América, ¿realmente un paraíso? (Otro día en el paraíso) – Antología Musical 06

Antología participante en el Reto de Cuarentena del grupo FF: DSTLO.

Los personajes de Resident Evil que aquí aparecen pertenecen a Capcom, solo la idea original de la historia me pertenece

El paraíso, al menos así le llamaban algunos, para un joven Albert Wesker aquello no era más que mierda maquillada con palabras bonitas y esperanzadoras. Pero él sabía de antemano que no era así, había que tenido que sobrevivir desde muy joven mostrando que era superior a los demás niños, a sus 17 años se había unido al centro de formación de Umbrella, y hubiera sido el admitido más joven de ese año, de no ser por el ingreso del Prodigio William Birkin.

Ambos habían sido competitivos el uno con el otro, sin embargo, podría decirse que era el único al que Albert podía considerar algo así como un amigo.

Y de eso ya había pasado mucho tiempo, ahora con 32 años y recién transferido de la oficina de inteligencia de Umbrella al Ejercito de los EEUU como Oficial químico, todo aquello le parecía tan lejano. Y había sido trabajando para Umbrella que pudo percibir realmente lo basura que podían llegar a ser las personas, y principalmente las que tenían dinero. Y Había aprendido a tomar ventaja de ello, su fría inteligencia lo había ayudado a tomar ventaja de muchas situaciones que se le habían presentado, de las cuales había resultado vencedor, una de ellas, asesinar a su maestro y mentor James Marcus por orden de Spencer.

Así que ese Paraíso llamado América que poco a poco comenzaba a ser controlado por Umbrella, no era más que un slogan maquillado debajo de la sombra de corrupción y porquerías del paraguas blanco y rojo del gigante farmacéutico. Aun en el ejército.

Su vida al "servicio" de su país era por demás aburrida, como oficial químico no tenía mucho que hacer más que procesar muestras de los montones de refugiados políticos que llegaban de Europa del este, los cuales escapaban de las revoluciones que se llevaban a cabo en el bloque del este de la unión soviética.

Abandono su laboratorio a la hora acostumbrada, fumaba un cigarrillo mientras caminaba su acostumbrada ruta a su apartamento, a un par de calles de la base militar. Una joven de poco más de 25 años se cruzó en su camino, inmediatamente podía notar que ella no era de esos lugares, ni siquiera de ese país, vestía como muchos de los refugiados que día a día llegaban en los barcos a los puertos de la marina.

Las mejillas cubiertas de polvo, y su cabello castaño rojizo enmarañado y con apariencia sucia no opacaban sus hermosos ojos verdes, que lo miraban con algo de temor, no le sido importancia y siguió su camino, pasando al lado de la joven.

— Señor, ¿me podría ayudar? — lo llamo temerosa — hace frio, y no tengo donde dormir, los refugios están llenos y no tengo a donde más ir; hay algún lugar más que pueda indicarme?

Albert ni quiera le dirigió la mirada al proseguir con su camino, siguió avanzando a grandes zancadas, con las manos en los bolsillos.

"Bienvenida al paraíso que es América, dulce doncella"

Cada día sucedía lo mismo, aquella chica se cruzaba en su camino y preguntaba por lo mismo, cada podía notar como sus prendas estaban más sucias y roídas, muchas veces la había visto en el comedor comunitario de la base, alejada de los demás refugiados. Una presa tan fácil y susceptible.

Una presa tan frágil y sencilla de atraer, dejo de ignorarla, comenzó a responderle, la acompañaba a algún refugio, o le daba algo de comida. Y ella siempre respondía con una sonrisa en sus labios y lágrimas en sus verdes ojos.

Su actitud hacia ella se inclinó más hacia la seducción, un gran distractor de su aburrido trabajo que le hacia las noches más interesantes, podía verlo en la respuesta de la joven, estaba cayendo y se sentía atraída hacia él. Como estaba claro que ella no encajaba ahí, para ella Albert vivía día a día en un paraíso.

Día a día su juego de seducción se intensificaba, Viktoria Muller estaba enredada en sus hilos de palabras dulces y galantes, atraída completamente por el rubio científico. La había llevado a su apartamento y le había proporcionado un lugar donde asearse, sin aquella capa de suciedad encima era más atractiva, eso debía de admitirlo, una joven digna de sus exigencias para pasar un buen rato y salir de su estrés diario.

Le había hecho creer que estaba en el paraíso en el que ella creía que él vivía poco a poco, mientras sus manos recorrían cada rincón de la inexperta piel de la joven refugiada, Viktoria jamás podría sacar de sus recuerdos el momento en el que el joven científico la había llenado completamente, no, Wesker jamás le permitiría que pudiera olvidar algo así.

Varias veces dejo que la joven de Edonia compartiera con él sus días en "el paraíso", y así siguió hasta que la joven se marchó en un barco militar acompañada de más refugiados rumbo a su tierra natal, los conflictos habían cesado, y ellos no tenían más razón para estar en territorio americano, en la mierda que ellos consideraban "paraíso"

Viktoria Muller se marchó sin que a Albert le importara en lo más mínimo su partida, se alejó por las aguas del atlántico norte sin saber que, dentro de ella, la semilla del joven científico de Umbrella pronto daría fruto, sin que este último siquiera pudiera sospecharlo, o siquiera fuera a mostrar algún interés, después de todo, para Albert aquello no había sido más que otro día en el Paraíso, el cual le había mostrado a una ingenua refugiada.