Nota: Hola a todos los que les está gustando mi historia y tengo que pedirles perdón, no van a ser tres partes del capítulo tres, sino cuatro. Ya llevaba más de veinte páginas y apenas ha nacido Rukia y no quería retrasar más el capítulo ya que, por causas de la vida real, me tomaría al menos otras dos semanas poder escribir, de hecho tomó dos más de lo esperado llegar a este punto por esas mismas causas. Así que espero que lo disfruten
Otra cosa, a mitad del capítulo se van a encontrar con una alerta de contenido fuerte por estar relacionado con un menor (aunque no es gráfico), si desean saltarselo, pueden hacerlo y el resto del cap les insinuará lo que sucedió.
No lo olviden, R&R.
Historias de amantes
Parte 3
Desde que era pequeña siempre sentí que algo en mí no era igual a lo de los demás. Era parecido a mi mamá, pero no mucho. Lo que emanaba de ella era un brillo opacado. Lo que sea que yo soy, se ve lila. También he notado que la gente, a veces, me produce la sensación de tener un agujero negro. La mayoría de las veces son pequeños y tienen muchos, como si fueran diferentes emociones; pero hay gente, que no me agrada, que tienen un sólo agujero en sus pechos. Esos agujeros se sienten usualmente muy grandes, oscuros y pareciera que quieren absorber todo a su paso.
— ¡Hisana, levántate, tienes que ir a la escuela!
— Ughhh...
— ¡Hisana, no quiero que llegues tarde!
— Ughhh...
Matsuri, al no recibir respuesta de su hija, subió para averiguar el motivo de su retraso. Sus pasos hacían rechinar la vieja escalera de madera. Matsuri ya estaba acostumbrada levantarla muy temprano porque su hija tendía a tardar mucho en arreglarse para ir a la escuela.
— Hisana, hija, ¿por qué tardas tanto?— La mujer entra a la habitación de su hija y la ve todavía en cama, hecha un ovillo.
— Mamá, no me siento bien...ughhh.
— ¡Ay, hija!— La pequeña tiene temperatura otra vez, siendo que ayer estaba perfectamente bien.— Creo que será mejor que no vayas a la escuela.
Una imagen común para la joven madre, desde que nació su hija ha tenido constantes problemas de salud sin ninguna causa aparente. Un día puede estar bien, saltando por todos lados y jugando con los niños del barrio, y al siguiente encamada por varios días con altas fiebres y escalofríos que desaparecen así como llegaron. Ya la ha llevado con varios médicos que no han podido encontrar una causa concreta de sus padecimientos.
Y el hecho de que Hisana fuera quisquillosa para comer y no tolerara muchos alimentos tampoco ayudaba.
— Creo que tendré que cancelar otra cita.— Pensó la mujer, que rara vez, en los cinco años de vida de su hija, tiene la oportunidad de salir con alguien.— A Bellamy no le va gustar, ya se está hartando.
— Ugh...
— ¿Ya te sientes mejor, hija?— Dos días después de que la pequeña tuviera su espantosa fiebre, que la tuviera postrada en cama y que Matsuri perdiera la oportunidad de salir con un hombre apuesto que había venido de turista al pueblo, todo parecía mejorar.
— Eso creo, Mamá.— La voz de la pequeña sigue débil, pero la fiebre ya ha pasado.
— Me alegro, adivina quién vendrá a visitarnos pronto.
— ¿Mi Tío?
— ¡Sí, y viene con regalos para ti!, regalos atrasados por tu quinto cumpleaños.
Me alegro que venga mi Tío y no uno de esos hombres que sólo quieren quedarse de pijamada con mi Mamá. Sé que Mamá, de vez en cuando, lleva gente a su cama, pero no es gente que la quiera y tengo que deshacerme de ella, y eso me cansa...
Ya quiero que él llegue, pero si le digo que mi papá está en camino se alterará, como siempre.
— ¡Fujimaru, me alegra que hayas podido venir!
— ¿Aunque me haya perdido el cimpleaños de mi sobrina favorita, Hermana?
— Es tu única sobrina, ja, ja, ja.
— También vine con noticias.— Su voz, antes alegre, tomó un tono
— ¿Sobre Padre?
— Me temo que no está bien de salud, está muriendo.
— Es una lástima.— Aunque en su voz se nota que no la siente.—
— Él desea que regreses, quiere conocer a Hisana, o es lo que me ha dicho.— Fujimaru es cauto con sus últimas palabras, sabe que está tocando un tema delicado.
Matsuri mira tranquila y delicadamente le responde— No, nunca pasará, no pienso volver ni exponer a mi hija a esa vida.
— Te entiendo, pero que no se diga que no lo intenté, je, je, je.
— Pues no lo hiciste con muchas ganas, ja, ja, ja.
Mi mamá está discutiendo otra vez acerca de mi abuelo, debe ser un hombre muy malo para que nunca me quiera llevar con él. ¿Y por qué se siente que es la última vez que mi Tío vendrá?
— ¡Tío Fujimaru!— La niña se avienta a los brazos de su tío para que la levante por lo aires y él respondió abrazándola con mucha fuerza porque, aunque no se los ha dicho, es la última vez que podrá venir a verlas.
— ¡Hisana, mi niña hermosa! Mira que grande te has vuelto, ¿cuántos años has cumplido?
— Ummm... así.— Y con su manita hace señal de cinco.
— Ah, ah, ah...
— Ah, ah, ah... Bellamy...
El rechinar de la cama de mi mamá me despierta, otra vez. Espero que este "amigo" de mi mamá sea alguien bueno, o que cambien de colchón. Por cierto, ¿porque mi Mamá si puede jugar a brincar en su colchón y yo no?... No es justo, yo también quiero brincar en mi colchón.
— Ah, ah, ah... Matsuri, te amo...
— Ah, ah, ah, aaahhh...
Mmmm, el que mi Mamá no responda semejante declaración no es bueno... lástima, Bellamy me agradaba un poco.
— Buenos días, Hisana.
— Buenos días, Mamá.
— Hija, esta noche tengo una cita.— Le dice la madre a la niña, una vez que ya le ha servido un vasto desayuno.
— ¿Con Bellamy?
— ¿Cómo supis...? Sí, creo que estamos llegando a algo y quisiera que lo discutieramos, te vas a quedar a dormir con Margarita esta noche.
— De acuerdo. Voy por mis cosas para la escuela.
La niña deja la mesa antes de que su madre se de cuenta. Corre a su habitación y toma su mochila para la escuela.
— ¡Hisana, regresa aquí y termina tu desayuno!
— Ya me voy, Mamá.
— ¡Te dije que volvieras!
— Bye, Mami.
No es que no me guste la comida de mi Mamá, pero a veces siento que quiero otra cosa, y no sé que podría ser. Además, si no me voy, Bellamy no podrá salir de la casa.
— Lo siento, Signorina Matsuri, pero me surgió una emergencia, tengo que ir al aeropuerto a recoger a mi sobrino Marcelo. No podré cuidar a Matsuri esta noche.— La voz del teléfono suena realmente apenada por el inesperado inconveniente.
— Entiendo, Giovanna, no te preocupes, si te sirve yo cuido a las niñas.
— Grazie, Signorina, en este momento están en la guardería. Si quiere yo paso por ellas a la guardería antes de irme.
— No será necesario, yo lo hago, yo puedo ir por ellas.
— ¡HISANA! ¡Suelta a esa niña!— Nada más llegar a la guardería, Matsuri se topó con la imagen de su hija pegándole a otra niña, estaba muy molesta y de sus ojos salían lágrimas. Las nanas de la guardería trataban de separarlas sin mucho éxito y no fue hasta que Matsuri intervino que la soltó y se lanzó a los brazos de su madre a llorar.
— Lo sentimos mucho, Signora Matsuri, no se enoje con Hisana, por favor.
— ¿Qué fue lo que pasó?— Matsuri estaba alterada, su hija no dejaba de llorar y Margarita, estaba en la esquina con su bastón sangrando de la frente y llorando quedito.
— No lo entendemos muy bien qué fue lo que desató la pelea, pero Stefana y sus amigas ya tenían todo el día molestando a Margarita y a Hisana y creo que explotó.
— Entiendo, será mejor que me las lleve.— Una de las nanas la ayudó a llevar las cosas de a las niñas al carro, ya que Matsuri tenía los brazos ocupados con Hisana y llevaba de la mano a Margarita, un proceso lento tomando en cuenta que tenía que esperar a que la pequeña avanzara con su nuevo bastón para ciegos.
— Margarita, ¿Me puedes decir que fue lo que pasó?— Le preguntó Matsuri a la amiguita de su hija, Margarita, una vez que ya estaban en el vehículo. Ella, una niña muy tierna que nació con problemas de salud que acaban de dejarla ciega hace unos meses y estaba aprendiendo a usar su bastón para moverse, siempre ha sido muy tímida con la gente.
— No, Signora.
— ¿Sabes que puedes confiar en mi?
— Lo sé.
— Si me lo cuentas no estás traicionando a Hisana, ¿sabes?— Se lo dijo mientras veía a su hija por el espejo retrovisor que dormía en el asiento trasero. Se veían tan inocente que era difícil de creer que le acababa de arrancar un mechón grande cabello, y que aún tenía en sus manos, a su compañera de guardería.
— Es que no quiero que me regañe por decir cosas feas...— La niña empezó a llorar. Matsuri guardó silenció hasta que la pequeña se calmó.
— Bueno, entonces dime quién te pegó en la frente.
— No sé, pero Stefana y sus amigas nos aventaron cosas.
— ¿Sabes por qué lo hicieron?
— Porque Felipe le dio una flor a Hisana y le dijo que era muy bonita y que le gustaban muchos sus ojos.— Matsuri suspiró de angustia, no era la primera vez que su hija tenía problemas con otras niñas por sus ojos.— Además de las cosas feas que dijo acerca de usted.
— ... Entiendo, no te preocupes, no le diré nada Hisana.
— No puedes seguir así, cancelando nuestras citas.
— Fue una emergencia, no había quien cuidara a las niñas.
— Siempre dices lo mismo. ¡Ya me harté, Matsuri!
— ¿Te hartaste de qué?
— De ser tu segunda opción, siempre cancelas nuestras citas por tu hija.
— ¿Te estás escuchando? Estás hablando de mi hija, por supuesto que ella es mi prioridad.
— Pero no puede ser así todo el tiempo. Y tampoco puedo seguir fingiendo frente a tu hija.
— Tú eres quien no quieres vivir aquí.
— Porque no te quieres casar conmigo.
— Y ya te dije que no quiero irme de aquí.
— ¿Por qué no?, Hisana tendría una mejor escuela en París y no tendrías que trabajar, podríamos casarnos, yo te puedo mantener.
— Y ya te dije que no tengo intenciones de irme, soy feliz aquí.
Yo sé que tratan de mantener el volumen bajo, pero, incluso, Margarita las puede escuchar, me la llevaría a jugar al patio trasero si no me doliera tanto la cabeza. Ya le había dicho a Bellamy que tenía que tratar bien a mi Mamá y respetar sus deseos, creí que era diferente a los otros...
— Vuelvo en un momento, voy por agua.
Hisana sale de la habitación rápidamente, puede escuchar los pasos de Bellamy por el pasillo tomando sus cosas para irse. Alcanza a interceptarla en la puerta. Pospuso esta conversación con ella pero ya no puede esperar más.
— Oh, Hisana, ¿me permites pasar?— A pesar de su molestia, Bellamy trata de mantener el tono afable con la niña, pero la mirada de que recibe es tan penetrante y pesada.
— No quería hacerlo, pero no quiero que vuelvas a molestar a mi Mamá.
— Hisana, no sé de lo que hablas.
— Sí lo sabes, yo te lo advertí.
— Lo que suceda entre tu madre y yo no es tu asunto.— La mujer empieza a perder la paciencia con la niña y su tono de voz se vuelve agresivo.
— Lo es y no quiero que vuelvas.
— Mira, yo...
— No quiero que vuelvas a lastimar a mi Mamá.— Los ojos de la niña toman un brillo que nunca había visto.
— Yo nunca...— Bellamy siente que su cuerpo vibrara, como si algo hiciera que los ruidos retumbaran en su cabeza y no puede apartar su vista de esos ojos.
— Lo acabas de hacer.
El miedo se empieza a apoderar de su cuerpo, sus rodillas tiemblan. Tiene que salir de ahí, tiene que salir de ahí. Tiene que salir de ahí. ¡Tiene que salir de ahí! ¡TIENE QUE SALIR DE AHÍ, AHORA!
— Y espero que nunca vuelvas.— Bellamy siente que casi se orina en sus costosos pantalones de lino del terror que le producen esos ojos.
— ... — Sale corriendo, en su prisa se golpea contra el marco de la puerta y no se detiene para revisar el sangrado de su nariz, alejarse de esa casa es lo único que le importa.
Mamá no ha vuelto a tener otra relación desde que Bellamy se fue, o al menos así de seria. Eso fue hasta hace unos días. Cuando le pregunté por ello sólo me dijo que ya no tendría que ir a la ciudad a arreglar la camioneta, espero que haya sentido al hombre con aura extraña que ronda la ciudad. Y ahora está ansiosa de presentarme a alguien.
— Hija, este es Shuren.— Matsuri está feliz de presentarle a su hija una potencial pareja.
— Hola, pequeña, tu mamá me ha hablado mucho acerca de ti.
— Mmm...— La fulminante mirada que le lanza a la niña no le sorprende, ni siquiera parece afectar, para extrañeza de la niña.
— ¡Hisana, deja de mirarlo así!— Ni siquiera el regaño de su madre parece lograr que la niña lo deje de ver tan seriamente.
— Ja, ja, ja, ja, ¡qué linda niña!— Shuren la toma en sus brazos y la hace girar, como emocionado por recibir esa mirada.— Y tus ojos son tan bellos, espero que las niñas de tu clase no te hayan molestado mucho por ello. Aunque tu madre es muy bella, los has de haber heredado de tu padre, ja, ja, ja, porque la belleza la sacaste de tu madre, ja, ja, ja.
— ¡Shuren, que cosas dices! Iré por el café y el pastel.
— Gracias, Matsuri.— Después de un momento de silencio se voltea a la niña que lo mira con ojos extrañados pero ya con la guardia baja.— Tu reverberación es buena para alguien sin entrenamiento, lástima que sólo te servirá con humanos normales. Tu padre debería estar aquí para protegerte.
— ¿Entonces, lo conoces?— Hisana, que se había mantenido en silencio desde el principio, habló con voz tímida.
— ¿A quién?— La voz de Shuren era risueña y traviesa. Sabía a quién se refería pero no daría su brazo a torcer.
— A él, al señor de mis sueños, sé que él busca a mi Mamá, pero algo me impide hablarle.
— ¿Tus sueños?, mmm, debe de ser la barrera natural de esta casa y que ha reforzado tu madre para que no las detecten.— Ella debe de ser muy poderosa para impedir que un cambion como Hisana contacte a Kokuto, y visceversa.
— ¿Pero lo conoces?— La niña ya está ansiosa por respuestas.
— Por supuesto, tu padre es mi hermano menor.
— Shhh, que no te escuche o se pondrá mal mi mamá.
— ¿Qué no me escuche decir qué?
— Padre, cuando era más pequeña siempre que le preguntaba se ponía a llorar.
— Ya veo, pero no te preocupes, pronto vendrá él a cuidarte y podrás hacerle todas las preguntas que desees.
— Gracias, tío Shuren.
— De nada.
Ya lo siento cada vez más cerca. Mamá está ansiosa está noche, creo que quiere formalizar algo con mi Tío, pero no creo que vaya a poder hacerlo hoy. Mamá, por favor no lo rechaces o no te volveré a ver.
— ¿Así que tu eres mi papá?
— ¿Y tú eras la que me daba lata por las noches?
— ¡Yo no doy lata!
— Ja, ja, ja, ja, por supuesto que no la das.
— ¿Puedo preguntarle algo?
— Me puedes preguntar todo lo que tu quieras.
— ¡A desayunar!— Se escucha a lo lejos el grito de Matsuri
— ...Pero, creo que será después del desayuno y lo que alcancemos antes de que te tengas que ir a la escuela.
El puchero que hizo la niña solo fue respondido por un abrazo de Kokuto, muy feliz por tener a su hija en brazos por primera vez.
— ¿Entonces, qué es lo que soy?
— Eres mi hija.
Padre e hija llevaban rato sentados en el jardín tratando de recuperar algo del tiempo perdido, abrazados, sentados en una banca bajo la sombra de un viejo roble.
— Sí, eso ya lo sé, ¿pero que soy y qué eres tú?, porque no somos iguales, hay algo distinto entre nosotros.
— Bueno, eso es complicado, en definitiva, no eres como yo, pero heredaste mis ojos.— Esto último lo dijo con una sonrisa de oreja oreja, feliz del prospecto de que su hija tenga esos hermosos violeta.
— No es cierto, tus ojos son azules.
— ¿Estás segura?— Y con esas palabras hace que el color de sus ojos cambie de bonito azul oscuro a un inusual y hermoso violeta que le recuerda a los aretes de amatistas que tiene su Mamá y que sólo utiliza en ocasiones especiales
— ¡Guau!, ¿cómo hiciste eso?
— Es una habilidad que mis herma...— Se detuvo de improviso, su rostro tuvo, por sólo un momento, una expresión de tristeza contenida.—, que mi hermano y yo poseemos, la utilizamos para camuflagearnos en este mundo, nos permite evitar conflictos con muchos humanos.
— ¿Me puedes enseñar a hacer eso?, ya no me sucede tanto, pero de vez en cuando tengo problemas por mis ojos.
— Tus ojitos, así como son, son hermosos. Además, desgraciadamente, es una de las pocas cosas que no podré enseñarte.
— ¿Eh? ¿Por qué?
— Bueno, porque eres una cambion.
— ¿Una qué... cambioo?
— Cambion, son los hijos del resultado del mestizaje de humanos con seres demoníacos.
— ¿No es eso malo?, en el catecismo nos enseñan que eso es malo, bueno eso era cuando iba.— La confusión en su rostro le hizo hacer muecas que le parecieron graciosas a su padre.— ¡No te rías!
— Creo que muchas cosas son de perspectiva, además la historia siempre tiene dos lados y a nosotros nunca nos preguntan el nuestro.
— ¡Oh!, ¿y me la vas a contar?
— Espero poder hacerlo, pero creo que aún eres muy jóven para algunos detalles. Bueno, como iba diciendo, los cambion son hijos de demonios, como yo, pero tú, al igual que tus primos antes que tú, eres diferentes a los otros cambion.
— ¿Tengo primos o más hermanos?, ¿tengo más parientes?
— Tenías, ya todos murieron y no, no tienes más hermanos, eres mi única hija. En cuanto a si tienes más familia, eso es complicado. Mi madre, tu abuela, tuvo muchos hijos aunque no sé si llamarlos hermanos porque la relación fue de hace muchos, muchos milenios.
— Explicame lo que puedas, a veces siento que no encajo con mis compañeros.
— A veces quieres sangre, carne y algo más que no puedes explicar, ¿verdad?
— ...
— ¿Hisana?
— No siempre, sólo ciertas personas me producen esa sensación. Como el primo de Margarita, Marcelo. Él está rodeado de oscuridad.
— ¿Cómo agujeros negros que absorben todo?, debe de ser un pecador terrible...
— No entiendo, Papá.
— Tú, al igual que otros demonios, te alimentas de la oscuridad de los pecadores, puedes hacerlo alimentandote de su alma o de su cuerpo, literalmente. Aunque yo preferiría que lo hicieras del alma, es más fácil de esconder el acto, especialmente cuando han cometidos actos imperdonables. Ya te enseñaré a cazar, lo necesitarás, es el alimento que sostiene tu mitad demoníaca.
— ¿Me enseñarás a controlar mi poder?
— ¿Los has usado?
— Eso creo, je, je, je.— La risa de Hisana no ocultaba el disfrute que le produce el aterrorizar a otros.
Guardaron silencio, ella esperando la reacción de Kokuto, y él analizando a Hisana. Ella no era como alguno de sus otros sobrinos, ella no debería de estar viva, no después de alimentarse tan precariamente por tantos años y utilizar sus habilidades sin entrenamiento adecuado. La abrazó lleno de felicidad de que su hermano la haya encontrado antes de que hubiera sido demasiado tarde.
— Me lastimas, Papi, ja, ja, ja.— Aun así le devolvió el abrazo, ella también lo quería conocer desde hace mucho.
— Déjame estar así un momento.
— Hisana, hija, tenemos algo que decirte.— La voz de Matsuri suena nerviosa.
El hecho de que le hayan pedido hablar en la sala le indicaba a la niña que era muy serio.
— Hisana, como tu ya sabes... bueno, que Kokuto y Shuren...— Matsuri se estaba quedando sin palabras para explicarle a la niña de la pena que le daba hablar de cosas complicadas con su hija..
— Aja, ¿qué ustedes...?
— Tu madre quiere decir que estamos emparejados.— Para eso tiene a Kokuto y a Shuren, para apoyarla cuando pierde el habla de lo roja que está.
— Ah, ¿qué es eso?
— Los humanos lo equiparan con estar casados.— Kokuto trata de usar un lenguaje más asequible para Hisana, a diferencia de su hermano que llega a ser demasiado directo. Han pasado muchos años desde la última vez de que fue padre.
— Ah, ¿por eso es que juegan en las noches a brincar en el colchón?
— ¡Exacto, hija! ¡Qué lista eres!— Ni de chiste Matsuri le iba a aclarar exactamente cómo brincaban en el colchón.
— El caso... es que, tú madre y... nosotros, queríamos decirte que...— Kokuto empezaba a ponerse nervioso, nunca pensó que estaría en una situación así.
— Vas a ser una hermana mayor.
— ¿En serio, tío Shuren?— Los ojos de Hisana se llenaron de emoción por la noticia y tanta fue que corrió a abrazar a su madre y a tocar su vientre y a hablarle como si ya estuviera ahí.— Ya quiero que nazcas, quiero llevarte a jugar a los campos que tienen flores en primavera, verás que te va a encantar.
— ¿Así que lo harás está noche?— Shuren y Kokuto estaban frente a la niña, ayudándole a guardar su ropa en la mochila.
— Sí.
— ¿Estás segura de que no necesitas ayuda?— Kokuto, nervioso, preferiría estar ahí, ayudándola en lo que necesite.
— Ustedes me enseñaron bien, Papá.
— Que no quede nada del pecador.
— Así lo haré, Tío.
— ¡Hija, ya vámonos!— Le grita a Matsuri desde el primer piso.
— ¡Ya voy, Mamá!— Hisana se voltea a los hombres junto a ella.— , deseenme suerte, los veo mañana.
— ¡Suerte, hija!
— No olvides lo que te enseñamos.
— Gracias.
Cuando la niña ya se hubo ido, ambos hombres se voltearon a ver y se hicieron una seña con la cabeza. Sería bueno distraer a Matsuri esta noche.
Inicio de Trigger Warning
Advertencia
La pijamada por el cumpleaños de Margarita estaba llena de niñas, jugando, brincando, comiendo, una se estaban peinando otras peinabas a las muñecas que aún tenían. No todas se podían quedar a dormir, pero todas se divierten con juegos. Giovanna, madre de Margarita y viuda desde hace unos años, se desvivía en atenderlas, en especial porque Margarita ha estado cabizbaja desde un tiempo para acá. Le ayudaba su sobrino Marcelo, que se había ido a vivir con ella cuando quedó viuda. Marcelo, un joven de unos veinticinco años, es extremadamente cariñoso con las niñas, las carga, las abraza, les hace cosquillas y les da besos en sus mejillas; pero Margarita parece ser su favorita, y cada que puede la sienta entre sus piernas.
— Niñas, a sus tendidos, mañana podrán seguir brincoteando por toda la casa. Me voy a dormir.
— Buenas noches, Signora Giovanna.
— Buenas noches, Mamá.
De todas las niñas que habían venido sólo tres se quedaron a dormir y cayeron rendidas a los pocos minutos de que apagaron las luces. Sólo Hisana seguía despierta, no podía dormir de los nervios y la emoción, recordando las lecciones que recibió de su padre.
— Muy bien, Hisana, ahora quiero que imagines tus uñas como si fueran unas garras
— Creo que no lo hago muy bien.— Dijo la niña cuando sus manos no sufrieron ningún cambio.
— No tengas prisa, no es fácil.
— Imagina que quieres destrozar a alguien que lastima a los que amas.
Cuando Hisana ya se había cansado de esperar y ya estaba dormitando, escuchó, por lo lejos, como se habría con cuidado la puerta de la recámara, seguramente era la mamá de Margarita. Con ese pensamiento volvió a dormir, o eso intentó hasta que escuchó un gemido de dolor. Era Margarita, que lloriqueaba. Hisana la volteo a ver silenciosamente, desde su lugar en el piso. Tenía encima de ella a su primo, que le estaba desvistiendo de los pantalones, una de sus manos ya había desaparecido entre sus piernas, y le besaba el pecho ya desnudo.
Hisana hizo ruido y se levantó estrepitosamente para ir al baño, todo sin voltear a ver a su amiga ni prender la luz. Ya dentro del baño esperó hasta escuchar que Marcelo saliera del cuarto, cosa que no tardó mucho al sentirse descubierto.
— ¿Qué fue lo que viste?— Ella no pensó que él la estuviera esperando en el pasillo al salir del baño con las luces apagadas. Se notaba que él se sentía más poderoso porque no le avergonzaba mostrar su erección, visible a pesar de la oscuridad del pasillo.
— ¿Ver?, nada, yo no vi nada.— Hisana fingió falsa demencia y que ni se molestó en cubrir.
— No mientas— Marcelo guardó silencio un momento, pensando que tendría la oportunidad de cumplir sus fantasías con la niña, la más hermosa que había visto en si vida—, ¿no te gustaría saber lo que siente Margarita?
— Eres un monstruo.
— No sabes de lo que hablas, a ella le gusta.— Endulzó su voz en un intento para engatusar.
— ¿Y por eso lo haces de noche, mientras su mamá duerme?— Mientras más hablaba, sus ojos empezaron a brillar intensamente y sus uñas se afilaban, y de ellas goteaba un líquido que al caer al suelo dejaba pequeñas marcas de quemadura.
— Eso es porque... ¿no preferirías saber lo que siente Margarita?, a ella le gusta mucho, siempre me pide más— Él insistía mientras miraba a el rostro de Hisana fijamente. En su boca apenas y cabe la saliva por imaginarse lo que podría hacer a la niña... en su habitación que estaba justo a la izquierda.—. Eres una niña muy hermosa, estoy seguro de que te va a gustar.
— No me hables, maldito pecador.— Y su rostro se transfiguró con rasgos que lo más cercano que lo podría describir es un gato salvaje con colmillos tan grandes que se salían de su boca.
— ¡¿Q-q-qué le pasó a tu rostro?!— Fueron las últimas palabras del pedófilo antes de ser atacado y sentir que su pecho ardía horriblemente.
Y se hizo el silencio sepulcral.
Fin de Trigger Warning
Advertencia
— ¡Marcelo! ¡Marcelo! ¡Oh, Dios mío, Marcelo!
En la mañana se podía escuchar el ruido de la ambulancia y a la madre de Margarita gritando por el susto de encontrarse a su sobrino, muerto el pasillo, seguramente iba camino al baño. Hasta los enfermeros, que lo intentaron resucitar, estaban atemorizados por la expresión en el rostro del joven. Pareciera que lo torturaron, pero no tenía señal de nada en su cuerpo.
— ¿Margarita, estás bien?— Hisana estaba asustada por su amiga, que lloraba silenciosamente. Hisana la tomó de la mano para confortar a su amiga.
— No, pero creo que lo voy a estar.— Y a pesar de todas sus lágrimas, estaba firme, tranquila. Ella apretó más fuerte la mano de Hisana.
A las semanas, la Signora Giovanna pasó de penar la pérdida de su sobrino y maldecir su existencia cuando Margarita le confesó lo que hacía Marcelo todas las noches al poco tiempo de que llegó.
— No te culpes, Mamá, él me dijo que lastimaría si decía algo.
Hisana lloró la partida de su amiga, que tuvo que irse a la ciudad para recibir atención médica y psicológica por lo que sufrió a manos de su primo.
El embarazo de Matsuri obligaba a la familia a ir a la ciudad constantemente para recibir atención obstétrica. A veces iban todos y otras veces, como hoy, sólo fueron Matsuri y Hisana. Le informaron que todo iba de maravilla, que dentro de poco daría a luz a una hermosa niña.
— Mamá, ¿y ya escogieron un nombre para mi hermanita?
— No, pero ahora que ya confirmamos de que es una niña podremos elegir uno.
Matsuri no dejaba de sobarse su barriga por lo deseos de que ya naciera su hija.
— Ya quiero que conozca a sus papás, ¿Me pregunto qué se sentirá ser hija de dos hombres?
— Ay, hija, ¿qué cosas dices?
— Es verdad, Mamá, ¿no lo sientes? Ella tiene la energía de mi Tío y mi Papá.
— Ja, ja, ja, pero no lo digas en voz alta.
Siguieron caminando, con la intención de comprar unos deliciosos gelatos que vendían cerca de la zona turística.
— ¡Oh, qué sorpresa encontrarme con la hija del difunto Ganryu Kudo en Italia!
Hisana sintió que algo frío le recorría la espalda cuando escuchó esa voz, como si una serpiente empezara a enrollarse alrededor de su cuello. Y, por la forma en que su madre la escondió a su espalda y le impedía ver al hombre que les hablaba, ella también lo sentía.
— ¡Gin Ichimaru!, ¡vaya sorpresa!— La voz de su madre estaba tensa y destilaba falsa amabilidad.
— Lo es, especialmente considerando la manera tan inesperada de tu desaparición, después de mis nupcias, siempre me sentí responsable de ello. Me imagino que fue difícil alejarse de tus deberes monásticos.
— No tanto como se lo imagina, je, je, je. Y no tiene que sentirse responsable de nada, yo me fui por mi propio pie.— La mano de Matsuri estaba extremadamente sudorosa y la lastimaba su agarre.
— Me imagino. ¿Y que tenemos aquí, pronto serás madre?, ¿y quién es la niña?, ¿es acaso tu hija y la razón por la que no te casaste con el Honorable Señor Giriko? ¿Me imagino que pronto la llevaras a presentar ante la junta de las Copas como la próxima heredera de la Trompeta de los Kudo o será acaso a la que llevas en tu vientre?— La mirada que le dirigía el hombre a Matsuri era una de curiosidad y la analizaba a fondo. Seguramente buscando en ella algo de lo que la madre no quisiera pensar.
— No, me alejé por una razón y no pienso volver ni hacer a mi hija pasar por esa vida.
— Es una pena, a tu hermano le entristecerá saber que, ahora que es la nueva Trompeta, que ninguna de sus sobrinas seguirá sus pasos, dado que juró un voto de celibato desde la muerte de tu padre. ¿Sabías que el murió hace unos años?
— De mi hermano no se preocupe, ya me comunicaré con él y, acerca de la muerte de mi padre, es una lástima. Tal vez algún día vaya y presente mis respetos.
— Entiendo — Aunque su rostro reflejaba lo contrario.—, y tu bebé, ¿qué va a ser?— Aunque ella ya se había dado cuenta que él sabía el sexo de su bebé tan sólo verla.
— U-una niña, nacerá p-pronto. ¿Y se puede saber qué hace en la ciudad?
— Oh, ¿recuerdas la misión de mi familia de acabar con los últimos hijos de Lilith?
— Recuerdo que mencionó algo acerca de ello.— ¡Oh, no, oh, no!
— Pues mis investigaciones me han llevado a este país al que llevo varios años recorriendo. Son muy escurridizos, ¿sabes? Sólo he podido determinar que no han dejado el país por alguna razón, pero pronto tendré que dejar la misión de lado, Rangiku también está a punto de dar a luz a nuestro cuarto hijo y quisiera tomarme un tiempo para dedicarme a ellos.
— Ya veo, eso es bueno, los hijos pueden ser una bendición.— El tópico estaba calmando a Matsuri y ya empezaba a sonreír y calmarse.
— Mmmm, tal vez no siempre.— Acaso, ¿él se había dado cuenta?
¡Por favor no, por favor no! Deja de mirar mi vientre, aléjate, aléjate. Aléjate. ¡Aléjate! ¡ALÉJATE!
El sonido del timbre del celular de Matsuri fue aprovechado para alejarse, con una despedida corta y escueta se alejó de ese hombre, que no se movió de su lugar ni les apartó la mirada de encima en ningún momento.
El corazón no dejó de retumbarles en los oídos hasta muchas horas después, cuando Kokuto y Shuren las abrazaron para calmarlas cuando las interceptaron en la carretera al sentir el terror que tenía Matsuri.
— Hisana, debido a lo que sucedió ayer, tu padre y yo creemos que lo mejor será que te explique de dónde venimos exactamente.— Shuren se la llevaba a la sala, mientras su madre descansaba y Kokuto trataba de tranquilizarla.
— No queremos que, en tu ignorancia, te hagan daño.
— ¿Quién era ese hombre? Mamá no me dejó verlo pero sentía que él me podía lastimar, que me quería lastimar.
— Debe de ser de la Familia Ichimaru, ellos nos han estado persiguiendo por milenios.— Shuren susurró más para sí que para Hisana.— ¿Hisana, qué sabes del libro de las Revelaciones?
— ¿Ah?, no mucho, creo.— Y era verdad, la niña no duró mucho en el catecismo por las pesadillas que le producían las lecciones de su catequista.
— Buen, debes de saber que el libro está lleno de alegorías y metáforas desde el punto de vista de los humanos, pero desde el punto de vista de nosotros...— Lucía realmente conflictuado, hablar de ello nunca le había sido fácil, ha pesar de que ya había tenido pláticas similares con sus hijos— nos cuenta la historia de la guerra entre el cielo y el infierno, una guerra cíclica.
— No entiendo.— El rostro de la niña estaba confundido.
— Los jinetes del apocalipsis, sus ancestros eran nuestros hermanos.
— ¿Tienen ancestros?
— Claro que sí, no nacimos de la combustión espontánea.
Hisana no entendía qué era eso y no quería preguntar para no interrumpir.
— Aahh, quiero decir que nacimos, que tenemos una madre, su nombre era Lilith.
— ¿Lilith?
— Sí, y después de miles de años, de cientos de miles de hijos, sólo tu padre y yo somos los últimos que están con vida.
— Sigo sin entender nada.
— Lo que te quiero decir es que tienes un linaje importante, sagrado entre nuestra raza. Aunque ellos no sepan mucho acerca de nosotros.
— ¿Pero, qué tiene que ver esos jinetes apacados?
— Ja, ja, ja, dije los Jinetes del Apocalipsis. Y tienen que ver todo y nada. Mi madre, Lilith, en su deseo de venganza por agravios cometidos a ella ideó una venganza muy complicada.
— Sigo sin entender nada.— Su confusión la estaba mostrando con unos pucheros extremadamente tiernos, que en otro momento lograrían que Shuren la abrazara de lo conmovido.
— Er, bueno, cuando mi madre decidió que se iba a vengar, tuvo cuatro hijos a los que les dió el poder de destruir al mundo, tres de ellos se lo heredan a sus hijos y estos a sus hijos, pero el cuarto, no puede, cuando murió se dieron cuenta que siempre tendrían que buscar a su heredero. Pero, para eso estamos nosotros, sabemos que madre nos procreo para ayudarle a los cuatro jinetes, aunque no sabemos cómo, aunque somos capaces de convocarlos a nuestra presencia una vez en nuestras vidas
— ¿Y yo puedo hacerlo?
— No lo sé supongo que sí.
— Lo que no entiendo, ¿cómo es que no saben lo que tienen que hacer?
— Es que ella no nos dijo que quería que hiciéramos, murió antes de poder hacerlo.
— ...¿Entonces?...¿Cómo les ayudan?
— Hacemos lo que podemos aunque nunca hemos estados ni siquiera cerca de cumplir con la última voluntad de nuestra madre, siendo que ya sólo quedamos Kokuto y yo. Antes nos ayudabamos de nuestros hijos y otros hermanos. ¿Tu padre te contó que éramos trece hermanos?
— No, creo que lo iba hacer una vez, pero... ¿A ellos los mató esa familia? ¿Mataron también a tus hijos, Tío?
— A cada uno de ellos, creo que por eso tu padre se negaba a tener familia, él nos vio sufrir la pérdida de nuestros hijos. Le es especialmente doloroso porque tus primos, hermana y tú, a diferencia de nosotros, sí envejecen y morirán tarde que temprano.
— ¿Eso quiere decir que mi Papá y tú siempre han sido así de guapos?— Hisana prefirió evitar imagen de su muerte.
— Por supuesto, pero recuerda, yo soy más guapo que Kokuto.— La sonrisa de autosuficiencia estaba logrando relajar a la niña.
— ¡No es cierto, mi Papá es el más guapo!— Hisana guardó silencio por un momento, antes de volver a hablar, ahora más relajada.— ¿Cuántos hijos tuviste, Tío?
— No sé, perdí la cuenta en 356, me confundí con los gemelos y trillizos.
— ¿¡Tantos?! ¡Tuve tantos primos!
— Más si cuentas a los hijos de tus otros once tíos y tías.— Esa confesión le rompía el corazón a Shuren.
— Wow, tuve una familia tan grande.
— Volviendo al tema de los Jinetes, debes de saber que...
Terminaron la tarde hablando todo lo que pudieron acerca de los Jinetes del Apocalipsis, de cómo ellos sólo tienen ese poder cuando se acerca la batalla, de que en los periodos de paz sus herederos se les conoce como representantes y que gracias a ellos, a otros cambion y a humanos fieles formaron comunidades lideradas pos las cuatro grandes familias de hechiceros que se encargan de buscar al representante de la muerte y a su jinete, y las tres familias representantes de los jinetes.
A partir del encuentro con Gin Ichimaru, Matsuri se pasaba el día nerviosa, tanto que el lazo que compartía con sus esposos se estaba aglomerando de información y la estaba volviendo dependiente de sentirlos a través de él. Tuvieron que tomar la decisión de cerrar el hostal para que ella pudiera descansar. Desde entonces, la pequeña familia ha tenido que mantener horarios muy estrictos al salir de casa y estar muy vigilantes de los movimientos energéticos del área.
Y a pesar de todo, pasaron una fiestas navideñas muy tranquilas en la que Hisana jugó en la nieve y abrió muchos regalos, hasta cantó villancicos, para disgusto de Kokuto que no estaba cómodo con las fiestas religiosas. Las fiestas de Año Nuevo no fueron menos alegres, hicieron una fiesta en la que invitaron a la mitad del pueblo a cenar y a la otra mitad a desayunar. Las cosas ya estaban retomando su rumbo.
Y todo hubiera salido de maravilla de no ser porque...
— ¡Ya viene, ya viene, la bebé ya viene!— Hisana entró corriendo a la cocina para avisarle a Kokuto, que ya tenía rato arreglando las maletas para irse.— Mamá dice que se le rompió la fuente.
— Gracias, por avisarme, Hisana. Prepárate, que tenemos que irnos.
Y no se refería al hospital. Se iban del país, ya que el nacimiento de su hermanita llevaría a un movimiento de energías que podría atraer a otros demonios, en el mejor de los casos ya que celebrarían el nacimiento de una cambion, hija de los dos últimos descendientes vivos de Lilith; o a Trompetos o Copas, que les matarían en ese momento, no sin antes torturarlos.
— Papá, mi Tío ya se tardó mucho en llegar.
— Lo sé, mi amor, pero ya viene en camino. Él sólo fue a arreglar los papeles para poder salir del país.— Lo cual era extremadamente urgente, porque aunque él y Shuren podían sólo desaparecer, ni Matsuri ni Hisana tenían esa habilidad, especialmente con una recién nacida a cuestas.
— ¡WAAAAHHH, SHUREN, NOOO!— El repentino grito salido de la habitación de Matsuri los paralizó por un momento, estaba lleno de terror y dolor, como si la hubieran herido.
Kokuto salió corriendo, él sabía que es lo que había producido esa reacción y de cómo iba a afectar a Matsuri, y posteriormente a él.
Él bajó con la mujer en brazos, ya no tenían tiempo para esperar nada, ya no había a nadie que esperar.
Matsuri no dejaba de llorar y llamar a Shuren con tristeza y aunque Kokuto no lograba calmarla este no dejaba de hablarle con ternura.
— Hisana, sube la maleta al carro, tendremos que ir al hospital.
— ¿Papá, qué pasó? ¿Tú dijiste que...?
— ..., haz lo que te dije, por favor.
— Sí, papá.
El camino fue intranquilo, ya había anochecido y por una razón el cielo se cerró con nubes de una tormenta de nieve no pronosticada. Afortunadamente, ya estaban cerca de la casa de una partera certificada, la cual nunca fue del agrado de Shuren, el hospital estaba demasiado lejos y era demasiado riesgoso acercarse a la ciudad.
— Mi Tío murió, ¿verdad?— Hisana rompió el incomodo silencio que había entre los dos una vez que los gritos de dolor de Matsuri, que estaba en el asiento trasero, amainaron a ser un llanto quedo pero sin dejar de llamar a Shuren. Hisana no se le podía acercar a su madre sin que esta empezara a temblar como si la lastimaran, y tal vez lo hacían por las marcas rojas que aparecieron en sus brazos y piernas sin una razón aparente.
— Eso me temo, ¿cómo te diste cuenta?— Kokuto no paraba la vista del camino, no conocía a ruta a casa de la partera y ya estaba empezando a nevar.
Hisana volteo a ver a su madre, cuya mirada se había vuelto vacía y parecía no reconocer ni a su propia hija.
— Por... por la f-forma en que... mi Mamá... llora— Hisana había empezado a lloriquear por el miedo de lo que le podría suceder a su madre.— ¿Va-a a estar b-bien o va a m-morir?
— En cuanto a tu primera pregunta, no lo sé, todo depende de ella. Con respecto a la segunda, no, tu madre es muy fuerte, ella es más fuerte que yo.
Llegaron a una cabaña que tenía un patio enorme cubierto de cruces que lucía ominoso por la poca luz que le podía llegar del exterior de la cabaña.
A las tres de la mañana del 14 de enero nació una niña, muy hermosa de acuerdo a la partera. El parto no fue sencillo y el estado de Matsuri no ayudaba a facilitar. La partera la tuvo que regañar y decirle que tenía que recomponerse por sus hijas y que a su esposo no le gustaría verla en ese estado, que después del parto podría llorar, pero ahora no.
— Signora Levatrice, la bebé está muy fría y apenas y llora.
— Tampoco... no quiere... comer...y está... muy pálida.— Matsuri ya tenía rato intentando que se prendara de ella en vano, la pequeña se negaba a sujetarse del pezón de su madre.
— No entiendo, la madre la está abrazando, eso debería calentarla.— La partera, que aún seguía en la habitación, estaba tan perpleja como ellos. — no podemos pedir ayuda ahora que la tormenta ha arreciado. Lo siento mucho... iré a preparar algo de café.— Sin más, la partera se retiró de la habitación para darles algo de privacidad.
Y era cierto, la tormenta se dejaba oír y sentir a pesar de que la cabaña tenía las ventanas cerradas, de las que ya no se puede ver lo que hay en el exterior; y las chimeneas encendidas no podían calentar las habitaciones, y el ruido dificulta la comunicación.
Kokuto se le quedó viendo a la bebé con tal intensidad que sus ojos brillaron, se dió cuenta de lo que sucedía. Se agachó para quedar a la altura de su mujer e hizo que lo mirara a los ojos.
— Matsuri, perdóname, sé que no te gustan este tipo de cosas, pero lo hago por el bien de nuestra hija.— Su rostro estaba
— ¿Qué... vas a...hacer?
— Alimentarla.
— Pero...ya lo estoy... intentando yo...— Obviamente confusa por las declaraciones de su amante restante.
— No la voy a alimentar con leche.— La cubrió más con la costosa cobija de piel que consiguió para el viaje, y se fue a la habitación contigua, a la que se había retirado la partera.
— ¿Entonces, cómo...?— Prefirió ya no pensar en lo que él pensaba hacer.— No importa, mientras... la salves... — Volteo ver a su hija mayor, que se encontraba dormida en una esquina de la habitación cubierta con otra cobija de piel para mantener el calor.— Hisana, tu papi va... a salvar a... tu hermanita.— La apretó más fuerte contra sí, el último recuerdo que le dejó su querido Shuren, la hija de los tres.
— ¿Qué le pusiste al café, Levatrice?
— ¡Waahhh! Me espantó, Signor— El café se le cayó al suelo del susto. En la mesa se encontraba el frasco de café y otro mucho más pequeño con hierbas.
— ¿Entonces, por qué lo preparas en la oscuridad? No veo la necesidad de ello.— Y era cierto, la cocina se encontraba a oscuras.
— Bueno, eso es porque...
— Te diste cuenta de que tenemos dinero, ¿verdad?, y de qué estamos huyendo, ¿cierto?— La mujer dejó de limpiar el suelo para erguirse y enfrentar la mirada de Kokuto.
— No sé de qué habla, Signor.
— ¿Sabes noté que en tu patio hay muchas cruces?
— Son en conmemoración de todos los bebés que ayudé a traer al mundo.— Se estaba poniendo nerviosa, ¿él la había descubierto?
— ¿En serio?, ¿es en conmemoración por los que vivieron o murieron?
— Por los dos Signor.
— ¡Oh!, pero eso no explica las sombras sombras que te siguen.
— ¿S-s-sombras, Signor?
— Sí, las de tus víctimas, aunque aún o estoy seguro de cómo o porqué los mataste.
— Yo no...
— Claro que sí, ¿es acaso porque eran inmigrantes? ¿o descubrieron que contrabandistas utilizan tu terreno para guardar sus armas? Aunque veo que también lo haces por el placer de hacerlo.
— Y-yo... y-yo...— La mujer se lanzó a uno de los cajones de la alacena de la que sacó un arma con la que apuntó a Kokuto.
— Deja eso, mujer, no te servirá de nada...
— Eso tú no lo sabes...— Y disparó al pecho de Kokuto...
...Y no sucedió nada...el arma estaba atascada.
— Te dije que no serviría de nada, las almas de los que mataste quieren justicia.
Si la mujer pudiera ver a las almas de aquellos a los que mató, vería cómo cientos de manos sujetan el arma como si la ahogaran.
— ¿D-d-de q-q-quéé t-tanto hab-b-blas?
— Pero por habernos ayudado te daré un pequeño respiro para que te arrepientas en tus últimos momentos de tus pecados.
La mujer abrió la boca con la intención de gritar, pero de su boca no salió sonido alguno, pero sentía como si de su boca saliera aire. Cuando la sensación se terminó, cayó al suelo estrepitosamente. Mientras perdía la conciencia, vio a Kokuto regresar a la habitación con algo brillante en su mano derecha, cuando su figura hubo desaparecido tras la puerta la bebé empezó a llorar con fuerza en la habitación contigua, la tormenta comenzó a amainar y la casa a tomar calor.
Ese llanto fue el sonido más hermoso que escuchó en su vida.Y es en todo o que podía pensar mientras la vida se iba de su cuerpo.
— Es preciosa, Mamá.
— Lo es...— Matsuri aún se encontraba algo ida, además de cansada, le costaba concentrarse, pero estaba mucho mejor que las noches anteriores. Aunque la tormenta había sido hace cinco días y ya no se presentaron nevadas, no habían podido dejar la cabaña porque los caminos seguían congelados.
— ¿Cómo se va a llamar?, necesita un nombre.
— Mmmm, aún no... escojo un nombre... que me guste.
— ¿Papá, tú qué sugieres?
— La tradición de mi familia es que sean las mujeres las que le pongan el nombre. Bueno, eso decían mis hermanas cuando les dábamos sugerencias que a ellas no les gustaban, ja, ja, ja.
— Yo quiero que se llame como la luz.
— ¿Luz, porqué?
— Porque cuando nació había una luz muy brillante.
— Así no fue...
— Rukia...— Matsuri, que no había participado de la conversación entre padre e hija, aprovechó el momento para pensar en un nombre apropiado.—, como... un rayo de luz... que ilumina la oscuridad.
— Era muy noche cuando nació.— Hisana concuerda con su madre.
— Rukia será.
