Historias de amantes

Parte 4


Ok, perdón por la tardanza, se me cruzaron muchas cosas por la cabeza y no quería escribir las escenas en que morían Matsuri y Kokuto, pero ya no importa.

También debo agregar que la historia de aquí en más no es igual a los One-shot en los que se basan.

¡Por fin terminamos el capítulo tres de esta historia! Pensé que nunca iba a suceder, quiero llorar de la felicidad.

Por favor déjenme reviews para darme energía y escribir el próximo capítulo para ustedes.

Agradecimientos para:

sandia844: Sí, ya nació y de aquí en más se vienen los problemas, jajaja.

Natsumivat: Me basé en las primeras concepciones de los demonios que en realidad se encargaban de castigar y apuntar los pecados de la humanidad.

DreamedSilverWings: Te adoro, sigue leyendome, me encanta hablar contigo, gracias a ti algunas aspectos de la trama salieron, como el que hablamos de Orihime.

FicsXd: Espero que te gusteeste capítulo.

Zeilyinn: Oh, Ichigo, ah, Ichigo.

maritza15ir: Gracias por dejarme tus reviews, eres una de las razones por las que regresé al fic.

Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, sólo la historia me pertenece.


Papá me pidió que cuidara a mi Mamá, ella parece estar un poco menos mal, aunque a veces, aun la puedo escuchar llamar a mi tío en sueños. Ella y Papá se tiene que encerrar constantemente o Mamá se pone muy mal, él le tiene que transmitir su energía para sustituir el lazo roto con mi tío Shuren. ¿Eso es lo que significa la vinculación por pacto de sangre? ¿Darlo todo y perderlo todo? Si es así, yo no la quiero. Si no fuera porque Mamá también se vinculó con Papá, ella estaría prácticamente muerta, en un estado vegetativo que al poco tiempo moriría. Cuando Mamá y Papá se encierran, lo cual puede durar horas, yo tengo que cuidar de Rukia, como ahora, que tengo que ir con la Signora que nos recibió, y eso me da miedo. Ella me da mucho miedo.

— Estate quieta, Rukia, no te vayas a mover o te puedes caer.— Hisana le hablaba a su hermanita como si esta, una recién nacida, pudiera entenderla o siquiera moverse mientras la tendía en la cuna improvisada. Ella era tan pequeña que cabía en una canasta y lucía tan adorable.— Me pregunto si yo me veía así.

Hisana se acercó al armario donde estaba el cuerpo de la Signora Levatrice, que técnicamente no estaba muerta, pero tampoco estaba con vida. Kokuto le enseñó a Hisana a tomar las almas de los pecadores para alimentarse. Un proceso que arrebata la vida al pecador, pero este proceso se acorta o a larga dependiendo de a cuántas almas haya afectado, principalmente si implicó la muerte de sus víctimas.

La niña se tardó en abrir la puerta del armario, ver el aún no cadaver de Levatrice le incomodaba mucho. Cuando le quitó su alma a Marcelo no fue tan desagradable, tal vez porque todo estaba a oscuras o porque, a pesar de sus crímenes, no había matado a nadie, embarazó y contagió de herpes a una niña de nueve años y huyó de con ayuda de sus padres que, a su vez, engañaron a su Tía Giovanna para que lo recibiera sin importarles que ella tenía una hija aún más joven que su víctima. Cuando por fin tuvo el valor de abrir la puerta, porque Rukia estaba empezando a revolverse en su cuna por el hambre, de un hambre que no se podía satisfacer con comida, vio el cuerpo aún vivo de la mujer. Hisana pudo contener su grito para no interrumpir a su Papá o alterar a su Mamá, que se puso mal la vez que vio el cadáver por accidente. Las mejillas de Levatrice, antes regordetas, ahora estaban hundidas, pálidas y con la piel colgando, aunque había partes que estaban moteadas en pálidos verdes, amarillos o morados; sus ojos, aun abiertos, prácticamente habían desaparecido entre los pliegues de sus ojos, pero lo que aún se dejaba ver era la parte blanca de sus ojos que se volteado en sus cuencas; sus uñas y cabello había crecido haciéndola parecer un espíritu onryo por la sangre que escurría de la comisura de sus labios; la ropa que aun traía puesta se había vuelto holgada en ella, el suéter, que le llegaba a las rodillas, parecía una cobija sobre su cuerpo y los pantalones sólo se sostenían en sus caderas porque no se había movido de su lugar desde hacía dos semanas; pero lo más aterrador, más que su apariencia cadavérica, eran las voces que salían de sus inmóviles labios, eran las almas de aquellos los que mató que reclamaban justicia... lástima.

Hisana se acercó al cuerpo y empezó el proceso de cosechar las almas adheridas a la pecadora. quedaban suficientes para unos días, pero pronto se terminarían y tendrían que cosechar el alma de la mujer.

— Espero que pronto Rukia ya no necesite de las almas para vivir.

Hisana transfiguró su apariencia, en esa similar a la de un felino, y acercando sus garras a la mujer empezó el proceso. En sus manos se empezó a formar una pequeñas luz que empezó a crecer, eran las almas que se purificaron utilizando a la mujer como una especie de sifón para dejar en su cuerpo sus arrepentimientos y frustraciones. Cuando Hisana terminó de cosechar dos almas el cuerpo de la mujer se veía peor que antes, un efecto secundario de cosechar almas adheridas antes que el alma del propio pecador, muerte en vida. Ella ya no se puede mover, pero siente los ataques de aquellos a los que lastimó, ellos ya han tomado posesión de su cuerpo y lo están matando por dentro lentamente.

— Toma, Rukia, es hora de comer.— Hisana tomó a su hermanita en brazos y acercó la bolita de luz a su boquita. El proceso de alimentarla era sencillo, era muy similar a darle biberón.

Hisana se quedó viendo como la bebé recuperaba calor y sus mejillas se sonrojaron de vida mientras mamaba las almas en pena.

— ¡Qué hermosas se ven mis niñas!— Kokuto entró en la cocina, se veía cansado, ojeroso y había perdido algo de peso. Aunque mantenía la actitud jovial y alegre.

— ¡Papá!

Kokuto, en respuesta, se sentó junto a las niñas.

— ¿Papá, por qué hicieron un pacto de sangre?— La repentina pregunta de su primogénita, tomó a Kokuto desprevenido.

— Bueno, eso fue porque...

— No lo necesitaban para tener bebés, el tío Shuren tuvo muchos hijos antes de mi hermana y nunca tuvo que realizar un pacto de sangre.— La voz de Hisana empezaba a quebrarse.

— Porque amábamos a tu madre y no soportabamos la idea de seguir en este mundo sin ella.

— Pero si no lo hubieran hecho mi mamá no estaría sufriendo ahora, ella tendría energía de cuidar a mi hermanita y podría abrazarme.— Ya de sus ojitos empezarona salir lágrimas traicioneras.

— Y lo volverá a hacer.— Le limpió las lágrimas antes de que manchara sus mejillas.

— ¿Cómo está mi mamá?

— Cansada, pero mejor, ya puede decir oraciones de corrido.

— ¿Lograste estabilizar su alma?

— Ella hizo casi todo el trabajo, es más fuerte de lo que parece. Sigo sin entender cómo, su sangre tiene algo peculiar.

— ¿Peculiar?— La pequeña Rukia se quedó dormida en brazos de su hermana cuando terminó de deglutir el alma.

— Cómo si hubiera algo antiguo en ella, pero no viene de ella.

— No entiendo.

— Yo tampoco, porque no es celestial.

Se quedaron en silencio, que fue interrumpido al poco por un aroma nada agradable.

— ¿Papá?

— ¿Sí?— Fingió demencia, sabía lo que se venía.

— Tienes que cambiarle el pañal a Rukia.


— ¿Mamá, cómo te sientes?— La voz de Hisana estaba somnolienta, agotada de llevar vigilia.

— Mejor.— Matsuri seguía hablando poco, pero su mirada ya estaba enfocada y repartía muchos besos y abrazos a su hija cada vez que podía.

— ¿Qué se siente amamantar, Mamá?— Pronto se quedaría dormida, abrazando las piernas de su madre, porque su voz apenas y se escuchaba y ya tenía los ojos cerrados.

— ...Raro, pero agradable.— La pequeña Rukia estaba prendida del pezón de su madre, mamando con mucha vigorosidad, la bebé parecía feliz de estar en brazos de su madre, aunque le faltara uno de sus padres.— ¿Cuándo nos iremos?— Matsuri volteo su atención a su esposo restante cuando se dio cuenta que su hija ya no la escuchaba, se había quedado dormida.

— Tan pronto como Rukia se termine las almas que rondan este lugar.

— ¿Kokuto, qué fue lo que pasó?, con Hisana no tuve semejantes complicaciones.

— Honestamente, no lo sé, antes de ti nunca había tenido hijos, y rara vez nos permitían presenciar los partos.

— ¿Se relaciona con la muerte de... Shuren?

— Es posible, su muerte afectó tu estado mental y a tu alma.

— ¿Voy a estar bien?

Esta era la conversación más larga que había tenido en las últimas dos semanas. La transferencia de energía estaba funcionando, aunque sus resultados eran temporales, el proceso debería de comenzar nuevamente pronto.

— Con el tiempo, tal vez tome cerca de un año para que te estabilices por completo, pero...

— Siempre sentiré que me falta algo...— Era una afirmación, no una pregunta

— Sí...

—... No me arrepiento, sentir sus almas en mí es la experiencia más maravillosa de mi vida.

— ¿Mejor que ser madre?

— Son experiencias diferentes, pero igual de satisfactorias y que no cambiaría por nada del mundo.— Y lo miró como nunca lo había hecho antes, con tanta ternura y pasión que él no tuvo más opción que admitir algo que no estaba en su naturaleza y que pensaba que ya estaba implícito en su relación.

— Te amo... y estoy seguro... de que Shuren también..

— ...— Matsuri se sorprendió por la revelación, más por lo intempestivo que por el mensaje. Algo que ya sabía, pero era lindo escucharlo de sus labios.

— Si tú no... yo entendería si tú no...

— Yo también te amo, sé que por eso Shuren formó el pacto de sangre conmigo.

— Matsuri, ¿sabes?, nunca te lo dijimos, pero Shuren y yo notamos que hay algo especial en tu sangre.

— ¿Será porqué soy hija de una trompeta?

— No lo creo, ya nos habíamos topado con otros aspirantes y nunca habíamos sentido atracción irresistible por sus almas.

— No creo que venga del lado de la familia de mi madre, tengo entendido de que ella era muy enfermiza de niña. ¿Sabes que le tuvieron que hacer un trasplante?

— ¿Tan grave estaba?

— Al parecer, pero, por lo que me contaron, mejoró considerablemente a partir de entonces, lo llamaron milagroso.

— No son tan milagrosos los trasplantes.

— Pero ellos insistían que era así, por eso mi padre se casó con ella.

— Tu padre nunca me ha parecido un hombre cariñoso.

— Lo era antes de la muerte de mi madre... ¿Kokuto?

— ¿Ahora qué haremos?

— Aún tenemos que irnos, tenemos que ir al norte para conseguir nuestro transporte, pero creo que por el clima tendremos que permanecer en la ciudad un tiempo.

— Eso será peligroso.

— Lo sé.


Desgraciadamente, el viaje tendría que atrasarse por la salud de Rukia, lo que sea que la haga dependiente de consumir almas les impediría viajar por mar hasta Escocia, lugar que escogieron para rehacer sus vidas, ya que no podrían consumir a miembros de la tripulación sin levantar sospechas. Los vuelos y las carreteras estaban descartadas ya que los tronos y copas pueden detectar el movimiento de energías espirituales en grandes concentraciones y ni Matsuri ni Rukia están en condiciones de controlar sus energías, salvo por el mar, que por una razón es un agujero negro para ellos. Hisana tampoco puede hacerlo pero mientras esté junto a sus padres esta no se descontrolará.

— Es una ciudad bonita, Papá.

— Lo sé, hace mucho tiempo viví, cuando era mucho más pequeña.

— ¿Y cuándo fue eso, Kokuto?, ¿hace 50 años?, ja, ja, ja— Matsuri intervino en tono jocoso.

— Fue hace 200 años, pero, ¿quién lleva la cuenta?, ja, ja, ja.— Le devolvió su marido igual de bromista.

El apartamento en el que se alojaban era pequeño pero tenía una de las mejores vistas del centro de la ciudad. Y les permitiría pasar los meses en lo que consiguen una reserva considerable de almas para el viaje. Kokuto lo conoce muy bien, no sólo por el tiempo que pasó ahí sino también porque podía sentir la forma en que se desplazaban las almas por toda la ciudad. Usar esa habilidad tenía la terrible desventaja de que le paralizó el cuerpo, por lo que tenía que pensar con cuidado cuando utilizarla, Matsuri aún necesitaba que le ayuden a estabilizar su alma y tenía que salir a buscar a pecadores para alimentar a Rukia y juntar las reservas para el viaje. Es un proceso lento y estresante.

— ¿Papá, puedo salir a jugar?

— No, hija, ya es muy tarde.— Kokuto observaba muy fijamente al exterior por la ventana.

— Pero si aún no se pone el sol y estoy muy aburrida.— Hisana últimamente había estado muy ansiosa por salir y se estaba volviendo propensa a hacer berrinches.

— Pero se pondrá el sol muy pronto.

— Pero, Papááá...

— ¡Ya dije que no!— Era la primera vez que Kokuto alzaba la voz en su vida y eso espantó a Hisana, pero ya llevaban cinco meses encerrados, saliendo muy de vez en cuando por provisiones o alguna otra necesidad.

Una parte de Hisana sentía deseos de llorar, su parte humana, que sintió por primera vez el potencial asesino de su padre, la parte que sabía que podría matarla en un solo parpadeo.

— Iré a ver a Mamá— De sus mejillas corrían unas lágrimas pequeñas, tal vez era algo de su humanidad muriendo en ese instante, por la forma en que le temblaba sólo una de sus manos y no el resto de su cuerpo, que se mantenía firme, como si no le hubiera gritado su padre hace apenas unos instantes. Sin embargo, su parte demoníaca estaba impresionada, su padre era poderoso, y en sus venas corría ese poder. Si fuera el caso ella podría defender a los que ama.

Kokuto sólo regresó a observar el exterior. Le dolía lo que acaba de hacer, pero no estaban seguros y el tiempo se les estaba acabando. Podía oler una peste que se acercaba, una peste similar a la que se percibía la noche que murió Shuren. Aún se encontraba lejos pero, sin ninguna duda, se acerba en su dirección rápidamente.

— Hisana.— Habló sin dejar de ver a la ventana. Vigilar, en realidad.

— ¿Sí?— Aún no se iba la niña.

— Mañana vamos a entrenar, pero que sea un secreto para tu madre.

— ¡Sí!— La alegría en la voz de la niña fue palpable, en su naturaleza siempre será más importante fortalecerse que jugar, aunque a veces ambos sean lo mismo.


— ¿K-Kokuto...?— Matsuri acariciaba su espalda desnuda mientras este la penetraba deliciosamente. Los últimos meses han sido largos para ella y ha necesitado emocional y físicamente de su esposo para sostenerse. Han tenido que hacer el amor multiples veces al día para asegurarse de que alma se mantenga unida.

— ¿S-sí...?

— ¿P-p-podrías, ah...?— Ella bajó sus manos y le dio un apretón a sus redondos glúteos.

— ¡Oh, sí!— Él sabía lo que ella necesitaba, bajó a su boca a la de ella, su vagina apretó su verga intensamente cuando él comenzó a abandonar su interior, a pesar de lo que quería no deseaba dejarlo ir.— ¡M-m-matsuri, ahh...!

Ella lo hizo volver a su boca en un beso dominante mientras él la tomaba de las muñecas.

— S-si sigues así, no voy a poder hacerlo que me pides.

— P-p-pero, ahh...

En ese momento de duda, Kokuto la volteó en la cama, repartió besos por su cuello mientras sujetaba su mano derecha a la cabecera de la cama con la mascada de seda a su derecha, y repitió el proceso con su mano izquierda, antes de dejar besos suaves por la espalda de ella.

Con cuidado separó sus piernas antes de penetrarla en su lubricada vagina. Si Shuren estuviera vivo, como lo extrañaban, podrían embarazarla otra vez y tendrían una enorme familia...

Una gran familia a la que amar, una gran familia que se multiplicaría, una gran familia que se podría unir para gobernar entre los suyos, una gran familia para su linaje real... pero ya no podrá ser, sin Shuren su lazo está roto y no importa que tan poderosa sea la sangre de Matsuri, ella ya no quedará embarazada.

— Ah, Shuren, ahhh, Shureennn...— Matsuri se corrió imaginando que era follada por su faltante esposo y absorbió codiciosamente toda la corrida que salió de Kokuto antes de ponerse a llorar ruidosamente como todas las noches que hacía el amor.

Kokuto sólo soltó sus muñecas antes de abrazarla y llorar en silencio con ella, porque, aunque no lo parezca, cuando hacían eso sentía que su hermano seguía entre ellos.

¡Cómo lo extrañaban!

¡Cómo extrañaba Matsuri ser amada por su esposos al mismo tiempo!

¡Cómo extrañaba Kokuto el rostro de esa felicidad especial de Matsuri que sólo podían encontrar los tres juntos en la cama!

— ¡Perdóname, Kokuto, perdóname!— Decía entre lágrimas.— ¡Perdóname por llamarlo, pero sólo así lo siento cerca!

— No, perdóname tú a mí— La aferró con más fuerza a sí, mientras le acariciaba la espalda cariñosamente—, perdóname por no poder hacer más.

Ella lloró en sus brazos, como todas las noches, hasta quedarse dormida y olvidar todo hasta la próxima vez que Shuren le hiciera el amor.

Él la sostuvo y lloró en silencio, como todas las noches, para después extender sus sentidos en vigilia para asegurarse de que ningún enemigo hiciera peligrar a su familia. Utilizar esa habilidad lo debilitaba pero valía la pena porque ya no faltaba tanto para reunir las almas suficientes para el camino. En el mar podría descansar todo lo que quisiera.

Nadie se acercaría a su familia mientras él pudiera evitarlo.


¡Que Gelato tan delicioso! Debería de llevarle a Ran-chan cuando regrese de mi cacería, estoy seguro de que al bebé le va a encantar.

En la plaza de la ciudad, justo frente a la iglesia de la ciudad, una parroquia de tamaño suficiente para atender a toda la ciudad pero, desgraciadamente su pequeño tamaño implicabA que su barrera es muy pequeña. Gin Ichimaru sabe que su presa se esconde cerca, pero debido a lo pequeño de la barrera, no podía moverse con facilidad por la ciudad sin arriesgarse a que su presa se diera cuenta de su acecho.

Había llegado hace unas semanas durante una de las noches sin luna, en las que es difícil que ninguna fuerza sienta nada, aunque el periodo que permite el movimiento imperceptible es corto, sólo durante la llamada hora de las brujas.

No podía esperar a que sus armas estuvieran listas para atacar, destruiría a todo a su paso, incluso inocentes si alguno llegaba intervenir. Su presa anterior las contaminó tanto que pensó que perdería al resto del grupo, de hecho lo hizo.

— Oh, si tan sólo no la hubiera llamado...— Dijo antes de saborear otra cucharada de su gelato.— no sabría que había más cómo él.

Sí, ya sólo le quedaba un hijo de Lilith que asesinar, pero al parecer habían formado familia y eso era algo que no podía permitir.

— Les arrancaré que corazón antes de cortarles la cabeza, no quedará nada de ellos.

Justo como a mi última presa.

Al cabo de que ya tenía los sellos adecuados para debilitarlos e impedirles escapar...

Ya podía sentir la sangre salpicar sus ropas y rostro...


— ¿Qué sucede, Rukia?— Matsuri trataba por todos los medios calmar el llanto incesante de su hija.

Desde que despertó esa mañana no ha dejado de llorar, está inconsolable por alguna razón. No permite que nadie se aleje mucho de ella o aumenta su llanto.

— Tranquila, nena, mamá y papá están aquí...— No dejaba de mecerla para calmarla pero era en vano.

— ¿Ya le tomaste la temperatura?— Le pregunta Kokuto mientras entibia agua para darle un baño.

— Sí, y no tiene fiebre.

— ¿Estará estreñida?

— ¿Cómo?, sólo come papillas.

— ¿Ya le diste leche, Mamá?— Hisana también estaba preocupada, su hermanita no lucía nada bien, estaba pálida y sus ojos, cuando les permitía verlos, brillaban intensamente.

— Lo he intentado varias veces ya— Era cierto, múltiples fueron las veces que la niña alejó la teta de su madre—. No entiendo qué le pasa, ella siempre es tan tranquila.

Había momentos en los que podían hacerla dormitar pero en el momento en que alguno de ellos se alejaba tres pasos fuera de la habitación ella comenzaba a berrear nuevamente.

— ¡Ya se que hacer!, Hisana necesito que me acompañes.

— ¡Voy, Papá!

— ¿Esperen, que hacen? ¿Me van a a dejar sola?

— No tardaremos en volver— Kokuto trató de calmarla—, ya sé lo Rukia necesita.

— ¿Pero a dónde van? ¿Qué van a hacer?

— Vamos al cementerio por lavanda.

— ¿Al cementerio?, el sol está por ponerse y aquí tenemos lavandas.

— Esas no nos sirven.

— ¡Volveremos pronto, Mami!— Hisana se despidió desde la puerta.


— ¿Crees que serán suficientes, Papá?, ¿Papá...?— Hisana cargaba en sus brazos varios ramos de lavandas.

Kokuto estaba rígido desde hace unos minutos y se mordía el interior de la mejilla para que Hisana no se diera cuenta del miedo que sentía en ese momento.

— ¿P-papá, qué pasa?

— Nada, hija...eh, no van a alcanzar, pero necesito que corras con tu madre y le lleves las flores— Se quitó del cuello un pequeño silbato de plata y lo cuelga alrededor del cuello de Hisana.—, lo vas a necesitar, sabrás cómo usarlo en su momento.

La niña se quedó extrañada que le diera un silbato, pero no debía de ser buena señal...

Ni bien terminó de acomodarle el silbato debajo de la ropa empezó a correr en dirección a su madre y hermana. Algo no estaba bien, conforme se alejaba de su padre una espesa neblina empezó a formarse, si no aceleraba el paso la tragaría y no reconocería el camino de regreso.

Ojalá que Papá me alcance pronto.


Kokuto empezó a introducirse más, ya no en búsqueda de lavandas, aunque cortaba una que otra para hacer parecer que no se había dado cuenta de que era seguido.

La neblina que lo rodeaba era obviamente una trampa para él, una de la que no podría salir hasta el amanecer, si lo sobrevivía.

La neblina, en sí, no es peligrosa, simplemente está hecha para impedirle huir porque siempre regresaría al mismo lugar. Es una especie de laberinto temporal y excelente para atacar a un enemigo escurridizo... cómo él.

— ¡Vamos, sal de dónde estés! ¿O prefieres que te haga salir?— De la mano de Kokuto empezaron a salir chispas de color azul.

— ¡Ah, te diste cuenta de que aquí estaba!— Una voz se acercaba de entre la neblina.

— Detecté tu peste hace bastante.— Por eso mandé de regreso a Hisana.

— ¿Ah, sí?, y yo que pensé que estaba siendo discreto, je, je, je.— La voz estaba su derecha.

— Para nada.— Detuvo un ataque que recibió por la espalda con un estoque (tipo de espada) que apareció mágicamente en su mano.

— ¿Sabes?, me eres conocido.— Dio un saltó hacia atrás y pasó su mano por la hoja de su sable y este comenzó a brillar con un aura azul, antes de tomar posición de ataque.

— Y tú hueles como alguien que conozco...— Kokuto saltó varios metros hacia atrás, en su mano izquierda acumuló energía roja que después aventó en dirección de su atacante y poder verlo a la cara. Un hombre con una sonrisa macabra.

— Soy Gin Ichimaru, soy u...— Esquivó fácilmente el ataque y ahora era su turno de atacar.

— Eres un trono, lo sé. Yo soy Kokuto.— Bloqueó el ataque con su estoque.

— El último Lilim, lo sé, maté al penúltimo.— Salían de las chipas de la presión que estaban ejerciendo en sus espadas.

— Así que tú mataste a Shuren...— Se alejan de un salto.

— ¿Ese era su nombre?, no me molesté en preguntarle antes de matarlo.— Gin expandió su sonrisa que hacía lucir aún más macabro su rostro.

— ¡Wahh!— Kokuto atacó sin cuidado, sólo veía rojo, ni siquiera sintió la herida que recibió en su antebrazo izquierda.

Kokuto había caído en la trampa de Gin.

Kokuto empezó a lanzar ataques sucesivos contra de Gin que eran evadidos cada vez con mayor facilidad hasta que le el enemigo encontró la oportunidad de atacar.

Ahora fue el turno de Kokuto para defenderse. No la tenía fácil, su enemigo era muy veloz, demasiado para un ser humano. No, este es un trono, ellos trabajan con artimañas.

— Tch, tu sable está envenenado.

— ¿Apenas te diste cuenta?— En su voz ya se notaba la burla del que se sabe ganador.

Kokuto trataba de recuperar la compostura, tanto de la mente como de su habilidad de combate, pero su vista ya se estaba volviendo borrosa.

— ¿Sangre de serafín?— Trató de fingir falsa confianza para ganar tiempo.

— Entre otras cosas.

— ¿Así es como mataste a mi hermano?— Kokuto tomó posición de defensa, a la espera de recibir el próximo ataque.

— Si te refieres al Lilum de cabello negro, no, él fue mucho más difícil. Tú eres un debilucho en comparación.

— Ya veo, pues te demostraré lo que este debilucho puede hacer.

Lo siguiente que supo fue que Gin se lanzó al ataque y enterró su sable en su estómago.

— ¡Ja, ja, ja, te dije que eras débil!— Ya cantaba victoria.

— Y tú un estúpido.— Kokuto sujeto la hoja con su mano izquierda su estómago para impedirle retirarla...

— ¿¡EH!?— Y con la derecha enterró un puñal en el costado izquierdo de Gin.

Ver la cara sorprendida de ese imbécil al ser herido un debilucho valió cada maldito segundo.

Gin alejó a Kokuto con una patada tan fuerte que le al caer le rompió varias costillas.

— Maldito, hijo de una literal puta, ¿crees que esto me detendrá?— Gin se quitó el puñal que quedó enterrado y sangre comenzó a brotar a borbotones.

— ...ja-aa, jaa, ja-a...— de la boca de Kokuto escurrían chorros de sangre y se sujetaba el pecho con tanta fuerza que se había enterrado los dedos dentro de su caja torácica.— e-eress m-muy sob-berv-bio.

— ¿No sabes que los Tronos podemos regenerarnos?— Se rompió la camisa para mostrarle herida que empezó a sanar rápidamente.

— ...S-s-sí, p-pero n-no looo p-pod-drás v-volv-er aa hace-er...— Concentraba todas sus energías en su próximo movimiento.

— Tonterías.

— Y-ya... v-ver-áss...— Dejó de sujetarse y lanzó un ataque de luz azul en dirección de Gin.

— ¡¿Qué rayos?!— Aunque asustado, esquivó el rayo sin problemas.

Mi vida ya no importa, sólo la de mis hijas importa.

No dejaba de repetirse ese mantra mientras sentía el filo de la hoja de Gin rebanar su cuello.

Mi vida no fue en vano...

Su cabeza rodó por los aires, aún con la mirada desafiante.

...Mi muerte mucho menos.

Gin abrió su pecho para sacar el negro corazón del demonio.


A Hisana le dolía el pecho, ella y su madre no dejaban de correr. Por su parte, Rukia pero desde que le pusieron las flores de lavanda entre sus ropas se calmó, pero no dejaba de llorar quedito en la pechera.

— ¿Mamá, qué sucede?, ¿por qué corremos desde que te enseñé ese silbato?— Hisana jadeaba al hablar, aunque afortunadamente aún podía seguirle el paso a su madre.

— Ese no es un silbato normal, es una reliquia. No me sueltes, hija.

En un momento que pudieron detenerse para descansar y tomar aire.

— Hija, necesito que corras— Le dice su madre mientras se quita la pechera en la que cargaba a Rukia.—, que corras con tu hermana hasta un claro en el bosque cercano y suenes ese silbato.

— ¿Mamá...— Hisana comenzó a temblar y sus ojos a lagrimear al momento en que su madre amarraba la pechera con su hermanita— eso significa...?

— Sí, hija...— Un rayo azul que venía del cielo golpeó el pecho de Matsuri.— tu padre y yo... nosotros...

— ¡Mamá!— Hisana se aventó a los brazos de su madre a llorar que la aferró con mucha fuerza.

— Ya no hay tiempo, Hisana, sabes lo que tienes que hacer.— Aunque no lo parecía por su voz, del rostro de Matsuri también corrían lágrimas porque muy probablemente sería la última vez que sus estarían en sus brazos.

— ¡Sí, Mamá!— La niña dejó el abrazo y salió corriendo en la dirección que le indicó su madre.

Tienes que vivir, hija, vive y protege a tu hermana.

Cuando la Matsuri perdió de vista a Hisana y a Rukia se levantó del suelo y caminó en la dirección contraria a sus hijas...

En su mano apareció una espada muy pesada y larga, una claymore.

Tal vez no ganaría la batalla, pero tampoco perdería en esta guerra.


Hija, espero que no suceda, pero en caso de emergencia...— Empezó Kokuto antes de que se le formara un nudo en la garganta.

Si tu padre y yo por alguna razón tenemos que pelear es probable que no sobrevivamos.

No digan eso— En los ojos de Hisana empezaron a acumularse lágrimas—, es-so n-no va a passaaar.

Hisana, tenemos que estar preparados— Les costó trabajo pero Kokuto pudo continuar.

P-pero...

Nada de peros.— Le dijo Matsuri mientras acomodaba a Rukia entre sus brazos.

Primeramente debes saber que las amamos a ti y atu hermana más que a anda en el mundo.— Su padre la sentó sobre su regazo.

Y, precisamente porque las amamos, necesitamos que estés lista.

¿Y qué es lo que tendré que hacer?

Llamar y subyugar a las calamidades.— Dijo su padre con voz seria.

¿Eh?

Tu tío y yo los conocemos como los Jinetes del apocalipsis.

Ah, ¿y vendrán a caballo?— Sus ojos se iluminaron por la posibilidad de verlos llegar a caballo, como en los cuentos de hada, o las pinturas que a su madre le gustaba mostrarle cada que conseguía un nuevo libro de arte, aunque no entendiera de lo que hablaba.

No creo hija, ja, ja, ja, pero ellos deben de ayudarte en caso de que lo necesites.


Matsuri recordó esa escena familiar, extrañaría tener esos momentos, pero ya no tenía mucho tiempo. Kokuto estaba muerto, y si no fuera porque le mandó parte de su corazón, estaría muerta en este instante.

Lástima que el corazón de Kokuto no la mantendría viva mucho tiempo, su alma se estaba resquebrajando rápidamente y el manifestar la claymore aceleró el proceso.

— Nunca pensé que un zanpakuto sería tan pesada.

— No lo sería si te hubieras quedado con nosotros, niña.— La voz de Gin Ichimaru, aunque a la distancia, ya se encontraba en su campo de visión y se acercaba poco a poco a ella.

— Mi padre no lo hubiera permitido, ¿u olvidas que me quería casar a la fuerza?

— Oh, no lo hago, yo estaba cuando le sugirieron que te casara con Giriko Kutsuzawa.

— Oh, eso no me lo esperaba, me pregunto porqué.

— ¿Qué?, ¿acaso no lo sabes?— Otra vez Gin tenía esa sonrisa sádica que lo caracterizaba.

— ¿Saber qué?— Ya se encontraban frente a frente.

— Je, je, je...— Gin sacó su sable.— todo es por tu madre.

Antes de que pudiera preguntar a qué se refería recibió una estocada que apenas alcanzó a detener. Se le dificultó, no sólo por lo pesado de su arma sino también por su falta de entrenamiento. En su adolescencia era mejor que su hermano, Fujimaru, pero se enfrentaba a un guerrero con experiencia... y demasiada confianza en sí mismo.

Tanta que le pudo dar una patada en uno de sus costados y hacerlo caer al suelo.

— ¿Mi madre, qué?

— ¿Sabes por qué tu padre se casó con tu madre?— Gin hizo ademán de levantarse del suelo.

— Por lo mismo que tu te casaste con Rangiku, linaje.

— Oh, no, lo mío con Rangiku es por linaje, lo de tus padres fue eugenesia.

Matsuri dió un paso atrás, preparándose para su siguiente movimiento.

— No digas tonterías la familia de mi madre era neófita, ¿cómo podría ella...?

— Porque ella era nuestro experimento más exitoso.— Gin volvió a atacar y este fue repelido nuevamente, antes de alejarse.

— ¿Mi madre era una experimento?

— Ciertamente, y no el primero— Se empezaron a rodear y medirse con la mirada el uno al otro.

— ¿Y eso que tiene que ver conmigo?

— Tal vez todo, tal vez nada.

— ¡Tonterías!— Ahora fue el turno de Matsuri de atacar y de ser evadida.

— No les tanto cuando te trasplantan el corazón y la médula de Asmodeo.

— ¿Eh?— Volvieron a chocar sus espadas.— ¿Y eso de qué les serviría?

— No sé, pero suena divertido, un trono con sangre demoníaca en sus venas, je, je, je

— La verdad que sí, ja, ja, ja.— La claymore le estaba pesando mucho y si no fuera por la confianza exacerbada en sí mismo ya la hubiera vencido, pero su energía y cordura estaban llegando a su límite. No duraría mucho más

— Pero ya dejemos de jugar, dime dónde están tus hermosas hijas.

— Muy lejos de ti.

— Eso ya lo veremos.

Después de ese intercambio de palabras, entre ellos ya sólo quedaba el intercambio de estocadas y bloqueos. Los movimientos de ambos tomaron tanta velocidad que ya sólo parecían una mancha para el ojo común.

Aparentemente la batalla estaba pareja, pero que eso no los engañe, sólo era Gin jugando con su presa. Ahora que había matado a todos los Lilim está sería su última oportunidad de jugar en muchos años.

Así se siguieron por varios minutos hasta que ya le fue suficiente a Gin. Le imprimió más fuerza a su estoque y logró hacer que la claymore de Matsuri saliera volando lejos de su alcance.

— Ya dejemos de jugar, ríndete y entrega a tus hijas.

— Nunca.— A pesar de la situación ella no había perdido la calma.

Gin levantó su sable y lo blandió contra ella con tanta fuerza que le cercenó un brazo a la mujer frente a él. La sangre no brotó de la herida por las cualidades místicas del sable que cauterizaron la herida con la intención de herir mas no matar al enemigo.

— ¡Waahh!

— ¿Ves?, no eres rival para mí.— Gin le permitió a su presa alejarse por un momento.

— N-no inten-nto serlo, y-yo ya estoy m-muerta.— La mente y alma de Matsuri ya no se sostendría por mucho tiempo más. Su mirada ya estaba borrosa y la claymore ya no respondía a su llamado. Se tendría que jugar su última carta.

— Se nota, niña, esta es tu última oportunidad, llama a tus hijas y perdonaré tu vida.

— ¿S-sabes?, hueles al ven-neno de las armas de K-kokuto.

— ¿Veneno?— Confundido por esa declaración no se dio cuenta de que ella se le acercaba.—, no siento nada.

— S-sí...— Ella lo sujetó de los restos de su camisa para después abrazarse a él.— ignis ardens corpus*.

Tras esas palabras el cuerpo de Matsuri comenzó a arder y con ella lo que alcanzaba a tocar.

Gin la alejó de él con un golpe de su sable que partió su torso parcialmente y calló al suelo.

Pero las llamas que emanaban de Matsuri fueron tan fuertes en la piel de Gin que, aunque en un menor grado, tocaron buena parte de la piel del trono.

— Wah, ¿por qué me duele?, ¿por qué no me curo?

En ese momento recordó las últimas palabras del Lilum.

No lo volverás a hacer.

Sus quemaduras no eran de vida o muerte, pero le dolían tanto que se le nublaba la vista.

¿Podría resistir una lucha contra una demonesa, aunque esta fuera pequeña?

Unos rayos cayeron a la distancia, seguidos del relincho de un caballo...

— ¡Demonios!

Tal vez ya era muy tarde incluso para esas niñas.

— ¿Sobrevivirán esas niñas a la ira de una calamidad?

Lo mejor sería ahora retirarse y atender sus heridas.

Ójala que los efectos del veneno sólo sean temporales.


Hisana hizo lo como le dijeron sus padres, corrío a un claro del bosque, usó el silbato y se concentró en llamar a las calamidades para que le dieran auxilio.

— ¡Por favor, que funcione!

Vengan, ayúdenme, soy de la sangre de Lilith, vengan rápido.

Rukia se sentía cada vez más pesada en sus brazos, por un momento se sintió tentada a dejarla en el claro y seguir huyendo, pero Rukia la sujetaba con tanta fuerza con sus manitas...

Rukia era lo único que le quedaba,y ella era lo único que Rukia tendría y conocería...

Volvió a poner el silbato en sus labios y sopló otra vez, pero ahora estaba enojada porque no llegaban.

¡Lleguen ya, insolentes!

A su espalda rayos cayeron y después se escuchó el relincho de un caballo acercarse.

Volteó en dirección al caballo y vio que era montado por un chico, uno que era sólo poco mayor que ella. Por un momento se dejó impresionar por la belleza del chico que montaba al semental blanco con altiva seguridad.

— ¿Cómo hiciste eso?— Preguntó el muchacho cuando detuvo al semental frente a Hisana.

— ¿Hacer qué? ¿Llamarte?— Hisana trataba de mirarlo a los ojos pero la separación entre ellos se lo dificultaba.— Baja del caballo, me duele el cuello.

— Sí, no deberías poder hacer eso, nadie puede.— El muchacho enrojeció, pero por alguna razón hizo lo que ella dijo.

— Necesito ayuda.

—... — Quedó en silencio cuando por fin las miradas de ambos se encontraron.— ¿Qué tipo de ayuda necesitas?

— Nos persigue alguien para matarnos a mi hermanita y a mí, ¿quién eres?, ¿eres una calamidad?

—... No, las calamidades aparecen cada que se acerca el apocalipsis, soy Byakuya Kuchiki, soy el actual representante de la calamidad de la muerte— El saber el nombre del hermoso muchacho relajó la mirada de Hisana, al fin estaban llegando a algún lado.— ¿Quién eres?

— Soy Hisana y esta es mi hermana Rukia, somos hijas de los Lilum.

— Eso no es posible, no hemos sabido nada de sus majestades en siglos, pensamos que estaban muertos.

— Hoy ya lo están...

Guardaron silencio por un momento, no fue incómodo, pero tampoco era lo más deseable

— ¿Quieres vivir, niña?

— Soy Hisana, pero lo deseo más que nada.— Hisana, que sostenía con trabajo a su dormida hermana en sus brazos, le respondió con dificultad, el cansancio ya estaba alcanzandola.

— Entonces, conviértete en mi amante.

— No.— La mirada Hisana se endureció. Él sería el representante de la muerte, pero ella era nieta de Lilith, la madre de todos los demonios, nadie estaría por encima de ella.

— ¿Qué?, ¿me rechazas?— Es la primera vez que el joven había recibido un no en su vida.

¡Y eso le gustaba!

¡Una igual!

— ¡Por su puesto!, tengo diez años, maldito enfermo, mi Mamá me enseñó lo que son los pedófilos.

— ¡Qué! ¿Me llamaste pedófilo? Tengo trece, no tengo edad para ser un pedófilo.— Era difícil creer que el joven pudiera mantener la calma tras aquella acusación.

— Mi Mamá me dijo que todos los que se les insinuan a niñas pequeñas se les conoce como pedófilos y tampoco sería tu amante para que después me abandones.

— Con que eso es... En ese caso, te convertiré en mi consorte.

— ¿Y eso qué es?

— ¿No sabes qué es eso?

Ella sólo niega con la cabeza.

— Significa que serás mía y yo seré tuyo y nada podrá interponerse entre nosotros.

— ¿Nunca me abandonarías? ¿Cómo en los pactos de sangre?

— Nunca lo haría, y si lo deseas haremos un pacto de sangre.

— Pruébalo.

El muchacho pone sus manos en los hombros de la niña, que sujeta con mayor fuerza a su hermana por cada centímetro que él se le acerca.

— De acuerdo.— El muchacho inclinó su rostro hasta posar sus labios en los de ella y sellar su pacto con la dulce niña...

El beso fue correspondido con pasión imposible en cualquier otra niña de su edad que empezó a jugar con sus labios y darle pequeñas mordidas antes de romper el beso.

Byakuya está seguro de algo, ella será su mujer y habrá no otra como ella para él.

Nunca se sintió tan afortunado en su vida.

Nota:

El hechizo que lanza Matsuri

Ignis ardens corpus.- Lat para fuego ardiente quema mi cuerpo