Misty sabrá lo que hizo, pero falta historia entremedio para que ella se entere. Espero que te haya gustado este capítulo y gracias siempre por tus reviews!

Original Mermaid: lo sientooo….! Puedes golpearme a la distancia si te hace sentir mejor u.u aquí esta la continuación, ojalá la hayas disfrutado. Gracias por el comentario!

Lupyta Gomez 017: wow! Nueva lectora :D bienvenida al rincón de respondo reviews :D jajaja muchas gracias! Esa era la idea de iniciar una historia UA, donde la relación comienza desde cero y puedes disfrutar de los pequeños momentos como cuando se dan la mano o cosas así xD o también no tener la certeza de si quedarán juntos o no D:

Sobre tus dudas, creo que se aclararon un poco es este capítulo. Sobre el paradero de Togepi, se sabrá más adelante. Gracias por tu review! Y espero leerte otra vez :D no dudes en consultar si tienes alguna duda.

Eso por ahora, el próximo capítulo debería salir entre Marzo y Abril…

Suerte a todos en este 2014!

I'll see you!

Kasumi 21