Nota del autor: Bueno, pues, si van a ser tres partes, sólo que aquí acaba la historia de Matsuri, la madre Hisana y Rukia el siguiente es la historia de Hisan pero ya podremos ver a nuestra parejita principal de pequeñitos y explicaciones pero del lado demoníaco.

Nota 2: Este capítulo contiene varias escenas lime y un lemon.

Por favor no olviden dejar un review para que yo sepa que les parece la historia.

Historias de amantes

Parte 2

— Mamáááá...

— ¿Que sucede, Hisana?, voy de salida, tengo una cita.

— No vayas.

— Hisana, ya hablamos de esto.

— Pero no me quiero quedar en la guardería.— La voz de la infante, que antes sonaba como un berrinche, ahora se escuchaba estaba triste y frustrada.

— Hisana, tienes que aprender a llevarte con los niños.— Para Matsuri el conflicto con la guardería era normal, pocas veces era que la niña quería alejarse de su madre.

— Pero no les agrado, dicen que mis ojos son feos.— Ante las palabras de la niña, Matsuri no se le ocurrió mejor idea que abrazar a su hija para consolarla. Siempre les acongojaba que los niños le tuvieran miedo a los violáceos ojos de su hija, si bien todos los adultos a su alrededor parecían adorarlos y no cesaban sus alabanzas y proclamaciones de lo atractiva que sería cuando crezca.

Y eso aterra a Matsuri, muchas han sido las pesadillas que ha tenido en la que le arranca los ojos a su hija o que con ellos le roba el alma a las personas. Recurrir a lo que aprendió de los demonios en su infancia y en los métodos para alejarlos, aunque sabe que sólo funcionan con los de bajo rango, le han permitido mantener a raya, o eso cree, los instintos demoníacos de su hija. Excepto en una cosa, Hisana, la niña de sus ojos, es capaz de leer y sentir las intenciones de las personas, tanto así que en varias ocasiones le ayudó a evitar situaciones de peligro.

Tampoco sabe si la actitud de Hisana tenga que ver con qué ya empezó a cambiar sus dientes de leche, por una extraña razón le dan ataques temperatura repentinos desde que se le cayó su primer diente, aún faltan unos meses más para que termine su muda de dientes.

Pero Matsuri siente deseos de sentirse mujer otra vez, y es que gracias al dinero que le envía su hermano pudo, en estos años, renovar su casa e iniciar un pequeño negocio hostelero, el dinero no sobra pero tampoco les falta nada para vivir, así que de vez en cuando se puede dar el lujo de intentar recuperar su vida sentimental. Y si bien ella desea sentirse satisfecha entre los brazos de un hombre, y ha tenido varios novios en los últimos años, nunca ha encontrado a alguien tan diestro como cuando estaba con Kokuto o que emocionalmente la complemente como él lo hacía.

— Mamá, por favor quédate.

— Está bien, mi amor, pero sólo será esta vez.

Bueno, ¿qué es otra cita perdida cuando mi niña me necesita? Además, él no me agradaba tanto.


— Mamá, ya me voy a la escuela.— Como todas la mañanas, Hisana iba tarde a la escuela porque se tardaba mucho desayunando, por alguna razón tiene problemas para deglutir la comida. Desde que se le salieron todos sus dientes de leche, ella empezó a llevarse mejor con sus compañero de clase y hoy están emocionados porque la escuela los llevará de paseo al campo.

— De acuerdo, vete con cuidado y no te desvíes del camino.

— Sí, Mamá.

— Hisana, espera un momento, se te olvida algo.

— ¿Qué sucede, Mamá?

Matsuri levanta en una de sus manos la lonchera de la pequeña, tan hermosa como siempre la niña se ha vuelto muy distraída últimamente, se queda viendo a la nada como si esperara algo. Cuando Matsuri le pregunta qué sucede, ella le contesta que no sabe, que siente que algo se acerca.

— Y casi se me olvida, hija, ¡feliz cumpleaños, mi niña grande!— Le da un abrazo muy fuerte a su hija, y esta se lo devuelve con la misma fuerza.

— Gracias, Mamá.

— No olvides, voy a pasar por ti cuando regreses de la escuela.

— Vas a ir en carro, ¿verdad?,

— Por supuesto, tengo que ir por la despensa a la ciudad y con el mecánico, de regreso iré por ti.


Ir a la ciudad cercana no tiene de particular, ya lo ha hecho muchas veces durante años, va al banco a recoger dinero, a pagar las deudas, a comprar ropa o telas para algo que prefiera confeccionar ella misma -sus cortinas son la envidia del pueblo, incluso ha vendido varios juegos a sus vecinas-, y a surtirse de provisiones o de materiales para la casa. Bueno, no tendría nada de particular si no fuera porque se le descompuso su camioneta, en medio del camino, lejos de cualquier mecánico y lo que cree que vió en la ciudad la obligó a salir de manera tempestiva sin mediar que tenía cita en el taller.

Matsuri, que tenía su rostro contra el volante, trataba de acomodar sus ideas, si acababa de ver a Gin Ichimaru estaba en terribles aprietos, ¿qué iba a hacer si era él realmente?, ¿la llevarían con su padre?, ¿matarían a Hisana?

— ¿Señorita, necesita ayuda?

— ¡Waaahh!— La repentina voz al lado de la ventana del copiloto la aterró, ya venía nerviosa y el que le hablaran de repente la hacía sentir que le daría un ataque al corazón.

— Tranquila, señorita, no fue mi intención asustarla.— El hombre junto a ella llevaba una motocicleta con remolque, en el que llevaba una pequeña mudanza.

— Sí, disculpe, me tomó desprevenida.

— No hay problema. ¿Tiene algún problema mecánico?— La varonil voz que se dirigía a ella le transmitió confianza. Ni bien le abrió el cofre del vehículo, el hombre ya estaba revisando el motor por cualquier desperfecto. Después de tomarse un momento para calmarse, se bajó para ver en qué le podía auxiliar el hombre. Hasta ese momento, Matsuri no había reparado en su apariencia. Él era muy varonil y atractivo, con músculos duros, un trasero muy firme y su voz era muy seductora, la ropa, por la forma en que se le ceñía al cuerpo, se antojaba arrancarsela. Su rostro, por otro lado, tenía facciones afiladas, que hablaban de peligro.

— Soy Shuren, voy en camino al pueblo.

— Soy Matsuri Shinomoto, manejo el hostal.

Pasaron varios minutos en los que él revisaba los desperfectos del motor y hacía pequeños arreglos.

— Bueno, esto es todo lo que puedo hacer por ahora, por lo menos llegarás al pueblo, pero tienes que ir a que te cambien la transmisión y que te den servicio. Cuando lleguemos al pueblo te puedo hacer un descuento.— Le dijo mientras cerraba en capó.

— ¿Disculpa?, ¿por qué iría contigo?— Matsuri aún estaba un poco recelosa del extraño frente a ella.

— Porque voy a ser el nuevo mecánico del pueblo. Me recomendaron ir allá porque están en necesidad de un mecánico en las granjas y he escuchado que la vida no es muy cara por allá.

— Oh. Gracias.

— Ahora sólo tienes que esperar a que el motor se enfríe. Si deseas te puedo acompañar en lo que se enfría.

— Te lo agradezco, traigo cerveza fría, por si gustas.

Se sentaron a esperar, al cabo no tomaría mucho tiempo, no más de 30 minutos, a que el motor se enfríara. Desgraciadamente el sol estaba muy intenso, así que decidieron resguardarse en los asientos traseros de la camioneta, aunque eso no evitaba que no sintieran calor y por lo que Shuren se quedó en su camiseta interior y Matsuri se tuvo que quedar en su blusa.

El ver cómo el sudor hacía que se le pegara la camiseta a su cuerpo y que lo ajustados de sus pantalones le permitieran ver el contorno de lo que, está segura, es una enorme verga, lista para satisfacer a una mujer. Él se estaba volviendo una tentación enorme, ni la agradable conversación lograba sacarla de los pensamientos lujuriosos que se le estaban presentando. Tampoco ayudaba la mirada apreciativa que Shuren le lanzaba, o que su delgada blusa se estuviera transparentando, que sus pezones se endurecieron bajo el calor de su mirada, incluso podía sentir como su coño se empapaba de deseo al verlo.

Y él lo sabía.

— ...y mi hermano menor, tal vez venga a la ciudad. Sigue deprimido porque su novia lo dejó sin ninguna explicación.

— Pobre de tu hermano.— Ella sólo respondía por inercia en tanto se acerca más a Shuren.

— Me pidió que le ayudará a buscarla pero no me dió...

Matsuri interrumpió su oración con un besó. Él era el segundo hombre más atractivo que se había topado en su vida y por la forma en que le correspondía tampoco le era indiferente. La acercó a él para que pudiera sentir cómo se pronunciaba su erección. Shuren la recostó encima de él para darle seguridad en el encuentro que estaban a punto de tener. Ella aprovechó esa oportunidad para abrirle el pantalón y liberar su potente y deliciosa erección a la que inmediatamente dirigió a su boca. Los suspiros de Shuren y el cómo dirigía con su mano sus lametones sólo la alentaron en seguir con la tarea que se había propuesto y succionar todo lo que pudiera esa polla hasta obtener su anhelado premio. Premio que no tardó mucho en llegar. La lluvia tibia de semen que cayó en su rostro se convirtió en momento más erótico que había tenido en años y espera poder repetir la experiencia con este hombre.

Por su parte, Shuren nunca había tenido una mamada tan satisfactoria en su larga vida. Ella tenía un aura impresionante y no podía esperar a hundirse en ella. La acercó a su rostro para observar el resultado de sus esfuerzos. Se veía tan preciosa con su corrida cayendo por su rostro y sus mejillas enrojecidas por la lujuria que no dudó en limpiarla a lametones antes de volver a besarla. Ella subió su falda para que él pudiera tocarla en su centro sin que tuvieran que dejar de besarse y la masturbarla por debajo de la pantaleta. Él comenzó por besarla en su esternón para acercarse a sus pechos, a los cuales sacó por encima del sostén y la delgada y ya totalmente transparente blusa de seda. Estuvo en esa posición con ella hasta devolverle el orgasmo que le había dado y aunque quería llevar más allá su encuentro, este no era el mejor lugar para ello.

— Tenemos que irnos, este no es el mejor lugar para tener sexo...— Sus respiraciones estaban alteradas, pero satisfechas por el momento.

— Tienes razón, tengo que ir por mi hija a la escuela.

— ¿T-t-tienes una hija?— La voz de Shuren parecía de repente asustada.

— ¿Tienes algún problema con ello?— Matsuri lo fulmino con la mirada.

— N-no es eso, es que no q-q-quisiera haberme ac-c-costado con una mujer casada.

— Ah, por eso no te preocupes.

— ¿Te veré en el pueblo?— La mirada de Shuren tenía un brillo especial.

— Por supuesto.— Y la de Matsuri también.

Tal vez muy pronto terminen el encuentro que empezaron.


— Mami, hoy te ves muy contenta, ¿pasó algo?

— Se me descompuso la camioneta, pero ya no tendremos que ir hasta la ciudad a repararla.

— Es es bueno, hay alguien malo allá, ¿verdad?

A veces, los sentidos de sus hija le aterraban. ¿Ella habrá sentido a Gin desde aquí?

— Tal vez, hija, tal vez. Trataré de ir lo menos posible de ahora en adelante a la ciudad.

La enorme y hermosa sonrisa que le dedicó su hija fue suficiente para saber que hacía lo correcto. Ella era su principal prioridad.


Han pasado algunos meses desde ese susto que tuvo con Gin Ichimaru, y desde entonces su relación con Shuren no ha avanzado nada. Aunque tampoco ha retrocedido. Aunque la verdad es que la frustra que siempre que están a punto de ir más allá él encuentra un motivo para detener sus encuentros, que si el trabajo, que si hay alguien afuera, que si la niña va a salir de la escuela -bueno, esa es ella-. Y ya es suficiente. O es esta noche o no es nunca.

— Mamá, no me quiero ir a dormir.— La niña estaba emocionada, desde que tuvo su encuentro con Shuren hay algo que la emociona. El encuentro fue de lo más extraño. Es la primera vez que la potente mirada de Hisana divierte a uno de sus pretendientes. Shuren por su parte se rió y le dijo que le enseñaría a reverberar, lo que sea que eso signifique.

— Pero ya es tu hora de dormir

— Pero él va a venir.

— Así me vienes diciendo desde hace meses, y sigo sin saber a quién te refieres.

Él es él.— Lo dijo como si fuera la cosa más obvia del mundo.

La mirada de su niña tenía un brillo especial, una que desde su cumpleaños se presentaba cada vez con mayor frecuencia. Ya no tenía tantos problemas para comer, siempre y cuando lo que le diera fuera carne. Y los perros del barrio ya no la asustaban, por el contrario, ellos huían de ella.

— Basta, es hora de dormir.

— ¿Me prometes que me vas a despertar cuando él llegue?

— ¿Te refieres a Shuren?

— No, al Tío Shuren no. Tú sabes a quién me refiero.— Con eso la niña se fue a su habitación a dormir, sin explicarse cómo se debe.

Por alguna razón, Hisana insistía en llamar a Shuren Tío, a pesar de que se lo prohibió.

¿Le vas a seguir diciendo tío a Shuren si nos llegamos a casar?, ¿casarnos?, ¡que tonterías pienso, si aun no logro que se acueste conmigo! Pero se lleva bien con Hisana, nadie había tolerado tanto su mirada.

El llamado de la puerta la distrajo de sus pensamientos, ya tenía lista la botella de vino que compartiría con Shuren. La emoción de las posibilidades de lo que podía pasar la llenaban de regocijo.

— ¡Un momento, Shuren, ya voy!

Matsuri se quedó paralizada cuando, al abrir su puerta, no sólo estaba Shuren como ella esperaba, él se encontraba acompañado de alguien a quién no pensó que volvería a ver. Kokuto. Él tenía exactamente la misma apariencia desde la última vez que se vieron a pesar de que ya ha pasado casi una década.

Shuren estaba serio, pero Kokuto... su rostro estaba contrito, terriblemente dolido.

Matsuri paralizada con las palpitaciones a mil por hora. Su corazón martilleaba dolorosamente contra su pecho.

— ¡Kokuto!— ¡No puede ser! ¡No puede ser! ¡No puede ser! ¡No puede ser!

— Matsuri, cuanto tiempo sin verte.— Incluso su voz, susurrante, transmitía su tristeza,

— ¿Qué haces aquí? ¿Cómo me encontraste?

— Él me trajó.— Señaló a Shuren con algo de indiferencia.

— Disculpa, Matsu, creo que será mejor que vuelva después.— Dijo Shuren con el ademán de retirarse

— ¡No, espera, Shuren!— Kokuto le impidió alejarse cuando ella intentó ir tras de Shuren

— Déjalo, mañana hablarás con él. Creo que tú y yo tenemos cosas más importantes que discutir.

— ¡Tú y yo no tenemos nada que discutir! ¡Eres un demonio, vete de aquí!— El tono de voz en alza de Matsuri demostraba que estaba entrado en pánico.

— Claro que sí.— A pesar de todo, Kokuto se mantiene tranquilo.

— ¡Me mentiste!— Ella ya no podía evitar subir más y más el volumen de su voz.

— Yo no te mentí, tú desapareciste de un día para otro.

— ¡Me mentiste por omisión!

— En es ese caso, yo no fui el único que mintió, ¿acaso pensabas decirme que eras una Trompeta?

— ¡Yo no soy una Trompeta!

— Tu aura dice lo contrario, aunque sea una muy débil.

— ¡Por Dios, me tuve que enterar por un extraño que eras un demonio!

— Y yo me tuve que enterar por mi hermano que tuvimos una hija.

— ¿Tu hermano?

— Shuren, él me estaba ayudando a buscarte mientras yo me deshacía de una Trompeta que ha estado tras de mí por años.

— ¡Gin Ichimaru!— Habían pasado tantos meses de tranquilidad que lo olvidó por completo.— El pánico que la inundaba ya era tanto que se llevó las manos a la cabeza, estaba a punto de llorar. Kokuto se vio en la necesidad de abrazarla para tranquilizarla.

— Sospechaba que lo conocías. Él y su clan han estado tras de mis hermanos y de mí por milenios.— Kokuto sintió como se intensificaba el agarre de su abrazo, ambos sabían lo que harían a su hija si la llegaban a encontrar.

— Apenas lo conocí cuando mi padre me obligó a asistir a su boda.

— ¿Eso fue cuando desapareciste?— Él sintió como ella asentía contra sus brazos.

— Mi papá me sacó del convento antes de lo esperado. Ni siquiera tuve oportunidad de despedirme. Tampoco sabía que estaba embarazada en ese entonces.

— ¿Alguna vez pensaste en decirme que tu padre era una Trompeta?

— ...

— ¿Matsuri?

— ...No lo sé, nunca estuve segura del futuro de nuestra relación.

— ¿Nunca me consideraste...?

— No podía, tú sabías que era una novicia.

— Pensé que ibas a renunciar, que nuestra relación era estable.

— No podía ser, ellos me iban a encontrar. Mi gente no es precisamente moderna.

— ¿Y cómo es que no lo han hecho ya? Ellos tienen los medios, económicos y místicos.

— No lo sé, mi hermano me ayuda un poco pero aún así no sé porque no me han encontrado.

— ¿Me vas a dejar conocerla?— cambió repentinamente de tema. No más reclamos, sólo una petición.

— ¿Quieres hacerlo?

— No lo sé, ha pasado tanto tiempo que temo que me odie, pero tengo que enseñarle a defenderse.

— Creo que... creo que te ha estado esperando.

— Me alegro. Ya debe de estar en edad para manifestarse y su reverberación no la podrá ayudar mucho más, además de que Shuren me dijo que necesita ayuda con ella.

— ¿Shuren es tu hermano?

— Sí, es mi hermano mayor.

— ¿Es por eso que ella lo llamaba...? ¡Oh, por Dios, casi me acuesto con tu hermano!

— Es probable, hasta los hombres heterosexuales se sienten atraídos por mi hermano de vez en cuando, se ha acostado con algunos de ellos. No debes de avergonzarte de ello, en tu lugar yo lo habría hecho.

— ¡Pero lo iba a hacer, lo quería hacer, lo quiero hacer, sólo que él...!

— Él estaba siendo respetuoso de mí.

— ¿Cómo que...?— Ella se estaba molestando otra vez.

— No me mires con esa cara. Shuren sólo cree que nosotros teníamos que hablar antes que nada pueda suceder entre ustedes.

— ¡Dios mío, qué vergüenza!

— Deja de mencionarlo, él bastardo trae mala suerte.

— ¿Eh?— El escuchar maldiciones de la boca de Kokuto es algo inusitado

— A mi abuelo, deja de mencionarlo.

— ¿T-t-tu abuelo?

— Bueno, no es exactamente mi abuelo, pero él moldeo la arcilla de la que nació mi madre.

— Había olvidado que eras hijo de Lilith.

Después de eso entraron a la sala, en la que Matsuri se sirvió una copa de vino para calmar sus alterados nervios, se quedaron viendo en silencio para recuperar sus cabales y ordenar sus ideas.

Para Kokuto es algo relativamente fácil, ha vivido tantos años que poco o nada lo sorprenden ya, pero ser padre es una experiencia nueva para él. Ya que los hijos los Lilim, a diferencia de ellos, son mortales y cazados por las Trompetas; por lo que Kokuto, a diferencia de sus hermanos, nunca había tenido hijos, o sexo siquiera, se quería evitar el dolor de la pérdida, porque, a pesar de lo que los divinos piensan, ellos cuidan y crían a sus vástagos. Los hijos son el centro de la vida de los Lilium.

Para Matsuri, no lo era tanto, Kokuto seguía siento tan atractivo como siempre. Ver como subía y bajaba su pecho con sus respiraciones le recordaba las múltiples escapadas que tuvieron durante los meses que duró su relación. Y a pesar de lo estresante de la situación, sentía como su coño vibraba por el recuerdo de las estocadas de su pene entrando en ella. Afortunadamente, el encaje del sostén y el plan del vestido que traía puesto impedían que se notara cuan duros se encontraban sus pezones en ese momento.

— ¿Ya te sientes más tranquila?

— ...un poco.

— ¿Crees que ya podemos hablar?

— ¿Qué falta por discutir?

— Nuestra hija, entiendo porque no me dijiste nada de ella...pero ya estoy aquí y quiero ser parte de su vida.

— No sé cómo podríamos sobrellevar esto.

— Yo tampoco, pero es mi hija.

— Y la mía también, y quisiera evitarle una situación incómoda.

— Eso es imposible, no sólo me necesita, ella me está buscando...

— Imagino que sí, siempre menciona que alguien viene.

— ¿Qué tanto ha cambiado su apetito últimamente?

— Bueno, siempre ha sido mala para comer.

— Especialmente si son frutas y verduras, ¿verdad?, no creo que tampoco tolere los lácteos y el gluten.

— Todos los niños tienen problemas para comer frutas y verduras, y hay mucha gente intolerante a la lactosa o que tiene enfermedad celíaca.

— Pero no se enferman de altas fiebres o parálisis por ello.

— ¿Cómo supis...?— Kokuto la ignora y continúa con su interrogatorio

— ¿Qué tal come la carne roja?

— Entre más cruda mejor.

— Ya veo, le hace falta consumir sangre, debe de estar anémica.

— Le doy tabletas hierro todos los días.

— Eso no es suficiente, debes de darle tripas, riñones e hígado. El ojo y la lengua le encantarán.

— ¡Guacala!— Ella ni siquiera sabía que eso se comía.

— Cuando consuma eso veras como tolera mejor el resto de la comida. También deberé alimentarla con sangre antes de que ataque a alguien... ¿Matsuri?

— ¿Dime?

— Si yo hubiera sido humano..., ¿habrías hecho lo mismo?

— No lo sé, estaba huyendo de mi padre. Aunque tienes razón, nunca me trataste de manera impropia y no tengo porqué sospechar que actuarás de de otro modo con Hisana.

— ¿Se llama Hisana? Es un nombre bonito.

— Gracias, Kokuto, ¿tú y tus hermanos... tan buenos padres son?

— Tratamos de estar con ellos hasta que llegan a la adultez.

— Es... difícil de creer.

— No tienes que hacerlo, te lo demostraré.

Volvieron a guardar silencio, sólo que esta vez ya no fue incómodo.

— Me alegro de que hayamos llegando a un acuerdo. No me hubiera gustado tener que llevarmela en contra de tu voluntad.

— ¡Qué! ¿Realmente lo habrías hecho?

— Mi hija y su seguridad están primero, por lo que, con todo el dolor de mi corazón, te mataría de ser necesario.

— ¿Y qué pasará con Shuren, y entre nosotros?

— Pasará lo que tenga que pasar. Además, todo será más sencillo cuando nos acomodemos con ustedes.

— ¿Disculpa?— A pesar del tono de voz de Matsuri, esas palabras no la molestaron, aunque sí la sorprendieron, muy gratamente.

— Lo que escuchaste, es en lo único en lo que no voy a debatir, no me voy a arriesgar a que salgas huyendo con ella a mitad de la noche.

— Pero, pero, pero...— Empezó a sentir en su vientre un calor en su vientre harto conocido al imaginarlos recorrer la casa con sus torsos desnudos.

— Si nuestra presencia aquí te produce algo, no dudes en dejarte llevar. Bueno, hasta mañana, Matsuri.

El inesperado beso que le dio Kokuto, la descolo, no porque no lo deseara, sino por lo que la hizo desear. Ese beso le recordó el placer que sentía a su lado. Como su lengua jugaba con ella en ese momento le permitió rememorar de las maravillas que solía realizar con su sexo. Eso era tan bueno como cuando Shuren utilizaba sus dedos en ella. ¡Oh, lo qué se sentiría estar con ellos mientras la moldeaban a su gusto!

— Y si sucede algo entre los tres, tampoco me molestaría.— Después de eso se fue, ella estaba segura de que se fue duro como una piedra, pero no era el momento de dejarse llevar. No importaba que su coño, tan mojado que se le escurría lubricante entre las piernas, doliera por la pérdida del placer de sentir esa verga enterrarse en ella.


Ni bien habían Kokuto y su hermano tocado cuando Hisana, aún en pijama, corrió abrirles la puerta y abrazar las piernas de Kokuto.

— Sabía vendrías, ya me estaba desesperando.— El tierno puchero que hizo Hisana ablandó la frustración que había tenido Matsuri desde la noche anterior.

— Hubiera llegado antes, pero un hombre malo me lo impedía.

— ¿Ya lo mataste?

— No pude, pero lo dejé muy herido, espero que muera por las heridas.

— Yo también, ja, ja, ja.

— ¡Kokuto!, ¿cómo le permites que utilice ese vocabulario?— Shuren con su brazo le impidió que se acercara más.

— Ella es una cambion, está en su naturaleza.— Él intervino para darles tiempo a padre e hija.— Estamos aquí para enseñarla a controlarla. Si viviéramos en una comunidad no habría tanto problema pero no podemos permanecer por mucho tiempo en ellas sin ponerlos en peligro.

— ¿Comunidades?, ¿como las nuestras?

— Sí, nosotros también tenemos familias importantes, pero cada cierto tiempo nos volvemos detectables y corremos el riesgo de que dejarlos al descubierto.

— ¿Y cada cuánto se vuelven detectable?— Los nervios de Matsuri se tensaron otra vez.

— No lo sabemos, es al azar. A veces pasan siglos y otras pasan horas. El problema es que nuestros hijos también son detectables por las Trompetas durante la infancia, por eso estamos aquí. Para cuando llegue a la adultez ya no habrá problema y si lo desean nos iremos d...

— ¡No, no lo..!— Se detuvo con sus manos de lo que fuera a decir.

— Matsuri...

— L-lo-lo que qui-qui-quise decir es que no se deben de precipitar.

— Entendí lo que quisiste decir— Le da un beso, a pesar de ser un simple roce de labios, que se sintió como corriente eléctrica que hasta sus piernas se sintieron como gelatina.—, ahora hay que hay que hacer el desayuno, Hisana tiene que ir a la escuela.

— ¡S-s-í, ya voy!


¿No estaba saliendo con el mecánico?

¿Y quién es el otro hombre?

Espero que no viva en pecado.

¿Acaso ellos tres son...? ¡Qué escándalo!

Y viven así en frente de una niña.

¿Qué clase de madre tiene un amorío con dos hombres al mismo tiempo?

¿Pero no es el tío de la niña?

La niña es muy popular entre sus compañeritos.

Le está aprendiendo las malas mañas a la madre.


Los siguientes meses al retorno de Kokuto han sido un torbellino de emociones. Las señoras chismosas del pueblo no dejan de hacer preguntas incómodas que Matsuri no sabe cómo responder, tampoco es que quiera hacerlo. Hisana se ha vuelto muy cercana a Kokuto y su actitud por momentos es más dominante, pero no ha disminuido su popularidad entre sus compañeros, pareciera que ha aumentado. También ha aprendido a usar su poder, hay tardes que la ve en el jardín tomar una forma similar a la de un gato con filosas garras. Shuren sigue teniendo, a pesar las habladurías, mucho trabajo en el taller y Kokuto, por su parte, empezó a trabajar en la panadería del pueblo. En cuanto a Matsuri, bueno ella trata de no dejarse llevar por lo que sea que despiertan en ella ambos hermanos, especialmente en las tardes calurosas o en las mañanas que salen del baño con sólo una toalla en sus caderas. O de las besos apasionados que le dan a escondidas, o de las caricias furtivas que le dan de vez en cuando bajo el agua de la regadera... nunca se ha sentido tan satisfecha y frustrada a la vez, porque después de llevarla al orgasmo con sus diestros dedos se detienen, no piden reciprocidad, no le exigen nada... es como si esperaran algo de ella, esperan por ella.

Ni cocinar, su actividad que disfruta mucho, le trae la paz que necesita en este momento, pues ya lleva mucho tiempo acitronado las cebollas para la sopa que quería hacer.

— Mami.

¡Quieren que elija entre ellos dos!

— Mami.

No puedo elegir, los dos son tan... y tratan a Hisana tan…

Ugh...

— Mamá...

Y me hacen sentir tan…

Ya no quiero seguir caminando por ahí con la pantaleta húmeda.

— Mamá...

Sé que ellos huelen mi lujuria.

No puedo permitir que...

— ¡Mamá!

— ¡Waaahh!

— ¿Estás bien, Mami?

— S-sí, sí, estoy bien. ¿Qué necesitas, Hisana?

— Mi amiga Margarita me invitó a jugar a su casa, ¿puedo ir?

— Claro que puedes.

— ¿También me puedo quedar a dormir?

— Este, yo creo que...— No, ni creas que me vas a dejar sola con esos dos.

— Claro que puedes, Hisana, diviertete mucho.— La voz de Kokuto le impide responder a su hija.

— ¡Gracias! Nos vemos mañana, Mamá.

— ¡Diviértete!— Shuren que se encontraba en la sala se despide de la niña.

— ¡Por qué hiciste eso!

— Porque mañana es sábado y Hisana quería ir con su amiga y no parecías responder.

— Pero yo soy madre y yo tomo las decisiones que respecta a ella.

— Y yo soy su padre y ella tenía veinte minutos hablándote.

— No es posible, no me di cuenta.

— Creo que necesitas relajarte, ya quemaste la cebollas.

— Eso creo...

— Iré a prepararte la tina.

— Y yo me encargaré de la comida.— Shuren comentó mientras entraba a la cocina y le quitaba la pala y la sartén a Matsuri.

— Sí, gracias...— Un momento... ¿dijo la tina? ¿Y Shuren va a cocinar?—, ¿qué planean esos dos?


Con los nervios a flor de piel y la desconfianza al límite, Matsuri desoyó a su conciencia y se metió en la tina. Medio temiendo a que Kokuto entrara a acompañarla y por fin la hiciera suya y medio añorando a que lo hiciera. Las aceites y velas aromáticas ciertamente dejaban ese aire de erotismo que ella deseaba y esperaba. Pero, Kokuto nunca llegó, la dejo, como prometió, a que se relajara. Lo único que logró fue sentirse más ansiosa y cachonda, tanto tiempo aguantándose ya le estaba pasando factura.

Tal vez sí yo... ah, ah, sí...

Ah, no, eso no, oh, puede ser...

Siempre, ah, ah, me enseñaron que, ah, eso estaba mal, ah, qué era, ah, un pecado...

Pero..., oh, sí..., justo, ahí...

Es que, ah, ah, se siente, ah, tan bien, ah, cuando lo hago...

— Ahhhh...— Matsuri tuvo que ahogar los gemidos de su estimulación con una de las toallas que estaban a su lado, ya estaba tan cerca del orgasmo...

— Matsuri, ya está la cena.— Shuren la llamó suavemente desde el otro lado de la puerta.

— Ah, gracias.— Matsuri dio un pequeño brinquito en la tina que tiró agua por el borde de la tina de lo inesperado que fue para ella.— Voy enseguida.— Estaba tan cerca...

Grande fue su sorpresa al ver que la bata que usaba usualmente, una bastante fea, no estaba en el baño, en su lugar se encontraba un fino juego de camisón de seda y de lencería fina, un tanto erótico pero sin llegar a ser escandaloso, y que, por alguna razón, su contacto estimulaba sus pezones.

La hora de la cena, fue otro momento de frustración sexual, la mesa estaba puesta de manera casi romántica, velas, manteles largos, porcelana fina y vino— ¡Dios, es mi favorito!— . Pero sin una cita, sólo estaba puesta la mesa para uno. Mientras ellos estaban al costado de la mesa como meseros para atenderla.

¿A qué están jugando estos dos?

— La cena está servida.— Los hermanos, cómplices de algo, hablaban al mismo tiempo y sus acciones estaban sincronizadas para no chocar entre ellos. Mientra uno descorchaba y vertía el vino en la copa, el otro servía la cena.

— Gracias, ustedes no van a cenar conmigo.

— Cenaremos después.— La mirada cómplice que se dieron fue inequívoca. Ellos planeaban algo.


La cena estuvo deliciosa y la atención maravillosa. Incluso logró convencerlos de que se sentaran a la mesa a tomar una copa de vino. Aunque a cada segundo, en su centro, hay una incomodidad creciente, como si su vagina se abriera esperando acomodar algo, algo grande; y el calor en la habitación se estaba volviendo insoportable. La pobre tuvo que quitarse la bata y quedarse con el puro camisón, para beneplácito de los hombres frente a ella.

— Me siento rara.— Matsuri no dejaba de abanicarse en un intento de calmar esa sensación de su cuerpo.

— Debe de ser por los afrodisiacos.

— ¿¡Los qué...?!— ¡Sabía que había algo raro en todo esto!

— Nos cansamos de esperar por ti.— Hasta Kokuto, que sonaba apenado.

— Así que decidimos acelerar el proceso.— Shuren, seguramente fue su idea.

— ¿Cómo se atreven?

— Si no lo deseas, no te tocaremos.— Al menos Kokuto siente algo de arrepentimiento.

— De todos modos no es son fuertes, no debes de sentir nada más allá de un ligero entumecimiento.

— ¿Ligero?, ¿están seguros?— Por alguna razón, eso era difícil de creer, con la creciente sensación de entumecimiento en su vientre y que, con el más ligero movimiento, sentía pequeñas y deliciosas corrientes eléctricas recorrer su cuerpo.

— Se supone que así debe de ser, si es que no deseas tener algo con nosotros no ocurrirá.

— No es un afrodisiaco normal, se supone que aumenta tus deseos internos.

— ¿Y eso quiere decir que...?— El mundo se ve un poco rosa.

— Que creo que será mejor que te vayas a la cama.

— Te veremos en la mañana, cuando te sientas mejor.

— ¡Ah, no, par de cabrones! ¡Ahora me cumplen!

Sin más, Matsuri los tomó de las manos y se los llevó a su habitación, para eso es que tenía una cama queen size.


Matsuri se encontraba felizmente emparedada entre los dos hombres, con Shuren al frente y Kokuto a su espalda.

— ¿Estás segura de esto?— Pregunto Shuren, viendo, tranquilamente a los ojos, listo para detenerse si así ella lo deseaba.

Matsuri, por su parte, en respuesta le tomó las mejillas para dirigirlo a su boca. Sus lenguas empezaron una batalla por el control del beso.

— No tienes que hacerlo si no quieres.— Kokuto le estaba dando su última oportunidad de arrepentirse, y ella, para no tener que detener el beso que compartía con Shuren, tomó su mano y la dirigió hacia el interior de su muslo, lo mejor que pudo.

Eso bastó para que Kokuto besara la parte trasera del cuello, con besos ligeros y delicados y su manos subiera el camino hasta su estómago, tentandola con regresar a su centro.

Matsuri detuvo el beso para darse la vuelta y repetir sus acciones con Kokuto y empezar a desvestirlo, momento que Shuren aprovechó para desnudarse. Cuando volvió con la pareja, empezó a besar la espalda de Matsuri por encima del camisón y a masajear sus glúteos por encima de la tanga. Ella dejó la boca de Kokuto y este comenzó bajar por su cuello y sus manos empezaron a navegar por debajo del camisón para poder retirarlo. Kokuto volteo a Matsuri para que que le diera la cara Shuren.

— Shuren...— La voz de Matsuri estaba cargada de deseo.

Por su parte, el mencionado guardó silencio, prefiriendo atacar a los aún cubiertos pechos por un delicado sostén de encaje semitransparente. Utiliza sus brazos, que la sostienen por la espalda, para acariciarla.

Kokuto, para aumentar el placer del encuentro, sigue besando, por la parte de atrás, el cuello de Matsuri y baja sus manos hasta llegar hasta sus coño que ya se encontraba mojado.

— Oh, sí, sigan así.

— ¿Justo así?— Preguntó, inusualmente travieso Kokuto, mientra metía y sacaba lentamente sus dedos y con su pulgar empezaba a estimular el clítoris.

— ¡Ahh, sííí!

Haciendo esfuerzos sobre humanos se separó de los hermanos para dirigirlos a la cama, en donde, por encima de ellos, tomó entre sus manos el pene de cada uno de ellos para poder mastrubarlos a placer.

Ahhh...

En la habitación sólo se podía escuchar los gemidos de los dos hombres mientras disfrutaban ser dominados por una humana, pequeña en muchos sentidos, poderosa en otros. Ella siguió así, moviendo sus manos de arriba hacía abajo a lo largo de sus enormes pollas. La embargante emoción de cuando del pene de Shuren empezó a salir líquido preseminal la hizo meterlo a su boca. Le empezó a dar lametones y mordidas ligeras, mientras que con su otra mano seguía masturbando a Kokuto. Shuren, embriagado por el placer, posó su mano en la cabeza de Matsuri para dirigirla e indicarle que podía tomarlo más a fondo.

— Oh, Matsuri, tu lengua...

— Dilo, no te lo guardes...— apenas se entendieron las palabras que salieron de la boca de Matsuri que no quería dejar de mamar la verga endurecida.

— Eres, ah, la m-mejor, ohh, mamada q-que he tenido, aaahh, en mi vidaaa...

Esas palabra la convencieron de dejar la mano que masturbaba a Kokuto para enfocarse en la verga de Shuren.

— No te detengas, Matsuri, sigue hasta que lo ordeñes completamente. Déjalo seco...— Las porras que le daba Kokuto, mientras acariciaba sus nalgas y los labios mayores de su vagina, hicieron que acelerara las succiones en Shuren.

— AAAHHHhhh...

El gemido del clímax de Shuren resonó en la habitación.

— Matsuri, ...luces... hermosa...— La respiración de Shuren estaba entrecortada, pero complacida.

— No digas cosas así— De la boca de ella se escurría la corrida que no alcanzó a tragar—, me apenas. Ahh, Kokuto, tus dedos...

— No te apenes, en este momento eres una de las mujeres más hermosas del mundo.— La aludida volteó a ver a su interlocutor y no pudo evitar lanzarse a su brazos para besarlo.

— No me he olvidado de ti.

— Lo sé.

Shuren veía embelesado como ellos compartían un beso intenso. Ella lo dominaba pero de entre sus piernas podía ver como escurría el lubricante, ella ya estaba lista, y ansiosa, para recibirlos.

Matsuri, cuando ganó la batalla por la dominación del beso bajó por el cuello de Kokuto y los mordió hasta sacarle sangre que bebió con avidez. Kokuto, mientras acariciaba la espalda de la mujer que amaba con sus uñas, que se habían vuelto garras, le hizo pequeños rasguños de los que empezó a salir sangre. La imagen fue tan erótica para Shuren que no pudo evitar acercarse a la espalda de Matsuri y lamer la sangre que brotaba hasta llegar a su cuello y morderla hasta hacerla sangrar ligeramente. El placer de la mordida le hace alejarse para para que la sangre corriera por el frente de su cuerpo.

La sangre corrió de su cuello hasta llegar a una de sus tetas y correr como si de leche se tratara. Leche que Kokuto bebió de su pezón izquierdo como si fuera un bebé alimentándose. Los gemidos de Matsuri estaban tomando un volumen inapropiado, por lo que Shuren pasó su brazo derecho por debajo para poner su dedo índice en su boca para que lo mordiera.

Para este punto la verga de Shuren ya estaba endurecida otra vez. Cuando Kokuto dejó el pezón de Matsuri y ella dejó morder el dedo de Shuren para tomar la verga del primero entre sus manos y boca. Shuren se dió cuenta que le salía, y no poca, sangre del dedo por la mordida.

¿Acaban de hacer un pacto de sangre?

¿Dos demonios compartiendo la misma pareja? No es insólito pero sí es raro.

Shuren volvió a ver a Matsuri, que le hacía una mamada a Kokuto, que estaba con las nalgas al aire y las piernas abierta.

— Ah, Matsuri...eres la mejor, ah...

Shuren no pudo resistir, otra vez, a la imagen de Matsuri mientras complacía con su boca a su hermano menor. El lubricante que corría entre sus muslos.

— Shuren, no te quedes ahí...tómame mientras chupo a tu hermano...

— Hazlo, Herm-mano, ella, ah, es la m-mejor, ya no, ah, sentirás necesidad, ah, de buscar máás.

— Lo dice el que sólo ha copulado con una mujer en su vida.

A pesar de sus palabras, Shuren hizo lo que pidieron. Se acercó a las nalgas de Matsuri y las acarició suavemente. Eran hermosas, deliciosas, ya después la tomaría de ahí, por ahora lo haría de su coño como indica la tradición. Esta noche después de haber intercambiado sangre con ella deberán de tratar de preñarla y seguirán así todas la noches, o cuando ella quiera, hasta lograrlo.—

Con una de sus rodillas, separa un poco más las piernas de Matsuri y con su mano guía su verga por la vulva de Matsuri. El acomodarse en ella es una sensación que nunca sintió con ninguno de sus amantes. Ella es distinta, tal vez sea su sangre de Trompeta, tal vez sea su aura, lo que sea no importa, lo que importa es que ya no quiere dejar el interior de la mujer que chupa su verga con una codicia que nunca conoció. Empieza moverse lentamente, primero, pero pronto toma velocidad.

— AAhh, Shuren, sí...— Apenas y se entiende lo que Matsuri dice con tanto trabajo porque se niega a dejar de chupar la deliciosa verga de Kokuto.

— Ahhh, ahh, oohh... eres deliciosa Matsuri, nunca sentí a una mujer como tú.

Shuren continuó con sus embestidas, que cada vez se volvían más voraces. El sonido del choque de las caderas hacían que las paredes de la vagina se apretaran pero aún no alcanzaban, ni de cerca, el clímax. Shuren se inclina más por la espalda de Matsuri para poder soltar un de las caderas y mantener el ritmo. La mano que soltó la cadera de se dirigió al centro de Matsuri para poder estimular el abandonado clítoris.

— Ahh, tu coño se está estrechando...

Esta vez Matsuri no responde, no puede, el placer que siente por cogida por Shuren y por tener a Kokuto a su merced se lo impide.

¡Ah, Shuren, sigue así, te sientes delicioso, llevame al orgasmo con esa roca que tienes por verga!

La sensación de dominar y ser dominada le encanta y desea que se repita otra vez esta misma noche, y la noche siguiente, y la noche siguiente, y la noche siguiente, y la noche siguiente...

Las estocadas de Shuren se estaban volviendo deliciosamente insoportables y la estimulación en su clítoris la estaban llevando a la cima del placer. Cima que alcanzó cuando Shuren se corrió en su interior y Kokuto hizo lo propio en su boca. Shuren salió lentamente de su interior y ella soltó la semi flácida verga de Kokuto, el último la recostó de espalda a la cama.

— Eres la mujer más hermosa de este mundo.

Ella no pudo responder a los halagos de Kokuto, trataba de recuperar algo de aire, éste había sido uno de los mejores orgasmos de su vida, pero quería más, por una razón que desconocía. Ahora quiere que la verga de Kokuto se entierre en ella tal vez, sólo así, se calme la pasión en su útero.

Sin necesidad de hablar, Kokuto entendió lo que ella quería, pero antes él quería probar saborear el clímax entre sus piernas, así que dirigió su boca la empapada vulva.

Shuren al ver a su hermano usar su lengua para saborear a Matsuri sintió envidia. Envidia de no haberla encontrado antes que él, envidia de no haberla tomado para sí cuando la conoció en la carretera, envidia de requerir fuerzas antes de volver con ella y complacerla al mismo tiempo. Deseaba hacerla sentir el placer máximo para que nunca volviera a huir de su hermano o de él, que permanezcan juntos los tres; criando a Hisana y la criatura que van a gestar en ese vientre.

Kokuto lamía con avaricia los fluidos que corrían entre los labios mayores de Matsuri, sólo lo que salió de ella, esperando que haya suficiente líquido seminal de su hermano en ella. Coronó el recorrido de su lengua en el capuchón y empezó a chuparlo para sacar el clítoris de su escondite hasta que ella volvió a alcanzar el orgasmo.

— ¡Ooohh, Kokuto!

Sin permitirle recuperarse de su orgasmo, Kokuto pasó una de las piernas de Matsuri por encima de su hombro y se enterró con fuerza en ella para sentir cómo las paredes vaginales lo oprimían, de no ser por su entereza se habría venido en ese momento, y empezó a cogerla vigorosamente. Había pasado tanto tiempo desde la última vez en que había sentido a Matsuri que ya no tenía paciencia para ir despacio. Y por los gemidos de Matsuri, ella tampoco quería que fuera tierno.

— ¡Ah, ah, ah...!— Gemidos de gozo era todo lo que podía salir de la boca de Matsuri.

¡Oh,sí , Kokuto, cógeme así, duro, rompe este coño que te ha extrañado tanto!

Cuando Matsuri alcanzó otro orgasmo, por fin la dejaron descansar para poder apreciarla cómo se debe, sexualmente satisfecha.

— ¡En verdad, eres la mujer más hermosa de este mundo!— Shuren no dejaba de decirle eso, porque realmente lo sentía.

— No lo soy, necesito más de sus vergas para serlo.— Y, a pesar de todo, Matsuri aún no estaba satisfecha.

— Entonces te convertiremos en la mujer más hermosa de este mundo.

— Te daremos de nuestras vergas tanto como desees.

Y así siguieron hasta entrado el amanecer, cuando la dejaron totalmente satisfecha y se formó un río, una mezcla de semen y orgasmos, que salía de su coño y su culo, dónde ella no pensaba que se podía obtener tanto placer.

Quiero repetir esto el resto de mi vida.


— Mamá, últimamente te veo más feliz.

— ¿Tú crees, hija?— Matsuri apenas y podía con su felicidad. A la mañana siguiente de su primera noche con sus ¿maridos?, se enteró de que había formado un pacto con ellos. Ahora sentía lo que ellos sentían, y ellos lo que ella sentía. Tampoco podía soportar alejarse demasiado de ellos, ya que de algún modo, muy torcido, cumplía su sueño de formar una familia.

— ¿Ya te reconciliaste con mi Papá?— La sonrisa en la cara de la pequeña era tan grande que apenas y cabía en su carita.

— Creo que sí, Hisana.— Y le encantaba consumarlo todas la noches, y en las mañanas, y en las tardes, y siempre que pudiera. Un efecto secundario del pacto de sangre, una enorme lujuria que se despertaba con la mínima oportunidad. Esa misma mañana, cuando le llevó la merienda, cogió con Shuren en la bodega del taller y planeaba ir a visitar en la tarde a Kokuto en la panadería, con el pretexto de llevarle el almuerzo.

— ¿Entonces te vas a casar con mi Papá y mi Tío?

— ¿¡Que cosas dices!?— ¿Cómo le explico algo que ni yo entiendo?

— Eso ya no se puede Hisana, para estándares humanos, ya lo estamos.— Kokuto, inusualmente directo, le dijo la verdad llana y lisa a la niña.

— ¿Y con quién se casó?

— Pues con los dos.

— ¿Entonces, tío Shuren, también de debo de llamar Papá? ¿Y me van a dar un hermanito o hermanita pronto?

— En eso estamos trabajando, ja,ja,ja.

— Entonces me voy a hacer mi tarea para que sigan en ello.— Y se fue corriendo para darle privacidad a sus padres.

— ¿Kokuto, no crees que fuiste demasiado directo con la niña?— Kokuto la abrazó por la espalda.

— No, es mejor que conozca las costumbres de los demonios.— Matsuri se recargó contra él, la sensación de su estómago siendo acariciado por encima de la ropa la estaban excitando. Tal vez ya no tenga que ir a la panadería a calmar su lujuria.

— Ah... ¿viniste a visitarme?— La voz de la mujer estaba volviéndose rasposa porque podía sentir como se endurecía el pene de Kokuto.

— Visitaste a mi hermano y no podía esperar a la tarde.— Ya no le dio tiempo de replicar porque la tomó en brazos y la llevó a la alcoba que recientemente empezaron a compartir.

A este paso no tardarían en darle el hermanito que Hisana tanto quería. Tal vez para su cumpleaños le puedan dar la buena noticia.