Disclaimer: Pókemon no me pertenece.

Sinopsis: El entrenador de fuego, Ash Ketchum, ha sido testigo de la desaparición de May, su novia y princesa del Reino de Pallet. Para encontrarla ha iniciado un viaje junto a Misty, Ritchie y Erika en búsqueda de los diez legendarios entrenadores. Visitando Bahía Gresca, la ciudad en peligro y la desaparición de Erika ha obligado a los entrenadores a separarse. ¿Qué secretos esconde la corona de Pallet? ¿Cuál será el destino de los entrenadores? ¿Logrará Ash rescatar a May?

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Light's Travel

By kasumi_21

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Capítulo XXI: El verdugo de la reina

– Hola, Gary.

Habían pasado apenas algunos días, pero Erika sentía que hace meses no veía a su líder. Ciertamente el aire elegante y dominante a su alrededor no había cambiado ni un ápice, generando la conocida sensación de sumisión cuando estaba a su lado. Debía ser la misma sensación que tenía el resto de sus compañeros.

De improvisto y con gran violencia, Gary dejó caer el cigarrillo que antes decoraba sus labios y lo rompió con fuerza con uno de sus pies. No pareció preocupado por la costosa alfombra que había dañado.

Se levantó con un movimiento grácil, más la furia contenida había oscurecido sus ojos. De forma inmediata, Erika retrocedió algunos pasos y encorvó sus hombros para pasar desapercibida. Los latidos acelerados que retumbaban en sus oídos empezaban a marearla.

– Se- – Tom fue interrumpido con sólo un gesto del entrenador oscuro, el mismo que parecía acercarse a la niña con claro interés. Por el rabillo del ojo, Erika logró notar como todo rastro de seguridad era cambiado a temor en el cuerpo del rubio. Sin embargo, su entereza no habría dejado verle a cualquier persona. No podía culparlo por ello.

– ¿qué… significa esto? – la voz de Gary era aterciopelada, con un timbre seductor y amenazante. Era casi como ser acariciada suavemente por un afilado cuchillo.

Erika tragó saliva, confusa y aterrada por lo que sucedía. Repentinamente, Gary tomó una raíz de planta que se había enredado en su cabello azulado y, a pesar de que realizó toda la acción con innegable delicadeza, la niña se estremeció con pavor.

– Tom – los ojos de Gary se dirigieron hacia el hombre rubio – te hice una pregunta.

– S–señor – a pesar de mantener la compostura, una leve oscilación en las palabras del hombre le aseguraron que tenía el mismo miedo que ella. La furia ciega de Gary parecía transmitirse a ellos con facilidad, siendo el preludio de un desastre – ¿q–qué quiere decir?.

– ¿Por qué Erika, la que es casi mi hermana, está en estas condiciones? – dijo Gary mientras se paseaba a través de ellos con pausada elegancia, similar a la de las panteras cuando están a punto de atacar a su presa. La niña estaba segura de que, dependiendo de las palabras de Tom, era su probable destino.

– E–era necesario p–para la misión.

– Tú – Gary hizo ademán de moverse hacia el rubio, pero temiendo una tragedia, Erika se interpuso entre ellos abrazando el abdomen del castaño. Asustado por lo que acontecía, Oddish abrazó sus hojas fuertemente en la pierna de su dueña.

– ¡Gary! ¡Gary! – gritó la niña, desesperada – ¡GARY! ¡ESTOY BIEN, ¿VES?! – Erika apretó aún más el estómago masculino, logrando su atención. Lágrimas de puro pavor habían nacido de sus ojos – ¡Estoy bien! ¡Estoy bien! ¡Por favor! – luego de una corta pero intensa lucha, Erika fue advertida por el castaño y vio como sus ojos se fijaban en su rostro. Se suavizaron levemente.

– ¿segura? – la niña asintió, temblorosa – de acuerdo. Puedes soltarme.

No se escuchaba como una orden y aunque ella no lo quisiera, sabía que debía obedecerle sin rechistar. Gary era después de todo su líder.

– ¡Tom! – Gary exclamó con una sonrisa relajada, la que nunca llegaba a sus ojos. La escena que había acontecido ahora parecía un sueño – lo siento, ¿sí? Vamos a tomar una copa, el viaje ha debido ser largo – el castaño palmeó al rubio con jovialidad, despreocupado por el terror que seguía atacando los corazones de sus aliados – y Erika, ve y descansa un poco.

Y sin otro comentario, caminó a grandes y relajados pasos hasta perderse por una de las gigantes puertas del salón acompañado fielmente por el pequeño pokémon oscuro.

Saliendo de la incredulidad, Tom imitó al líder y Erika esperó a una criada para que la guiara en el camino. Sabía que debía descansar a pesar de todas las preguntas que debía hacerle al entrenador oscuro, obedecerle siempre era la única opción.

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– Ash, May no es hija legítima de los reyes de Pallet.

El chico pestañeó un par de veces, intentado asimilar la nueva información que poseía. Recordando los momentos compartidos con la castaña, siempre vigilados de cerca por los guardias personales del rey, le costaba pensar que ella no era una hija directa. Pero, de todos modos…

– ¿Por qué me cuentas esto? – ahora la incertidumbre era clara en el rostro de Brock y Ash inhaló aire con fuerza – ¿sirve de algo esta nueva información? – el entrecejo de Brock se frunció.

– pensé que te interesaría.

– No es que no me importe, pero… – Ash hizo una pausa mientras intentaba recuperar el ritmo normal de su respiración, acción casi imposible cuando sus pulmones ardían por la falta de aire y el cansancio. Estaba seguro de que unas horas antes, la tos se había acompañado con gotas de sangre – no cambiará mi decisión. No me importa si es una princesa o una simple campesina, yo quiero salvarla porque es ella.

El silencio envolvió a ambos hombres, mientras la resolución del pelinegro parecía suspendida entre ellos. Junto al entrenador, quien había cambiado su atención nuevamente hacia el atardecer y el color ardiente del cielo, Pikachu exclamó con real alegría y Brock suspiró con una sonrisa orgullosa.

Los días investigando sobre la desaparición de la princesa, sobre el pasado de Pallet y los secretos del reino; le habían hecho olvidar una de las cosas más importantes: la simpleza y amabilidad en el corazón de quien consideraba su hermano.

– Tienes razón.

El pelinegro no se volteó a verle, intentando mantener su concentración en el flujo de su magia y con ello acelerar el proceso de sanación que necesitaba. Esperaba volver a su poder basal en algunas horas y así acelerar su viaje de regreso a Bahía Gresca. Tenía la urgencia de ver nuevamente a Misty y asegurarse que estaba a salvo.

El rostro de ella llegó a él con alarmante facilidad, su expresión molesta y sus ojos brillando en silencioso reto. Casi podía escuchar su voz a su lado, reclamándole por una preocupación que ella no necesitaba. Aquella imagen le produjo tanta alegría como irritación, una combinación de sentimientos que siempre competían cuando estaba junto a ella.

– Claro que confío en ti, tonta – susurró con una leve sonrisa en sus labios.

– ¿Dijiste algo? – el sonido del helicóptero dificultaba su audición, pero Brock había alcanzado a ver los movimientos de sus labios. Ash decidió no responder.

– He descubierto algunas cosas también – esta vez los ojos almendrados se endurecieron, adquiriendo un color café oscuro y peligroso que Brock nunca había visto – me encontré con la persona que se llevó a May.

– ¿Q–? ¡¿Quién?! – la excitación en su amigo era algo esperado. Ash supuso que era él quien más había avanzado en el rescate de la princesa.

– Gary Oak – mencionar su nombre causó un ardor en su estómago, que se extendió hasta su garganta y la apretó con fuerza. El sentimiento iracundo aumentó cuando recordó su sonrisa segura sobre los labios de Misty, para luego dejarla caer al vacío y a su suerte.

– ¡¿Qué?! ¡¿el entrenador oscuro?! – Ash asintió – ¡pero eso no tiene sentido! ¿Qué querría él con nuestro reino?

– No estoy mintiendo, él me lo confirmó cuando nos encontramos.

– ¡Pika! – Pikachu exclamó en confirmación.

La resolución de los irises castaños no daban espacio para la duda y Brock se encontró confiando en él de inmediato. Llevó su mano a su propio mentón, mientras su cabeza revuelta intentaba ordenar las teorías que había reunido en esos días y hacerle coincidir con la información recibida.

– ¿Tal vez fue contratado? – reflexionando en voz alta, las palabras llamaron la atención de Ash – con Traecy sospechábamos que podía ser Giovanni.

– ¿Quién? – acostumbrado por la falta de información que tenía el adolescente, Brock no pareció sorprendido.

– Es uno de los magos del círculo de los dragones, reconocido por su manejo de la magia negra y también por ser uno de los empresarios más influyentes en el continente de Kanto.

– ¿Tiene negocios también en Pallet?

– Los quería, pero el rey se negó por su naturaleza mágica – Ash asintió, intuyendo la teoría – Traecy cree que por venganza planificó el secuestro de la princesa.

– Tiene sentido, además Gary es el nieto del viejo Oak que también es un mago del círculo. Deben conocerse.

– ¿Crees que puedas contactarte con él? – el sólo pensamiento de reencontrarse con el entrenador oscuro ensombreció el ánimo del pelinegro – Si es su nieto, tal vez puedas pedirle ayuda al Profesor Oak.

– no creo que se mantengan en contacto – concluyó Ash, recordando que Misty aún estaba buscándolo y que tenía una relación cercana con quien era su padrino. Si ella no lo había encontrado, entonces Oak no debía tener ninguna información sobre él.

Ambos hombres se quedaron en reflexivo silencio, intentando hallar alguna solución que permitiera el rescate de May.

– Ash, ¿hay alguna otra información que tengas? – preguntó de pronto Brock y el muchacho esquivó su mirada. Los dos escasos momentos de comunicación que tuvo con su novia llegaron a su mente, junto con la última mirada desesperada que había visto hace algunas horas. Aún no sabía que había sucedido, no había comprendido el sufrimiento de May y tampoco tenía certeza que podría contactarla con la desaparición de Erika. Que los demás supieran que había tenido contacto con ella, sólo para perderlo unas horas después tras una despedida incierta, sólo llenaría de dolor el corazón de los otros.

Apoyado en la falda de su entrenador y pareciendo entender el curso de sus pensamientos, las orejas de Pikachu bajaron en señal de tristeza.

– No.

El hombre mantuvo su mirada sobre el pelinegro, sabiendo de antemano que él mentía. Decidió no presionarlo.

– ¡Ya hemos llegado! – anunció el conductor con ánimo. Su posición en la primera fila de helicóptero había evitado que escuchara la conversación entre los hombres. – comeremos algo y luego subiremos al segundo helicóptero.

Ash se levantó con urgencia.

– ¿No podemos saltarnos la cena?

Brock conocía a Ash desde hace muchos años. Cuando era un niño, solía visitar el puesto de la familia Ketchum y jugar con el pelinegro cuando los acompañaba a la capital del reino. El pelinegro había sido el primero en admirar su talento en la cocina y el único que no lo había juzgado por sus intereses de plebeyo, apoyándolo de forma incondicional. Se habían hecho grandes amigos con facilidad y luego de la muerte de sus padres, cuando Ash se cambió a vivir con ellos, su amistad había evolucionada cómodamente a la hermandad. Por todo ello no escondió su asombro hacia un desconocido Ash, el mismo que estaba rechazando la oportunidad de disfrutar una cena gratuita en uno de los mejores restaurantes de Shinnoh y parecía más ansioso por reiniciar el viaje.

La conversación sostenida hace unos minutos llegó a él como la explicación. Probablemente el chico estaba muy preocupado por la mujer que amaba, lo que explicaba su urgencia por partir.

– Tú, realmente quieres reencontrarte con ella.

El chico se volteó a verlo con un rostro molesto, aunque sus mejillas se habían coloreado levemente.

– ¡Claro que sí! – Ash entrecerró sus ojos, mirando hacia un costado – se quedó allá sola, utilizó toda su magia y ahora hay una recompensa por su cabeza… ¡Es obvio que estoy preocupado por Misty!

Brock lo observó con sorpresa nuevamente. La primera persona que había conocido sobre sus amistades pasadas y sobre el crecimiento en la relación que compartía con May había sido él. Interesado en el amor como lo era él, recordaba con detalle la primera vez que un joven Ash de quince años le revelaba su reciente noviazgo con la princesa de Pallet y el brillo suave en sus ojos chocolates provocados por la dicha de un amor correspondido. Y a pesar de estar feliz por ambos adolescentes, siempre esperó por la reacción nerviosa de un hombre enamorado cuando solía molestarlo con la chica. Una reacción como la que tenía ahora, hablando de otra muchacha.

Y aun sabiendo los problemas que le traería al entrenador de fuego, no pudo evitar sentir real alegría por el sentimiento que estaba naciendo en su amigo. Una sonrisa socarrona cruzó su rostro.

– Me refería a May.

Y el cambio alarmado en los ojos castaños, le hizo reír.

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Aún en la terraza de los edificios y arrodillada sobre el sucio suelo, Misty mantuvo su atención hacia el cielo e intentó no dejarse molestar por las luces anaranjadas del atardecer que llegaban justo a su rostro.

Había pasado la mayor parte del día manteniendo la barrera de luz que protegía la ciudad y por lo mismo, se estaba volviendo realmente difícil mantener la atención en su magia y no hacia el cansancio de su mente y su cuerpo. Se obligó a permanecer serena, ella no avergonzaría a su fallecida maestra fallando en su cometido, mantendría el hechizo de luz hasta una semana si fuera necesario.

Tras suyo y armados con rifles mágicos, dos militares cuidaban su seguridad y la única puerta que unía a la terraza con el resto del edificio. A pesar de que todos los propietarios habían sido desalojados y puestos en lugares seguros, el hechizo del tiempo Misty seguía indemne en él.

Repentinamente los brazos de la muchacha descendieron y su escudo de luz flaqueó por unos segundos, tan cortos que no fue percibido por los militares. Misty esperó en su misma posición, mientras la figura de una mujer se formaba lentamente tras su espalda. Estaba arrodillada igual que ella, pero su torso se había inclinado en muestra de respeto. La pelinaranja supuso que era la misma razón por la cual no había aparecido justo frente a ella.

– Sabrina – ante el llamado, la joven mujer levantó el rostro y dejó a la vista su expresión serena. Una mueca suave se había dibujado en sus labios, tan sutil que no se podía asegurar si era una sonrisa – te has demorado, te he esperado desde el mediodía.

– disculpe, mi señora – le respondió con su voz tranquila, relajante a pesar de la situación que acontecía – pero he estado ocupada con algunos asuntos que estoy segura, mi señora agradecerá.

El espíritu de Misty permaneció sereno, paciente hacia sus siguientes palabras.

– He seguido a Ritchie–kun, ha cruzado el mar hacia Hoenn y ya se encuentra en la otra costa – Sabrina omitió que el castaño había robado un buen número de humildes barcos pesqueros, todo por su afán de alcanzar las flores que flotaban sobre el agua. Omitió también que había dejado sus datos en cada uno, prometiendo pagar su deuda.

– ¿ya ha encontrado a Erika? – Sabrina cerró con solemnidad sus ojos, al reconocer la urgencia en las palabras de su señora. Con rapidez alcanzó las vibraciones del alma de Ritchie, que aún permanecía en furiosa oscilación.

– Me temo que no, mi señora – los ojos rojizos de la sacerdotisa lograron reconocer el movimiento sutil en los hombros de Misty, entristecida. – pero Ash–.

No alcanzó a completar la frase cuando la pelirroja se volteó violentamente hacia ella. El verde de sus iris se había oscurecido por la incertidumbre y su expresión había perdido la serenidad que la había acompañado durante todo el día luego de su despedida. Sabrina dejó escapar una risita cómplice y su reacción, tan fuera de la personalidad que habían visto en Azulona, hizo consciente a la pelinaranja de las suyas propias.

Se volteó de inmediato, pero un sonrojó delator permaneció en sus mejillas.

– ¿qué pasa con él?

– Ha llegado al norte de Sinnoh – el palpitar furioso en el pecho de Misty no había cedido y la sacerdotisa supo que no había aclarado su mensaje – Él ha mostrado la experticia en el manejo de su elemento, él... está a salvo.

Misty dejó escapar un suspiro tembloroso, mientras la presión en su pecho desaparecía y un ardor intenso se concentró en su frente, justo en el lugar donde se habían posado sus labios.

Luchando contra emociones que no le servían en aquella situación, Misty volvió a su anterior posición y se concentró en detener a su corazón enfurecido. Volvió a la solemnidad.

– ¿Has logrado comunicarte con Erika?

– me temo que no, mi señora – un viento frío cruzó el cuerpo de ambas mujeres, pero sólo Misty fue quien se estremeció – hay un campo de oscuridad que está rodeando su poder y evitando que pueda rastrearla. Y con mi cuerpo en Azulona, no tengo alcance suficiente para seguir la cadena de flores.

La pelinaranja asintió, consciente del hechizo de viaje astral que Sabrina estaba realizando. Junto a ella sólo se encontraba el alma de la sacerdotisa.

– Será mejor que regreses a tu ciudad, gracias por tu ayuda – la voz de la pelinaranja era lejana, dando cuenta de su distancia como líder del equipo blanco. Los ojos carmín de Sabrina oscilaron por un segundo ante la frialdad, más al leer la mente de Misty y entender su cometido se relajó de inmediato.

– No es necesaria la actuación, mi señora – la sacerdotisa guio su mirada hacia los oficiales que custodiaban la entrada, lo suficientemente alejados como para escuchar su conversación. Siendo ahora una mujer buscada, Misty estaba rodeada de posibles enemigos y no podía mostrar debilidad – ellos están lejos.

La pelinaranja se volteó levemente, sólo lo suficiente para revelar el perfil de su rostro y mostrarle una sonrisa agradecida. Una real y que mostraba la sinceridad de sus sentimientos.

Sabrina asintió en señal de entendimiento y respeto, más cuando Misty dirigió nuevamente su mirada en dirección contraria, los ojos carmesíes de la mujer brillaron por la incertidumbre. Dudo un momento, hasta decidirse finalmente.

– ¿mi señora? – Sabrina habló, mientras recuperaba el temple tranquilo que la caracterizaba. – se predijo el desastre de Sinnoh en nuestro templo, avisamos y por eso vinieron a buscar a Ash–kun.

La ojiverde asintió en comprensión. Reflexionando sobre los atentados ocurridos en Sinnoh, todos en paralelo, la única forma que podrían ser realizados sin llamar la atención era de forma simultánea. De lo contrario, el primer ataque habría fortalecido la seguridad del país y dificultado la realización de los otros. Y ya que Ash fue llevado apenas unos minutos después de que habían ocurrido, Misty dedujo rápidamente que los magos fueron advertidos por alguien más.

– gracias por eso, Sabrina – el tono orgulloso en la voz de Misty no pasó desapercibido – tu poder realmente es sorprendente.

– me temo, mi señora, que no puedo aceptar sus palabras – Sabrina llevo su mirada hacia un costado, parecía triste – fue Anabel–chan quien tuvo una visión.

La pelinaranja volteó levemente su rostro hacia la sacerdotisa, lo suficiente para ver la silueta de sus pestañas sobre el pómulo izquierdo y esconder el resto de su expresión. Sabrina estuvo tentada en utilizar su poder sobre su líder para conocer sus sentimientos, más intuía que aquellos sólo debían ser conocidos por lo misma Misty.

Esperó pacientemente por su respuesta.

– Ya veo…

Sabrina apretó con suavidad sus puños que descansaban en la falda de su kimono, preparándose a detallar la visión de la joven aprendiz. La misma donde, como la mayoría de las otras que solía tener, el entrenador de fuego era su protagonista.

– Mi señora, Ash–kun y Anabel–chan… – intentando ordenar sus ideas, la joven mujer cedió una leve pausa – ellos están unidos por un lazo especial… ellos…

– Es suficiente, no quiero escucharlo – la dureza en la voz de Misty era un reflejo sutil del revoltijo nervioso de su estómago.

– Pero… mi señora

– ¿lo que me dirás sirve para esta misión? ¿hará algún cambio en lo que sucede aquí o en el resto de las ciudades dañadas? – el silencio fue respuesta suficiente para las preguntas – lo que imaginaba. No necesito saberlo.

La mujer pelinegra observó la espalda de la joven con seriedad en sus ojos, sin ser afectada por en tono duro en sus palabras que rayaba en la grosería. Incapaz de dominar su propio interés hacia los pensamientos de la muchacha, cedió a parte de su poder y permitió que las emociones vibraran con su corazón. Entre el torbellino de sensaciones, la confusión fue la que dominó al resto de todas.

Entonces esa era la explicación en la actitud de su señora, la inexperiencia de su corazón había nublado su juicio y no permitía que la mente dominara sobre sus decisiones.

Sabrina cerró sus ojos con serenidad, comprendiendo que por sobre el poder asombroso que ella tenía o su porte real, Misty seguía siendo una adolescente.

– lo entiendo, mi señora – y no insistió.

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Había amanecido. La luz del sol naciente se reflejaba sobre su rostro y con cierta incomodidad, notó que había sido el responsable de su despertar prematuro. Cuando la ensoñación cedió en su mente, recordó de pronto la reciente misión que se le había encomendado y la razón de su ubicación actual sobre la terraza de un edificio. Su corazón se disparó de inmediato y se levantó con alarma.

– ¿Has despertado? – la voz grave de su compañero llegó desde su lado izquierdo, con calma. Cuando le miró, notó que parecía igual de culpable como él se sentía.

– ¿también te has dormido? – su silencio fue suficiente respuesta – ¿y ella?

Su mirada busco de inmediato a su actual protegida. La encontró en la misma posición de ayer, arrodillada en la otra orilla de la terraza y dándole la espalda. Se sorprendió al notar que la forma de su cuerpo no había cedido, tanto como para confundirla con una estatua.

– ella es increíble – su compañero resumió en palabras sus propios pensamientos. Ella había permanecido la noche entera dando muestra de su poder, manteniendo en el cielo la barrera de luz que protegía a la ciudad.

De improvisto la puerta que conectaba con el edificio se abrió, dejando a la vista a un militar de cabello castaño, que parecía igual de cansado que ellos.

– ¿qué pasa? – se acercó apresurado, con un sutil brillo de alivio en sus ojos oscuros.

– Han llegado los refuerzos, díganle a la reina que por favor deshaga el escudo.

Ambos hombres llevaron su atención hacia la costa este, lugar donde se encontraba el puerto y donde se vislumbraba varios barcos del gobierno. Permanecían alejados para no ser dañados por el hechizo de la reina, ya uno de ellos había sido destruido en su timón por acercarse demasiado.

El militar caminó hacia la entrenadora y la llamó con innegable respeto. Al no obtener respuesta, se acercó hasta estar a su lado.

– ¿Su majestad?

Ella permanecía con sus ojos cerrados y con el rostro en completa calma. Los movimientos por su respiración eran tan leves que parecía estar en una profunda meditación.

– Su majestad, por favor deshaga su hechizo – le susurró con respeto – han llegado nuestros aliados.

Su posición inmóvil le hacía dudar si realmente lo había escuchado, pero lentamente el domo de luz se quebró sobre sus cabezas y lleno la ciudad de arenilla incandescente.

La muchacha término por ceder al cansancio y dejó caer su cuerpo hacia un costado, apoyándose en el hombre. El miró con sorpresa como su piel perdía el color, así como una sudoración fría la envolvía y furiosos jadeos nacían de su boca. Ella estaba más que agotada.

– Debemos llevarla con un médico, ¡rápido! – El militar que había llegado la cogió con facilidad a pesar de su peso muerto y apoyó el rostro de ella hacia su propio pecho.

– nhg... – Misty abrió levemente sus ojos, mirándole con cierto temor que escondió bien tras su cansancio. Él le sonrió con tranquilidad, haciendo relucir los rasgos amables de su rostro.

– Descuide su majestad, la cuidaré bien – seducida por la sinceridad que tenían sus palabras, la pelirroja terminó por creer en él y se durmió en sus brazos. Él la contempló, complacido – la llevaré al refugio de damnificados, la mayoría de los médicos mágicos se encuentran ahí.

La rapidez de sus movimientos no dio pie a dudas y ambos militares asintieron en acuerdo. Cuando el hombre dejo el lugar con la reina en brazos, lo único que destaca era la aparente corta edad del militar.

Por entre las calles abarrotadas de personas, el militar seguía su caminar pausado con el cuerpo de la pelirroja entre sus brazos. A pesar de los minutos que llevaba de conocerla, ya había estudiado con detalle las heridas de su cuerpo y había reconocido aquellas que parecían más profundas, en especial las que tenía en su espalda. Huellas aún recientes luego de la batalla con el entrenador volador.

– Rudy – frente a él, había aparecido unos de sus camaradas quien también vestía como militar. Los ojos de su compañero se dirigieron de inmediato a la entrenadora – como se esperaba, lo lograste.

Los ojos de Rudy se entrecerraron en una expresión arrogante, mientras reiniciaba el caminar.

– ¿y el resto?

– algunos se fueron al hospital de base y otros se infiltraron entre los damnificados, nosotros nos quedamos en el ejército – el chico llevó sus manos hacia el bolsillo de sus pantalones, mientras formaba una mueca en sus labios – si nos hubieras avisado cual era tu plan, habríamos evitado tantas molestias. Todos se fueron a buscar a la princesa.

– Reina – corrigió el mercenario – ella es la verdadera reina de Celeste, es por eso por lo que están tan desesperados por encontrarla.

– ¿cómo es que lo sabes con tanta certeza? – inquirió curioso su compañero. Llevando poco tiempo en el grupo de caza fortunas, aún no conocía las virtudes del muchacho y por qué había sido elegido líder cuando era tan joven. Inclusive teniendo menor edad que él mismo.

– Es una historia bien conocida en el mundo ilegal, se cuenta que la reina actual asesinó al rey y la princesa logró escapar – Rudy llevó su atención a la chica, en ese momento parecía tan indefensa que le costaba pensar en ella como un peligro para cualquier reinado – reapareció hace algunas semanas en la capital del reino y su presencia ha provocado una revolución ciudadana, era cuestión de tiempo antes que pidieran su cabeza.

– entonces… ¿la has estado siguiendo todo este tiempo? – había una leve admiración en la voz del hombre, la misma que Rudy tuvo que detener.

– Ni de cerca, encontrarnos con ella aquí fue por pura suerte – el castaño sonrió ante la expresión decepcionada de su compañero.

– ¿y ahora que haremos? ¿seguiremos buscando al otro mago? – él se refería a la búsqueda que había iniciado su viaje, un brujo cuya recompensa era una de las más altas que existía.

– No será necesario, la recompensa de ella es mucho más generosa que la de él – Rudy se detuvo mientras entraba a un pequeño galpón que, entre el ajetreo producido por la reciente emergencia, pasaba desapercibido. Se encontraron con dos compañeros más, quienes sonrieron cuando observaron a la mujer en los brazos de su líder.

– Buen trabajo – exclamó uno con energía. Rudy asintió, quitándole importancia.

– vayan a buscar al resto, debemos irnos lo antes posible – sin esperar otra indicación, los hombres se alejaron con rapidez y dejaron al castaño junto a la pelinaranja.

Moviéndose con suavidad, como lo había hecho desde que ella se rindió entre sus brazos, el castaño dejó su cuerpo sobre una improvisada cama hecha de cajas y se alejó para contemplarla. Preocupado por no ser descubierto, no había logrado admirar los rasgos femeninos de su rostro y el color intenso de su cabello hasta ahora.

La mujer frente a él era bonita, incluso se atrevería a decir que era preciosa. Selectivo como lo era él con las mujeres, había pocas que podían llamar su atención e incluso moverlo a hacer algo para conocerlas; pero él estaba seguro, si no fuera por la circunstancia de su encuentro, que habría querido invitarla a salir si se hubieran conocido como dos extraños en medio de la calle. Lo único en lo que tendría reparo era en su aparente debilidad, estaba incluso decepcionado en haberla atrapado con tanta facilidad.

– ngh… – perdido entre sus pensamientos, Rudy notó finalmente que los ojos verdes lo observaban con dificultad y cierto enfado.

– has despertado.

Con el cuerpo demasiado cansado y jadeando suavemente, Misty permaneció en silencio mientras lo miraba con los ojos entrecerrados. Si la fatiga hubiera sido menor, incluso le diría que había estado despierta en todo el camino y que había esperado hasta que los otros magos se retiraran para mostrar su conciencia. En su estado actual, era la única posibilidad que tenía para escapar.

Por fortuna las heridas de su espalda, que eran inevitables rozarlas cuando él la cargaba, la habían mantenido despierta. Ella aún se reprochaba a si misma por su debilidad, no debería haber confiado en un desconocido desde un principio.

– No me mires así, reina de Celeste – él le dio una sonrisa triste – no es que quiera que mueras, pero tu recompensa es demasiado tentadora como para no ganarla. Sabes que no es algo personal.

Lentamente, limitada por el dolor en todo su cuerpo, la pelinaranja esquivó la mirada de Rudy y la dirigió hacia dirección contraria. Para su nuevo adversario, aquello había sido un gesto de clara molestia de una chica mimada como lo eran las princesas; pero distaba mucho de ello. Cerrando los ojos, Misty enfocó la poca magia que le quedaba en estudiar las presencias que se encontraban cercanos a ellos. Provista de otras habilidades mágicas al ser una entrenadora, la muchacha podía sentir la presencia de los humanos cercanos a un kilómetro a la redonda y descubrir cuales era sus niveles de magia. No se sorprendió al notar que la presencia más fuerte era justo quien se encontraba a su lado y también que la magia negra parecía más afín a su alma. Mala suerte para él.

Devolvió su mirada hacia el mago, esta vez el verde brillaba por la convicción a pesar de tener sus ojos entrecerrados. Él la miró con una sonrisa, esperando.

– ¿Estás enojada? – le molestaba la forma casual con la que él le estaba hablando, como si realmente se hubieran conocido hace muchos años y no fueran los extraños que realmente eran. Le enfurecía aún más el brillo seguro de sus ojos, sutiles pero que lograban revelar su triunfo sobre ella.

– n–no... P–podrás – su propia voz, débil y patética, terminó por avergonzarla completamente. Aunque debía reconocer qué hablar en ese estado era una gran hazaña.

Los ojos oscuros se posaron en ella con mayor determinación, estudiando el brillo verde y oscilante en su mirada. Ella no estaba bromeando, ella ni siquiera lo veía como una real amenaza.

– ¿Juegas conmigo, Reina de Celeste? – él susurró, sintiendo como la ira parecía cerrar su garganta.

Rudy no entendía que sucedía con él. En sus años como mercenario se había enfrentado a cientos de personas que lo había insultado con crueldad, pero él siempre era inmune a ellos. Sin embargo, esta mujer...

– Light balls – el susurro fue casi imperceptible para el hombre, quien vio con curiosidad como pequeñas luciérnagas de luz se formaban a su alrededor y se elevaban hasta llegar a sus ojos – explosión.

La luz incandescente quemó sus ojos y cuando se recuperó del ataque, la entrenadora se había ido.

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Había anochecido y la oscuridad amenazaba con absorberla. Desde aquella posición, justo en una de las torres del castillo, Erika estudió sin mucho interés las escasas luces que se adivinaban tras una de las colinas y se preguntó desde donde provendrían. Estudiando el motivo de la penumbra absoluta en el lugar que la acogía, la niña descubrió con sorpresa que no contaban con energía eléctrica y se ayudaban sólo con el poder del fuego. Aquello fue comprobado cuando lo consultó con las criadas, las mismas que habían realizado un trabajo intenso para rellenar la tina con agua caliente y ofrecerle la posibilidad de un baño refrescante aquella tarde. A pesar de haber nacido en una familia acomodada, Erika nunca había disfrutado las atenciones excesivas de los sirvientes, por lo que había recibido el servicio con el rostro enrojecido. Aquel acto involuntario había ganado la simpatía de ellos, aunque la niña ni siquiera lo notó.

Ya ataviada con un camisón para dormir y observando las estrellas que relucían por la falta de otra iluminación, Erika secaba su cabello con una mirada perdida. Desde el borde de la ventana, se vislumbraban flores azuladas que permanecían intactas a pesar del cansancio de la hechicera. Ella se preguntó si podría mantenerlo por más tiempo, la magia lentamente se estaba agotando. Ella se preguntó si sus amigos viajeros habrían entendido el mensaje cuando lo habían visto y ahora seguían su rastro, buscándola. Ella se preguntó si el entrenador eléctrico se había preocupado por ella.

Un suspiro largo y lastimero nació de la boca femenina, esta vez ella se permitió revelar su expresión de tristeza que siempre ocultaba tras una sonrisa.

– ¿Estás bien?

La voz de Gary no fue una sorpresa. Había percibido su presencia desde que entró en el salón exterior de su dormitorio, una pequeña salita de estar ataviada de sillones y algunas mesas para recibir visitas.

Erika se volteó lentamente, recuperando su expresión a una más alegre. Había aprendido a esconder sus emociones desde hace muchos años.

– Si – ella respondió con una pequeña sonrisa.

Sin esperar mayor respuesta de ella, siendo un líder él no requería del permiso de nadie para moverse como estimara, Gary entró a la pieza de la chica y se sentó en su cama. Era gigantesca y tenía un dosel de color crema que lo hacía similar a la habitación que Erika tenía en Azulona.

El castaño palmeó el lugar junto a él y ella se sentó de inmediato.

– ¿Cómo has estado?

No era una pregunta que ella esperara.

– B-bien – Erika se mordió el labio cuando no fue capaz de reprimir la duda en su voz.

La mirada de Gary se quedó en ella, con una expresión serena y algo aburrida. Él sabía que ella mentía. Como si de improvisto hubiera recordado algo, la mirada del hombre se volvió un poco más brillante y entusiasta.

– ¿realmente Tom se comportó bien contigo?

– Ah… yo…

– no mientas – Erika se quedó muda de inmediato, su cuerpo ahora tenso por las implicancias que tenía esas palabras.

El silencio los rodeó sin mayor oposición y Gary ahora parecía irritado. Lanzó un suspiro cansado.

– Esta bien, no me cuentes – la mirada del hombre se perdió hacia una de las ventanas, fijándose con especial atención en una de las hojas que resaltaba en una enredadera. – de todas formas, ya me he encargado de eso –

– ¿qué? – el pánico era tangible en el rostro de Erika, más no había un sentimiento de rechazo hacia Gary. Él era después de todo la persona que siempre había estado cerca de ella, lo más cercano a un hermano.

– ¿Quieres saber? – el castaño inclinó la cabeza hacia ella con una sonrisa ladina, un gesto seductor que probablemente hacía caer a gran parte de las mujeres que se enfrentaban al entrenador oscuro. Pero Erika conocía la naturaleza de esa sonrisa, el disfrute hacia el dolor ajeno y el carácter sádico de su líder. Él le había hecho algo a Tom.

Erika sintió como su corazón se recogió por el pavor. Prefería no conocer detalle.

– No

– Que aburrida eres, Eri – los ojos masculinos se entrecerraron – así nunca le gustarás al entrenador eléctrico.

Había sido como un puñal, frío y directo hacia el corazón, que terminó por cubrirla completamente. Ni siquiera podía sentir la calidez en su piel que permanecía después del baño ni la tibia brisa de aquella noche de verano. Se obligó a mantener una expresión estoica, llorar por una pequeñez como esa frente a su líder no valía la pena.

Indiferente a la reacción de la niña, que podía percibir fácilmente con su magia, Gary guio su atención hacia el pequeño pokémon planta que se había escondido tras una puerta apenas había entrado a la habitación. Una parte de él disfrutaba el temor reflejado en sus ojos, sintiéndose inevitablemente más poderoso y superior que él.

– ¿C–Có–? – la voz de Erika era débil y tortuosa, por lo que ella lo intentó nuevamente. Había recuperado el poder sobre sus sentimientos y se había erguido en una posición indignada, sin mirarle, que se asemejaba mucho a las expresiones molestas de una pequeña Misty.

El recuerdo de la pelirroja hizo inevitablemente sonreír a Gary y su mirada burlona, por primera vez durante ese día, se suavizó con cariño. Erika no logró verle.

– ¿Cómo lo sabes? – el hombre la miró por unos minutos, recobrando su expresión altanera y relajada. Con aquella sonrisa daba la impresión de que sabía todo lo que ocurría a su alrededor, incluso más que los mismos involucrados.

La falta de respuesta se le antojó eterna y cuando cedió a la curiosidad, volteándose a verle, comprobó que Gary había dedicado su tiempo en prender un cigarrillo. Él estaba sonriendo y a diferencia de Ash, que solía disfrutar la atención de las personas sobre él, Erika sabía que Gary se estaba divirtiendo con el nerviosismo que generaba en ella.

– ¿Gary?

– No fue muy difícil. Una empedernida en el amor como tú, obsesionada con el hechizo de compatibilidad obligatoria y por fin encontrándote con el entrenador eléctrico – él bufó cuando recordó las largas conversaciones cuando la visitaba, con sólo 8 años y comentándole todo lo que había descubierto de Ritchie Klausen – obviamente escapaste de tu casa para perseguirlo.

– ¡Y–yo no escapé! – la peliazul se sonrojó con intensidad, especialmente cuando él había resumido sus acciones como si fueran sólo actos infantiles – ¡Y–yo n–! ¡Además é–él–! ¡M–Misty dij–! – la mente de la niña estaba en estado caótico, empecinada en conservar su orgullo. Una sutil ceja en el atractivo rostro del hombre se había elevado cuando escucho el nombre de la pelinaranja.

– ¿y?

– ¡¿Cómo te enteraste?!

– Soy amigo de tus padres, ¿no?

Sus palabras fueron suficiente para silenciarla y Gary estudió el rostro de la chica con serenidad. El lindo color rosa en sus mejillas había desaparecido y sus ojos castaños se habían contraído en una complicada expresión, entre el dolor y el miedo.

Desde su infancia, cuando el dolor se había vuelto un compañero y la resolución de la venganza no permitía lástima, el entrenador oscuro había aprendido a disfrutar el sufrimiento del resto. Sin proponérselo, se había entrenado en el uso de un lenguaje cruel y con ello conseguía tocar el punto de inflexión que destruía la resolución de las almas. Aquella habilidad era extrañamente gratificante y terapéutica, cómo si devolviendo el dolor a los otros pudiera equilibrar el que ya había recibido.

Pero con Erika era distinto. Por cosas del destino, la había conocido desde que era muy pequeña y fue testigo de su crecimiento por todos esos años. Había sido quien le había enseñado a leer, a nadar y a manejar su magia. Su relación era algo que rayaba en la hermandad y por ello, conocía completamente como le afectaba el tema de sus padres. Él simplemente no podía burlarse de ello.

– ¿E–ellos…lo saben…? – los ojos de Erika seguían oscilantes, perdidos en algún recóndito rincón de la habitación. De pronto se volteó hacia él, tomándolo bruscamente de los brazos y mirándolo con preocupación – ¡Nana! ¡¿Nana está bien?! ¡¿Todos están bien?!

– tus sirvientes están bien – la voz despectiva hacia ellos no era algo nuevo en Gary, era su tono habitual cuando hablaba de personas sin magia – y sabes que no le harán nada a tu nana, mientras tu abuelo siga vivo no pueden tocarla.

Con la certeza de saber que sus seres queridos se encontraban a salvo, la niña volvió hacia el sentimiento angustiante que solía relacionar a sus padres. Las palabras del entrenador oscuro permanecían en su cabeza, haciéndola entender lo que ocurría.

– Entonces… tú…

– Fui enviado a buscarte, por tus padres – los ojos femeninos se llenaron de lágrimas, su mirada herida era algo que Gary no esperaba. Parecía traicionada.

– ¡¿P–por qué?! ¡¿P–por qué lo has hecho?! – ahora las lágrimas caían sin control, ella estaba desesperada – ¡Sabes que ellos no están interesados en mí! ¡¿Por qué los ayudas?!

La mano del castaño se movió de forma inmediata hacia la cabeza de la chica y la atrajo a un abrazo fraternal. La voz de Erika temblaba suavemente y a pesar de que seguía reclamándole por su actuar, él logró reconocer la esperanza. Ella no se rendía, él lo sabía.

– Tú sabes que sí les importas, ¿verdad? – la peliazul seguía apoyada en el pecho masculino, aún no preparada para hablar sobre el tema. Gary volvió a sus caricias, intentando calmarla – ellos están preocupados por ti.

Sus palabras dieron pie a un reflexivo silencio, solo perturbado por los gemidos dolorosos de Érika que empezaban a disminuir lentamente. Debieron pasar varios minutos hasta que ella estuviera serena.

Se separó de él cuando se sintió repuesta.

– No mientas.

Y aún así, él lo hacía.

– ¿Cómo podría? – susurró con suavidad, sus ojos imperturbables sobre ella y sin atisbo de remordimiento – Eres una entrenadora, una de las brujas más fuertes que existen en el mundo, ¿cómo un padre y una madre no querrían a alguien con tal honor? – los ojos castaños de ella lo miraron con sorpresa y con resplandeciente emoción.

– ¿T–tú crees? – su voz había nacido con tanta debilidad que le costó escucharla.

– mujeres con poderes extraordinarios, heroínas del mundo, brujas creadoras de magia de increíble belleza – a Gary llegó el recuerdo de una niña de 12 años, cuando con lágrimas en sus ojos creó un par de alas, puras y resplandecientes, que la convirtieron en un ángel frente a sus ojos. – casi una diosa en la tierra – la forma de su rostro, así como el color ardiente de su cabello y la profundidad de sus ojos verdes llegaron a él con alarmante facilidad. Ella, quien era su diosa personal.

– ¿lo crees?

– Estoy seguro – se obligó a volver su atención a la niña, quien desesperadamente necesitaba su ayuda. Le sonrió – eres amable, cálida y tienes un talento increíble en el manejo de hierbas y perfumería – su voz suave estaba seduciéndola, haciéndole creer que lo que decía era una verdad. Nuevas lágrimas nacieron en los ojos de la niña, esta vez acompañada por un revoltijo nervioso en su abdomen por la emoción contenida. Con la esperanza levantando el peso de su alma, Érika estaba tentada a reír alegremente – ten más confianza en ti, Eri.

Tal vez Gary tenía razón, tal vez sus padres sí la querían.

Dominada por la alegría burbujeante, la niña se rindió y abrazó al entrenador oscuro con fuerza. Su sonrisa sincera y gigante enterneció al muchacho y, a pesar de todas las mentiras que había dicho, no se sentía arrepentido por ello.

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Desconociendo la ciudad en la que estaba, le costó un momento acostumbrarse a la luz de la mañana y reconocer la posición en la cual se encontraba. Rodeada por personas que caminaban ajetreadas por el lugar, probablemente organizando la ayuda para el resto de los damnificados, Misty notó finalmente que estaba completamente acostada en la acera. Su estado de salud ni siquiera le permitía estar en pie.

– ¡Se ha ido! – reconoció la voz de un hombre, diferente a quien la perseguía, pero más cerca de lo que esperaba. Ocupando un resto del poder que le quedaba, logró ubicar el lugar exacto donde se encontraba el humano con mayor poder mágico y comprobar que los separaban apenas unos cinco metros.

El cansancio estaba haciendo mella en sus habilidades.

– ¡Rudy!

– Debe estar cerca, ¡encuéntrenla pronto!

Misty sabía que estaba en problemas. Días antes gran parte de su poder había sido utilizado en el hechizo de comunicación de May, ayer había combatido contra Paul y ahora había estado horas sin descansar llevando al límite uno de sus hechizos de protección; por lo que no era extraño la condición de su magia ni de su cuerpo. En esos momentos su única alternativa era arrastrarse hasta escapar del castaño, pero no sentía ninguna parte de sus extremidades, los pulmones aún permanecían apretados en su pecho y la vista ya se le nublaba por el cansancio.

Era cuestión de minutos antes de que perdiera la conciencia.

– ¡Hey! – una voz masculina exclamó cerca de ella, pertenecía a un mago – ¡Está aquí!

La pelinaranja maldijo en su mente, había olvidado el resto de los mercenarios que acompañaban a su perseguidor.

De pronto, un hombre vestido de soldado se había acercado y aprovechando su posición por sobre ella, había elevado su pie y había amenazado con reducirla contra el suelo. La rapidez de su acción la dejó en blanco por un momento, más su instinto se hizo cargo y reunió la magia suficiente para activar su hechizo de velocidad.

– S–speed.. of light – el conjuro había sido apenas un susurro y lo suficiente rápido para transportarla hacia otro lugar.

Su cuerpo apareció nuevamente en la calle circundante, esta vez separadas por menos metros y con el rostro dirigido hacia la acera. Un quejido débil nació de ella cuando su rostro fue herido por la aspereza del camino.

No había alcanzado a recuperarse del reciente uso de magia, cuando un tirón fuerte empujó su cabello y con ello el resto de su rostro hacia el cielo. El cansancio ni siquiera le permitió expresar el dolor en un quejido.

– bien, eso fue fácil – no era el mismo hombre. Su voz sonaba grave a su lado y carecía de la elegancia de aquel que la había secuestrado. Misty dedujo rápidamente que debía ser uno de sus compañeros.

Intentado no llamar la atención, difícil cuando la mitad de las personas que paseaban a su alrededor habían reconocido a la pelirroja salvadora de Bahía Gresca, Rudy caminó por la acera con una expresión tranquila y una sonrisa amable. Ataviado con el traje de militar de Shinnou, fingió con habilidad una expresión indignada cuando vio el abuso que cometían sobre Misty y corrió rápidamente a socorrerla. Quién viera la escena, pensaría que el militar iría a protegerla de quien la apresaba.

– te lo he dicho varias veces – su voz nació tranquila, en un susurro suave que sólo fue escuchado por ellos – no estamos acostumbrados a maltratar a nuestras recompensas – una sutil advertencia se adivinaba en sus palabras, mientras Rudy cogía la muñeca de su compañero y la apretaba con dureza. Impresionado por el cambio en sus ojos oscuros y por la fuerza ejercida en su mano, el hombre soltó el cabello de Misty y está cayó inevitablemente. En un movimiento rápido, el castaño se inclinó hacia ella y la tomó de sus hombros. El rostro de la chica se meció hacia el suelo, pero no llegó a tocarlo.

Con el atisbo de conciencia que había en su cuerpo, la pelinaranja notó con sorpresa el toque gentil que tenía su captor con ella. En ese momento, mientras la volteaba hacía el cielo, podía sentir como evitaba las heridas de su cuerpo y la tocaba casi con reverencia.

– vamos – lo escuchó hablar, la simpatía hacia su compañero parecía sincera – este sitio ya no es seguro.

El hombre se las había arreglado para cargarla nuevamente con suavidad, tanta que casi no sentía el rebote de sus pasos al caminar. Los ojos verdes lo buscaron por un momento, pero el cansancio ni siquiera le permitió distinguir su figura.

Era patética. Incluso si sabía que su falta de poder actual era justificada, ella no podía evitar sentir culpa hacia sí misma, debería haber visualizado las posibilidades que la acompañaban. Conociendo que era buscada por su recompensa, no tendría que haber utilizado hasta el límite su poder y debería haber planificado otra defensa en Bahía Gresca. Ella no había crecido nada, a pesar de todos los entrenamientos diarios y las lecturas recurrentes al libro de su querida maestra, ella seguía sólo siendo una cría.

Lágrimas empezaron a acumularse en los ojos cerrados de la pelirroja, el sentimiento de frustración crecía rápidamente hasta dominar completamente su pecho y el dolor fue inevitable. Se preguntaba qué hubiera pasado con Denisse si ella hubiera estado en ese momento y la certeza de un evento catastrófico llegó de inmediato a su mente. Probablemente ella moriría por su culpa, se repetiría la misma historia de hace algunos años.

Agotada, Misty dejó caer su cuerpo en los brazos masculinos y ocultó su mirada. Incluso si el cansancio evitaba el movimiento de su cuerpo, su orgullo no permitiría que alguien la viera débil.

Dominada por el sentimiento de desesperanza, la poca conciencia que le quedaba trajo a ella la imagen de un pelinegro y con ello una valentía nueva nació en su pecho. Ella no se rendiría, tenía una promesa con el entrenador de fuego que debía cumplir.

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Se acercaba la primavera. Aún con el sol matutino elevándose, el viento frío del invierno reinaba por sobre los rayos cálidos y llenaba de sereno las hojas de los árboles.

Acomodado en uno de los patios traseros del castillo, el que había acondicionado para su entrenamiento de esgrima e inevitablemente convertido en parte de su propiedad; Drew reiniciaba los ejercicios enseñados por su profesor en la espada. Como era habitual, había iniciado con su entrenamiento diario muy temprano en la mañana, incluso cuando los rayos del sol no habían tocado el horizonte. El hábito lo había creado un día después del repentino despertar de May, cuando se vio libre del hechizo y empujado a la agonía de verla inconsciente otra vez.

El accionar inapropiado para un niño de su edad había llegado con alarma a sus padres, pero la reina había logrado entender con gran facilidad las motivaciones que dominaban el corazón de su hijo y había decidido apoyarlo sin miramientos. Ante la acción de su esposa, el rey sólo tuvo la opción de seguirla. Luego de ello, la educación diplomática del príncipe fue cambiada radicalmente para especializarse en el arte de la batalla, aprendiendo desde combate personal hasta técnicas avanzadas en el uso de armas de fuego. Estaba esperando cumplir más edad para iniciar con las lecciones sobre el manejo de aviones, helicópteros y submarinos.

Jadeando por los ejercicios realizados, el pequeño Drew de nueve años se inclinó hacia sus rodillas y descansó sus manos en ellas. Desde la esquina de sus ojos, reconoció el color rojizo de las flores que componían el campo de rosas que él mismo había creado. Había plantado cada rosal por cada semana de inconciencia de May, materializando la promesa que se había hecho a sí mismo. Él la despertaría, recorrería todo el mundo buscando la cura de su hechizo y la traería de vuelta. El primer paso era convertirse en miembro del ejército de Palet y era aquella la causa que había endurecido su entrenamiento.

Drew exhaló un suspiro con fuerza. Se acomodó para retomar su entrenamiento.

– ¡Príncipe! !Mi príncipe! – una voz agitada llegó a él y Drew se volteó hacia la voz de su maestro, verlo correr con tanta premura era algo a lo que no estaba acostumbrado y apretó inevitablemente su corazón.

Aun con el miedo ahogando su garganta, el niño se obligó a permanecer tranquilo y esperó con estoica expresión hasta que el hombre estuvo a su lado.

– M–mi… p–príncipe – jadeó su maestro cuando estuvo a su lado, el sudor corriendo por su frente y cuello – e–ella… l–la princesa… –

La adrenalina agitó su pecho y Drew no esperó a que terminara su discurso, cuando ya se había movido hacia la habitación de May. Mareado y con los latidos de su pecho taladrando sus oídos, abrió con rapidez la puerta del lugar. Fue recibido por el aroma a desinfectante que siempre le causaba náuseas y por las escasas luces de los equipos que mantenían a May con vida. Sobre la cama y estudiando con curiosidad una roja rosa, la misma que él le había dejado hace algunas horas atrás, la figura pequeña de una castaña se adivinaba tras los rayos de luz que se colaban desde las ventanas.

Cuando ella elevó su mirada y fijó el azul intenso de sus ojos en él, Drew sintió como el aire escapaba de sus pulmones. Lo recuperó casi al instante y su cuerpo lo guio hacia ella con tanta fuerza, que fue consciente de sí mismo sólo cuando había rodeado a la niña entre sus brazos. Ella se tensó en su abrazo y él notó lo pequeña parecía contra su pecho, fortaleciendo su decisión de protegerla por el resto de su vida.

– ¿Q–quién…? – su voz estaba ronca y débil, pero fue suficiente para ser escuchada. Demasiado abrumado por su presencia, Drew decidió no preocuparse por lo que ahora acontecía y sólo disfrutar de su cercanía. Él estaría bien mientras la tuviera a su lado.

– ¿No recuerdas? – su madre preguntó con sorpresa y el príncipe fue finalmente consciente de su presencia. A su alrededor, también se encontraban los médicos y enfermeras que habían cuidado de May, así como los hombres que componían la guardia de su madre.

– N–no – la incertidumbre terminó por derrotarlo y Drew se alejó la suficiente para estudiar el rostro de la castaña. Ahora tenía una visión completa de su expresión, así como el azul cristalino de sus ojos que le aseguraban que no mentía. Se quedó viéndola con una sensación incómoda en su pecho y estómago, presintiendo que prontamente algo ocurriría y cambiaría el curso de su vida en un instante.

Con una expresión enternecida, la reina se inclinó hacia la niña y apoyó su mano en el hombro con gentileza. Era un toque lleno de sentimiento maternal.

– Eres la princesa del reino de Pallet – le explicó la reina con una mirada suave – soy tu madre y este chico… – la atención de May volvió a él y Drew sintió como su corazón se apretaba con pánico. El motivo de ello lo logró entender luego de muchos años, cuando el dolor había sido lo suficiente para alejarlo de ella – es tu hermano –

Drew abrió sus ojos lentamente, luchando con el peso que habitualmente atacaba a su corazón cada vez que recordaba esa mañana. Un suspiro cansado escapó de sus labios antes de que pudiera manejarlo.

– ¿Estás bien? – preguntó Mary a su lado. La niña se había quedado a su lado desde que había vuelto y, apenas había dejado a May en un refugio seguro, le insistió para atender sus heridas. En ese momento estaba examinando el costado de su torso desnudo, justo las lesiones amoratadas que estaban sobre sus costillas rotas.

– Estoy bien – contestó finalmente con los dientes apretados, agradeciendo el dolor físico que lo alejaba de los recuerdos sobre la castaña. Mary asintió en comprensión y se desplazó hasta otra herida, su entrecejo fruncido en señal de concentración.

– Ella está bien, ¿sabes? – señaló la niña luego de unos minutos, con una sonrisa alegre y con sus ojos resplandecientes. – estabas pensando en ella – los ojos verdes de Drew se expandieron en sorpresa, pero de inmediato volvió a su estoica expresión. No tenía energía para negarlo.

– Gracias por ayudarla – él susurro de vuelta, con una suavidad que nunca había mostrado desde que se habían conocido. Mary, muy perceptiva hacia las emociones humanas a pesar de su escasa edad, le dio una sonrisa comprensiva.

– D–disculpe… – una voz pequeña llegó desde la entrada de la carpa y el corazón de Drew dio un vuelco. Al mismo instante la figura de May, aún llena de suciedad por los eventos acontecidos, entró con una expresión tímida. Su rostro estaba oscurecido por la tierra y su mejilla izquierda cubierta por un apósito que lo cubría en su totalidad.

El príncipe se obligó a permanecer sereno mientras resistía la mirada azulada de la castaña, la misma que estudiaba su rostro y el resto de su cuerpo con intensidad. Él debió reprimir el escalofrío en su estómago cuando los ojos femeninos descansaron varios segundos en las heridas de su pecho cincelado y en las de su hombro derecho.

La muchacha terminó su revisión y de inmediato reanudó su camino hacia él, ahora con una expresión tan culpable en sus ojos cerúleos que amenazaba con romper su propio corazón. La actual situación trajo a él los recuerdos de su infancia, el mismo donde ella deshacía su hechizo y lo abandonaba de forma definitiva.

– D–Drew… – May lo llamó con suavidad, lágrimas amenazando con derramarse en algunos segundos.

Levemente ajena a lo que acontecía, Mary observó lo suficiente para entender que ellos necesitaban tiempo para estar a solar y reencontrarse.

– May, ¿verdad? – la saludó la pequeña niña con una sonrisa alegre y la princesa pestañeó aturdida, como si se hubiera dado cuenta de su presencia justo en ese momento. May asintió – soy Mary, fui quien trató tus heridas.

– Muchas gracias – susurró de vuelta y permaneció insegura en la misma posición. – Y–yo… ¿p–puedo ayudar en algo? – los ojos de Mary se desplazaron hacia Drew, especialmente hacia su hombro donde residían las heridas más complejas de su cuerpo.

– si pudieras ayudarme con Drew.

– No es necesario – intervino con rapidez el príncipe, había una dureza innecesaria en sus palabras. May lo miró de inmediato, sin encontrar los ojos verdes, y sintió como su pecho se llenaba de un habitual sentimiento frío. Ahora la sonrisa dulce que le había mostrado cuando la había rescatado, se parecía sólo a un sueño.

Una presión innecesaria en el costado de sus costillas lo hizo sisear y Drew miró con sorpresa a la pequeña bruja. Mary le dio una mirada enojada, obligándolo a disculparse de inmediato.

– Y–yo… estoy bajo tu cuidado – la voz del hombre había nacido tan bajo que no estaba seguro si May lo había escuchado, pero su sonrisa aliviada y absolutamente celestial le había asegurado que si lo había hecho. Ella se acercó a él con premura y empezó a retirar con extremo cuidado las vendas que lo cubrían, casi acariciando la piel que estaba a su alrededor y calentándola con el vapor de su respiración.

En esa posición, tan cerca a la suya, podía sentir el perfume a rosas intrínseco de ella y percibir el calor que emanaba su pequeño cuerpo. Había olvidado el azul vibrante de sus ojos, aquellos que le recordaban las aguas tranquilas de los manantiales en las montañas de Palet y los cielos profundos en verano que solían disfrutar en el campo de rosas.

Dominado por su belleza y por los sentimientos que sentía hacia ella, Drew notó con sorpresa que Mary había dejado la habitación en algún momento y que ahora May estaba trabajando en las heridas infectadas de su cuerpo. No sabía cuánto tiempo había permanecido viéndola, pero esperaba que la castaña no lo hubiera notado.

Él alejó su mirada hacia un costado, intentando ignorar el latido furioso de su corazón y la sensación de los fríos dedos de May sobre su hombro desnudo. Su piel ardía y no era por el alcohol.

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No supo cuánto tiempo había dormido. Sólo recordaba haberse dado una tregua en los brazos de su enemigo, buscando una estrategia para vencerle, cuando el cansancio fue mayor y terminó por domar a su conciencia. Incluso con las heridas dolorosas de su cuerpo, el movimiento suave de su captor había servido como una cuna y había terminado por adormecerla.

Sin embargo, eso ya se había perdido. Aún trasladada por el cazarrecompezas, el mismo perfume que la había acompañado en su camino se lo aseguraba, Misty notó la respiración jadeante que emitía y la sudoración en sus manos. Ella no sabía si se debía al nerviosismo o al calor intenso que atacaba en ese día de verano.

– ¡mierda! – una voz masculina, a su lado, interrumpió sus pensamientos. Parecía preocupado. – si lo que nos informaron es cierto, no tenemos oportunidad.

– cálmate – Rudy dijo por sobre su cabeza, sus palabras permanecían neutras a pesar de su agitada respiración – aún no lo han confirmado.

– ¡Lo sé! ¡Pero aún así–! – una repentina onda de energía detuvo a los hombres y Misty no necesito concentrar su poder para reconocerla. Era abrumadora y tan poderosa que incluso los magos corrientes lograron percibirla.

– así que es cierto.

– ¡No lo digas tan tranquilo! – gritó a su lado el otro hombre, histérico – ¡No hay forma que podamos ganarle si nos encontramos con él! ¡ESE HOMBRE ES UNA LEYENDA VIVIENTE! –

– ¡Ustedes! ¡¿Que hacen con la entrenadora de la luz?! – el gritó iracundo de otro muchacho los silenció y notaron tardíamente a un batallón que los estaba siguiendo. Quien les había hablado era el capitán, las estrellas sobre sus hombros lo demostraban, y estaba justo al lado de un hombre de avanzada edad. Samuel Oak.

– ¡Mierda! – exclamó nervioso el compañero de Rudy y este apretó sus dientes en reflejo.

Reconocería a ese hombre a miles de metros. Siendo un héroe del círculo de dragones y por ende de todos los magos, Rudy se recordaba a sí mismo leyendo con emoción recortes de diarios antiguos sobre él y ocupando su nombre cada vez que jugaba cuando niño. Siempre le había impresionado quien fuera el primer líder del círculo de dragones, el hombre que había permanecido intacto en su posición de campeón, sólo dejándolo cuando él lo quiso; el mago que había recorrido el mundo buscando información sobre los míticos Pokémon y quien había iniciado el Pokédex.

– ¡¿Qué hacemos, Rudy?! – El castaño permaneció sereno, admirando el porte seguro del hombre frente a sí y debatiendo sobre lo fuerte que parecía a pesar de su edad. Su rostro permanecía sereno, pero sus ojos se movían a través de la zona estudiando la situación. Su habilidad en la estrategia era sólo una de las muchas características que se comentaban sobre él.

– Yo… – el mercenario esperó en silencio por las órdenes de su líder, seguro que tendría algún plan de escape – siempre quise conocerlo – y su mismo líder tuvo la osadía de sonrojarse suavemente.

– ¡RUDY! ¡ENFÓCATE! –

Dejando de lado su propio fanatismo, Rudy estudió con rapidez la situación en la que se encontraban. Frente a ellos y bloqueando algún escape por mar, gran parte del ejercito mágico que había sido enviado a proteger la isla lo esperaban para una segura detención. Probablemente también habían sido rodeados por militares de Bahía Gresca, los que había jurado proteger a la mujer que cargaba en sus brazos.

Tras suyo y separados por unos cuantos metros, podía sentir la presencia de sus compañeros preparando un portal de escape. Otros más se habían infiltrado entre los civiles, que seguían con curiosidad la situación. Siendo uno de los más poderosos magos del grupo, Rudy sabía que su presencia en la formación del mandala para la teletransportación aceleraría el proceso, pero si no se encontraba en el frente era más probable que toda la banda fuera atrapada. Debía quedarse allí.

Los ojos de Rudy se endurecieron por la convicción, al mismo momento que Samuel Oak creaba con un movimiento elegante un círculo en el suelo. Al momento y elevándose desde el piso, se creaba un simple cilindro de madera. Un báculo.

– Es tan genial – la voz del cazarecompensa nació sin emoción.

– ¡RUDY! ¡CÓNCENTRATE!

En cuanto la mano de Samuel Oak tomó el báculo, ráfagas de fuerza mágica se generaron desde su cuerpo, lo suficientemente intensas para arrastrar a los magos de menor experiencia. Desde su posición, el castaño logró estudiar la expresión del capitán que se encontraba junto a la leyenda y, a pesar de su expresión estoica, la alarma en sus ojos. Supuso que él también tenía una expresión similar, fascinado y aterrado por el poder de aquel mago. Enfrentarse a él era un suicidio, sólo quedaba escapar.

– De acuerdo – Rudy le habló a su compañero, que se encontraba arrodillado por lo ocurrido. Él mismo había terminado en una posición similar, protegiendo a la pelirroja que estaba acomodada en su pecho. – esto se pondrá serio, así que será mejor que escapes con la reina. Es posible que ese sea el motivo por el cual está enojado – no era algo que pudiera asegurar con certeza, pero sí lo podía intuir.

– ¿de qué hablas?

– Samuel Oak es el padrino de la reina.

Su compañero emitió una expresión extraña, como si una exclamación alarmada hubiera terminado atorada en su pecho. – ¡Pa–padrino! – la mirada indiferente de su líder sólo alimentó su ira – ¡PADRINO! ¡¿Y TÚ LO SABÍAS?! – los ojos de Rudy se entrecerrados y lo miró como si su pregunta fuera estúpida. Conociendo la forma en la que él trabaja, realmente lo era.

– ¡¿Cómo nos metiste en una situación tan peligrosa?! –

– No es momento de reproches, debemos movernos ahora – el tono del castaño se había endurecido, pero permanecía con la misma tranquilidad que había mostrado en todo momento.

Aun atenta a los eventos que ocurrían, Misty permanecía despierta en los brazos de su captor y apoyada en su pecho. En aquella posición, donde su rostro quedaba justo a la altura del corazón masculino, ella podía percibir el latir furioso en su pecho. Ella sabía que él estaba nervioso y dedujo que su tono tranquilo era sólo una actuación para dar seguridad a sus compañeros. Él era un líder admirable.

– Ten a la reina – Misty sintió como su cuerpo era mecido con suavidad y como unos brazos delgados la recibían. El temblor nervioso en ellos terminó por contagiarle el sentimiento. Abrió sus ojos buscando entender la situación.

– ¿Tú que harás? – la voz nerviosa del muchacho que ahora cargaba llegó sobre su cabeza. Misty no tuvo la fuerza suficiente para estudiarlo, solo alcanzó a reconocer el rostro elegante de los líderes de los mercenarios.

– ahí estas, reina – la situación era ridícula, especialmente ahora que el castaño la miraba directamente con cariño y se atrevía a acariciar el flequillo de su frente con suavidad. Él se estaba comportando nuevamente como si se conocieran de hace mucho tiempo – aguarda por mí, juro que te robaré – si no fuera por su estado actual, ella hubiera bufado en molestia. – Llévala al hechizo de transportación. Cuando lo logren, váyanse.

– ¡Pero tú–! – Rudy miró por sobre su hombro a los ciudadanos alrededor, reconoció a unos diez de sus compañeros y la fiereza en sus ojos otorgados por la lealtad.

– con la reina segura, podremos crear alguna instancia para escapar – los ojos del líder volvieron a Samuel Oak, el que observaba con dura seriedad hacia ellos. Aún no se había movido, supuso que se debía a que ella permanecía todavía a su lado. – por ahora apú–! ¡ngh!

Su voz fue interrumpida cuando un golpe duro e inyectado de magia blanca hirió justo el centro de sus escápulas. Con rapidez y aún impulsado por el reciente ataque, Rudy observó hacia su espalda y reconoció el cabello blanquecino de Samuel Oak. Sus ojos se estrecharon en sorpresa al reconocer la velocidad de su ataque.

Un sonido seco se escuchó en el centro de la ciudad cuando el joven mercenario cayó sobre la acera, acompañado en milésimas de segundo por uno similar. Cuando elevó su rostro para saber de dónde provenía, se sorprendió al notar el cuerpo de su compañero que aún sostenía a la pelirroja entre sus brazos. También habían sido alcanzados por el ataque.

– ¡Ataque ahora! – el rugido de la orden del capitán recorrió todo el lugar y Rudy apretó sus dientes en respuesta.

– ¡Vengan! – su propia voz llamando a sus compañeros infiltrados logró opacar la del militar – ¡Aho–! ¡Ngh! – un nuevo ataque similar a las ráfagas del viento empujó su cuerpo a la lejanía y lo obligó a callar. Rudy concentró su atención en su actual contrincante, el ardor en el tatuaje de su hombro izquierdo, la fuente de su poder, lo estaba llamando a luchar – ¡No dejen escapar a la reina!.

El sonido suave del movimiento de un cuerpo atrajo su atención y, al conocer quien lo estaba realizando, Rudy no pudo evitar sentir admiración por el hombre mayor que se movía más rápido que muchos otros jóvenes magos. Se volteó en el momento justo que una ráfaga de viento intenso se producía en la punta del báculo y viajaba hacia él con fuerza. Por las diferencias de sus poderes, él sólo logró rechazarla con un hechizo de magia negra que la desvió hacia otro lugar. Algunos militares que se acercaban fueron atacados por ella.

– Mierda… – el castaño maldijo en un susurro, notando que contraatacar había significado un gran uso de magia. Estaba cansado y apenas estaban empezando.

– ¡Gyah! – el grito del compañero que llevaba a Misty logró desconcentrarlo y cuando lo buscó, notó que estaba siendo atacado incluso con la muchacha aún en sus brazos. Los ojos negros de Rudy se endurecieron por la indignación.

– No debes desconcentrarte en tus peleas, muchacho – era la primera vez que escuchaba la voz de Samuel Oak y, si no fuera por la situación en la que se encontraban, probablemente hubiera utilizado un hechizo para grabar sus palabras y escucharlas siempre. Justo es ese instante había elevado su báculo hacia el cielo, donde pequeñas esferas oscuras se aglomeraban rápidamente. Rudy de pronto recordó que aquel mago también era leyenda por el manejo de su magia, maestro en el uso de la blanca tanto como la negra – esa es la primera lección que deberías conocer.

Conservando su expresión serena, meció el bastón de madera hacia él y las partículas se movieron en su dirección. Con los ojos entrecerrados, Misty vio como ellas también se acercaban a ella y al resto de hombres que la rodeaban.

– ¡PROTEGE A LA REINA! – la voz de Rudy se escuchó frenética aún lejos de ella y la pelinaranja, desconcertada por su expresión, buscó su rostro enseguida. Justo en ese momento y observando todo en cámara lenta, la chica reconoció el círculo negro que se acercaba a ella y fue testigo justo en el momento que tocó parte de su largo cabello. El mismo que desapareció, dejando un pequeño circulo vació en sus largos mechones.

Los ojos verdes se contrajeron por la sorpresa.

– ¡GAAAHHHH! ¡KYAAAAAHHH! – agónicos gritos de hombres y mujeres rodearon el reciente campo de batalla, reflejando el dolor producido por el reciente ataque. Alcanzado también por el hechizo, Rudy apretó sus dientes callando el dolor mientras sostenía su brazo izquierdo con la mano derecha. Por fortuna sólo había tocado la superficie, lejos del tatuaje circular que permitía la realización de la magia; y no lo suficiente profundo para alcanzar el hueso. Aun así se había removido una parte importante de músculos y piel, que aseguraba que su brazo nunca volvería a ser el mismo. Un rápido torrente de sangre se había creado en aquel lugar.

Con rapidez, el mercenario recorrió al resto de los afectados y notó que habían sido tanto militares como sus compañeros. Oak ni siquiera había tenido cuidado con su propia ahijada. Una furia fulminante retorció su estómago.

– ¡¿QUÉ SUCEDE CON USTED?! – inmune a sus gritos coléricos, Oak cogió nuevamente el bastón y preparó nuevamente el hechizo. Esperando a que se formara, observó con resignación la ingenuidad en los ojos del joven contrincante. Aquello no era un juego de niños, si no tenías la valentía para ofrecer tu vida en batalla, entonces él no debería dedicarse a cazar recompensas. La muerte era parte de los peligros del oficio – ¡¿por qué ataca a la reina?!

– Ella es fuerte, ella lo soportará.

Misty estaba la distancia suficiente para escuchar la respuesta de su padrino y entender sus sentimientos. Él confiaba en su fuerza, así como ella confiaba en la de él, por lo que no se permitió dudar. Cerró sus ojos con resignación, a la espera que su padrino viniera a ayudarla.

– ¡CUIDADO! – parecía ser la voz de una mujer la que ahora gritaba y los gritos desesperados que lo siguieron, le aseguraron a la pelinaranja que había utilizado el mismo hechizo. Ella misma percibió como en su pantorrilla y antebrazo derecho se generaba de pronto un dolor quemante, el mismo que le provocó algunas lágrimas.

– ¡Deje de hacerle daño! – Rudy reaccionó el momento justo cuando una línea recta y negra se dirigía hacia el compañero que escapaba con Misty. La rechazó con dificultad y al desviarla, esta siguió de largo hasta cortar parte del cemento del suelo y una de las casas que estaba en su dirección. El mercenario observó con horror lo provocado, sabiendo que, con ese poder, amputar o matar a alguna persona no era un problema.

Oak se movió rápidamente en dirección de la entrenadora de la luz y Rudy lo siguió de inmediato, preocupado por la seguridad de la muchacha. El báculo de madera estaba sobre su cabeza y a segundos de conjurar el mismo hechizo de líneas negras.

– ¡Espere! – Rudy nuevamente alcanzó a rechazar el ataque, pero fue lo suficientemente fuerte para empujarlo hacia el suelo cuando rebotó en su propio hechizo negro. Las líneas terminaron en el cemento del piso que sostenía a los militares y sus compañeros que peleaban por la custodia de la reina. Lo destruyó de inmediato.

Perdiendo el soporte de sus pasos, el mercenario que llevaba a Misty cayó hacia adelante y con ello, la muchacha indefensa fue soltada de sus brazos. Incapacitada por el cansancio para protegerse a sí misma, la chica esperó por la caída dolorosa y se obligó a no ceder al temor que la acompañaba en esos momentos. Insegura sobre su propia salud por la falta de magia, ella sólo esperaba que pudiera soportar los ataques de su padrino sin perder la vida.

– ¡¿QU–?! – la exclamación de un hombre cercano a ella la distrajo en su caída y, de forma repentina, Misty notó finalmente que no había sucedido. En milésimas de segundo había sido acogida por una brisa tibia y acogedora que la mantuvo levitando por algunos segundos, para luego ser recibida por unos brazos cálidos y reconfortantes. El aroma a sándalo y canela la envolvió, y su corazón latió por el reconocimiento y la esperanza. Lágrimas que eran de pura felicidad se aglomeraron en sus ojos.

Observando la situación en las alturas, aún sobre el helicóptero que permanecía en el aire y junto a un preocupado Pikachu, Brock calculó con sorpresa los metros de caída que había soportado su amigo. En apenas unos segundos había reconocido la figura de la pelirroja y se había lanzado hacia el vacío en una acción que reflejaba en totalidad su impulsividad. El hombre aún luchaba con los latidos alarmados de su corazón cuando creyó que él no resistiría aquella caída. Por fortuna, su manejo del fuego sirvió como propulsor para evitar una tragedia.

– él… realmente es sorprendente cuando quiere – le comentó al Pokémon que estaba en su hombro, con las orejas caídas ante la imposibilidad de seguir a su entrenador.

– Pika pi… Pikachu pi…

– ¡Ash! – el grito animado de Samuel Oak llamó la atención de todos los presentes, todos menos el aludido. Ignorando el saludo, el pelinegro había mantenido su atención exclusiva en la muchacha que tenía en sus brazos, recorriendo con su mirada su cuerpo magullado y reconociendo la respiración dificultosa de su pecho. La última vez que la había visto, que en horas no alcanzaba a ser un día, ella parecía cansada pero sus ojos resplandecían brillantes y seguros. Ahora ella estaba tan herida y agotada que ni siquiera podía apreciar el color verdeazulado.

No debieron pasar muchos segundos para que el entrenador relacionara lo que acontecía con el estado de Misty y supo de inmediato que todos ellos eran los culpables. Luchando para que su ira no dominara su cuerpo y con ello dañara inconsciente el cuerpo de la pelinaranja, Ash se arrodilló lentamente y con suavidad dejó a la chica tras suyo.

Cuando tuvo certeza de su seguridad, el pelinegro volteó hacia el resto de las personas y dio un paso hacia ellos. Su entrecejo se frunció con intensidad, acompañando la fiereza en sus ojos ahora carmesís. De inmediato llamas gigantescas se crearon alrededor de ambos entrenadores, obligando a escapar a los desafortunados magos que se encontraban cerca y quemando una buena parte de las casas que estaban en el radio. Ni siquiera los gritos asustados de los civiles lograron calmar su furia.

– ¡Ash! ¡CONTRÓLATE, ASH! – Oak había perdido el objetivo de sus ataques y ahora mantenía su atención en el trigueño.

Jadeando suavemente y aún apoyado en el suelo luego del último ataque, Rudy observó con ojo crítico al muchacho que había aparecido. Lo reconoció rápidamente, era el mismo que había acompañado a la reina los días anteriores y que había desaparecido cruzando el cielo, junto a otro chico, sobre el lomo de una gigantesca ave. Podía recordar también la extraña criatura amarilla y de orejas puntiagudas que era transportada en sus hombros, aunque en ese momento no estaba a la vista.

No faltó mucho para que la lógica llegará a la mente del cazarrecompensas y uniera las pistas encontradas. El animal extraño y el poder monstruoso que le permitía conjurar con facilidad esa gran cantidad de fuego sólo podía pertenecer a una persona, aquel chico era el entrenador de fuego. Y aquello era un problema, no había forma de escapar si debía combatir con los dos magos.

Para su fortuna, la ira ciega de Ash le había concedido un actuar despreocupado y su hechizo amenazaba tanto a mercenarios como militares. La confusión que estaba generando era lo que necesitaba para poder escapar, aunque dudaba que pudiera llevarse a la reina. Tendría que reclamarla en otra ocasión.

– ¡Ash! ¡ASH! – Samuel Oak persistía en su misión, sólo obteniendo la omisión del moreno. Este permanecía con sus pupilas contraídas, oscilantes y oscuras, mientras estudiaba lo que acontecía a su alrededor – ¡ASH! – el anciano hizo ademán de acercarse a él, sólo logrando aumentar la furia del fuego. El color oscilante del carmín hacia brillar la fiereza de sus ojos.

Preocupado por la salud de la reina, Rudy se levantó con dificultad e intentó comprobar su seguridad. Notó que ella permanecía en el suelo, rodeada por un círculo de fuego que nunca cedió su control. Estaba siendo protegida por una barrera de llamas.

– ¡Dañarás a Misty! – Oak gritó nuevamente y para sorpresa de todos los presentes, los ojos del entrenador volvieron a su coloración almendrada y él pareció salir del trance. Las llamas que los rodeaban empezaron a desaparecer.

Rudy se alarmó. La vuelta a la cordura del entrenador sumaba otro adversario y sabía que podría reducir a cenizas el portal de teletransportación que tanto trabajo les había costado. No había forma de que él y su equipo pudieran escapar. La mirada del cazarrecompensas se endureció por la convicción. Podría ser una estupidez, pero era su única alternativa.

– ¡Reina de Celeste! – la llamó con fuerza, sin saber si ella lo escuchaba. Ash notó la presencia del militar con confusión, sin entender lo que acontecía – recuerda mi nombre, reina de Celeste...por qué aquí, en presencia de tu padrino y tus seres queridos, yo te lo prometo – Misty había oído su voz con dificultad, pero lo suficiente para entenderlo. Con gran esfuerzo volteó su rostro hacia Rudy y abrió sus ojos. Las llamas ardientes no le permitieron verle – yo, Rudy Mitler, prometo que algún día vendré por ti y tendré tu cabeza – exclamaciones alarmadas acompañaron el silencio, dando una sensación de calma antes de la tormenta – ¡Juro que seré tu verdugo!

Un gruñido nació profundo en la garganta de Ash y de inmediato las llamas retomaron su altura anterior. Maldiciendo en silencio por lo que acontecía, Samuel Oak frunció el ceño ante el cambio de coloración del fuego y de las pupilas del pelinegro. Estaban siendo dominadas por extraños tonos azulados.

– ¿q–qué es lo que sucede? – jadeando por la falta de aire y el calor abrasador de las llamas, uno de los militares se había acercado al mago buscando refugio. Oak sabía que era un comentario sin receptor y no requería de respuesta, de igual forma él no la tenía.

La figura de Ash apareció entre las llamas, impasible y con una expresión enfurecida en su rostro. El reflejo celeste en su mirada, que usualmente se convertía a un cálido color carmín, le daba un aire enloquecido que hacía dudar si realmente era humano. Rudy se preparó en silencio, sabía que había despertado a la bestia.

– ¡Rudy! – desconcertado, uno de los mercenarios que vestía de civil se acercó a él con alarma. Era el mismo que había transportado a Misty – ¡¿Que estás haci–?!

– ¡ALÉJATE AHORA! – le gritó el líder con fuerza. Su compañero se detuvo por el asombro, era primera vez que veía a Rudy tan frenético.

La mano del entrenador llegó hasta la empuñadura de su espada y con un movimiento elegante la retiró de la funda. Los cordones negros y esferas rojizas la adornaron al momento. Rudy buscó su propia arma de fuego, la única defensa que tenía.

Se preparó cuando la figura del pelinegro estaba a solo unos metros y levantaba el filo de su espada como claro señal de ataque.

A pesar de la mirada peligrosa en los ojos de Ash, no emitió ningún gruñido de furia y reflejó toda su ira en el golpe seco que chocó con el arma de fuego. Siguió realizando los ataques con un ritmo impasible y Rudy logró esquivarlos con facilidad, reconociendo en los movimientos de Ash a un muchacho impulsivo e inexperto en el arte de la espada.

Rudy rechazó otro ataque y cogió una segunda arma de fuego, la misma que había ocultado hasta tener una oportunidad. Ocupando el punto ciego a su favor, utilizó la de su mano izquierda para apuntar a la cabeza del pelinegro. Ash reaccionó rápido para tomar el arma, pero no lo suficiente para detener el disparo. El mismo que lanzó una bala a la palma de la mano de Ash y que, envuelta por llamas azules, se transformó en líquido negro junto con el resto. El entrenador de fuego había fundido el acero y el cazarrecompensas apretó la mandíbula.

– Mierda.

Con los ojos entrecerrados por el cansancio, Misty observaba con dificultad las llamas azuladas que ahora componían su refugio, disfrutando el vaivén de ellas. Su tranquilidad fue interrumpida por secos sonidos de caídas de estructuras quemadas y algunos gritos agónicos. Confundida por ellos, recurrió al poco poder que le quedaba e intentó leer los cuerpos que se encontraban a su alrededor. Si bien no tenía los poderes psíquicos de Sabrina, la agitación en los corazones humanos eran suficiente reflejo de la angustia que ahora sufrían.

Repentinamente Misty logró reconocer la furia ciega en las llamas azuladas y en el alma de Ash. Meció su rostro hacia un costado, buscando su figura más el fuego limitaba su visión.

La pelinaranja sintió como su pecho se estremeció por el temor, pero no por el que ella esperaba. No había miedo hacia Ash, ni a su poder enloquecido, ni a las amenazantes llamas; su temor era hacia el resultado de las acciones del pelinegro y su reacción cuando despertara de su estado embravecido. Con su poder salido de control cómo ahora, sería inevitable que dañará a las personas e incluso quitarles la vida. Ella sabía que perder su poder cómo entrenador no se compararía al dolor de saber que había asesinado a civiles inocentes. Él no se perdonaría, él sufriría y a ella se le quebraría el corazón al verlo.

Decidida a evitarlo, Misty reunió su poder y lo congregó en su espalda hasta lograr formar sus alas blancas. Ante su débil estado, sólo logró conjurar su forma en haz de luces blanquecinas, pero fue lo suficiente para elevar su cuerpo y transportarlo hacia Ash. Lo reconoció de inmediato y llegó justo a él cuando su mano izquierda estaba sobre el rostro de Rudy, quemando todo su rostro derecho.

El entrecejo de Misty se frunció por la tristeza y sus ojos se apagaron con ello. Escuchando los gritos dolorosos del cazar recompensa, la pelinaranja se lanzó hacia el cuerpo del pelinegro y lo abrazó desde la espalda.

– sello blanco – susurró entre las escápulas masculinas con lágrimas en los ojos y de inmediato, sus alas parecieron quemarse en llamas rojizas hasta desaparecer.

Cuando el hechizo terminó, ambos entrenadores se encontraban inconscientes en el suelo. Las llamas se habían extinguido.

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Continuará…

Bien. Ha pasado un montooon de tiempo, pero por fin traigo un capítulo nuevo.

Espero que esto les sirva para entretenerse un ratito de todo lo que esta pasando.

Ahora… RxRxR!

Ya-chan1: me alegra mucho saber que aun sigues mi historia, de verdad :D me demoré mucho mas de lo que pretendía (pensé que cuando ya saliera de la universidad iba a tener mas tiempo, pero ni modo D: ) espero te guste este capítulo.

ElphabaLii: Hey! Ahora estoy escribiendo un capitulo cada dos años (jajaja?) en realidad estaba la planificación de que Ash y Misty se encontraran pronto, pero sip… termino siendo años. Espero se haya compensado un poco con este capitulo D:

L' Fleur Noir: Sumi-chan T_T tenia tantas ganas de pedirte que betearas este capitulo, pero te veo tal lejos del fandom que no quise molestarte. T_T Si te das una vuelta por acá y lees este comentario, y por x motivo quieres seguir siendo mi beta… dimelo. Sería un honor para mi. A pesar de la distancia y el tiempo, siempre serás una maestra para mi.

juaniu1994: me pregunto si sigues dando vueltas por el fandom. Si es así, ojalá estes siguiendo la historia! Muchas gracias por el apoyo recibido en todo este tiempo sin aparecerme por el fandom!

Espero sinceramente que todo aquel que este leyendo esto, se encuentre bien. Y los que puedan, que sigan quedándose en casa.

Vamos que se puede!

I'll see you

Kasumi 21