Disclaimer: Boku no Hero Academia y todos sus personajes pertenecen a Kohei Horikoshi.
Sonrojo delator
Todo el mundo sabía que Midoriya y Todoroki se gustaban. Era tan obvio que, hasta cierto punto, también era exasperante; sin embargo, tenían un pacto silencioso y sagrado de no entrometerse en su relación porque era importante para ambos, y, quizás, porque les divertía un poco verlos tan ridículamente conflictuados.
A su vez, los dos involucrados tenían sus propios problemas.
Shouto no podía evitar hallarse en plena disputa consigo mismo cada vez que veía a Midoriya porque era demasiado adorable. Su cabello suave y con una fragancia fresca que, en más de una ocasión, tuvo que hacer un esfuerzo consciente para no embriagarse en su aroma —o al menos no con tanta obviedad—. Su radiante sonrisa que iluminaba sus días y le aseguraba que todo estaría bien. Esa mirada ferviente, llena de convicción que lo hacía vibrar por la emoción que experimentaba porque admiraba su sentido moral tan marcado. Y esa insaciable sed de justicia por el simple hecho de que hacer el bien era lo correcto, lo inspiraba a ser mejor cada día. Sin embargo, a la vez, Midoriya era su primer y mejor amigo, y temía arruinar su amistad si sus sentimientos, en constante expansión como el universo, se le adelantaban.
Pero las cosas no eran sencillas del lado de Izuku, por supuesto que no. Con su personalidad nerviosa, era solo natural que fuera un amasijo confuso de ansiedad porque, en su activa mente, no paraba de repasar sus fantasías con Shouto, culpándose por el tono pecaminoso que a veces tomaban, a la vez que se avergonzaba por ver a su amigo bajo esa luz. ¿Pero qué podía hacer? Su voz lo enloquecía al punto de soñar —despierto, sea dicho— que le susurraba al oído en íntima confidencia. Era genial por el simple hecho de respirar, porque la mera existencia de Todoroki lo encandilaba y le impedía apartar su mirada de él. Sin embargo, por sobre todo ello, Midoriya no podía atreverse a mancillar su pureza, porque aún se hallaba riendo, enternecido, al rememorar su expresión de total perplejidad cuando Midnight le comentó que sus sonrisas podrían detener el corazón de las chicas. Además, cuando se hacía una autoexploración interna y repasaba su pasado, simplemente creía imposible que Shouto pudiera sentir lo mismo por él.
A pesar de eso, del pesimismo que había aprendido con el paso de los años, Midoriya quiso realizar un único y casi suicida acto egoísta. Debía sacarse esos sentimientos del pecho y que fuera lo que Todoroki quisiera; eso era mejor que seguir cavilando en la incertidumbre de los sentimientos ajenos.
Se le confesaría, él lo rechazaría, probablemente lloraría, y como Shouto casi estaba en camino para ser beatificado en vida seguro le pediría que continuaran siendo amigos, e Izuku se conformaría con eso. Era un buen plan, y quien dijera lo contrario, recibiría un Detroit Smash en la cara, porque no necesitaba a nadie que cuestionara su frágil decisión, porque, a pesar de parecer seguro, recrear la imagen del peor resultado de su confesión —porque, muy en el fondo, tenía esperanzas de ser correspondido— empezaba a disuadirlo de la idea.
Así que, comenzando el día con su convicción en llamas, llegando al punto de pedirle a Shouto hablar luego de clases, ignorando los murmullos que había generado el estamento entre sus compañeros de dormitorio, esta fue flaqueando con el paso de la manecillas del reloj. Hasta terminar con él, en el jardín de rosas que flanqueaba Heights Alliance, temblando como una maraca mientras Todoroki se ofrecía a comprarle algo de té de manzanilla en la máquina expendedora.
¿De qué querría hablar Midoriya? Se cuestionó Shouto durante todo el día, al punto de que Aizawa le llamó la atención porque parecía estar dándose un vuelta en los anillos de Saturno. Estaba nervioso, eso era obvio, pero ¿qué podía ocasionarlo? ¿Quizás estaba en problemas y acudía a él para pedirle consejos? Supuso que sus opiniones más racionales le darían otro punto de vista; aunque, se recordó, Midoriya podía ser muy analítico si se lo proponía. Entonces, ¿qué podía ser? Solo esperaba poder ayudarlo.
Compró el té y regresó con su amigo. Disimuló una sonrisa cuando lo vio pegar un chillido, sonrojándose violentamente. Ese día en particular, Shouto creyó que sus pecas, con un precioso arrebol de fondo, se veían más adorables de lo normal.
—Aquí tienes.
—¡Gra-gracias!
Tomó la lata, haciendo un esfuerzo consciente por no rozar sus manos, en vano, porque le pareció que Todoroki había acariciado su dorso adrede, haciendo que se cuestionara si sospechaba algo y se burlaba de él. No, claro que no, él no era así. Seguro había sido una accidente, por supuesto.
—¿Es mi idea o está haciendo calor? —comentó para intentar tranquilizarse, tirando del cuello de su camiseta con más ahínco del que pensaba.
—Oh, entonces deja que me siente a tu lado izquierdo.
—Gracias. —Sonrió, sintiendo el frescor de una brisa fría emanando del lado derecho del chico.
—¿Para qué querías hablar conmigo? Podíamos hacerlo en el dormitorio —empezó Todoroki sin dilaciones—. ¿O es algo que no pueden escuchar los demás?
—A-algo así... —Desvió la mirada, mientras su cerebro le gritaba lo pésima que era su idea de confesársele.
—¿Estás bien?
Midoriya dio un grito interno cuando Shouto apretó su hombro de forma reconfortante. Sus límpidos ojos lo miraban con cierta inquietud en el fondo, y se sintió mal por hacerle que se preocupara por él. Atinó a asentir con la cabeza y a ocultar su muy delator rostro dándole un prolongado sorbo al té.
—Pues...
Shouto notó que se estaba ruborizando. Luego de investigarlo mucho, había aprendido a diferenciar entre un sonrojo causado por emociones y uno por enfermedad. El de Midoriya, en ese instante y como casi siempre que estaba con él, era de la primera clase. Lo miró sin prudencia, grabando en su retina cada una de sus facciones, y hallando cierto regocijo en ver que lo incómoda hasta el punto de que no paraba de desviar la mirada. En definitiva, estaba enamorado del chico de fáciles sonrojos, sonrisa cálida y voz que le recordaba a la esponjosidad de las nubes.
—Todoroki... —susurró, notando cómo su amigo parecía haberse inclinado hacia él, y Midoriya temía que el sonido de su corazón, latiendo frenético, llegara a sus oídos—. Yo...
Cerró los ojos. Si no lo decía ahora, no lo iba a decir nunca y no quería llevarse esos sentimientos a la tumba. ¡No, señor, se lo diría en ese instante, pasase lo que...!
¿Eh?
¡¿Eh?!
Midoriya abrió los ojos solo un poco para cerciorarse de que lo que le ocurría era real. Shouto estaba a escasos centímetros de él, ¡y lo estaba besando! Abrumado, dejó de respirar, concentrándose en disfrutar un pueril y casto beso que, a pesar de no durar más de cinco segundos, pareció eternizarse en su piel y en su memoria.
Shouto se separó, sin creer que se había atrevido a cerrar la distancia entre ambos. Pero es que Midoriya estaba tan vulnerable frente a él, moviendo los labios para vocalizar algo, provocándolo con su simple existencia, que no pudo resistirse. Curvó los labios cuando Izuku exhaló, llevándose una mano al pecho mientras otro tono de rojo se sumaba a su rostro. Quería ser sincero consigo mismo y volver a besarlo, pero ese momento le correspondía a dos y no solo a él y a sus caprichos.
Midoriya sentía la cara explotar, incapaz de siquiera mirar a Shouto. Sin embargo, de soslayo, podía notar su sonrisa, no burlesca, sino más bien complacido. Sin pensárselo dos veces, le dio un golpecito en la pierna para descargar la vergüenza.
—Antes de que te hagas ideas raras —habló Shouto, su voz tan sosegada como siempre—, me gustas; por eso te besé.
Izuku encogió los hombros para intentar ocultar su ardiente rostro. Su cerebro intentaba procesar que sus sentimientos habían sido correspondidos, y que no se trataba de otras de sus fantasías. Aun así, no pudo contener un mohín de descontento.
—Hace unos momentos, estaba intentando confesarme, ¿sabes? Haciendo acopio del poco valor que tengo…
—¿En serio? Porque yo creo que eres muy valiente. —Alzó las cejas—. Además, pensaba que estabas en problemas.
—¡¿Y entonces por qué me besaste?! ¡No tienes sentido!
—Es que empezaste a actuar tan adorable, que no pude contenerme —explicó sin más.
Midoriya se preguntó si Todoroki conocía el significado de la palabra "vergüenza", pero, a pesar de querer descubrirlo, lo dejó pasar por esa ocasión. Le sonrió de forma radiante, como a él le gustaba, y él le devolvió el gesto de forma más tenue, ambos compartiendo la satisfacción de haber expuesto sus sentimientos al otro.
En silencio, disfrutando de la agradable compañía ajena, Midoriya apoyó su mano sobre la de Todoroki. Fijaron su mirada al frente, inhalando el agradable aroma, dejándose envolver por la calidez de los últimos rayos solares acariciando sus pieles, dándose el tiempo suficiente para grabar ese instante para la posteridad.
De repente, Shouto se inclinó hacia Midoriya en un gesto casi confidencial, y preguntó:
—¿Qué se supone que estamos viendo?
Izuku parpadeó varias, pero luego se echó a reír, haciéndole cosquillas con su esponjoso cabello en el rostro. Shouto no lo comprendió del todo, pero deseó —y se propuso— convertirse en motivo de alegría para Midoriya.
¡Muchas gracias por leer!
Tenía mucho tiempo que no escribía algo de este estilo, pero espero les haya gustado.
¡Tengan un excelente día y cuídense mucho!
¡Plus Ultra!
