Wuaaaau,, me alegra que les allá gustado esta historia,, me encanta saberlo,, les mando un gran abrazo,, y aquí esta el cap de la semana.
Marinette
Si él las odió, lo menos que podría haber hecho era enviarme un agradecimiento. Sé que no debería molestarme, pero lo hace. Sobre todo porque nunca quise enviárselas en primer lugar. No esperaba que me alabara, pero el hecho de que me suplicó tanto por eso y luego simplemente las ignoró como que me irrita.
Y no ha salido a su hora habitual en casi una semana. He querido mandarle un mensaje al respecto muchas veces, pero si lo hago, entonces parecerá como si me importara lo que piensa de las letras. No quiero que me importe. Pero puedo decir lo decepcionada que me siento porque sí me importa. No me gusta querer que a él le gusten mis letras. Pero la idea de ayudar de verdad en una canción es un poco emocionante.
—La comida debería estar aquí en un rato. Voy a sacar la ropa de la secadora —dice Marc. Abre la puerta, y me siento en el sofá cuando escucho el familiar sonido de la guitarra desde el exterior. Cierra la puerta detrás de ella, y por mucho que quiero ignorarlo, corro a mi habitación y en silencio me deslizo hacia el patio, libros en mano. Si me hundo lo suficiente en mi silla, podría no darse cuenta de que estoy aquí.
Pero está mirando directamente a mi balcón cuando salgo. No me reconoce con una sonrisa o incluso un movimiento de cabeza cuando me siento. Sólo sigue tocando, y tengo curiosidad por ver si simplemente va a pretender que nuestra conversación de la semana pasada nunca pasó. En cierto modo eso espero, porque me gustaría pretender que nunca sucedió.
Toca las canciones conocidas, y no me toma mucho tiempo dejar ir mi vergüenza por el hecho de que pensó que mis letras eran estúpidas. Traté de advertirle.
Termino mi tarea mientras él sigue tocando, cierro los libros, me recuesto y cierro los ojos. Está en silencio por un minuto, y luego comienza a tocar la letra de la canción que le envié. En mitad de la canción, la guitarra hace una pausa de varios segundos, pero me niego a abrir los ojos. Él sigue tocando justo cuando mi teléfono vibra con un mensaje entrante
Luka: No estás cantando.
Lo miro, y me está mirando con una sonrisa. Baja la mirada a su guitarra y mira sus manos mientras termina la canción. Luego agarra su teléfono y envía otro mensaje.
Luka: ¿No quieres saber lo que pensé de las letras?
Yo: No, estoy bastante segura de que sé lo que pensaste. Ha pasado una semana desde que te las envié. No hay problema. Te dije que eran estúpidas.
Luka: Sí, lo siento por el silencio. Tuve que dejar la ciudad por unos días. Emergencia familiar.
No sé si dice la verdad, pero el hecho de que afirma que ha estado fuera de la ciudad alivia mi temor de que no ha salido a su balcón por mi culpa.
Yo: ¿Está todo bien?
Luka: Síp.
Yo: Bien.
Luka: Sólo voy a decir esto una vez, Marinette. ¿Estás lista?
Yo: Oh, Dios. No. Voy a apagar mi teléfono.
Luka: Sé dónde vives.
Yo: Bueno.
Luka: Eres increíble. Esas letras. Ni siquiera puedo describir lo perfectas que son para la canción. ¿Cómo demonios viene eso de ti? ¿Y por qué no puedes ver que necesitas DEJAR que salga de ti? No lo contengas. Le estás haciendo un gran mal al mundo con tu modestia. Sé que acepté no pedirte más, pero eso fue porque en realidad no esperaba conseguir lo que recibí. Necesito más. Dame, dame, dame.
Dejé escapar un enorme suspiro. Hasta este momento no me había dado cuenta exactamente de cuánto me importaba su opinión. No puedo mirarlo todavía. Sigo mirando mi teléfono por mucho más tiempo de lo que me lleva leer el mensaje. Ni siquiera le respondo, porque todavía estoy disfrutando del cumplido. Si hubiera dicho que le encantó, habría aceptado su opinión con alivio y habría seguido adelante. Pero las palabras que acababa de escribirme son como escaleras apiladas una encima de la otra, y cada cumplido son como yo subiendo cada pasó hasta llegar a la cima del maldito mundo.
Santa mierda. Creo que este mensaje acaba de darme la confianza suficiente para mandarle otra canción. Nunca habría predicho esto. Nunca me imaginé que estaría emocionada.
—La comida llegó —dice Marc—. ¿Quieres comer aquí?
Quito la mirada del teléfono y la miro. —Uh. Sí. Claro.
Marc trae la comida al patio. —En verdad nunca he visto a ese chico antes, pero maldición —dice, mirando fijamente a Luka mientras toca su guitarra—. Es realmente caliente, y ni siquiera me gustan los Castaños, con mechas celestes
—Su pelo no es castaño. Es negro.
—No, es castaño —dice el—. Pero es castaño oscuro, así que está bien, supongo. Casi negro, tal vez. Me gusta el cabello desordenado, y ese cuerpo compensa el hecho de que su pelo no es castaño. —Marc toma un vaso y se inclina hacia atrás en su silla, sin dejar de mirarlo fijamente—. Tal vez estoy siendo demasiado exigente. ¿Qué me importa de qué color es su pelo? De todos modos estará oscuro cuando tenga mis manos sobre él.
Sacudo la cabeza. —Él es muy talentoso —le digo. Todavía no he respondido a su mensaje, pero él no parece estar esperándolo. Está mirando sus manos mientras toca, sin prestarnos ni un poco de atención a nosotros.
—Me pregunto si es el único —dice Marc—. Me gustaría ver qué otros talentos tiene.
No tengo ni idea de si es soltero, pero la forma en que Marc está pensando en él me revuelve el estómago. Marc es increíblemente lindo, tanto que tiene aspecto de chica y sé que él podría saber si tiene otros talentos si realmente quisiera. El tiende a estar en el departamento del chico que quiera, lo cual es un poco extraño no sé si los vuelve bisexuales o totalmente homosexuales. En realidad nunca me ha importado hasta ahora.
—No quieres involucrarte con un músico —le digo, como si tuviera alguna experiencia que me calificara para darle un consejo—. Además, estoy bastante segura de que Luka tiene novia. Vi a una chica en su patio con él hace un par de semanas. —Eso técnicamente no es una mentira. La vi una vez.
Marc me mira. — ¿Sabes su nombre? ¿Cómo sabes su nombre?
Me encojo de hombros como si no fuera la gran cosa. Porque, honestamente, no es la gran cosa. —Necesitaba ayuda con las letras la semana pasada, así que le envié algunas.
Se sienta en su silla. — ¿Sabes su número de teléfono?
De repente me pongo a la defensiva, no gustándome el tono acusatorio en su voz. —Cálmate, Marc. Ni siquiera lo conozco. Todo lo que hice fue enviarle unas pocas letras.
Él se ríe. —No te estoy juzgando, Mar —dice, levantando las manos en defensa—. No me importa lo mucho que amas a Nathaliel, si tienes una oportunidad con eso —sacude su mano en dirección a Luka—, estaría furioso si no tomaras ventaja.
Ruedo los ojos. —Sabes que nunca le haría eso a Nathaliel.
El suspira y se inclina hacia atrás en su silla. —Sí. Lo sé.
Ambos estamos mirando a Luka cuando termina la canción. Agarra su teléfono y escribe algo, entonces coge su guitarra justo cuando mi teléfono vibra y empieza a tocar otra canción.
Marc alcanza mi teléfono, pero lo agarro primero y lo mantengo fuera de su alcance. —Es de él, ¿no? —dice.
Leo el mensaje.
Luka: Cuando tu amiga se aleje, quiero más.
Me estremezco, porque no hay manera de que deje a Marc leer este mensaje. Por un lado, lo insultó. Confundiéndolo con una chica, Además, la segunda parte de su mensaje tendría un significado completamente diferente si él lo leyera. Golpeo borrar y pulso el botón de encendido para bloquear el teléfono en caso de que él lo agarre.
—Estás coqueteando —dice el, bromeando. Toma su plato vacío y se levanta—. Diviértete con tu sexting.
Ugh. No me gusta que piense que le haría eso a Nathaliel. Me preocuparé por explicárselo todo después. Mientras tanto, saco mi cuaderno y encuentro la página con la letra que escribí para la canción que está tocando actualmente. La transfiero a un mensaje, pulso enviar, y me apresuro a entrar.
—Eso estuvo muy bueno —le digo mientras pongo mi plato en el fregadero—. Ese es probablemente mi restaurante italiano favorito en toda Inglaterra. —Camino hacia el sofá y me siento al lado de Marc, tratando de parecer informal sobre el hecho de que cree que estoy engañando a Nathaliel. Es lo más defensivo que consigo, al menos es probable que el me crea cuando intente negarlo.
—Oh, Dios mío, eso me recuerda —dice—. Lo cosa más graciosa pasó hace un par de semanas en este restaurante italiano. Almorzaba con… mi mamá, y estábamos en el patio. Nuestro camarero nos hablaba sobre el postre, cuando de repente, un coche de policía apareció chillando a la vuelta de la esquina, con las sirenas a todo volumen…
Contengo la respiración, asustada de escuchar el resto de su historia.
¿Qué demonios? Nathaliel me dijo que estaba con un compañero de trabajo. Las probabilidades de que ambos estuvieran en el mismo restaurante, sin estar allí juntos, es mucho más que una coincidencia.
¿Pero por qué me mentirían sobre estar juntos?
Mi corazón se está doblando. Creo que me voy a enfermar.
¿Cómo podrían…?
—¿Mar? ¿Estás bien? —Marc me mira con genuina preocupación—. Parece que estuvieras a punto de vomitar.
Me pongo una mano en la boca porque tengo miedo de que pueda estar en lo cierto. No puedo responderle de inmediato. Ni siquiera puedo conseguir la fuerza para mirarlo. Intento quitar la mano, pero puedo sentirla temblar contra mi boca.
¿Por qué estarían juntos y no me lo dirían? Nunca están juntos sin mí. No tendrían ninguna razón para estar juntos a menos que estuvieran planeando algo.
Planeando algo.
Oh.
Espera un segundo.
Presiono mi palma contra mi frente y sacudo la cabeza. Siento que estoy en medio del momento más estúpido en mis casi veintidós años de existencia. Por supuesto que estaban juntos. Por supuesto que están ocultando algo. Mi cumpleaños es el próximo sábado.
No sólo me siento increíblemente estúpida por haber creído que me harían algo así, sino que imperdonablemente culpable.
— ¿Estás bien? —dice Marc con verdadera preocupación.
Asiento. —Sí. —Decido no mencionar el hecho de que sé que estaba con Nathaliel. Me sentiría peor si arruinara su sorpresa—. Creo que la comida italiana sólo me da un poco de náuseas. Ya vuelvo. —Me levanto y camino hacia mi dormitorio, luego me siento en el borde de la cama para recuperar mis pensamientos. Estoy llena de una mezcla de duda y culpa. Duda, porque sé que ninguno de ellos me haría lo que brevemente pensé que habían hecho. Culpa, porque por un breve momento, realmente creí que eran capaces de ello.
