¡Gracias por vuestras review! Las contesto abajo. Siento haberos hecho un poco de spoiler con el anuncio del "lemon" que luego no es que fuera tanta cosa, pero no quería que me echasen de la página o algo xD Gracias por vuestra comprensión y vuestras palabras, y sobre todo por aguantarme durante más de 150.000 caracteres, os merecéis un premio jajaja

Quiero decir también que me estoy extendiendo más de lo normal para terminar, pero es que en el fic original acababa en plan abrupto y veo que tengo varios frentes abiertos que quiero cerrar y no dejar como si nada. Pero bueno, que no da mucho más de sí la cosa, así que espero, esta vez sí, acabar como mucho en dos capítulos más o al final me darán el premio a la tía más pesada ever.

¡Un abrazo desde el confinamiento y conserva la salud!

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PD. Bueno, he estado revisando un poco los capítulos anteriores y aprovecho para pediros disculpas por los errores garrafales, soy peor que el doblaje español del anime XD (de hecho aprovecho también para recomendaros fervorosamente que veáis el anime en japonés subtitulado). Lo digo porque en alguna ocasión he intercambiado Kioto por Tokio, un error muy habitual que cometían en el doblaje del anime en España (que se agravaba cuando mencionaban Edo xD) y que hacía que no supieses si Kenshin iba a Tokio o a Kioto y dónde narices estaba Shishio, Kenshin viajaba para llegar otra vez a su casa, era un delirio. Mira que critiqué eso, y ahora... shame on me. Lo siento, espero haberlo corregido.

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Capítulo 32

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Kaoru entreabrió la puerta lo suficiente como para que Megumi entrase de lado, cerrando inmediatamente. Se enfrentó a su mirada seria. ¿Cómo lo hacía para estar tan peinada y hermosa a primera hora de la mañana?

— No es nada— empezó, tapando con los dedos la prueba del delito. Megumi, sin ningún tipo de compasión, se acercó a ella y descubrió su cuello de un manotazo. Lo examinó durante unos segundos en silencio, mientras Kaoru evitaba respirar. Tal vez sí pudiese parecer una picadura, algún insecto grande, quizás una tarántula de esas que una vez...

—Vaya— dijo al final, alejándose un poco mientras levantaba las cejas. Kaoru sentía una tensión más cortante que el filo de una katana—. Es una picadura importante. Deberíamos revisar el futón a ver si el bicho sigue allí.

—No creo que sea...

—Oh, sí, es necesario— dijo Megumi, tocando la marca con los dedos—. Si no lo encontramos puede volver a atacar en cualquier momento.

Kaoru la miró a los ojos, intentando que no se notase su sonrojo; Megumi estaba seria, pero no podía vislumbrar si bromeaba o no. Prefirió aferrarse a la idea de que no se había dado cuenta; a fin de cuentas, podía pasar por una picadura. Una un poco grande, pero...

—Yo... Yo lo buscaré después de desayunar, no te preocupes— insistió, sonriendo forzadamente. Megumi abrió la puerta, agitando la melena.

—Como doctora no puedo permitir que un bicho tan peligroso amenace nuestras noches— dijo, con solemnidad; Kaoru caminó tras ella, pálida como la muerte, cuando Megumi se detuvo en seco, haciendo que chocase contra su espalda. Entonces se giró y le dedicó una de sus miradas perversas—. Aunque tenemos un problema. ¿Dónde crees que deberíamos empezar a buscar? ¿En tu futón o...?—. Lo dijo en un susurro, pero Kaoru miró hacia la cocina para comprobar que nadie había oído. Después le lanzó a Megumi una mirada de terror, pero ella la ignoró y se giró de nuevo, caminando hacia la engawa—. Bueno, empezaremos por el tuyo. El dojo es grande, pero un bicho como ese no puede esconderse durante mucho tiempo.

Kaoru la siguió por la engawa, incapaz de decir nada. Dirigió la mirada hacia la cocina, donde Kenshin escuchaba a Yahiko contar algo sobre una carta que había recibido de Yutaro. Maldita sea, pensó, deseando descargar su furia contra ellos.

—¡Ey, chicas!— gritó Misao desde la cocina—. ¿Qué hacéis?

—Vamos a buscar el bicho que atacó a Kaoru— dijo Megumi, alegremente. Kaoru empezó a toser— ¿Nos ayudas?

—¡Claro!

Misao dio un salto y corrió hacia ellas mientras Kaoru se planteaba lo rápida que podría ser su muerte si se arrojaba de cabeza al pozo.

—Eso no me lo pierdo— dijo entonces Sanosuke, levantándose también con una sonrisa maliciosa en el rostro. Tenía que ser una maldita pesadilla. Se mordió el labio; aunque había sido una noche perfecta, era evidente que tenía que haber elegido un momento en que no hubiese tanta gente. Pero... Pero yo no tenía ni idea, se justificó para sí, molesta. Era Kenshin el que sabía. Y me lo dijo, recordó.

"Nos oirán".

—Tanto revuelo por una mierda de bicho...— masculló Yahiko, terminando de comerse el arroz que los demás habían dejado en sus cuencos.

Sin embargo, Megumi se dio la vuelta al llegar al dormitorio de Kaoru y con una mano en el pecho de Sanosuke, le frenó en seco.

—Los hombres no entran— dijo, levantando las cejas.

—Venga, no me jod...

—No lo repetiré— le cortó Megumi. El solo tono de su voz sería suficiente para acallar al más valiente y, de hecho, así fue. Misao y Kaoru entraron tras Megumi, que cerró la puerta en la cara de los dos chicos. Entonces Kaoru oyó la voz de Sanosuke.

—Bueno, pues los hombres revisaremos las demás habitaciones. Quién sabe, quizás el bicho se haya colado en otra.

Kaoru se lanzó contra la puerta de shoji, dispuesta a luchar con su vida para que no entrasen en el dormitorio de Kenshin, cuando oyó su voz al otro lado.

Sessha ya revisó su propio dormitorio esta mañana y no encontró nada fuera de lo normal— dijo con suavidad.

—¿Seguro?— insistió Sanosuke—. A lo mejor entre todos...

Sessha lo agradece, pero todo está bien— dijo Kenshin, con su tono de voz habitual, dulce y educado— ¿Kaoru-dono?

La llamó, poniendo la mano sobre la puerta de shoji. Ella sintió la mirada de Megumi, escrutándola. Maldita sea, todos menos Yahiko se habían dado cuenta.

—¿S-sí?— preguntó, con la voz entrecortada, abriendo la puerta. Allí estaba él, más guapo que nunca, y llevaba bajo el brazo una bola de sábanas que debían ser las que habían compartido por la noche. Quiso abrazarle y besarle y...

Sessha echará esto a lavar e irá al mercado en... Una media hora. ¿Querríais venir?

Asintió con la cabeza, nerviosa, mientras sentía el silencio a su alrededor, un silencio pesado como una losa. Sin embargo Kenshin le dedicó una sonrisa dulce y se dio la vuelta, con la coleta bailando en su espalda, dirigiéndose a hacer la colada.

Como pudo, echó a las chicas de su dormitorio, sin dejar de sentir sus miradas acosándola. Antes de salir, Megumi la agarró del brazo.

—Cenamos en el Akabeko. Las tres. No acepto un no por respuesta— susurró, soltándola con poca delicadeza. Kaoru se encerró en la habitación y se llevó una mano al cuello, intentando calmarse.

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El día estaba un poco nublado, pero la temperatura era buena, de modo que el mercado estaba a rebosar. Kenshin y Kaoru recorrían los puestos como solían hacerlo antes de que sucediese todo aquello, siempre en el mismo orden. Ella compraba y pagaba y él cargaba las adquisiciones, sin protestar. Las tenderas les saludaban con amabilidad y les preguntaban cómo estaban de salud, interesándose también por las heridas de Kenshin. Nadie mencionaba directamente el asunto de Osamu y su hija, aunque Kaoru sabía que todos lo tenían en mente. Se alegró sobremanera al comprobar que no juzgaban a Kenshin. Y, de alguna manera, sintió que a medida que pasaban allí más tiempo, comprando con naturalidad, él se iba relajando y sonreía un poco más.

Cuando abandonaron el bullicio de los puestos, Kenshin se las apañó de alguna manera para liberar una de sus manos de la carga y coger la de Kaoru, que no pudo evitar sorprenderse con su gesto. Le miró y él le dedicó una sonrisa tierna que le hizo sonrojarse.

—Kaoru-dono, sessha siente lo que pasó esta mañana— dijo entonces, muy dulcemente, acariciándole el dorso de la mano. Kaoru se estremeció con el contacto—. Sessha sabe que vos... Que es importante para vos que no parezca...

No encontraba las palabras, pero ella sabía lo que intentaba decir.

—No te preocupes, Kenshin. No pasa nada. Es solo que... Creí... Pensé que no se enteraría nadie— consiguió terminar, avergonzada—. Tenías razón. No era el momento... Teníamos que haber esperado.

Fijó sus ojos en el camino de tierra. Olía a flores, y también al pescado fresco que habían comprado, y también a la hierba seca de finales de verano. Él se detuvo, haciendo que ella también se parase. Tiró suavemente de su mano, como el día anterior, en el santuario. Ella le miró.

—No— susurró, atrayéndola hacia sí despacio—. Estaba equivocado. Ya esperamos demasiado.

Sin darle posibilidad de réplica, tiró un poco más de su mano hasta que sus bocas se encontraron. Estaban en medio del camino que volvía del mercado, podía verles alguien... Pero Kenshin la besó como si no hubiese nadie más en el mundo, con la misma dulzura que lo había hecho la noche anterior. Su lengua era cálida y cuando acarició la suya derribó cualquier estúpido miedo. Se besaron tanto tiempo que Kaoru olvidó que estaban allí, y perdió sus dedos en su pelo, y el mundo entero se hizo un borrón, hasta que sintió una voz.

—Hay que ver, esta juventud... Ya no se respeta nada.

Se separó, avergonzada, viendo a una señora anciana pasar junto a ellos agitando la cabeza. Era la madre de una de las pescaderas, Kami, ¿Qué pensarían de ella? Ya tenía mala fama, y ahora... Kaoru pensó que moriría, pero entonces miró a Kenshin y le vio sonreír como un niño travieso, con algunos mechones de su coleta deshechos y las mejillas sonrojadas.

Entonces ella también rió, y él rió más, y pronto el sonido de las risas de los dos llenó los árboles, y el cielo, y el camino. Y la señora siguió diciendo cosas mientras se alejaba, pero Kaoru no la oía, porque solo escuchaba a Kenshin romperse en carcajadas mientras empezaba a tirar de su mano, de vuelta al dojo.

Kenshin la besó otra vez en el camino de tierra que conducía a su casa, y otra vez más mientras intentaba abrir la puerta. Lo consiguió a duras penas y le dio un pequeño empujón.

—Yahiko— susurró, pero Kenshin agitó la cabeza mientras cerraba la puerta de madera a su espalda, sirviéndose de la pierna.

—Está en el Akabeko— dijo, besándola. Kaoru volvió a apartarse.

—Misao...

—En la clínica, con Megumi-dono— apoyó todo lo que llevaba en el suelo, junto a la puerta y cogió a Kaoru de la mano, atrapándola—. Sano tampoco está.

Ella iba a decir alguna cosa sobre el pescado y las bolsas y las compras, pero Kenshin la atrapó en un beso salvaje que le hizo olvidar hasta su propio nombre.

—Kenshin— dijo, sonrojada, separándose un poco. Él había empezado a desanudarle el obi allí mismo, junto al pozo. Sentía que el corazón le saldría por la boca. Se detuvo y la miró, y sus ojos brillaban a la luz del día, y parecía increíble que estuviese sucediendo, allí, al lado de la ropa recién lavada, cerca de la engawa donde tantas veces le había observado tender, imaginándose cómo besaría. Ahora lo sabía. Ahora podía recordarlo cuando quisiese, porque era su marido; no, era algo más que eso. Mi compañero de vida. Le besó, y él sonrió contra sus labios, conduciéndola despacio hacia su dormitorio. El futón estaba sin hacer, pero a ninguno de los dos les importó.

Y aunque era de día, y todavía sentía el cuerpo dolorido, suspiró de felicidad cuando él volvió a tumbarla sobre la cama que ahora era de ambos, y volvió a seguir los mismos pasos que la noche anterior, pero distintos, más seguros... Definitivamente, mejores. Y cuando, mientras se movía suavemente en ella, volvió a enterrar la boca en su cuello, le sujetó de la coleta y tiró un poco hacia atrás, separándole.

—Eso no...— susurró, intentando mantener un gesto serio y cuerdo mientras el corazón le latía con violencia. Él paró y la miró, sorprendido, como si no fuese consciente de lo que hacía. Entonces rió, mordiéndose el labio mientras sus mejillas se sonroja Ban terriblemente y Kaoru sintió que se derretía.

S-sumimasen— dijo él, sin aliento, poniendo un beso tierno allí donde hacía un segundo había estado apunto de morder, y sin decir nada más, retomó su movimiento lento, delicioso, y Kaoru cerró los ojos y pensó que si esa era su nueva vida no tardaría mucho en acostumbrarse.

Kami, podría acostumbrarse muy rápidamente.

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— Esta no es una noche cualquiera— anunció Megumi, con un tono de voz solemne que recordaba al de un sacerdote al inicio de una ceremonia—. Estamos aquí reunidas por una serie de razones de peso.

Misao y Kaoru la miraron, esperando, como si Megumi conociese los grandes secretos de la Humanidad.

—Serán de mucho peso para que ya te hayas bebido dos copas de vino— replicó Misao, señalando la bebida con la barbilla. Megumi había elegido el local y, otra vez, estaban en aquel sitio occidental de sillas altas. A Kaoru le gustaba, así que no puso objeción; sin embargo, Misao no había dejado de manifestar sus quejas, con distinta intensidad, desde que supo dónde cenarían.

—Ya que estás tan dicharachera como de costumbre, empezaremos por ti, querida— dijo Megumi, frunciendo el ceño en dirección a Misao. Kaoru se alegró de no ser el centro principal de aquella reunión—. ¿Hay algo que quieras contarnos?

Misao miró su copa de vino.

—No la presiones— dijo Kaoru, saliendo en su ayuda. Extendió la mano y tocó la de la chica, acariciándola—. No te preocupes, Misao. No tienes que contar nada que no quieras contar.

—No, está bien— repuso Misao, sonriendo—. Kaoru, te debo una disculpa. Por el asunto de Hideki. No, no, espera. Déjame terminar, por favor. No sé cómo pasó... Fue el día que sucedió todo el asunto de Himura y Ume... Me encontré con Hideki y estaba destrozado. Yo acababa de estar con Aoshi. Después de... Después de ver a Ume y... Le fui a buscar.

—¿Aoshi?— preguntó Megumi, sorprendida—. No sabía que Aoshi-san estaba en la ciudad.

—Estaba. Se quedó una sola noche— dijo Misao, con pesar—. Creí que venía para que volviésemos juntos a Kioto, a empezar una... A... No sé, pero a avanzar juntos de alguna manera. Sin embargo, cuando fui a su posada me dijo las mismas cosas de siempre. Me dijo que era egoísta. Puso el ejemplo de Himura.

—¿De Kenshin?— preguntó Kaoru, abriendo mucho los ojos, sorprendida.

—Sí— dijo Misao, mirando sus manos—. Dijo que él era egoísta, porque por tenerte con él te hacía caminar por el borde del precipicio.

Kaoru frunció el ceño, molesta.

—Dile a Aoshi que tengo piernas. Nadie me hace caminar por ningún sitio por el que yo no quiera hacerlo.

—Yo os defendí— siguió Misao, suspirando—. Porque de verdad estoy convencida. Vuestro... Quiero decir, el amor de Himura nunca me pareció egoísta. Es cierto que quererte hace que siempre estés en peligro, pero no elegimos cuándo enamorarnos, ni mucho menos de quién.

Kaoru miró brevemente a Megumi, que se servía su tercera copa de vino, sin decir nada.

—Entonces te fuiste con tu corazón roto y te encontraste con el corazón roto de Fujame-san— dijo al final, asintiendo con la cabeza ante su propia afirmación. Misao volvió a suspirar.

—Sé que no estuvo bien, pero... Fui con él a Kioto. Estuvimos allí tres semanas viviendo juntos.

Kami, pensó Kaoru.

—¿Y Aoshi?— acertó a preguntar. Misao se encogió de hombros.

—No lo sé. Se supone que estaba en Kioto, pero nunca llegué a verlo.

—Tal vez no saliste mucho del dormitorio— replicó Megumi, levantando una ceja. Misao le dio un manotazo por encima de la mesa que estuvo a punto de derramar todas las copas de vino.

—¡Tú no estás para dar lecciones a nadie!— exclamó. Kaoru la agarró del brazo para que bajase el tono de voz. Dioses, todavía no comprendía porqué las dejaban entrar en ese lugar si cada vez que iban se comportaban como enajenadas—. ¿Qué pasa con lo tuyo con Sanosuke, eh?

Lo mío no existe— replicó Megumi, dando un sorbo a su copa—. Sanosuke se marchará pronto y yo me iré a Aizu. No voy a involucrarme en nada que pueda convertirse en un obstáculo.

—P-pero... — empezó Kaoru, apretando las manos—. ¿Cúanto os váis? ¿No os quedaréis hasta mi cumpleaños?

—Quedan más de dos meses— dijo Megumi, encogiéndose de hombros—. Además, no te quedarás sola. De hecho, parece que estás bien acompañada.

Kaoru se sonrojó terriblemente.

—No es lo que p...

—No, no— le cortó Megumi, mirándola con ojos fieros—. Yo también oí el zumbido de los mosquitos, ¿sabes? Es muy molesto intentar dormir en esas circunstancias.

Kaoru sintió un pinchazo en el pecho. Megumi estaba ofendida. Mierda, había sido una insensible. ¿Cómo se sentiría ella si fuese al contrario? Pero, por otro lado, estaba segura de que ya había superado lo de Kenshin. Entonces... ¿qué pasaría cuando contasen que estaban prometidos? Misao dio un golpe sobre la mesa.

—¿Pero qué narices es eso de los mosquitos? ¡Estoy cansada ya de no enterarme de nada!— exclamó, haciendo que todo el mundo les mirase. Kaoru abrió los ojos, sorprendida. Habría jurado que Misao también era parte de esa broma infernal, pero al parecer no era Yahiko el único que no se había dado cuenta. En cierta medida, suponía un alivio.

Tragó saliva. ¿Qué podía decir?

—N-no es nada, Misao— concluyó, bajando la mirada. Esperó que Megumi hiciese algún comentario mordaz...

—Es solo una broma que solemos hacer en Tokio— dijo al final, cambiando su expresión. Kaoru volvió a respirar, sintiendo un hormigueo en las manos.

—Kaoru— dijo Misao, mirándola con sus enormes ojos verdes—. ¿Qué tal están las cosas entre tú y Himura?— se detuvo un momento, como si midiese sus palabras—. Anoche... No dormiste con nosotras, ¿verdad?

—En la cabaña de Hiko compartíamos habitación— explicó, dando un sorbo a su copa de vino e intentando aparentar una serenidad absolutamente fingida—. Después de tantas semanas, dormir separados era extraño.

—¿Y dormiste en la pared todo este tiempo?— se asombró Misao. No parecía haber malicia en su voz—. No sé cómo aguantaste. No parece muy cómodo.

Kaoru no quería decir nada que pudiese ofender a Megumi, de modo que empezó a sentirse un poco incómoda, pensando constantemente cómo expresarse.

—No es cómodo— dijo al final, encogiéndose de hombros—. Pero con él al lado, todo está bien.

—Bueno, no deberías decir eso— le reprendió Megumi, mirándola con gesto serio—. No todo está bien sólo porque él sea él. Tú tienes tus opiniones y tus formas de ver la vida y no deberías dejar que las suyas te arrastrasen.

—¿Por qué le dices eso?— preguntó Misao, abriendo mucho los ojos.

—Porque a veces, cuando una está terriblemente enamorada de un hombre, pierde la perspectiva. Kaoru tiene claras algunas cosas, así nos lo ha dicho siempre. Cosas sobre el compromiso, el cortejo, el matrimonio y los tiempos. A veces cuando un hombre no comparte todas esas cosas el amor puede cegarte y llevarte a correr cuando realmente lo que quieres es ir andando.

Kaoru la miró, completamente abrumada. Había sido muy clara, tanto que parecía imposible que Misao no lo hubiese entendido.

—¿Himura ha intentado deshonrarte?— preguntó Misao, levantando las cejas. Kaoru frunció el ceño. Lo que había pasado entre Kenshin y ella tenía el visto bueno de los dioses, pero, aún no teniéndolo... Estaba completamente segura de que en la forma en que Kenshin la había amado por primera vez no existía nada parecido a la deshonra.

—Kami, hablas como una vieja tendera— replicó Megumi, poniendo los ojos en blanco—. ¿Te deshonró a ti Fujame-san?

Misao se puso del color del pelo de Kenshin.

—N-no es lo mismo. Yo soy miembro del Oniwabanshu. Soy una shinobi, en todo caso yo le habré deshonrado a él. Sin embargo, Kaoru es una dama.

Megumi soltó una risotada que a Kaoru le pareció una ofensa.

—¿Qué es tan gracioso? Si Misao cree que soy una dama, es que lo soy— se defendió, alzando la cabeza con orgullo.

—Sí, sí— dijo Megumi, agitando la melena, para volver a dirigirse a Misao—. Ningún hombre deshonra a una mujer por acostarse con ella. La deshonra, en todo caso, será para él si hace algo que ella no le ha permitido o abusa de alguna manera de su poder. Si dos personas, por su propia voluntad, quieren tener relaciones de ese tipo, nadie deshonra ni honra a nadie. Pero ese no es el tema. El tema... Es que para Kaoru hasta hace dos días era impensable dar ciertos pasos sin un matrimonio. ¿Sigue siendo impensable?

Kaoru la miró a los ojos.

—No. No sería impensable— dijo, bebiendo un poco más de vino—. Vivir con Hiko y con Jun me ha hecho plantearme algunas cosas que pensaba.

—¿Cuáles?— preguntó Misao, pero Kaoru no contestó. Había empezado una silenciosa discusión con Megumi, a base de miradas. No hacía falta pronunciar ni una sola palabra.

—Bien— dijo entonces Megumi, asumiendo la derrota mientras servía vino para las tres y levantaba su copa—. Brindemos, entonces. Por los buenos cambios de opinión.

Kaoru esbozó una sonrisa, levantando la copa. Misao también brindó, mientras se quejaba por lo bajo de sus extrañas conversaciones incomprensibles y de sus infames gustos en cuanto a restaurantes.

La cena discurrió con normalidad, con algún comentario jocoso de Megumi que sólo Kaoru podría entender. Pero, sobre todo, Kaoru no pensó en un solo instante en todas aquellas semanas, en la angustia, en la falta de sueño, en el dolor de sus heridas físicas y psicológicas. Parecía que Kenshin y sus amigos tenían más poder curativo incluso que el propio tiempo. Cuando llegaron al dojo se despidieron con una reverencia.

— Misao— dijo Kaoru, en la puerta—. ¿Puedes ir entrando?

—¿Vas a contarle algún secreto a Megumi que yo no puedo escuchar?— preguntó, frunciendo el ceño.

—No, no. Es solo que necesito un momento con ella.

Misao, completamente disconforme con ello, accedió y entró en la casa, sin dejar de farfullar algunas maldiciones inconexas. Kaoru se volvió hacia Megumi.

—Megumi, quiero contarte algo— dijo, mirándola con rostro serio. No podía esperar. Megumi era demasiado inteligente, era capaz de ver más allá y se negaba a mentirle. No quería que algo que había nacido de forma tan hermosa, como era su compromiso con Kenshin, después de tanto tiempo esperándolo, acabase ensuciándose con dobleces y secretos. Quizás Kenshin no lo entendiese... Quizás se molestase, pero se lo debía a Megumi.

—¿Es una buena noticia, verdad?— preguntó Megumi, esbozando una sonrisa dulce; quizás la más dulce que le había dirigido nunca—. Entonces cambia esa cara, tonta.

Kaoru asintió con la cabeza.

—Kenshin y yo nos hemos prometido— soltó, casi sin pensar. Megumi abrió mucho los ojos y se mantuvo en silencio, inmóvil.— ¿N-no...? Creí que lo habías imaginado.

—Vaya— dijo, mirándola todavía con el mismo gesto—. No esperaba que fuese eso lo que me ibas a decir.

—¿Y qué pensabas que te iba a decir?

Megumi echó una mirada hacia su cuello y después volvió a enfocar sus ojos.

—¿La verdad? Pensé que me dirías que os estabais acostando—. Kaoru intentaba pensar, reaccionar, algo, cuando Megumi deshizo su gesto de sorpresa y le ofreció una sonrisa sincera, poniendo una mano sobre su hombro—. Me alegro, Kaoru. Es lo que soñabas y Ken-san soñaba con estar contigo, de manera que todo el mundo gana.

Todo el mundo...

—Todavía no tenemos fecha, pero será después de mi cumpleaños, en algo más de dos meses. Me gustaría mucho que estuvieses allí, Megumi. Y sé que a Kenshin también.

Ella asintió con la cabeza.

—No me lo perdería. Además, alguien tendrá que ayudarte con el kimono nupcial. Si lo dejas en manos de Misao acabarás como una hashi de Osaka—. Kaoru sonrió, imaginando que eso intentaba ser algo parecido a una bendición de amiga. Hizo una reverencia con la cabeza para entrar en su casa, antes de que todo se complicase, cuando Megumi la sujetó suavemente por la manga del kimono—. Toma esto.

Cogió su mano y puso algo en ella. Kaoru lo miró, frunciendo el ceño. Parecía una bolsita con hierbas.

—¿Qué es?

—Es té de hierbas, para prevenir. Las barrigas abultadas complican bastante el asunto del kimono nupcial— dijo, girándose y dejándola allí con la bolsita en la mano y la cara completamente colorada.

Entró, cerrando la puerta tras de sí y, caminando despacio por la engawa para no despertar a Yahiko, se dirigió a su dormitorio a coger la yukata de dormir, pero Kenshin la interceptó por el camino. ¿Cómo puede ser tan silencioso?, se preguntó al sentir sus brazos rodeándola y su aliento en la nuca.

—Kaoru-dono— susurró, dejando que sus labios rozasen su piel. Toda ella se estremeció y dejó que la conduje se a su cuarto, ese lugar que ya se había convertido en algo más que un refugio. Cerró la puerta de shoji tras de sí y Kaoru se giró, encontrándose con sus labios, que la besaron con el mismo deseo que si llevase sin verla dos meses. Habían estado juntos esa misma mañana, pero empezaba a descubrir otra cosa que no sabía de él. Es incombustible. Se echó un poco hacia atrás, cortando el beso.

—Kenshin— dijo, acariciando su cara. Kenshin le devolvió una sonrisa que habría podido destruir un ejército—. Se lo he contado a Megumi. Nuestro compromiso— aclaró, sonrojándose. Él compuso un gesto de conformidad.

Sessha se lo ha contado a Sano— dijo entonces, intentando volver a besara. Kaoru, con una gran fuerza de voluntad, volvió a apartarle.

—¿Por qué se lo has dicho a Sano?—. Al ser consciente de lo injusto de su pregunta intentó cambiar el tono de voz—. Quiero decir... Yo se lo he contado a Megumi porque... Bueno, ya sabes que ella sentía... No quería que se enterase por otra persona. Me pareció lo más valiente y también lo más justo.

Kenshin acarició su cabello con un gesto lleno de ternura.

—Me parece bien, Kaoru-dono— le dio un beso simple y casto y se separó de ella, comenzando a preparar el futón—. Sessha se lo dijo a Sano porque nos escuchó anoche y no quería que pensase que nosotros... Que dormíamos juntos sin más.

Kaoru sonrió, acercándose a él y, entre risas, intentó empujarle contra el futón como había hecho él con ella las otras dos veces. Kenshin se dejó derribar y ella se tumbó encima.

—A ti no te habría importado, ¿verdad?— dijo, acariciando su cara—. Haber hecho el amor sin casarnos antes. Aunque... aunque no fuese tu mujer.

Kenshin le devolvió la caricia mientras dirigía una mano al lazo de su pelo y lo soltaba, del mismo modo que la noche anterior, atrayendo a Kaoru hacia su boca.

—Hace mucho que te siento como mi mujer— susurró contra sus labios. Kaoru empezó a besarle despacio, como él había hecho con ella, empezando por el cuello, aunque con cuidado de no dejarle ninguna marca. Fue apartando la tela de la yukata y pasando la lengua suavemente por la piel cálida de sus hombros, cuando, de pronto, sintió cómo él la derribaba en un movimiento rápido y se ponía encima. Le miró, sorprendida, pero él besó su nariz—. Tenéis que descansar.

—¿Descansar? ¿De verdad?— preguntó, levantando una ceja.

—Sí— afirmó, desbrochándole el obi y levantándose a por su yukata—. Os traje la ropa de dormir.

—Así que ya me mudo aquí definitivamente— dijo ella, sonriendo. Kenshin se la entregó con una sonrisa aún mayor y se sentó en el futón. Ella empezó a desabrocharse el kimono, pero notaba los ojos de él sobre su cuerpo y sus mejillas empezaron a sonrojarse—. Kenshin, baka, no mires.

—¿Oro?

—Vamos— susurró, dándole un manotazo—. Cierra los ojos. En la vida de una mujer tiene que haber ciertos actos de intimidad—. Kenshin mantuvo una ceja alzada, pero obedeció. Kaoru se desnudó y se puso la yukata de dormir, metiéndose después en el futón, donde él ya estaba esperando. En cuanto sus cuerpos se rozaron, él la abrazó, haciendo que soltase un pequeño grito—. ¡Tienes los pies helados!

Él rió.

Sessha siempre ha sido así. Si os molesta podría usar calcetines para...

—No— le cortó, atrayéndolo contra ella y besándolo despacio—. No uses calcetines. Me gustan tus pies fríos y tus manos calientes.

Kenshin le devolvió un beso dulce, tranquilo, casi amable. Sin embargo... Al poco tiempo ese beso inocente fue trasformándose, creciendo, haciéndose poderoso y acabó devorándola, arrastrándola otra vez a esa espiral deliciosa de la que era imposible escapar. Escondidos bajo las sábanas del futón, dándose una caricia por cada día que no se habían atrevido a hacerlo, Kaoru decidió que al día siguiente se lo contarían a Misao y Yahiko.

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Chicas, muchas gracias por vuestras review. Voy contestando:

Kaoru Tanuki, me alegra de que te haya gustado el capítulo y que sigas ahí al pie del cañón después de todo el tocho que estoy escribiendo, que no sé cómo no me echan de la página ya jajaja Kenshin es un poco baka con sus "chupones" como decimos en España, pero en su defensa diré que no fue consciente. La pasión le arrebató jajaja Por desgracia Megumi y Sano tienen el ojo bien abierto jajaja un abrazo!

kaoruca, ayer no tuve la oportunidad de contestar la anterior review. Me parece que sí, que tenemos muchas cosas en común, por lo menos en cuanto a la perspectiva de los personajes del manga. Es verdad que en este fic he maltratado un poco a Kaoru, porque es mucho más madura de lo que la he mostrado, pero era un poco exigencia de la trama, sobre todo al principio, con todo el tema de sus dudas. Para mí, como decías en tu review, es un personaje clave, que además experimenta una clara evolución desde el primer momento hasta el final, que aprende de sus errores, tiene virtudes maravillosas y es humilde y buena persona. Es un personaje, como tú dices, muy fuerte, pero por desgracia es difícil ver la fuerza más allá de las espadas. Pasa en muchas obras, grandes personajes femeninos que nunca luchan y por ello no son menos fuertes. Se me ocurre uno de mis personajes favoritos de la literatura, Jo March, de Mujercitas, que no puede ser más fuerte como personaje. O, en un sentido totalmente distinto, Cersei de "Juego de Tronos", o Jane Eyre... Personajes fuertes en el mundo que les ha tocado vivir, normalmente sociedades o de la Edad Media o de la Modernidad donde el papel de una mujer no iba a ser ir a la guerra, pero eran fuertes de otra forma, menos valorada pero quizás incluso más importante. Perdona el rollaco que te he soltado. Un abrazo y espero que estés bien!

Okashira janet, te agradezco infiniiiiiiito que te hayas tomado la enorme molestia de ir comentando uno a uno los capítulos que has ido leyendo, en serio, me ha parecido un gesto súper bonito. Espero no haber perturbado mucho tu paciencia con mis torturas a los personajes xD Es verdad que pinté a Kaoru un poco inmadurilla, que conste que es uno de mis personajes preferidos, pero la trama lo requería. Después me vine un poco arriba con el drama, pero bueno, así acabé escribiendo este ejemplar de El Quijote versión Rurouni xD De verdad, gracias por tus mensajes y espero que consigas llegar hasta aquí jaja un abrazo enorme!

Atarashii, gracias por tu review! La verdad es que pensé mucho si poner lo del "lemon" tan explícito ahí al principio, porque es verdad que hace un spoiler como un mundo de grande, pero me daba miedo que me censurasen o algo con lo que me está costando acabar como para que ahora me lo borren todo XD Un abrazo enorme!