Disclaimer: Pókemon no me pertenece.

Sinopsis: El entrenador de fuego, Ash Ketchum, ha sido testigo de la desaparición de May, su novia y princesa del Reino de Pallet. Para encontrarla ha iniciado un viaje junto a Misty, Ritchie y Erika en búsqueda de los diez legendarios entrenadores. Encontrando finalmente al entrenador volador, él parece más interesado en Misty y la recompensa tras su cabeza. ¿La conseguirá? ¿Misty será capaz de vencer a Paul? ¿Encontrarán a May?

Gracias como siempre a mi querida beta, Sumi-chan! Que siempre es amable y paciente con cada entrega.

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Light's Travel

By kasumi_21

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Capítulo XIX: Misty v/s Paul

– Y me ganaré tu lealtad, entrenador volador –

La sutil sonrisa en los labios de Misty así como la seguridad que reflejaban su rostro, no habían conseguido intimidar a Paul. La oscuridad en sus ojos y la tensión suave en su mandíbula sólo demostraban su furia.

Ash, aún atento a las acciones de la chica e intentando memorizar la mayoría de las características de sus blancas alas, se preguntó a si mismo que tan capaz era la pelirroja para mostrarse tan tranquila.

– ¡Espero que estés preparado! – el grito de ella había nacido con tanta convicción que inevitablemente Ash sintió un cosquilleo en el estómago de completa expectación. Sería la primera vez que vería a la pelirroja en una batalla.

– Deja de hablar y empecemos de una vez – a pesar del plano tono de su voz, se adivinaba las ansias en las palabras del peligris. Con un movimiento ágil, el chico saltó hasta estar en el lomo de Pidgeot y se dirigió directamente a la entrenadora de la luz – Embestida, ahora –

– ¡Pidgeot! – la enorme ave gruñó fuertemente, meciendo sus alas con violencia y extendiendo su rostro hacia el cielo. Siendo el primer pokémon de aquel tamaño que los viajeros habían observado, era inevitable asombrarse por la belleza de su magnificencia.

Los ojos de Misty se endurecieron, preparándose para la batalla y apretando los dientes cuando un dolor punzante inició en su espalda y recorrió completamente su cuerpo. Tendría que terminar la batalla rápidamente si no quería sufrir los efecto del hechizo blanco, el dolor que controlaba el poder de sus alas.

Justo en el momento en que Pidgeot se acercaba a atacarla, Misty saltó del pilar y meció sus alas para flotar libremente en el aire. Con sorpresa notó como el cuerpo del ave se desplazaba sobre su cabeza, mucho más veloz de lo que se esperaba por su enorme cuerpo, y de paso desestabilizaba su propio vuelo. Vio con sorpresa como su intimidantes garras perforaban el pilar de piedra, destruyéndolo en el proceso y reflejando cuales era sus intenciones con ella. Paul la atacaría en serio.

– ¡Speed of light! – Misty se abrazó a sí misma, mientras movía su cuerpo rápidamente hacia la dirección contraria.

El peligris la miró sin atisbo de sorpresa, no esperaba que un enfrentamiento con su líder fuera fácil de realizar. Eso además le quitaba la emoción y el mérito a quién ganaba.

– Pidgeot, persíguela hasta embestirla – Paul saltó desde su pokémon y quedó suspendido en el aire por un vórtice de viento. Aun huyendo de él, la pelirroja se volteó para estudiar sus próximos movimientos y dedujo rápidamente que el entrenador del aire prefería susurrar sus ataques que gritarlos como lo hacía el resto. Aquello sería un problema porque no sabría que esperar de él.

Paul se impulsó hacia ella, murmurando sus hechizos y saltando a través de vórtices de aire con increíble velocidad. A su lado, Pidgeot seguía su ritmo sin dificultad.

– Hacerte perder no es suficiente, entrenadora de la luz – le dijo con seriedad, mientras su cuerpo masculino se movía entre los pilares de piedra con agilidad y precisión – te mostraré la diferencia de nuestro poder –

Misty intentaba huir con dificultad. A pesar de la velocidad que llevaba, a la cual se había acostumbrado durante sus entrenamientos, nunca la había trabajado con distintos obstáculos. Había disminuido su rapidez de forma inconsciente.

– ¡A la derecha, Pidgeot! – ella escuchó como Paul ordenaba, mucho más cerca de lo que esperaba, y se sorprendió cuando la respuesta del pokemón llegó desde su izquierda. La había alcanzado con facilidad.

– ¡Cuidado, Misty! – a pesar de la distancia, la voz preocupada de Ash llegó a ella sin problemas.

– ¡Pikachu pi! –

Mordiendo sus labios para callar un quejido de dolor, la pelinaranja tomó con una mano uno de los pilares y obligó a sus alas a cambiar de dirección hacia el cielo. Se impulsó lo suficiente para girar su cuerpo y quedar finalmente apoyada en la superficie del pilar que la había salvado. Sin tiempo de descanso, notó que entrenador y pokémon ya habían cambiado su dirección para atacarla.

– ¡Speed of light! – y nuevamente ella había iniciado su carrera buscando escapar.

– Tendrás que cambiar de estrategia – Paul le dijo con su tono indiferente, sin atisbo de agitación en su voz – no estaré persiguiéndote eternamente –

Ella lo sabía, pero no tenía intención de cambiar su modo de batalla.

– ¡Pidgeot! ¡Ahora! – un viento furioso llegó desde su costado derecho y Misty notó como el cuerpo de la enorme ave estaba justo a su lado.

– ¡ky–! – una exclamación de alarma murió en los labios de la chica, a la vez que el pokémon terminaba por embestirla. La empujó hasta llegar a un pilar, el cual se quebró con un estruendoso sonido y liberó polvo a su alrededor.

– ¡Pid! –

– ¡Misty! – Ash gritó con sus ojos reflejando fielmente el miedo ante el inminente ataque. A su lado, Ritchie observaba la escena en silencioso estudio, el único signo de su angustia era las leves gotas de sudor que caían por su cuello – ¡MISTY! –

La figura de la chica se dibujó de pronto en la superficie de otro pilar, parecía agitada pero sin signos de daño. Había esquivado el mayor impacto del ataque cuando se tele transportó a si misma hacia aquel lugar.

Paul la observó desde otro pilar, con su rostro inexpresivo y jugando hábilmente con su arma. Esperó hasta que su pokémon acompañante llegara a su lado.

– Pidgeot, vamos de nuevo –

– ¡Pidgeot! –

Los ojos verdes lo retaron silenciosamente y además de la seriedad en el hermoso rostro femenino, no había ningún signo que mostrara temor o inseguridad. Ella aún parecía confiada hacia la batalla.

Moviéndose con envidiable agilidad a través del viento y ayudado por lo vórtices de aire que le servían de apoyo, el peligris se acercó hacia la chica estudiando su expresión. Había algo en ella que empezaba a molestarle, como si su cuerpo entero sintiera que ella se estaba conteniendo y subestimándolo. Ante sus pensamientos, la mandíbula del entrenador volador se tensó aún más.

– ¡Vamos Pidgeot! –

Ella esperó por él en la misma posición y se abrazó a sí misma nuevamente, mostrando que utilizaría el poder en su propio cuerpo.

– Reflection – una suave luz cubrió completamente el cuerpo de la pelinaranja y en un instante, apareció a su lado una figura resplandeciente de igual forma y tamaño. Cuando la luz finalmente se disolvió, había una copia exacta de la chica a su lado.

– El hechizo de reflexión, ¿crees que no lo conozco? – Paul la miró con indiferencia, completamente distinto a la mirada emocionada que le daba un pelinegro bajo sus pies – sé que es una copia no material de ti misma y que actúa como un espejo de tu imagen – el peligris le dio una mirada a la pelirroja que estaba flotando junto al pilar, notando que su cabello se mecía en dirección contraria al fuerte viento y por lo tanto que era la copia. – puedo saber quién es la falsa con facilidad –

– Es cierto, ¿pero lo sabrás en alta velocidad? –

– ¿Eh? –

– ¡Speed of Light! – y esta vez ambos cuerpos desaparecieron, para reaparecer varios metros más de donde se encontraban. Ambas revoloteando por entre los pilares.

– ¡Sigue a la de la derecha! – Paul le ordenó de inmediato a Pidgeot, mientras él se preocupaba por la contraria. Ahora que ambas iban a alta velocidad, con el cabello meciéndose alocadamente para ambos lados y sin un segundo de descanso; era imposible saber cuál de ellas era la verdadera. Sólo quedaba atrapar a ambas.

– ¡Vent du sud! ¡Vent du nord! – excitado por la batalla que acontecía, Paul no notó que había empezado a gritar sus propios hechizos y con ello había perdido parte de su estrategia. Justo en ese momento, cuando el cuerpo de Misty era mecido por dos fuertes vientos que acudían en sentido contrario; el batido enérgico de sus alas le aseguraba que ella ya se había preparado para contrarrestar su ataque. Supuso que como su líder ella también debía conocer sus principales hechizos. – ¡Vent d'ouest! ¡Puissance maximale! – Ella nuevamente aleteó con fuerza, más el viento era difícil de evitar y a pesar que no cambió la dirección de su desplazamiento, logró reducir considerablemente su velocidad inicial. Él preparó su arma con un movimiento simple, tomándola con facilidad sólo con su mano derecha y preparándose para atacar a la chica que a cada segundo parecía más cerca. Si su martillo lograba hacerle un daño importante no era su problema, ya que ella había decidido combatir con él.

– ¡Light ball! – Misty gritó de pronto y más lejos de lo que él creía. Por el rabillo del ojo estudió la escena que sucedía justo a su lado, donde la chica intentaba escapar de un inevitable golpe frontal de su pokémon. Pidgeot estaba sólo a centímetros de distancia, cuando pequeñas luciérnagas lo rodearon.

– ¿Eh? –

– ¡Explosion! – Una luz intensa cegó completamente al pokémon volador, envolviendo el resto del lugar y obligando a Paul a cubrir sus propios ojos. Con dificultad, logró observar como la chica que perseguía se disolvía en el aire y le aseguraba que era la falsa.

– ¡Pid! ¡Pidgeot! – llamando su atención, el peligris notó como su compañero se mecía con clara desorientación y chocaba con gran parte de los pilares que lo rodeaban. Incapaz de mantener la concentración en el vuelo, la enorme ave inició su caída con gruñidos alarmados – ¡Pidgeot! ¡Pidgeot! –

El entrenador volador endureció su mirada, recordando que si lograba tocar el césped serían ellos quienes perderían. Se lanzó en picada hacia el pokemón.

– ¡Vortex du vent! – gritó con rapidez, más su voz permanecía plana y sin emoción – ¡Expansion maximale! – de inmediato se formó un pequeño remolino, que creció en tamaño y fue capaz de aguantar por completo el peso de Pidgeot en el aire. Cuando supo que estaría seguro, el pokemon silenció sus exclamaciones asustadas.

Aún junto a su pokemón, Paul estudio por el rabillo del ojo a Misty, quien observaba la situación desde un pilar cercano y parecía descansar de la batalla. Probablemente también había bajado una parte de sus defensas.

– ¡Vent d'ouest! ¡Puissance maximale! – El peligris conjuro el hechizo en el momento oportuno, atacando a una Misty que no lo esperaba y logrando inestabilizarla hasta lograr su caída. De inmediato ella bateó sus alas, omitiendo un quejido cuando el dolor recorrió su cuerpo. Estaba segura que había empezado a aumentar en intensidad.

– ¡Reflection! ¡Speed of light! – Misty y su copia reiniciaron el camino entre los pilares, intentando escapar del entrenador volador. Por el rabillo del ojo notó que Paul nuevamente había iniciado la persecución de su reflejo y que Pidget seguía desorientado por el hechizo anterior.

Estaba empezando a preocuparse. Ciertamente y a diferencia de Ash, Misty conocía muy bien el nivel de su poder y lo entendía en toda su complejidad para confiar ciegamente en él. Ella sabía que no era débil y que el arduo trabajo que había realizado desde niña, el mismo que se intensificó en el fatídico día en el que murió Denisse, había dado el suficiente fruto para tener el mismo nivel que reconocidos magos y brujas. La misma Erika se lo había confirmado en una de sus reuniones nocturnas donde, agotadas por el recorrido completo a la región de Unova, se habían dado un pequeño descanso y habían iniciado una de sus habituales conversaciones. La peliazul le había señalado que su poder era muy similar al de Gary, a pesar que él tenía tres años más de experiencia y provenía de una familia de reconocidos magos.

Por eso no sentía justo un combate con todas sus capacidades frente a Paul, a pesar que él parecía furioso por ello y se negaba en ceder su presión para obligarla liberar su real poder. Sin embargo, ella sabía que debía apurarse en su próximo ataque y lograr que él perdiera lo más pronto posible. El dolor en su espalda se había hecho constante y seguramente, en los próximos minutos, sería insostenible.

– Tal vez si utilizo la explosión de luz – se dijo a sí misma en un susurro, esquivando pilares desatenta y obligándose a permanecer serena. Las gotas de sudor que se habían intensificado en su cuerpo eran el único reflejo de la verdadera agonía que la acompañaba – si lo aturdo por un segundo, podría empujarlo para que c–¡ ¡GYAH! – un pinchazo agudo e intenso aumento su dolor a niveles insospechados, logrando que su cuerpo se arqueara ante ello y un grito profundo desde su garganta naciera de forma incontrolable. Su rostro, antes imperturbable, había cambiado a uno de profundo sufrimiento, mientras se liberaban lágrimas desde sus verdes ojos. Tras ella y apático hacia su reacción, Paul había cogido una de la bases de sus alas con fuerza.

– Interesante – él le susurro impasible, más se adivinaba en su boca una pequeña curva que se asemejaba a una sonrisa. Él lo estaba disfrutando – encontré tu talón – y repitió su acción sin titubear, aumentando el agarre de su puño y con ello generando tal intensidad que recorrió completamente su cuerpo.

– ¡GYAAAAAAAH! – el grito agónico de Misty envolvió el paraje como un estruendo, su eco estremeciendo a la mayoría de los presentes. Las lágrimas ahora caían libremente, sin atisbo de que fuera a terminar.

– Bien, terminemos con esto – Aun en ese momento, cuando el dolor era suficiente para aturdirla, la ojiverde fue capaz de escuchar al entrenador volador y entender su situación de desventaja. De inmediato inició un aleteo furioso, buscando escapar y tratando de callar los gemidos de sus labios cuando sus movimientos violentos aumentaban el daño. – ¡Quédate quieta! –

Sin embargo logró finalmente zafarse, alejándose lo suficiente del muchacho y creando explosiones de luces que la mantendrían segura por algunos segundos. Escondiendo rápidamente sus ojos, Paul había evitado gran parte del hechizo y sólo había sido encandilado. Aun así debió mantenerse quieto hasta recuperar completamente su sentido de visión.

Por su parte y en uno de los pilares cercanos, Misty había terminado arrodillada en la superficie y con la mirada oculta tras los mechones de su frente. Un jadeo intenso y corto nacía de sus labios sin descanso, acompañando su respiración agitada y el suave temblor de su cuerpo. En la posición superior de su espalda y justo donde partían las primeras plumas de su ala izquierda, se dibujaban cinco líneas pequeñas y rojizas. La distribución que tenían así como la leve hendidura de cada una de ellas, demostraban que habían sido provocadas por las uñas de Paul.

Bajo sus pies, Ash y Rtichie observaban la batalla con el corazón apretado. El caballero de Celeste parecía imperturbable hacia él, pero el azul brillante de sus ojos se había oscurecido y su entrecejo se había fruncido en señal de preocupación. A su lado, Ash observaba la batalla con los dientes apretados y las manos empuñadas. Luchando con su ente impulsivo, que interiormente gritaba para ser liberado y ayudar a Misty, intentaba aferrarse a la confianza que Erika había mostrado hacia la pelinaranja. Cuando ella finalmente fue capaz de zafarse de Paul, sintió como su alma se calmaba levemente y de sus labios nacía un suspiro aliviado que no supo que había contenido. A su mente llegó el recuerdo en la fiesta de Azulona, donde había visto desde cerca el nacimiento de las alas y el alarido furioso en los labios de Misty.

Y de inmediato se preocupó por el estado actual de la muchacha. Si en la inconsciencia le había revelado el agónico dolor que debía soportar para crear sus alas, ¿Cómo se sentiría ahora que llevaba varios minutos de lucha? ¿Qué tanta intensidad estaba soportando?

– ¡Pidgeot! – el fuerte grito del ave llamó su atención y de inmediato llevó su mirada hacia la batalla que acontecía. En ese instante, Pidgeot había dejado la comodidad del colchón de aire y ahora volaba ya repuesto a la posición de su entrenador. Paul esperó por él en su pilar, para inmediatamente subir a su lomo e reiniciar su persecución.

Aún agitada, Misty observó las acciones de su contrincante y en seguida escapó en dirección contraria. De sus labios nacían quejidos ante cada batido de sus alas.

– ¡Pidgeot, sólo una embestida más y podremos ganar! –

– ¡Pid! – el ave exclamó convencido, incrementando la velocidad de su vuelo.

– ¡Speed of light! –

– ¡Mur de vent! – justo en la dirección que seguía la pelirroja, apareció frente a ella un fuerte viento en longitudinal, imposible de cruzar. Sabiendo que no tenía la fuerza para planear en él, meció su cuerpo hacia la derecha – ¡Mur de vent! – Paul repitió el hechizo y al verse atrapada, Misty cambio en sentido de su vuelo. Inició su rápido ascenso hacia el cielo.

– ¡Speed of light! –

– ¡Síguela Pidgeot! – el animal bateó sus alas buscando el impulso necesario, siguiéndola en segundos. Apoyado aún en la espalda de su compañero, el peligris se había aferrado con la mano derecha al pelaje largo y llevaba su enorme martillo con la contraria. – ¡Vent du sud! ¡Vent du nord! –

La brisa creada por Paul fue suficiente para mecer su cuerpo con violencia, disminuyendo su aceleración, pero sin detener su obstinado ascenso. Misty sabía que si era atrapada, terminaría por perder el encuentro y aquello no era una opción.

– ¡PID! – el grito enfurecido del pokemón llegó cerca de su cuerpo pero aún bajo sus pies, y sabiendo que en cualquier momento la alcanzaría, Misty giró su cuerpo en dirección al suelo. Esperaba que aquella posición le diera cierta ventaja ante un ataque, ya que podría protegerse con su escudo de luz.

En milésima de segundos identificó el cuerpo magnífico del ave, solo a metros para darle alcance, y logró notar lo pequeño que se observaba desde esa posición las columnas de piedra. Habían ascendido mucho más de lo que esperaba.

– ¡PID! – Pidgeot extendió sus alas como si fuera a hacer uso de ellas y de inmediato Misty reaccionó.

– ¡Light Shield! – Frente a su cuerpo se había creado un rectángulo dorado y translúcido. La chica cruzó los brazos sobre su pecho, a espera del próximo movimiento del entrenador volador y su acompañante. Sin embargo la serenidad previa al ataque desapareció de inmediato, cuando no logró ver el cuerpo de Paul en el dorso del ave.

– ¡¿Dónde está?! – se dijo a sí misma con agitación, sus pupilas verdes se habían contraído en reacción al posible peligro.

– ¿Me buscabas? – su voz llegó clara desde su espalda, justo donde se alzaba el sol. Ella sólo volteó su rostro, encontrándolo suspendido en el aire, con una mirada indiferente y su arma apoyada en sus hombros – y con esto gano – y en un veloz movimiento, movió el martillo hasta aplastarlo con fuerza en su espalda. Justo en la base de ambas alas.

– ¡GYAHHHHHH! – con un chillido doloroso, Misty llegó al límite de su poder y sus hermosas alas se disolvieron en plumas blanquecinas. De inmediato su cuerpo cedió a la gravedad e inició una caída libre hacia el suelo, en picada.

– ¡MISTY! – el rugido preocupado de Ash llegó a ella, a pesar del violento sonido del cielo que acompañaba su caída. – ¡MISTYYYYYYY! –

La chica asumió su destino con resignación, cansada y aturdida por un dolor que seguía presente y se negaba a ceder. Había ocultado sus brillantes ojos verdes tras sus párpados, mientras lágrimas caían sin cesar y dejaban un rastro de brillantes en el cielo.

– ¡PIKACHU PI! –

– ¡DEBEMOS HACER ALGO! – la voz del pelinegro era frenética y parecía sinceramente asustado a lo que pudiera ocurrirle. – ¡A ESA ALTURA CAERÁ Y MORIRÁ! –

– ¡Calma, Ash! – la voz de Ritchie permanecía tenue, con controlada tranquilidad – ¡Espera un poco! –

– ¡PERO MISTY! – y esta vez el grito se escuchó con mayor claridad, asegurándole que estaba por alcanzar los pilares de piedra. – ¡MISTY, DESPIERTA! ¡NO TE RINDAS, MALDICIÓN! – e imperceptible para los hombres que la rodeaban, sus dedos se empuñaron en clara señal de lucha.

Envuelta por el sonido del viento, con cambios sutiles en sonoridad que le aseguraba que ya había ingresado al terreno entre las columnas, Misty llevó sus manos entrelazadas a altura del pecho y curvó su cuerpo en posición fetal. De inmediato una luz cegadora la rodeó, mientras un fuertísimo viento la envolvía como una esfera resplandeciente.

Separados por algunos metros, Ash y Ritchie protegían sus rostros utilizando sus antebrazos y, observando desde las alturas, Paul se obligó a permanecer en calma mientras descendía con velocidad. Ya deducía que era lo que la muchacha estaba realizando.

– ¡MISTY! – el pelinegro gritó cuando toda luz desapareció y un viento violento los empujó algunos centímetros. Cuando supo que ya no había peligro, bajo sus brazos y se encontró con la figura de la muchacha. Viéndola desde su perfil, Ash notó inmediatamente que las alas habían regresado y ahora Misty flotaba a pocos centímetros del suelo con sus rodillas flexionadas hacia el pecho. Su cabello se mecía suavemente a su alrededor y cuando sus ojos se abrieron lentamente, ella reveló una expresión tranquila que no había mostrado desde el inicio de la batalla. Era difícil creer que en este momento ella sufría dolor por el hechizo, pero Ash tenía certeza de que era así.

Ash exhaló un largo suspiro, intentando controlar los latidos dolorosos en su pecho, que lo habían acompañado durante toda la batalla. Pero el alivio que acunó su corazón duró solo algunos segundos. Cayendo en picada y con clara intención de iniciar un ataque, Paul había extendido sus manos hacia la entrenadora de la luz.

– ¡MISTY! –

– ¡TOURBILLON! – y frente a ellos se creó una columna gigantesca de viento, que arrastró con violencia la tierra y el césped circundante, y encerró la figura de Misty hasta distorsionarla. Utilizando su espada para no ser absorbido por la energía centrífuga, Ash observaba la batalla con dificultad y con la garganta seca por la incertidumbre.

Justo en el ojo del remolino y sin sufrir un efecto importante por el viento, Misty elevó su cuerpo hacia el cielo, buscando una salida del hechizo. Sin embargo, antes de que pudiera salir de él, se disolvió completamente y el viento residual desestabilizó su vuelo con facilidad.

– ¡Embestida! –

Y antes que pudiera reaccionar a ello, el cuerpo de Pidgeot ya estaba frente al suyo y con toda su fuerza, la había golpeado hacia uno de los pilares cercanos. El poder del impacto fue suficiente para incrustar el cuerpo de la muchacha en él y generar distintas grietas a su alrededor.

– ¡GH! – un quejido de dolor quedó suspendido en su garganta, mientras la chica luchaba por recuperar el control en sus sentidos y la completa conciencia. Aún con ello, logró sentir un líquido cálido que cayó desde su frente hasta cubrir su mejilla derecha y el aroma óxido de la sangre.

Mirándola desde su nueva posición, justo en el lomo de Pidgeot, Paul preparaba su próximo ataque.

– ¡AHORA, PIDGEOT! – y aún mareada por lo acontecido, Misty sólo fue capaz de elevar sus antebrazos para protegerse.

El peligris inició el descenso rápidamente, pero un rugido furioso e intimidante logró detenerlo de inmediato. Bajó su mirada hacia los dos entrenadores, encontrándose con un pelinegro de peligrosa expresión y con unas pupilas nadando en lava caliente.

– ¡YA BASTA! ¡DETÉNTE! –

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Ya habían pasado la carretera rodeado de árboles y cuando tuvo una vista precisa a los cerros verdes que acompañaban su camino, Drew notó por la posición del sol que estaba por iniciar la mañana. Aún con la princesa rodeada con sus brazos, que dormitaba tranquilamente, los ojos del chico estudiaron el camino recorrido y notó sólo la presencia de las camionetas de los mercenarios.

– Nadie nos ha seguido, si es lo que te preocupa – respondió la muchacha rubia, con aspecto cansado pero internamente atenta a las acciones del peliverde.

– ¿Eso no lo hace más extraño? – Drew se preguntó a si mismo con un susurro, lo suficientemente fuerte para ser escuchado por los magos que lo acompañaban.

– Tienes razón – asintió el muchacho que conducía, mirándole por el retrovisor – pero puede ser que actuamos tan rápido que no pudieron seguirnos – él apretó sus dientes en una sonrisa orgullosa – somos fuertes, ¿verdad? – y empezó a reír ruidosamente, producto de sus emociones. La chica rubia entrecerró sus ojos a su compañero.

– Baja de tu nube –

– Bueno, es eso o que no les importa perseguir a la princesa – él señaló con voz molesta – lo que no tiene sentido, ¿por qué pasarían tantos problemas para raptarla y luego dejarla ir? –

– Ahora hablas con la cabeza – la rubia señaló – entonces la seguirán, de eso no hay duda –

Rodeado por la pelea que habían iniciado los camaradas, Drew llevó su atención a May y con cuidado acomodó el brazo que le servía de apoyo. El movimiento logró que el cuerpo de la castaña se meciera suavemente y quedara aún más recostada sobre el del propio príncipe. Drew sintió claramente el vuelco en su pecho, que intensificó el ritmo ya rápido de su corazón. Luchando contra su propio nerviosismo, se obligó a permanecer en la misma posición y aprovechar la oportunidad de estar cerca de ella que escasamente tenía.

– ¿A dónde vamos? – Drew preguntó con fin de distraerse y se sorprendió gratamente al notar la solidez en su voz. Con los años había aprendido a mantener sus sentimientos a rayas, logrando por lo menos no demostrarlo en su rostro o voz.

– Nos encontraremos con el grupo en Ciudad Mauville y luego continuaremos el viaje – la mujer rubia se volteó a verlo y le sonrió suavemente, intentando ignorar lo íntimo que se veían ambos príncipes – la idea no es detenernos por lo menos unos días, hasta reunirnos con Rudy –

Aquel detalle llamó de inmediato la atención del peliverde, parecía sorprendido.

– ¿Rudy no está en Ciudad Mauville? – inquirió apresuradamente, preocupado.

– Ha viajado para atender otros asuntos – aclaró el chofer, despreocupado – se ha llevado un tercio de nuestro grupo, eso ayudará para movernos con mayor sutileza –

El entrecejo de Drew se frunció en un gesto severo, el asombro transformándose rápidamente en enojo.

– El trato lo hice con él – su mandíbula se tensó – él debería estar aquí –

El muchacho que conducía la camioneta estudió el gesto del príncipe por el retrovisor. Ciertamente su enfado podía ser justificado, después de todo él había pagado para que el líder estuviera ayudándolo directamente y ahora este había desaparecido por motivos que desconocía. Pero él conocía a Rudy y sabía que, si hubiera sido una situación de real riesgo, no se habría alejado de sus camaradas.

– No sé cuál es el motivo de Rudy – comentó despreocupado luego de unos minutos en silencio – pero si no está aquí debe ser por una buena razón y también porque confiaba en que nosotros podíamos hacer lo solicitado – Había un leve brillo de orgullo en la mirada del chico, reflejo de sus propios sentimientos hacia su equipo y su líder. A su lado, la chica rubia había cerrado sus ojos y sonreía con suavidad.

– Confía en nosotros príncipe – le dijo ella con la misma expresión – cuidaremos bien de ustedes –

Aún desconfiado de la fuerza de los hombres que lo rodeaban, Drew contuvo un suspiro y se limitó a afianzar el abrazo que lo unía a May. Ciertamente el enfado no se iría rápidamente hasta que tuviera a la castaña en un sitio tranquilo, sin embargo sabía que no ganaría nada en iniciar discusión con los magos. Sólo le quedaba creer.

– Mmph… – el susurro de la chica en sus brazos llamó su atención y todo pensamiento se perdió cuando notó la mueca suave en sus labios. El color cereza de ellos no había cambiado nada desde que era una niña y una parte de sí disfrutaba poder verlos tan de cerca.

Rodeado por el aroma a rosas que ella solía tener, su mente vagó hacia los recuerdos remotos que celosamente protegía.

No sabía qué hora era ni que estaba sucediendo, pero el bullicio general lo despertó de su sueño y le fue imposible volver a conciliarlo. Aún desorientado por su reciente despertar, Drew alcanzó a notar la figura que estaba frente a sí y sus características infantiles le recordaron quien era y donde se encontraban. May estaba a su lado, cobijada por los mismos ropajes que conformaban su humilde cama y con su torso completamente fuera del calor que estaban compartiendo. Estaba erguida observando hacia un sitio en particular.

May – su voz sonó más grave de lo usual, supuso por las horas de sueño. Carraspeó un par de veces – ¿Qué pasa? – atraída por su voz, ella se volteó a verlo con temor y el resplandor en sus ojos azulados había sido cambiado por la desesperanza. Aquel detalle terminó por despertarlo completamente. – ¿May? –

¡May! – reconoció la voz de la líder anciana que lo había ayudado en la mañana. Estaba en la entrada de la carpa que los protegía del frío y completamente vestida. Drew notó finalmente en fulgor anaranjado que se dibujaba tras las delgadas telas, de distinto tamaño y que crecía en número junto con las exclamaciones llena de pánico fuera de su pequeño refugio. Estaba seguro que eran focos de fuego incendiando en las carpas cercanas. – ¡Esconde al muchacho lo más pronto que puedas! ¡La carpa ya no es segura! – la niña parecía realmente aterrada y sus ojos azules oscilaban por la duda. – ¡Hazlo rápido! – el grito de la abuela la sacó de su trance y velozmente, ella lo cogió de su muñeca y lo tiró fuera de la cama.

¡Tus zapatos! – May le ordenó con fuerza, más el temblor en su voz no pasó desapercibido y le recordó de pronto que ella era sólo una niña. Él no entendía bien la situación, pero el latir de su corazón le aseguraba que estaba forzándola a ayudarle sobre su propio límite.

May, ¿qué es lo que pasa? – luego de ponerse sus botas de equitación y agradecer internamente por haber dormido con su propia ropa, el príncipe se dirigió hacia la castaña y tomó sus manos. El temblor que había en ellas sólo aumentó su miedo, pero esclareció su mente – no entiendo, pero si estás tan asustada… es mejor que me dejes solo – ella calló su propio discurso cuando apretó sus manos.

Te protegeré – y a pesar de la expresión aterrada que ella tenía en su rostro, sus ojos azules habían adquirido la seriedad de la certeza. El entrecejo del príncipe se frunció en desconcierto.

¿Por qué? –

Somos amigos, ¿no? – y le regaló una sonrisa tan brillante que sólo logró perturbarlo. Drew intentó hacerle entrar en razón.

Apenas me conoces hace unas horas – y la mueca alegre sólo se hizo más grande.

Lo sé –

Seguramente esa niña no pensaba con la cabeza, así que Drew terminó por rendirse y prometerse a sí mismo que la defendería frente a los peligros que los esperaban.

¡Busquen dentro! ¡Maten al mocoso! – El cuerpo de la niña se tensó y Drew se volteó hacia dónde provenía la voz, fuera del refugio pero lo suficientemente cerca para encontrarlos en minutos. La mano de May lo atrajo rápidamente hacia ella y lo guio hasta el fondo de la carpa, justo a un rincón oscuro tras uno de los muebles y con la altura suficiente para esconderlos. Ella lo obligó a sentarse y se acomodó de rodillas frente a él.

El sonido de la tela que componía la puerta y la luminosidad agregada provocó un giro aterrado en su pecho. Drew se obligó a permanecer tranquilo, mientras sentía como el aire se atoraba en su garganta.

¡RÁPIDO! ¡La guardia real ya está aquí! – los ojos verdes del niño se estrecharon, pero la frase logró disminuir algo de su ansiedad. Si la guardia real venía a salvarlo, seguramente su madre se encontraba con ellos.

El sonido del desplazamiento de muebles llamó su atención y frente suyo, el niño pudo notar como el cuerpo de May temblaba levemente. La tomó de los hombros como un reflejo, tratando de consolarla en silencio – ¡¿Dónde estás?! ¡Maldito mocoso! –

¡Iré a ver si están afuera! – anunció una de las voces masculinas, saliendo del refugio y dejando al otro mago. El príncipe se obligó a permanecer en silencio, temiendo que hasta su respiración pudiera dar cuenta de su presencia. De pronto sintió un temblor del cuerpo de May, algo más brusco que los anteriores y que llamó inevitablemente su atención. Ella aún permanecía cerca, sus rodillas tocando la parte interna de sus muslos, y lentamente levantó su mirada hasta mostrarle una sonrisa insegura en sus labios cereza. Sus ojos azules, aún brillantes en la oscuridad, le estaban regalando una expresión entristecida pero segura.

No te asustes – le susurró con una sonrisa, lo suficientemente fuerte para revelar su ubicación. Las pupilas verdes se contrajeron por el eventual peligro de ello y antes que pudiera callarla, la niña llevó su mano derecha a la frente del peliverde. Con los ojos cerrados, inició un murmuro sin sentido y trazó líneas con un líquido desconocido sobre los ojos del príncipe. Aún en el estupor del momento, Drew logró reconocer el líquido caliente que caía por la mano de la niña y supo que era sangre.

Tan rápido como había empezado, la niña le dedicó una sonrisa cálida y luego bajó la mano lentamente. De inmediato su rostro palideció y sus párpados escondieron el azul de sus ojos. Cayó inconsciente en sus brazos.

¡MAY! ¡MAY! – olvidando de pronto el peligro de la situación, la voz del niño se alzó con desesperación – ¡MAY! –

¡TE ENCONTRÉ, MALDITA ESCORIA! – la voz profunda del hombre llegó a su oídos mientras el mueble que los protegía era arrancando violentamente y mostraba su posición. Drew jadeó en respuesta, sosteniendo con fuerza a la niña castaña. – ¡POR FIN PODRÉ MATARTE! – el hombre rugió con furia mientras el reflejo de locura en sus ojos aumentaba de intensidad. Drew sintió como su cuerpo rápidamente perdía su calor, seguro de que en ese momento moriría. Intentando inútilmente levantarse con May y escapar hacia otro lugar, el niño logró esquivar un ataque de fuego que provino del mago.

No tuvo la misma suerte en una segunda oportunidad.

¡DISFRUTARÉ LA CARA DEL BASTARDO REY CUANDO LE ENTREGUE TU CABEZA! – el rugido fue potente, igual que la magia que dio llenó en la mitad de su cuerpo y lo expulsó hacia atrás. Drew calló pesadamente en la tierra fuera de la carpa, ingeniándoselas para ser colchón de una indemne e inconsciente May. El brillo en aquella noche oscura lo mareó por unos segundos, notando finalmente que el hechizo había sido lo suficientemente fuerte para destruir las telas de la carpa y dejarlos a vista de todos los otros magos que lo buscaban.

¡AHÍ ESTÁ! ¡MÁTENLO! –

¡PROTEJAN AL PRÍNCIPE! –

A su alrededor, el niño logró escuchar las exclamaciones contrarias que rodeaban el lugar y aumentaban la sensación de pánico. Aun así, su atención permanecía en el brujo frente suyo, que empezaba a preparar un ataque. Con los dientes apretados, afianzó el agarre sobre el cuerpo de la castaña y se obligó a buscar una posible salida.

Sin embargo, la falta de dolor en su cuerpo lo alarmó repentinamente. Llevando su mano izquierda a la altura de los ojos, buscó algún signo de quemadura y se sorprendió al no encontrar un daño evidente bajo toda su ropa chamuscada.

¿Q–qué? ¿P–por qué? – él susurró con voz queda.

Despreocupado por las acciones del peliverde, el hombre adulto caminó hacia ellos mientras un fulgor chispeante se formaba en sus manos. Drew sabía que ahora lo atacaría con electricidad.

¡Gha! – de improvisto el cuerpo de May se remeció sobre el suyo y justo sobre su región izquierda, apareció una pequeña llama que quemó completamente su cuerpo – ¡GHAAA! – su grito de dolor creció en intensidad, logrando superar el ruido caótico que los acompañaba y silenciando el ataque de todos los presentes. Desesperado, Drew comenzó a golpear la zona tratando de apagar las llamas.

¡¿M–May?! –

¡MAY! – repentinamente la abuela líder apareció frente suyo y sus ojos se estrecharon por el pánico. Se agachó hasta estar a su altura y sus ojos grises estudiaron rápidamente el mandala en la frente del príncipe. – ¡¿quién dibujo eso?! – le preguntó con seriedad, más había una sutil furia en el tono de su voz que lo atormentó. Drew retrocedió unos centímetros, aún con el cuerpo de la niña fuertemente tomado entre sus brazos.

F–fue May –

Los ojos de la anciana se detuvieron en los verdes, leyendo fácilmente la ignorancia hacia la gravedad de la situación. Se obligó a permanecer tranquila, el joven príncipe no tenía la culpa de las acciones temerarias de la niña castaña.

¡AHORA! ¡Mátenlo! – el grito de otro hechicero interrumpió sus pensamientos, mientras un centenar de brujos y brujas se reunían alrededor del niño. En los ojos de todo no había atisbo de duda, querían la sangre del príncipe primogénito de Pallet.

¡BASTA! – la voz de la anciana resonó por todo el sitio mientras, dando cuenta de su poder, generaba una protección de hielo para los niños. – ¡No ven la marca en la frente de este niño! –

Ante la frase y notando aquel detalle, todos los rostros presentes cambiaron de la ira al estupor. Sobre los ojos verdes del niño se había dibujado con trazos desordenados un círculo simple, de color rojizo vino y que consagraba uno de los hechizos más simples como poderosos. El de protección absoluta.

Llamen a la reina, díganle que nos rendimos – la voz de la anciana había cambiado de fuerza, sonando claramente vencida. Drew se quedó en la misma posición y sólo cedió el cuerpo de May, cuando la mujer rubia que los había protegido el día de ayer, le prometió que sólo quería curar sus heridas.

Aun mareado, el peliverde se acercó a la líder de los magos, esperando por la llegada de su madre. La preocupación en sus ojos fue algo que no pudo evitar notar.

¿Qué pasa con ese hechizo? – le preguntó finalmente, cuando la curiosidad fue mayor que el temor. Ella lo miró por unos momentos y con un suspiro, decidió comentarle a quien era después de todo el protagonista.

Es un hechizo antiguo, pero uno de los más poderosos. El hechizo de protección absoluta hace que todo el daño recibido por quien ha sido hechizado llegue a quien lo hechizó. En este caso May es quien recibirá todo tu daño, incluso las heridas de muerte –

Las pupilas se contrajeron por el estupor, notando finalmente que ella había sacrificado su propia vida para mantenerlo a salvo. Rápidamente llevó sus manos hacia su propia frente y frotó con fuerza las líneas marcadas, borrando parte del dibujo de inmediato.

No seas ingenuo, príncipe – a pesar de lo cansado de su voz, ella había sonreído suavemente ante la acción del peliverde. Al parecer él realmente está preocupado por May – sólo quien hace el hechizo puede deshacerlo – Ella desvió su mirada hacia el camino, esperando por la reina y el resto del ejército real con los brazos cruzados sobre el pecho – Aun así estoy asombrada que ella pudiera lograrlo, pero no sé si su cuerpo pueda aguantar toda esa magia – Ella comentó para sí misma, pero lo suficiente para que Drew pudiera escucharla. Él se mordió los labios ante la sensación molesta en su pecho, sintiéndose completamente inútil.

¡Arrodíllense ante la presencia de la reina! – una voz masculina anunció la llegada de Caroline y de inmediato todos los hombres y mujeres a su alrededor se acomodaron en el suelo. Por entre el fuego y las carpas que aún permanecían indemnes, la figura de su madre se dibujó como un espejismo tras centenas de hombres que marchaban con trajes militares oscuros. Antes de que pudiera llamarla, ella había corrido y la tomó entre sus brazos con fuerza.

¡Drew! ¡Hijo mío! – Drew abrazó a su madre de inmediato, reconociendo el perfume floral de su cabello y el calor cálido de su cuerpo. De inmediato sintió como su corazón se calmaba y la tranquilidad llegaba a su cuerpo, de pronto demasiado cansado para volver a caminar.

Ella lo mantuvo en sus brazos con facilidad, arrodillándose para separarlo brevemente de su cuerpo y estudiar si tenía alguna herida. Suspiró con alivio cuando notó que se encontraba bien, pero su mirada pareció asombrada cuando notó los signos en su rostro.

Un… un hechizo de protección absoluta – susurró la reina y no había atisbo de duda en su voz. Los ojos de la anciana parecieron estudiarla cuando notó que una normal conocía un conjuro como aquel, aun con sus trazos a media, pero sabía que en ese momento aquellos detalles no importaban.

Ha sido una niña de aquí… probablemente ocupó todo su poder, así que no sé cuánto tiempo se demore en despertar –

Aun descansando sobre el cuerpo de su madre y demasiado cansado como para mantener los ojos abiertos, Drew tenía la conciencia suficiente para sentir como la reina se tensaba.

¿La niña está bien? – había real sinceridad en la voz de Caroline.

Recibió un hechizo de fuego, pero debería estar bien si se trata ahora –

Ambas quedaron en silencio por algunos segundos, más la anciana se levantó de su posición de respeto y le dirigió una mirada serena a la reina.

¿Puedo hablar con usted en privado? – la solemnidad en sus palabras calaron profundamente en Caroline y de descubrió a si misma asintiendo de inmediato. Hizo un movimiento para separar a su hijo, más él se aferró a ella con porfía y no logró su cometido. – Traiga al príncipe, al parecer ya está dormido –

Ambos fueron llevados a una carpa que se había mantenido indemne y la reina se sentó en unos de los cojines con facilidad, acostumbrada a moverse con su pequeño hijo en brazos.

Está niña es especial... May... es una de los sobrevivientes de aquel día negro... en la ciudad al norte de la capital – Inició la anciana y la respiración de Caroline quedó en su garganta, mientras inconscientemente acercaba más a su hijo a su pecho. Drew no lograba entender por qué su madre temblaba suavemente.

La líder de los magos removió un collar de su cuello y se lo ofreció a la reina. Ella estudio la belleza del mandala en una de sus caras.

Este... es el mandala del hechizo de protección absoluta – y cuando lo volteó, observando los datos de la niña impresos en él, la sangre de sus mejillas se perdió de inmediato – ¡N–no puede... esta n–niña es...! –

Sus padres lograron salvarla con ese hechizo, yo la encontré cuando sólo era un bebé junto con ese collar – de improvisto los ojos dulces de la bruja cambiaron a unos llenos de rencor, los fantasmas del dolor bailando en sus pupilas – ¡¿Entonces qué se siente, reina?! ¡Tú hijo fue salvado por uno de los nuestros! ¡Por aquellos que has exterminado en todo este tiempo! –

Y para sorpresa de la anciana, la reina dejo a su hijo en un costado y se arrodilló ante ella con solemnidad. Su frente estaba tocando el suelo.

Lo siento mucho – A pesar de que su voz no tembló en ningún instante, era claro el remordimiento que ella sentía – Lo siento mucho –

Sus palabras no traerán de vuelta a los que han caído, ni tampoco a los padres de May –

Lo sé – la castaña no cedió su posición por lo que no logró ver el cambio en la mirada de la anciana, que variaba de la furia a una sutil amabilidad.

Sé que usted no tiene la culpa de esto, ni siquiera ha nacido en Kanto para conocer la historia oculta de este reino – Caroline elevó elegantemente su torso hasta estar sentada, esperando por la maga – pero la familia real ha hecho mucho daño y es imposible para el corazón de todos esos heridos no querer tener su venganza hacia ellos –

Yo... supongo que puedo entenderlo con mi cabeza... pero no con mi corazón – y a pesar de la seriedad en su rostro, la anciana fue capaz de notar la ternura que dominaba los ojos de la reina – yo realmente lo amo, amo a mi esposo –

No fue una novedad para la bruja, la historia de amor que unía al rey con una simple mujer proveniente de Hoenn, había sido comentado ampliamente en los medios de comunicación.

Él no es un mal hombre, se lo prometo – Caroline señaló con un sutil dolor en sus ojos.

¡¿NO LO ES?! – La furia se extendió rápidamente por el cuerpo de la anciana – ¡HA MATADO A NUMEROSOS COMPAÑEROS! ¡NOS HA QUITADOS NUESTROS HOGARES Y REFUGIOS! ¡Y AHORA NOS PERSIGUE COMO SI FUERAMOS ANIMALES! –

La reina mordió sus labios mientras bajaba la mirada, sin poder negar ninguno de aquellos hechos. Ella sabía la campaña de terror que había iniciado su esposo hace años atrás, en aquel día negro donde cientos de magos y brujas fueron apresados y mutilados en una ciudad del reino. Siendo Pallet una región cuyos oriundos era totalmente normales y cuyos pensamientos racistas dominaban los corazones desde su infancia, todo el pueblo aprobó lo que el rey había hecho.

Los ojos de Caroline se llenaron de lágrimas cuando recordó su visita hacia aquel lugar. En sus pupilas se había tatuado el centro de la gran ciudad, donde en la plaza principal aún se podía notar la coloración azabache de los restos de las llamas que habían compuesto la principal hoguera. El mismo lugar donde se quemaron los cuerpos de los últimos sobrevivientes y posiblemente el destino de May si sus padres no la hubieran salvado.

Lo siento… – susurró con voz queda, sin mirar a la anciana. La última sólo suspiró y se preguntó porque una normal como la reina podía sentir tanto dolor hacia ellos.

Deje de disculparse – la regañó con voz molesta, porque sabía que esta mujer era la responsable de su actual estado. En los últimos años el rey se había calmado y ahora sólo buscaba exiliar a las personas con poderes mágicos, probablemente por el efecto que tenía su esposa sobre él. Seguramente que aún estuvieran vivos era gracias a la reina.

Luego de un momento, la castaña limpió sus ojos de las lágrimas que no lograron escapar y, aún en una posición sentada, miró directamente a la bruja con preocupación.

¿Qué pasará con la niña? – los ojos de la anciana se abrieron sutilmente, no esperaba aquella pregunta.

No lo sé, ella es una poderosa bruja pero su cuerpo aún es pequeño – guardó silencio y una sensación dolorosa cruzó el cuerpo de Drew. Aún consciente, no pudo evitar sentir temor hacia el destino de May – No sabemos cuánto tiempo necesitará para recuperarse –

El silencio cruzó a ambas mujeres, consciente del lazo que había unido al príncipe y a la pequeña castaña. Mientras ella no despertara y revirtiera el hechizo, cualquier daño que recibiera Drew iría directamente a su cuerpo.

Yo… yo la cuidaré – la voz de su madre retumbó en el silencioso lugar, no había atisbo de duda en ella – la llevaré al castillo y cuidaré de ella hasta que sane – tal vez por lo mismo, la anciana no se atrevió a contradecirla.

¿Usted la cuidará? ¿Promete que nada le pasará? –

Los ojos de Caroline se endurecieron dando cuenta de su tenacidad y la bruja supo que podía confiar en ella. Podía confiar en la mujer que lentamente estaba cambiando la tolerancia en el reino de Pallet.

Conociendo finalmente los deseos de su madre y más tranquilo por el destino de su pequeña salvadora, Drew terminó por rendirse al cansancio y perdió completamente su conciencia.

Despertó al mediodía del siguiente día, en su habitación de la casa de campo de la familia real y algo desorientado por los hechos del día anterior. Cuando finalmente salió de la ensoñación, recorrió apresuradamente el lugar hasta hallar a su madre junto a la cama de una pequeña castaña. Ella seguía dormida, su cuerpo conectado a máquinas que mostraban la señal de su corazón y sus brazos rodeados de implementos extraños.

Aun sin entender lo suficiente sobre lo que pasaba y porque tantas máquinas rodeaban a su nueva amiga, Drew se adelantó hasta su madre y abrazó su muslo en busca de consuelo. Ella de inmediato acarició los verdes mechones de su cabello, mientras que su mano contraria jugaba con el nuevo colgante que adornaba su pecho. El mismo collar que pertenecía por derecho a May.

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– ¡YA BASTA! ¡DETÉNTE! – el rugido nació profundo desde su garganta, logrando expandirse furiosamente por todo el lugar y llegando a los combatientes con facilidad. En el momento en que se protegía para el ataque con sus antebrazos cruzados frente a su rostro, Misty guio su mirada hacia Ash con profunda sorpresa.

Impasible a las muestras de afecto del pelinegro, Paul estaba centrado en aprovechar la oportunidad y atacar directamente para acabar con la mujer.

– ¡No te detengas, Pidgeot! – exclamó con seriedad, más el aumento de su usual tono tranquilo de voz, daba cuenta del nerviosismo y la emoción del momento. Sin embargo, su pokémon acompañante no pareció entenderlo y se detuvo de pronto. Los ojos grises se contrajeron por la sorpresa – ¿qué sucede? –

Respondiendo a su pregunta, una columna de fuego proveniente desde el suelo se presentó de improvisto ante sus ojos, justo frente a sí y a la posible ruta que ocuparía para vencer a Misty. Observó el suelo en busca del origen, encontrando al pelinegro con los brazos elevados hacia el cielo y su propio cuerpo envuelto por llamas rojizas. Acarició sutilmente el cuello de su pokémon acompañante, probablemente él había previsto el ataque y los había protegido.

– ¡Ash! ¡ASH! – junto al aludido, Ritchie trataba de hacerle entrar en razón. Pero la oscilación errante en sus pupilas chocolate reflejaban su situación actual y lo involucrado que se sentía hacia la batalla – ¡Cálmate! –

– ¡Pika pi! – Apoyado ahora en el hombro izquierdo de Ritchie, en el otro se encontraba Sparky, Pikachu había huido del ataque de su entrenador y ahora intentaba ayudar – ¡Pi! ¡Pika pikachu pikachu pi! –

Ya recuperada por el hechizo previo y aprovechando la pausa que Ash le había otorgado, la pelinaranja meció sus alas con suavidad y voló hasta estar nuevamente sobre uno de los pilares. Cuando llegó a la cima de uno de ellos, se arrodilló rápidamente e intentó recuperar su respiración habitual.

Llevó su mano derecha hacia su pecho, intentando omitir el dolor punzante cada vez que respiraba profundamente, y observó la situación que se desarrollaba bajo sus pies. Aún en esa posición podía ver el reflejo carmesí en los ojos de Ash, que le daban un aire furioso y casi enloquecido. Su pecho se estremeció por el sentimiento de culpabilidad, estaba preocupándolo de más.

Misty tomó sus hombros con sus propias manos, entrecruzando sus antebrazos. Cerró sus ojos para aumentar su concentración. Frente a ella, Paul alcanzó a notar sus acciones por el rabillo del ojo. Se volteó a verla de inmediato.

– Speed of light – susurró y en segundos su figura desapareció.

– ¿Qué? – De inmediato, el peligris empezó a buscarla con la mirada – ¡¿Dónde estás?! –

Apareciendo repentinamente frente a él, la atención de Ash que permanecía perdida en la emoción de furia hacia Paul, volvió a sí mismo y logró fijarse en la figura que se había dibujado ante sus ojos. El brillo en las alas blancas tras ellas era tan intenso, que estaba generando dolor en su mirada y rompió su concentración al mismo tiempo que todo rastro de fuego se desvanecía alrededor del pelinegro. Manteniendo las reglas de la batalla, ella permanecía flotando sobre el suelo con la ayuda de sus alas.

– ¿Qué estás haciendo? – le preguntó con su tono enfadado, tan propio de ella y le recordó toda la pelea que había presenciado hasta ahora.

– ¡¿Qué es lo que tú estás haciendo?! – su voz parecía incluso más molesta que la de la propia Misty, así como el fulgor endurecido en sus ojos chocolate. Ash intentó omitir el revoltijo nervioso que atacaba a su estómago, decir que estaba preocupado era subestimar sus propios sentimientos – ¡¿No es que eres tan poderosa?! ¡Entonces porqué está barriendo el piso contigo! – él apretó sus dientes con furia y, para su sorpresa, los ojos de la pelirroja se suavizaron con notoria tristeza.

– ¿No confías en mí? – le susurró con un tono que se asemejaba más a la certeza que a la duda, mientras sus ojos verdeazulados se opacaban por el dolor y sus cabellos rojizos flotaban con las brisas pequeñas que los rodeaban. Ella se veía hermosamente vulnerable y Ash no pudo evitar maldecirse a sí mismo por lo desubicado de sus pensamientos.

Consciente del propio sonrojo en su rostro, el pelinegro desvió su mirada hacia un costado. Mientras Misty esperaba por su respuesta, él luchaba con el cosquilleo de su estómago y el calor intenso que amenazaba con aumentar en su semblante.

– No es eso –

– ¿Entonces? – él la escuchó preguntar con suavidad, sintiéndose demasiado extraño como para mirarle directamente. Llevó su mano hacia su cabello negro, en un gesto inconsciente de nerviosismo – ¿Ash? – ella insistió con cierta dulzura que sólo provocó mayor nerviosismo en él. Sintiéndose un estúpido y un cobarde, el entrenador de fuego luchaba consigo mismo para ganar valentía y ver su rostro. Sin embargo, la sensación que atacaba su estómago así como los latidos furiosos en sus oídos, tan fuertes como desconocidos, no lo dejaban actuar con tranquilidad.

Repentinamente unas manos pálidas tomaron su rostro bronceado, guiando su atención hacia su líder. No recordaba si Misty solía generar ese tipo de contacto entre ellos, pero tenía certeza de que nunca habían hecho arder tanto a su piel. Justo en ese momento, cuando lo observaba con su iris dominado por el tono verdoso de las esmeraldas, Ash notó que aún mantenía un tono azulado cercano a sus pupilas.

– Cree en mí – era una orden y no fue una sorpresa que él asintiera en respuesta. La sonrisa que le regaló fue suficiente premio para él. Antes que pudiera pensar en lo que hacía, Ash acarició su frente justo donde provenía la sangre y vio con cierto alivio que ya había cesado. Dirigió nuevamente sus ojos hacia ella, esta vez con un aire de solemnidad y con un brillo almendrado en sus iris.

– Ten cuidado –

Ella se separó de él con la misma sonrisa, batiendo sus alas en su completa extensión y nuevamente se abrazó a sí misma. Le dio una última mirada antes de volver a la batalla, el hechizo de velocidad borrándola de inmediato y dejando un rastro de luz y plumas blancas frente a él. Los ojos de Ash se elevaron hacia el cielo, buscándola, y a pesar de que parecía más tranquilo, el brillo de perturbación persistía en su mirada.

Viendo el desarrollo de la escena en un costado, acompañado por los gritos emocionados de Pikachu y la indiferencia de Sparky, Ritchie observó a Ash con el ceño fruncido. Realmente esto era nuevo para él. A pesar de haber viajado tantos días con ellos y poner especial atención en su relación, el ojiazul nunca había visto un atisbo de cercanía entre ambos. Y ahora que Misty se había acercado con un rostro sincero y había tratado a Ash íntimamente, se preguntaba que no había notada para que su relación fuera actualmente así.

Llevó su atención hacia el chico que estaba frente a sí, la expresión sutil de preocupación y el tono de sus ojos distaba mucho de alguien que estuviera cuidando a algún amigo – Ash – lo llamó con seriedad y esta vez el pelinegro se volteó a verlo de inmediato. Estaba por preguntarle sobre la situación acontecida, pero la expresión en su mirada chocolate silenció cualquier atisbo de celos y sus reproches.

En ese mismo instante reapareció Misty en el campo de batalla, ganándose la atención de los presentes en seguida. De inmediato el entrenador volador se dirigió a ella, buscando atacarla.

– ¡Pidgeot, embestida! – sorprendida por el ataque, Misty conjuró rápidamente un hechizo para protegerse.

– ¡Light shie–! – interrumpiéndola, el cuerpo de la enorme ave chocó finalmente con el suyo y la empujó directamente hacia uno de los pilares. La pelirroja tuvo la reacción exacta para evitarlo y agitó sus alas que la desplazaron hacia otro lugar.

– ¡Pidgeot, síguela! –

Ash contuvo una maldición, mientras sus manos se empuñaban a ambos costados de su cuerpo y temblaban sutilmente. Ritchie observó la incertidumbre en sus ojos y con un suspiro, decidió que debía ayudarlo.

– Ash – los ojos del pelinegro se detuvieron un segundo en el chico de cabello castaño, demasiado preocupado en el combate para fijarse en él – No te has dado cuenta, ¿verdad? –

La sola frase fue capaz de generar una profunda curiosidad en el entrenador de fuego, quién ahora observó directamente a su amigo y teorizaba que aquello que no sabía era lo que mantenía a Ritchie tan imperturbable. El ojiazul no parecía inquieto por la seguridad de Misty.

– ¿De qué hablas? –

La respuesta de Ash fue suficiente para confirmar lo que creía. Esta vez levantó su mirada hacia los entrenadores que combatían, en ese momento la pelinaranja escapaba del ave usando la velocidad de la luz. Tras ella y sentado sobre el lomo de su pokémon acompañante, Paul había endurecido su mandíbula y parecía furioso.

– ¿Crees que la expresión de Paul es de alguien que está ganando? – Por primera vez desde que había iniciado la batalla, Ash estudió al peligris y prestó atención a sus acciones. Distaba mucho de lo que se podría esperar de quien llevaba la ventaja en una batalla.

– Misty, ella… – Ritchie dirigió su mirada hacia la entrenadora de la luz, ya respuesta de los ataques previos y esperando en el cielo al pokémon volador. El tono verdeazulado de sus ojos permanecía imperturbable, segura a pesar del desarrollo de la batalla – ella no ha utilizado ningún hechizo ofensivo sobre Paul –

Los ojos almendrados se contrajeron ante la sorpresa, notando finalmente aquel detalle, y se volteó nuevamente hacia la mujer. En ese instante el entrenador volador reintentaba atraparla.

– ¡Rápido Pidgeot! –

– ¡Pid! – exclamando con fiereza, el pokémon bateó sus alas y se impulsó para dirigir su cuerpo hacia la pelinaranja. Misty lo esperó en la misma posición, sin huir y con su rostro sin atisbo de miedo.

– Speed… – susurró mientras se abrazaba a sí misma, Pidgeot ya estaba cerca – …of Light! – al momento que el pokémon estaba a centímetros de tocarla, el cuerpo de la chica desapareció y se encontró en milésimas de segundos tras Paul, flotando libre en el cielo. Era el movimiento más rápido que habían presenciado durante toda la batalla, reflejando el real poder que la entrenadora de la luz poseía.

– ¡¿Qu–?! – el grito furioso de Paul murió en sus labios, cuando se volteó a verla y notó finalmente que ella había limitado su poder en todo el encuentro. El fulgor iracundo era tangible aún en sus ojos grises e inexpresivos, y Misty supo que lo había humillado a inconscientemente.

– Lo lamento, Paul – el tono de su voz era suave y sincero, encendiendo aún más la llama de odio que nacía en el entrenador volador – pero tendré que terminar esta batalla – Misty cerró sus ojos mientras llevaba ambas manos a la altura de su pecho y entrecruzaba sus dedos. Al momento un brillo suave nació de ellas y un viento suave meció su ropaje y cabello.

– ¿Qué está haciendo? – Ash susurró para sí mismo, el entrecejo fruncido ante la incertidumbre que le generaba la situación. De vuelta en su hombro, Pikachu mostraba una sonrisa gigante que su entrenador no notó.

Rodeada por el viento, que pareció aumentar la fuerza de forma improvista, Misty llevó ambas manos hacia el frente y las separó lentamente en forma vertical. Entre ellas se había creado una línea de luz que prontamente se curvó hasta formar una delgada media luna. La mano izquierda de la pelirroja tomó el centro de esta mientras la derecha se retraía hasta ubicarse frente al pecho femenino. Justo en ese momento serpientes de luz se crearon al extremo de cada punta de la media luna de luz hasta converger en la mano libre de la chica.

– La luz tiene varias ventajas sobre los otros elementos – Ash escuchó como Ritchie comentaba – La luz es una onda, pero también es una partícula y permite materializar cualquier objeto que el entrenador requiera –

– Entonces… ¿eso es? – El pelinegro susurró para sí mismo, más su pregunta encontró respuesta cuando una flecha de luz nació entre los dedos de la pelinaranja y se alineó con el objeto de luz – ¡Un arco! –

Las alas blanquecinas se mecieron con fuerza, mientras la dueña cambiaba la alineación de su cuerpo y se volteaba hacia un costado. Un fuerte viento proveniente del entrenador volador y buscando desconcentrarla llegó a ella, pero sólo sirvió para que hermosas y brillantes plumas rodearan su cuerpo como pétalos, y su cabello danzara adquiriendo tonos luminosos en naranja. Cuando lentamente abrió sus ojos, el fulgor resplandeciente de las esmeraldas en sus pupilas, Paul sabía que estaba lista para la batalla.

– Arrow of light – ella exclamó con suavidad, dirigiendo la flecha directamente hacia él.

– Je, ¿Es una broma? – Paul señaló con seriedad, la mandíbula tensándose ante la sensación de que ella lo subestimaba – ¿realmente crees que puedes vencerme con una pequeña flecha? –

Ella permaneció inmóvil, con la flecha sostenida por sus pálidos dedos y con una expresión suave en su rostro. Ash no pudo evitar notar que ella parecía más triste que segura.

– Lo siento Paul – Misty le dijo con sinceridad y cierta resignación. Al momento millones de luciérnagas de luz se habían consagrado a su alrededor – ¡Infinite! – con su frase, todas cambiaron de forma y se transformaron el flecha que apuntaban hacia el entrenador volador. Y él apretó los dientes, escapar era imposible.

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Volviendo a la ciudad portuaria y acogida por los rayos del sol, Erika se obligó a mantener el equilibrio en sus pies cuando reapareció en el centro de Bahía Gresca. El poder de Misty la había transportado rápidamente y, según comprobó en su reloj, en exactos tres minutos.

– ¡Odh! – sin su misma suerte, su pokémon acompañante terminó acostado en su espalda y llamando la atención de varios transeúntes cuando trató de levantarse. Que su cuerpo sólo girara cuando agitaba furiosamente sus pies no ayudaba. – ¡Oddish! ¡Odh! – Erika rio mientras se inclinaba hacia él.

– Espera, te ayudo –

Luego de estabilizar a Oddish y acariciar suavemente su cabeza para tranquilizarlo, la niña se irguió completamente e inició el estudio de la ciudad. Notó finalmente que había llegado a una plaza.

A su alrededor, las personas que realizaban su diario quehacer la miraron interesados pero sin una pizca de miedo, algo similar a lo que sucedía en su ciudad natal cuando escapaba de casa. Notó de inmediato la tranquilidad que se observaba a su alrededor, opuesto por completo a la escena que había presenciado en la mañana.

Inició el recorrido en la ciudad, más preocupada en encontrar a aquellos normales que estaban siendo exiliados que en apreciar las construcciones aledañas, y sin proponérselo terminó en un barrio completamente alejado del centro.

Estudió con interés las construcciones más notorias, edificios pequeños de mismo estilo y con una coloración grisácea otorgada por los años. Sus pasillos eran abiertos y permitía ver las cuerdas que se unían de un lado a otro, donde colgaban vestimentas simples y andrajosas. En los muros más cercanos habían murales de vivos colores, con signos que asimilaban ser letras y dibujos desproporcionados. Sirenas de vehículos interrumpieron la calma de pronto, junto con exclamaciones lejanas y otros sonidos que no logró identificar. Desorientada, Erika buscó ayuda en una anciana que estaba sentada en el antejardín de uno de los edificios.

– ¿Disculpe…? – la peliazul la llamó, buscando su atención. La señora la miró sin sorpresa, con una mirada oscurecida por el cansancio y resignación. – No soy de aquí y me he perdido, ¿me puede decir dónde estoy? –

– Una entrenadora – dijo sin emoción – nunca pensé que viviría para ver a una – Ciertamente su comentario era para sí misma, pero Erika no pudo evitar sorprenderse por ello. Sabía que esta ciudad tenía un entrenador, Paul, y realmente se le hacía extraño que no tuviera contacto con las personas que habitaban en aquella ciudad – Este no es un lugar en donde deberías estar, ni tampoco yo –

– ¿Eh? ¿Dis–disculpe? –

– Este es un barrio de normales, los últimos que quedan –

Los ojos de Erika se elevaron de inmediato hacia los departamentos, notando a un grupo de chicos que conversaban en la escalera y otro grupo de niños que jugaban emocionados en una de las calles. No parecía que estuvieran preparándose para un desalojo.

– No nos han dado una fecha aún – la mujer comentó, contestando una pregunta no emitida – disfrutamos el tiempo que podamos, hasta que nos envíen a Hoenn o Kanto –

– Kanto es muy hermoso – Erika señaló con una expresión suave, su mirada se había endulzado ahora que pensaba en su región natal – seguro le gustará, ahora que es invierno las montañas en Carmín se ven preciosas con la nieve – y la niña alcanzó la mano de la señora, tocando el dorso con la propia e intentando calmarla. Adivinando sus intenciones, la anciana le sonrió con gratitud.

– ¡Abuela! ¡Entra, es hora de comer! – interrumpiendo su conversación, un muchacho apareció desde uno de los pasillos y justo tras la mujer. Tenía el cabello corto y oscuro, y llevaba una simple remera, shorts hasta las rodillas y unas sandalias. – Mamá preparó un… ¿Ugh? – su discursó murió en cuanto la vio. Erika le sonrió mientras inclinaba la cabeza a modo de saludo, notando que probablemente era un poco mayor que ella y que el calor había coloreado sus mejillas. – A-abuela… e-ella q-q… – su pregunta murió de repente, cuando vio la extraña criatura que estaba a su lado. – ¡Una entrenadora! ¡¿Qué es lo que haces aquí?! ¡¿Vienes a ayudar al ejército?! – de repente le gritó con agresividad. Empatizando rápidamente con él, Erika decidió no confrontarlo y alejarse antes de que la situación creciera innecesariamente.

– Gracias por responderme – ella le sonrió a la anciana y luego al muchacho, que la observaba con el ceño fruncido.

Se alejó para seguir su camino, notando finalmente la pobreza del lugar y como la mayoría de las personas que encontraba se alejaban de ella con el ceño fruncido. Estaba por doblar en una de las calles, cuando una voz masculina la llamó.

– ¡Tú! ¡La chica de pelo azul! – Erika se volteó y vio con sorpresa como el chico de antes se acercaba corriendo. Lo espero pacientemente.

– ¿Sucede algo? – ella inclinó la cabeza hacia un costado, aumentando inconscientemente la ternura de su rostro. Frente a sí, el chico sí lo había notado.

– L-lo siento… l-lo de recién – él la miró por un momento, pero casi de inmediato llevó sus ojos hacia un costado y su mano tras el cabello. Su sonrojo se incrementó con rapidez. – fui grosero, p-perdón –

– No te preocupes – ella le dio una sonrisa sincera y se volteó en sentido contrario, mientras levantaba su mano a modo de despedida – ¡nos vemos! – y no notó como el chico se quedaba mirándola, más de lo esperado.

– Tierna como siempre, Erika – justo cuando caminaba por la sombra que le otorgaba uno de los edificios, un tono de voz grabe llegó a ella y la detuvo en el acto. Erika sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo y estaba lejos de ser agradable.

Con sus pupilas contraídas por el miedo, la niña estudió su lado derecho donde había provenido la voz y se percató de un círculo cuya sombra parecía mayor a la que la rodeaba. De pronto, el sitio incrementó la intensidad de su color y como si fuera un tipo de tubería, el cuerpo de un hombre joven y rubio ascendió lentamente. Cuando el hechizo terminó, probablemente conjurado por Gary, Erika se encontraba junto a uno de sus camaradas.

– Tom… –

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Acomodado en una de las sillas que componían el comedor de la habitación del hotel, Clemont estudiaba concentrado el diario del día y bebía tranquilamente el café negro que descansaba en su mano derecha. Los haz de luz de la mañana cruzaban la ventana principal, atravesando las cortinas blancas y llegando justo a donde se encontraba. La calidez que le otorgaban le causaba una sensación placentera, por lo que se permitió disfrutar un poco más de la extraña paz que lo acompañaba. Sabía que en algunos minutos debería levantar a su hermana para el desayuno y a Serena, que debía presentarse al mediodía para iniciar las preparaciones del desfile de ese día.

La puerta de la habitación principal, que junto con dos más y la sala común componía la gigantesca habitación que habían alquilado en el hotel, se abrió para mostrar la figura de una hermosa muchacha. El rubio bajó el diario ante el sonido, curioso por su presencia.

– Buenos días – le saludó ella con una sonrisa deslumbrante, más que los rayos de sol en aquel día de verano. Sus ojos azules se habían achinado por ello y parecían brillar aún más de lo que usualmente lo hacían.

Clemont tragó saliva ante el aleteo en su pecho y se obligó a permanecer con una expresión neutra. Ciertamente se había acostumbrado a la belleza divina de aquella castaña, pero en ese momento se veía más hermosa de lo que normalmente lo hacía y no estaba preparado para aquello.

– ¿Una infusión? – él preguntó luego de un momento, su voz temblando levemente y obligándolo a carraspear nuevamente – te has levantado temprano –

Ella caminó hasta ocupar la silla que estaba frente suyo, esperando que el rubio le sirviera el desayuno. En la mesa había una buena cantidad de frutas, algunos yogures naturales, cereales, jugo de naranja, tostadas y diversas infusiones. Era un desayuno variado y saludable, justo como lo había solicitado su manager a aquel hotel cinco estrellas y que habían aceptado sin inconveniente. Ser una modelo famosa y bien pagada tenía sus ventajas.

– Casi no he dormido – le comentó al muchacho con una sonrisa, cuando él le entrego un jugo de naranja y preparaba una infusión de manzanilla. Clemont levantó su mirada hacia ella, su entrecejo suavemente fruncido.

– ¿Sucedió algo? – ella bajó su mirada hacia una compota de frutas, lo que sería su desayuno aquel día, y una sonrisa tímida se formó en sus labios cerezas. Las mejillas pálidas adquirieron un tono rosa que la volvió increíblemente más hermosa, más negó con su cabeza.

– Yo… sólo estaba muy emocionada – el azul de sus ojos pareció profundizarse mientras el reflejo de las luces titilaba suavemente – Sobre la nueva información que obtuve de Ash –

Una brisa tranquila se coló por la ventana entreabierta, haciendo que el flequillo de su frente danzara suavemente y su mirada se aclarara aún más. El sonrojo en sus mejillas persistía, disminuyendo en intensidad pero no lo suficiente para no percibirlo. Y Clemont observó por enésima vez aquella expresión deslumbrante con un apretón doloroso en el pecho, hace muchos años que ya podía reconocer el rostro de una mujer enamorada.

Bajó su vista hacia su propio desayuno, intentando inútilmente disminuir la sensación en su propio cuerpo.

– ¿Estarás bien para el desfile? – Ella lo miró con curiosidad, su sonrisa sin abandonarla en ningún momento – ya que has dormido poco y todo eso –

– Estaré bien –

Ella se limitó a cerrar sus ojos en una alegre mueca y el rubio supo que no debía preocuparse por ella. El entrenador de fuego hace mucho tiempo que se había convertido en la prioridad de la modelo, el viaje y la propia profesión de ella lo había elegido con el fin de encontrarlo; por lo que con cualquier noticia que tuviera sobre él se mantendría con el ánimo elevado.

Ignorando su propio sufrimiento, se obligó a estar feliz por la castaña y a terminar su desayuno. Esperaba que con el correr del día y con las actividades que atiborraban su calendario, pudiera omitir los pensamientos confusos.

Por su parte, Serena iniciaba su comida y se sorprendió con el sabor de las frutas que aquel día estaban particularmente deliciosas. A su mente llegó nuevamente un recuerdo que estuvo reviviendo la mayor parte de la noche, de aquel día cuando había conocido al entrenador de fuego.

Serena bajó del automóvil con una sensación intrigante en su pecho, combinándose rápidamente con la emoción de indiferencia. Ciertamente siempre había disfrutado de los viajes, de pasear con su madre por los campos de verde pasto y el aroma limpio que podía olfatear junto a los campo de flores silvestres. Sim embargo y a pesar que los campos de Pallet podían cumplir con creces aquello que adoraba, la sensación de obligación persistía en su mente y a ratos era inevitable que se transformara en terror.

Atónitos por lo sucedido con el tatuaje que la unía a su clan y con su manejo perfecto de los hechizos con agua, sus padres habían decidido enviarla a conocer al entrenador de fuego y de paso intentar encantarla con aquel elemento rojo. Pero sobre la emoción de conocerlo premiaba el temor, el temor de no lograr lo que sus padres esperaban, ser alejada de ellos y ser repudiada por su familia. Aun cuando amaba poder manejar el agua.

Su madre, que la había acompañado en aquel viaje y que nunca pareció enojada con ella por su poder, le explicó brevemente la relación que tenían el clan de los dragones rojos y el entrenador de fuego. Le contó que el primer líder había sido el primer entrenador del fuego y como los distintos entrenadores se habían relacionado con ellos en los últimos años, teniendo una relación cercana y amigable con el clan.

¿Y sabes que es lo más impresionante? – le preguntó la mujer en medio de la charla, mientras formaba una trenza en su cabello castaño y sus ojos azules tan similares a los de ella brillaban con real emoción.

Sentada en la falda de su madre, la pequeña Serena de 6 años se obligó a sonreír, aun cuando no sentía nada hacia aquellos entrenadores.

¿Qué? –

Nunca ha sido un acercamiento directo – y el pestañeo en los ojos de la pequeña fue de real incertidumbre.

¿Cómo? No entiendo –

Ha sido el destino – Su madre peinó el flequillo de su frente, mirándola directamente con una sonrisa – nunca la familia se ha presentado directamente con el entrenador de fuego, siempre ha habido un encuentro predestinado entre ellos con uno de nosotros y han terminado por permanecer cerca del clan – los ojos de la niña castaña demostraron su asombro, algo emocionada por lo romántico del relato – esta es la primera vez que vamos a conocerlo directamente –

Así que ahí estaba, observando los campos verdes de Pallet brillando en dorado por los reflejos del atardecer y disfrutando la brisa fría de verano que mecía su cabello y su vestido. Había terminado en un humilde hotel en uno de los pueblos pequeños que rodeaban la capital del reino, pasarían la noche ahí y al otro día seguirían su viaje para reunirse con el entrenador. Según la información que poseían era un niño de su misma edad y sus padres eran sencillos campesinos que tenían su cosecha en otro de los pueblos cercanos.

Sentada en el gigantesco jardín que pertenecía a la casa que las hospedaba, Serena se quedó viendo el baile suave de las hojas de los árboles que estaban justo frente a ella, en lo que parecía ser la entrada del bosque. Su madre le había prohibido alejarse ahora que estaba oscureciendo, pero estaba aburrida y ni siquiera tenía a Clemont cerca para que le hiciera compañía.

Aprovechando que su madre estaba dentro y observando el color naranja en el claro cielo, Serena se levantó y corrió hacia los árboles. Se prometió a si misma que volvería antes del anochecer. Cruzó los árboles con facilidad, preocupándose de no tropezar con sus enormes raíces y no ensuciar sus zapatos favoritos de inmaculado color blanco. Caminó algunos metros con cuidado y fue atraída inmediatamente por la luz clara que se dibujaba al final del camino. Supuso que estaba más cerca de un claro de lo que creía.

Cuando llegó finalmente al lugar, los rayos naranjas acariciando su pálida piel, Serena comprobó que había un pequeño riachuelo frente a ella. Su agua cristalina brillaba con la luces del atardecer y se hacía notar aún más entre las caídas de su recorrido, pasando sobre rocas y generando pequeñas cataratas.

Serena corrió hacia el riachuelo con una sonrisa emocionada, sintiendo el aleteo de su corazón al sentir nuevamente el elemento que amaba. Se arrodilló junto a él, tan ansiosa de jugar, que no le importó manchar su vestido rosa pastel de volantes. Se inclinó para estudiarlo, la trenza que contenía su largo cabello castaño se meció hacia un costado, y una risa alegre y femenina nació de sus labios cuando tuvo contacto con el frío líquido. Sumergió su mano derecha con la palma hacia el cielo, descubriendo la tonalidad transparente en su propia piel, y sin poder contenerse formó un pequeño círculo en ella. Acercó su mano izquierda y de pronto se encontró a si misma jugando con una serpiente de agua, haciéndola girar alrededor de sus manos y su propio cuerpo.

¡Wow! ¡Increíble! – exclamó emocionada una voz aguda, pero con un acento algo brusco.

¡Kya! – sorprendida por ello, Serena rompió el hechizo y el agua cayó libremente a sus pies. Se volteó hacia quien había hablado y descubrió la figura de un niño justo tras ella. De piel morena, cabello negro y relucientes ojos almendrados, había algo en su sonrisa emocionada que lo hacía increíblemente tierno e inocente.

¡Eso del agua! ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres una bruja? – él se acercó a ella enérgicamente, sus ojos casi con estrellas resplandecientes. Intimidada por el niño, que estaba ocupando mucho de su espacio personal, Serena retrocedió y lo miró con cierta duda. Su madre le había advertido sobre revelar su condición de hechicera en aquella región, conociendo de antemano el rechazo que existía hacia los magos en el reino de Pallet. Sin embargo ese chico no parecía molesto ni asqueado, estaba completamente emocionado por la curiosidad.

Y–yo… – su voz murió ante la inseguridad, él la miró con una sonrisa gigante de expectación.

¿Sí? – y los ojos almendrados se veían tan sinceros que ella sólo se pudo rendir a ellos.

Lo soy –

Él le regaló una sonrisa gigante, que ocupó la mitad de su rostro y le otorgó un atractivo alegre que ella no había notado.

¡Increíble! ¡Siempre me ha gustado el agua! – y antes que pudiera evitarlo, ella misma se contagió por su energía – es tan bonita y brillante –

¡Lo es, ¿cierto?! – ella aseguró felizmente, más su expresión murió lentamente a una dolorosa – pero en mi familia odian que pueda manejarla – ella bajó su mirada al riachuelo y se agachó hasta apoyar sus rodillas en la tierra alrededor. El niño siguió sus acciones y sin preguntarle, se sentó a su lado estilo indio.

¿Lo odian? – él preguntó con su cabeza inclinada, intentando mirar su rostro. Serena se limitó a asentir – Tal vez están celosos – ella lo miró por un momento con una expresión entristecida, buscando señales de que mentía. No encontró ninguna.

Se inclinó nuevamente hacia el riachuelo, sus manos ya acostumbradas generando esferas de agua cristalina que flotaron fácilmente entre sus dedos.

Ojala fuera fuego – susurró ella para sí misma, pero lo suficiente para que el pelinegro la escuchara. Ella no alcanzó a notar el cambio en la claridad de sus iris, reflejando su preocupación hacia la castaña.

No creo que el fuego sea más genial que el agua – él dijo buscando animarla y ella lo supo de inmediato. A pesar de no creer en sus palabras, guio su rostro hacia él con una mueca agradecida.

¿Cómo lo sabes? – sin querer su voz nació con anhelo, ansiando la aceptación que nunca había recibido de su familia. Desconocedor de los pensamientos de la niña, el pelinegro elevó su mano derecha y creó sin esfuerzo una pequeña llama. Los ojos azulados, que ahora variaban de intensidad por el flameo del fuego, se ampliaron por la impresión – ¡¿qué?! ¿Eres un mago? –

Él movió su boca, probablemente para contestarle, cuando un ruido entre los arbustos cercanos llamó su atención. Antes que pudiera decir algo, salía de entre ellos una extraña criatura amarilla y de orejas puntiagudas.

¡Pika pi! – exclamó con un chillido y sus ojos negros brillaron felices cuando notó su presencia. De inmediato corrió a su encuentro.

¡Hey, Pikachu! –

¡¿Qué es esa cosa?! – gritó la niña con cierto pánico, viendo cómo se acercaba cada vez más el extraño animal. El pelinegro rio por su reacción.

No "que", quién – él corrigió de buen humor, esperando a su compañero que subió rápidamente por su brazo extendido hasta llegar a sus hombros. La criatura la veía ahora con curiosidad, pero no parecía interesado en tener contacto con ella – este es Pikachu, mi pokémon – Y la información fue suficiente para atrapar su respiración en su pecho.

E–eres un entrenador… – susurró con voz queda, y sus ojos se abrieron aún más cuando unió las pistas que la rodeaban – el entrenador del fuego –

Él había inclinado su rostro hacia ella, su mirada parecía animada y sus labios se habían curvado en una sonrisa llena de seguridad. Ahora que podía observar sus ojos, aún visibles a pesar de la luz que lentamente se extinguía, Serena pudo notar el reflejo carmesí que sutilmente se dibujaba en sus ojos castaños y en las curiosas manchas de sus mejillas.

¡Ash! – una voz interrumpió el silencio que los envolvía, sorprendiendo a la niña cuyo cuerpo dio un saltito – ¡Vamos a cenar! –

Con una expresión alegre y demasiada velocidad, el niño se volteó a la dirección de dónde provenía la voz. Conocedor de los pensamientos de su entrenador por los años juntos, Pikachu saltó rápidamente de su posición y corrió hasta desaparecer por entre los arbustos.

Mi mamá me llama, debo irme – señaló él con una sonrisa. Se levantó y sacudió la tierra de su humilde jeans.

Anhelando sorpresivamente la compañía del entrenador del fuego, Serena lo miró desde su posición con sus ojos entristecidos y una mueca apagada en su rostro. Él la miró por última vez y le dedicó su más deslumbrante sonrisa.

Sigue mejorando tu magia con el agua – y a pesar de su frase sin significados ocultos, el corazón de la castaña dio un vuelco – y la próxima vez que nos veamos, ¡entrenemos juntos! – él hizo ademán de irse, pero antes de lograrlo, la mano de la niña cogió su chaleco rojo y lo retuvo a su lado.

¡Serena! ¡Mi nombre es Serena! – su exclamación nació con fuerza, deseando que él supiera finalmente quien era ella.

Serena – él la llamó por su nombre y de inmediato las mejillas de la niña adquirieron un rosa furioso. Su agarre se soltó lentamente – lo recordaré, ¡Nos vemos! –

Y el entrenador de fuego se fue de su lado, corriendo animadamente y llamando a su compañero pokémon cuando se adentró hacia la otra dirección del bosque. Serena permaneció en la misma posición, luchando contra la sensación de adrenalina que atacaba su estómago y el latir furioso de su corazón. Y en ese instante, cuando finalmente había notado que alguien había reconocido su poder y no la odiaba por eso, cuando la sensación de dolor ante la decepción de sus padres se elevaba de su cuerpo; supo que sus sentimientos hacia el entrenador de fuego habían empezado.

Cuando retomaron su viaje por Pallet, ella deseando encontrarse nuevamente con el chiquillo de morenas mejillas, fue una sorpresa notar que justo había salido con sus padres a un viaje alrededor de la zona. Y para su madre fue aún más una sorpresa cuando Serena le confesó su encuentro en la ciudad anterior y lo impresionado que él estaba por su magia. Con una mirada emocionada, su madre había llamado aquel momento el encuentro predestinado y el apoyo a su hija fue completo desde ese instante.

Por eso que al llegar a casa, Serena inició un estricto entrenamiento para mejorar su poder con el agua y se mostró imperturbable a los dichos malintencionados de sus primos hacia su magia. Tampoco logró asombrarla que a sus escasos catorce años, cuando su familia la exilió del clan, ella lo aceptara con una sonrisa y se emocionara ante las expectativas que la esperaban. Después de todo podía dejar su cárcel y finalmente iniciar su viaje para encontrar al entrenador del fuego.

– Ha pasado un tiempo, ¿no? – ella comentó con una sonrisa melancólica, atenta al reflejo de su rostro que se veía en la taza con la infusión. Clemont, su mejor amigo desde la infancia y que al pertenecer a la familia que servía a los dragones rojos, lo había convertido en su guardaespalda desde niños; la miró por sobre el periódico. – Desde que iniciamos nuestro viaje – ella aclaró.

– Hemos tenido suerte – comentó él y ella supo que tenía razón. Si no fuera por lo hermosa que Serena era, seguramente no hubiera sido tan fácil conseguir un trabajo que les aportara tanto dinero como para costear el viaje por el mundo – pero nos hemos demorado en conseguir nuestro objetivo –

Ella asintió en silencio. Ciertamente hace mucho tiempo que tenían las facilidades económicas para realizar un viaje hacia el reino de Pallet, pero con su trabajo de modelo había descuidado su propio entrenamiento mágico y no estaba preparada para ver la decepción en los ojos del entrenador de fuego. Aunque seguramente él nunca podría mirarla de esa forma.

Ella sonrió inconscientemente.

– Supongo que… me gusta esta vida después de todo – aunque era una excusa, Serena sabía que no era una completa mentira. Ella realmente disfrutaba del modelaje, aún más que su poder de bruja.

– Serena – la voz tranquila de Clemont llamó su atención, sorprendiéndola ante la mirada decidida en sus ojos – tú sabes que… cuando decidas que estás lista, nosotros te acompañaremos – él aseguró con tenacidad – aunque sea al fin del mundo – ella sonrió ante su frase dramática, pero se sintió sinceramente conmovida.

– Muchas gracias –

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– ¡Infinite! – con un grito suave, Misty terminó por completar su hechizo y al soltar sus dedos, millones de flechas cayeron en picada hacia la figura del peligris. Calculando su suerte en una fracción de segundo, Paul supo que por la inclinación no había una alternativa para escapar de su propia muerte. Cerró sus ojos con fuerza, esperando el dolor punzante y probablemente mortal de aquel ataque.

El que nunca llegó.

Paul abrió sus ojos sólo para ver un resplandor que cubría completamente su figura y la de su pokémon. Era el escudo de luz que Misty había utilizado durante la batalla y que ahora lo protegían de los disparos que se realizaban a su alrededor. Las flechas de luz eran tan poderosas que lograron destruir gran parte de los pilares de piedra, causando la caída de algunas y levantando grandes nubes de polvo.

Rápidamente Paul invocó ráfagas de viento, que alejaron con fuerza la neblina, y despejó la visión directa que tenía de la pelirroja. La encontró en el mismo lugar, flotando en el aire y con un brillo entristecido en el tinte verde de sus ojos. El peligris endureció su mandíbula.

– ¿Te compadeces de mí? – el tono en su voz era oscuro, con una furia tangible que prometía fácilmente transformarse en resentimiento. Misty no le respondió, se quedó viéndolo con la misma expresión serena y en sus ojos verdes se adivinaba sólo dolor. – ¡Esto no ha terminado! ¡No hasta que alguno caiga! – él gruñó enfurecido, decidido a demostrar su valía ante aquella mujer.

Estaba por retomar la batalla, cuando la pelinaranja desapareció, se transportó en milésimas de segundo a su lado y con un fuerte empujón lo sacó del lomo de Pidgeot. Paul tenía la suficiente habilidad para contrarrestar el ataque, más el aleteo del pokémon volador estaba tan cerca de césped; que terminó sobre ello antes de poder evitarlo.

– Ahora sí, terminamos – ella le señaló con obviedad y él apretó los dientes.

– Quiero la revancha –

Los ojos verdes de Misty lo estudiaron sin atisbo de asombro, era como si hubiera esperado esa reacción en él. Luego de un momento, ella simplemente suspiró.

– La tendrás –

– ¡Pidgeot, ata–! –

– No ahora –

– ¿Eh? –

Con un suspiro, Misty se acercó a la gigantesca ave y la acarició suavemente, relajándola de inmediato.

– Pidgeot está cansado y tú también – ella señaló con simpleza, logrando una mirada fría y furiosa en el entrenador volador.

– No somos tan débiles para habernos agotados con esta batalla – la mandíbula masculina se tensó – ni siquiera se puede considerar como una –

Los ojos verdes de Misty lo estudiaron por un momento con neutralidad, pero su entrecejo se había fruncido suavemente y le daba un aire de tristeza. Lo cierto es que sería inútil si tenían otro enfrentamiento, dudaba que él fuera capaz de contrarrestar su ataque de flechas de luz y ese era su ataque más débil.

Se separó de él meciendo sus alas, dirigiéndose en un sentido contrario y hacia donde se encontraban sus compañeros viajeros.

– ¡Enfréntate a mí! – ella se volteó a verlo por sobre su hombro.

– Después – y el tono de su voz había resultado tan serio, casi como un decreto real, que Paul fue silenciado al momento.

Siguiendo el trayecto hacia sus amigos a través del aire, Misty se quedó viendo la espalda del peligris y omitió un suspiro cansado. Desde su posición podía notar como los hombros del muchacho se habían encorvado levemente y como la mirada de Pidgeot observaba a su entrenador con profunda preocupación. Ella no quería destruir su espíritu, pero había ocasiones en que se debía hacer para recuperar la humildad. Se preguntó a sí misma si Sabrina pensaba lo mismo y por eso los había enviado directamente a Paul.

– ¡Misty! – el llamado de Ritchie le devolvió la atención y la chica descubrió que ya estaba cerca de sus amigos, aunque a una altura mayor. Se encontró con la sonrisa de Ritchie, que parecía aliviado de que hubiera terminado la batalla y también feliz del resultado. A su lado, los ojos almendrados de Ash se habían suavizado y en ellos brillaba un reflejo dorado que era de puro orgullo. Sus labios se habían curvado en una mueca alegre, que rayaba en una expresión llena de ternura.

Con un extraño cosquilleo en el estómago, Misty inició el rápido descenso desde las alturas y llegó a su lado con una sonrisa gigantesca.

– ¡Pikachu pi! – desde el hombro del pelinegro, Pikachu la saludó con intensa felicidad. La pelinaranja se acercó finalmente, flotando a ras de suelo y con sus blancas alas en completa expansión.

De pronto el torso de Ash se inclinó levemente y le ofreció su mano con la palma hacia el cielo.

– Buen trabajo – él le dijo con una sonrisa, aún sin perder la posición y con sus ojos fijos en los de ella. La pelinaranja tomó su mano y luchó contra la sensación en su abdomen, que creció en intensidad y causó un fuerte aleteo en su pecho – Mi señora – ella rio lindamente, con sus mejillas teñidas a un suave tono rosa.

– Tonto – le contestó con la misma expresión, sabiendo que estaba jugando.

Con un fuerte viento y una luz incandescente que murió de forma repentina, Misty perdió sus alas en unos segundos. Los chicos habían cerrado sus ojos de inmediato, más la mano de Ash no dejó escapar a la de Misty.

– Lo hiciste bien allá arriba, Mist – comentó el ojiazul y finalmente los entrenadores soltaron su unión en mutuo y silencioso acuerdo. – pero, ¿por qué no atacaste desde el inicio? Te hubieras evitado una buena parte de los golpes – el entrecejo de Ritchie se había fruncido ante la incertidumbre de sus acciones y Misty lo miró con seriedad.

– Tengo mis razones –

– Pero… ¿cuá–? – la expresión en los ojos verdeazulados no había cambiado, pero bastaron unos segundos más de su atención para silenciar al caballero de Celeste. Le debía respeto a su reina después de todo.

– Ritchie tiene razón – argumentó Ash, que ni siquiera había notado la mirada de Misty – gastaste un montón de energía en eso –

– Tengo mis razones – repitió ella con serenidad y tratando de hacer un punto. Los ojos del pelinegro se estrecharon, lejos de ceder ante la curiosidad.

– ¿Cuáles son? –

– No es tu asunto –

– ¡¿Por qué no quieres decirlo?! ¡Somos un equipo! –

– ¡¿Y eso qué tiene que ver?! – Ash se sintió un poco más liviano cuando ella no lo negó, como lo hubiera hecho días atrás; pero pasó desapercibido por su actual discusión.

– ¡Tenemos que saberlo! –

– ¡No! ¡No tienen! –

– ¡Sí, tenemos! –

– ¡NO ES TU PROBLEMA! –

– ¡¿y ahora, por qué estás enojada?! –

Los ojos cristalinos de Ritchie se oscurecieron cuando el chico estrechó la mirada, ya acostumbrado a la extraña convivencia de aquellos entrenadores y siempre molesto por ello. Sin embargo su enojo actual era distinto al que sentía al inicio del viaje, mientras que antes eran celos la mayoría de sus pensamientos, ahora sólo era irritación por no tener aunque sea un día de tranquilidad.

Apoyado en su hombro, Sparky hacía una copia exacta de la expresión del entrenador eléctrico, y en el otro, Pikachu los miraba con una sonrisa nerviosa.

El caballero de Celeste se obligó a intervenir, sabiendo que había temas mucho más importantes en este momento. Uno en particular le había empezado a intrigar desde que se inició la batalla.

– Misty – la llamó con seriedad, sus ojos fijos en la pelinaranja y con tanta solemnidad, que silenció de inmediato la discusión. Ella se volteó hacia él con una mirada similar y a su lado, Ash esperó con la garganta apretada.

– ¿Q–qué pasa? –

– Tú… – Ritchie inició, su voz sonando intensa y grave – ¿No llevas brasier? –

– ¡¿Q–Q–?! – Un sonrojo furioso nació en las mejillas de la chica.

– ¡¿QUÉ ES LO QUE ESTÁS PREGUNTANDO?! ¡PERVERTIDO! – Ash gritó enfurecido, tentando en lanzarle un zapato ante la estupidez de su pregunta. El entrecejo de Ritchie se frunció, irritado.

– ¡¿y qué hay de malo?! ¡Estoy seguro de que estás pensando en lo mismo! –

– ¡ASH! – y como si fuera posible, el enrojecimiento de Misty creció en intensidad al igual que su furia.

– ¡¿POR QUÉ ME GRITAS A MI?! –

– ¡¿LO ESTÁS PENSANDO?! – y ante el curso de sus pensamientos, las mejillas morenas se tiñeron lentamente a rosa. De inmediato, Misty cruzó sus brazos y se protegió de su mirada – ¡Maldito depravado! –

– ¡Es natural! – Ritchie debatió.

– ¡No lo es! –

Desde su misma posición y aún irritado por la batalla perdida, Paul observaba a los viajeros con aburrimiento. Ahora que lo notaba, la parte superior de la espalda de Misty estaba completamente descubierta y no había ningún elástico que la cruzara. Se preguntó a sí mismo como había soportado tan bien la pelea, especialmente por su tamaño que seguro redondeaba en la copa c. No era como si importara de todos modos.

– ¡Bueno! ¡Era sólo una p–! –

La voz de Ritchie murió de pronto, justo cuando un sonido fuerte e intenso llegó a ellos y atrajo su atención. Se había escuchado lejano, en la dirección por donde habían subido la montaña y por tanto donde se encontraba la ciudad.

El cuerpo de Misty se tensó, inconscientemente sabiendo de qué se trataba pero esperando con ansias que alguien negara sus sospechas.

– ¿Q–qué fue eso? – ella murmuró con temor. Paul se había acercado a ellos, su expresión neutral como siempre.

– Viene de la ciudad – y antes que pudieran aclarar sus dudas, una serie de estruendos similares los silenciaron de inmediato. Ellos supieron de inmediato de que se trataba. Eran explosiones.

Y con el temor amenazando con congelarla, Misty rápidamente creó sus alas y emprendió vuelo hacia el lugar. Su cabeza centrada sólo en encontrar a una persona y su pokémon acompañante.

– ¡ERIKA! –

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Continuará…

Bien, sé que es raro publicar esto en plenas fiestas (en serio, no sé si alguien tenga tiempo para leerlo en pleno 31 de diciembre), pero se esperaba más significaba publicarlo el otro año y no quería eso! (Cábala?)

Muchas gracias a todos quienes han seguido la historia y espero que hayan disfrutado la batalla entre Paul y Misty, y si preguntan si Misty es fuerte? Sí, si lo es. (Una preferencia personal, siempre sentí que Misty no tenía mucho protagonismo en la serie original en relación a las batallas)

Por cierto, ya salí del hiatus! Wiiii!

Ahora… RxRxR!

ElphabaLii: jajaja la ova fue lo mejor y ahora que se estrenará la serie, ojalá este lleno de momentos entre Syaoran y Sakura :D, y bueno, por lo menos el capítulo tuvo momentos pokeshipping muy bonitos. ¡Pero volviendo al fic! De hecho May estaban en un campamentos tipo gitanos (me alegra que se haya entendido la idea) porque los habían expulsado de la ciudad, ahora se sabe un poco más sobre su pasado y porque Drew se enamoró de ella. Y bueno, Ash deberá reconocer lo que siente antes de que pase algo entre él y Misty… ¿Cuánto se demorará en darse cuenta? Gracias por siempre dejar review en esta historia! Y también por seguirla!

Beruji: Hey! Muchas gracias por el review! Sí, Gary apareció y espero que aparezca un poco más en los capítulos que siguen. Estoy especialmente interesada en mostrar su interacción con los entrenadores negros y la razón de por qué busca a la entrenadora del agua, se sabrá más adelante. Es completamente cierto lo que dices de Ritchie, de hecho él no odia a Erika, pero no puede evitar tratar de alejarla. Espero que la escena entre May y Drew te haya gustado, se vienen por lo menos dos escenas más de ellos en relación al pasado, y el por qué May no recuerda a Drew. Ojalá disfrutes la batalla entre Paul y Misty, y gracias de nuevo :D

Bien, está terminando el año….

Espero que un día también termine este fic… (¿?)

Gracias de nuevo y nos vemos el otro año!

Feliz año nuevo!

I'll see you

Kasumi 21