Disclaimer: Pókemon no me pertenece.
Sinopsis: El entrenador de fuego, Ash Ketchum, ha sido testigo de la desaparición de May, su novia y princesa del Reino de Pallet. Para encontrarla ha iniciado un viaje junto a Misty y Ritchie en búsqueda de los diez legendarios entrenadores. Ahora que ha logrado comunicarse nuevamente con May, ¿cuál será la nueva aventura que lo espera? ¿Quién será el entrenador del viento? ¿Será capaz de salvar a May?
¡Este fic es traído gracias a la ayuda y apoyo y genialidad de Sumi-chan! ¡La mejor beta de la vida!
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Light's Travel
By kasumi_21
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Capítulo XVII: Bahía Gresca
May había pasado el resto de la mañana pensando sobre la conversación con Ash, buscando intensamente por alguna señal que le indicara que sus sentimientos no habían cambiado ni un poco, por lo que fue una completa sorpresa cuando le entregaron su almuerzo. Y lo fue aún más cuando no se encontró con Max.
En los últimos días, luego de la asignación del mago como su cuidador oficial, May se había acostumbrado a almorzar en el patio del lugar junto al jardín de rosas, por lo que el chico siempre iba a buscarla a la celda para llevarla a donde quería. Los ojos azulados se entristecieron levemente, había estado esperando por su amigo para que la animara como en la mañana.
Debieron pasar unas horas más para que May supiera del paradero de Max, cuando él apareció y la llevó al campo de rosas para tomar el té. Él se negó a responder todas sus preguntas en el trayecto.
– ¡Max! ¡¿Qué sucede?! – ella exclamó por enésima vez, cuando salían al lugar.
– ¡Maldición May! ¿No te dije que no dijeras nada mientras estamos dentro del castillo? – Él se volteó a verla finalmente, con una mirada molesta – ¡Ya te he dicho que hay cámaras en todas las habitaciones! ¡Sólo en este lugar podemos hablar tranquilos! –
Max caminó hasta llegar a la mesa que contenía la merienda y se sentó. Con la mirada indicó la otra silla para que May copiara sus acciones, ella lo miró con el ceño fruncido.
– No es para que te pongas así – regañó ella mientras se sentaba, no acostumbrada al trato duro de parte de otras personas. El chico la miró y bufó, sintiéndose culpable.
– Lo siento… sólo… no lo olvides de nuevo –
Ella asintió y Max recobró rápidamente su sonrisa. Parecía animado.
– ¡¿Adivina qué?! –
– ¿Qué? –
– He descubierto el posible paradero de tus cosas –
– ¡¿Qge?! ¡¿eg segriog?! – May, que ya tenía la boca llena de dulces, se obligó a tragar. Max la miró con los ojos entrecerrados, pensando si le era permitido comportarse así en su verdadero castillo – ¡Tan rápido! –
– Bueno, no es la gran cosa – olvidando sus reflexiones anteriores, el muchacho rascó su nariz con una sonrisa segura, intentando mostrar humildad – le pregunté a las chicas del servicio y busqué un poco de información – Max endureció su mirada – Y tengo buenas y malas noticias –
– ¿Qué pasó? –
– Bueno, lo más probable es que tus zapatos y vestido estén en la basura –
– ¡¿QUÉ?! ¡¿EN LA BASURA?! – ella gritó mientras se levantaba y se inclinaba hacia él, su voz llena de indignación.
– No te alteres, es sólo ropa –
– ¡¿QUÉ?! ¡TÚ–! ¡ERAN DE DISEÑADOR! – de pronto, May se desplomó en la silla y tomó uno de los pastelitos. Se veía tan afectada, que parecía que lloraría en cualquier minuto – ¡¿Có–cómo es p–posible?! ¡Mis z–zapatos! –
El chico bufó mientras se cruzaba de brazos, sintiéndose molesto por el actuar de la chica y descubriendo tristemente que ya era algo común.
– ¡Deja de ser tan infantil! –
– ¡Cgállage! – May había tomado un puño de galletas y ahora las comía, intentado calmar su tristeza. – ¡tgú nog lo egtiengdes! –
– Si te hace sentir mejor, las joyas que llevabas ese día sí se salvaron –
– ¡Cglago qgue sí! ¡¿qgué estúgpido bgotagría ugnas joygas?! – Max la omitió.
– El problema es que ya no están en el castillo – los ojos azules se posaron en él y supo que tenía su atención – Fueron la pieza favorita de la subasta de anteayer –
– ¿Subasta? ¿Cuál? – May intentó recordar alguna información sobre ello, su familia era realmente adepta a ese tipo de eventos, y reconoció rápidamente cuál podría ser – ¡¿La subasta de la semana de la moda en Hoenn?! –
– Exacto, tus joyas fueron vendidas a muy buen precio –
– Entonces, ¡¿qué vamos a hacer?! – ella exclamó, ansiosa –Esas subastas siempre mantienen a los compradores en secreto –
– Así es, pero no es un problema. El vendedor tiene acceso a la información del comprador, por lo que descubrí quién era en el computador de mi señor –
– ¿Te deja ocuparlo? – May parecía sorprendida, especialmente porque la personalidad de Tom no coincidía con la imagen mental que se había hecho en ese momento.
– No realmente – Max desvió la mirada hacia un costado, sonriendo nerviosamente – En realidad lo investigué en secreto – luego miró a la chica, que parecía asustada – Los magos suelen subestimar a la tecnología y mi señor no utiliza mucho su computador, así que no creo que se dé cuenta –
– Mmm... espero que tengas razón – ella susurró con cierto temor, dándose cuenta por primera vez de la peligrosa situación en que había involucrado al chico. – ¿Y qué descubriste? –
– Tengo los datos del comprador – Max sacó un papel del bolsillo de su jeans y lo desdobló – es una modelo, se llama... mmm... Serena –
– ¿Serena? – May ladeó su cabeza hacia un costado – ¡Espera! ¡Serena! ¡S-SERENA! –
– ¿La conoces? – él preguntó con una ceja alzada y ella lo vio como si de pronto le hubiera crecido otra cabeza
– ¡¿Tú no la conoces?! ¡Pero es Serena! – la castaña exclamó, emocionada – ¡Serena es increíble! Con 14 años entró al negocio como modelo y ya al año fue el rostro oficial de la revista Moda que es la más importante de Kalos. ¡Además su estilo de caminata en pasarela es tan impresionante, que revolucionó a todo el mundo del modelaje! Se cuenta que todos los diseñadores pelean por ella, porque las tenidas que usa siempre son halagadas por la crítica. ¡Es la modelo de oro! ¡Y sólo tiene 17 años! – May chilló con alegría – ¡Y ella compró mis joyas! ¡No puedo creerlo! –
– ¡¿Por qué estás tan emocionada?! – Max le reclamó, más la chica estaba absorta en su mundo y ahora se abrazaba a si misma con el rostro sonrojado – ¡Kyaa! –
– ¡MAY! ¡Enfócate! – Max gritó y la mirada resplandeciente que ella tenía cuando se volteó a verlo sólo aumentó su molestia – ¿Por qué te emocionas tanto? –
– Tú no lo entenderías – ella replicó mientras hacía un puchero – Es cómo... mmm... ¡cómo si tu mago favorito ocupara tu varita! – él entrecerró los ojos
– Tú sabes que los magos ya no ocupan varitas, ¿verdad? –
– ¿Eh? ¿en serio? – y por la mirada en blanco que ella le daba, el chico estaba seguro que no mentía. Max se llevó una mano a su cabeza, empezaba a dolerle – ¿Te encuentras bien? –
– Sí, no te preocupes. Empezaré a omitirte –
– ¡Hey! ¡Qué grosero! –
– Volviendo a lo importante, sólo tenemos una oportunidad para recuperar tus joyas. Investigué el itinerario de Serena y se quedará en la ciudad sólo hasta mañana –
– ¿Pero y si ella no tiene las joyas? – May por fin parecía seria y concentrada en el tema – Por lo general, las compras de las subastas se envían a la residencia del comprador –
– Ya lo investigué. Serena las tiene aquí, las va a ocupar en el desfile de mañana –
– ¡¿QUEEEEE?! – y los ojos de May volvieron a brillar, cual chica enamorada – ¡¿MIS JOYAS EN EL DESFILE DE LA SEMANA DE LA MO–?! –
– ¡CORTA CON ESO! –
– ¡Pero es el desfi–! –
– ¡QUE PARES! –
Y May se quedó en un rincón, comiendo los pastelitos que quedaban y refunfuñando frases que Max omitió.
– Pero esto es malo – murmuró para sí mismo – Si es tan famosa será difícil acercarnos a ella – el entrecejo de ella se frunció, preocupada – ¡Bien! Pensaré en algo – resolvió con seguridad mientras se levantaba de la silla – Por ahora prepárate – él se dirigió a ella y la princesa sintió un golpe temeroso en su pecho – Mañana vendrás conmigo –
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Ritchie respiró profundamente y el aroma a la sal del mar relajó su corazón. Como una persona oriunda de Celeste, era para él inevitable sentir nostalgia y una suave alegría al estar nuevamente cerca del mar. El viento frío que traía consigo el sonido de las gaviotas aliviaba su alma y refrescaba su cuerpo en aquel día de intenso sol.
Siguió su camino hacia el hogar de Eleonor, una pequeña casa de un piso que estaba en la parte alta de la costa y que le permitía una visión completa y hermosa de la ciudad. Llegó primero al antejardín, encontrándose con los dos chicos y deteniéndose un momento por su curiosidad. Acomodó las bolsas de papel que llevaba en sus brazos, las compras necesarias para el almuerzo de ese día, y esperó hasta que Sparky bajara de su hombro. De inmediato el pokémon eléctrico se unió a Oddish y Pikachu, que corrían animados por el césped.
– ¡Ah! ¡Ritchie! – Erika se había volteado a verlo con una sonrisa animada y con unos cálidos ojos chocolates, el suave rosa de sus mejillas fue algo que él no pudo omitir – ¿C-cómo te fue? – le preguntó mientras se acercaba a él, dejando a Ash arrodillado junto a unas flores del ante jardín. El castaño notó que llevaba unas limas entre sus brazos y un cuaderno de color violeta.
– ¿Qué es? –
– Toma – ella dejó las frutas en las bolsas de papel – Las hemos sacado del árbol de Eleonor – él entrecejo de Ritchie se frunció por la confusión y la niña lo notó – Es que… cuando llegamos tú dijiste que querías… y entonces Ash y yo… – Erika bajó lentamente su voz, mostrando una clara inseguridad en sus ojos.
– Gracias – él murmuró con una expresión en blanco y cuando ella le dedicó una sonrisa gigante, él supo que debía cambiar de tema. – ¿Qué están haciendo? – caminó hacia Ash, buscando una excusa para alejarse de la niña. Como el pelinegro estaba arrodillado, pudo ver con claridad el dibujo de flores que él estaba haciendo y se sorprendió al notar lo bueno que era. Obviamente no iba a decírselo, no quería alimentar el ego gigante que el entrenador de fuego solía mostrar.
– Ash me está ayudando, es la primera vez que veo estás flores y las está dibujando para mí – Erika le mostró una página de la libreta que llevaba, reconoció el dibujo de unos lirios y algunos apuntes a los lados – Mi familia se especializa en perfumes y yo también quiero hacerlo cuando crezca, así que siempre en bueno tener información sobre flores – sin ser capaz de frenar su curiosidad, Ritchie dejó las compras en el césped y tomó el cuaderno de Erika. Empezó a hojearlo y descubrió con sorpresa que, aparte de su interés por plantas, frutos y flores; a la entrenadora le interesaba el diseño de vestuario de varias ciudades. Logró reconocer algunos vestuarios que habían visto en Carmín y Azafrán, y también el traje que él había utilizado en la fiesta de Azulona. Si se hubiera fijado con mayor detalle, hubiera logrado ver el diseño del vestido de Misty y el traje de Ash.
– Eres buena – comentó sin notarlo y aún absorto en los bosquejos de vestidos de novia, por lo que no logró ver el sonrojo intenso en las mejillas de Erika. La misma ahora sonreía alegremente, su corazón dando golpes fuertes en su pecho por la emoción.
– N-no tanto – ella dijo con una mueca nerviosa, mientras jugaba con el borde de su falda.
– Hey, ¿qué es esto? – él se había detenido en una página y mostraba ahora el dibujo de una flor en forma estrellada y de tono azulado. Erika tuvo que pararse en puntillas para lograr ver la libreta.
– ¡Ah! ¡esa flor! – Exclamó felizmente, mientras hacía un movimiento ondulante con su mano – Kleine Blume, ¡Platycodon grandiflorus! – cuando terminó el conjuro, empezó a formarse un tallo de tono verde hasta terminar en la flor que estaba dibujada y la acercó para que él la viera – ¿No la reconoces? – él frunció el ceño mientras la estudiaba y logró ver la pequeña flor blanca que estaba en su centro. Entonces, como un rayo, a su mente llegaron recuerdos de su casa en la niñez y de los aniversarios de sus padres.
– Es… es la flor favorita de mamá – murmuró con voz queda.
– Sip, la flor favorita de nana – ella se la pasó con suavidad, sus ojos chocolates también lo eran ahora – Nana suele ocuparla cuando hace los arreglos florales de la casa, dice que le gusta porque sólo nace en Kanto y le da identidad a nuestro hogar –
– Sí, ella solía hacer lo mismo en nuestra casa cerca del castillo – Ritchie jugó con la flor, observándola atentamente y sonriendo levemente – A mi padre también le gustaba, decía que hacía brillar aún más los ojos azules de mamá –
Erika se había quedado prendada a la visión del chico, disfrutando el movimiento ligero de su cabello y el tono profundo de la mirada suave de sus ojos turquesa, que al igual que los de nana, brillaban intensamente junto a la flor. Ella sintió como sus labios lentamente se curvaban y una sensación cálida recorrió su cuerpo.
Ritchie volvió su atención a la niña y al observar su expresión, supo que había hecho algo innecesario. Rápidamente empujó la libreta hacia ella, intentado romper la situación prontamente.
– Tus aficiones son muy infantiles – él señaló con una expresión neutra – Deberías preocuparte más por tu entrenamiento – y sin más, dejó la flor en una de las bolsas y las tomó para entrar a la casa.
Erika se quedó mirando sus movimientos, luchando internamente contra el frío golpe que había sufrido su corazón, y Ash, que había observado la última escena desde la lejanía, se acercó a ella con el dibujo ya terminado, buscando distraerla.
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La llegada a Ciudad Marina había sido en la noche y, a pesar de haber dormido gran parte del día, Misty estaba tan cansada que el ofrecimiento de su tía para quedarse en su casa fue algo que no pudo rechazar. Finalmente el grupo se ubicó en la humilde casa de Eleonor, hermana menor de la difunta madre de Misty, y decidieron esperar hasta el amanecer del siguiente día para planificar su viaje. La pelinaranja tenía eso en mente cuando despertó y se dirigió hacia el comedor para servirse el desayuno.
– Buenos días – saludó cuando entró al comedor, que se encontraba directamente unido al living y a una cocina de corte americano. El tono verdeagua de las paredes contrastaba con el tono blanquecino de los muebles y le otorgaba un ambiente hogareño a la sala.
– ¿Buenos días? – Sentada en una de las sillas del comedor, Eleonor la miró con una sonrisa burlona – Ya pasan de las 12, querida –
– ¿En serio? – Misty parecía sorprendida, más se acercó a la cocina para prepararse un café. Sus ojos vagaron por la mesa tipo americana y se quedaron en el periódico del día, la imagen del nuevo representante de Sinnoh impresa en él – ¿Ya fueron las votaciones? –
– Ayer –
La chica estudió el rostro del hombre, su mandíbula angulada, la agudeza de sus ojos negros y afilados, y el cabello blanquecino con tonos azulados. En la foto se retrataba una pequeña sonrisa curva, la única muestra en su expresión que revelaba alegría por los resultados obtenidos.
– Ha ganado Cyrus – Los ojos azules de su tía se fijaron en ella – Tú lo conociste una vez, cuando era alcalde de ésta ciudad –
Ante el nombre, Misty recordó rápidamente la información que tenía sobre ese hombre. Era un mago especializado en magia negra, que tenía una posición abiertamente racista hacia las personas sin poderes y que pertenecía al círculo de dragones. Su padrino siempre solía quejarse de él.
El sonido de la tetera hirviendo la sobresaltó y ante un movimiento rápido, Misty se sintió mareada. Su cuerpo osciló levemente por un momento.
– ¿Estás bien? – le preguntó Eleonor, preocupada. Misty rió para restarle importancia.
– Estoy un poco cansada, debe ser por el cambio de horario – aunque en su mente sabía que era debido al hechizo para comunicarse con May y seguramente era también por eso que Ash se había comportado tan amable con ella, él debía sentir cierta culpa.
Guiada por sus pensamientos, los ojos verdes buscaron a su compañero de aventuras. Lo encontró en el antejardín, sentado sobre el césped y cerca de unas flores de tonos encendidos. Erika estaba a su lado, de pie e inclinada hacia él mientras le sonreía.
– Tu amigo me contó sobre su viaje – Eleonor comentó y Misty se sobresaltó, sintiéndose extrañamente pillada en el acto. – Al parecer lo ayudas para que pueda salvar a su novia – aún con la mirada en el moreno, la pelirroja entrecerró los ojos. Después tendría que hablar con él sobre ese extraño hábito de contarle a todo el mundo sobre su aventura.
– No lo hago porque quiera, mi padrino me obligó – Misty sabía que era una excusa, pero no le importó demasiado. Eleonor se quedó mirándola por unos minutos, con una sonrisa suave y con su rostro apoyado en su mano izquierda.
– Hey Misty, ¿tu padre te contó alguna vez como conoció a Eli? –
La pelirroja no entendió por qué el cambio repentino de conversación, pero toda la información relacionada a sus padres le interesaba y no pasó mucho tiempo hasta que se sentó junto a su tía, con su taza de café humeante y su completa atención en ella.
– Un poco – los ojos verdes se elevaron hacia un costado, intentando recordar – Fue por mi maestra, ella los presentó –
– ¿Y sabes qué relación tenía Denisse con tu padre? –
– ¡Ah! Pues ellos... ellos... – la voz de la entrenadora disminuyó lentamente, dándose cuenta que de hecho no lo sabía. Eleonor la observó con una sonrisa.
– Bueno, la historia resumida es esta. William y Denisse eran amigos desde la niñez – Misty parecía sorprendida – Se conocían porque Denisse era alumna de la entrenadora de las plantas –
– ¡¿Entrenadora de las plantas?! –
– Así es, esa entrenadora fue la única que nació en Kanto de su generación, en Celeste específicamente, y por eso tenía fácil acceso al palacio –
– ¡Wow! ¡Increíble! – eso explicaba porque Denisse tenía tanto conocimiento sobre los entrenadores, siendo ella una bruja.
– Pero cuando Denisse tenía 20 y tu padre 25, la entrenadora falleció y ella se quedó sin maestra. Como Kanto es un lugar con pocos magos y no hay lugares de estudio para ellos, Denisse viajó hasta aquí, se inscribió en una academia de magos y ahí conoció a tu madre – Eleonor acercó un gran libro y Misty supo que era un álbum de fotos. La primera que vio mostraba a tres chicas, las tres sonriendo alegremente en un día despejado y en la playa de Ciudad Marina. La pelirroja reconoció rápidamente a la muchacha de corto cabello rubio y ojos azules resplandecientes, con una belleza aún no resuelta a sus escasos 15 años. Inclinada hacia adelante, tenía entre sus brazos a una niña de características similares y que parecía quejarse por la posición. Junto a ellas, la tercera chica reía alegremente por las otras dos y su cabello castaño oscuro flotaba libremente por el viento.
Misty observó otras fotos, la mayoría en donde estaban las tres y donde gradualmente Eleonor crecía. La entrenadora se detuvo en la última, donde estaban en una ceremonia, las tres con igual uniforme pero distinto color. En esos años, el cabello de su madre ya era largo y levemente ondulado.
– Esa fue de nuestra graduación, la educación mágica es distinta a la normal, por eso dura más – Misty asintió, comprendiendo – Supongo que ya dedujiste que ellas se hicieron muy buenas amigas, por eso, cuando Denisse salió de la academia y Eli tenía 20 años, le pidió que visitara Celeste –
– Por el hechizo… – murmuró Misty para sí misma, recordando la unión que había entre los entrenadores del agua y el desértico reino de Celeste, el hechizo que duraba 20 años y que su madre no logró completar por su muerte prematura.
– Por eso y por su amistad – explicó Eleonor con una sonrisa suave y algo triste – Denisse quería que sus dos amigos se conocieran, pero ese fue su error… porque William y Elizabeth se enamoraron de inmediato –
– ¿Pero por qué…? – la entrenadora bajó su voz, hasta que una epifanía llegó rápidamente a su cabeza – D-Denisse… ella amaba a mi papá… –
Eleonor observó el cambio en los ojos de su sobrina, claramente afectada por la revelación, y sonrió suavemente. Sus ojos aun levemente entristecidos por los giros del destino, el mismo que logró que dos buenas amigas se separaran irremediablemente.
– Sabes, Denisse tenía la posibilidad de volver al palacio como la principal consejera mágica del rey, pero declinó esa opción y ahí fue que eligieron al padre de tu otro amigo – Misty sabía que se refería a Ritchie – Antes de que nacieras, se dedicó a viajar por todas las regiones del mundo en busca de algo –
– ¿Algo? –
– Alguien – se corrigió Eleonor – estuvo todos esos años buscando al entrenador de fuego –
Sin lograr frenarse, los ojos verdes buscaron de inmediato la figura de Ash y lo encontró en la misma posición que antes. Los ventanales bajos de la casa le daban sólo la perspectiva de su rostro, con sus ojos almendrados serenos y su cabello revuelto por la brisa.
– Es una pena que lo encontró cuando Eli ya había fallecido –
Y aquello fue una revelación más grande que el pasado de Denisse. Entonces, ¿él no mentía? ¿Ash realmente había sido alumno de Denisse? Aún mareada por el reciente descubrimiento, la pelinaranja se obligó a cambiar de tema.
– Tía, ¿por qué me cuentas esto? – Eleonor se quedó mirándola por algunos segundos, con unos ojos cálidos y suaves. Bajo sus pupilas se podía adivinar una sutil preocupación.
– No quiero que pases por lo mismo –
– ¿P-por…? ¿..qué..? – el entrecejo de Misty se frunció en clara señal de perturbación, preguntándose cuál era la relación que ella tenía con esa historia y la suya propia con Gary. ¿acaso ella era Denisse? ¿o era su madre?. Pero antes de lograr preguntar con más detalle, la mujer rubia se levantó y tomó la taza del café con una sonrisa ligera.
– Has tenido una reacción muy tranquila sobre la historia – comentó su tía mientras lavaba algunos tiestos usados – Tu amiga pequeña terminó con los ojos llorosos –
– ¡¿Se las contaste a los chicos también?! – la mujer elevó sus hombros, relajada.
– Creo que era justo, merecían saberlo –
– No lo creo – susurró Misty levemente sonrojada y acercó nuevamente el álbum de fotos. Empezó a estudiar con detalle cada una, descubriendo de pronto que en ninguna se veía el pokémon acompañante de su madre y que en todas, su madre llevaba un prendedor en forma de gota muy similar al suyo.
– Le mostré las fotos también, tu amigo parecía muy sorprendido por lo similar que eres con tu madre – Eleonor la miró por encima de su hombro y la chica aprovechó de elevar el libro para ocultar el obvio color rojizo en sus mejillas – Creo que sus palabras textuales fueron – y la mujer tosió, intentando lograr una voz más grave para su imitación – ¡Oh! ¡Pero que hermosa es! ¡Se parece mucho a Mist!... o algo así –
– Mmm... –
– ¿Interesada? –
– ¿Quién fue? ¿Cuál de los dos? – Misty seguía absorta en las fotos, aunque ya se había demorado en cambiar de página. Por su parte, la mujer rubia la observó con una expresión burlesca y una sonrisa triunfadora en los labios.
– Tu amigo de la infancia, del que siempre hablabas cuando eras una niña – Eleonor se refería a las pocas veces que Misty había viajado a Sinnoh, siempre acompañada por Denisse y siempre para visitar a su tía.
– Ah... él... – ella murmuró suavemente, parecía incómoda y levemente decepcionada. Y esta vez, la rubia se sorprendió, pensaba sinceramente que ella sería feliz por esa observación.
– Es muy posible que él sienta algo por ti –
– Yo...lo sé – los ojos de Misty se oscurecieron, culpables – Pero no puedo corresponderle –
– ¿Se lo dirás? –
Un viento gentil entró por la ventana, meciendo el cabello de la frente de Misty y logrando distintos tonos verdes en sus ojos. Eleonor observó el rostro de su sobrina, notando la serenidad de su expresión y entendiendo por fin que ella había madurado.
– No es necesario – la pelinaranja explicó con suavidad – Yo estoy enamorada de Gary y él ya se ha encontrado con la entrenadora del elemento opuesto –
– ¿Eh? ¿la entrenadora de agua ya apareció? –
– ¿Mmm? ¿Por qué hablas de...? – y la pelinaranja fue consciente de que no hablaban de la misma persona, sonrojándose furiosamente en el momento – ¡¿Qué?! ¡¿QUÉ?! ¡¿Estabas hablando de-de-?! – Misty estaba muy avergonzada, tanto que ni siquiera podía terminar la pregunta. Y su tía sonrió, porque era esa la reacción que esperaba.
– ¿Y tú hablabas de? –
– ¡Obviamente no hablaba de él! – Misty reclamó, indignada y molesta. Esa era la segunda reacción que Eleonor esperaba ver, al parecer su sobrina no había cambiado tanto como pensaba. – ¡Me refería a-! – y la puerta de entrada se abrió, revelando la figura de un muchacho castaño y ojos azules. Sus brazos ocupados con bolsas de papel – ¡Kya! ¡Ritchie! – el aludido parecía desorientado.
– ¿Me perdí de algo? –
– No, no, nada importante – sintiéndose incómoda, la pelinaranja caminó hacia la salida – Iré con los chicos por un momento –
Cuando salió de la casa, toda su travesía acompañada por la risa suave de su tía, la chica exhaló un suspiro. La brisa marina y el sol cálido de verano calmaron su corazón, pero sólo faltó divisar el cuerpo de cierto pelinegro para que se volviera a acelerar otra vez. Sería mejor que se mantuviera alejada, por lo menos hasta controlar nuevamente sus pensamientos.
– ¡Chaa! ¡Pikachu pi! –
– ¿Pikachu? – Él la miró con sus brillantes ojos negros, esperando por ella – ¿Estás preocupado por mí? –
– ¡Chaa! – él asintió y ella sonrió. Lo tomó entre sus brazos y finalmente lo dejó en su cabeza, sus hombros eran demasiado estrechos para llevarlo en ellos con seguridad.
– Bien, entonces acompáñame a recorrer la ciudad –
Y ambos bajaron en dirección a la costa, inconscientes de la mirada que Ash les dio por el rabillo del ojo. Él parecía aliviado al saber que ellos estaban juntos.
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May jugó con el pequeño sombrero de color crema que ahora tenía en la cabeza y con el que había cubierto la mayor parte de su cabello castaño. Llevaba lentes oscuros y el abrigo rosa con cuello alto lograba cubrir la mayor parte de su rostro. Agradeció la ola de frío que ahora atacaba a Hoenn, que le permitía llevar un vestido negro con botines de mismo color en verano y no sufrir por sus efectos.
A su lado, Max había desordenado su cabello y se había puesto un pequeño bigote, todo con el fin de parecer mayor. Llevaba una chaqueta azul, junto a una camisa blanca de rayas, unos jeans oscuros y unas zapatillas. De hecho se veía bastante bien, por eso había tenido que soportar todas las bromas sin malicias de los servidores del castillo. Los últimos habían sido quién los habían ayudado con el disfraz y también quiénes se habían ofrecido para cubrirlos para que aparecieran en las cámaras de seguridad.
Cuando salieron del lugar en la mañana, May se volteó hacia el grupo de chicas con una mirada asustada y rezó para que no fueran descubiertas. Esperaba que el viaje de Tom siguiera como estaba programado y él aún permaneciera fuera del castillo por otros días más. Aprovechando un descuido de los guardias del castillo, que eran los más leales al entrenador roca y que nunca simpatizaron con la princesa, ambos chicos salieron por la mañana y se aventuraron hacia su viaje, logrando alcanzar unos de los buses de acercamiento a la ciudad. Y luego de una hora de viaje, acompañados por los innecesarios comentarios de una princesa que nunca había subido a un bus y rodeados por paisajes que a Max nunca le habían permitido ver, llegaron a Ciudad Mauville.
Fue una sorpresa para May saber finalmente que la ciudad estaba apenas a unas horas de distancia y que, aun cuando el castillo había sido edificado sobre las montañas, Ciudad Mauville era de hecho una ciudad que tenía costa. La princesa debió luchar consigo misma para no correr hacia la playa, deseando intensamente conocer algo que se le había prohibido desde la niñez. El mar.
– ¡Wow! ¡Es tan fresquito~! – exclamó la princesa cuando finalmente bajaron del bus, afortunadamente en un paradero que se encontraba en el centro de la ciudad. Cuando Max vio la mirada emocionada de la princesa y su aparente amenaza de que correría hacia cualquier lugar, cogió a la chica desde el cinturón de su chaqueta y la arrastró consigo. Sus ojos permanecían en su celular, donde tenía la información suficiente sobre el evento de hoy.
– Concéntrate May, tenemos que ir al casino donde se hará el desfile –
– Lo sé, pero es temprano – ella se quejó y Max sabía que estaba haciendo un puchero, aunque no se volteó a verla – ¿No podríamos comer algo primero? –
Él se rindió con un bufido, sabiendo que no dejaría de molestarlo si no cumplía con su capricho.
– Bueno –
– ¡Yey! –
– Pero en el lugar donde será el desfile –
– ¡Boo! ¡Qué aburrido eres! – Max entrecerró los ojos y, con la mirada fija en el mapa de la ciudad, cogió la muñeca de May para guiarla en el camino. Sus lloriqueos de niña consentida lo acompañaron por varios minutos.
Llegaron finalmente al casino principal de la ciudad, famoso por sus años de historia y el diseño clásico de su edificio principal. A pesar de la polémica de su elección, principalmente por lo pequeño de sus salones y la falta de habitaciones para todos los invitados, la arquitectura del lugar era ideal para el tema del desfile principal de la semana de la moda. El mismo donde Serena participaría y la razón por lo que la modelo había intervenido para que fuera escogido, según se había relatado en las revistas de moda.
May permaneció unos segundos observando el edificio, dibujando con su mirada el detalle de las ventanas y el diseño de sus principales columnas. Y en ese momento le hubiera gustado tener la habilidad de Ash, hubiera sido genial lograr dibujar un sitio como ese.
– ¡May, no te quedes atrás! – Max la llamó y ella detuvo su estudio, con un puchero decepcionado. Llegaron a la recepción y el chico debió guiar a la muchacha que nuevamente había perdido su atención en la arquitectura del lugar. Y nadie podía culparla por ello, después de todo había vivido gran parte de su vida encerrada en las cuatro paredes del castillo y sólo había sido capaz de conocer otros sitios por las revistas que Ash solía llevarle a escondidas.
– May, ¡May! – la voz irritada de Max interrumpió sus pensamientos y la castaña se volteó a verlo con sorpresa.
– ¿Qué sucede? ¿No deberíamos ir a inscribirnos? – la mirada de Max se endureció.
– ¡Ya nos inscribí! ¡¿Podrías concentrarte, por favor?! ¡No estamos de vacaciones! – ella le sonrió con nerviosismo, mientras agitaba su mano para restarle importancia.
– ¡Oh, vamos! no pasa nada –
El chico se llevó una mano a la cabeza mientras exhalaba un suspiro irritado y presentía una jaqueca. En serio, ¿no se suponía que ella era mayor que él? ¿Entonces por qué sentía que estaba cuidando a su hermana menor? May lo sacó de sus pensamientos cuando se inclinó hacia él con una mirada curiosa. Su atención centrada en las pequeñas tarjetas de identificación que colgaban de sus manos.
– ¿Qué es eso? –
– ¡Ya te lo había explicado! – él gruñó, molesto, y la chica sólo jugó con su cabello en una expresión nerviosa. Aplacando su molestia, Max se obligó a permanecer tranquilo. – Logré entrar a la base de datos de los periodistas, así que supuestamente estamos cubriendo el evento como uno de ellos. – Ahora el peliazul cerró los ojos y acarició su nariz en una expresión orgullosa, felicitándose a sí mismo por el buen trabajo hecho – Eso nos da libertad para pasear por las pasarelas y –
– ¡Kyaaa! ¡¿No es ese Harley?! – May gritó de improvisto – ¡¿El diseñador del traje de bodas de Bianca?! –
– ¡ESCÚCHAME CUANDO TE ESTOY HABLANDO! –
La mañana pasó rápidamente y Max se encontró a si mismo preparándose para participar en el desfile principal que se llevaría a cabo esa misma noche. Ya estaban sentados en los asientos que les correspondían, en una de las filas superiores y muy lejos de donde se encontraban las modelos. De todas formas estaba preparado, había traído una de las cámaras de los funcionarios del castillo y con ella podía lograr un buen aumento para ver las joyas.
A su lado y completamente ajena al curso de sus pensamientos, May hablaba emocionada con una reportera, debatiendo sobre que podrían esperar de los diseñadores y quién tendría la fortuna de vestir a Serena ese día. Y Max ya no estaba enojado por su actuar infantil, después de todo el conocimiento de ella les había permitido moverse entre los periodistas y pasar desapercibidos. Estaba empezando a estudiar la decoración para el desfile, en un intento desesperado para calmar su aburrimiento, cuando las luces alrededor de la pasarela empezaron lentamente a desaparecer. El chico pudo notar como un silencio expectante cubría el lugar e inevitablemente fue contagiado por él. La música rodeó los alrededores y un chillido ahogado de May precedió la salida de una modelo. Lo que sucedió después fue algo que ni siquiera Max logró anticipar.
Rodeada por una fuente de luz, la sombra suave de una mujer se dibujó hasta revelarse con lentitud y cuando los colores finalmente llegaron a ella, el salón estalló en aplausos y en exclamaciones emocionadas. Curioso como lo caracterizaba, Max habría analizado rápidamente los alrededores formulando una teoría para ello, pero su cabeza ahora estaba sin pensamiento alguno, hechizado por la mujer que se encontraba en la pasarela. De cristalinos ojos celestes, su largo cabello castaño brillaba con reflejos dorados frente a los focos, mientras su hermosa y perfecta figura giraba con la gracia de una bailarina por el tapete, la sonrisa tímida en sus labios llamaba la atención inconsciente hacia su roja boca.
– Vaya… es realmente hermosa… – murmuró Max a su lado y May, con una sonrisa emocionada al escuchar un halago hacia su ídola, se volteó a ver su reacción. En ese instante, los ojos masculinos permanecían fijos en la figura de la muchacha, junto a una sonrisa tonta en sus labios.
En la pasarela, la modelo llegó al centro de ésta y dio un giro grácil que movió su cabello y su ropaje como si estuvieran flotando, los haces de luz intercalándose en su piel y brillando intensamente en el reflejo de las joyas. Sus ojos mostrando una gentil expresión con una suave coquetería, que sólo la volvía más bonita. Llegó finalmente a la zona principal, donde alzó ambas manos hacia el cielo y haciendo un nuevo giro, conjuro un hechizo de magia negra. En su mano izquierda se formó una pequeña gota de agua, que creció rápidamente, y que la chica obligó a caer cuando volteó su palma hacia el suelo. Antes de que aquello ocurriera, la mano derecha de ella se juntó a la izquierda y con ambas extendió una columna de agua pura, la misma que rodeó su cuerpo y que desapareció rápidamente entre resplandecientes gotas que se asemejaban a diamantes.
– W-wow… –
– W-wow… – Comentaron ambos chicos a la vez, aunque May se recuperó rápidamente – ¡Kyaaa! ¡Ella es tan genial! – A su alrededor, el público respondió con entusiasmo y los aplausos ensordecieron el lugar, reflejando la popularidad que aquella mujer tenía en el mundo de la moda.
– Ahora entiendo porque es la modelo de oro – comentó Max y aprovechó de tomar una foto justo en la última vuelta de la modelo castaña, sólo para su disfrute personal. – Pero, ¿Qué fue ese truco de recién? ¿Ella es una bruja? –
– Así es, ¡¿no es increíble?! – May estaba muy emocionada, tanto que si no fuera por estar sentada, Max sabía que ahora estaría dando saltitos. – Es de hecho la primera que introdujo la magia al modelaje, ¡Ha iniciado toda una revolución! –
– ¿Y a qué clan pertenece? –
– ¿Clan? –
– Su familia de magos – Max aclaró el tema, recordando el escaso conocimiento que la princesa poseía sobre el mundo mágico.
– Bueno, en realidad no sé mucho sobre eso… – May se llevó un dedo a la boca, mientras ladeaba su cabeza en señal de reflexión – Ella es de Kalos y... hmmm… – Max observó a la chica con los ojos entrecerrados, culpándose a sí mismo por la esperanza repentina que había tenido hacia ella y la información que le podía entregar – ¡Ah! ¡Ya me acordé! Pertenece a los gatos naranjas –
– ¿Gatos naranjas? ¿No querrás decir a los tigres rojos? –
– ¡Ah! ¡Sí, ella es hija de uno de los líderes de ese clan! –
– Los tigres rojos, ¿eh? ¡Espera! ¡¿Dijiste los tigres rojos?! – Max parecía realmente sorprendido y May lo observó con recelo, confundida. – ¡¿La familia de magos más importante de Kalos?! ¡¿Los descendientes del primer entrenador de fuego?! –
– ¡Wow! ¿En serio? – May volvió su atención a la pasarela, donde Serena estaba a punto de salir. La larga falda que componía su vestido, moviéndose coquetamente por el vaivén de sus caderas – Me pregunto si Ash tendrá alguna relación con ellos –
– Pero no entiendo, ese clan se especializa en el manejo de la magia blanca, en especial del fuego – En ese instante, la modelo realizaba un segundo hechizo de agua, generando un círculo que cubría todo su cuerpo con ella y que desenfocaba a su cuerpo de la mirada de todos. Y cuando el hechizo desapareció, lo hizo ella misma y el sitio estalló en aplausos – Sin embargo su manejo del agua es increíble, es primera vez que veo un hechizo como ese –
– Otra parte de la historia de Serena y porque más la admiro, es por eso – Los ojos azulados de May se habían oscurecidos, empáticos hacia la situación que vivían la joven bruja – Ya que ella siempre mostró mayor afinidad hacia el agua, fue erradicada de esa familia. Su entrada al mundo de la moda fue para sobrevivir –
– No conocía sobre ello – Max parecía sinceramente sorprendido – Y estoy muy actualizado sobre las noticias del mundo mágico –
– No me sorprende – la expresión de May cambió a una de sutil ira, algo extraño en aquella princesa que parecía tan comprensiva – Lo que hizo su familia es un secreto a voces y nadie de los honorables magos ha salido en defensa de Serena –
El chico estudió el gesto en el rostro de May, preguntándose si aquel tono de desprecio utilizado hacia los magos era por creencia propia o por lo inculcado en su familia. Era bien sabido a nivel mundial que la magia no era muy querida en Kanto, especialmente en los reinos del este como lo era Pallet.
– ¿No pasa lo mismo con tu mundo? – Max declaró impulsivamente, ganando la atención inmediata de la castaña – ¿No sucede lo mismo con los reyes o los representantes? ¿No hay miles de personas que mueren en guerras civiles y ellos no hacen nada por diplomacia? –
– ¡Es diferente! – May se defendió de inmediato, con una convicción que sabía estaba vacía.
– ¿Por qué? – la chica sabía que su compañero de aventuras no preguntaba con sarcasmo, más bien lo hacía por una profunda curiosidad de conocer sus argumentos; pero no tenía ninguno de ellos. Permaneció en silencio con los labios apretados, sabiéndose vencida – Supongo que es independiente de nuestro poder, normales y magos actúan de forma similar – Y la frase de Max terminó por cerrar su conversación, dejando a May sumergida entre sus pensamientos y los recuerdos de su novio, que era sin duda el hombre más amable que conocía y también un entrenador.
El resto de la tarde pasó más rápido de lo previsto y ambos chicos se encontraron de pronto en el cóctel organizado para inaugurar la semana de la moda, dándoles el justo momento para llevar a cabo su plan. Los ojos oscuros de Max descansaron en su teléfono, donde se mostraba la imagen de los planos del lugar y también los posibles sitios donde estaría la mayoría de guardias. Si el chico había logrado entrar a las páginas oficiales del evento, así como a la base de datos del hotel y la lista oficial de periodistas, conseguir la información de la policía local no había sido un reto. Y May empezaba a creer que la magia no era la habilidad más increíble de Max, si no su ridícula facilidad para hackear páginas de internet que debían tener la mayor seguridad.
– Bien, esto haremos – el peliazul se acercó a ella con el teléfono en la mano y una copa de vino blanco en la otra, como si simplemente le estuviera mostrando alguna foto divertida. May se obligó a sonreír, tratando de parecer relajada entre los periodistas y modelos – En la salida del norte de esta sala, existe un pasillo y luego la división de éste en dos. Al final del pasillo derecho se encuentra la sala de vestuario de la agencia de Serena –
– ¿Cuál derecha? ¿Mi derecha o tu derecha? –
– Es la misma derecha, May –
– ¿En serio?... oh… tienes razón – Max entrecerró sus ojos y suspiró.
– Bien, lo que sea – ambos volvieron su atención a la imagen, donde se mostraba el cuarto en cuestión – No logré obtener información sobre ello, pero es posible que Serena tenga su propio camerino – la ojiazul asintió con convicción, mostrándose de acuerdo con la hipótesis – Deberás encontrarlo y entrar para sacar las joyas –
– Sí, entiendo… ¡espera! ¡¿Yo?! – Los ojos del chico seguían estudiando los planos, por lo que no se volteó a verla – ¡¿Es en serio?! ¡¿YO?! –
– Eres la dueña de las joyas, es lógico pensar que tú las reconocerás primero y que te demorarás menos –
– Pero, ¿y si Serena aún las lleva con ellas? – Max elevó su mirada, siguiendo con ella a uno de los guardias del recinto, que había pasado cerca pero no lo suficiente para escuchar su conversación.
– No te preocupes, ya lo confirmé y ya no las lleva – y con lo último, cogió la mano de la castaña y la obligó a seguirlo por entre la gente. May cayó en pánico.
– ¡P–pero! ¡¿Y si me descubren?! –
– No pasará si te apuras –
– ¡P–pero! ¡¿Y si aparece alguien?! ¡¿S–si aparece Serena?! –
– Podrías conocer a tu ídola, ¿no? –
– ¡Max! – May lo regañó, pensando en el mal momento que él ocupaba para bromear. El tono de completa seriedad que había utilizado tampoco ayudaba a ello.
Llegaron a una de las puertas del salón que los acogía, pasando desapercibidos entre los presentes que ubicaban su atención en las entrevistas o los modelos que habían alrededor. Los ojos del chico se ubicaron nuevamente en la modelo de oro, la misma que ahora atendía a los periodistas con una sonrisa.
– Este es el momento May, por lo que no lo desperdicies. He logrado bloquear las cámaras de seguridad por unos minutos – con rapidez colocó en la mano de la chica el celular – Aquí están los planos que te llevarán al camerino, queda de camino a unos de los baños principales – y sin más, la empujó hacia el pasillo.
Impulsada por la fuerza del chico, May dio unos pasos apresurados y el repique de sus tacones la acompañó por unos segundos. Se obligó a sonreír cuando unos periodistas la miraron con curiosidad.
Cuando llegó finalmente a la entrada de los baños, la castaña observó por arriba de su hombro y al verse libre, se aventuró rápidamente hacia el otro camino. No supo muy bien como lo había logrado, pero en pocos minutos se había encontrado en una habitación a oscuras y con una pequeña linterna había descubierto que se trataba del camerino principal. Buscó entre los nombres el de Serena y al no encontrarlo, se dirigió hacia las puertas que rodeaban el lugar. Reconoció una estrella de oro en una de ellas y entró con el presentimiento de haberlo hallado. Iluminó el lugar con su linterna, los vestuarios y zapatos del desfile brillaron a su paso, hasta que encontró el espejo principal y observó el rostro asustado de su propio reflejo. Se distrajo de inmediato por el resplandor parpadeante que emitieron unas joyas, en la que rápidamente reconoció una pulsera de piedras rojas y verdes; y su corazón dio un vuelco cuando comprobó que era la suya. La tomó con rapidez, con el pánico atorado en su garganta, y corrió rápidamente hacia la salida. Cuando logró su cometido, se terminó por apoyar en la puerta de los camerinos y respiró profundamente, y aunque no logró calmarlo totalmente, ayudó para disminuir la incesante sensación de pánico.
Se obligó a mantener la calma y se dirigió hacia el salón principal, los repiques apresurados de sus pasos acompañaron su camino y pareció coordinarse con el latido insistente de su corazón. Estaba por voltear a la izquierda, las luces tenues de los baños esperándola y prometiendo le seguridad, cuando chocó con una figura pequeña y suave. La fuerza del encuentro la obligó a retroceder, pero no logró hacerla caer. La fuerza de su puño derecho se había endurecido, protegiendo la pulsera robada.
– ¡Lo siento! – exclamó la voz de una niña y aquello de inmediato calmó el corazón agitado de la castaña. Sus ojos azules estudiaron a la niña que estaba frente a ella, de corto cabello rubio y claros ojos celestes. Sonrió en respuesta.
– No te preocupes, fue mi culpa – La niña, de unos doce años, la miró fijamente y May se sintió curiosa por su estudio. Rió algo avergonzada – ¿Qué pasa? –
– ¡Eres muy hermosa! – la pequeña exclamó y las mejillas de May se colorearon suavemente – ¡Hola! Soy Bonnie, ¿Quieres casarte con mi hermano? –
– ¡¿Qué?! – la castaña retrocedió, confundida.
– ¡Bonnie! – fue una voz masculina esta vez la que llamó su atención. Frente a ella, agitado y con las mejillas furiosamente encendidas, se encontraba un muchacho de cabello rubio y de anteojos. La similitud de sus facciones aseguraba que eran hermanos, más él parecía tener su edad y la vestimenta simple que utilizaba lo hacía destacar inevitablemente en aquel lugar. – ¡Lo siento mucho! – esta vez se dirigió hacia ella con clara vergüenza e inevitablemente May empatizó con él. Sonrió suavemente, buscando tranquilizarlo.
– No te preocupes – la castaña inclinó elegantemente su cabeza, a modo de despedida – Si me disculpan – e inició su camino por entre los hermanos.
– ¡Espera! – la voz de Bonnie exclamó tras su espalda con cierta impaciencia – ¡Señorita hermo–! ¡kyaa! – y repentinamente, May sintió un empujón desde su espalda y su cuerpo empezó a caer inevitablemente. Pero antes de que pudiera tocar el suelo, fue estabilizada por el tacto suave y fuerte en sus codos. Las manos de May se acomodaron por reflejo en el pecho del rubio.
– ¿Se–se encuentra bien? –
– ¡Lo siento! – Ella dijo avergonzada y se apresuró a romper el contacto – Muchas gracias – susurró suavemente.
– ¡Bonnie! ¡¿Por qué lo has hecho?! – replicó molesto. La niña sonrió con inocencia.
– Jeje, ¡lo siento! –
Alejado de ellos, una pulsera de piedras carmesí y esmeraldas rodó suavemente, hasta ser detenida por unos zapatos rojos de tacón. La mujer la sostuvo delicadamente entre sus dedos y la levantó para estudiarla.
– ¡Pero hermano! Lo hago con buena intención – se defendió la pequeña rubia.
– ¡Esa no es una excusa! –
– ¿Qué es lo que pasa? – una nueva voz, dulce y femenina, se unió a la conversación y May notó por el rabillo del ojo como el cuerpo del rubio se tensó. – ¿Clemont? –
Suavemente iluminada por las tenues luces, una hermosa chica de largo cabello castaño y ojos increíblemente azules, los miraba con curiosidad. Y May sintió como el pánico acudía a ella, había visto a esa mujer tantas veces en las revistas que era imposible no reconocerla.
– Serena... – el chico respondió con suavidad. La aludida pestañeó suavemente, inclinado su cabeza hacia un costado y logrando que un mechón de su cabello cayera libre por su hombro.
– He encontrado esto aquí – les informó, mientras mostraba la pulsera. De inmediato la castaña llevó sus ojos a sus manos, que como se esperaba estaban vacías. – ¿Lo han sacados ustedes? – Clemont y Bonnie negaron al momento, mientras el cuerpo de la princesa retrocedía lentamente. De inmediato, la atención de la pequeña rubia fue atraída hacia ella y no faltó mucho para que entendiera la situación.
– ¡Tú! – exclamó con sorpresa y cierta desilusión, mientras apuntaba hacia May. En respuesta, la chica negó suavemente con su cabeza – ¡¿Por qué has tomado la pulsera de Serena?! –
– ¡No, yo no–! –
– ¡Confiesa! ¡¿Acaso eres una fan o una ladrona?! –
De inmediato el cuerpo de Clemont cubrió el de Serena, mientras sacaba de su chaqueta un arma de fuego. Con pánico May escuchó cómo le sacaba el seguro y luego la apuntaba con ella.
– ¡¿Qué es lo que quieres de Serena?! ¡Dílo! – Bajo el pavor, May se sorprendió ante el cambio de actitud del chico rubio, en especial por sus ojos que parecían tan amenazantes.
– ¡No me malinterpreten, por favor! ¡Yo no he querido sacarlo! –
– ¡Entonces confiesas tu crimen! – Bonnie señaló, acercándose a la castaña. Tras Clemont, Serena parecía perturbada por la situación. – ¡Después de todo si lo has sacado! –
– ¡Ustedes no entienden! – gimió aterrada May, ahora sus ojos azules estaban cristalinos por las lágrimas retenidas – ¡Esa pulsera era mía, sin eso él nunca podrá salvarme! – esta vez no logró contener su emoción y sus mejillas fueran manchadas por el agua, junto a su expresión de profundo dolor – ¡ASH NO PODRÁ HACERLO! –
– ¡Eso no es–! – Clemont calló de pronto, cuando la pequeña mano de Serena tocó su hombro con delicadeza. Se volteó a verla de inmediato y se impresionó al notar su rostro lleno de anhelo. La modelo dejó su lugar de protección y caminó hacia la princesa, la misma que había caída al suelo por lo intenso de sus emociones.
– Tú – inició la mujer – ¿Tú conoces a Ash? ¿Al entrenador de fuego? – El silencio rodeó rápidamente a ambas mujeres, en especial a May que aún no lograba entender la situación y en el estupor del momento, sólo logró asentir con la cabeza. De inmediato, una sonrisa sincera se dibujó en los labios de Serena y la princesa supo que nunca había visto una expresión tan hermosa en su carrera de modelo.
– S–sé que no me creerán, pero esa pulsera me pertenece y la necesito para comunicarme con él – May la miró con intención, buscando que se compadeciera de ella, más su rostro no respondía en absoluto. De pronto, Serena parecía más temerosa y asustada que ella misma.
– Y–yo… te daré lo que pides – inició la modelo. Tras de sí, Clemont y Bonnie la miraron con clara sorpresa.
– Espera… ¿Serena? – llamó la niña, pero fue omitida.
– A cambio de ello, sólo respóndeme una pregunta – la princesa esperó con paciencia, mientras sentía como un nudo se formaba en su garganta. Frente a sí, los siempre resplandecientes ojos de la modelo, parecían oscurecerse a un celeste desesperanzado. – T–tú… ¿cómo conoces a Ash? ¿Q–qué eres… de él…? – May sabía que era una pregunta sencilla, y cómo tal merecía una respuesta sincera.
– Él es… yo soy… – la miró nuevamente, en los irises cristalinos de la modelo se tallaba una suave agonía – soy su amiga –
Y a pesar de que sabía que era mentira, la princesa no sintió remordimiento cuando la chica le sonrió con completo alivio. De inmediato se quedó junto a ella, preguntándole sobre la vida del muchacho y que tanta verdad había en los escasos reportajes del entrenador de fuego que salían en las revistas. Y amablemente, May respondió todas sus inquietudes, rezando en silencio para no arrepentirse de ello más tarde.
Cerca de ellos y en un pasillo contiguo que estaba cubierto por la oscuridad, la figura de un hombre descansaba apoyado en la pared. El brillo rojizo de un cigarrillo a medio acabar era lo único que daba cuenta de su presencia, así como permitía una escasa definición de sus rasgos. En ese momento, sólo se lograba apreciar el brillo castaño de sus ojos y la sonrisa segura que mostraba sus dientes. Jugando cerca de él, su pequeño pokemón de negro pelaje se apoyó en una de sus piernas, a espera de sus próximas órdenes. Las órdenes del entrenador oscuro.
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Luego de un almuerzo abundante y cordial en la casa de Eleonor, el grupo de viajeros fue guiado hasta el muelle de la ciudad en busca del barco que los llevaría a Bahía Gresca. Al llegar al lugar, Ash y Pikachu parecían disfrutar del paisaje y del movimiento agitado que se observaba alrededor. Ahora las calles se veían más encendidas, con personas sonrientes y enérgicas caminando alrededor. Parecía que se había formado espontáneamente un festival.
– ¡Hey! ¡Ese tipo está haciendo algo extraño! – Ash gritó emocionado, como un niño pequeño, y en su alegría arrastró a la pelirroja con él. – ¡Misty! ¡Misty! ¡¿Lo estás viendo?! –
– ¡Suéltame! – ella respondió enojada, intentando soltarse del agarre fuerte del pelinegro sobre su brazo derecho y fracasando de inmediato. Que un sonriente Pikachu estuviera ahora sobre su cabeza, lo demostraba. – ¡Ashton! –
La mujer rubia observó a la pareja con una sonrisa, reconociendo que tras la mueca disgustada de Misty, se escondía realmente una vergüenza que ella no quería mostrar. Definitivamente no había cambiado nada en esos años, para ella seguía siendo la pequeña niña transparente que podía leer fácilmente.
Eleonor cerró sus ojos lentamente, aún con una mueca alegre en sus labios, y a su mente llegó rápidamente el recuerdo que tuvo con su otra hermana; años atrás en la Ciudad de los Dioses.
– ¿Sabes Leo?, las cosas deben suceder por algo –
Denisse estaba a su lado, su largo cabello castaño oscuro atado en una coleta alta como solía hacerlo cuando eran adolescentes y su hermoso rostro mostrando una expresión serena. Su voz sonaba como la recordaba, algo suave por la melancolía de su reencuentro, pero con aquella dureza de alguien que pide a los otros que den lo máximo y que hace lo mismo consigo misma. Lo que Eleonor recordaba como la esencia de Denisse.
La joven rubia, ahora de 19 años, intentó omitir el nudo de su garganta, que se intensificaba cuando observaba directamente a su amiga y que por ello la había obligado a llevar su atención al par de niños que jugaban frente a ellas. Aún no podía creer el ambiente relajado que había entre ellos, cuando hace media hora y en su primer encuentro habían prometido odiarse para siempre.
Una suave sonrisa nació en la boca de la morena y Eleonor no pudo evitar voltearse a verla, recordando las escasas veces que ella solía hacerlo. Indiferente a sus pensamientos, Denisse ahora observaba fijamente a la pequeña pelirroja e inevitablemente venían a ella recuerdos de los momentos que había vivido con sus padres.
– Realmente se parece a Elizabeth – habían pasado varios años desde la última vez que la había nombrado, y a pesar de todos los sucesos que habían marcado su destino, Denisse sentía una pequeña alegría al recordar a su vieja amiga. – Aunque la forma de su cabello es como el de Will – su voz nació en un susurro y Leo no debió esforzarse mucho para reconocer el sentimiento que escondía. La miró por el rabillo del ojo con cierta resignación, desde el inicio sabía que el amor de Denisse hacia William era sincero, por lo mismo la separación que tuvo con Elizabeth era inevitable.
Permanecieron en silencio por unos minutos, en la rubia aún existía la dubitativa sobre iniciar una conversión casual sobre aquel tema prohibido.
– Misty... ella... – inició suavemente, sin el valor para mirar a Denisse – En realidad tiene la personalidad de su padre –
No supo muy bien por qué lo había dicho, pero supuso que era por la sorpresa del momento. Al instante, Denisse se volteó a verla y parecía asombrada.
– ¿De verdad? – preguntó la pelinegra y luego se volteó hacia la niña. Sonrió levemente, con cierta resignación – La niña tiene mala suerte –
Se quedaron en silencio y Leonor inevitablemente se sintió culpable, pensando que había herido a su segunda hermana de forma inconsciente.
– ¿Ya tiene algún maestro que la guíe? – La sorpresa fue tan profunda, que el cuello de la rubia dolió cuando se volteó hacia la bruja.
– ¿Qué? – Denisse se quedó mirando a los niños y lentamente llevó su atención a Leonor, y cuando sus ojos se encontraron le ofreció una suave sonrisa. Aun así, las pupilas negras seguían frías y tras ellas se advertía un profundo dolor.
– No lo hagas, Denisse – se aventuró a decir Leonor, con su pecho doliendo por la empatía hacia ella – No tienes que obligarte a conocer a su hija si no quieres –
– Es mi culpa, ¿sabes? – su voz se volvió grave, aun conservando su seriedad – Fui yo la que no fui capaz de seguir... gasté cuatro años para buscar al entrenador de fuego... tan absorta en ello que apenas me he enterado de la muerte de Elizabeth hace algunos meses – la mirada de Denisse se escondió tras mechones de su cabello y sus ojos parecían borrosos tras lágrimas contenidas – No fui capaz de apoyarlos, ni a ella... ni a él… –
La mujer rubia la miró con angustia, sin saber cómo reaccionar ante la primera vez que veía a la maga mostrar sus sentimientos tan honestamente. Pero su vacilación duró sólo unos segundos, ya que la pelinegra recuperó rápidamente su expresión de seriedad.
– Por eso... dile a Will que entrenaré a su hija, esta vez no huiré de mi destino –
Leonor nunca supo a qué se refería con la última frase, pero el rostro sereno de Denisse inevitablemente calmó a su corazón. Recordó cuando finalmente la niña y la bruja se conocieron, supo que todo estaría bien cuando los ojos de Misty brillaron por el anhelo y el rostro de la pelinegra se suavizó lentamente.
Un chillido molesto llamó su atención de improvisto, sacándola de sus recuerdos en el momento. Supuso que había sido su sobrina, que ahora estaba acompañada por un payaso callejero, aparentemente mago, que la había mojado por diversión. A su lado, Ash estaba riendo alegremente en la misma situación y no faltó mucho para que Misty se uniera a él.
La mujer rubia llevó su atención hacia el cielo, preguntándose si sus dos hermanas por fin se habían reconciliado y ahora cuidaban desde allí a la pelinaranja. Aunque ahora que podía verla de esa forma, con una sonrisa gigante que hace años no había mostrado, casi podía apostar que así había sido.
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Habían tomado finalmente el bus de regreso y la sensación de triunfo en su corazón había crecido mientras se despedían de las luces de la ciudad. A su lado, Max la observaba con una sonrisa burlesca pero llena de orgullo. Probablemente ella tenía una similar.
– ¡¿No es genial?! – Ella exclamó, cuando la sensación burbujeante en su estómago la obligó a hablar – ¡Realmente conseguimos las joyas! – Inconscientemente llevó la atención a la pulsera de oro que tenía en su muñeca derecha, las piedras de rubíes y esmeralda brillando intensamente – ¡No puedo esperar para contarle a Ash! –
– Deberías tranquilizarte – Max intento centrarla con cierta severidad, pero la sonrisa en su rostro reflejaba sus verdaderos sentimientos – Por lo menos hasta estar seguros en el castillo – La chica sabía que tenía razón, pero en ese momento le era particularmente difícil pensar en forma negativa. Especialmente cuando las cosas había resultado tan bien.
– ¡Sé positivo Max! ¡Lo lograremos! – y la castaña llevó una mano hacia el pendiente que llevaba en su cabello, deseando que su novio se comunicara prontamente con ella.
El chico siguió sus acciones con una alegre mueca, más al percatarse del objeto, rápidamente llegó a él el pensamiento que había estado molestándolo todo el día. Sus labios lentamente se curvaron hasta generar una expresión neutra.
– Oye, May –
– ¿Mmm? – ella canturreó, feliz.
– Si tenías tantas ganas de contactarte con tu novio, ¿por qué no lo hiciste hoy? – Ella ladeó la cabeza, en señal de duda – Es decir, podrías haber hablado con él o perfectamente con tus familiares para decir donde estas. Hasta podrías haber escapado. Así que, ¿por qué no lo hiciste? – y el chico de ojos chocolate sabía que había sido un pensamiento recurrente en ella, prácticamente había estado mirando su celular o los teléfonos públicos en todo su viaje.
– No puedo negar que lo pensé… pero… no podía hacerlo – May bajó la mirada hacia sus manos, parecía triste – Realmente quiero hablar con mamá y papá, y sería muy fácil escapar para volver a casa… pero… – esta vez se volteó a verlo, con una mirada dolorosa y una pequeña sonrisa – No podría hacerlo… por ustedes –
– ¿Nosotros? –
– Tú, Max, y todas las personas del castillo – ella lo miró con una sonrisa, su mirada azulada brillando suavemente – Han arriesgado mucho para ayudarme y no podría con la culpa si el entrenador roca les hace algo si yo escapo – May bajó su mirada hacia sus manos, mientras jugaba con sus dedos – Así que esperaré por Ash, sé que vendrá a salvarme –
Los ojos castaños de Max la siguieron por un momento, mientras él descansaba sus manos tras la cabeza y le daba una expresión de leve asombro.
– Vaya... Así que sí eres amable, después de todo – ella infló las mejillas, enojada.
– ¡Hey! ¡¿Qué significa eso?! – y él rió, dándole a entender que se trataba de una broma. May cerró sus ojos, en una pobre actuación de enojo – ¡Bien! ¡No importa! ¡Porque mi increíble y hermoso y famoso novio vendrá a rescatarme! – y olvidando de pronto su molestia, May se inclinó hacia el chico y le dio una mirada resplandeciente por la emoción. Max esperó por ella en una posición relajada – ¿Sabes quién me ayudó con las joyas? ¡Fue Serena, la misma Serena! –
– ¿Serena? ¿La modelo? – May asintió – ¿Y por qué? –
– ¡Me dijo que conoce a Ash! ¡¿No es increíble?! – y una hermosa sonrisa de orgullo iluminó el rostro de la chica.
– ¡¿Qué?! –
Se dedicaron el resto del viaje a hablar sobre Serena, sobre las reacción que habían tenido cuando la castaña nombró a Ash y lo segura que estaba la última sobre que la modelo era una fan del entrenador de fuego. A diferencia de ella, que había mostrado una sonrisa emocionado en todo el relato, Max cambió su inicial expresión de sorpresa a una de clara curiosidad. Le había llamado la atención la modelo y su salida del clan, por lo que el resto de tiempo libre que habían tenido, luego de recuperar la pulsera, la había dedicado a investigar sobre los tigres rojos. Se sorprendió al notar que no sólo eran los descendientes del primer entrenador de fuego, si no que siempre habían tenido una relación cercana con el resto de generaciones de entrenadores. De hecho, habían registros de maestros de fuego que se habían unido a la familia a través de alianzas matrimoniales. Eso, antes que el matrimonio entre entrenadores se convirtiera en algo común.
Max se quedó mirando la foto de Serena que tenía en su celular, admirando el brillo transparente de sus ojos y las ondas curvas de su cabello que parecían girar en la posición adecuada, casi como si estuvieran modelando. Ella era tan ridículamente hermosa, que si no fuera porque la había visto en vivo y ahora se deleitaba con una imagen que él mismo logró capturar, fácilmente pensaría que la foto tenía unos cuantos arreglos por computador.
Giró su atención a May, que ahora tenía su atención en el paisaje y la carretera, y por un momento tuvo la intención de comentarle sobre sus descubrimientos y la posible relación que podría existir entre Ash y Serena, más recordó el rostro apagado que mostró luego de su comunicación con Misty. Era una expresión que no quería volver a ver.
– Hey, Max… – ella lo llamó con suavidad y una sonrisa en sus labios, la emoción reciente había dado paso a una suave felicidad – Viajar es increíble, ¿no? Hoy fue muy divertido – él se quedó viéndola con sorpresa, más su expresión imitó la de ella – Sería genial que viajáramos juntos en el futuro, cuando vuelva a ser libre otra vez, ¿verdad? –
Y a pesar de que él era netamente una persona racional, que conocía sobre la realidad de ella y la propia, que sabía que probablemente nunca más podrían salir fuera de los castillos que los aprisionaban; se dejó tener una escasa esperanza.
– Sí, sería genial – él sonrió, tan abiertamente que parecía realmente feliz – Viajemos y conozcamos todo Hoenn la próxima vez –
Llegaron finalmente al castillo y no fue una sorpresa la oscuridad inminente que los acompañaba. Habían salido muy tarde de Ciudad Mauville, por lo que May estimaba que ya pasaba la media noche. Max la tomó de la muñeca y la guio por un camino en un costado del castillo, preparado especialmente para su salida de aquel día. May se encontró de pronto con una pared de arboledas, justo donde el peliazul empujó un cuadrado de hierba y abrió una inesperada puerta.
– Lo he preparado para este día, te llevará directamente hacia el jardín de rosas – Max explicó apresuradamente cuando vio el rostro curioso de la castaña. – Allí te encontrarás con Jenny y ella te guiará hasta el calabozo, ten cuidado – el chico le dio un suave empujón hacia la entrada y May tomó su mano, ansiosa.
– ¿Y qué pasará contigo? – él la miró con sorpresa, pero de inmediato cambió su expresión a una sonrisa, intentando transmitir seguridad.
– No te preocupes por mí, puede que no tenga permitido salir del castillo, pero puedo moverme libremente en él. Estaré seguro apenas esté adentro – May parecía aliviada.
– ¿Y las cámaras de seguridad? –
– Las he bloqueado de camino a aquí –
– ¿Y las joyas? ¿Cómo se las enviaremos a Ash? –
– Hablaremos de eso mañana, ahora solo preocúpate de llegar rápido – Max llevo su atención al celular y luego la miró con seriedad – ¡Vamos, apúrate! – May asintió y ante de que pudiera partir, se volteó hacia el chico y le dio un fuerte abrazo
– ¡Gracias Max! – lo soltó rápidamente, sin siquiera esperar por una respuesta, y se aventuró hacia la entrada entre las hojas. A segundo de su trayecto, ya había encontrado la salida, y por la sorpresa no alcanzó a planificar sus movimientos. Terminó por caer de rodillas en el suelo, acolchonada por el césped que lo cubría.
– ¡princesa! – Exclamó en un susurro ansioso una mujer, May no alcanzó a reponerse cuando alguien tomó su mano con fuerza y la obligó a correr. Reconoció el cabello negro y alborotado, cuando calló de su cabeza una peluca castaña.
– ¡Jenny! – Aun corriendo, la joven maga le dio una sonrisa.
– ¡Rápido princesa! ¡Por aquí! – dejaron el jardín de rosas y la guio de pronto por un pasillo que May nunca había conocido. La oscuridad tampoco ayudaba para reconocerlo.
– ¡Detente de una vez! – De improvisto, una voz lejana rugió y el ya acelerado corazón de May dio un vuelco por el pánico. Jenny la empujó rápidamente hacia la pared, ocultándola entre la oscuridad. Se quedó a su lado y juntas observaron el final del pasillo, el único lugar iluminado y de donde habían provenido los gritos.
– ¡Ya déjame! – la voz irritada de Max llegó a ella y fue inevitable el apretón en el corazón de May. – ¡¿Qué hay de malo en que haya salido a pasear?! –
– ¡Sabes que no puedes! –
– Ya deja al chico – logró escuchar a un segundo hombre, parecía más sereno que su compañero. La castaña dedujo que podría tratarse de los guardias del castillo. – No es como si fuera tan grave –
– ¡Claro que lo es! El amo Tom ha dejado claro que ninguno debe salir fuera del castillo –
May se asomó suavemente y logró verlos finalmente. El hombre de voz grave, de cuerpo grande y macizo, llevaba a Max de uno de sus brazos con tanta diferencia de altura que el último debía caminar en puntas de pie. En un momento, aparentemente aburrido de estar cargándolo, lo arrojo con fuerza hacia el suelo.
– ¡M–! – el grito angustiado de la princesa fue frustrado por la mucama, que rápidamente cubrió su boca para impedirlo.
– ¡Princesa! – la regañó en un susurro, manteniéndola oculta en la oscuridad. La castaña luchó contra ella, hasta liberarse de su agarre. – ¡Cálmese por favor! –
– ¡No puedo! ¡Max está–! – un golpe tras suyo la calló de inmediato, el sonido había sido extrañamente fuerte a pesar de la pared de piedra y se había perpetuado hasta envolver completamente el pasillo. El cuerpo de la joven bruja y de la princesa, se tensaron al momento.
– Bueno, serías bastante desagradecida si no te preocuparas por él – a pesar de haber escuchado esa voz en escasas ocasiones, el cuerpo de May reaccionó rápidamente por el miedo. Frente a ella, el rostro de Jenny se había contorsionado a una expresión de terror puro.
Las velas alrededor del pasillo se prendieron al unísono y la oscuridad desapareció llevándose consigo la sensación de seguridad. May, negándose a voltear hacia el hombre tras suyo, llevó su atención a Max y de inmediato notó el brillo temeroso en sus ojos. Ella cerró sus ojos, esperando lo inevitable.
– Realmente te las ingeniaste para tener ayuda, pero como esperaba definitivamente tú no fuiste la mente brillante en todo esto – de pronto su brazo fue tomado con dureza y la obligaron a caminar hasta donde se encontraba su amigo. A su lado vio como levitaba la extraña criatura hecha de piedra y supo que sus sospechas eran correctas. – Pero debo reconocerlo, la tecnología es increíble si sabe ocuparse – la chica sabía que ahora hablaba con el peliazul, el mismo que estaba arrodillado y con las manos tras las espalda, obligado por el guardia robusto – Infiltrarte en la seguridad y modificar las cámaras fue inesperado –
– L–lo… s–sabías… – ella aseguró en un susurro y su voz temblorosa no debió ser una sorpresa. Tom, que finalmente la había soltado y ahora daba indicaciones para que apresaran a Jenny, la miro con fingida sorpresa.
– ¡Wow! Lo entendiste más rápido de lo que esperaba – cambió su expresión a la de habitual seriedad – Llévense al chico –
– ¡Espera por favor! – May gritó alarmada intentando llegar a Max, más estaba aprisionada entre los brazos de uno de los guardias, y que ahora caminaba derrotado hacia otro lugar. Desapareció tras una de las puertas – ¡No le hagas nada! –
– No pienso matarlo si es lo que te preocupa – Tom señaló con seriedad, sus ojos azulados permanecían fríos y sin atisbos de empatía hacia las exclamaciones de la princesa – Él aún es útil, a pesar de su escaso manejo de la magia – llevó su atención hacia la chica – Aunque tú… – La mujer se tensó de inmediato, derramando lágrimas en reflejo de la punzada de pavor que atacó a su pecho – No perdería tiempo en matarte, siempre he preferido las torturas para estos casos –
Él calló con intención y la princesa logró escuchar grilletes de metal de un lugar cercano. Su corazón aumentó sus latidos, asustada por lo que esos sonidos podrían significar.
– No – rogó con voz queda y Tom la miró con cierta sorpresa.
– No ocuparé tortura física contigo, haremos algo más interesante – el entrenador de roca miró al guardia tras la chica – Que inicien el castigo –
De inmediato, desde el mismo sitio donde provenía el sonido anterior, se escuchó el impulso de un látigo y el posterior grito doloroso de un hombre. No hizo falta pensar sobre a quién le pertenecía, pues May ya se había acostumbrado a aquella voz.
– ¡MAX! ¡MAX! – la mujer luchó contra el agarre apretado de sus brazos, intentando inútilmente liberarse de su prisión – ¡MAX! ¡MAX! –
– Parece que te he subestimado, finalmente te has dado cuenta –
– ¡MAX! ¡Déjalo! ¡DÉJALO POR FAVOR! – los gritos de la princesa, desgarrados en la mitad de su exclamación, resonaron completamente en el pasillo. Tras ellos, aún se podía oír los gemidos intensos del joven mago que estaba siendo torturado – ¡DÉJALO! –
Tom se había recostado sobre su pokémon, que ahora le otorgaba apoyo como una pared improvisada. La expresión indiferente del entrenador no varió ni un poco, incluso ante la expresión destrozada de May.
– Contéstame, ¿te has dado cuenta? – él insistió, más interesado en comprobar su teoría que en el sufrimiento que los envolvía. – ¿Por qué estás tan preocupada por un simple mago? – Tras la desesperación, sutilmente los ojos azulados de la chica brillaron por la incertidumbre.
– ¡¿De qué hablas?! –
– No te has dado cuenta, ¿verdad? – sobrepasada por sus dudas y sentimientos, la princesa calló por uno segundos y en su rostro ganó la perplejidad. El rubio entendió de inmediato y no pudo evitar un suspiro frustrado – En serio que eres estúpida, y yo que empezaba a pensar que había algo de materia gris en tu cabeza. ¿No dedujiste nada con su pasado? – Los gritos de Max no cesaban y May sintió el pavor acumulándose en el inicio de su garganta, un presentimiento que le prometía un cruel desenlace.
– ¿A qué te refieres? ¡¿QUÉ SUCEDE CON MAX?! –
– No le preguntaste nada, ¿cierto? Demasiado preocupada por tu vida banal y nunca te esforzaste por saber de él –
– ¡¿QUÉ TIENE MAX?! –
– Aunque supongo que te exigiría demasiado – dejó su posición junto a Geodude y se acercó a la princesa. La última estaba tan asustada que no logró realizar ningún movimiento, con la respiración contenida en sus pulmones. El labios de Tom alcanzaron su oído derecho y acompañado por los latigazos y gemidos dolorosos del peliazul, emitió palabras que se grabaron de inmediato en el corazón de la castaña – Ese chico es tu hermano –
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Gracias a los recientes días de descanso, Misty había logrado recuperar su fuerza mágica y por fin había coincidido con los horarios de los otros viajeros. Luego del desayuno, los cuatros chicos se habían dirigido a la cubierta y esperaban por la llegada a Bahía Gresca. El cielo estaba libre de nubes y la alta temperatura prometía un caluroso día de verano, pero el viento provocado por la oscilación del barco evitaba que fuera molesto.
– ¡Ah! ¡Ahí está! – avisó Ash cuando vislumbró la silueta de la isla, destacándose en primer lugar la cadena de gigantescas montañas.
– Se puede ver la montaña Dura – Misty mencionó mientras veía la guía de la región de Sinnoh. Ritchie y Ash permanecían atentos a su explicación, mientras Erika se había elevado en puntillas intentado leer – Hay dos bahías importantes en esta isla, una en el suroeste y otra en el sureste que es Bahía Gresca –
– Wow... las montañas son enormes – comentó Erika. Debido al infinito cielo azulado, se lograba ver la cima de la montaña más alta.
– Es probable que el entrenador del aire esté en las montañas – Misty comentó.
– Tendría lógica – Ritchie cruzó los brazos, con una mirada seria – Es ahí donde tendría mayor fuente para su poder, las ráfagas de viento pueden alcanzar altas velocidades – luego miró a Ash – Debes prepararte, ¿no querrás perder otra vez, verdad? –
Ash, que estaba inclinado en la baranda y que no había cambiado de posición en todo momento, endureció la mirada y apretó los dientes. Misty estudió su cambio de expresión por el rabillo de los ojos por unos minutos.
– Ten – habló la pelinaranja y Ash se volteó a verla con curiosidad. Los ojos verdes brillaban con simpatía y en las manos femeninas descansaba lo que probablemente era el tesoro de Misty, el cuaderno de Denisse – Puede que encuentres algo en él –
– Mmm... – el pelinegro recibió el objeto sin mirarla, sintiéndose extrañamente tímido – Gracias –
Finalmente, a las once de la mañana, el pequeño barco desembarcó en Bahía Gresca y de inmediato los chicos iniciaron su camino por la ciudad. Junto al barco, los ojos chocolates de Erika estudiaron unos navíos similares y notó con cierta sorpresa que en ellos estaban subiendo sólo personas apresadas con cadenas. La niña notó a los hombres vestidos de negro junto a las filas, con trajes de características militares y rifles entre sus brazos. Cuando vio a unos niños pequeños en la fila, empujados por los militares con brusquedad y logrando una dura caída; Erika sabía que yo no podía quedarse tranquila.
– ¡Oigan, ustedes! ¡¿QUÉ ESTÁN HACIEN–?¡ – pero su gritó murió bajo una mano desconocida, mucho más grande que la suya y algo áspera. Cuando los ojos castaños buscaron a su atacante, Erika se sorprendió al notar que era Ritchie. La exclamación de su nombre murió de la misma forma.
– Tranquila – él dijo con seriedad y había cierto tono de orden en su voz. Erika asintió levemente y notó que a su costado, Misty había hecho algo similar con Ash.
– ¡..isty! ¡Suélt–hmm! –
– ¡Quédate quieto! ¡Y cállate! – Misty estaba sosteniendo ambas manos en la boca del pelinegro, quién se movía insistentemente bajo ella. Erika notó la mirada verde oscurecida de la chica y supo de inmediato que su petición de silencio no era por un capricho, probablemente ella también estaba en contra de lo que sucedía, pero algo mayor evitaba su actuar.
– Será mejor que nos alejemos – comentó Ritchie sobre su cabeza y alejó su mano con suavidad, casi acariciando sus labios. Erika se sonrojó de inmediato y se obligó a no pensar en esas cosas, especialmente por la situación actual. – Por ahora, Sparky – el pokémon eléctrico que descansaba sobre su hombro lo observó con curiosidad y luego sonrió, entendiéndole sin necesidad de palabras. De inmediato abrió con una pata la mochila del castaño y entró a ella. – Es mejor que Pikachu y Oddish también se escondan –
– Vamos – Misty ordenó y su mirada se centró en los ojos almendrados de Ash – Hablaremos de lo que está pasando, pero lejos de aquí –
La pelinaranja se guio por el libro que tenía sobre Sinnoh y llevó al grupo hasta las afueras de la ciudad, al pequeño bosque que separaba a Bahía Gresca de las montañas. Ash la siguió de cerca con el ceño fruncido y las manos en sus bolsillos, en su espalda se podían ver dos objetos amarillos y puntiagudos que salían de su mochila.
Cuando el pelinegro pensó que se habían alejado lo suficiente y su enfado no podía contenerse más, se volteó hacia los chicos. Pikachu de inmediato movió sus patas y salió de su escondite.
– ¡Muy bien! ¡Expliquen ahora por qué nos detuvieron! – Erika esperó con una expresión similar, mientras sacaba a su pokemón de la mochila de Misty.
– Supongo que no te has enterado aún – Ritchie comentó con seriedad, mientras se sentaba en el césped. La pelinaranja le copió, sabiendo de antemano que podría ser una conversación larga. – Pero ha habido nuevas votaciones en Sinnoh y han elegido a su nuevo representante –
– ¿Representante? – Erika preguntó.
– Kanto es la única región que aún tiene reinos – explicó Misty – En las otras regiones, se eligen cada cierto año a representantes y ellos son los que guían a las regiones –
– Cada ciudad tiene un alcalde y ellos son dirigidos por los representantes de las regiones – Ritchie dijo – Se les llama representantes ya que son miembros de unión mundial, donde todos los líderes del mundo se reúnen cada año. En el caso de Kanto, todos los reyes pertenecen a esa organización hasta que otro rey o reina toma el cargo –
– ¡¿Y qué tiene que ver esto con lo que pasó antes?! – Ash reclamó con los brazos cruzados y los dientes apretados. En su hombro, Pikachu imitaba su acción y se notaba que estaba igual de indignado con lo que habían visto.
– ¡Sé más paciente! ¡Vamos a eso! –
– Como decía, eligieron a uno nuevo – Ritchie intervino, también con los brazos cruzados y los ojos cerrados – Los representantes tienen poder sobre todas las ciudades de la región y pueden ejercer sus ideas mientras los alcaldes lo acepten – los irises azules fueron nuevamente visibles y ahora había un brillo gélido en ellos – Eligieron a Cyrus –
La voz de Erika quedó atrapada en su garganta y sus ojos almendrados temblaron levemente. Ash estudió sus acciones y una de sus cejas se elevó. Él preguntó.
– ¿Cyrus? ¿quién es Cyrus? –
– ¡Maldita sea! ¡Infórmate alguna vez! – Misty gritó, irritada. – ¡IDIOTA! –
– ¡Hey! ¡No tienes porqué ser mal educada! –
– Es uno de los miembros del círculo de dragones – Ritchie continuó, sin deseos de permitir una pelea entre ese par – Es muy popular en el mundo mágico, pero de una mala forma –
– Es cierto, la mayoría de las veces ha estado involucrado con leyes racistas… él odia a los normales… – la voz de Erika murió lentamente, se había dado cuenta de la posible realidad – Entonces… esa gente, ¿eran–? –
– Sí, son normales – Los ojos de Ritchie se endurecieron – Antes de las elecciones, él había prometido erradicar a la gente sin magia de Sinnoh. Ahora sólo está cumpliendo con lo dicho –
– ¡¿Y qué importa?! ¡¿Acaso esperas a que me siente y vea como esa gente es maltratada?! – Ash gritó, enfurecido – ¡Sólo hemos perdido el tiempo aquí! – el pelinegro se levantó, iniciando su camino a la ciudad.
– ¡Ash! ¡Espera! – Misty lo alcanzó y lo detuvo, abrazando su abdomen desde la espalda.
– ¡Suéltame! – él le reclamó, moviéndose insistentemente para que le diera libertad – ¡No dejaré que hagan lo que quieran! –
– Pero… la ciudad queda en la otra dirección – Erika susurró con un rostro inexpresivo y a su lado, Ritchie se llevó una mano a la cabeza.
– ¡Debo ayudar a esa gente! –
– ¡¿Y de qué serviría?! – Misty replicó y los ojos de Ash la buscaron de inmediato, negándose a creer que ella había dicho algo así – ¡Vas a salvar a esas personas! ¡¿y qué va a pasar con el resto?! – el pelinegro logró escapar y de inmediato se volteó hacia ella, calmando su furia cuando vio su expresión. El entrecejo de la pelinaranja se había fruncido con tristeza, mientras mordía sus labios suavemente. Ash fue consciente de que ella tampoco estaba de acuerdo con su propio actuar.
– ¿El resto? –
– Misty tiene razón – Ritchie comentó mientras acariciaba a Sparky, intentando tranquilizarlo. El pokémon eléctrico parecía igual de furioso que el entrenador de fuego – Esto no está pasando sólo en Bahía Gresca, es probable que en todas las ciudades de Sinnoh estén desalojando a las personas sin habilidades mágicas –
– Eso es terrible… – Erika susurró, impactada.
– P–pero… ¡pero nosotros podemos–! –
– ¡Ash! ¡debes darte cuenta de nuestra situación! – La pelinaranja lo interrumpió con seriedad más el brillo desesperado en sus ojos no pasó desapercibido – Puede que seamos entrenadores, pero es imposible proteger a todo el mundo – Misty bajó sus ojos, una tristeza fugas dibujándose en su rostro y su voz se transformó en un murmullo – Es lo mismo que pasa con el reino de Celeste… aunque seamos entrenadores, no significa que tienes el poder para salvarlo –
– Los únicos que pueden hacer algo son los miembros del círculo de los dragones – intervino Ritchie – pero siendo Cyrus uno de ellos, es muy difícil que realmente suceda –
– Pero Lance podría, ¿no? – Erika preguntó, sintiendo una suave esperanza al nombrar al hombre.
– ¿Lance? – Y antes de que Misty pudiera golpear a Ash, con las intensas ganas de lanzarle unos cuantos diarios por la cabeza, la niña explicó.
– Lance es el líder del círculo de los dragones, a pesar de apenas tener 27 años es muy hábil en el uso de todo tipo de magia y también es conocido por su espíritu solidario – Los ojos castaños de Erika se habían suavizado, demostrando la admiración que tenía hacia ese mago – Desde que tomó el cargo, hace dos años, ha intentado mejorar la relación entre los magos y los normales –
– Wow, sorprendente – Ash murmuró, con sincero asombro – Debe ser genial conocerlo en persona –
– ¡Y eso no es todo! – Erika sonrió, emocionada, y sus mejillas se tiñeron a un rosa pálido – ¡Lo más increíble es que él nació de padres normales! –
– ¿Eso es muy increíble? –
– ¡Claro que sí! – la mueca de la niña se acrecentó – ¡Hay muy pocos magos que nacen de padres normales, ahora en el mundo tienen que haber menos de diez! ¡y que sea tan poderoso, es aún más infrecuente! –
– Pero, ¡entonces.. yo–! –
– ¿Pueden concentrarse? – el entrenador eléctrico los interrumpió, con los brazos cruzados y el ceño fruncido en molestia – ¿Entienden ahora por qué no podemos intervenir? –
– Lo único que haríamos si atacamos a los militares sería producir un desorden en la ciudad, que podría ser peligroso para los normales y también para los magos – Misty aseguró, recibiendo un asentimiento de parte de Ritchie – Lo mejor que podemos hacer por ahora es permanecer tranquilos – los ojos verdes estudiaron a los viajeros y se detuvo en el muchacho pelinegro, el mismo que parecía enojado y levemente abatido – ¿Lo entiendes, Ash? –
Con un suspiro, el aludido se dejó caer sobre el césped y se acostó con los brazos tras la cabeza. Pikachu había saltado en el momento adecuado y ahora descansaba sobre el abdomen de su entrenador, viéndolo con preocupación.
– Lo entiendo… pero no puedo quedarme tranquilo con eso – su voz parecía tranquila, pero Misty sabía que él estaba molesto. Después de todo, a lo largo de ese mes y un poco más de viaje que llevaba con el entrenador de fuego, la chica había descubierto su lado amable y sabía que él disfrutaba de ayudar a las personas. Era su naturaleza.
– Ash… –
– ¡Ah! ¡podríamos intentarlo ahora! – exclamó Erika con una sonrisa. Había encontrado rápidamente una forma para alegrar a su amigo – ¿Tal vez Ash podría hablar con May? Ya debe ser de noche en Hoenn –
– ¿Y? ¿Ash? – Misty le preguntó, esta vez más animada y dejándose llevar por el optimismo de Erika – ¿Hacemos el hechizo? –
Y el pelinegro asintió, más ninguna sonrisa cruzó su rostro.
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– ¡PAREN! ¡POR FAVOR, YA PAREN! – el grito de May nació como una súplica, con tanto dolor que estremeció completamente el cuerpo de los guardias fuera de su puerta. Ya en su calabozo, aún podía escuchar el sonido de los azotes sobre le piel masculina, más la falta de exclamaciones de Max le demostraban que él ya había cedido y la mente de la chica se llenó de preguntas pesimistas, ¿él estaría bien? ¿el cese de sus gritos habrá sido por el cansancio? ¿o tal vez el habría perdido el sentido?. El corazón de May se apretó con fuerza, el pánico dominando su alma cuando a ella llegó una imagen de Max en el suelo, con profundas heridas en la espalda desnuda y abundante sangre rodeándolas.
– ¡MAX! ¡MAX! – emitió su nombre con desesperación, omitiendo el ardor agudo que llegó a su garganta. Las lágrimas permanecían en sus mejillas y se generaban si cesar de sus ojos azulados. Frente a ella, las marcas de sus arañazos en la puerta daban cuenta de su impotencia. – ¡DÉJENLO! ¡DEJEN A MAX! –
Su cabeza empezó a arder de pronto, justo bajo donde se encontraba el pendiente en forma de flor, y consternada aún por toda la situación, lo tiró hacia un costado. Sorprendida por lo que ello significaba, May observó con la vista nublada por la lágrimas, como lentamente se formaba una imagen flotante en el aire. En milésima de segundo una brillante luz cegó a sus ojos, a la par que la figura de unos jóvenes se dibujaba en ello. No debió esperar demasiado para encontrarse con aquel que había llamado intensamente entre sus pensamientos, aquel que solía darle esperanza en los momentos de oscuridad.
Se levantó con cierta dificultad y corrió hacia él como si la vida se fuera en ello. Al llegar a su lado sólo chocó con un vidrio invisible y cayó de rodillas, derrotada. Ash la observó con cierta consternación, que se transformó de inmediato en una profunda preocupación.
– ¿May? ¡May! – él fue testigo de sus lágrimas, así como de su expresión desesperada y llena de dolor. Se hincó frente a ella, intentando llamar la atención de sus ojos – ¡¿Qué sucede?! ¡MAY! –
Ella apoyó sus manos hacia él, las llagas de sus dedos dejando marcas de sangre entre ellos. Aquel gesto sólo logró asustar más al entrenador.
– Ash… – ella susurró, su voz quebrándose al final de su nombre, y sus irises cristalinos se unieron a los almendrados. Él esperó pacientemente por su respuesta, con el aire contenido en sus pulmones, y May vio cómo la figura del moreno se difuminaba con un nuevo torrente de lágrimas – ¡Ash! ¡M–Max…! ¡Max está–! –
Su voz murió abruptamente, cuando un sonido fuerte se propagó completamente por su prisión y un torrente de viento cálido la empujó con violencia al fondo de esta. Aturdida y con un pitido molesto en sus oídos, se sentó lentamente y notó como pequeñas piedras caían por el ruedo de su largo abrigo. Observó con asombro como las nubes de tierra se disolvían lentamente y tras ellas se lograba ver el oscuro cielo de una noche sin luna. El iris femenino se contrajo por la sorpresa y liberaron más lágrimas de su prisión. Frente a ella, con una tenida informal, con su habitual espada y dibujado por las tenues luces de las estrella, estaba el hombre cuyos ojos esmeraldas difícilmente podría olvidar.
May quiso pronunciar su nombre, pero su voz murió en su garganta cuando él pareció percatarse de su presencia.
Con una expresión gentil, aquella que sólo en ocasiones solía mostrarle y que generaba una dolorosa punzada en su corazón, él camino hasta estar frente a ella. Se arrodilló a su lado, en aquel gesto de caballero que siempre usaba con su padre y con delicadeza limpió las lágrimas de su mejilla derecha. Y a pesar del torbellino de sentimientos, May logró sentir claramente el escalofrío cálido en su cuerpo que trajo consigo la acción.
– D–Drew – ella finalmente susurró y esta vez él sonrió.
– Buenas noches, princesa –
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Continuará…
Y lo prometido es deuda (¿?). En realidad tuve un pequeño tiempo libre así que aproveche de terminar este capítulo que me llevó más de un año. Por cierto, sigo en el periodo de hiatus así que no sé cuándo eventualmente podría ser la próxima actualización. Desde antemano gracias a todos por seguir esta historia :D
Ahora RxRxR:
ElphabaLii: holiwi (¿?) bien, el hiatus fue extremadamente hipermegaextraarchi largo… asi que lo siento t.t (¡y sigo en hiatus aún!). Espero que este capítulo sea de tu agrado y que sea suficiente hasta que salga de la pausa. Nos leemos!
L' Fleur Noir: para ti, mi estimada beta, gracias totales como siempre! En serio que siempre soy una desvergonzada y tú siempre recibes de buena forma, juro que lo compensaré algún día! Espero que no me odies, pero el poder de Serena no se puede cambiar. ¡Tengo una explicación para eso, lo juro! Gracias nuevamente!
Juan: wowow! Nuevo lector? Bienvenido al rincón de respondo reviews! Muchas gracias por tu comentario, espero que con este capítulo se haya aclarado quién es la posible entrenadora del agua (?). Vamos a ver cómo se resuelve todo este enredo.
Amy-Light95: realmente estoy en contra de solicitar reviews (aunque cuando era más joven solía hacerlo), pero realmente extrañé el tuyo, pensé que ya no estabas siguiendo la historia. Asi que muchas gracias por escribir. En relación a tus preguntas, todas tienen respuestas pero se verán más adelante. Tal vez escriba un guiño por ahí para aclarar algunas cosas. Gracias por tu review!
Bueno, me despido hasta que nuevamente el dios de los fics me dé algo de inspiración y termine el próximo capítulo.
I'll see you!
Kasumi 21
