Marinette

Dos semanas antes

Abro la puerta del balcón y salgo, agradecida de que el sol ya se haya ocultado detrás del edificio de al lado, enfriando el aire hasta ser una perfecta temperatura de otoño. Casi en el momento justo, el sonido de su guitarra flota a través del patio mientras tomo asiento y me recuesto en la tumbona. Le digo a Marc que salgo aquí para hacer mi tarea, porque no quiero admitir que la guitarra es la única razón por la que salgo todas las noches a las ocho en punto, como un reloj.

Desde hace semanas, el chico en el apartamento al otro lado del patio se ha sentado en su balcón y tocado durante al menos una hora. Cada noche, me siento afuera y escucho.

He notado que algunos vecinos salen a sus balcones cuando él está tocando, pero ninguno es tan fiel como yo. No entiendo cómo alguien puede escuchar estas canciones y no anhelarlas día tras día. Por otra parte, la música siempre ha sido una de mis Hobbies, así que tal vez estoy un poco más encaprichada con su sonido que otras personas. He tocado el piano durante mucho tiempo, desde que tengo memoria, y aunque nunca lo he compartido con nadie, amo escribir música. Incluso intente cambiar mi carrera a educación musical hace dos años. Más no lo hice por mi gran pasión al diseño de modas.

—Una vida de mediocridad es un desperdicio de vida —dijo cuándo lo pensé bien.

Una vida de mediocridad. Lo encontré más divertido que insultante, ya que él parece ser la persona más insatisfecha que he conocido.

Una de las canciones conocidas termina y el chico con la guitarra empieza a tocar algo que nunca ha tocado antes. Me he acostumbrado a su lista de reproducción no oficial, ya que parece practicar las mismas Canciones en el mismo orden noche tras noche. Sin embargo, nunca antes lo he escuchado tocar esta canción en particular. La manera en que repite los mismos acordes me hace pensar que está creando la canción justo aquí en este momento. Me gusta presenciar esto, especialmente ya que después de sólo unos cuantos acordes, es mi nueva favorita. Todas sus canciones suenan originales. Me pregunto si las toca localmente o si sólo las escribe por diversión.

Me inclino hacia adelante en la silla, descanso los brazos en el borde del balcón, y lo observo. Su balcón se encuentra directamente al otro lado del patio, lo suficientemente lejos para no sentirme rara cuando lo veo, pero lo suficientemente cerca para asegurarme que nunca lo esté viendo cuando Nathaliel está alrededor. No creo que a Nathaliel le gustaría el hecho de que he desarrollado un pequeño flechazo con el talento de este chico.

Sin embargo, no puedo negarlo. Cualquiera que vea cuán apasionadamente toca este tipo, se enamoraría de su talento. La manera en que mantiene sus ojos cerrados durante todo el rato, centrándose intensamente en cada movimiento contra cada cuerda de la guitarra. Me gusta más cuando se sienta con las piernas cruzadas con la guitarra en posición vertical entre sus piernas. La empuja contra su pecho y toca como si fuera un contrabajo, con sus ojos completamente cerrados. Es tan fascinante observarlo que a veces me sorprendo a mí misma al contener el aliento, y ni siquiera me doy cuenta de lo que estoy haciendo hasta que jadeo por aire.

Tampoco ayuda que él sea lindo. Al menos, parece lindo desde aquí. Su cabello negro de puntas celestes es rebelde y se mueve con él, cayendo sobre su frente cada vez que baja la mirada hacia su guitarra. Está demasiado lejos para distinguir el color de sus ojos o sus rasgos, pero los detalles no importan cuando se combina con la pasión que siente por su música. Hay una confianza en él que encuentro irresistible. Siempre he admirado a los músicos que son capaces de desconectarse de todo y todos a su alrededor para verter toda su atención en su música. Ser capaces de desconectar al mundo y dejarse arrastrar por completo es algo que siempre he querido, la confianza para hacerlo, pero simplemente no la tengo.

Este chico la tiene. Es confiado y talentoso. Siempre he sido fanática de los músicos, pero más de una manera fantasiosa. Son una raza diferente. Una raza que rara vez hace buenos novios.

Me echa un vistazo como si pudiera escuchar mis pensamientos, y luego una lenta sonrisa aparece en su rostro. Ni una sola vez detiene la canción mientras continúa observándome. El contacto visual me hace sonrojar, así que dejo caer mis brazos, acerco mi cuaderno de nuevo hasta mi regazo y bajo la mirada. Odio que me atrapara mirándolo tan intensamente. No es como si estuviera haciendo algo malo, sólo se siente extraño para él saber que lo observaba. Levanto la mirada de nuevo y aún me está viendo, pero ya no sonríe. La forma en que me mira hace que mi corazón se acelere, así que aparto la mirada y me concentro en mi cuaderno.

Vaya manera de ser escalofriante, Marinette.

—Ahí está mi chica —dice una reconfortante voz detrás de mí. Recuesto mi cabeza y alzo la mirada para ver a Nathaliel caminar hacia el balcón. Intento ocultar el hecho de que me sorprende verlo, porque estoy bastante segura de que se suponía que debía recordar que vendría.

En la remota posibilidad de que el Chico de la Guitarra todavía esté mirando, hago un esfuerzo por parecer realmente enfocada en el beso de saludo de Nathaliel, para tal vez no lucir tanto como una acosadora espeluznante y más como alguien que casualmente se relaja en su patio. Paso mi mano por el cuello de Nathaliel mientras se apoya en el respaldo de mi silla y me besa al revés.

—Ven acá —dice el, presionando mis hombros. Hago lo que pide y me deslizo hacia adelante mientras levanta la pierna sobre la silla y se desliza detrás de mí. Empuja mi espalda contra su pecho y envuelve sus brazos a mí alrededor.

Mis ojos me delatan cuando el sonido de la guitarra se detiene abruptamente, y una vez más le echo un vistazo al otro lado del patio. El Chico de la Guitarra me está observando con intensidad mientras se pone de pie, luego vuelve al interior de su apartamento. Su expresión es extraña. Casi enojado.

— ¿Cómo estuvo la escuela? —pregunta Nath.

—Demasiado aburrido para hablar de ella. ¿Qué hay de ti? ¿Cómo estuvo el trabajo?

—Interesante —dice, apartando mi cabello de mi cuello con su mano. Presiona sus labios en mi cuello y deja un camino de besos por mi clavícula.

— ¿Qué fue tan interesante?

Aprieta su agarre sobre mí, luego descansa su barbilla en mi hombro y me empuja hacia atrás en la silla con él. —La cosa más rara pasó en el almuerzo —dice—. Estaba con uno de los chicos en este restaurante italiano. Comíamos en el patio y justo le habíamos preguntado al mesero qué nos recomendaba de postre cuando un coche de la policía dobló la esquina. Se detuvieron justo en frente del restaurante y dos oficiales salieron con sus armas en mano. Comenzaron a ladrar órdenes hacia nosotros cuando nuestro mesero murmuró: "mierda." Lentamente levantó las manos y la policía saltó el muro hacia el patio, corrieron hacia él, lo tiraron al suelo y lo esposaron justo a nuestros pies. Después de que le leyeron sus derechos, lo pusieron de pie y lo escoltaron hacia la patrulla.

El mesero me miró y gritó "¡El tiramisú es realmente bueno!". Luego lo metieron al coche y se fueron.

Ladeo mi cabeza y alzo la vista hacia él. — ¿En serio? ¿Eso pasó realmente?

Asiente, riendo. —Lo juro, Mar. Fue una locura.

— ¿Y bien? ¿Probaron el tiramisú?

—Diablos, sí, lo probamos. Fue el mejor tiramisú que he probado. —Me da un beso en la mejilla y me empuja—. Hablando de comida, me muero de hambre. —Se levanta y extiende su mano hacia mí—. ¿Cocinaste esta noche?

Tomo su mano y dejo que me levante. —Sólo comimos ensalada, pero puedo hacerte una.

Una vez dentro, Nathaliel se sienta en el sofá junto a Marc. Él tiene en libro abierto en su regazo mientras se concentra a medias en la tarea y en la televisión al mismo tiempo. Saco los contenedores del refrigerador y hago su ensalada. Me siento un poco culpable por olvidar que esta noche era una de las noches que dijo que vendría. Usualmente tengo algo preparado cuando sé que estará aquí.

Hemos estado saliendo por casi cuatro años. Lo conocí durante mi último año en la Preparatoria, cuando él trabajaba cerca del lugar. Poco después coincidimos en que ambos queríamos mudarnos a Inglaterra, yo por la universidad y el por su trabajo, pues ambos vivíamos en Francia, después conocí a Marc. Al principio había confundido a Marc con una chica, por su aspecto, aunque me dijo que suelen decirle eso mucho. Él y Marc han sido amigos por años. Después de que los tres nos mudáramos a Inglaterra, Marc y yo decidimos vivir juntos pues ambos iríamos en la misma universidad, la verdad es que al principio me sentía intimidada pero el después admitió ser gay y la verdad eso nos unió más. Nuestro noviazgo lo hicimos oficial sólo después de dos citas, y las cosas han sido maravillosas desde entonces.

Por supuesto, tenemos nuestros altibajos, sobre todo desde que se mudó a más de una hora de distancia, Cuando consiguió el trabajo como maestro de arte, el semestre pasado, sugirió que me mudara con él. Le dije que no, En honor a la verdad, tengo miedo.

La idea de irme a vivir con él parece tan definitiva, como si estuviera sellando mi destino. Sé que una vez que demos ese pasó, el siguiente será el matrimonio, y luego nunca tendría la oportunidad de vivir sola de nuevo. Siempre he contado con un compañero de cuarto. No le he dicho a Nathaliel todavía, pero tengo muchas ganas de vivir sola por un año. Es algo que me prometí a mí misma hacer antes de casarme. Ni siquiera tendré veintidós hasta dentro de un par de semanas, así que no es como si tuviera prisa.

Llevo la comida de Nathaliel hacia la sala de estar.

— ¿Por qué ves eso? —le dice a Marc—. Todo lo que esas mujeres hacen es hablar mierda sobre las otras y voltear mesas.

—Ese es exactamente la razón por la que lo veo —dice Marc, sin apartar los ojos de la televisión.

Nathaliel me guiña un ojo y toma su comida, entonces apoya los pies encima de la mesa de café. —Gracias, cariño. —Se vuelve hacia el televisor y comienza a comer—. ¿Me puedes traer una cerveza?

Asiento y camino de regreso a la cocina. Abro la puerta de la nevera y miro hacia el estante en el que siempre guarda su cerveza extra. Me doy cuenta, mirando "su" estante, que probablemente ésta es la forma en que comienza. Primero, tiene un estante en el refrigerador. Luego, tendrá un cepillo de dientes en el baño, un cajón en la cómoda, y, finalmente, sus cosas se infiltrarán con las mías de tantas maneras que será imposible estar por mi cuenta nunca más.

Paso las manos por mis brazos, frotando lejos la repentina aparición de molestia. Me siento como si estuviera viendo el futuro reproducirse frente a mí. No estoy tan segura de que me guste lo que estoy imaginando.

¿Estoy lista para esto?

¿Estoy preparada para que este chico sea el chico al que le lleve la cena todas las noches cuando llega a casa del trabajo?

¿Estoy lista para caer en esta vida cómoda con él? Una donde trabajo todo el día y él da clases, y luego volvemos a casa, cocino la cena, "le llevo cervezas", mientras él apoya los pies en la mesa y me llama Mar. Donde luego vamos a la cama y hacemos el amor a aproximadamente las nueve de la noche, para no estar cansados al día siguiente cuando nos despertemos, cambiemos e iremos a trabajar. Todo lo mismo de nuevo.

—Tierra a Marinette —dice Nathaliel. Lo escucho chasquear los dedos dos veces—. ¿Cerveza? ¿Por favor, Mar?

Agarro rápidamente su cerveza, se la doy, y luego me dirijo directamente al baño. Enciendo el agua de la ducha, pero no entro. En cambio, cierro la puerta y me acuesto en el piso.

Tenemos una buena relación. Es bueno para mí, y sé que él me ama. Es sólo que no entiendo por qué cada vez que pienso en un futuro con él, mis pensamientos no son nada emocionantes.

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Con sinceridad agradezco los que han llegado a leer esta historia, saludos.

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