Hola, que tal, por fin tengo de vuelta mi compu así que están tres caps nuevos, los que debía.

Por cierto, saludos, Day,

Luka

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Aún está lloviendo, y sé que acaba de ponerse ropa seca después de bañarse, así que una vez que llegamos al final de las escaleras, saco mi teléfono para mandarle un mensaje.

Yo: Espera aquí, así no te mojas otra vez. Iré a traerlo.

Lee el mensaje y niega con la cabeza, después me mira de vuelta.

—No. Voy contigo.

No puedo evitar apreciar el hecho de que no responde al que sea sordo de la manera en que esperaba que lo hiciera. La mayoría de las personas pasan a sentirse incomodas cuando no están seguras de cómo comunicarse conmigo. La mayoría elevan sus voces y hablan lentamente, como Camille. Creo que piensan que el hablar fuerte, de alguna manera milagrosa, me hará oír otra vez. Sin embargo, no hace nada más que forzarme al reprimir mi risa mientras me hablan como si fuera un idiota. Asumo que las personas no lo hacen para ser irrespetuosas. Es simple ignorancia, y eso está bien. Estoy tan acostumbrado a ello que ya no me doy cuenta.

Sin embargo, si noté la reacción de Marinette… porque no hubo realmente ninguna. Tan pronto como se enteró, simplemente se alzó sobre la encimera y continuó hablándome, aunque pasó de hablar a mandar mensajes de texto. Y ayuda que sea una escritora de mensajes rápida.

Corremos a través del patio hasta que llegamos a la base de las escaleras que conducen a su apartamento. Comienzo a subir y me doy cuenta de que está congelada al final de las escaleras. La mirada en sus ojos es nerviosa, e inmediatamente me siento mal por no darme cuenta de lo difícil que esto debe ser para ella. Sé que está más herida de lo que deja ver. Saber que tu mejor amiga y tu novio te han traicionado debe de ser difícil, y ni siquiera ha pasado un día desde que se enteró. Camino de vuelta hasta la punta de las escaleras y tomo su mano, después le sonrío de modo tranquilizador. Tiro de su mano; toma una respiración profunda y sube conmigo las escaleras. Me da un golpecito en el hombro cuando llegamos a su puerta y me doy la vuelta.

— ¿Puedo esperar aquí? —dice—. No quiero verlos.

Asiento, aliviado de que sus labios sean fáciles de leer.

— ¿Pero vaca bien tu trasero por lo tanto mi pájaro? —dice.

O creo que eso es lo que dijo. Río, sabiendo que es más probable que haya leído mal sus labios. Lo dice otra vez cuando ve la confusión en mi cara, pero aún no la entiendo. Levanto mi teléfono, así me puede mandar un mensaje.

Marinette: ¿Pero cómo les pedirás mi bolso?

Sí. Estaba un poco desconcertado por eso.

Yo: Traeré tu bolso, Marinette. Espera aquí.

Asiente. Escribo un mensaje mientras camino hacia la puerta principal y toco. Pasa un minuto, y nadie viene a la puerta, así que toco otra vez, con más fuerza, pensando que a lo mejor mi primer golpe fue demasiado suave para oírse. El pestillo gira, y la amiga de Marinette aparece en la entrada. Me dedica una mirada curiosa por un segundo, después mira detrás de ella. La puerta se abre ampliamente, y Nathaliel aparece, mirándome sospechosamente. Dice algo que parece como—: ¿Puedo ayudarte? —Levanto el mensaje de texto que dice que estoy aquí por el bolso de Marinette, y baja la mirada y lo lee, después niega con la cabeza.

— ¿Quién demonios eres tú? —dice, aparentemente no gustándole que estoy aquí por una pertenencia de Marinette. La chica desaparece de la entrada, y él abre la puerta aún más, después cruza los brazos sobre su pecho y me mira. Hago señas hacia mi oído y niego con la cabeza, dejándolo saber que no puedo oír lo que está diciendo.

Hace una pausa, después echa su cabeza hacia atrás y ríe, y desaparece de la entrada. Miro a Marinette, que está parada nerviosamente en la parte alta de las escaleras, mirándome. Su cara está pálida, y le doy un guiño, dejándole saber que todo está bien. Nathaliel vuelve, golpea una pieza de papel contra la puerta, y escribe en ella. Levanta el papel para que lo lea.

¿Te la estás follando?

Jesús, que idiota. Le hago señas hacia la pluma y el papel, y me los entrega. Escribo mi respuesta y se lo devuelvo. Mira al papel, y su mandíbula se aprieta. Arruga el papel, lo tira al suelo, y después, antes de que pueda reaccionar, su puño viene hacia a mí.

Acepto el golpe, sabiendo que debí de haber estado preparado para ello. La chica reaparece, y puedo darme cuenta de que está gritando, aunque no tengo ni idea de a quién le grita o qué dice. Tan pronto como retrocedo un paso de la entrada, Marinette aparece enfrente de mí, entrando apresuradamente en el apartamento, y sale apretando su bolso. La chica se para enfrente de ella y coloca su mano en el hombro de Marinette, pero Marinette quita su brazo, hace un puño, y golpea a la chica en la cara.

Nathaliel trata de pararse enfrente de Marinette para evitar que se vaya, así que le doy una palmada en el hombro, cuando se gira, lo golpeo directamente en la nariz y se tambalea hacia atrás. Los ojos de Marinette se amplían, y me mira de vuelta. Tomo su mano y tiro de ella para sacarla de su apartamento, hacia las escaleras.

Afortunadamente, la lluvia finalmente ha parado, así que ambos corremos de vuelta a mi apartamento. Miro detrás de mí unas cuantas veces para asegurarme de que ninguno de ellos nos está siguiendo. Una vez que pasamos por el patio y subimos las escaleras, abro la puerta y me hago a un lado, así puede pasarme corriendo. Cierro la puerta detrás de nosotros y me inclino, agarrando mis rodillas con las manos para recuperar el aliento.

Qué idiota. No estoy seguro de qué le vio Marinette, pero el hecho de que saliera con él me hace cuestionar un poco su juicio.

La miro, esperando verla en lágrimas, pero en vez de eso, se está riendo. Está sentada en el piso, tratando de recuperar el aliento, riéndose histéricamente. No puedo evitar sonreír viendo su reacción. ¿Y el hecho de que golpeó a esa chica justo en la cara sin dudarlo? Tengo que concedérselo, es más fuerte de lo que pensé al principio.

Me mira e inhala una respiración calmada, después articula la palabra "gracias", mientras sostiene su bolso. Se levanta y quita el cabello mojado de su cara, después camina hacia la cocina y abre unos cuantos cajones hasta que encuentra una toalla de cocina y la saca. La moja debajo del grifo, se gira, y me hace señas para que vaya. Cuando la alcanzo, me apoyo contra la encimera mientras toma mi barbilla y mueve mi cara hacia la izquierda. Presiona la toalla en mi labio, y hago una mueca. No me di cuenta de que estaba herido hasta que lo tocó. Quita el trapo y hay sangre, así que lo pone debajo del grifo y de vuelta en mi boca. Me doy cuenta de que su propia mano está roja. La tomo y la inspecciono. Ya se está inflamando.

Le quito el trapo de la mano y limpio el resto de sangre de mi cara, después saco una bolsa de cremallera del armario, voy al congelador y la lleno con hielo. Tomo su mano y presiono el hielo en ella, dejándole saber que necesita dejarla ahí. Me reclino contra la encimera a su lado y saco mi teléfono.

Yo: La golpeaste bien. Tu mano ya está inflamada.

Me manda un mensaje con una mano, manteniendo el hielo encima de la otra mientras la descansa en la encimera.

Marinette: Podría ser porque no era la primera vez que la golpeaba hoy. O también podría estar tan inflamada porque no eres la primera persona que golpea a Nathaliel hoy.

Yo: Vaya. Estoy impresionado. O petrificado. ¿Son tres golpes tu promedio al día?

Marinette: Tres golpes es ahora mi promedio de vida.

Me río.

Se encoje de hombros y baja su teléfono, después quita el hielo de su mano y lo pone en mi boca. —Tu labio se está hinchando —dice.

Mis manos aprietan la encimera detrás de mí. Me pone cada vez más incómodo ver lo cómoda que está con todo esto. Pensamientos de Chloe aparecen en mi cabeza, y no puedo evitar preguntarme si estaría bien con este escenario si entrara por la puerta principal en este momento.

Necesito una distracción.

Yo: ¿Quieres un pastel de cumpleaños?

Sonríe y asiente.

Yo: Probablemente no debería conducir, ya que me has convertido en un alcohólico furioso esta noche, pero si tienes ganas de caminar, Park´s Dinner hace un muy buen postre, y está a menos de un kilómetro y medio de aquí. Es bastante seguro que la lluvia se acabó.

—Deja que me cambio —dice, haciendo señas hacia su ropa. Saca ropa de sus maletas, después se dirige al baño. Pongo el tapón en la botella de Pine-Sol y la escondo de nuevo debajo del gabinete.