Disclaimer: Pókemon no me pertenece.

Sinopsis: El entrenador de fuego, Ash Ketchum, ha sido testigo de la desaparición de May, su novia y princesa del Reino de Pallet. Para encontrarla ha iniciado un viaje junto a Misty, Ritchie y Erika en búsqueda de los diez legendarios entrenadores. Encontrando finalmente al entrenador volador, Misty ha logrado vencerlo; pero ahora el peligro parece acechar a otro de los viajeros. ¿Qué es lo que buscarán de Erika? ¿Qué es lo que sucede en Bahía Gresca? ¿Ash finalmente se reencontrará con May?

Gracias a mi querida beta, Sumi-chan por su ayuda!

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Light's Travel

By kasumi_21

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Capítulo XX: Caminos separados

Erika no entendía lo que sucedía. Hace unos segundos había estado hablando con Tom, intentando convencerlo de desistir de la misión que Gary le había dado, y ahora sólo oscuridad era la que la rodeaba. A pesar del pitido intenso en sus oídos, que parecía disminuir lentamente, aún podía escuchar los sonidos leves que la rodeaban y los gritos perturbados de las personas. Sintió como Oddish se movía, agitado, en sus pies.

Repentinamente su prisión desapareció y la llegada intensa de la luz la cegó por unos segundos. Cuando logró acostumbrarse a ella, notó la figura de Tom que se encontraba a su lado y comprobó que la había protegido con una cueva de piedras del sorpresivo ataque que habían presenciado. Frente a ella los gritos se habían intensificado y logró reconocer la situación desastrosa que se estaba desarrollando. Los departamentos que estaban frente a ella, los mismos donde habitaba la señora que había conocido hace minutos atrás, ardían por las llamas intensas del fuego y amenazaban con caer en cualquier momento.

Sin dudar más, ella corrió hacia el lugar y se hincó en su base.

— ¡Kletterpflanze von blumen! ¡Maxile ausdehnung! — agradecida por el hechizo de Ritchie sobre sus manos, que evitaba el dolor por la intensidad de su propia magia, Erika observó con seriedad como las enredaderas crecían hacia el azul del cielo hasta cubrir el departamento y otorgarle un soporte necesario. Suspiró aliviada, al saber que las personas ya no corrían peligro.

— Los normales son muy estúpidos — comentó Tom cuando llegó a su lado, sus manos en los bolsillos de su pantalón y con una posición relajada. A pesar del poder que él manejaba, no hizo ningún intento por ayudar a las otras construcciones dañadas.

— ¿A qué te refieres?

Tom la observó por algunos minutos, pareciendo decidirse hacia ella, y luego llevó su mirada hacia los departamentos dañados. No había atisbo de lástima en sus irises.

— Es bastante obvio — él dijo con una expresión despreocupada — Cyrus ha sido elegido recientemente y ha iniciado su campaña contra los que no tienen poderes. Sólo los normales tendrían un interés en atacar a una ciudad mágica — los ojos avellanas de Erika se oscurecieron, rindiéndose a la lógica de su compañero — Pero me sorprende lo estúpido que son.

— ¿Qué?

— ¿Es que no lo ves? — Tom miró las enredaderas y la residencia que buscaban proteger — Los únicos edificios dañados por ahora son los utilizados por los normales, esos estúpidos han matado a aquellos que están intentando vengar.

La crueldad en sus palabras así como la facilidad con las que las había dicho, trajeron de vuelta la preocupación de Erika y la conciencia hacia la realidad que estaba viviendo. La sensación de ansiedad trajo a su pecho un tirón doloroso, consciente por aquellos que aún estaban en peligro y que aún no recibían ayuda.

— ¡¿Por qué no te mueves?! — ella la gritó de improvisto, enfurecida por la pasividad en las acciones de Tom. Él la miró con una sutil sorpresa que logró ocultar rápidamente — ¡Hay gente que está sufriendo! ¡Gente que está en peligro! ¡NECESITAN AYUDA!

— ¿Por qué? — la mirada relajada en los ojos azulados de Tom no cambió, impasible — ¿Por qué tendría que ayudar a los normales? No es nuestra culpa que ellos no puedan protegerse a sí mismos de eventos como éstos. Si ellos mueren, ¿No es sólo selección natural?

Las pupilas de Erika se contrajeron lentamente, horrorizados por las palabras inhumanas de Tom y aún más por la certeza de ellas. A él no le importaba que aquella gente resultara herida, no había ni una pizca de compasión hacia ellos.

— Ya me aburrí de esto — él señaló, interrumpiendo sus pensamientos. Erika sintió como él la cogía del brazo, sin delicadeza.

— ¡Odh! — preocupado por la seguridad de su entrenadora, el pokemón azulado embistió hacia el cuerpo de Tom; pero él lo esquivó con notoria agilidad.

— Me alegra saber que te ofreces para ser el primero — imperturbable, Tom dirigió su mano libre hacia el suelo que pisaba Oddish — scavo profondo, direzione per Hoenn — la formación del hechizo provocó que la tierra empezara a temblar, hasta que terminó por ceder a la gravedad y se creó una excavación hacia el subsuelo. Con un grito asustado, la criatura en forma de planta desapareció hacia el fondo.

— ¡Odh!

— ¡Oddish! — Erika gritó como reflejo, aún apresada entre los brazos firmes y bien entrenados del rubio. Los movimientos furiosos de su cuerpo, buscando escapar, ni siquiera había debilitado el agarre sobre ella.

— Es hora de que nos vayamos — y la arrastró en dirección del cilindro de tierra que esperaba por ella. Erika aumentó la fuerza de sus movimientos cuando llegó al borde y comprobó su oscuridad, lo suficiente para ocultar su base.

— ¡NO! ¡ESPERA!

— Vamos — y sin un poco de delicadeza, el hombre empujó a la niña y finalmente saltó él mismo hacia su hechizo.

Cuando la figura de ambos desapareció, la tierra se acomodó nuevamente y ocultó la vía de escape.

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A pesar del cansancio en su cuerpo y las heridas que aún permanecían intactas entre sus escápulas, Misty se obligó a mecer sus alas con violencia. La velocidad del viento estaba generando dolor en su rostro y en sus tímpanos, pero el ritmo acelerado de su corazón y la sensación de pánico que revolvía su estómago era lo único que parecía sentir.

Con cierto alivio notó que la ciudad ya estaba cerca. Sin embargo, tan rápido como había iniciado, la sensación murió al percatarse de su condición actual. Los focos de fuego que empezaban a crecer en intensidad, así como los numerosos gritos y las construcciones dañadas que amenazaban en caer, sólo aumentaron la ansiedad en su pecho.

— ¡ERIKA! — Su propia voz se perdió entre el pánico y el caos que rodeaba a la ciudad. Obligándose a mantener la calma y haciendo uso de la razón, los ojos verdes estudiaron todos los lugares afectados y trazó un plan para recorrerlos. Estaba por iniciarlo cuando se percató de unos edificios humildes, los mismos que permanecían en pie con la ayuda de largas y gruesas enredaderas.

— ¡ERIKA! — Misty descendió hacia el lugar con rapidez, llegando en milésimas de segundo gracias al hechizo de velocidad. Cuando tocó tierra firme, sus alas se disolvieron de inmediato — ¡Erika! ¡Erika! — la llamó con fuerza, rogando que su voz se escuchara lo suficiente sobre el resto de lamentos y de exclamaciones angustiadas. Sus piernas la llevaron hacia donde estaban las bases de las enredaderas, deseando intensamente que la chica estuviera ahí.

— ¡¿Dónde estás?! ¡ERIKA! — Su cuerpo se estremeció lleno de pavor cuando no fue capaz de encontrarla.

— ¡Misty! — una voz masculina la llamó y la pelinaranja se volteó en busca de ella. Se encontró con Ash que venía en el lomo de Pidgeot junto a Paul, Ritchie, Pikachu y Sparky. La clara preocupación que había invadido a sus risueños ojos almendrados, la devolvió de pronto a la realidad e hicieron más real la situación. Esta vez, el corazón femenino se contrajo ante la terror, sintiendo como la certeza de no encontrar a la niña se hacía inevitable.

Era ridículo, sabiendo que ni siquiera había buscado en toda la ciudad y que una entrenadora como Erika saldría ilesa de una situación como aquella, pero no podía evitarlo. Hace mucho tiempo que no se sentía tan angustiada.

Sintió como las lágrimas empezaban a formarse rápidamente en sus ojos.

— Ash — ella lo llamó con suavidad, su voz quebrándose al final de su nombre y con un patético gemido de dolor. Tal vez en otra situación, donde el cansancio de una reciente batalla no hubiera debilitado su orgullo, Misty se hubiera negado a demostrar vulnerabilidad al chico que ahora saltaba de su posición y corría con una mirada intensa hacia ella; pero justo en ese momento sentía que era el único a quien podría mostrarle su preocupación.

Él llegó a ella más rápido de lo que hubiera esperado y antes que pudiera pensarlo, desesperada por una sensación cálida y reconfortante; deslizó sus manos por los costados de su cuerpo y lo atrajo en un abrazo apretado. El impulso había sido lo suficientemente fuerte para empujarlos a ambos contra el suelo.

— Ash… ¡Ash! — ella había exclamado con sutil debilidad, ocultando su rostro en su pecho y haciéndole cosquillas cuando movió sus labios — ¡Erika!

Obligándose a permanecer tranquilo e ignorar los latidos dolorosos en su pecho, provocados por el contacto intenso que ella estaba ejerciendo en él; las manos del chico se movieron lentamente hasta ubicarse una sobre su coronilla y la otra en el ángulo fino de su cintura. Por el diseño de ropa que llevaba, sus dedos tocaron débilmente la piel desnuda de su espalda.

— Calma — él le susurró suavemente, inclinándose hacia ella y rozando sus labios en los mechones de fuego. Buscando apaciguar su temor, sus uñas se habían perdido en el cuero cabelludo y la acariciaban afectuosamente — La encontraremos, no te preocupes.

Alejado de los dos muchachos, Ritchie observaba la íntima escena con fríos ojos azules y con una delgada línea en sus labios. Respiró profundamente, aplacando la furia de los celos que nació desde su estómago y llevando su atención hacia lo que ocurría en ese momento. Cuando vislumbró las gigantescas enredaderas que protegían a las viviendas, entendió fácilmente los pensamientos de Misty y su cambio de ruta hacia ese lugar en particular. Sin embargo, mientras acudían sobre el pokémon volador y tuvieron una visión perfecta de la ciudad, pudo notar que había varios lugares más que habían sido atacados. Las llamas que se adivinaban tras uno de los departamentos así como las columnas de oscuro gris que empezaban a formarse, daban cuenta de ello.

No tenían tiempo para preocuparse de cosas banales.

— ¡Ash! — el llamado fue gélido, carente de alguna preocupación hacia la niña que se había perdido —Deja de perder el tiempo y usa tu poder para calmar el fuego — el pelinegro no había prestado atención a sus palabras, hasta que la última frase llegó a sus oídos.

Aun intentando consolar a la mujer que lo tenía abrazado, Pikachu intentando lo mismo acariciándola sobre sus rodillas, los ojos avellanas se mostraron lentamente y reflejaron la profunda ira que había en ellos. Él conocía los sentimientos de Ritchie hacia la chica que se encontraba entre sus brazos, la misma que había mostrado un rostro de tanta vulnerabilidad que había roto parte de su propio corazón; por lo que no podía entender la forma fría en la que se había expresado. Lo que sucedía entre ellos podía ser cualquier cosa, menos una pérdida de tiempo.

Llevó su atención nuevamente hacia ella, era su prioridad ahora.

— ¡Ash! ¡Debemos ayudarlos! — Ritchie lo había intentado una segunda vez, con un frío iracundo en el tono de su voz — ¡Hay gente que está en peligro ahora, si no hacemos algo podríamos lamentarlo después! — parte de su frase hizo sentido en la cabeza del entrenador de fuego, pero por sobre su raciocinio estaba la necesidad de consolar a Misty. Él no podía ni quería dejarla sola.

Su mano volvió a su anterior cometido, enredando sus dedos en las hebras de resplandeciente color y disfrutando del aroma a lilas que lo envolvía cada vez que lo hacía. La tensión de su cuerpo se perdió cuando notó que ella había dejado de temblar y su ropaje seguía intacto, posiblemente no estaba llorando.

A pesar que parecía más tranquila, Misty afianzó la fuerza de sus brazos y se negó a soltarlo. Ni siquiera la destrucción de un departamento cercano, que permanecía en pie pero empezaba a disolverse por las llamas que lo atacaban, fue suficiente para separarlos. El pelinegro le susurró palabras de aliento, queriendo asegurarse de su estabilidad emocional.

— ¡Ash! ¡ASH, MALDITA SEA! — El gruñido de Ritchie rompió nuevamente el ambiente íntimo que había entre ellos y el entrecejo de Ash se frunció por la molestia. Elevó nuevamente su rostro hacia el ojiazul, esta vez con sus pupilas bañadas en el color de la sangre y con una expresión peligrosa. De improvisto, varias ráfagas se generaron desde el cuerpo del pelinegro y se dirigieron a todas las direcciones cardinales. En cinco segundos todos los focos de fuego habían desaparecido.

Con una última mirada de advertencia, Ash volvió su atención a la pelinaranja y reinició con sus mimos. Ya no sabía si lo hacía porque ella lo necesitaba o por su propio deseo.

Por su parte, los ojos de Ritchie seguían sobre la pareja y esta vez no eran celos los que llenaban sus pensamientos. Su atención permanecía en el chico que manejaba el fuego, el que había visto un par de veces ejerciendo su poder y del que estaba seguro podría ganarle por su notoria debilidad. Sin embargo, justo en ese momento había sucedido algo increíble y el pelinegro ni siquiera parecía haberlo notado. Una de las mayores diferencias entre los entrenadores y los magos, a parte de la fuerza del su magia, era que los primeros no requería de un canal para utilizar su poder. Mientras los brujos debían utilizar mandalas o varitas para hacer uso de su magia, bastaba con la modulación de un hechizo para que los entrenadores fueran capaces de utilizarlo.

No obstante y justo en ese momento, Ash había diluido el fuego sólo con su mirada. Era la primera vez que veía algo como eso y Ritchie estaba seguro que no había registro de algo similar en otros entrenadores. Entonces, ¿cómo lo había logrado? ¿Cuánto poder oculto tenía?

El entrenador eléctrico cambió su posición, desviando su atención hacia el desorden circundante e intentando olvidar lo cómoda que parecía Misty en los brazos del pelinegro. El recuerdo de ella bailando con Ash en la casa de Erika llegó como un deja vú, haciéndole pensar nuevamente que ellos se veían bien como pareja.

Inspiró profundamente, luchando contra la sensación amarga de los celos en su boca y el revoltijo molesto en su estómago. En una situación como la actual, donde los lamentos angustiados permanecían en el aire y una de sus compañeras se había perdido; no tenía tiempo para usarlo en reflexiones y afectos personales.

Cambió su mirada azulada hacia las enredaderas gigantescas que se apreciaban tras suyo, intentando recobrar la concentración y de paso escapar de la imagen íntima que sucedía a su alrededor. Sus pupilas recorrieron lo imponente de sus tallos, desde el cielo hasta la base en la tierra y se detuvieron en unas flores azules que seguían intactas a pesar de la situación que ocurría a su alrededor.

Se acercó lentamente hacia ellas, cautivado por el familiar tono azulado de sus pétalos y por el centro blanquecino similar a una pequeña flor que se formaba en su centro. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, fue capaz de coger con delicadeza una entre sus dedos y observarla con mayor detalle. A él llegaron recuerdos de su infancia, de la cocina de su madre y de su sonrisa relajada en los días de lluvia cuando regresaba con aquellas flores entre sus brazos.

Llegó a él también el recuerdo de una niña, de su sonrisa emocionada y el brillo enternecido en sus ojos chocolates mientras formaba un hechizo y le entregaba aquella flor. Aquella flor que sólo crecía en Kanto, la flor favorita de su madre y una flor que sólo una persona podía hacer crecer de la nada.

Ritchie se volteó hacia los entrenadores con una mirada decidida, el color cobalto resaltando junto a la belleza de la flor que tenía cogida entre sus manos, y una sutil sonrisa dibujada en sus labios.

— Ya sé cómo encontrar a Erika.

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Hace tres semanas que había celebrado su cumpleaños número siete, en una ceremonia privada donde sólo prefirió la compañía de sus padres y su hermano; y aun el primer deseo que había orado a las velas no se había cumplido. May seguía apresada en el mundo de los sueños.

Sentado en la alfombra de la biblioteca principal y rodeado de libros de historia del reino, Drew intentaba disfrutar del sol de la tarde mientras reiniciaba la lectura sobre la edificación del primer castillo. A pesar que siempre disfrutó de aquella historia, solía solicitar a los criados que la leyeran para él y ahora, que habría aprendido a leer, solía ser su libro favorito; no podía encontrar la felicidad en ello.

Un suspiro escapó de sus labios, transformándose en un quejido de completa tristeza.

Drew la voz de su madre interrumpió el silencio y llegó a él como un salvavidas. Y a pesar de que siempre se obligaba a parecer feliz cuando estaba junto a ella, esta vez no encontró la fuerza para hacerlo.

Madre había seriedad en su respuesta, demasiada para un niño — ¿Necesitas algo? —

Ella lo miró por un instante, estudiando la expresión de sus ojos verdes y la tristeza reflejada en ellos. Buscando no asustarlo, actuó una sonrisa mientras se acercaba a él.

¿Leyendo sobre historia de nuevo? — él asintió, demasiado cansado para responder directamente Max me contó que hace mucho que no juegas con él, ¿no tienes ganas?

No puedo Drew señaló con seriedad, mirando directamente a su dedo índice donde debería estar una pequeña herida causada por la espina de una rosa y que ahora teñía de rojo las manos de una niña castaña Hasta que siga hechizado, no haré nada que afecte a May.

Los ojos de Caroline se entristecieron suavemente y esta vez se sentó hasta estar junto a su hijo. Lo atrajo a sus brazos buscando calmarlo, pero él no se movió de su posición y su rostro inexpresivo no cambió ni un poco. Sus dedos siguieron moviéndose sobre las hojas del libro de forma autómata.

No es necesario que juegues con él como lo hacían antes a pesar de la reacia actitud de su primogénito, Caroline acarició su cabello con suavidad Max es muy inteligente y seguro disfrutará si le cuentas sobre la historia del reino. Además tienes tus juegos de video, tal vez puedan encontrar algo que les guste a ambos, ¿Qué dices? Se mantuvieron en silencio por un momento, las manos de Drew jugando aún con el libro y su mirada perdida en algún rincón de la luminosa habitación. La reina se negó a dejarlo ir, aun jugando con la maraña de cabellos verdes y brillantes.

Padre — inicióél luego de unos minutos, su voz plana y sin sentimientos padre insiste en que debo retomar el entrenamiento de esgrima Caroline entendió la situación de su hijo sin necesidad de que lo pusiera en palabras, especialmente la preocupación por lo que podría sucederle al cuerpo de May con un entrenamiento tan estricto. Ella misma sufría al ver a su hijo lleno de heridas y contusiones después de las prácticas.

¿Qué le has dicho? le preguntó en un murmullo, aumentando la intimidad de su abrazo. Drew permaneció en silencio por unos momentos y el tono frío de su voz quebró el corazón de su madre. Esa no era la voz que debía tener un niño.

Le dije que lo pensaría, pero¡Yo, madre–! su última exclamación nació llena de pavor, reflejando finalmente la realidad de sus sentimientos. Caroline esperó hasta que el peliverde terminara con su explicación, más notó que se había interrumpido a sí mismo y ahora miraba unos de sus dedos con el cuerpo tembloroso. Ella tardíamente notó que se había cortado con una de las hojas.

Drew sintió como el aliento se contuvo en su garganta y ya no fue capaz de soportar aquel doloroso nudo. Cansado por los sentimientos oscuros que lo habían seguido esos tres años, cedió al sufrimiento y un grito agónico nació desde lo más profundo de su pecho. Afianzando su abrazo, la mujer sintió como sus propios ojos se llenaban de lágrimas.

¡¿QUÉ PASA SI ELLA NO DESPIERTA?! ¡¿SI NUNCA PUEDO DESHACERME DE ESTE MALDITO HECHIZO?! su voz estrangulada logró recorrer completamente el salón, llegando a él con facilidad y haciéndolo consciente de su propio padecimiento. A su mente llegaron los recuerdos de May, la primera vez que había visto su pequeño cuerpo quemado, los hematomas en su rostro cuando había caído mientras jugaba con Max y las heridas en sus brazos cuando había recibido un ataque en sus clases de esgrima. Desearía recordar el color de sus ojos con tanta claridad como lo hacía con aquellas imágenes.

Los besos suaves de su madre en la coronilla lo trajeron de regreso y sus mimos lograron calmar a su corazón. A pesar que el sentimiento de desesperanza seguía en él, fue suficiente para volver a controlarlo y manejar las lágrimas furiosas que caían por sus ojos. Él se obligó a detenerlas, un príncipe no tenía derecho a llorar.

Se alejó de su madre, que lo dejó escapar sólo lo suficiente para mirar su rostro.

Escúchame Drew ella le habló con firmeza, a pesar de que parecía que lloraría en cualquier momento, mientras tomaba sus mejillas con ambas manos El mundo está lleno de posibilidades, son infinitas y en una de esas encontrarás tu solución. Si May no despierta, estoy segura que afuera hallarás la forma de traerla de vuelta.

Los ojos de ella resplandecieron por la certeza y por sobre aquel sentimiento de desilusión, él creyó en sus palabras.

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El ambiente era caótico. Entre las patrullas que recorrían sin cesar las calles, los militares que se habían ubicado en el foco del ataque y las distintas personas que habían resultado ilesas e intentaban ayudar el resto; los tres chicos estaban justo en el medio de un lugar que parecía irreal. Sin embargo, estaban lejos de estar preocupado por ello.

— ¿De qué estás hablando? — Aún con una mano en la cintura de la pelinaranja y otra enredada en su largo cabello, Ash permaneció atento a las palabras de Ritchie. Misty hizo lo mismo, sin embargo sólo inclinó su rostro hacia el castaño y se negó a dejar el abrazo. El entrenador eléctrico se volteó a verlos con seriedad, sosteniendo con delicadeza una hermosa flor de tono azulado.

— Esta flor es de Kanto — les señaló con una sutil solemnidad y obligándose a no perder el control por la posición de ambos entrenadores. El entrecejo de Ash se frunció con clara perplejidad y Ritchie supo que debía esclarecer el mensaje — Es una flor única de nuestra región, ya que no hay otro lugar donde se den las condiciones climáticas para que crezca. Pero, miren — el chico se movió para que pudieran observar lo que señalaba y, rompiendo finalmente su unión, ambos lograron entender a lo que se refería. Justo bajo la muralla de enredaderas gigantes que cuidaba a los humildes departamentos, se encontraba un camino de flores azules. Estaban ubicadas en una línea recta, cuyo final no se encontraba a la vista — Sólo hay una persona que puede hacer que aparezcan repentinamente.

Ya repuesta y con la esperanza naciendo desde lo más profundo de su pecho, Misty se levantó y caminó hasta estar junto a las flores. Acarició una con delicadeza y sonrió con real felicidad.

— Erika — sus ojos verdes se habían suavizado, entendiendo que si su hechizo seguía indemne ella debería estar bien.

— Entonces sólo debemos seguir el camino — la calma también había llegado a la mirada de Ash, ahora acariciaba a Pikachu que había vuelto a la posición en su hombro. El pokemón también parecía aliviado — Nos llevará a donde se encuentra Erika y también a quién se la llevó.

— Sí — La pelinaranja asintió con seguridad y Ash tuvo que reprimir un suspiro cuando supo que ya estaba bien. Nunca más le gustaría ver una expresión tan desesperada en su hermoso rostro.

— De acuerdo, ¿deberíamos partir? — la resolución en la voz de Ritchie era tranquilizante y, como inconscientemente solían hacerlo, los tres ya estaban de acuerdo con sus siguientes movimientos.

— Primero tenemos que ir a buscar nuestras cosas — señaló Misty, que recordó de pronto que había dejado todas sus pertenencias en el campo de batalla. Ash miró hacia donde se encontraba Paul y la mochila roja sobre el lomo de Pidgeot.

— ¡Pika! ¡Pikachu pi!

— No es necesario, las trajimos con noso–!

La voz del pelinegro murió de pronto, siendo silenciada por un sonido agudo y fuerte que se mantuvo algunos segundos en el cielo. El grito desesperado de uno de los militares, confirmó lo que temían.

— ¡Reiniciaron el bombardeo! — y en milésima del tiempo, los tres entrenadores observaron cómo luces blanquecinas y veloces cruzaban el cielo en su dirección. Sus miradas se endurecieron, cuando supieron que debían actuar.

— ¡Pusillus flamma!

— Light ball, ¡Explosion!

— ¡Elektrische strahlen! — los ataques mágicos de fuego, luz y electricidad llegaron justo donde provenían las bombas, chocando cuando aún seguían suspendidas en el aire y provocando su prematura explosión. El estruendo fue capaz de asustar a todos los presentes, pero ninguno salió herido.

— ¡Son entrenadores! — un militar gritó tras ellos y los chicos se voltearon a verlo. Ritchie supo por la vestimenta que llevaba junto a las cintas en la región izquierda de su pecho, que se trataba de un teniente — Han detenido el ataque, muchas gracias.

Ante la mirada de sincera admiración del hombre, que seguramente también era un mago como ellos, Ash no pudo controlar su sonrojo.

— ¡No se preocupe! Es nuestro deber — sus ojos castaños resplandecieron por la emoción y su infundada autoconfianza. Aún en su hombro, Pikachu entrecerró los ojos — Somos geniales, ¿no?

Ignorando sus acciones narcisistas, Ritchie y Misty seguían con sus miradas hacia el cielo. Ambos contemplaban la situación con profunda seriedad. La resolución que se adivinaba en el rostro femenino hacía difícil creer que hace unos minutos atrás había estado tan desesperada.

— Seguirán con el ataque — el castaño teorizó — Aunque ya deberían haber iniciado una defensa desde la costa — Misty asintió, mostrándose de acuerdo — ¿Quiénes crees que son? — los ojos verdes se ubicaron por un segundo sobre los azules, tratando de ordenar las ideas de su cabeza.

— Por la elección de Cyrus y el exilio de las personas sin poderes, probablemente sean los terroristas que pertenecen al movimiento normal.

Ritchie se cruzó de brazos mientras un suspiro de profunda preocupación brotaba desde sus labios. Por su trabajo en el ejército mágico especial, había tenido acceso a información sobre aquella agrupación y a las características de sus movimientos. A pesar de tener pocos años, ya se habían consolidado y eran los culpables de una buena cantidad de actos terroristas. Sólo el último año había causado una explosión en un concierto, habían bombardeado a una de las islas naranjas y habían provocado el choque de dos trenes que llevaban a jóvenes magos a uno de los institutos más importante de magia. En sus manos había sangre de millones de magos inocentes y habían mantenido al mundo en el límite del inicio de una guerra entre las personas normales y los que tenían poderes.

— Espero que este sea el único lugar en el que estén atacando — el rostro de Ritchie era de completa seriedad. Él, que había nacido de una madre normal y de un padre mago; nunca logró entender el racionamiento de aquellos fanáticos que extremaban en sus ideas. Conocedor de sus pensamientos, Sparky le dio unas palmaditas a su cabeza, aunque la expresión de sus ojos era una fiel imitación a la de su entrenador.

— Es difícil saberlo — Misty se abrazó a sí misma, preocupada de pronto por el destino de la costa que se encontraba en sentido contrario, donde estaba la casa de su tía — por ahora, antes de encontrar a Erika, debemos preocuparnos en la seguridad de estas personas.

— No será necesario — Ash se unió repentinamente a la conversación, atraído por el brillo sutil de preocupación en los ojos de la pelinaranja — Paul debería ser suficiente para proteger a estas personas, ¿verdad? — él la miró con una sonrisa suave y segura, la que fue suficiente para tranquilizarla.

— Tienes razón.

Un viento repentino y el sonido del giro rápido de unas hélices interrumpieron su conversación, y los viajeros notaron que un helicóptero descendía rápidamente hacia ellos. Sin preocuparse en completar el descenso, la puerta fue abierta violentamente y dejó a la vista a un hombre joven de cabello gris oscuro.

— ¡Tú! — gritó desde las alturas. Su voz llegó con dificultad por las ráfagas intensas que cubrías sus cuerpos — ¡¿Eres el entrenador de fuego?! — sin esperarlo, los jóvenes vieron como Paul se acercaba velozmente hacia ellos y con su atención centrada en el hombre desconocido.

— ¿Qué haces aquí, hermano?

— ¿H–hermano? — sorprendida, Misty observó intercaladamente a ambos chicos, sin encontrar ningún parecido.

— ¿Qué hay de extraño en eso?

— ¡¿Tú tienes hermanos?! — aún con el ruido ambiental, el asombro de Ash se plasmó claramente. Esperando hasta que Reggie descendiera, Paul le dedicó una mirada indiferente. — ¡¿De verdad?! ¡¿Siquiera le hablas?!

— ¡Entrenador de fuego! ¡Necesitamos tu ayuda! — omitiendo la conversación de ambos chicos, Reggie corrió hacia Ash apenas pudo tocar el suelo. Saludo a su hermano con un movimiento de cabeza, sin posibilidad de malgastar el tiempo — ¡Es una emergencia!

— ¿Qué fue lo que sucedió? — Misty se apresuró a preguntar y cuando se acercó, su cabello aún suelto se meció con ferocidad. El pelinegro debió desviar su mirada de ella, obligándose a mantener la concentración.

— Lo mismo que en esta ciudad. Hace unas horas atrás han atacado justo al norte del país y han iniciado un incendio forestal en la región del sur — los ojos oscuros de Reggie volvieron a Ash — En pleno verano ha sido imposible manejarlo, se ha extendido con rapidez y ya ha quemado un tercio de las principales granjas. Ahora está por llegar a las ciudades cercanas.

La mirada azulada de Ritchie se endureció, reconociendo con facilidad el deseo de los normales de acabar con los magos de Sinnoh. Movilizados por su odio, ni siquiera se habían preocupado por los normales que aún no escapaban y también estaban en peligro. Los departamentos de normales que se encontraban dañados a su lado era muestra de ellos.

— Necesitamos tu ayuda, ¡Por favor extingue el fuego!

— Yo… pero… — la duda en la voz de Ash era tangible y de inmediato Misty estudió su rostro. Luego de todos esos días de viaje, ella había reconocido el corazón bondadoso del pelinegro y la facilidad con la cual cedía su ayuda cuando alguien lo necesitaba. Incluso cuando nadie se lo pedía, él estaba dispuesto a hacerlo sin ningún sentimiento oculto.

— Pika pi… — Pikachu también parecía preocupado.

Ash la miró de pronto y cuando sus ojos se conectaron, ella entendió rápidamente el motivo de su titubeo. Él estaba preocupado por dejarla sola.

— Debes ir — el rostro de Misty se había suavizado — Esa gente necesita tu ayuda.

— P–pero…

— ¡Chicos! — Ritchie gritó repentinamente. La ansiedad en su usual voz tranquila fue suficiente para perturbarlos — ¡Debemos apurarnos! — el ojiazul les mostró la flor que había estado sosteniendo en todos esos minutos, la misma que se estaba transformando en polvo que se perdió entre las ráfagas provocadas por el helicóptero.

Angustiada, Misty dirigió su mirada hacia los departamentos antiguos y notó como las gigantescas enredaderas empezaban a desaparecer.

— ¡Erika se está alejando! ¡Está perdiendo la conexión de su poder! — la exclamación asustada de la chica atrajo a todos y le recordó de pronto la prioridad de sus problemas — Si no seguimos el rastro de flores, es posible que no podamos encontrarla.

Ash apretó los dientes, de pronto consciente de todas las dificultades que se estaban superponiendo. La más importante sin duda, era la desaparición de Erika y la posibilidad de perderla si no se apresuraban. Sin embargo, los tres eran entrenadores, los magos elegidos que tenían mayor poder y que se debían para el servicio de las personas. Justo ahora, que gran parte de las ciudades de Sinnoh estaban en peligro, no podían simplemente abandonarlas para seguir sus deseos personales.

— Ritchie, ve tras Erika — la voz segura de Misty interrumpió sus pensamientos. Por el asombro que el entrenador eléctrico mostraba, era seguro que le había pasado algo similar — Lleva a Sparky contigo y comunícate con nosotros cuando la encuentres — con un movimiento grácil, la pelinaranja se quitó el colgante en forma de gota que adornaba su pecho y lo extendió hacia Ritchie. Él lo recibió de inmediato, aún con incertidumbre — Te encontraremos cuando terminemos aquí.

Los ojos azules la estudiaron por algunos segundos, pero cuando reconoció la certeza y el liderazgo en la voz femenina, dejó de dudar. Asintió, recordando que frente a él estaba su líder y su reina.

— De acuerdo.

— Ash, tú ve con el hermano de Paul — ella lo miró con seriedad y él sabía que sólo había una respuesta.

— No.

El entrecejo de Misty se frunció lentamente, demostrando su enfado. Tras ella, Ritchie golpeó su propia frente, Sparky desistió en siquiera intentarlo y Pikachu suspiró con infinita paciencia.

— ¿Qué? ¡¿Acabas de decir que no?! — el pelinegro se cruzó de brazos, sin alarmarse por el peligroso tono en la voz de la chica.

— Sí, he dicho que no.

— ¡¿Por qué?!

— ¡¿Por qué tendría que hacerte caso?!

— Soy tu líder — él entrecerró los ojos, mirando hacia un costado.

— Eso no me importa.

— Me llamaste "mi señora" hace sólo unos minutos — Sin saber por qué, Ash se sonrojó furiosamente.

— ¡ERA UNA BROMA!

El resto de la flor se disolvió entre sus dedos y Ritchie sabía que ya no tenía tiempo. Con un gruñido molesto, se decidió a detenerlos.

— ¡¿Cuál es el maldito problema?! — el grito iracundo fue suficiente para silenciarlos y Ash, sabiendo que no tenía escapatoria, se rindió. Miró a Misty, que aún tenía su entrecejo fruncido profundamente.

— ¿Y qué contigo? ¡¿Vas a quedarte sola con Paul?!

— Él se irá contigo — ella aclaró y Paul, aun con su rostro indiferente, dio un saltito de sorpresa — Yo me quedaré aquí y protegeré a la isla.

— ¡Eso sólo lo hace peor! ¡NO TE DEJARÉ SOLA! — el corazón de Misty se estremeció por la tristeza. Ash estaba haciendo exactamente lo mismo que había sucedido durante su batalla con Paul.

— No confías en mí — era un deja vú, pero esta vez ella no dudaba y había asegurado sus pensamientos.

— ¡Confío en tí! — Él se apresuró en corregir, inclinándose suavemente para mirarla directamente a los ojos — Pero acabas de salir de una batalla y has ocupado un montón de magia, ¡es lógico que esté preocupado!

Ella se quedó en solemne silencio, estudiando la sinceridad de su expresión y la profundidad del tono castaño de sus irises. Luego de un momento, suspiró suavemente y se mostró resuelta.

— Lo entiendo, pero no debes dudar — la resolución de su espíritu se adivinaba con facilidad — Yo también estaré preocupada por los dos, pero entre más tiempo nos demoremos, mayor será el tiempo en que estaremos separados — Misty cerró sus ojos e inhaló profundamente. Cuando los volvió a abrir, resplandecieron por la convicción — Ayudaremos a la gente de Sinnoh y salvaremos a Erika, ¡es una promesa! — Ash fue sorprendido por el verde animado en los irises de ella y fue atraído inevitablemente a ese sentimiento. De pronto tuvo la certeza que acabarían sus misiones y se reencontrarían nuevamente.

Incapaces de negarse a una petición de su líder, ambos chicos acercaron sus manos hacia el centro de su pequeño círculo y pactaron un juramento cuando los tres se tocaron. El gesto fue suficiente para elevar la moral en sus corazones.

— De acuerdo, me iré primero — Ritchie señaló con una sonrisa suave, la resolución brillaba en el azul cristalino de sus ojos. Cogió su equipo de viaje, colgándose su larga espada tras la espalda y acomodando el collar sobre su pecho. Sparky saltó a su hombro cuando estuvo listo — Tengan cuidado — y luego miró a Misty — Me comunicaré apenas tenga alguna información sobre Erika — El entrenador eléctrico inició de inmediato una carrera, perdiéndose por el camino de infinitas flores azules.

— Nosotros también deberíamos apurarnos, entrenador de fuego — el hermano de Paul señaló con ansiedad y finalmente Ash notó que había acudido con más personas. Dentro del helicóptero, dos hombres más lo observaban con preocupación y claro nerviosismo.

— Ve Ash — ella le ordenó con una sonrisa suave — Y llévate a Paul.

— ¡Espera! — Interrumpiéndola y tirándole sus pertenencias con violencia, el aludido se acercó a ellos con notoria irritación — ¡No me trates como un perro! Nunca he dicho que estoy de acuerdo con ello, ¿y por qué tengo que seguir las órdenes de una mujer como tú?

La frase había sido similar a la formulada por el pelinegro, pero estaba lejos de generar los mismos sentimientos en la pelinaranja. Ella llevó sus manos a la cintura y decidió acabar la situación con la mayor rapidez posible.

— ¿Eh? ¿Cómo yo dices? ¿Quieres que te recuerde nuestra batalla? — era cruel, pero en esos momentos no tenía la intención de preocuparse por ello. La mirada de Paul prometía una lenta muerte ante la humillación.

— ¿Qué tiene que ver? — susurró con una voz oscura, que no logró intimidarla.

— Me gané tu lealtad, ¿no? — y como si de repente fuera una delincuente juvenil, ella se inclinó buscando intimidarlo — Lo que significa… que debes seguir mis órdenes.

— ¿QU–?

— ¿O es que acaso eres un hombre que no puede cumplir sus promesas?

Asomándose desde el helicóptero, Reggie observó a la pelinaranja con una sonrisa.

— ¡Claro que no! ¡No crie a mi hermano para que fuera este tipo de persona! — las palabras de su hermano lo silenciaron de inmediato y él supo que estaban manipulándolo. Sus ojos fríos volvieron hacia la ojiverde, que devolvió el gesto con una sonrisa orgullosa y descarada.

— Te mataré algún día — le prometió en un susurro amenazante y Misty elevó su mano, hasta que fue capaz de darle golpecitos en la cabeza.

— Hasta que ese día llegue, seguirás mis órdenes — él se alejó con un brusco movimiento y caminó hasta donde se encontraba Pidgeot, el mismo que observaba la escena con profunda sorpresa. Aquella mujer definitivamente era algo.

Ash, que se había mantenido alejado de la conversación mientras se arreglaba para el viaje, pero lo suficientemente cerca para escucharlos; volvió hacia su posición junto a Misty. Ya no había duda en sus ojos, pero el reflejo difería completamente a la que solía mostrar cuando iniciaban un viaje a una nueva ciudad. Había un aire solemne en él que había endurecido su usual expresión juvenil, haciéndolo ver más maduro y atractivo.

— ¿No quieres que Pikachu se quede contigo? — le preguntó luego de un momento, cuando fue consciente que tendría que esperar a que Paul se alistara. A su lado, Misty estaba colocándose la remera amarilla que había dejado por la batalla.

— No es necesario.

— ¿Pi? — en el hombro del pelinegro, Pikachu había inclinado su rostro hacia ella y parecía preocupado. Incapaz de enojarse con él, la ojiverde llevó su mano al mentón del pokemon y lo acarició suavemente.

— Estaré bien.

— chaa… — Pikachu exclamó, relajado por los mimos de la muchacha. Ash sonrió sutilmente por la reacción de su amigo, la misma que murió lentamente cuando notó como Paul se acercaba ya en el lomo de Pidgeot. Había que partir.

— Nos veremos, entonces — él le dijo en un murmullo, conservando la seriedad de su rostro. Los ojos de Misty pasaron desde Pikachu hasta él y, a pesar que había intentado parecer animada, él adivinó la propia tristeza en ellos. Ella tampoco quería separarse de él.

— Te veré entonces — ella extendió su mano hacia él, buscando su contacto antes de la despedida, y los ojos de Ash se entrecerraron por ello. Después de todo lo que habían pasado, estaba loca al pensar que se conformaría sólo con eso.

Siguiendo los impulsos de su corazón, el moreno cogió su mano, tiró de ella hacia él y con su mano libre despejó la frente de los mechones naranjas que lo cubrían. Sin molestarse en analizarlo, sus labios buscaron la tibieza de la piel de su frente y selló su despedida con un beso. El perfume de la lilas llegó a él cuando su cabello le hizo cosquillas y debió ocupar toda su fuerza de voluntad para alejarse de ella.

Se separó suavemente, queriendo estudiar por última vez el tono verdeazulado de sus pupilas y la coloración marrón suave de sus pestañas. El sonrojo rosa en sus mejillas fue algo que no esperaba, pero que quedaba tan bien en ella que silenciosamente agradeció.

Le sonrió por una última vez y dirigió sus pasos hacia Pidgeot.

— ¡Bien Pidgeot! ¡Llévame a las ciudades que me necesitan! — Ash exclamó cuando estuvo a su lado, repentinamente animado y con una sensación graciosa en su estómago.

— ¡Pid! — contagiado por su ánimo, el pokémon meció sus alas y lanzó un cántico hacia el cielo.

— Eres mi pokémon — Paul susurró a la gigantesca ave, regañándolo, pero sin lograr su cometido.

El pelinegro se subió con agilidad al lomo de Pigeot y Pikachu corrió desde su hombro hasta ubicarse sobre su cabeza. El ave lo saludó con un chillido animado.

Se elevaron en el cielo con increíble rapidez y cuando logró acostumbrarse a la sensación, Ash buscó de inmediato el rostro de la pelinaranja. La encontró en la terraza de los departamentos dañados, los mismos que habían perdido completamente la protección del hechizo de Erika y que ahora resplandecían suavemente. Era seguro que la pelinaranja estaba utilizando su poder en ellos.

Repentinamente ella elevó su mirada y aun desde la lejanía, logró vislumbrar la linda sonrisa en sus labios cerezas. Deseando volver a ver el reflejo dorado del sol sobre su cabello naranja, Ash se prometió a si mismo que volvería lo más pronto posible.

— ¿Cuánto nos demoraremos? — le consultó a Paul, que estaba frente suyo y guiaba los movimientos de Pidgeot. El peligris no se volteó a verlo.

— Si vamos a los campos del sur, deberían ser por lo menos unas cinco horas de vuelo — Ash vio como los ojos afilados del entrenador volvían a donde se encontraba Misty — Al menos que ella haga lo que estoy pensando que va a hacer.

Confundido, la mirada del pelinegro volvió hacia la mujer y la encontró dirigiéndoles una flecha con su arco de luz. Antes que pudiera entenderlo, sus dedos resbalaron y el ataque se dirigió velozmente hasta el pecho de Pidgeot. Repentinamente su cuerpo fue envuelto por la luz y desaparecieron dejando tras ellos un rastro de luces.

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Ya había pasado más de seis meses desde su último cumpleaños y desde aquella conversación con su madre. El niño no podía negar que cada día se le hacía más difícil ir a visitarla, especialmente por los sentimientos pesimistas que empezaban a ganar terreno en su corazón; pero las palabras de Caroline habían evitado un avance acelerado.

Había entrado a la habitación con una rosa roja, era su tradición desde que su cuerpo inconsciente llegó al castillo; y caminó hasta depositarla en el hermoso florero de cristal que descansaba en el velador cerca de su cama. Como era lo esperado, ella no reaccionó a los sonidos de sus movimientos ni tampoco al ruido de las máquinas que la mantenían con vida. Y a pesar que podía escuchar el latido de su corazón desde el monitor, la frialdad de su piel y las facciones de su cuerpo enflaquecido siempre le hacían pensar si ella realmente seguía con él.

Drew se acercó finalmente a su cama y cogió el libro de historia de Pallet que se había acostumbrado a leerle. Buscó su mano de forma inconsciente, necesitando de una muestra real de la presencia de ella.

Bueno May le dijo con una sonrisa suave, aun sabiendo que ella no podía verla — ¿En qué parte íbamos?

La voz del niño envolvió la habitación y le otorgó un ambiente relajado que cualquier persona hubiera agradecido. Interesado en que ella conociera sobre su ciudad natal, el peliverde le releyó el texto sobre la creación del reino y sobre la edificación de las primeras ciudades. Estaba tan absorto en ella, que no notó como sus dedos acariciaban la mano de la niña.

Atraída por la voz de un desconocido, May meció su cuerpo hacia un costado e intentó inútilmente abrir sus ojos. No sabía porque, pero sentía todos sus músculos cansados y no podía manejarlos a voluntad.

Luego de varios minutos intentándolo, sus párpados parecieron responder a sus pedidos y logró finalmente elevarlos. El color azulado se presentó repentinamente y se vio cegada por la intensa luz de una habitación completamente blanquecina. Cuando fue capaz de soportar el efecto y se acostumbró a la luz de la mañana, notó que un chico de hermoso cabello esmeralda estaba leyendo a su lado y que tocaba tiernamente su mano izquierda. Cuando pudo reconocer los rasgos de su rostro, así como el verde brillante de sus ojos, May supo que era su amigo Drew. Le había costado reconocerlo, ya que en sus memorias él era mucho más pequeño; pero no evitó la sensación cálida de tranquilidad cuando supo que él estaba bien.

Abrió sus labios intentando llamarle y se sorprendió al notar que no podía ejercer ninguna oración, la resequedad en su garganta tampoco ayudaba en ello. Buscando llamar la atención de su amigo, movió lentamente su mano hasta que logró entrecruzar los dedos con los suyos propios.

Drew detuvo sus palabras cuando un movimiento sutil pero certero sucedió en la mano de niña que cuidaba y con sorpresa, notó como la suavidad de su piel se movía contra la suya hasta unir sus dedos. El rostro de él se elevó buscándola, con la presión intensa del anhelo haciéndole cosquillas en el pecho. El azul de sus ojos llegó a él como el más hermoso de los amaneceres, con aquella claridad característica y con el afecto palpable en ellos. Los labios de ella se mecieron suavemente y, aunque no emitió ningún sonido, él supo que había dicho su nombre.

Con las lágrimas acumulándose en sus ojos, el cuerpo de Drew se movió antes que su cabeza lo pensara y se lanzó en un abrazo hacia la niña. Ella lo recibió con la misma emoción, uniéndose a sus gemidos lastimeros en su corazón. Había tanta ansiedad de sentirla cerca, de ver la calidez de su rostro, que el niño no se preocupó de las máquinas que la envolvían. Tampoco le tomó importancia al monitor cardíaco, que se soltó de la unión de su fuente de poder cuando lo empujó y que accidentalmente tocó su piel. Afortunadamente sólo fue suficiente para generar una pequeña corriente eléctrica, la que no llegó a su cuerpo y se traspasó inmediatamente a la niña castaña. Ella se estremeció ante la sensación dolorosa y regresó a la realidad al joven príncipe.

¡May! — él se alejó de ella como si de repente tenerla abrazada fuera un pecado — ¡¿Estás bien?! ella le sonrió, restándole importancia y recordándole de pronto la amabilidad extrema de ella. La que no había olvidado en todos esos años. Tú, ¡eres una tonta! su grito furioso hizo que el cuerpo femenino temblara, asustado y sorprendido por igual — ¡¿Tú sabes que utilizaste ese poder en mí?! ¡Ese hechizo de protección hizo que estuvieras inconsciente todos estos años! ¡tú! ¡niña estúpida! — él quería mantener sus sentimientos a la raya, pero los recuerdos dolorosos y todas las desesperanzas que había sentido se acumularon en él como una bola de nieve, la desesperación era tangible en su voz. Ella buscó su mano y cuando vio la expresión preocupada de sus ojos, el peliverde sintió que su ira aumentaba — ¡Preocúpate por ti primero! ¡Tonta!

May estudió el rostro del niño, uno que guardaba demasiado dolor para alguien tan joven, e inevitablemente se sintió culpable por lo sucedido. Ella había querido salvarlo, pero no se había detenido a pensar en lo herido que él podía estar.

Drew seguía con sus regaños, molesto.

¡¿Sabes lo que es tener miedo de hacer cualquier cosa?! ¡¿Tener miedo de causar cualquier herida porque llegaría a tí?! ¡¿No volver a poder a jugar con Max porque podía hacerte daño?!

Ella lo había entendido, que había limitado las acciones de Drew por sus propias decisiones egoístas. Agradecida de sentir como su fuerza llegaba lentamente a sus manos, May levantó temblorosamente su mano derecha y mordió la punta de su pulgar hasta hacerlo sangrar. El peliverde no había notado sus acciones.

¡¿Sabes lo preocupado que estaba?! ¡¿Sin saber cuándo volverías a despertar?! incapaz de mirarla, Drew seguía el hilo de su diatriba mirando hacia la puerta de la habitación. Sintió como la mano de May acariciaba la palma de su mano, intentando calmarlo — ¡Fueron tres años! ¡TRES AÑOS, May!

Una luz de intenso color azul interrumpió sus pensamientos y los ojos verdes buscaron su causante. Lo encontró justo en la palma de su mano, donde se había dibujado un mándala con sangre por el propio dedo de la niña. Las pupilas del príncipe se contrajeron, presas del pánico.

May¡MAY! ¡¿QUÉ HICISTE?! — él gritó desesperado, estudiando el rostro de la pequeña castaña. La misma que ahora le sonreía y cuyos ojos se cerraron lentamente.

Ella había deshecho el hechizo.

— Drew… ¡Drew! — una voz femenina interrumpió el curso de sus pensamientos y el príncipe se encontró de pronto nuevamente en el presente. La camioneta ya se había detenido, el sol ya había alcanzado la mitad del cielo y ahora la chica rubia intentaba soltar su agarre sobre la princesa. Él entendió rápidamente que ya había llegado al refugio y ahora buscaban otorgarle cuidados médicos a la castaña que seguía dormida — ¡Príncipe! — Los ojos verdes volvieron a ella, aun sin ceder del abrazo que apresaba a May — ¡Suelte a la princesa, por favor! — él finalmente cedió, pero sus ojos verdes se endurecieron en silenciosa advertencia.

— No es necesario, yo la llevaré — la oscuridad de su voz no daba espacio para negaciones, por lo que los magos simplemente se alejaron. La mujer rubia dio un suspiro de rendición.

— ¡Drew! ¡Has vuelto! — la voz infantil de Mary apareció repentinamente a su lado y Drew sonrió en respuesta. Le recordaba tanto a la May que había conocido cuando niño, que inevitablemente lo tranquilizaba — ¿Estás bien?

El peliverde se dio el tiempo suficiente para coger el cuerpo de May entre sus brazos, ligero y suave como lo recordaba, y también de estudiar su expresión placentera cuando se apoyó contra su pecho; antes de mirar a la niña. Mary se encontraba tras suyo, por lo que tuvo una completa visión de la princesa.

— Estoy bien — le respondió con una sonrisa, que fue recibida por los ojos curiosos de la niña. Ella se levantó en puntillas para tener una mejor visión de la castaña.

— ¡Wow! Realmente es bonita — la mirada esmeralda se suavizó, silenciosamente de acuerdo con aquella afirmación — ¿Ella es May?

— ¿Eh? — Drew miró a la niña con sorpresa, estaba seguro que nunca le había hablado sobre ella — ¿Cómo lo sabes?

— La llamaste cuando estuviste con mucha fiebre — las mejillas de Drew se sonrojaron suavemente y agradeció que May no estuviera despierta para escuchar aquello — Dijiste su nombre tantas veces, que estaba segura que era importante para ti.

El príncipe de Pallet no tuvo como refutar aquello y supo que ya no tenía escapatoria de aquel sentimiento. Estaba condenado.

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Era una sensación extraña. Luego que la luz cubriera completamente el cuerpo de Pidgeot, una fuerza repentina llegó a sus cuerpos y los empujo en dirección desconocida. Como si fueran atraídos por la gravedad en caída libre, los viajeros debieron resistir a la gélida brisa de las alturas y a la sensación que impulsaba velozmente a sus cuerpos. Ash había cubierto su rostro luego de coger a Pikachu, que había salido despedido desde la cabeza de Pidgeot y que logró felizmente atrapar en su vuelo. Incapaz de abrir sus ojos por la falta de protección, el pelinegro permaneció sereno y se obligó a aguantar hasta que acabara.

Tan rápido como había iniciado, la sensación acabó luego de varios minutos, y la brisa fría fue reemplazada por un calor sofocante. Abrió sus ojos apenas supo que estaba seguro, encontrándose aún en el aire, con el sol de mediodía sobre su cabeza y llamas gigantescas creciendo desde el suelo. Habían llegado a su destino.

— ¡¿Qué fue lo que pasó?! — le preguntó al peligris, que permanecía tranquilo sobre el lomo de su pokémon. Los únicos signos de su verdadero estado era el sudor que corría por su frente.

— Fue ella — le respondió sin mirarle — Ocupó la velocidad de la luz en Pidgeot y nos dirigió hasta aquí.

La mandíbula de Ash se tensó con el curso de sus pensamientos. Aún seguía latente en su cabeza la batalla que había ocurrido entre Paul y Misty, las lágrimas dolorosas en sus ojos verdeazulados y los gritos agonizantes cuando él había maltratado a sus blancas alas. Había quedado malherida, él estaba seguro de ello, y aun así se daba el lujo de ayudarlos con su poder.

— Ella es muy fuerte — Paul reflexionó en un susurro, lo suficiente para que Ash lo escuchara y entendiera finalmente el alcance que ella tenía. Ahora podía entender las palabras de Sabrina, cuando le había asegurado que la única persona que podía ganarle era Misty, y también el respeto que mostraba hacia ella. La palabra líder no era sólo un adorno de su nombre, lo había ganado con su poder sorprendente y se lo había mostrado en aquella batalla.

El tono caramelo de sus ojos se oscureció lentamente, reflejando una sutil tristeza tras ellos. Ash se preguntó si alguna vez ella necesitaría de su ayuda.

— ¿Pika pi? — resguardado dentro de la chaqueta azulada, Pikachu vio el rostro afligido de su entrenador y se preocupó de inmediato. Su pequeña pata le dio palmadas sobre su pecho, buscando calmarlo y llamando su atención — ¿Pi? ¿Pikachu pika? — El pelinegro le dio una sonrisa agradecida, pero no logró cambiar el aire de sus ojos.

— Estoy bien, no te preocupes.

— ¿Cuándo vas a moverte? — Paul le señaló con indiferencia, pero se reflejaba una pequeña molestia en su voz.

El pelinegro recordó de pronto donde se encontraba y cuál era su misión en aquel lugar. Bajó su vista para estudiar el incendio, descubriendo desde las alturas los pocos metros que quedaban de distancia para alcanzar las casas humildes de los límites de la ciudad y también reconocer los daños causados. Aún a esa altura, no alcanzaba a identificar alguna zona que no estuviera en peligro de resultar quemada. Ahora entendía la ansiedad en la voz del hermano de Paul.

— ¡Pika pi! ¡Pi Pikachu pika pi! — ya acomodado en su hombro, Pikachu discutía sobre las posibles estrategias que debía utilizar para controlar el incendio. La idea del pokemon amarillo, preocuparse primero por las llamas que amenazaban a las viviendas y luego desde allí seguir hacia el norte, no era completamente incorrecta; pero le tomaría demasiado tiempo. No sabía aún si los territorios del norte estaban ilesos, aunque era improbable, y tenía la urgencia de volver con Misty en el menor tiempo posible.

— No servirá, debo hacer algo más.

Él sabía que no tenía suficiente experiencia. A pesar de haber trabajado arduamente en el manejo del fuego cuando niño, sólo había sido expuesto un par de veces a la furia de los incendios y eran aquellos que involucraban a algunas pocas casas. La lógica en su cabeza le aseguraba que no podría con ello, pero aun así…

— Vamos al límite de la ciudad — ya aburrido de esperar una decisión del entrenador del fuego, Paul se guio por el plan de Pikachu y ordenó el trayecto a la hermosa ave. Agitó sus alas en respuesta.

— ¡Espera! — Ash lo interrumpió y de inmediato Pidgeot obedeció. El pelinegro acarició el plumaje que estaba bajo sus piernas, agradeciéndole silenciosamente — No es necesario, terminaré con esto de una vez.

— ¿Pika pi?

— Por favor Pikachu, ve a la cabeza de Pidgeot — conservando su rostro confuso, el pokémon siguió su indicación — Espérenme aquí.

El pensamiento repetitivo de que estaba haciendo una idiotez, que parecía similar a la voz de Misty, no dejó de atacarlo en todo momento. Sin embargo la certeza de que podría manejarlo era fuerte en su pecho, aun cuando no sabía cómo hacerlo.

Siguiendo sus instintos, Ash se levantó ágilmente desde el lomo de Pidgeot y cogió su espada desde su cinturón. De inmediato un fuego intenso la envolvió, convirtiendo su empuñadura en una adornada por hilos negros y carmesí que se extendían hasta formar una pequeña cola y luego terminar en distintos balones de madera negros. También cambio su filo de un percudido oxidado a un brillante acero, suficiente para reflejar el perfil sereno y decidido del entrenador de fuego.

— ¿Qué vas a hacer?

Omitiendo la pregunta de Paul, el pelinegro suspiró profundamente y cerró sus ojos con aire solemne. Llevó la espada justo frente a su cuerpo, sosteniéndola con ambas manos y concentrándose para centrar su poder en el próximo hechizo. Un halo de luz rojiza rodeó su cuerpo, mientras brisas calientes bailaban en círculos y mecían su cabello con gentileza. Él percibió como la sensación del fuego llegaba finalmente a su pecho, reflejando su sincronización con el elemento, y supo que estaba listo. Sus párpados ascendieron velozmente, dejando ver el color carmesí de sus pupilas y la decisión en su corazón.

Antes que perdiera el equilibrio perfecto del hechizo, saltó desde el lomo de Pidgeot y se dejó envolver por las llamas furiosas que se acercaban desde el suelo. La distancia entre el cielo y la tierra era tal, que no aseguraba que regresaría con vida.

— ¡QU–!

— ¡PIKA PI!

La adrenalina había bloqueado cualquier ruido del mundo, logrando que su concentración creciera en forma exponencial y su unión con el fuego fuera inevitable. Sin preocuparse por la caída, él extendió su brazo derecho hacia el cielo y con ello también el filo de la espada. Apretó los dientes, preparándose para el dolor que intentaría limitar su poder.

— ¡Ignis absorbet! ¡Maximam potentiam! — de inmediato, culebras de fuego fueron atraídas a su propio cuerpo, meciendo con violencia los árboles que permanecían indemnes y al pokémon que permanecía en las alturas. Por la gigantesca expansión del incendio, varias empezaron a acumularse alrededor del entrenador de fuego generando un remolino alrededor de su cuerpo. Con la luz oscilante sobre su rostro, Ash dirigió una mirada intensa hacia aquello que luchaba por entrar a él y extendió su mano izquierda hacia ellas. Se negó a ceder ante el dolor, recordando la batalla de su líder y la imposibilidad de perder ante ella.

El fuego terminó por formar un círculo alrededor de él, imposibilitando que otros pudieran verlo y comprobar su actual estado. Sobre las alturas, la mirada de Pikachu resplandecía por la preocupación hacia su entrenador y sólo un fuerte sonido acercándose fue capaz de romper su atención. Con sorpresa, notó que un helicóptero se acercaba y que era completamente distinto al que lo había visitado en Bahía Gresca.

Con una explosión de luz, atronadora y que apartó algunos metros a quienes observaban; el círculo oscilante de fuego se disolvió y expulsó el cuerpo inmóvil del pelinegro. Su caída fue de unos metros, logrando que su cuerpo rodara un par de veces y que soltara su espada sin oposición.

Desesperado por buscar algún escape de la sensación sofocante de su cuerpo, que ardía completamente; Ash empuñó sus manos sobre el césped intacto y gruñó con furia desde el fondo de su pecho. Aún tembloroso, sus brazos y piernas se mecían inquietamente, incapaces de mantenerse tranquilo ante el dolor intenso en su cuerpo. El entrecejo se había fruncido y en el iris de sus ojos se había coloreado un rojo intenso que resplandecía aún en ese día soleado.

— ¡Gahhhh! — su grito agónico llegó rápidamente a sus acompañantes y sin esperar órdenes, Pidgeot descendió para comprobar su estado. Las llamas que antes habían atacado el páramo habían desaparecido completamente, incluso aquellas que habían visto con dificultad por la distancia.

— ¡Pika pi! — apenas fue capaz de moverse con seguridad, Pikachu saltó desde el pokémon ave y se dirigió velozmente junto al entrenador. Lo encontró en el suelo, aún inquieto por el dolor y con un hilo de sangre deslizándose por su boca — ¡Pika pi!

Ash lo miró con dificultad, jadeando ruidosamente y aún con sus manos maltratando el césped. Tuvieron que pasar unos minutos más para que la sensación empezara a disminuir hasta desaparecer completamente. El cuerpo del entrenador de fuego cayó pesadamente en el suelo, demasiado cansado como para mantener una posición; pero no lo suficiente para comprometer su conciencia. Acomodó su rostro hacia un costado, intentando recuperar su normal respiración; y esperó pacientemente a que el sonido del movimiento de las hélices se acercara. Había alcanzado a escuchar el helicóptero mientras realizaba el hechizo.

— ¡Pika pika! — la voz de Pikachu llegó justo al lado y su voz animada le permitió relajarse a los sonidos de pasos que lentamente aumentaban. Por el cansancio no alcanzó a teorizar sobre aquello.

— Hey, Ash — el tono grave de un hombre provino por sobre su cabeza y los ojos marrones lo buscaron al reconocerla. Frente a él se encontraba la persona que menos esperaba ver en esos días — Buen trabajo, te has vuelto más fuerte.

Y aun con el cansancio, el pelinegro alcanzó a embozar una sonrisa.

— Brock.

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Misty permaneció con su mirada hacia el cielo, justo donde el cuerpo de Ash se había perdido dejando un rastro de luz tras él.

Cerró sus ojos con lentitud, omitiendo un suspiro lastimero que luchaba por salir desde su boca, y se obligó a mantener la calma. No se arrepentía de su decisión, separar sus caminos era lo único que podían hacer con lo que acontecía a su alrededor y estaba segura que se encontraría nuevamente. Sólo debía esperar y preocuparse de la seguridad de aquella ciudad.

Desde su actual posición, justo sobre uno de los departamentos que permanecía intacto por su hechizo del tiempo, tenía una visión perfecta de la ciudad y también parte de la costa. Era una ventaja ante posibles ataques, pero estaba segura que ya no seguirían con ello. De todas formas no podía confiarse.

— ¡Reina! — una voz gruesa la llamó desde su espalda y al voltearse a verlo, Misty notó por su expresión que el hombre se arrepentía de sus palabras. Era un soldado del ejército de la ciudad y ahora la observaba con sincera culpabilidad. A su lado, el resto de militares que lo acompañaban, también la miraban con nerviosismo.

Los ojos verdeazulados se oscurecieron, así que ellos sabían.

— ¡Lo siento mucho! ¡No fue mi intención! — él trató de disculparse, mientras avanzaba hacia ella. La pelinaranja volvió su atención hacia la costa, con una expresión neutra y aprovechando el momento de peinar su largo cabello en una coleta hacia el costado. Aquello le permitiría pelear con mayor comodidad en caso de que fuera necesario — Entrenadora de la luz…

— Pierda cuidado — su voz fue suave, pero lo suficientemente dura para establecer una advertencia silenciosa — Sólo espero que intente apresarme luego que el peligro haya acabado — Tras suyo, el joven soldado se sonrojó suavemente. Ciertamente la suma de dinero que se prometía por entregar a la reina de Celeste era tentadora, pero sus principios no permitirían que alguno hiciera aquello.

— ¡No lo haré! ¡Ninguno de nosotros lo hará!

Ella no lo miró. En cambio, elevó ambas manos hacia el cielo y llevó toda su concentración a ellas.

— Light shiel, ¡Giant! — desde sus dedos, se crearon luciérnagas de luz que flotaron hacia el cielo y que crecieron repentinamente en tamaño hasta unirse entre todas. Cuando el hechizo había acabado, se había formado un gigantesco domo de luz que cubría completamente a la totalidad de la isla.

Sintiéndose repentinamente cansada, Misty se sentó sobre sus piernas y exhaló con lentitud. Tras suyo, todos observaban con profundo asombro el hechizo realizado por la joven, sabiendo que ni siquiera cien magos unidos podrían crear un escudo tan seguro como el que ella había hecho.

— Entrenadora, nosotros la protegeremos — la afirmación del joven soldado logró la atención de la pelinaranja, pero no fue suficiente para alterar su concentración hacia el escudo de luz que seguía manteniendo. Ella lo miró con sorpresa y él le respondió con seguridad — No podríamos traicionar a alguien que intenta ayudarnos, así que hasta que los refuerzos lleguen, ¡Nosotros la protegeremos! — ellos no mentían, ella podía leerlo con facilidad en sus ojos y fue suficiente para creer en ellos.

Una hermosa sonrisa coronó la belleza de ella, provocando suave sonrojos en algunos militares.

— Muchas gracias.

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Ash jadeaba pesadamente, con su cuerpo completamente apoyado en la ventanilla de la cabina y sin nada de fuerza. Su rostro estaba manchado por el carbón y la sudoración; mientras sus ojos peleaban para mantenerse abiertos. En el asiento contiguo, una pequeña criatura amarilla lo veía con preocupación y sus orejas se habían inclinado en señal de tristeza.

— Ten — Brock lo llamó desde el asiento que estaba frente al suyo, ofreciéndole una botella con líquido cristalino y brillante. El agua era tentadora en aquel momento, pero ni siquiera tenía fuerza para cogerla.

Había pasado el resto de la mañana y ahora el atardecer de Sinnoh le indicaba que prontamente oscurecería. A pesar de sus esfuerzos sobrehumanos, aun cuando él era un entrenador, derrocar completamente el fuego que había incendiado los campos del sur le había quitado una buena cantidad de horas. El resto se había pasado cuando su viaje se extendió hacia la región del norte, guiados por el hermano de Paul que había llegado hace unas horas, y que le costó otro par de horas.

— ¡Entrenador! — lo llamó un hombre desconocido que, por la vestimenta y la forma correcta de su modulación, le hacía creer que era alguien adinerado. Se encontraba en la cabina junto al piloto del helicóptero — ¡Muchas gracias por su ayuda! ¡No lo hubiéramos logrado si usted no hubiera venido con nosotros!

Como si fuera un agradecimiento para él mismo, Brock sonrió y esperó resignado a la respuesta narcisista de Ash.

La que nunca llegó.

— Está bien — él se las había ingeniado para responder entre respiraciones agitadas y Brock supuso que era normal, debido a su estado. Sin embargo, cuando lo estudió con mayor detenimiento y logró ver la expresión de sus ojos, él supo que algo estaba mal. El brillo en su mirada no era de orgullo, más bien parecía preocupado.

— ¿Estás bien? — él le preguntó consternado, sin entender lo que sucedía con el que era prácticamente su hermano. El pelinegro asintió a modo de respuesta, pero no alcanzó a callar su inquietud — ¿Quieres quedarte en algún hotel o prefieres ir a algún hospital? — Brock alcanzó a ver justo cuando las pupilas del entrenador se contrajeron con intensa alarma.

— ¡No, no hay tiempo! — la ansiedad en su voz era notoria, aun cuando había nacido como un murmullo — ¡D–debo v–volver! — había tanta intensidad en sus iris almendrados, que no se atrevió a contradecirlo.

— De acuerdo, pero debemos cambiar de transporte en la siguiente ciudad — Ash asintió y Brock se prometió preguntarle luego el motivo de su urgencia.

El entrenador dejó caer nuevamente su cuerpo, mientras dirigía el rostro hacia la ventanilla y comprobaba nuevamente el color del cielo. Desde aquella posición tenía una visión completa de la ciudad que había rescatado, la misma que empezaba a alumbrar las calles con luces artificiales y le aseguraba que el daño no había llegado a mayores. Por encima de unas nubes, logró reconocer el cuerpo majestuoso del Pidgeot y entender que aún seguían ayudando. Se sorprendió gratamente al notar que Paul había actuado de forma amable con los magos damnificados, aunque presentía que la presencia de su hermano tenía algo que ver.

Un reflejo naranja e intenso llegó a sus ojos, proveniente del sol que lentamente moría, y los pensamientos de Ash volvieron hacia Misty. Tardíamente había recordado la recompensa que había por su cabeza y el peligro que debía estar pasando en ese momento. Independiente de su poder, él sabía que lo había utilizado en su máximo nivel y que ahora estaría agotada aunque ella lo negara. El mayor problema es que no había quedado ningún aliado a su lado.

Su corazón dio un golpe repentino por la culpabilidad. Si tan sólo él fuera más fuerte, habría terminado con los incendios en menor tiempo y ahora ya estaría junto a Misty.

— ¿Por qué no llamaste? — la voz molesta de Brock interrumpió sus reflexiones y Ash contuvo un suspiro.

A pesar de haber estado juntos gran parte del día, había sido tan ajetreado que habían intercambiado apenas algunas palabras y todas las preguntas habían sido desplazadas por cumplir el deber. La mayor duda del pelinegro era la buena relación que Brock parecía tener con los magos, conociendo el trato de las personas de Sinnoh a las personas sin poderes y sabiendo que él era normal. No interesado por los negocios de la familia que lo había adoptado, el pelinegro sabía que tenían unas propiedades en el continente; pero recién ese día se había enterado que eran bosques y algunas granjas. Afortunadamente no habían sido dañadas

— Ash — él volvió a llamarlo y notó que se había perdido nuevamente en su mente inquieta. Lo miró con seriedad, recordando de pronto la mirada desesperada de May la última vez que la había visto.

— No tuve oportunidad — él no mentía.

— Me tenías preocupado — la sola frase provocó el rostro de Ash se tranquilizara — Pero supongo que es mejor así, hay algunas cosas que tenía que hablar contigo.

El pelinegro estaba luchando por mantener sus ojos abiertos, demostrando silenciosamente su interés hacia lo que quería decirle.

— Según lo que me dijo Tracey, todas las líneas telefónicas y de comunicación del reino han sido intervenidas; así que no era seguro contarte por teléfono lo que he descubierto.

— ¿Q–que pasó? — Ash preguntó entre jadeos y el rostro endurecido del hombre fue suficiente para inquietarlo.

— Tú conoces la historia de la princesa, ¿verdad? — El entrecejo del pelinegro se frunció, confundido — También la razón de su edad similar al del príncipe Drew.

El muchacho asintió, demasiado cansado como para comentarlo. Recordaba que May se lo había contado, la enfermedad que había atacado a su madre cuando estaba embarazada de ella, provocando su nacimiento prematuro y su estadía en el hospital cuando era pequeña. La misma que la había dejado relegada en su cama hasta los nueve años y que había sido culpable de un largo proceso de rehabilitación.

— Buscando información que pudiera ayudarte para encontrar a la princesa, logré ingresar al registro médico del reino — Ash no cambió su expresión interesada, aun sabiendo que era un crimen serio y que la sentencia podía incluir hasta el exilio del reino — Pero no hallé nada.

— Eso que significa.

— No hay registro del embarazo de la reina, ni del nacimiento de la princesa, ni de su larga hospitalización. La única información disponible es la ficha médica de una niña de cuatro años que fue llevada al castillo por la reina, una niña que debería tener la misma edad de May — el ceño fruncido de Ash se intensificó, comprendiendo el curso de la conversación — Ash, May no es hija legítima de los reyes de Pallet.

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Erika abanicó su rostro con la mano izquierda, negándose a soltar el bastón de madera que la ayudaba en su camino y que también mantenía el hechizo de las flores en la superficie. Era el arma que se le había entregado desde niña, el que unida se transformaba en un cilindro de madera con flores talladas en toda su longitud, y el que aumentaba el radio de su poder.

Moviéndose por un camino que cruzaba el subsuelo, Erika percibió como el calor del lugar había aumentado varios grados, haciendo más difícil el caminar y mantener la concentración en las flores que había creado. Esperaba que aquellas que había conjurado sobre el agua siguieran intactas.

Agotada, las piernas de Erika se rindieron a su propio peso y terminó por caer sobre sus piernas.

— ¿Qué estás haciendo? — Tom se volteó a verla, alumbrándola con la linterna que los ayudaba en el camino. Conociendo su odio por los normales, la niña no entendía como él podía usar un objeto creados por ellos con tanta facilidad, aunque estaba muy cansada como para decirlo.

— ¿Podemos descansar un poco? — Erika estaba fatigada, aquello no era mentira, pero no lo suficiente para detener su caminar. La razón de su comportamiento era la preocupación hacia el camino de flores, insegura si ellos lo habían seguido.

— ¡Odh! — Oddish se acercó a ella con una expresión entristecida y alarmada. Ella le sonrió para calmarlo.

— ¿Asi que estás cansada? — Tom le preguntó con una expresión neutra, más el brillo en sus ojos azulados fue suficiente para asustarla. La peliazul escapó de su mirada, intentando no descubrir su mentira.

— S–si.

— ¿No puedes caminar? — él inquirió y ella siguió con su visión hacia el suelo.

— E–exacto.

— Bien.

Erika permaneció en la misma posición, abrazando el cilindro de madera hacia su pecho y acariciando a Oddish para calmarlo. De improvisto, el sonido del movimiento de la tierra llegó a ella desde la lejanía y rápidamente se elevó en intensidad hasta llegar a ella. La niña cubrió al pokémon planta en un abrazo con la certeza de que un temblor se acercaba.

Repentinamente su cuerpo fue levantado desde el suelo y con un grito alarmado, Erika se encontró a si misma levitando desde el suelo. Bajo a ella sintió la textura de la piedra y reconoció a una gran roca que ahora soportaba su peso.

— ¡Geo! — saludó la piedra, alegremente.

— ¡Kyaaaaa!.

— Geodude, mi pokémon — explicó el hombre rubio, sin ningún cambio en su expresión aburrida — Ya que estás tan cansada, él será quien te lleve.

Él había visto fácilmente a través de su mentira y la niña, luego de superar la sorpresa inicial, mordió su labio inferior con inquietud. Ya rendida ante su destino, ella afianzó el agarre sobre su arma y cerró sus ojos para aumentar su concentración. El resto del camino, su atención permaneció exclusivamente en el camino de flores que había cruzado desde la región de Sinnoh hasta Hoenn. Ni siquiera el calor sofocante del subsuelo logró alterarla.

Pasaron varias horas, no estaba segura de cuanto pero lo suficiente para que su estómago se quejara muchas veces por la falta de alimentación, cuando Tom decidió dejar la comodidad de su camino y aventurarse a la superficie.

Con sorpresa, Erika sintió como el pokémon piedra la elevaba en dirección de la luz y posiblemente al final del camino. Cuando logró a acostumbrarse a ella, notó que se encontraba en un salón de elegante belleza, con un techo coronado por lámparas de arañas y ventanales de delicada arquitectura. Debía ser similar a la construcción de su propia casa.

— Bienvenida — una voz masculina proveniente desde su espalda la asustó y la niña se volteó de inmediato hacia ella. Se encontró con un atractivo hombre joven, de ojos castaños y desordenado cabello castaño. Estaba sentado en una de los sillones que adornaban el salón, con un cigarrillo entre sus dientes y dándole una sonrisa burlona.

Y a pesar de la situación en la que se encontraba, siendo obligada a alejarse de sus compañeros de viaje y enojada por todo el cansancio físico que había significado su actual travesía, Erika no pudo evitar sonreír. Siempre era bueno encontrarse con él, su líder.

— Hola, Gary.

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Continuará…

Hey! Ha pasado un tiempo, pero creo que no me he demorado mucho (¿?). De todas formas, el otro día me senté a ordenar la planificación de la historia (sí, eso existe) y calculé mas o menos 52 capítulos! (en serio, en que lío me metí). 53 si se incluye el epílogo.

Espero que me acompañen en los capítulos que quedan, y también mi beta querida!

Ahora… RxRxR!

Juan: HEY! Como no te vi en el capítulo anterior, pensé que ya no seguías la historia :O me alegra saber que aún lo haces! No podría asegurar fecha para una próxima actualización, pero te puedo asegurar que estará ahí en algún momento :) en relación a tus preguntas de arriba, te puedo contestar una. En realidad Gary si besó a Misty, en la fiesta de Erika, y sí, realmente la ama. Pero han sucedido algunas cosas junto con el poder que maneja, que lo condiciona a tener respuestas mas oscuras hacia los sentimientos; que han provocado esta oposición de sentimientos en Gary. Espero poder reflejarlo mayormente en los capítulos que siguen. Ahora, si Ash se queda con Misty o Serena es algo que tendras que esperar. Jejeje. Gracias nuevamente por tu comentario y gracias también por el del otro fic. Nos leemos!

ElphabaLii: jajaja, la elegida? Jajajajaj, May es de hecho bruja y es una muy fuerte; pero como no lo sabe, no la utiliza. Ahora, por qué no lo recuerda, se verá en el próximo capítulo. Jejejeje se vienen mayores escenas entre Ash y Misty, aunque habrá que esperar que estén juntos de nuevo (¿?) Gracias como siempre por tus comentarios! Realmente elevan la moral :D y tal vez termine este fic cuando tus hijos estén entrando a la u? (ojala que no! Toquen madera!)

Gracias como siempre ha todos aquellos que leen y siguen la historia en las sombras, y nos leemos luego!

I'll see you

Kasumi 21