Disclaimer: Pókemon no me pertenece, si me perteneciera Misty hubiera vuelto a la- oh wait!

Sinopsis: El entrenador de fuego, Ash Ketchum, ha sido testigo de la desaparición de May, su novia y princesa del Reino de Pallet. Para encontrarla ha iniciado un viaje junto a Misty y Ritchie en búsqueda de los diez legendarios entrenadores. Atrapada en su cárcel, May llora desesperada por el futuro de su hermano, ¿Qué pasará con Max? ¿Qué sucederá con Drew?, ¿Ash salvará a May?

¡Traído a ustedes gracias a Sumi-chan, la mejor beta del mundo mundial!

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Light's Travel

By kasumi_21

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Capítulo XVIII: Cielo

Ash contuvo el aliento, intentando controlar la sensación de ansiedad mientras esperaba lo que ella tenía que decir; pero igual de rápido como había aparecido, la figura de May se borró completamente dejando tras ella una suave brisa.

El pelinegro permaneció unos segundos mirando hacia el sitio que antes había ocupado su novia y, cuando finalmente se dio cuenta de que no volvería a verla, fijó su atención hacia la entrenadora de la luz. Sus ojos castaños estaban oscuros, producto de la desesperación.

– ¡Misty! ¡¿Qué sucedió?! – la chica, que estaba igual de desconcertada que él, llevó su mirada hacia Erika. En ese momento, la joven bruja miraba sus manos con el entrecejo fruncido.

– ¿Eri...? – Misty la llamó con suavidad y cuando la niña fue consciente de ello, de inmediato bajó sus manos y les sonrió con nerviosismo.

– Lo siento mucho – se disculpó mientras inclinaba la cabeza y escondía sutilmente sus manos tras la espalda – Estoy muy cansada, así que no pude... mantener el hechizo... – Misty, que estaba más cerca de ella y también era quien conocía mejor el límite de su poder por los últimos días de su trabajo juntas, la observó con cierta duda y una leve preocupación. Y Ash, que estaba más lejos y que conocía del sacrificio que sus dos amigas estaban haciendo por él, se limitó a suspirar mientras llevaba sus manos a las caderas. Realmente estaba nervioso por su novia, pero sabía que era injusto pedirles mayor esfuerzo a ambas entrenadoras.

– Lo siento, Ash – susurró Erika con su mirada hacia el césped y el pelinegro, que ahora caminaba para estar más cerca de ellos, le tocó el hombro cuando lo tuvo a su alcance.

– No te preocupes – su voz estaba tensa, pero aun así se lograba vislumbrar cierta suavidad por la comprensión.

– pika pi, pika pika pikachu – sobre el hombro de su entrenador, Pikachu le dio una sonrisa condescendiente a la niña.

– Gracias Pikachu.

– Lo intentaremos luego – Misty aseguró con seriedad y el pelinegro asintió, con profundo agradecimiento.

– De todas formas, ¿quién es Max? – Ritchie preguntó cuando se acercó al grupo, había estado alejado observando y estudiando el hechizo de comunicación.

Los ojos castaños dudaron por unos segundos, mientras Ash buscaba en sus recuerdos algún nombre similar. No faltó mucho para hallarlo, acostumbrado a las conversaciones de su novia sobre su vida y las personas que la conformaban.

– Es su hermano menor – aseguró con seriedad – Pero no tiene sentido, él debería estar estudiando en un internado de Unova.

– ¿Tal vez era otro Max? – se aventuró a teorizar el entrenador eléctrico.

– No lo sé – Ash señaló apresuradamente mientras apretaba los dientes – Pero May es muy tranquila y ahora estaba tan desesperada.

– Por ahora busquemos al entrenador del viento – aconsejó Ritchie con seriedad y llevó su mirada a Misty, que seguía atenta a las acciones de Erika – Mist, ¿está en las montañas? – ella se volteó a verlo, su expresión de seriedad no había cambiado ni un poco.

– No lo sé, no había una dirección exacta en el mapa – la pelinaranja respondió mientras cogía su equipo de viaje – Pero lo mejor es empezar por la montaña.

– Está bien – asintió Ash y al igual que los otros, tomó su equipamiento para seguir la travesía. Ambos chicos se adelantaron y la pelinaranja esperó por las acciones de Erika.

– ¿Qué pasa Mist? – le preguntó con una sonrisa suave que no alcanzó a convencer a la entrenadora de la luz. Los ojos verdes se fijaron en las manos de la niña.

– Muéstrame – ordenó con seriedad, pero manteniendo su tono amable. La peliazul se mordió los labios, sabiendo que no podría atrasar más la situación y las extendió hacia ella. De inmediato Misty las tomó entre las suyas y descubrió en las palmas una coloración rojiza intensa y brillante. La niña se quejó por el dolor – ¡Son quemaduras! ¡¿Qué fue lo que pasó?!

– No estoy segura – Ella repasó las lesiones de sus manos, descubriendo algunas nuevas entre los dedos – En donde estaba May se liberó una gran cantidad de energía, no sé si fue fuego u otra cosa – Erika entrecerró sus ojos, en respuesta al aumento del dolor cuando intento doblar sus dedos – Pero desarmó las enredaderas en segundos y como es casi una extensión de mi cuerpo, termino por dañarme también.

Misty ladeó su rostro hacia un costado mientras su entrecejo se fruncía por la preocupación.

– ¿Una explosión, tal vez?

– Es posible.

Ambas se quedaron en silencio por algunos segundos, teorizando sobre la posible situación en que se había visto envuelta May.

– ¡Hey chicas! ¡¿Qué están haciendo?! – el grito de Ash las devolvió a la realidad y Misty se sintió aliviada al escucharlo un poco más animado.

– De todas formas – inició la pelinaranja mientras cogía el bolso de Erika, intentando ayudarle – Por ahora debemos curar tus heridas, luego veremos qué hacemos con el hechizo de comunicación.

– Está bien.

– Deberíamos vendar tus manos.

– No es necesario – argumentó la niña de inmediato y Misty se volteó a verla con asombro. – No quiero que Ash sepa que estoy herida, sólo se preocupará más por May.

– ¡Él es un idiota! No va a sospechar nada – Erika sonrió suavemente, sabiendo de antemano que Misty tenía una pelea interna consigo misma. Ella lo negaría enseguida, pero era evidente su sincera preocupación hacia el entrenador de fuego.

– Lo prefiero así – a pesar del tono tranquilo en su voz, se adivinaba una certeza en su decisión que no la haría desistir y la pelirroja supo que ningún argumento la haría cambiar de parecer. Le entregó su bolso cuando la niña se lo pidió y la miró con resignación.

– Sólo preocúpate de curarte bien cuando él no te vea – la peliazul asintió y juntas reiniciaron el camino hacia los dos chicos. Erika se quedó un poco atrás, tratando de equilibrar su bolso con los antebrazos.

– ¿Odh? – a su lado y caminando por el césped en libertad, Oddish la miró con preocupación.

– Estoy bien – le aseguró con una sonrisa, agachándose para acariciar sus hojas – Luego me ayudas con una poción, ¿sí?

– ¡Odh! ¡Oddish!

Los ojos chocolates buscaron a sus compañeros de viaje, encontrándolos unos metros alejados. En ese momento, Misty caminaba rápidamente hacia Ash mientras alzaba su mochila roja en clara señal de ataque.

– ¡Ash! – La escuchó gritar – ¡idiota!

– ¡Auch! ¡¿Qué pasa contigo?!

Erika no pudo evitar reír ante la situación. De alguna forma siempre le era divertido ver las peleas de ese par, siempre que no fueran serias. Estaba segura que aquello ayudaría a distraer a Ash sobre lo que pudiera estar pasando con May. Esperaba poder comunicarse prontamente con ella y que no estuviera en peligro.

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– Drew...

– Buenas noches, princesa.

Él la había tomado de la mano, podía sentir su calor combinándose con el propio y su habitual perfume a pesar del polvo y tierra que los envolvía por la reciente explosión.

Aun cuando lo tenía frente a sí misma, aun cuando podía distinguir la tonalidad esmeralda de sus ojos, aun cuando podría tocar el flequillo rebelde sobre su frente que él siempre intentaba arreglar sin resultados; May inevitablemente sentía que aquello era un sueño. No lo había esperado, no a él que siempre se alejaba de ella a pesar de su parentesco, no él que ni siquiera hablaba con ella cuando tenía tiempo libre, no él cuando inclusive ahora no la llamaba por su nombre.

La ayudó a levantarse y la sorpresa inicial empezó a disolverse rápidamente en la mente de la princesa. Recordó de pronto la razón de sus lágrimas, que aún en ese momento, no dejaban de caer.

– ¡Drew! ¡Debes ayudarme! – los ojos azulados brillaban por la desesperación y aun en la oscuridad, el príncipe de Pallet logró distinguir la expresión de May. Su corazón dio un vuelco de inmediato.

– ¿Qué pasó? – se apresuró en preguntar, conservando su tono sereno. Ella se aferró a su brazo, sus dedos temblando por el agarre.

– ¡M–Max! ¡M–Max está–!

– ¿Qué estás haciendo, Drew? – gritó irritado un hombre desde la imprevista puerta y por primera vez, May notó las otras personas que acompañaban a su hermano. Eran probablemente una decena de personas, compuesta de hombres y mujeres jóvenes. Atrás de ellos se lograba distinguir los restos de una muralla de piedra que la mantenía apresada – ¡Debemos irnos ahora!

La puerta de su prisión fue abierta de improvisto y entraron rápidamente los guardias que la custodiaban. De inmediato el muchacho nuevo, de corto cabello y rasgos simples, sacó el seguro de su arma de fuego, apunto hacia los magos y disparó hacia ellos. Velozmente, Drew la tomó de la parte posterior de su cuello y la obligó a agacharse hasta estar contra el suelo.

Aún sorprendida por la situación, May logró distinguir las manos de su hermano y como rápidamente cogía una pistola de su chaqueta. Levantó su cabeza de inmediato, intentando seguir con la mirada las acciones que Drew haría.

– ¡Quédate en el suelo! – le ordenó él cuando fue consciente de su objetivo y, con la mano izquierda apoyada en la espalda de la chica, disparó hacia unos de los guardias. Dando muestra de su habilidad con las armas, su ataque dio de lleno en el hombro de uno de ellos.

– ¡Agh! – Se quejó el mago, retrocediendo algunos pasos por la potencia de la bala – ¡Llama a los refuerzos!

– ¡Drew! ¡Rápido! – May reconoció la voz de una mujer, aún cuando los disparos de ambos lados dificultaban su audición. Tras ellos podía escuchar los sonidos de pisadas, numerosas y fuertes, que se incrementaban velozmente en su dirección – ¡Saca a la princesa antes de que lleguen los otros!

Él tomó su mano y la obligó a levantarse, cubriendo de inmediato su figura con su propio cuerpo. Corrió rápidamente hacia la salida, donde la castaña logró distinguir varias camionetas. Ante la certeza de que escaparía de allí, sin poder hacer nada para ayudar a Max, empezó a resistirse al empuje del peliverde.

– ¡No! ¡NO! ¡Espera, Drew! – sus ojos verdes parecían desesperados, pero aún en ese momento él esperó pacientemente por su explicación. Su acción amable sólo trajo más lágrimas a los irises femeninos.

– ¡¿Qué sucede?!

– ¡Es Max! ¡Debemos ayudarlo! – él inconscientemente se había acercado, buscando escuchar lo que ella tan desesperadamente quería decir, por lo que la castaña tuvo una visión clara del cambio en el verde de sus ojos cuando le dijo lo que sucedía – ¡Él, Tom está-!

– ¡APÚRATE DE UNA VEZ! – rugió el chico desconocido que lo acompañaba, aún dentro del sótano y cubriéndolos contra los nuevos guardias. Alrededor de ellos, la decena de jóvenes se habían unido al tiroteo y desde sus armas se formaban distinto tipo de elementos.

– May, debemos irnos – la voz de Drew volvió a su serenidad habitual, a pesar del brillo de incredulidad en sus ojos. La princesa sabía que aquel nombre también lo afectaba a él.

– ¡Pero Max! ¡Ma-! – la voz de la castaña murió de pronto, cuando de improvisto perdió su conciencia e inició una caída hacia los brazos del peliverde. Él la cogió de inmediato, con la clara expresión de preocupación cuando aquello sucedió. Sus ojos verdes buscaron la posible causa, encontrando tras ella a una mujer rubia de largo cabello ondulado. Su mano hacia arriba y en posición tensa, daba cuenta del ataque a May y también de su actual estado.

– ¡¿Qué le hiciste?! – él gritó, enfurecido, sin lograr una sola reacción de arrepentimiento de la mujer.

– La he dejado dormida por un rato, no te preocupes – se volteó luego hacia donde estaban sus compañeros, levantó su mano derecha donde se distinguía un pequeño mandala tatuado en el dorso y chasqueó sus dedos. De inmediato una pequeña nube de neblina se formó, hasta crecer rápidamente y cubrir completamente la prisión. – ¡RETIRADA! – anunció cuando la visibilidad se había perdido y luego miró al príncipe, sus ojos azules mostrando seriedad – ¡Saca a la princesa ahora!

Con el corazón latiendo en sus oídos, entremezclando entre la angustia por la posible información que no alcanzó a recibir y el alivio de tener a May nuevamente entre sus brazos; Drew tomó rápidamente a la princesa y corrió el resto de metros que lo separaban de su escape. No pasaron muchos minutos cuando ya tenía a la castaña segura en uno de los autos y el resto de mercenarios se habían unido a ellos, satisfechos por el trabajo hecho y por la ausencia de camaradas caídos.

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El sol de mediodía dio de lleno en su cara y Ash no pudo evitar maldecir su propio optimismo. Habían iniciado el camino hacia las montañas, la más alta el objetivo final de su travesía, y aún no lograban llegar siquiera al tercio de las otras que eran más pequeñas. Y él que creía que se demorarían apenas una hora.

– ¿Cuánto falta? – se quejó con la lengua hacia afuera, jadeando por el esfuerzo del camino en subida que los había acompañado. Apoyado en su hombro y, a pesar de la falta de actividad, Pikachu se encontraba en una misma situación. Misty se volteó a verlo con los ojos entrecerrados.

– ¡Deja de quejarte! ¿Qué tipo de entrenador eres si no puedes caminar una simple montaña? – Ash la miró con una expresión similar, notando el sudor que caía por la frente femenina.

– Lo dice quién nos obligó a descansar tres veces – Un sonrojo furioso nació en las mejillas de la pelinaranja.

– ¡Sólo quería beber agua!

Ash aprovechó su discusión para descansar nuevamente, sentándose sobre el césped que cubría la base de aquella montaña. El viento había empezado a aumentar en velocidad, logrando refrescarlo cuando se coló bajo su remera negra. Frente a él, el cabello de Misty bailaba alocadamente mientras su dueña esperaba de pie. Desde aquella posición tenía una vista directa de sus ojos verdes, los mismos que permanecían serenos mirando hacia el camino ya realizado y que de pronto parecían más animados.

El moreno supo de inmediato que los otros viajeros por fin los habían alcanzado y vio por el rabillo como la figura de Ritchie, que ahora arrastraba los pies y sus hombros estaban caídos, caminaba con dificultad. Lo sobrepasó algunos metros y luego se dejó caer en el césped. Sparky había tenido la habilidad suficiente para saltar de su hombro y ubicarse en un lugar donde no fuera aplastado.

– ¿Qué me dices de eso? – una sonrisa burlesca se había dibujado en el rostro de Ash, sabiéndose ganador de cualquier pelea que viniera a continuación, pero Misty estaba más preocupada de la niña que aún no los alcanzaba. Sabiendo que ella no querría su ayuda, pensando probablemente que el pelinegro sospecharía, la entrenadora se obligó a esperar junto al chico.

Ya se encontraba a algunos metros y la pelinaranja comprobó que aún no había curado las heridas de sus manos, a pesar de que la había dejado atrás a propósito para que las tratara. De inmediato su preocupación se convirtió en enfado.

– ¡Ash! ¡Estúpido!

– ¡¿Qué es lo que hice ahora?!

Ritchie emitió un suspiro cansado, si era por su estado físico y por la situación de ciertos entrenadores que estaba harto de presenciar, era algo de lo que él no estaba seguro. Demasiado exhausto como para además lidiar con sus pensamientos sobre la extraña relación que tenían Ash y Misty, prefirió disfrutar de la pequeña pausa y del viento frío que acompañaba la cima de aquel cañón. Volteó su cuerpo para que su rostro quedara hacia el cielo y cerró sus ojos, disfrutando la brisa que mecía su ropa y su cabello.

Casi al instante sus cejas se fruncieron, cuando fue consciente de sus propios pensamientos.

– Espera, ¡¿cañón?! – Ritchie irguió su torso de inmediato, quedando sentado y con su rostro hacia sus amigos. Sorprendidos por su exclamación, ambos chicos habían quedado en silencio y mirándolo a espera de una explicación. El ojiazul se limitó a voltear su mirada hacia la depresión de tierra, notando finalmente que el camino parecía haber desaparecido de pronto y sólo se lograba ver hacia el fondo la verde mitad de una montaña, gigantesca y majestuosa.

– ¿Qué pasa? – inquirió Misty con curiosidad, más quedó en silencio cuando notó a qué se refería Ritchie. Caminó hasta llegar al borde del lugar, seguida por Pikachu y Sparky que parecían igual de interesados que ella – Maldición – susurró al comprobar la profundidad.

– Uff – Erika exclamó cuando por fin llegó a la cima, ubicándose junto a Ash y notando enseguida el extraño silencio que envolvía a los viajeros. Oddish se adelantó hasta donde estaban sus compañeros – ¿Sucedió algo?

Entendiendo el peligro del camino, Misty se arrodilló en la orilla para tener mejor vista del lugar y sus ojos buscaron alguna vía que pudieran utilizar. Su frente se frunció lentamente ante la preocupación, ya que en ese mismo lugar aún no alcanzaba a ver el inicio de la montaña que estaba frente a ellos.

– Es bastante profundo – comentó Ritchie a su lado, que estudiaba el paisaje con las manos en los bolsillos de su jeans y completamente de pie. No parecía preocupado por alguna eventual caída. – El camino también es empinado, pero tal vez podríamos cruzarlo.

Misty no necesitó una explicación para entender a qué se refería el entrenador eléctrico. A pesar de la inclinación importante del lugar, estaba lleno de plantas silvestres que les serviría de apoyo para descender. Eso, y que tenían a Erika de su lado para crear enredaderas, pero las heridas de sus manos hacían que esa petición fuera imposible.

Aun estudiando el cañón que estaba bajo los viajeros, Misty logró distinguir algunos pilares de roca de distintos tamaño. Entre ellos se podía ver como algunos pájaros de grandes alas volaban entre ellos. A pesar del material de construcción, no parecían corresponder a defectos producidos por la naturaleza.

– ¿Qué son esas cosas? – preguntó Erika, ahora con su voz demasiado cerca. Misty se volteó a verla y la encontró en la orilla junto a Ash, ambos mirando interesados el lugar.

– ¡Erika ten cuida–! – la exclamación preocupada de la pelirroja murió de pronto, cuando un viento frío y fuerte empujó a todos los viajeros hacia el vacío. Las pupilas verdes se contrajeron, alarmadas.

– ¡Gh! – un grito quedó silenciado en la garganta de Ash, mientras sus dientes se apretaban con fuerza. En la histeria del momento, su atención fue de inmediato a la pelirroja y en pensar cómo salvarla. Pero tan rápido como había iniciado, un vértice de viento quedó bajo los cuerpos de todos y con sorpresa vieron como flotaban libremente.

– ¡Chaa! – al lado de Ash, Pikachu parecía disfrutar el momento. El pelinegro entrecerró los ojos, envidiando lo despreocupado que su compañero se veía.

– ¡¿Qué sucede?! – el grito alterado de Ritchie llamó la atención del entrenador de fuego y no fue una sorpresa que el arma del chico ya estuviera en su forma de ataque como una guadaña. Llevó su mirada a Misty, su rostro permanecía serio, aun cuando sus ojos verdes brillaban con cierta ferocidad y el cabello bailaba alocado en múltiples tonos anaranjados.

– ¿Eh? – Erika susurró con voz queda, percatándose de la figura de un ave que volaba sobre sus cabezas e impedía el paso del sol de forma intermitente. De imponente tamaño, con sus alas extendidas podía alcanzar fácilmente tres metros de longitud y distaba mucho de los otros pájaros que habían visto anteriormente. – ¿Qué es eso?

– El pokémon volador – señaló con seriedad Misty, su mirada se había fijado en un punto específico sobre el lomo de la gigantesca criatura. Ash imitó su acción y por primera vez fue consciente del hombre que estaba sobre ellos. Era joven, debía tener probablemente su misma edad, su piel blanca y su cabello de tono gris oscuro que le llegaba un poco más arriba de los hombros. Ciertamente sus rasgos fuera de lo común lo volvían llamativo, pero nada alcanzó a impresionar más al entrenador de fuego que la frialdad en sus ojos.

– ¿Él es? – le preguntó el pelinegro a Misty, en un tono bajo y casi íntimo. Ambos entrenadores permanecían con su atención hacia el nuevo chico.

– El entrenador del aire, lo hemos encontrado.

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Los ojos oscuros de Tom observaron la prisión con solemnidad. A su alrededor, los distintos magos que servían en aquel castillo, tanto guardias como doncellas, se repartían entre los escombros tratando de encontrar pistas sobre el repentino ataque.

– Señor – interrumpiendo sus pensamientos, el guardia que había tenido turno esa noche y había apresado a Max, se presentó a él con seriedad – Hemos revisados las cámaras de seguridad y no hemos podido encontrar registro de los atacantes. La explosión destruyó inmediatamente todo el sistema de vigilancia – El entrenador roca asintió, manteniendo el rostro imperturbable y pareciendo extrañamente tranquilo. Cruzándose de brazos, se apoyó sobre una de las paredes indemnes, justo al lado de la puerta.

– ¿Y el chico? – el hombre sabía que se refería a quien los había traicionado.

– Se ha desmayado durante el castigo, ha perdido mucha sangre – ninguno de los presentes pareció perturbado por la información.

– Que alguien trate sus heridas, no queremos matarlo – El guardia asintió y salió de la prisión a paso tranquilo. Tom se quedó en la misma posición, silenciosamente fiscalizando las acciones de los magos.

Justo en aquel momento, de entre las sombras de un rincón que no era alcanzado por las luces de linternas creadas por los brujos, apareció repentinamente la figura de un hombre. De porte elegante, su contextura era delgada pero bien trabajada y su altura, que fácilmente sobresalía del promedio, ayudaba sin duda a lucirlo. Su cabello era de un tono achocolatado al igual que sus ojos.

El rubio se percató de inmediato de su presencia y se irguió para saludarlo correctamente.

– Mi señor, buenas noches.

El castaño caminó hacia él mientras peinaba su cabello hacia atrás, solo logrando que volviera rápidamente a su posición original y le cubriera parte de su ojo derecho. Su sonrisa socarrona destacó inevitablemente con ello. Llevó sus manos a los bolsillos de su largo abrigo negro, que junto con un jeans oscuro y una camisa gris completaban el conjunto de ese día.

– Tom – le saludó con un gesto de cabeza, Umbreon caminaba a su lado con una mirada animada – ¿Me perdí de algo? – claramente se refería al desastre que los envolvía.

– Se han llevado a May – explicó con tranquilidad.

– Estoy casi seguro que habías dicho que era imposible que ella escapara – El tono en la voz de Gary no era de reproche, más bien de curiosidad.

– Técnicamente no se ha escapado, se la llevaron – el entrenador oscuro entrecerró los ojos, realmente era increíble lo orgulloso que Tom podía ser – Pero no se preocupe, ella volverá y lo hará voluntariamente.

El castaño parecía sorprendido, pero sin duda algo que podía decir con seguridad era que confiaba ciegamente en el entrenador roca. Sinceramente no le interesaba como traería de vuelta a la princesa de Pallet mientras lo lograra.

– Acompáñame al salón, necesito pedirte un favor – y sin esperar respuesta, Gary inició su camino hacia la sala principal. Tom lo siguió de inmediato, sin preguntar nada más.

Se sentaron en la mesa principal, Tom le había cedido la cabecera al entrenador oscuro, y ahora le servía un vaso de wisky en las rocas. Gary le dio una sonrisa en agradecimiento.

– ¿Ha estado en el desfile de Hoenn? – No era una sorpresa para Gary, aun cuando no le había dicho ni una palabra, que su compañero entrenador supiera de sus acciones. Tom siempre se las ingeniaba para saber del movimiento de sus otros compañeros, probablemente también sabía por qué él había acudido a un evento tan frívolo como ese.

– Así es – dio un trago a su vaso mientras sus ojos se oscurecían suavemente.

– ¿La encontró? – No había atisbo de duda en ello y Gary estuvo tentado en reír. Ciertamente el rubio era por lejos el que mejor lo entendía y por ello, su indiscutible mano derecha. – ¿Los archivos del círculo de dragones estaba en lo cierto? ¿Es ella la entrenadora del agua?

– No lo sé – el castaño exhaló un largo suspiro, dando cuenta de la larga jornada de ese día. – Los documentos que robamos eran pre informes después de todo, aún faltaba mucho de la investigación que no logramos obtener.

– Pero, ¿usted qué piensa? – la pregunta tenía sentido, especialmente cuando Gary era el entrenador negro, el líder de las fuerzas oscuras y de todos los entrenadores de magia negra. Si alguien podía sentir que la modelo era la entrenadora del agua era definitivamente él.

– Tampoco lo sé, ella no pareció reaccionar a mí y yo tampoco lo hice con ella. Además no he visto aún a su pokemón acompañante – Tom lo miró con seriedad, esperando por lo que Gary tan profundamente pensaba – Pero hay varias cosas a favor para pensar que ella puede ser la entrenadora Definitivamente tiene un lazo con el entrenador del fuego y su manejo del agua está por sobre el promedio, sobrepasando incluso a magos de vasta experiencia –

– Y está el hecho de su tatuaje – Tom parecía hablar en serio y Gary no pudo evitar fruncir el ceño, en oposición.

– Estoy bastante seguro que eso era solo un cuento para volverla interesante como modelo – él dio un trago a su vaso, el licor logró calentar lentamente su cuerpo en aquella extraña noche fría de verano – Ridículo si me lo preguntas.

– La historia es verdadera – Gary se quedó viéndolo con interés, la sorpresa se dibuja sutil en sus ojos – Lo he comprobado y sé de buena fuente que es cierta.

– Te escucho.

Tom le explicó sobre el trabajo que había estado realizando los últimos meses, luego de haber obtenido la información sobre la entrenadora del agua y como Dawn lo había ayudado en los últimos días. Justo en esa misma noche, mientras él viajaba para recibir a Gary en su castillo, la entrenadora de lo normal se había reunido con el abuelo de Serena y había escuchado directamente la historia. Se la había informado hace apenas unas horas atrás.

– ¿Dawn? No me había dicho nada – El castaño parecía sorprendido y curioso por la situación, en especial cuando la peliazul era tan fiel a él, casi como un cachorro. En ese mismo instante, la chica dormía profundamente abrazada a Ditto, soñando sobre la recompensa que obtendría de su señor cuando le contará la noticia. Misma sorpresa que ahora había sido frustrada por Tom – ¿Cómo lo logró?

– Había estado investigando los últimos meses a un viejo amigo y se hizo pasar por él. El abuelo de Serena suele visitar un bar regularmente, lo encontró ahí y el alcohol hizo el resto – Gary lo miró por un momento y luego una sutil sonrisa se dibujó en su atractivo rostro. Había sido un plan bastante simple, pero había resultado y ahora se sentía inevitablemente orgulloso de sus compañeros – El tatuaje está en la espalda de Serena, justo entre las escápulas. Al parecer es una tradición en el clan, al cumplir un año se escribe el mandala que los representa con color carmesí; sin embargo el de ella cambio a un tono celeste mientras era tatuado. Al parecer es por eso que siempre lleva el cabello suelto o la espalda cubierta, no quiere que lo vean.

El entrenador oscuro se inclinó sobre la mesa, sus ojos castaños se ubicaron hacia un costado con aire pensativo.

– Esto complica las cosas, con ese tatuaje no hay forma de estar seguros si su magia es por ser entrenadora o por el mandala que hay en su cuerpo. Eso y la falta de su pokemón.

– Es posible que lo éste escondiendo o aún no se encuentre con él – teorizó el rubio con cautela – hay registro de entrenadores que encontraron sus pokémon acompañante muchos años después de haber nacido, este podría ser el caso.

Gary apoyó sus codos sobre la mesa y entrecruzo sus dedos. Sus ojos oscuros brillaban a pesar de la seriedad en su semblante.

– No termina por convencerme.

– ¿Y al señor Silver?

– Él cree completamente que ella es la entrenadora – su mirada se entrecerró en un gesto hastiado, Tom sabía que los dos hombres solían siempre estar en disputa por sus opiniones contrarias – No es como si importe. De todas formas la mantendré en vigilancia, es la mujer que está más cerca de ser la indicada.

El entrenador roca asintió, dando por finalizada la conversación. – ¿Y sobre el favor?

– ¡Ah! ¡Eso! – El castaño de pronto parecía más animado – Me encontré con unos viejos amigos en el desfile y me contaron algo interesante de su hija. Necesito que me traigas a esa pequeña adolescente rebelde.

– ¿Quién? – la pregunta del rubio era sólo por cortesía, porque sabía bien qué cumpliría con cualquiera demanda que su líder le hiciera.

Ante su pregunta, Gary se limitó a sonreír y Tom se cuestionó a si mismo que era lo que aquella niña traería consigo para hacer que su señor se viera tan feliz.

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Ash apretó sus dientes en respuesta a la mirada del peligris, que hasta ahora los mantenía levitando con sus poderes y no se dignaba a decir ni una palabra. Se fijó rápidamente en sus ojos afilados que parecían estudiar sin mesura a Misty y como la misma respondía con sus iris verdes resplandecientes en un reto silencioso. El pelinegro no comprendía completamente lo que estaba sucediendo, y como era habitual, terminó por aburrirse.

– ¡¿Quién eres tú?! – Gritó con cierta molestia, especialmente por verse desplazado de la atención como lo había hecho días atrás el estúpido de Gary. Pero el entrenador volador ni siquiera se volteó a verlo, aún atento hacia la mujer de cabello pelirrojo – ¡Hey! ¡Te estoy hablan-! – la exclamación murió en su garganta, cuando la brisa que provocaba su levitación desapareció de pronto y nuevamente iniciaban su caída libre hacia el vacío.

– ¡Kyaaaaah! – El fuerte chillido de Erika acompañó todo el trayecto, su voz combinada con las voces de los tres pokemon – ¡Estamos cayeeeendooooo!

– ¡Erika! ¡Tranquila! – Misty ordenó con seriedad, ahora con su vista guiada hacia el suelo que velozmente se acercaba hacia ellos – ¡Él no nos hará daño! – y como si fuera una predicción, a pocos metros de tocar el césped que cubría el lugar, un viento cálido cubrió sus cuerpos y permitió su llegada a salvo.

Ya recuperado por la sorpresiva caída, los ojos castaños de Ash se dirigieron al cielo y comprobaron que su atacante permanecía aún sobre el lomo de su pokemon acompañante. Cuando descendió lo suficiente para estar cerca de uno de los pilares de piedra que, ahora que lo veían desde cerca tenían una serie de figuras que parecían humanas, no fue sorpresa notar como ocupaba el hechizo en su mismo cuerpo y flotaba hasta estar en la cima de uno. Aun así tenía distancia suficiente para dilucidar su expresión.

– ¡¿Qué estás haciendo?! – gritó el moreno hacia el muchacho. Pikachu ya se había ubicado en su hombro derecho y ahora imitaba la expresión enojada de Ash. A su alrededor los otros viajeros empezaron a levantarse.

– Misty, ¿estás bien? – Ritchie se acercó a la pelirroja y cogió suavemente su codo mientras sus ojos azules la estudiaban con preocupación. Cerca de ellos, Erika había bajado la mirada y ahora se obligaba a estudiar el paisaje circundante. Como siempre atento a su entrenadora, Oddish notó rápidamente el brillo triste en sus iris y se acercó para acariciar sus rodillas con sus hojas, buscando consolarla.

– Estoy bien – respondió la pelinaranja casi de inmediato, alejándose del tacto de su amigo. Ritchie la dejó ir, pero su expresión persistió.

– ¡Hey, tú! – Inconsciente de lo que sucedía alrededor suyo, Ash seguía atento al peligris – ¡tú eres el entrenador volador, ¿no?! ¡Dame tu poder ahora! –

– ¡Pika! – imitó su compañero con los dientes apretados, de sus mejillas rojas brillaron chispas de electricidad.

– ¡Espera Ash! ¡Pikachu! – Misty exclamó a modo de reproche, especialmente por el tono exigente en la voz del moreno hacia alguien que debería ser su aliado. Pero la postura agresiva del pelinegro parecía no ceder y sólo aumentaba de intensidad ante la respuesta indiferente del joven.

– Tú, la pelirroja – él la llamó con frialdad y ella supo que ya no podría evitar un enfrentamiento con él. Se volteó hacia él con un gesto elegante, la cola de costado de su cabello meciéndose con suavidad. – ¿eres Misty, no? – que él supiera quien era, fue completamente una sorpresa y no pudo evitar que se reflejara en su rostro.

– ¡Hey! ¡Contéstame primero! – el pelinegro se interpuso entre ambos y escondió a la mujer tras su espalda, el sentimiento que antes era molestia se estaba transformando lentamente en hostilidad – ¡¿Qué no tienes modales?! –

– Ash – ella lo regañó nuevamente, tomándolo suavemente del brazo para alejarse de su protección. Sin embargo él no cedió, manteniéndose en la misma posición, y prontamente estaba Ritchie al lado del moreno haciendo la misma acción. Erika seguía atrás y, a pesar de la sensación fría que ahora atacaba a su pecho, se obligó a permanecer serena ante cualquier acción peligrosa del entrenador volador. Bajo su mano lentamente hasta su muslo izquierdo, lugar donde su arma permanecía amarrada con la ayuda de un cinturón negro. – ¡Ash! –

– Quédate atrás, por favor – Ritchie dijo cuándo se volteó a verla, a pesar que no parecía una orden; sus ojos azules decían lo contrario. Aún más asombrada por el accionar de ambos entrenadores, aunque su amigo de Celeste solía hacerlo todo el tiempo, el cuerpo de Misty se paralizó por algunos segundos.

Los ojos grises del entrenador volador estudiaron a ambos jóvenes frente a sí, sabiendo que no podría ignorarlos más. Bufó con cierta molestia, especialmente por el pelinegro que extrañamente se le hacía más detestable.

– Tú – esta vez se dirigió a Ash – vienes a mi casa, exiges mi poder y aún ni siquiera te presentas, ¿y te atreves además a insultarme? – había un leve tono de superioridad en su voz, sabiendo de antemano que tenía la razón. El aludido apretó sus dientes con fuerza, incapaz de negar aquella acusación. Tras suyo y ya recuperada de la sorpresa anterior, Misty dio un suspiro profundo y caminó hasta colarse entre medio de Ash y Ritchie. Esta vez ninguno le negó el paso.

– Lo sentimos, deberíamos habernos presentado antes – ella se disculpó con una sonrisa suave, algo fuera de lugar en ese momento de clara tensión – Este chico de aquí es Ash, entrenador de fuego – el pelinegro permaneció con el entrecejo fruncido, aún sin fiarse completamente del nuevo muchacho – él es Ritchie, entrenador eléctrico – él lo saludó con un movimiento de cabeza y, a pesar de que su expresión era similar a su amigo moreno, parecía diplomáticamente más correcta. – y ella es Erika, entrenadora de las plantas –

– ¡Es de las flores! – reclamó tras suyo la niña con un puchero en los labios. A sus pies, Oddish le daba una sonrisa nerviosa.

– Y yo soy Misty – llevó su mano derecha hacia su pecho, tocando la cadena que portaba su gema en forma de lágrima y meciéndola suavemente por el movimiento.

– ¿Misty a secas? – Él frunció el entrecejo y sus ojos afilados la estudiaron con cierto hastío – ¿acaso son unos niños que se presentan sólo con sus nombre? – a pesar del tono plano en sus palabras y su rostro inexpresivo, Ash aún pudo notar cierta burla hacia la pelirroja. Sus manos que descansaban a los costados se empuñaron inmediatamente.

– Hey – Ash lo llamó con cierta gravedad en su voz, advirtiéndole silenciosamente. A su lado, Ritchie permanecía sereno con la mirada hacia la pelinaranja, recordando el peligro que había en que reconociera su apellido.

– Misty… –

– Williams – ella dijo finalmente con certeza, pero debilidad en sus palabras. Sus ojos lograron esconder el sentimiento de dolor y vergüenza propia que siempre la atacaba cuando negaba el apellido que le había otorgado su padre. – Misty Williams y yo soy la entrenadora de la luz, aunque asumo que ya lo sabes – él no respondió a sus palabras, pero la falta de sorpresa en su mirada le aseguraba que era así.

De improvisto el muchacho dejó la seguridad de su elevada columna de piedra e inició su caída hacia los viajeros. Antes de encontrarse con el suelo, se generó un pequeño remolino en sus piernas y descendió lentamente. Ninguno alcanzó a escuchar algún sonido, pero Misty logró divisar el movimiento de sus labios cuando conjuró el hechizo.

Acompañando su camino, el ave de magnífico tamaño se acercó a los entrenadores y pudieron observar finalmente sus características. De magnífico tamaño, era un ave cuyas plumas brillaban en tono chocolate en su lomo y crema en el resto. Su coronilla estaba adornada por gigantescas plumas que se mantenían espontáneamente hacia el dorso de su cabeza, de brillante tono dorado y carmesí, al igual que el plumaje de su pequeña cola.

Estaban tan atento al pokémon, que no notaron cuando el entrenador del viento se acercó a ellos y finalmente estuvo a su lado. Ash comprobó que compartían la misma altura, tal vez el chico nuevo era un poco más alto, y Ritchie se sintió superior al saber que era el quien tenía mayor estatura de todos los presentes.

– Mi nombre es Paul y soy el entrenador volador – y como si el mismo aire estuviera a su favor, una brisa no intencionada se coló entremedio de ellos y cubrió el tenso silencio. Los ojos de la líder blanca se oscurecieron.

– ¡Tú tampoco dijiste tu apellido! ¡Estúpido! – tras la pelirroja, un enfadado Ash gritaba con los ojos cerrados y Erika tocó su espalda buscando tranquilizarlo.

– Vamos Ash, cálmate.

Despreocupada de sus amigos, Misty observaba a Paul con seriedad y se preparaba para lo que intuía sería una confrontación. Los ojos de Paul no habían cambiado desde que habían llegado, inexpresivos pero particularmente interesados en la entrenadora de la luz.

– Por favor, danos tu poder – La pelinaranja dijo finalmente.

Él no respondió de inmediato. En contraste caminó hacia ella y cuando estuvo a su lado, la estudió con la mirada. Misty había mantenido su posición erguida, con la elegancia que se le había enseñado desde niña y preocupada en mantener una expresión neutra. Tras ella, el entrecejo del pelinegro se había fruncido y parecía levemente peligroso. Paul se acercó hacia ella y bajó su rostro para quedar a su altura, buscando intimidarla.

– ¿Por qué? – Él susurró – ¿Por qué eres mi líder? ¿Por qué debería obedecer a una muchachita como tú?

– Hey – la voz de Ritchie sonó tan oscura como era el brillo en sus azulados ojos – No te pases.

– Alto Ritch – Misty lo interrumpió, levantando la barbilla en un gesto mudo de confrontación – Continúa.

– Creo que entiendes mi punto – Paul se alejó de ella y recuperó su altura habitual – No sé quién eres, no tienes poder sobre mí – él inclinó su cabeza hacia un costado, los mechones grises acariciaron levemente sus hombros – Aunque no puedo negar mi curiosidad, realmente quiero ver el alcance de tu poder.

El entrecejo de Misty se frunció suavemente, sus ojos verdeazulados parecían entender a su supuesto camarada.

– ¿Qué es lo que quieres? – Ritchie se adelantó a preguntar, más no ganó la atención del entrenador volador.

– Enfréntate a mí, entrenadora de la luz – él sentenció con gravedad y de inmediato Ash sintió un tirón en su pecho. Estaba preocupado.

– Espera, ¡¿qué?! – no era asombro lo que teñía la voz del pelinegro, si no que una sutil furia – Eso no es justo, ¡esta pelea me pertenece a mí!

Ni Paul ni Misty parecieron reparar en él, se habían quedado sumergidos en la batalla silenciosa que realizaban con sus miradas. La pelinaranja se fijó en el tono frío de los ojos grises, que parecían calentarse suavemente cuando eran conscientes de una próxima pelea. Y allí ella lo supo, no podría detener más la situación.

– De acuerdo.

– ¿Misty? – exclamó con voz queda el caballero de Celeste.

– ¡Misty! – En oposición a ello, Ash se veía aún más molesto – ¡¿Qué estás haciendo?!

– ¡Pikachu pi! – en el hombro de su entrenador, Pikachu también se veía preocupado.

Frente a ella el chico había embozado una suave sonrisa en sus labios, la primera que veía en toda la conversación, y parecía complacido con lo que había logrado. Reinició su caminar hacia el pilar de madera que antes lo había sostenido.

– Bien, ya que fui yo quien solicitó el duelo, sería justo que tú eligieras las reglas – Sin esperar alguna confirmación, la pelinaranja lo siguió y con ella también los otros viajeros.

– Lo que decidas está bien para mí, mientras pueda elegir la recompensa – sin detenerse, Paul la miró por el rabillo de sus ojos afilados.

– Eso es negociable.

– ¡Misty! ¡Espera! – Ya incapaz de soportar la actual situación, el entrenador de fuego se decidió a intervenir y cogió el brazo de la ojiverde deteniendo sus movimientos – ¿Qué es lo que estás haciendo? – ella lo miró fijamente, sus pestañas largas meciéndose en gesto silencioso de ingenuidad.

– ¿De qué hablas?

– ¡Pika! ¡pika pi!

– ¡Ash tiene razón! – Ritchie exclamó con los dientes apretados – ¡Ésta es su pelea y no la tuya! ¡Te estás arriesgando inútilmente!

– Puede que sea peligroso… – intervino Erika con una expresión serena – Aunque seguro que puedes con él.

De inmediato Misty sonrió y abrazó fuertemente a la niña, feliz.

– ¡Gracias Eri!

– ¡Erika! ¡No la alientes! – Ash gritó molesto tras ellas, con las mejillas hinchadas como niño pequeño. Misty soltó finalmente a la peliazul.

– ¡Y ustedes! – Su voz, aunque femenina, había adquirido ese tono soberbio que nunca daba pie para alguna oposición, reflejo de la sangre real que corría por sus venas – ¡No se metan en esto! – pero como era habitual, Ash nunca se dejó intimidar por ello.

– ¡Pero ésta en mi pel-! – los ojos verdes se clavaron en los castaños del pelinegro.

– ¡Ha dejado de serlo hace mucho! – él calló ante su grito, pero permaneció con los dientes apretados – Escuchen… realmente estoy agradecida de no haber tenido que pelear con ustedes, mis compañeros de magia blanca. – la mirada de ambos chicos se suavizó – Bueno, con Ritchie y Sabrina

– ¡HEY! – Ash reclamó.

– Pero es mi deber como líder acércame a todos mis compañeros de magia blanca, así que si esta es la única forma de lograrlo, ¡lo haré!

Ante sus palabras, Ash sintió una suave descarga en su cuerpo que recorrió toda la extensión de su columna, hasta centrarse en su corazón. El golpeteo salvaje en su pecho se había combinado con la extraña sensación de orgullo que sentía hacia ella y hacia el magnífico brillo en sus determinados ojos. Tragó saliva, sintiéndose de pronto demasiado nervioso como para debatirle sus ideas.

– Misty… – Ritchie susurró con voz queda, su cuerpo sufriendo un efecto similar que el de su amigo; y a su lado, Erika sonreía suavemente hacia la pelinaranja.

– ¡Pika!

– ¡Chaa! ¡Pikachu pi! – rompiendo la emoción del momento, Pikachu y Sparky se lanzaron hacia los brazos de la entrenadora blanca. Ella los recibió con una alegre risa, tratando de luchar con la vergüenza al ser consciente de sus palabras. Pronto Oddish se había unido a ellos, acariciando con sus hojas las piernas desnudas de la chica.

– Muchas gracias – Misty les susurró con suavidad mientras se acomodaba para mimar a ambos pokémon eléctricos. Cuando ellos decidieron dejarla, volviendo a la posición habitual en los hombros respectivos de sus entrenadores, ella se inclinó y acarició suavemente la cabeza del pokémon planta. Cuando se irguió nuevamente la dulzura en sus ojos había sido reemplazada por la seriedad – Ahora, si me disculpan – caminó unos metros, separándose de sus amigos y dejó su mochila roja, su canasta de flechas y su arco en el suelo. Y ante la sorprendida mirada de todos, levantó su remera amarilla hasta retirarla de su cuerpo.

– ¡Gha! ¡¿Por qué te estás desnudando?! – Ash gritó alarmado, sus mejillas morenas adquiriendo un notorio tono rosa. Tras suyo, Ritchie observaba la escena con una expresión idiota y algo esperanzada.

– ¡¿De qué hablas?! – ella respondió indignada, su rostro también se habían enrojecido.

– Ash, exageras – Erika dijo con los ojos entrecerrados.

– Por mí no hay problema – Ritchie señaló ahora emocionado.

– ¡No me estoy desnudando! ¡Estúpido! – y a pesar de que la reacción había sido de todos, sus palabras iban directamente dirigidas hacia el pelinegro. Misty dejó la prenda en el suelo, conservando el collar con la gema en forma de gota y el resto de su ropaje. Bajo la ancha remera amarilla, la chica llevaba una blusa negra, escotada, de tirante y que delineaba perfectamente la figura que habitualmente escondía. En su parte posterior, dejaba desnuda un poco más de la mitad superior de su espalda.

Ya preparada para la batalla, la pelinaranja caminó hasta estar frente a la columna de piedra donde estaba Paul.

– Lévitation – él dijo con suavidad, formándose de inmediato un vórtice de viento que elevó a la chica hasta otro pilar. Ella saltó hacia el sitio con agilidad y gracia.

– Ahora, si gano, me quedaré con tu poder y tu lealtad – Misty habló con tranquilidad, más su voz segura daba indicios de sus sentimientos hacia la batalla. Una sonrisa suave se había dibujado en sus labios – ¿Qué es lo que quieres a cambio?

Paul la miró por algunos segundos, sus dientes se habían apretados en señal de molestia, y luego saltó algunas columnas para acercase a la entrenadora.

– A ti.

La ojiverde se sonrojó de golpe.

– ¿Qué? – susurró Ash con voz queda, sus ojos mostrando una clara perturbación. Pikachu miró al pelinegro, su entrecejo fruncido en señal de preocupación.

– ¡¿Qué dijiste, pervertido?! – Ritchie gritó molesto, su rostro se había contraído completamente por la furia.

– ¡Wow! ¡Qué romántico! – a su lado, Erika sonreía y parecía emocionada por lo que estaba sucediendo.

Omitiendo a los entrenadores idiotas, categoría que él les había otorgado en su cabeza, Paul siguió su conversación con Misty.

– Soy bastante simple, quiero lo que cualquier hombre querría – su explicación sólo aumento el carmín en las mejillas de la entrenadora de la luz. Recuperado de su asombro inicial, Ash decidió intervenir.

– ¡Pervertido! ¡Hay niños aquí! – a su lado, Ritchie ya había cubierto con sus manos los oídos de Erika, la misma que permanecía sonrosada por la cercanía del cuerpo masculino.

– ¡Sí! ¡Maldito pervertido! ¡No queremos detalles de tus fantasías con Misty!

El entrecejo de Paul se frunció y por fin pudieron notar una real emoción en su rostro inexpresivo. Incapaz de seguir ignorándolos, el peligris se volteó hacia los chicos.

– ¡YA CÁLLENSE IMBÉCILES! ¡No me refiero a eso!

– ¡¿Entonces a qué?!

– Sí, ¿a qué?

– Lo que más me importa son sólo dos cosas, entrenadora de la luz. El dinero y el poder – ante la recuperación de su seriedad, Misty perdió el color encendido de su rostro y la tensión creció en su pecho. Había algo en la profundidad de sus ojos grises que le causaba desconfianza – Si venzo, te quiero para mí.

Inconsciente del ambiente que envolvía a ambos rivales, Ash miró a Ritchie con los ojos entrecerrados.

– Es un completo pervertido.

– Sí, lo es.

El entrenador volador ignoró sus palabras, en cambio llevó sus manos hacia la parte interior de su chaqueta y de ella extrajo un montón de hojas gastadas. Las tiró hacia Misty y el viento se encargó de distribuirlas por todo el sitio, cayendo también en las manos de los otros viajeros.

La ojiverde tomó una entre sus manos y cuando lo vio, inmediatamente su rostro perdió su color y las pupilas se contrajeron. Su expresión era de absoluto pánico.

– No puede ser… – susurró ella con temor.

– Maldita sea – Ritchie también tenía un papel en sus manos y sus ojos ardieron en furia.

Ash alcanzó a ver el rostro de Misty con una vestimenta de sirvienta y el cabello suelto, y recordó de inmediato su aventura en el reino de Celeste. La cuantiosa suma de dinero que se ofrecía bajo su nombre verdadero había confirmado su sospecha. Estaban buscándola.

– Si te gano, me quedaré con tu cabeza – Paul dijo sin remordimiento – Princesa de Celeste.

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La luz natural había empezado aclarar los campos verdes de Hoenn y Drew no pudo evitar sorprenderse ante aquel hecho, especialmente porque ni siquiera lo había notado. Estimaba que habían pasado unas tres horas desde que habían salvado a la princesa, las que habían utilizado para recorrer la carretera principal de la región en una de las camionetas.

No se habían detenido ni siquiera para comer algo y las posiciones que habían adquirido no habían cambiado ni un poco. Él mismo seguía ocupando los asientos traseros de la camioneta principal, cuidando el sueño de la princesa que permanecía acostada a su lado y con su rostro apoyado en el ángulo de su cuello.

Como había sucedido desde que habían salido, el sueño de May pareció perturbarse de pronto y al gimoteo suave de sus labios, se habían unido unas pequeñas lágrimas que sus pestañas se negaban en soltar. El peliverde subió nuevamente su mano hacia la cabeza castaña y acarició lentamente el inicio de sus mechones chocolates, calmándola de inmediato. Una suave sonrisa se dibujó en el rostro masculino, el suave calor de la felicidad al tenerla cerca se quedó en su pecho.

– Es asqueroso – Comentó de pronto el chófer de la camioneta, mago que lo había ayudado en la jornada y del cual ni siquiera recordaba el nombre. Notó que sus ojos agatunados los observaba por el espejo retrovisor.

– ¿Disculpa? – la frialdad en el tono del príncipe no logró intimidarlo.

– Tú, eres asqueroso – aclaró con los ojos entrecerrados y cierto reproche – ¿Esa es la forma en que alguien mira a su hermana? Si Rudy estuviera aquí, hace mucho hubiera cancelado el trato contigo.

– No sé de qué hablas – Drew se obligó a mirar hacia el paisaje circundante, justo en ese momento pasaban por una avenida particularmente hermosa, cubierta por la sombra de enormes árboles que se consagran en ambas orillas. Negándose a soltarla, su cuerpo seguía cerca de May y sus caricias no cesaron – Deberías preocuparte en conducir.

– El príncipe tiene razón – ocupado el lugar del copiloto, la bruja rubia que había dejado inconsciente a la castaña, comentó con burla – Pero lo que John dice también es cierto. Rudy adora a Mary y no le gustaría saber que tienes una relación incestuosa.

– No tengo ganas de escuchar sus estupideces, así que por favor sólo guarden silencio – La voz del ojiverde ahora era un témpano de hielo, que contrastaba con el suave reflejo de tristeza en sus pupilas.

– Sólo es una opinión – refutó la rubia con gesto ofendido y molesto. Si Drew estuviera más consciente de su alrededor, hubiera notado la pizca de celos en sus palabras.

– Nadie la pidió, estoy pagando por su ayuda, así que limítense en hacer lo que les ordeno – la crueldad en sus palabras dejo en silencio a ambos magos, sin poder refutarle. La mujer rubia se apoyó su codo en la ventana abierta y su rostro en su mano. Los mechones en su frente se mecieron ante la velocidad, resaltando la tristeza de sus ojos.

Despreocupado por los pensamientos de sus acompañantes, Drew volteó su mirada hacia la castaña y dibujó por enésima vez los rasgos finos de su rostro. Agradeció la oportunidad que su inconsciencia le ofrecía para deleitarse con su suave belleza y, sin poder oponerse, llegó a su mente el inocente rostro de May cuando la conoció por primera vez.

Drew estaba emocionado. Luego de largas discusiones con su padre, conversaciones con su madre y severos entrenamientos de esgrima; finalmente se le había otorgado la oportunidad de viajar hacia el este de la región. Nunca supo por qué el rechazo de su padre hacia aquel lugar, pero ese debía ser la razón de la excesiva escolta que lo acompañaba. Eso y el hecho de que apenas había cumplido 4 años hace unos días.

Recordaba bien los latidos rápidos en su pecho cuando los grandes ventanales del tren le mostraban los verdes campos del reino. Según lo investigado eran los mejores parajes para la equitación y sabía que a Roselia, su yegua, le encantarían.

¡Madre! ¡¿Lo ves, madre?! – A su lado y contemplando el paisaje, la reina se limitó a sonreír y a acariciar los verdes cabellos de su hijo. La alegría en sus ojos infantiles sería lo que más disfrutaría de esa travesía – ¿Crees que ha Max también le guste? – Caroline recordó a su hijo menor, que había preferido dejar en el castillo por sus escasos dos años.

Claro que sí.

¡Entonces debe venir con nosotros la próxima vez! – exclamó el niño, animado, y conmovida por sus palabras, la mujer no pudo evitar abrazarlo con fuerza. El sonoro beso que le dio en la frente causó la risa en la mayoría de los guardianes que estaban en aquella cabina. – ¡Mamá! ¡No hagas eso! – le reclamó con el rostro teñido a carmín – ¡Me avergüenzas! – él se resistió a su abrazo y la mujer lo dejó ir con una suave sonrisa, prometiéndose a sí misma molestarle luego. Después de todo ella era una madre cariñosa.

Cuando llegaron a la estación de trenes, en aquella ciudad que no recordaba el nombre, Drew se sorprendió al notar que ya había autos con vidrios polarizados para su transporte, que los guiaron inmediatamente a las lujosas cabañas pertenecientes a la familia real. Había algo en la mirada de los escoltas que lo molestaba, más la sonrisa relajada de su madre prontamente le hizo olvidar sus sospechas. Por lo mismo, apenas había llegado a la mansión principal, había dejado su equipaje en el cuarto que le correspondía y corrió hacia los establos. El relincho emocionado de Roselia le aseguró su presencia y lo feliz que estaba de verlo. Acarició su cabeza con suavidad cuando la tuvo a su lado.

¿Piensa salir, joven príncipe? – preguntó uno de sus escoltas. Él asintió con una sonrisa emocionada – Espere que avise a la reina, recuerde que por órdenes del rey debe mantenerse cerca de su madre y nosotros debemos seguirlos a ambos.

No es necesario – señaló mientras el adulto lo ayudaba a montar, el color café de la silla se infiltraba en el similar tono del pelaje – Sólo pasearé por los alrededores.

¡Espere por favor! Iré en búsqueda de la reina – el joven súbdito se apresuró en salir y dejó al niño en completa soledad. De inmediato una sonrisa se dibujó en el rostro infantil y, pateando suavemente en los costados del caballo, Drew inició su carrera.

Había tenido suerte, habían salido temprano en la mañana y por eso podía disfrutar ahora del cálido sol de mediodía que acompañaba su travesía. Se sintió maravillado por el color verde intenso y por lo rojizo de unas flores que crecían salvajes cerca de ellos. Cuando se acercó para contemplarlos, notando finalmente que se trataban de rosas, comprobó que ya no podía identificar algún lugar de la mansión. Una expresión nerviosa llegó a su rostro, se había alejado más de lo esperado y seguramente su madre lo castigaría.

De improvisto, la exclamación de Roselia llamó su atención y le causó una sutil ansiedad. Ella parecía preocupada.

¿Qué pasa Roselia? – le preguntó mientras se inclinaba para acariciar su cuello. La yegua cambió la dirección de su cuerpo y cuando tuvo la visión hacia el frente, el príncipe descubrió unas columnas oscilantes y grisáceas en el cielo. Antes que pudiera pensarlo y guiado por su claro sentido de deber, el joven príncipe reinició su camino hacia el posible foco de fuego. Mientras se acercaba aumentaba el sonido de varios gritos de personas, así como carros policiales y sonidos de disparos. Lo que descubrió era algo que nunca podría olvidar.

Entrando de pronto a una de las zonas marginales de la ciudad, frente a los ojos infantiles se dibujaba una situación llena de desorden y desesperación. Había varios focos de fuego provenientes de las humildes casas cercanas, personas de ropaje simple que corrían a través de las calles y fuerzas policiales del reino imponiéndose a la fuerza sobre éstas. De pronto la bocina de una camioneta llegó a su lado, asustó a Roselia y ésta, al levantar sus patas delanteras, provocó la caída del joven príncipe. Sin tiempo para calmarla, la yegua corrió despavorida hasta adentrarse por la entrada que el bosque les había facilitado y dejando a Drew desprotegido. El niño observó con asombro como el mismo auto se acercaba a él, sin señal alguna de que disminuiría su velocidad, y se paralizó al momento.

¡Hey! ¡Corre! – de improvisto y sacándolo de su actual estado, una mano pequeña tomó su muñeca y lo obligó a correr. Aún congelado y preocupado por aquel auto que nunca se detuvo, el peliverde se dejó guiar sin oponer resistencia. Se dio cuenta tardíamente que no era la única y que todas las camionetas perseguían a las personas que corrían a su alrededor.

¿Qué pasa? – preguntó en voz alta, más para sí que para quien lo había salvado, más fue escuchado.

Son antimagos – respondió una voz extrañamente dulce y en ese instante, Drew notó que una niña lo había salvado. A pesar de toda la situación que lo rodeaba y lo importante que era ese momento estudiar los alrededores, el joven príncipe no pudo evitar sentir curiosidad hacia su salvadora. Era pequeña, probablemente tenía su edad, y su cabello era corto con un tono chocolate. Por el ropaje que llevaba así como el aroma que la acompañaba, él estaba seguro que era una niña que pertenecía a la calle.

Su análisis fue interrumpido cuando apareció un segundo auto, justo frente a ellos, y los obligó a cambiar de dirección. La muchacha lo guio hacia la derecha, justo a la entrada de un callejón pequeño, que no permitía el paso de la camioneta. Sabiendo que podía contar con ella, Drew soltó su mano y se esforzó en seguir su ritmo.

Llegaron de pronto a una ventana que se encontraba en el sótano de una casa, abierta y que prometía una buena vía de escape.

Entraron de inmediato a ella y fueron recibidos por la oscuridad, en una sala sólo iluminada por las luces que provenían desde el callejón y que daba cierta seguridad al disminuir el ruido caótico que había en las calles. Se permitieron descansar en el suelo ante el pequeño recreo.

¿Quién eres? – le preguntó la niña con una sonrisa y el ojiverde no pudo evitar sentirse sorprendido. No era porque ella no conociera de él, el primogénito esperado del rey, si no porque podía sonreír brillantemente a pesar de la situación violenta que estaban viviendo. Él notó finalmente los rasgos de su rostro que, a pesar de estar sucio y lleno de heridas, aún eran hermosamente finos y hacían destacar el tono intenso y azulado de sus ojos. Se preguntó por un momento si se verían más claros con la luz directa del sol – ¿estás bien? – inquirió cuando se demoró en responder, inclinando su cabeza hacia un costado y pareciendo realmente preocupada.

¿Quién eres tú? – avergonzado, Drew omitió su inquietud y se obligó a ganar la autoridad en la conversación. Ella lo observó con curiosidad y sin atisbo de molestia.

Soy May – se presentó con una sonrisa que ocupó casi todo su rostro, increíblemente feliz. En serio, ¿qué pasaba con esta niña?.

Soy Drew – él respondió con seriedad, mientras asentía con la cabeza. Presentía que decir su nombre era innecesario, así como lucir el título que lo acompañaba.

Bien Drew, no te preocupes. Mientras lleguemos con la abuela, estaremos bien – La castaña aseguró con ánimo, tanta que era contagiosa. – ¿Ya estás listo?

Él la miró como si fuera un tipo de idiota. No sabía quién era ella, no sabía con exactitud donde estaba, no sabía porque había un desastre afuera y menos sabía porque unos oficiales intentaban hacerle daño, ¡¿y ella le preguntaba si estaba bien?!.

Ajena a sus pensamientos e inconsciente de la molestia reflejada en el rostro del príncipe, May se subió a unos cajones y estudió la calle cercana. Era tan pequeña que, a pesar de haber escalado tres cajas, aún debía pararse en puntillas de pies.

¡Es nuestra oportunidad! – ella bajó para tomar su mano y él nuevamente se dejó guiar – ¡Ahora! – Antes si quiera que pudiera replicar, la niña lo había empujado hacia la calle y había iniciado una carrera alocada hacia algún lugar desconocido. Luchando contra el pavor que era muy difícil de manejar en su pequeño cuerpo, Drew ocupó toda su fuerza para estar cerca de la castaña y omitir los sonidos de bocinas que ahora relacionaba con el temor. Pero su tortura duró pocos minutos, porque casi inmediatamente; aunque él siempre lo recordaría como una carrera eterna; había aparecido frente a él un grupo de magos. May lo empujó de inmediato hacia ellos.

¡May! – escuchó que un hombre llamaba a la niña, de cabello rubio y vestimenta humilde. Habían muy pocos rasgos en común para pensar en él como su padre – ¿Qué estás haciendo aquí?

¡Las rosas están muy cerca! ¡Vine a protegerlas! – Drew notó de pronto el brillo en la mano de los hombres y mujeres, todos tenían unos círculos en las manos o en los brazos; y parecían cuidarse las espaldas mutuamente. Notó finalmente que entre todos, unas treinta personas, habían creado un campo de protección que era suficiente para cubrirlos a todos y que en el grupo, eran los únicos niños.

¡¿Eres idiota?! – la regañó el hombre – ¡El campamento es el único lugar seguro! ¡¿cómo puedes escaparte por unas flores estúpidas?! – Los ojos de la niña se llenaron de lágrimas, pero aun así el peliverde no pudo sentir compasión hacia ella. Si alcanzaba a entender la situación, ella había dejado su lugar seguro y se había expuesto a todo el caos, por unas simples rosas. Realmente era muy estúpida o ella no entendía lo que era el peligro.

¡Pero las plantamos con mi abuelita! ¡Son importantes para mí!

¡Tu vida es más importante!

May – la voz de una mujer interrumpió la pelea. Era serena y de alguna forma tranquilizadora en aquella situación – Por ahora debes salir de aquí, llévate a tu amigo al refugio si es necesario.

¡Bien! – la castaña respondió con una sonrisa, nuevamente perturbándolo, pero sin generar cambio alguno en quienes los rodeaban. Supuso que así debía ser su forma de ser. – ¡Vamos Drew! – y antes de poder impedirlo, la castaña tomó su muñeca y lo obligó a correr. Quería decirle que él podía hacerlo solo, pero no tenía mucho sentido discutir si ni siquiera sabía a donde lo llevaría. Se dispuso a correr.

Esta vez la carrera fue más larga, pero se sentía más seguro ahora que los magos habían extendido parte de su poder a ellos y un campo de protección los rodeaba. Para su sorpresa y a pesar de transitar por calles enormes, no alcanzó a divisar ningún oficial ni patrulla que prometieran peligro. Se preguntó si tal vez la castaña despreocupada tenía buena suerte.

¡Drew! – En serio, que era innecesario que ella siempre dijera su nombre – ¡Ya llegamos! – el príncipe notó que finalmente habían salido de la ciudad y habían llegado a un sitio eriazo, rodeado de césped y en cuyo centro se habían instalado variadas carpas de tela. Los colores le daban una tonalidad alegre, a pesar del rostro preocupado de los habitantes que se paseaban por entre medio. Notó rápidamente las cocinillas a gas que se distribuían entre el suelo, reflejo de que la hora de almuerzo se encontraba cerca – ¡Abuela! ¡Ya llegué! – gritó alegremente, para luego ser callada por un zapato de levantar que había volado de la nada y había impactado directamente con su frente. Si no fuera por la gravedad de la situación, Drew se hubiera reído.

¡May! ¡Niña tonta! – de adentro de una de las carpas, una especialmente grande y de tonalidad carmín, apareció la figura robusta de una anciana. Tenía el cabello blanquecino, con mechones grisáceos entre medio; ojos oscuros y las mejillas enrojecidas por las largas jornadas bajo el sol. A pesar de su aspecto imponente, proyectaba una sutil ternura. – ¡¿Por qué bajaste a la ciudad?! ¡podrías haber muerto!

La desesperación en la voz de la mujer le hizo entender a Drew que no jugaba y también de lo complicada de la situación. Llevó sus ojos verdes al camino recorrido y notó sobre el azul del cielo, que nuevos focos de incendio empezaban a formarse.

¿Qué está sucediendo? – por fin se aventuró a preguntar, con un tono soberbio de quien está acostumbrado a que cumplan sus caprichos. Los ojos oscuros de la anciana repararon en él y de inmediato sus pupilas se contrajeron. Drew estaba seguro que la abuela lo había reconocido.

¡Hey, May! – un hombre de unos 50 años, bronceado y con una animada sonrisa, interrumpió la conversación. Llevaba un delantal de cocina y las mangas de su camisa estaban levantadas – ¡Por fin llegas, te estábamos esperando para almorzar! ¡¿abuela, usted tambi–! – el brillo animado de sus ojos y la alegre sonrisa se borraron inmediatamente, al ser consciente del niño que la acompañaba. Su vestimenta elegante así como la curiosa tonalidad de su cabello lo hacían resaltar inevitablemente – Ese cabello verde... ¡Eres el príncipe!

¿Eh? – la pequeña castaña pestañeó – ¡¿Eeeeeeh?! ¡¿Príncipe?! – la reacción emocionada de la niña le aseguraba que sus teorías eran correctas. Ella no lo conocía.

¡May, ¿por qué lo has traído hasta aquí?! ¡¿Qué pasa contigo?! – el aura que rodeaba al hombre cambió rápidamente, hasta volverse furioso y hostil. May se limitó a verlo con cierta duda en sus ojos.

¿Por qué? ¿es algo malo?

Basta, estas asustando al niño – la abuela logró callarlo con simpleza, demostrando su poder. Ella probablemente era la líder de aquel lugar – Tal vez esto sea una bendición, nos han dado una oportunidad para hablar directamente con los reyes –

¿Ha perdido la cabeza? – el hombre estaba realmente perturbado, lo suficiente como para tratar a la anciana con aspereza. Sin embargo, ella permaneció imperturbable a sus palabras.

May llévalo a curar sus heridas – ordenó con tranquilidad y la niña le sonrió en respuesta.

¡Sí! –

Sin esperar su propia respuesta, la feliz castaña tomó la mano del príncipe y lo guio al interior de la carpa carmín. Adentro de ella, Drew pudo descubrir la pobreza en la que vivían cuando notó varias alfombras en el suelo que servían de asientos. May lo acomodo en ellos y salió a otra carpa cercana en búsqueda de implementó para curarlo. En ese momento fue cuando Drew fue consciente de sus propias heridas causadas en la caída de Roselia.

La reina está visitando esta región y seguro que ahora está a buscando a su hijo – El príncipe logró escuchar la continuación de la conversación con facilidad, ayudado por las delgadas paredes de género que conformaba el lugar. Interesado en lo que hablaban, se obligó a agudizar su audición – Vendrá a nosotros en cualquier momento.

¿Y planea dejarlo aquí hasta su encuentro? ¡Él no es un normal cualquiera! ¡Es el príncipe, maldita sea! – El corazón del niño dio un vuelco por el pánico. Él pudo reconocer el tono bajo sus palabras, que eran sólo de odio – ¡Tiene la sangre de ese maldito bastardo! ¡Hasta yo me estoy conteniendo para no ir y romperle el cuello!

Las manos del peliverde se empuñaron a sus costados. A pesar de las emociones que ahora lo atacaban, el temor tentándolo en escapar de aquel sitio, una pequeña curiosidad lo obligó a permanecer. No podía entender por qué ese hombre hablaba tan mal de su padre y por qué había tanto repudio en el tono de su voz.

No puedes odiar eternamente al rey ni a los normales, ese odio te llevará a un punto sin retorno donde un enfrentamiento entre normales y magos nos matará a todos.

El cuerpo de Drew se tensó y recordó vagamente las conversaciones con su padre sobre los magos y el daño que le hacían al mundo con su presencia, en especial por las distintas guerras que habían iniciado entre clanes y habían afectado a tantos normales. Aquel lugar no era seguro.

Interrumpiendo sus pensamientos, alguien cogió una de sus manos y el calor que lo acompañó lo distrajo de las oscuras emociones. Fue recibido por May, que le sonreía hermosa y brillantemente.

Descuida, abuela te protegerá – ella le aseguró con seguridad, mientras empezaba a tratar las heridas de sus manos. Él se quedó observándola por un momento, hechizado por el tacto amable de sus dedos en los suyos, demasiado afectuosos para alguien que ni siquiera conocía.

De pronto ella elevó su mirada y lo pilló en medio de su estudio. Las mejillas del niño se colorearon en segundos.

M–muchas gracias – ella sonrió alegremente y ahora brillaba aún más.

No recordaba muy bien lo que sucedió después, pero tenía memorias borrosas de él almorzando junto a la niña y resguardado en las telas multicolores que cubrían el suelo. Él usualmente era un niño que disfrutaba del campo libre, de la equitación y las prácticas de esgrima; por lo mismo no esperaba permanecer tranquilo tanto tiempo sin salir a recorrer los alrededores. No tenía memorias, pero estaba seguro que la compañía de May lo había encantado en más de un manera y por ello había postergado su escape de ese lugar.

El resto del día seguiría borroso en sus memorias, volviéndose claro horas más tardes. Justo en la madrugada y en el momento en que inició su inconsciente amor por May.

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– Debe ser una broma – Finalmente Ash había entendido la actual situación y de inmediato la emoción del repudio llegó a su corazón – ¡Tú, imbécil! ¡¿CÓMO TE ATREVES A ENTREGAR A MISTY?! ¡SI LO HACES, ELLA MORIRÁ! – el odio en sus ojos era tangible, al igual que el fuego que empezaba a crearse bajo sus pies.

Obligándose a permanecer en calma, Ritchie tomó el hombro de Ash intentando tranquilizarlo y luchó con el ardor repentino en su mano izquierda. Estaba seguro que lo había quemado.

– Escucha Paul – inició el entrenador eléctrico, avanzando algunos pasos para tener su atención. A su lado, Erika recogió uno de los volantes y notó que sólo buscaban a Misty con vida – Puede ser que no salga estipulado, pero definitivamente si encuentran a Misty, será entregada a la reina y acabarán con su vida en Celeste – sus ojos azules se habían endurecido, reflejando en ellos la complicada situación. No sólo por el entrenador volador, si no por todos los cazarrecompensa que irían tras la pelirroja.

– No me interesa – no había atisbo de duda ni de clemencia en la voz de Paul y Ash entendió finalmente con quien se enfrentaban. A diferencia de Gary, cuyos ojos solían oscilar entre la determinación y la duda, y que se hacían más cálidos cuando estaba alrededor de Misty; los del peligris se mantenían sin cambios y completamente fríos hacia la chica.

Y supo por qué la pelirroja había actuado de esa forma, la única opción para ganar la confianza de ese chico era en su propio juego.

– Deberías preocuparte, ella es tu líder – inconsciente de los pensamientos del pelinegro, Ritchie mantenía la esperanza de mover alguna fibra sensible en el corazón de Paul.

– No me importan esas leyendas estúpidas.

– Ritchie, tranquilo – con una sola palabra, Misty logró silenciar al caballero de Celeste. Observó al peligris con seriedad – Está bien, estoy de acuerdo con lo que pides.

Bajo sus pies, Ritchie y Ash luchaban contra la sensación de incertidumbre que inundaba de pesimismo a su corazón. A diferencia de ellos, Erika se convencía a si misma sobre la fuerza de Misty para mantener su confianza en su amiga. Ella lo había visto mientras trabajaban juntas buscando a May, lo había sentido en su propia piel y en sus propias venas. La magia de la entrenadora de la luz era muy superior, inclusive suficiente para compararse con Gary.

– Tengan fe – ella aseveró con firmeza, sus ojos almendrados endurecidos por la determinación – Misty ganará.

Tanto entrenadores como sus pokémon acompañantes la miraron con asombro y, para sorpresa de todos, la mueca segura de la niña logró calmar a sus almas inquietas. Con una sonrisa gigante, Ash llevo su brazo hacia los hombros de la chica y la abrazó de forma fraternal.

– ¡Eres increíble, Eri! – la aludida rio, avergonzada. Tras suyo, Ritchie la observaba con una pequeña sonrisa que ella no pudo ver.

– Antes que empecemos, necesito pedirte un favor – dijo Misty reiniciando la conversación, antes estaba demasiado absorta en sus amigos – Por favor, sube nuevamente a Erika fuera del cañón.

– ¿Eh? – la peliazul la miró con sorpresa, no esperaba aquella petición. De inmediato sus ojos almendrados reflejaron dolor – ¿Por qué? – susurró para sí misma. Intentando explicarle sus pensamientos, Misty levantó una de sus manos y le mostró su palma. Estaba dándole tiempo para tratar sus heridas – P-pero...

Siendo testigo de la interacción entre ambas entrenadoras, no faltó demasiado para que Ritchie entendiera el mensaje y fuera arrastrado por la curiosidad.

– ¡Kya! – Erika se quejó de pronto, cuando el ojiazul tomó su mano izquierda con brusquedad e inició el estudio de ella. La niña debió cambiar su posición para que no le hiciera daño, intentando ignorar la sensación punzante y dolorosa de sus palmas.

– Son quemaduras – aseguró con seriedad. Atraído hacia la conversación, Ash vio las lesiones y su entrecejo se frunció por la preocupación.

– Eri, ¿Cómo pasó?

Nerviosa por la situación, la peliazul retiró sus manos del tacto de Ritchie y sonrió.

– ¡No es nada! Fue con agua caliente, hoy en el desayuno – ella explicó apresuradamente y la mirada del entrenador eléctrico se oscureció. Él sabía que mentía.

– Deberías tener más cuidado – sin embargo y sin ser una sorpresa para el ojiazul, Ash había creído completamente su historia y ahora la regañaba suavemente. Erika se limitaba a sonreír, prometiendo cuidarse.

Ritchie observó la situación con una expresión neutra e, incapaz ya de omitir a su consciencia, suspiró con resignación. Se acercó a la peliazul y estaba vez tomó sus manos con delicadeza.

Ella lo observó con sorpresa. El dolor de sus palmas fue rápidamente olvidado, cuando uno mucho más fuerte se ubicó en su pecho.

– ¿Rit-Ritchie? – él no la miró, sus suaves ojos azules estaban ocupados estudiando las heridas. – ¿Q-qué haces?

– Neutralisierung der nerven – él susurró y pequeñas chispas nacieron desde sus manos, propagándose a las propias de Erika. Una dolorosa corriente eléctrica las cruzó a la misma vez, generando un cosquilleo que subió hasta quedarse en sus codos y desaparecer el lentamente. La niña mordió sus labios en el intento de callar un gemido, había sido bastante doloroso.

– ¿Qué hiciste? – Ash preguntó con curiosidad. A su lado, Pikachu, Sparky y Oddish también observaban con intensidad.

– ¿Estás mejor? – el ojiazul inquirió mientras la soltaba – La electricidad trata del manejo de cargas positivas y negativas, igual como sucede con los impulsos nerviosos del cuerpo – Erika llevó su mirada a sus manos, notando que ya no sentía dolor. Estaban completamente adormecidas – He bloqueado tus nervios por algunas horas, debería ayudarte.

Ante el significado de sus acciones, Erika no pudo evitar el golpeteo emocionado que nació en su pecho y rápidamente sus mejillas se tiñeron a carmín. Se obligó a luchar contra el temor repentino que la atacó y subió lentamente su mirada achocolatada hacia el entrenador eléctrico. Se encontró con sus ojos azulados, hermosamente brillantes en ese día de verano, pero carentes de cualquier emoción.

– ¡M-muchas grac-! – ella inició con una voz suave, agradecida. De inmediato la expresión del castaño se endureció y se apresuró a interrumpir.

– Ahora ándate, estás molestando a Misty –

El dolor en el rostro de Erika era tan tangible, que enseguida decidió esconderlo del entrenador. Se limitó a asentir, mientras pasaba por su costado y tomaba entre sus brazos a su pokémon azulado. Y a pesar de lo distraído que él solía ser, Ash notó fácilmente el brillo de inminentes lágrimas en los ojos de la niña.

– Deja de hacer eso – ordenó con frialdad cuando la entrenadora de las plantas estaba lo suficientemente lejos – No puedes comportarte de forma amable y luego como un idiota, le haces daño.

Ritchie guardó silencio mientras estudiaba el césped que los rodeaba y llevaba sus manos a los bolsillos de su jeans.

– No es algo que te incumba – el chico respondió con seriedad, pero había un sutil temblor en su voz que reflejaba arrepentimiento. El entrecejo de Ash se frunció en respuesta, intentando entender el motivo de la forma de actuar de su amigo; pero antes de que pudiera preguntarle, la voz de la pelirroja interrumpió sus palabras.

– Eri, ¡Ven aquí! – Gritó Misty con una sonrisa animada, intentando distraer a la pequeña peliazul. Se había acomodado en el pilar, de forma tal que todo su cuerpo estaba sostenido por sus piernas, en una posición similar a la que usualmente utilizaba Sabrina – ¡Eri! – volvió a exclamar cuando la niña no notó su llamado. De inmediato los ojos avellana de Erika la buscaron y le sonrió suavemente. El entrecejo de la pelirroja se frunció con tristeza, preferiría mil veces verla mostrando su dolor que tener que obligarla a sonreír tan falsamente.

– Mist – Erika le contestó y la ojiverde guio su atención hacia el peligris.

– Por favor, súbela – como era esperado, Paul la observó con una expresión neutra pero con una mirada que indicaba únicamente molestia. Él bufó suavemente.

– No soy tu empleado para hacer todo lo que me ordenes.

La entrenadora de la luz entrecerró sus ojos. Bien, si él quería jugar, eso es lo que ella haría.

Se levantó con una increíble rapidez, considerando la escasa superficie de apoyo que permitía su movimiento, y demostró con ello un envidiable equilibrio. Cuando ya estuvo repuesta, llevó sus manos empuñadas hacia su cintura y levantó suavemente su barbilla.

– ¡Hey! ¿Quieres que empecemos luego, no es verdad? Entonces sube a Erika y podremos hacerlo.

Era una clara manipulación, que él no pudo evitar mirarla con real odio. Aun así movió su mano en dirección a Erika, que esperaba pacientemente en la base de los distintos pilares; susurró un hechizo y de inmediato un vórtice de viento fue creado en las piernas de la niña. Ante el movimiento de brisas violentas que la rodeaban, Erika llevó sus manos hacia su falda y la obligó a permanecer en una posición adecuada. Oddish que antes era cargado por sus brazos, se movió rápidamente a uno de sus hombros.

– Maldita mujer – Misty escuchó susurrar a Paul con los dientes apretados, estuvo tentada en reír. A su lado, el gigantesco pokémon ave la miraba con notoria sorpresa.

– Mist – más rápido de lo que había teorizado, la niña se encontró frente a ella, suspendida por el fuerte viento. Sus ojos castaños aún estaban brillantes, pero las ráfagas se habían encargado de secar la mayor parte de las lágrimas y la niña parecía más repuesta.

La sonrisa en la boca de Misty se suavizó, Erika realmente era una mujer fuerte.

– Ve a la ciudad – la pelirroja indicó, logrando una expresión de sorpresa en la niña. Ella pestañeó un par de veces, confundida.

– ¿Qué? – susurró con voz queda, sorprendida ante la insistencia de la pelirroja cuando ya habían descubierto sus quemaduras y podría curarse frente a ambos chicos – ¿Por qué? – el ceño de la ojiverde se frunció con tristeza y culpabilidad. Realmente no quería que su amiga la viera pelear, no ahora cuando estaba segura que Paul no tendría piedad con ella.

Tratando de leer los pensamientos de Erika, Misty se obligó a ser sincera.

– No quiero que veas mi pelea – una sutil oscuridad cubrió los irises almendrados de Erika, reflejando su dolor y la pelinaranja supo que la había malentendido.

– ¡¿Por qué?! ¿Es porque aún soy una niña? ¡¿Es porque aún soy débil para ver una batalla?! – su grito fue como una explosión repentina, señal directa de su propia inseguridad. Ella no era fuerte, ella no era digna para sus amigos, ella no era digna ni siquiera para sus padres.

Perturbada por sus exclamaciones, Misty se quedó en silencio un momento. En su cabeza se creó rápidamente una teoría sobre la niña, probablemente aquello que expresaba eran sus pensamientos recurrentes y ahora habían resurgido como un geiser.

Bajo ambas chicas y observando atentamente la conversación, Ash y Ritchie intentaban entender los sentimientos del miembro más joven del equipo. El entrenador eléctrico, conocedor del pasado de la niña más que cualquiera de los presentes, cerró los ojos con cierta solemnidad.

– ¡No es eso! – Misty exclamó con preocupación.

– ¡¿Entonces qué?! – a pesar del control que tenía de su expresión, la pelinaranja pudo notar la agonía en sus palabras. Respiró profundamente.

– Eri, no es lo que crees – los ojos verdes estudiaron el colorido tono de sus zapatillas, negándose a mirarla mientras sus mejillas se coloreaban a carmín – Tú sabes, yo nunca he tenido una hermana menor y, bueno… luego de tantos días de viaje... bueno, yo... – la voz de Misty murió lentamente y en contraparte, el color en su rostro se intensificó aún más.

– ¿Me ves como tu hermana pequeña? – la peliazul completó con un susurro. Y cuando Misty asintió, sus labios se curvaron lentamente hasta formar una radiante sonrisa.

– Por eso es que no quiero que mires – la pelinaranja por fin se atrevió a verla – Así que... por favor...

– pero, ¿y ellos? – la niña se refería al resto de entrenadores.

– Ash probablemente se niegue y Ritchie me ha visto en peores condiciones.

Mirando la situación, Ash había permanecido con un rostro en blanco que rápidamente se convirtió en extrañeza.

– ¿Qué es lo que está pasando allá? – claramente consternado, el pelinegro casi podía ver flores salir de entre la conversación de las chicas.

– Chaa...

– No tengo idea – Contestó Ritchie, igual de perdido que él. Despreocupada de ellos, la ojiverde siguió su conversación.

– ¿Por favor?

Erika vio el brillo preocupado en los ojos verdeazulados y empezó a entenderlo. A pesar de que ella no tenía hermanos y sólo había tenido una amiga, sentía que su relación de amistad con Misty había llegado a una profundidad que no se podía comparar con el habitual sentimientos de amistad y que estaba segura, le hubiera gustado compartir con una hermana.

Por eso podía entenderlo, aunque fuera necesario para su propio entrenamiento, ella no quería ver a Misty sufrir y la pelirroja tampoco quería que ella la viera. Erika cerró sus ojos para luego abrirlos con decisión. Si Misty estaría más tranquila en la batalla, entonces ella estaba dispuesta a ceder a su petición.

– Está bien – respondió finalmente con una sonrisa, vencida, y de inmediato la ojiverde le ofreció una similar. Si no fuera porque estaban separadas por varios metros y Erika aún levitaba en el aire, Misty la hubiera abrazado.

– ¡Muchas gracias, Eri!

– Ustedes, ¿ya terminaron? – con una mirada entre cerrada en su rostro inexpresivo, Paul interrumpió el momento.

– ¡Cállate! – le gritó la pelinaranja con molestia. Erika lo observaba con la misma expresión.

– ¡Lee el ambiente!

Paul cruzó sus brazos y bufó en respuesta. A su lado, la gigantesca ave seguía mirando a la entrenadora de la luz con sorpresa. Al parecer era la segunda persona que trataba así a su entrenador y la primera que lograba hacerlo ceder. El chico de cabello negro que estaba bajo sus pies había sido el primero.

Misty estiró su mano derecha y en respuesta, Erika la recibió con la izquierda. El cosquilleo suave al que se ya había acostumbrado, le aseguraba que la entrenadora de la luz estaba ocupando su poder en ella.

– Trata de no asustarte, ¿de acuerdo? Terminará pronto.

– ¿Qué es? – más curiosa que temerosa, la niña observaba interesada el resplandor blanquecino en la unión de sus manos.

– La luz tiene muchas posibilidades, en especial cuando se trata de velocidad – la usual mirada verdeazulada, resplandecía ahora en un intenso tono verde esmeralda, señal del uso de su magia – Generalmente no puedo hacer esto, a menos que conozca el lugar y este cerca – Misty sonrió – Te teletransportaré a Bahía Gresca.

Los iris chocolate de Erika oscilaban por la emoción.

– ¡Wow! ¡Genial!

– Ten cuidado, ¿Si? y trata de no involucrarte con los magos y los normales – la niña recordó la escena que habían presenciado en la mañana. Asintió con seriedad.

– Será muy difícil que pasee por la ciudad y lo disfrute, mientras sé que lo que está pasando con esas personas – el tono en la voz de Erika no era de reproche, solo de sincera preocupación.

– Lo sé – y a pesar de lo doloroso que podía ser, Misty se alegraba al saber que el corazón de la niña era generoso. – Probablemente estén acostumbrado al pokemon volador, así que Oddish debería estar bien sin un disfraz – la peliazul asintió, comprendiendo – Bien, nos veremos pronto – aquello era una promesa.

Misty cerró sus ojos como reflejo de su concentración y la luz que cubría la mano de Erika se propagó completamente a su cuerpo. Esta vez todo su ropaje y cabello azulado eran mecidos por una suave y cálida brisa.

– Speed of light, ¡teletranportation! – la luz que rodeaba a la niña aumento en intensidad y un segundo después su figura había desaparecido, dejando tras ella un rastro de luciérnagas de luz.

– ¿Qué ha pasado con Eri? – Ash gritó con interés. A su lado Pikachu parecía emocionado por el hechizo que habían presenciado.

– La teletransporté a la ciudad, nos encontraremos con ella cuando termine – Misty endureció su mirada al mismo momento que un fuerte viento mecía la cola de su cabello. Cambió la posición de su cuerpo para mirar directamente a Paul – Dime tus condiciones entrenador volador, ¿cuáles son tus reglas?

Imperturbable por el cambio en el aura que rodeaba a la mujer, el chico saltó unos cuantos pilares y se alejó de la pelirroja. Subió la manga derecha de la chaqueta azulada que llevaba, mostrando una pulsera de madera de tono oscuro y la tomó con su mano izquierda. De inmediato se produjo un violento viento que obligó a los presentes a proteger su rostro con sus brazos. Rápido como había aparecido, el efecto terminó por desaparecer y frente a ellos la simple pulsera se había transformado en un gigantesco martillo de un largo y delgado mango.

Dando muestra de su habilidad y a pesar de lo pesado que se veía el objeto, Paul lo manipuló con su brazo derecho con gran habilidad. Movió el arma en unos cuantos giros hasta ubicar el largo mango en su hombro derecho. La mitad del ancho del martillo, al parecer compuesto de madera, cubría por lo menos su espalda.

– Es simple, nuestro campo de combate serán estos pilares y el primero en caer será quién perderá – el pokémon ave se acercó a su entrenador, ubicándose a su derecha y demostrándole silenciosamente su apoyo – Puedes moverte libremente entre ellos y también en el aire, terminaremos la batalla sólo cuando alguno toque el césped.

Misty observó su alrededor y luego al chico que esta frente suyo. Era obvio que él ocuparía a su pokémon y la gigantesca arma para la batalla. A pesar de su clara desventaja, no había atisbo de preocupación en el rostro femenino.

– De acuerdo.

– Puedes ocupar a tu pokémon si quieres – él señaló con seriedad y la chica pensó que por lo menos intentaba ser justo en la contienda. Una sonrisa cruzó sus labios por un instante, al parecer aquel chico no era tan malo después de todo.

– No es necesario.

El entrecejo de Ash se frunció ante la frase de la pelirroja. Ciertamente la falta de compañero de la muchacha lo había molestado desde el inicio del viaje, pero su aparente reticencia para hablar sobre el tema siempre hacía que desistiera en hacerlo. Llevó su atención a Ritchie, queriendo responder prontamente aquella pregunta que lo preocupaba.

– ¿Qué ha pasado con el pokémon de Misty? ¿Por qué no viaja con él? – la mirada entristecida en los ojos azulados de Ritchie le obligó a callar, sintiéndose de pronto demasiado asustado como para recibir una respuesta. A su lado y sin percatarse de ello, los habituales resplandecientes ojos de Pikachu, se habían apagado por el temor.

– No me corresponde a mí responder esa pregunta – Ritchie se volteó hacia donde estaban los contrincantes – Si quieres saber, debes preguntárselo a ella.

– Te diré algo Paul – Misty señaló al peligris, inconsciente de la conversación que sus amigos mantenían – No seré suave contigo.

– Te irá mal si lo intentas – él respondió con frialdad, más su quijada se había tensionado sutilmente. Ella sólo pestañeó un par de veces en respuesta.

– Está bien.

Sobre los pilares, allí en ese cañón que estaba en lo alto de las montañas, el viento corría con fuerza y mecía con gracia el cabello de la muchacha pelirroja. Con una expresión neutra sólo adornada por el brillo suave de sus ojos, Misty guio su atención hacia su próximo contrincante y se prometió a si misma causarle sólo el mínimo daño.

Respiró profundamente, entrecruzó los dedos de sus manos y las elevó hasta tenerla sobre su pecho. Mientras cerraba sus ojos buscando concentración, a su alrededor se formaron incontables esferas de luz que flotaron suavemente hasta concentrarse en el centro de su espalda.

Impactado por la imagen que se formaba ante sus ojos, Ash luchó contra la sensación de deja vú. Inmediatamente vino a sus pensamientos la caída por un acantilado, su propia necesidad de proteger y la luz reluciente de unas alas blancas. Su corazón dio un vuelco por la expectación.

– ¡E-eso…! ¡Eso es-! – se interrumpió a si mismo cuando las luciérnagas se congregaron y generaron un luz incandescente que le obligó a esconder su mirada. Era increíble que en aquel brillante día, fuera aún más intenso que el sol.

– Me presentaré nuevamente – escuchó la voz de Misty a pesar de la distancia, dulce y femenina, pero con ese sutil toque orgulloso que solía enloquecerlo. Conocedor del peligro de mirar la intensa luz por mucho tiempo, Ash decidió detener la protección de sus propios ojos y guio su atención hacia su compañera de aventuras.

La encontró aún sobre el pilar, rodeada de plumas blanquecinas que resplandecían hermosamente y con su espalda cubierta por dos gigantescas alas que se mecían con majestuosidad. Su rostro permanecía imperturbable y se veía hermosamente elegante con la expresión suave de su mirada. El verde profundo de sus ojos resaltaba inevitablemente por el tono excéntrico de sus pestañas y la palidez de su rostro.

– Mi nombre es Misty Waterflower, reina de Celeste y líder de los entrenadores blancos – y cuando un violento viento terminó por romper el elástico que soportaba la cola de caballo, liberando su cabello en miles de mechones que danzaban como el fascinante fuego, Ash tuvo certeza de que no había en ese instante mujer más sublime que aquella chica – Y me ganaré tu lealtad, entrenador volador.

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Continuará…

Bueno, primero que todo debo decir que sigo en Hiatus (ya no es novedad), pero tuve un tiempo libre asi que aproveché de escribir el capítulo. El hecho del capítulo especial de Misty y Brock ayudó mucho con la inspiración (por favor que pase algo en el otro capítulo! Por favor!).

A todos ustedes, como es habitual, gracias por seguir la historia. Espero que con este capítulo se hayan resuelto algunas dudas (aunque generalmente siempre pasa lo contrario) y wow! Se viene una batalla de Misty!

Y ahora… RxRxR!

Broken Shadow 12: muchas gracias por el review! Me alegra saber que te gusta la historia. Bueno, que Serena sea la entrenadora del agua es algo aún no comprobado (mua ja ja?) y bueno… Drew no es entrenador ni tampoco es mago. El entrenador roca es Tom. Espero que te haya gustado la aparición de Gary, aunque hay que esperar un poco para que tenga una nueva escena con Misty. Gracias de nuevo!

Amy-Light95: jejeje, sorry por lo desvergonzada como para preguntar por tu review…. Que vergüenza! De todas formas muchísimas gracias por seguir la historia, realmente disfruto leyendo tus comentarios porque siempre están llenos de teorías! Bien, sinceramente nunca pensé en May como la entrenadora del agua ni tampoco a Anabel (Por el pseudo poder que tenía en la historia original, siempre pensé conservar esa esencia en ella y de hecho, en este fic, el poder de Anabel es bastante peculiar. En mi cabeza es, de hecho, la primera persona que se tiene registro de un poder de premonición tan acertado. Inclusive siendo mayor que el de los entrenadores psíquicos. Anabel es muy poderosa!), así que tenía en mente a alguna chica que Ash haya demostrado su atención en la serie, Giselle era la opción mas cercana luego de que ocupé a Melody como asistente de Tracey. Pero la serie avanzó y Serena llegó como el modelo perfecto para quedarse con ese papel (ni que fuera actriz xd). Gracias por el análisis de Ritchie, de hecho es justamente lo que sucede con él, quiere evitar el destino sea como sea y por eso se porta frío con Erika. Y por último, en relación a Drew, la última vez que apareció en escena había sido salvado por Mary y Rudy, el resto de lo que pasó se especifica más arriba. De antemano gracias por el review y espero que esto haya resuelto algunas dudas!

MilYUnaEstrellasVeoBrillar: Hola! Espero que hayas tratado de leer este fic también (si, es largo y no se ve romance por ninguna parte, pero llegara!). Sobre juegos del destino, esta actualmente en Hiatus. Sinceramente todo mi esfuerzo y mis ideas van a este fic, asi que podría considerar terminarlo cuando termine Lights travel (No puedo saber cuanto tiempo me llevará, pero ojala antes de que termine la serie!). Gracias por tu review!

Persefone X: muchas gracias por leer el fic! Jejeje… no podría odiarte, me odio a mí misma por no ser capaz de actualizar más seguido (hubo alguna vez que intente actualizar por lo menos cada 4 meses y no lo logre), pero milagrosamente este capítulo salió más rápido de lo esperado. Creo que ayuda tener la historia en el teléfono y adelantarla en cualquier tiempo libre! Espero que hayas logrado leerlo desde el principio y no cansarte! No puedo creer que ya son mas de 100.000 palabras! Y aún falta mucha historia! Gracias de nuevo por tu review!

Beruji: por cierto, me encanta tu foto de perfil, hubiera sido genial ver algo asi en la serie original. Muchas gracias por seguir la serie y gracias por el review! :D Faltará para ver a Serena nuevamente, pero espero que no sea un personaje tan extrañamente simple como el de la serie. No puedo prometer tantas escenas de Ritchie y Misty, mas que nada porque la ultima sabe como se siente Erika y no querrá dañarla. Asi que lentamente Misty se hace mas consciente de las muestras de cariño de Ritchie y las empieza a evitar. (Creo que se vio un poco de eso en este capítulo). Muchas gracias nuevamente! Y apareció Gary!

L' Fleur Noir: considerando que cada cierto tiempo te molesto sólo para pedir tu ayuda, no hay forma de decir que no eres la mejor beta del mundo mundial xd (espero compensarlo adecuadamente alguna vez). Jejej… lo siento, pero Serena es una belleza andante xd (tan perfecta que no necesitan que la photoshopeen) y con esta chica, ya no hay mas cupos para el harem de Ash (si, tienes razón, ya era demasiado). Pero se acerca un nuevo pretendiente para Misty y esperemos que genere algo de emoción entre esos dos. Por cierto, te gusto la escena de Gary? El momento en que peina su cabello, espero que lo hayas imaginado todo sexy (era la idea, asi lo imaginé por lo menos), con su sonrisita de superioridad y todo eso. Por cierto, aun falta para que empiece la relación entre Ash y Misty, pero él esta empezando a caer. Vamos a ver si se da cuenta. ¡Gracias de nuevo mi super bakan beta!

ElphabaLii: realmente me conmueve que hayas leído la historia nuevamente para encontrar los vacíos o los detalles, ciertamente puede que tus teorías sean acertadas en algunas cosas; pero no voy a decir cual porque sería spoiler! Sobre Ritchie, realmente no es que el quiera ser malo con Erika porque sí, el trata de alejarla lo más que puede para evitar el hechizo de compatibilidad. Es su forma de luchar contra él, aunque no sea la adecuada. Y sí, Drew y May no son hermanos! (no me gusta mucho las cosas incestuosas, al menos que sea al estilo de marmalade boy) y, sí también, llegó con la ayuda de los compañeros de Rudy pero él no está con ellos. Sabremos porqué en los próximos capítulos. Gracias de nuevo y espero que hayas disfrutado el capítulo!

Bueno, muchas gracias a todos aquellos que aún se dan vuelta por aquí y leen esta historia que parece eterna (en serio, en que me metí?!) y ojala, ojala, en el próximo capitulo hayan escenas pokeshipping!

I'll see you! Y feliz 18 (pa los cabros de Chile)!

Kasumi_21