El universo y los personajes de Boku no Hero Academia son propiedad de Kohei Horikoshi, a mi solo me gusta jugar con ellos.

Este fic participa en la #DabiHawksWeek2020

La base del cuarto día es "algo basado en tu canción favorita" y, chale banda, iba a ser un fic super angst y terminó siendo una mierda bonita. Este día es basado en un AU que comparto el It's Kabisabi.

Au de tritones y piratas. Basado en la canción de "Irresistible" de One Direction. Esto es lo más rosa, fluff y soft que me verán escribir nunca.

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Prusia

—¿Recuerdas la primera vez que nos conocimos?

—Lo primero que vi fueron tus ojos —confesó, jugueteando con el anillo en su collar—. Su color tan intenso transmitió tu voluntad, cegándome un momento.

—Sí, recuerdo que te caíste —se burló con una sonrisa suave.

—¡Eso fue porque me metieron el pie! —Se defendió dejando un puchero en sus labios.

—Caíste a mis pies —bromeó.

—Me seguiste diciendo que era un ángel —replicó, tratando de disminuir el rojo de sus mejillas.

—No veo la mentira o el insulto —señaló, envolviéndolo en sus brazos—. Fuiste un ángel que cayó del cielo, no podrás sacarme de esa teoría. —Le dio un suave beso en la coronilla—. Ya tenías incorporado el azul del cielo.

—Y tú el blanco de las nubes.


—Habrá tormenta. —Fue la advertencia que recibió de su capitán—. Hoy no zarparemos —arqueó ambas cejas, intrigado.

—¿Un par de nubes parece una excusa creíble? —Replicó con sorna. Habían navegado por los mares más tempestuosos, maniobrado en arrecifes y ahora se echaba atrás por, ¿el mal clima?—. Esperamos meses este cargamento.

—Nadie sale hoy, Dabi —insistió antes de darse la espalda—. Que te quieras ahogar en el mar durante la víspera de tu cumpleaños, es tu problema, no quiero morir por una estupidez.

Ja, una estupidez, dice.

Piensa que debió de hacer caso a las palabras de Shigaraki. Aún así, tomó uno de los botes y emprendió su travesía. No le gustaba estar en tierra durante ese día, más cuando coincidía con la hora de su nacimiento; la tierra, el fuego, lo aclamaba desesperado buscando que la deuda de sangre fuera saldada.

Maldijo a su padre otra vez.

Aprovechó los últimos rayos del sol para aventurarse, antes de que la tripulación lo descubriera, aunque estaba seguro de que la mayoría ya sabría que escapó.

La oscuridad de la noche parecía querer devorarlo, perdió su única compañía cuando las nubes cubriendo la luz de la luna. Encendió la linterna antes de reclinarse y observar como las estrellas desaparecen.

—Es un buen lugar para morir —concuerda, cerrando los ojos al tiempo que las olas golpean con más fuerza su bote. Solo falta que una flecha de fuego golpee su barco para tener una muerte vikinga.

Pero es su linterna la que se rompe, dejando escapar el petróleo que se filtra por el pequeño espacio. Una chispa y todo empieza a arder lentamente. Dabi desea preocuparse pero la primera gota de agua cae del cielo, seguida de la nítida imagen de un rayo cruzando el cielo y el trueno reventando sus oídos.

Adiós muerte calmada y tranquila.

Es demasiado tarde cuando intenta reaccionar, la mitad del bote se está incendiando y la otra mitad está llena de agua por la tormenta que tomó fuerza en segundos. Levantó el rostro al cielo, preguntándose qué clase de castigo divino de mierda era esto.

—Al menos nadie verá lo miserable que fui durante mis últimas horas… ni el patético final que tuve —concedió, dejándose caer y esperando un final inminente. Las olas golpean con mayor fuerza el bote, que no tarda en ser derribado y duda sobrevivir con las devastadoras olas.

Y el bote termina de lado, él sé golpeado en la cabeza y la oscuridad le da la bienvenida; lo último que recuerda es un cálido rojo y sus pulmones llenos de agua.


—Debí dejar que se ahogara. Los humanos solo causan problemas, la última vez perdí mi cola por… —La voz se volvía más nítida con cada palabra. Sintió la imperante necesidad de toser, se giró, escupiendo aparatosamente el agua albergada en su interior. Abrió los ojos, encontrándose con un dorado similar al sol—. Mierda.

—¡Espera! —Trató de detenerlo, pero cuando su mano intentó alcanzarlo, ya se encontraba perdido en el océano. Logró sentarse, abrazó su costado, sintiendo un potente tirón, observó un rústico vendaje debajo de su camisa. Lo último que supo del desconocido que le salvó la vida, era una peculiar cola del color del fuego, y se preguntó si el agua alcanzó su cerebro.

Se quedó recostado en la arena, permitiendo que el sol quemara su piel, sentía la boca seca y hambre, pero no tenía voluntad para ponerse de pie.

—Eres un idiota —reconoció la voz molesta de Himiko—. Que sea la última vez que te pierdes y despiertas inconsciente en la playa, la próxima, dejaré que Tomura te asesine mientras duermes —advirtió, pateando la arena a su alrededor en una rabieta infantil—. Pensé que esta vez no lo lograrías —confesó, después de arrojarse a su cuello y abrazarlo con desesperación—. Eres un idiota —insistió, tratando de controlar las lágrimas que bordeaba su rostro. Dabi la envolvió en sus brazos, tarareando una canción para consolarla.

—¡Aquí está, jefe! —Escuchó la voz de Jin acercándose. Abrió los ojos, siendo cegado por el sol antes de enfocar la figura de su capitán.

—Buenos días, capitán —saludó con sarcasmo y una sonrisa cínica.

—Un día seré yo quien termine de ahogarte —advirtió antes de darse media vuelta—. Twice, ayúdale a levantarse, no sabemos qué tanta agua tragó ni cuanta se le fue al cerebro. —Luego de que Toga se despegó de él mientras lo seguía maldiciendo, descubrió pequeños puntos rojos por sus piernas, los tomó con cuidado, descubriendo que eran escamas escarlatas con toques negros.

—No fue una alucinación —murmuró para sí, guardando la evidencia antes de que sus compañeros la viera.

Los siguientes días se la pasaba en popa, observando la infinidad del mar. En ocasiones creía ver destellos rojizos o rizos dorados, aunque después se convencía de que eran sus ojos obsesionados con el tritón.

Porque sí, investigó; ahora sabe que hay criaturas mitad humanas y con cola de pescado. Seres hermosos, míticos y dotados con habilidades y dones extraordinarios que jamás podría imaginar.

Y cree… no, sabe que fue salvado por uno de ellos.

Lo ha dibujado. Es de las pocas veces que toma voluntariamente un carboncillo y un papel desde que dejó el castillo. Se esmera en replicar la suavidad en sus rasgos, la esponjosidad de su cabello y la majestuosidad de su cola. Odia el rojo y aun así buscó con que tintar sus bocetos para hacerle justicia.

Nunca lo logra, pero lo sigue intentando.

Y decide intentarlo otra vez.

Toma un bote, huye en medio de la noche y…

—Dejaré que te ahogues esta vez —escucha una advertencia que lo estremece completamente. Teme girarse y encontrar la oscuridad—. Tú no aprecias mucha la vida, ¿verdad? —Cuestionó entre enfadado y curioso.

—Viniste. —Está sorprendido. No pensó que funcionaría y tampoco sabe qué decir—. Gracias por salvarme —escupe a duras penas.

—Sí, sí, aunque no veo que sirviera de algo si insiste en navegar de noche, solo y cuando se avecina una tormenta.

—¿Por qué lo hiciste? —Cuestionó con curiosidad. Necesita seguir escuchando su voz. No son delirios.

—¿Por qué el cielo es azul? —Devuelve, con molestia—. No sé, sucedió.

Nota el agua inquieta a su alrededor y decide dejar de presionar.

—Pensé que era un sueño —contó, acomodándose en el bote. Aún no siente la confianza para enfrentarlo—. Y creía que…

—¿Yendo directo a tu muerte me verías de nuevo o qué? —Su voz parecía una campanilla, suave y melodiosa, aun cuando lo está regañando.

—Algo así —confesó con una sonrisa—. Quería mostrarte algo —buscó en su bolso la linterna, encendiéndola y asegurándose que ahora no incendiara el bote. Saca de su bolso el cuaderno que guarda celosamente. Lo ofreció, quedando de espaldas y apuntando la luz al dibujo en las hojas—. No sé si logré hacerte justicia porque te recuerdo borroso, pero… —Suspiró.

Se suponía que era un maldito pirata despiadado que no duda en asesinar, saquear y hurtar, sin embargo, ahí está, en medio de la nada, mostrando su mayor secreto a un tritón.

Es un jodido chiste.

O eso creyó hasta que escuchó un jadeo y hojas siendo pasadas rápidamente. Era inevitable encogerse ante la expectativa.

—¿Tu lo hiciste? —Preguntó con incredulidad. Asintió—. Son… —No encontró palabras para describirlos—, ¿puedes darte la vuelta? —Pidió. El pirata se quedó congelado. Quería hacerlo. Necesitaba hacerlo. Memorizar ese precioso rostro e inmortalizarlo en papel y grafito, pero… El aire escapó de sus pulmones; el tritón estaba apoyado en la orilla del bote, con los brazos dentro del mismo para evitar que los dibujos se mojen; su cabello brillaba por el agua al igual que su piel resplandecía con la luz del fuego.

Jamás podría hacerle justicia a través de sus trazos.

—Eres hermoso —parpadeó atónito ante la afirmación que escapó de sus labios, un sonrojo invadió las pálidas mejillas del tritón.

—Soy Hawks —se presentó, evadiendo el cumplido.

—Dabi —devolvió el otro, embelesado por la criatura mítica frente a él.

—Tus dibujos son… —Levantó su mirada, encontrándose con un azul turquesa que ardió en reconocimiento. Soltó las hojas como si quemaran y retrocedió por instinto—. Tu… tu no deberías de estar vivo —Su voz cambió, siendo teñida por miedo y desesperación—. Me traicionaste —repitió, reclamando a un par de ojos como si se tratara de la persona que lo daño.

—¿A qué te refieres? —Preguntó confundido.

—El fuego sigue clamando tu vida y no descansará hasta que mueras —juró, antes de sumergirse en el mar y desaparecer. Dabi no entendía una mierda de lo que sucedió. Se quedó ahí, a la deriva, sin saber de que era acusado y maldecido. Soltó un suspiro antes de aceptar que perdió su oportunidad.

—Aunque este lejos de ti, me sigues jodiendo la vida, ¿verdad, viejo?


—Podríamos ganar más dinero vendiendo tus pinturas que atracando barcos —comentó Toga el día que ingresó a su habitación para sacarlo a patadas a que comiera algo y tuviera aire fresco—. Al menos podrías decirme a quién pintas.

—No me creerías —contestó sin despegar la mirada del lienzo.

—Oh, es ese bonito tritón, ¿no? —Se detuvo en seco—. Tomura lo ha visto rondar el barco desde hace días, pensé que lo sabías —agregó con voz cantarina, atrayendo la atención del mayor.

—¿Qué?

—Tendrás que preguntarle a él —evadió con risa, antes de escapar de la habitación. No lo pensó dos veces antes de seguirla, encontrándose con toda la tripulación esperándolo.

Era una trampa. Tendría una intervención como si de un adicto se tratara. Ni siquiera tuvo tiempo de girarse cuando la puerta de su camarote fue cerrada de golpe.

—Tenemos que hablar contigo, Dabi.

—Tienes una obsesión. —El tajante señalamiento lo incomodó—. Ha pasado un mes desde que estás encerrado dibujando, sigues vivo porque Jin y Toga no te permiten morir de inanición.

—Estamos preocupados —exteriorizó la menor. Tomura extendió una pintura; solo se veían los brazos y el rostro de una persona apoyada en un bote, de fondo, el infinito mar en la oscuridad.

—¿Quién es él? —Se encogió de hombros. En realidad no tenía ni la menor idea de su identidad—. ¿Es quién te salvó hace meses de morir ahogado? —Torció la boca, asintiendo—. Deliras, Dabi. Desde entonces alucinas con un ser que no existe…

—Oigan, la tortura psicológica no estaba en el trato —abrió los ojos con sorpresa, reconociendo esa voz.

—¿Hawks? —Era imposible, sencillamente sus compañeros tenían razón y…

—No eres el sol —confirmó con más calidez en su voz—, yo, por un momento… te confundí —confesó. Podía escucharlo, pero no lograba determinar su origen—. Tienes sus ojos, el mismo tono, la misma vibra… pero eres diferente. Tus dibujos solo se vuelven más hermosos —elogió y fue en ese momento que lo descubrió en su derecha, con la mitad de su cuerpo sobre el barco. Era la primera vez que tenía el placer de admirarlo a la luz del día.

—Tú…

—Te esperé —reclamó, haciendo un mohín con sus labios y cruzando los brazos—. Tardaste tanto que…

—Terminó merodeando el barco y siendo casi asesinado —concluyó Tomura, dándole una mirada retadora—. Jin lo reconoció por los dibujos.

Dabi seguía incrédulo, creyendo que era una broma de mal gusto. Tocó las tres escamas que guardaba en el bolsillo, si ellas estaban ahí, significa que realmente Hawks…

Detalló su cara, sus ojos de sol y la calidez en su expresión. Existía un deje irresistible en él; con cautela se acercó con pasos lentos pero seguros, bajó hasta su altura y con miedo extendió la mano para acariciarle el rostro. El tritón restregó su mejilla, disfrutando del toque. Movió su pulgar por la pómulo, dibujando la nariz y finalizando con sus labios; eran tan suaves y apetecibles como se veían. Respiró profundamente su olor salado antes de atreverse a acercar su rostro buscando un roce casual pero firme, que desarme o compruebe sus teorías.

El beso fue fugaz, delicado y salado.

Dabi descubrió su nuevo sabor favorito.

Y Hawks su nuevo humano favorito.

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¡Azul! Ese es el tema base de mi week (necesito algo de que guiarme). Espero hacer días suaves y bonitos, pero sé no siempre será así porque el día siete promete lágrimas, so...

¡Ojalá continúen leyendo este barco! Lo amo, si se animan a participar en la week, por favor, mencionenme para ver sus preciosos trabajos.