El universo y los personajes de Boku no Hero Academia son propiedad de Kohei Horikoshi, a mi solo me gusta jugar con ellos.

Este fic participa en la #DabiHawksWeek2020

La base del tercer día es "algo sobre tu pieza favorita creada por otra persona (fan art, fanfic, headcanon)" y, chale banda, solo pude pensar en soulmate, soulmate, soulmate luego de leer un hilo de scipiada en twitter. Así que esto es basado en su AU de soulmate y Dabi tatuador.

AU sin quirks, basado en las soulmate.

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3. Oxford

—Tu color no fue siempre el azul —afirmó, contemplando sus facciones contra la luz.

—El rojo era llamativo y ardiente —confesó con una sonrisa bailando en su labios—. Un interesante contraste, si me permites señalar. —Guardó silencio un par de minutos, meditando sus palabras—. Hay cierto misticismo en la fuerza de ese color —explicó.

—Y de repente, te volviste azul.

Nos volvimos azules —corrigió—. Tu apagado gris revivió arrastrándome contigo.

—Y así terminamos, bañados con el cielo y el reflejo del mar, creando una nueva gama sin precedentes. —Su pareja se perdió un instante en su mirada, observando el mundo tras un lente ahora desconocido y vibrante.


El mundo está interconectado. El destino rige las familias y uniones. Existen tantas formas de conocer a esa persona con la cual se va a compartir el resto de la vida…

—Jover Takami —El profesor dejó de leer el libro de texto y se enfocó en su estudiante, que parecía perdido en sus pensamientos—, agradecería que mantuviera su atención al frente y no en la ventana. —Un suave murmullo de risas resonó en el aula.

—Venga, profesora, si Keigo es quien mejor conoce del tema.

—Existen distintos tipos de marcadores; contadores, tatuajes, frases, e incluso la capacidad de distinguir los colores. Estos pueden presentarse desde el nacimiento, desarrollarse en la adolescencia y en ocasiones, al tacto con la otra persona destinada. —La explicación fue concisa y desmotivada, estaba acostumbrado a repetir el mismo discurso desde que tiene memoria.

—A la próxima, sugiero que se quede con nosotros —advirtió el profesor, girándose y siguiendo con su cátedra. Keigo devolvió la mirada al cielo despejado, comenzó a rascarse el dorso de la mano sin darse cuenta hasta que sintió un ardor recorrer su cuerpo—. ¡Joven Takami!


Despertó tres días después en el hospital, con la mayor parte de su cuerpo vendado. Su piel ardía y diferentes colores adornaban su piel, según los doctores, tiene quemaduras de primero, segundo y tercer grado.

Según su profesor y compañeros, empezó a gritar desesperado antes de desmayarse. Terminó por acomodarse otra vez en la cama, cuidando sus heridas. No era la primera jodida vez que terminaba internado con heridas.

—Malditas almas gemelas. Maldita marca —gruñó molesto, observando con odio la llama azul plasmado en su muñeca derecha.

Es un caso especial, aseguraron cuando nació; ya tenía su propia marca. Durante un tiempo también manifestó el cronómetro que se detuvo antes de ser incinerado. Dejó una fea cicatriz. Además presentó el dolor, un nuevo lazo. O eso decían los doctores que seguían sin explicación para sus heridas sin provocación.

Recuerda haber sentido la piel ardiente cuando tenía cuatro años. Lloró mucho en aquel entonces, teniendo a su padre en la cárcel y con su madre mendigando mientras él creía que era quemado vivo.

Definitivamente fue caótico.

El punto cúspide fue su adolescencia. Luego de esa ocasión donde tuvo que ser acreedor a injertos de piel debido al daño, ya no existieron eventos tan dolorosos. Sí, a veces sentía pinchazos en los antebrazos, las piernas o abdomen, pero en comparación, eran apenas molestias.

Keigo creció con la idea de que su alma gemela era una idiota suicida o era un amante de lo extremo o un estúpido intento de héroe que no sabe medir el riesgos o las consecuencias de sus acciones.

Independientemente de cual sea la respuesta, él no desea conocerlo. Al contrario, le ha guardado resentimiento por ensombrecer su cuerpo con cicatrices. Así que cuando se levantó la normativa que impedía removerse las marcas, ahorró hasta el cansancio para poder pagarse una. Se quitaría la estúpida llama azul para cortar un vínculo del cual desea deslindarse.

Para su cumpleaños número veintiuno se regaló su preciada libertad. No existían garantías de que el lazo físico fuera cortado, pero valía la pena intentarlo, así que acompañado de Rumi, su mejor amiga y confidente, se armó de valor para ingresar al local.

—¿Estás seguro, Kei? Ya no habrá vuelta atrás.

—Tengo que quitar esta maldición de una vez —afirmó, sujetando con fuerza la mano que ocultaba la marca—. Investigue y es un buen lugar, el procedimiento no es tan doloroso y… —respiró profundamente antes de agregar—. Dudo que sea peor que ser quemado vivo. —Rumi apretó los labios antes de sonreír e infundirle confianza.

—En ese caso, ¡manos a la obra! —Ingresaron al local. Cuando piensan en tiendas de tatuajes siempre imaginó un cuarto oscuro, sucio y con carente iluminación, este lugar era completamente lo opuesto; las cortinas negras proporcionaban mayor intimidad, las paredes si eran oscuras con diversos cuadros colgados pero el olor a alcohol y desinfectante golpeó sus fosas nasales.

—Bienvenidos —se sorprendieron al ver a una chica un par de años más joven que ellos tras el mostrador—. ¿En qué puedo ayudarles? —La chica era menuda, pequeña y rubia, daba un aspecto infantil que desentonaba con el entorno. Keigo se aclaró la garganta un par de segundos antes de hablar.

—Quiero quitarme un tatuaje —explicó, ganándose un asentimiento por parte de la recepcionista.

—Bien, Dabi podría ayudarte con eso. Es el experto en el tema —aclaró, levantándose de su lugar para luego desaparecer tras una cortina negra y volver en un parpadeo.

—Eh —Keigo se quedó incómodo—. No es cualquier tatuaje —añadió, rascando la marca con nerviosismo—. Es mi soulmate.

—Oh. —La rubia se quedó inmóvil, asimilando la información—. Por cierto, mi nombre es Himiko Toga, llámame Toga, por favor —pidió. Caminó por el lugar, buscando las herramientas necesarias—. Los soulmate son un poco más dolorosos que el promedio —explicó sin detenerse—, ¿es de nacimiento? —Ante el asentimiento, sonrió con tristeza—. Vaya, te deseo suerte. Debe de haber una gran razón para hacerlo, ¿tu destinado es un idiota? —Indagó con naturalidad. Ambos clientes se sintieron incómodos por la intromisión en la intimidad del muchacho.

—En realidad no lo conozco y tampoco deseo hacerlo. Yo solo… —meditó sus palabras—, quiero ser libre y sé que esta marca me ata a un completo desconocido.

—Un ave libre —apuntó con suspicacia—. Bien, Dabi no tarda, toma asiento mientras esperas —señaló un par de sillones—. Te haré un par de preguntas de rutina para continuar, ¿de acuerdo?

—¿Estás seguro? —Levantó la mirada para encontrar a una Rumi preocupada—. Desde que ingresamos estás inquieto. —Asintió para convencerla de que está bien, pero al único que intentaba calmar era así mismo. Genuinamente quería quitarlo pero también era consciente de que perdería una parte de sí mismo. Contestó sin titubear y contempló a la chica desaparecer otra vez tras las cortinas.

—¿Keigo Takami? —Se estremeció cuando escuchó su nombre de boca de un desconocido. Lo vio aparecer con una tableta y una bata, sintió un cosquilleo recorrer su cuerpo y el aire escapar de sus pulmones. El codazo de Rumi lo sacó de su ensoñación.

—Soy yo —avisó, levantando la mano. El hombre se acercó a él, permitiendo de que detallara más sus rasgos; los brazos estaban casi completamente cubiertos por tatuajes, que también viajaban por su clavículas. Tenía perforaciones en las orejas, ceja y nariz y el cabello oscuro como noche, que contrastaba con su mirada turquesa.

—Bien, señor Takami, mi nombre es Touya Todoroki, me puedes llamar Dabi y seré quien te realice la eliminación del tatuaje, ¿bien? —Ante el asentimiento, agregó—. ¿Hace cuánto te hiciste el tatuaje?

—Es de nacimiento. —Dabi se quedó quieto, asimilando la información—. Sí —se adelantó a la pregunta—, es un soulmate —confesó.

—¿Eres alérgico a algún medicamento? —Negó—. ¿Problemas de salud? —Volvió a negar—. El tratamiento es un tanto doloroso, más al ser de este tipo, es probable que lleve un par de sesiones ya que no desaparece mágicamente, es un proceso largo. —Asintió—. ¿Quieres que use anestesia? Minimiza el dolor —aconsejó, mientras acomodaba su área de trabajo.

—No —Fue tajante, sorprendiendo a los presentes—. Al menos quiero que sufra esto —añadió para sí, ganándose la desaprobación de su amiga.

—Acompáñame —pidió, señalado una camilla—. Me muestras el tatuaje —Keigo movió la mano, dejando ver las llamas azules que bordeaban su muñeca. Sintió tensarse al tatuador—. ¿Y no conoces a la otra parte?

—Ni me interesa conocerla. No quiero estar atado a un desconocido, al menos deseo esta libertad. —Dabi asintió en acuerdo.

—Será doloroso —murmuró, al tiempo que le pedía inclinarse en la camilla, tomó su muñeca y dibujó con sus dedos la figura. Presionó suavemente sobre la piel pintada, dejando escapar una sonrisa llena de tristeza. El proceso inició y a diferencia de lo presagiado, no sintió nada, sin embargo, notó que la mano del tatuador tembló durante varios segundos al inicio.

Pasó cerca de media hora cuando Dabi le anunció que terminó. Observó el resultado, todavía quedaban secuelas del antiguo dibujo pero eran detalles menores. Por su parte, Dabi estaba sudando con expresiones de dolor.

—¿Estás bien? —Preguntó visiblemente preocupado.

—No hay problema —aseguró, aunque sonó agotado—. Ven dentro de dos semanas, tendrás tiempo de sanar y podré quitar los restos —solicitó mientras se apoyaba en la silla tras de él, segundos después se desvaneció.

—¡Dabi! —Toga corrió para auxiliarlo cuando encontró un hilo de sangre escapar de sus guantes, se apresuró a retirarlos, dejando ver la silueta de unas alas al rojo vivo. Keigo observó su brazo, notando que la herida tenía una secuencia similar a su propia marca...—. ¡Idiota, despierta! ¡No puedes asustarme de esta forma, Tomura te matará! —Amenazó la chica, desesperada porque su compañero seguía inconsciente.

—Rumi. —El rubio caminó lentamente hacía atrás, cayendo en la realización de sus actos. Encontró los ojos carmesí de su mejor amiga, igual de asustada que él. Luego, un profundo azul inyectado de rojo le dio la bienvenida, jamás pensó encontrar a su destinado cuando decidió cortar su lazo.

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¡Azul! Ese es el tema base de mi week (necesito algo de que guiarme). Espero hacer días suaves y bonitos, pero sé no siempre será así porque el día siete promete lágrimas, so...

¡Ojalá continúen leyendo este barco! Lo amo, si se animan a participar en la week, por favor, mencionenme para ver sus preciosos trabajos.