Disclaimer: H.P. no me pertenece. Le pertenece a J.K Rowling
Grullas de papel
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Si llegarás a construir 1000 grullas de papel, tu deseo se hará realidad.
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Malfoy era el típico chico que hacía pajaritas de papel. A veces, las dejaba dejar con un deseo burlón a Potter. A veces, decía cosas simples con buenos deseos a las chicas. Otras veces las usaba solo para distraerse y verlas volar.
Libres, como él nunca lo sería.
Así que cuando lo escuchó, cuando escuchó que mil grullas de papel podrían cumplir sus deseos, no dudó en hacerlas.
Era aburrido, tedioso y ahora todos murmuraban acerca del deseo que al parecer tenía, pero Draco no dudó. Continuó perseverante, doblando una hoja tras otra.
Su baúl estaba lleno, su cama estaba llena, así que las había vuelto pequeñas.
Las dobló en la escuela, deseando que él no regresara.
Las dobló en casa, deseando que él se marchara.
Las dobló una y otra y otra vez deseando que sus amigos, su padrino, sus padres y él salieran bien de la guerra.
Y ahora, aquí estaba, la número mil.
Pero era muy tarde para los deseos anteriores.
Con el corazón adolorido, Draco la tomó entre sus manos.
Era la número mil.
Era tonto, estúpido, aún así tomó las mil grullas y salió a los campos de quidditch.
En el camino vio a Potter y sus amigos riendo. Él iba de la mano de Ginevra.
Con los ojos húmedos, bajó la mirada y miró a su última grulla.
Ya no podía desear ser amado por él.
Quiso arrugarla, enojarse, en cambio siguió su camino, ignorante de la mirada sobre él. Salió y subió a las gradas más altas. Entonces las devolvió a su tamaño original, y las hechizó a todas para volar. Las grullas volaron al cielo, directo al atardecer, cruzando sobre la cabeza del rubio. Dando vueltas juguetonas antes de flotar sobre todos. A medida que elevaban su vuelo, Draco supo su último deseo.
Deseo encontrar a alguien a quien no solo yo ame, sino que me ame de regreso.
Y entonces la soltó.
Pero ella no se alejó, voló y se posó sobre su cabeza. Movió lentamente sus pequeñas alas y luego revoloteó junto al rubio, antes de alejarse. Draco la miró ir con una leve sonrisa, recordando todo lo que había trabajado para llegar a ella.
-Eso fue hermoso.
Ante la repentina voz, Draco dio la vuelta y notó a una chica de ojos azules y cabellos rubios sonreír hacia él.
-Luna, ¿estabas aquí desde el principio?
Ella asintió y miró las aves.
-Mil grullas de papel. Hay que tener perseverancia y un deseo del corazón, hermoso, y profundo para lograrlas. Estoy segura que ese deseo se cumplirá.
Mirando al cielo también, viendo a las acompañantes de los últimos años alejarse, Draco asintió y sonrió por primera vez en años.
Puede que nunca se cumpliera, pensó Draco, pero por primera vez no las envidió.
Estaba dejando ir esos deseos imposibles, esos sentimientos guardados...
Puede que fuera porque, por primera vez, se sentía libre.
-Eso espero. Debo regresar a clases, hasta luego-respondió con una gran sonrisa a Luna, antes de marcharse con pequeños saltitos de las gradas. Para sorpresa de la ravenclaw, Harry llegó corriendo de la dirección contraria cuando Malfoy desapareció de su vista.
-Esas eran grullas, ¿no es cierto? ¿vinieron de aquí? ¿quién las hizo?-preguntó él, totalmente agitado.
-Si, eran mil. Y se elevaron desde aquí. Fue hermoso, la última grulla rodeó a su dueño con cariño antes de irse. Probablemente estaba cumpliendo su deseo.
-Mil grullas…-repitió Harry.
La historia de un deseo imposible. Las mil grullas de papel.
-Y respecto a quién las hizo-continuó ella mirando hacia donde el rubio se había ido-qué importa. Estoy segura de que su deseo se cumplirá, si no se ha cumplido. Puede que las grullas supieran cual era el verdadero deseo de su corazón.
Y Luna, recordando al Malfoy en las mazmorras, intentando ayudarlos, sabía cual era.
Quería tomar sus propias decisiones, dejar de fingir lo que no era, dejar de perder al compararse.
Quería ser libre.
Y lo sería.
Después de todo en unos días se graduarían y Draco dejaría Hogwarts para ir a vivir a Francia con sus padres. Dejaría atrás las malas miradas de los alumnos. De las personas de Londres. Sus padres, no exigirían tanto de él de nuevo sabiendo lo mucho que lo habían lastimado. Sus verdaderos amigos se mantendrían en contacto y haría nuevos. Exploraría el mundo y podría dar su propia opinión de él.
Dejaría de ver a Harry.
Olvidaría, sanaría, encontraría a alguien más a quién amar.
Y él no regresaría, él se había ido para siempre.
Entonces, todo empezaría, poco a poco, a mejorar.
Luna, observando el atardecer, supo que Draco encontraría nuevamente al chico que había sido una vez, antes que el dolor, el miedo, la obligación y el desamor poseyeran su alma.
Liberando su grulla número mil, deseó que así fuera.
Deseo que Draco sea feliz.
