Hola a todos aqui tienen otro capitulo de "CAMBIANDO DE BANDO" espero que les guste y como siempre lamento tardar tanto en actualizar los capitulos... pero ¡ya esta aqui!

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-Es horroroso, ¿verdad? -Kagome no podia evitar las lagrimas y bajó la mirada.

El camino hacia ella quedando tras ella, la abrazó recostando su barbilla en la cabeza de ella. El la volteó y se quitó el ahori dejando su pecho al descubierto. Le levanto la mirada.

-Es horroroso, ¿verdad? -Sesshomaru le señalo su muñon, ella solo pudo abrazarlo con su brazo y apretarlo contra ella.

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Habian pasado 4 dias desde que Kagome despertó, sus amigos habian vuelto a la aldea, ella se lo pidio, Sesshomaru no se ponia de buen humor al haber tanto humano cerca. Kagome les prometió ir mas seguido a la aldea, les echaba mucho de menos.

Kagome estaba sentada en la puerta del jardin, mirando las flores, con la mirada perdida recordando el dia que se fueron todos y sango habló con ella a solas.

~flash back~

Faltaba poco para que el grupo se fuera, Sango y Kagome estaban en el dormitorio de la ultima.

-Kagome, promete que vendras a vernos, no quiero que estes siempre aqui sola. -Le dijo abrazandola con fuerza.

-Lo prometo, Sesshomaru me llevará. Ademas tengo que volver a mi epoca para hablar con mi familia de muchas cosas.

-Nos gustaria que algun dia durmieras alli con nosotros. -La exterminadora miró a su amiga con recelo.

-Sango, yo... No creo que pueda... Yo... -Kagome veia a su amiga mordiendose el labio.

-Si es por Sesshom...

-¡No! -La cortó tajante. -Sesshomaru, no tiene nada que ver, simplemente no quiero ver a Inuyasha. No puedo Sango. Se ha pasado mucho las veces que nos vimos.

-Pero... si hablaras con el... a lo mejor...

-Sango, dejalo. -Kagome salió de la habitacion abruptamente.

Mas tarde cuando se fueron todos abrazó a su amiga como si la conversacion no hubiera tenido lugar.

~fin del flash back~

Su mente le jugaba malas pasadas todo el dia, tenia en mente todo el rato la conversacion con Sango y que quizas debiera hablar con Inuyasha, pero luego recordaba cada mala jugada, cada disgusto, y sabia que con lo debil y decaida que se encontraba no soportaria otro encuentro. Olvidó la estupida idea de volver a verle.

Era de noche y se estaba dando un baño en el termal, el agua caliente le relajaba la piel y la cicatriz dejaba de picarle, podria pasarse horas alli dentro, sin nadie alrededor, solo ella y las patadas de sus criaturas que ya mandaban bastante. Serian como su padre, unos dominantes con mucha fuerza, mas de una vez alguna patada mal dada la habia dejado sin aire. Tenia los ojos cerrados con la cabeza recostada en una piedra, tranquila, cuando le oyó entrar al agua. Le miró de reojo, cada dia se daba cuenta de cuanto lo queria, se habia convertido en su oxigeno, le gustaba su forma de ser, a su aire pero pendiente de ella. Pero, le dolia en el alma porque no podia responderle fisicamente mas que unos abrazos y unos besos. No lo entendia, el la aceptaba con o sin cicatriz pero ella no era capaz de aceptarse. Notó como la mano de el recorria su cara con suavidad, sin tocar ninguna parte mas pasó al vientre de ella, y como siempre pasaba, lo bebes se volvian locos.

-Ya saben que estas aqui, no hace falta que los pongas histericos. -Le acariciaba la larga melena y le metia el mechon suelto detras de la oreja. -¿Cuando me vas a dejar cortartelo?

-Nunca.

-Me lo imaginaba. -Dejó caer el brazo y lo reposo en su vientre. -¿Crees que tendran el pelo plateado como tu? ¿O moreno como yo?

-Seran como tu, morenos con ojos dorados.

-Tambien podrian ser morenAs, ¿sabes?-El siempre hablaba en masculino. -O es que tu olfato ya llega hasta tal punto que te dice lo que son. Al fin y al cabo adivinaste que eran dos, me quitaste la sorpresa.

~flash back~

Despues de aquel abrazo el primer dia al despertar, ese abrazo en el que con unas pocas palabras el le habia expresado tantas cosas. Estaban los dos tumbados frente a frente .

-En mi epoca me dijeron que son dos bebes. -Calló, esperando una respuesta de parte del Taiyoukai. El se mantuvo en silencio mirandola. -Podrias decir algo, para variar.

-Ya lo sabia.

-¿Que?-Se hubiera incorporado de un salto de no ser por su brazo inerte. -¿Como? ¿Cuando?

-Les oigo sus corazones, son como un martilleo ritmico. Cuando te atacaron, estabas en esa cabaña, sangrabas mucho, por muchos sitios.-Posó su mano en la mejilla de la miko, la cual se puso colorada, su esposo no era alguien precisamente cariñoso.- Te tenia delante pero no oia vuestros corazones, de ninguno. -No la miraba a ella, miraba hacia el cielo en la ventana tras ella. Su mirada era turbia, como si estuviera reviviendo una pesadilla.

-Y entonces se te ocurrio echarle toda la culpa a Inuyasha. -La miró, esperando alguna queja hacia el. Ella no lo miraba con odio, o ira, solo interrogante.

-Necesitaba matar a alguien. -Dijo con toda la normalidad del mundo. -Sabes que soy un demonio.

-Lo se muy bien. Pero pudiste herir a gente inocente. Mis amigos. -El no dijo nada, era su forma de decir que no le importaba. -Sango dice que paraste de repente la pelea...

-El martlleo. -Posó su mano en el vientre de ella, revolucionando a los bebes.-Era debil pero lo escuchaba desde fuera. Y el tuyo tambien regresó.

-Y nos trajiste a casa. A los tres. -Sesshomaru cerró los ojos, era su forma de dar por terminada la conversacion, habia hablado demasiado para ser el.

~fin flash back~

Era por la mañana y Kagome estaba sola en la habitacion, no habia notado cuando el peliplata se habia despertado. Cuando se hubo vestido lo buscó por la casa, pero otra vez habia salido. Buscó en su defecto a la pequeña Rin, la tenia un poco abandonada y deseaba desayunar con ella, pero tampoco estaba. Jaken tampoco estaba. Ni el dragon de dos testas. Recorrió todo el castillo pero estaba sola. Quiso salir afuera para coger alguna fruta, en el palacio solo habia comida del dia, pero la puerta de la muralla, siempre abierta de par en par estaba cerrada. Siempre estaba abierta porque nadie podia entrar sin permiso de Sesshomaru. Y ahora estaba cerrada para que ella no saliera sin permiso de Sesshomaru. Golpeó la puerta con fuerza, pero todo era en vano, esa puerta era pesada.

-¡Sesshomaru! ¡Yo te mato! -Le gritó al aire, no sabia si le escucharia, andó enfadada hacia el jardin trasero, era grande y extenso, nunca habia ido hasta el final de este. Pero la muralla seguia por allí, y no estaba en condiciones para trepar. Rendida se dirigió a su habitacion, en su mochila habia algo de comer, pero nada era nutritivo de verdad, solo algo de ramen y dulces.
Recorrió la casa de nuevo, ya la sabia de memoria pero por una vez podia ojear cosas que no debia, y estaba muy enfadada, no le importaba si el se enfadaba. En una sala habia una larga mesa con muchos cojines alrededor, en esa sala habia mapas del Sengoku y armas, muchas armas. En una pared aparecia el dibujo hecho a tinta de Inutaisho en su forma demoniaca. En la cabecera de la mesa, habia un armario que estaba entreabierto, no dudó en abrirlo, dentro se hallaban varias espadas, pero eran espadas pequeñas y finas. Cogió una comprobando que no pesaba mucho, y apreció en la empuñadura la luna de Sesshomaru. Kagome la blandió con torpeza, se le iba de un lado a otro sin dominio alguno. Le gustaba el sonido que hacia al cortar el aire. Al cabo de un rato ya le cogió mas confianza e imitaba a Inuyasha y Sesshomaru.

-¡Souryuha! -Decia en tono lugrube, imitando al demonio. Ella sola se reia.

-¿Te diviertes? -Casi se cae del susto cuando lo vió en el marco de la puerta lleno de sangre de varios colores.

-¿Que te ha pasado? -Soltó la espada en la mesa y corrió hacia el. -¿Estas bien?

-Estoy bien. ¿Que haces aqui? -La miraba con esa mirada que ella tanto odiaba y recordó porque estaba jugando SOLA.

-¿A ti que te parece? Me encierras sola, tendre que divertirme con algo ¿No?

-Las espadas no son juguetes, hasta Rin lo sabe. Guardala.

-No quiero. Me gusta. -Estaba haciendo una pataleta, lo sabia, pero el la haia tratado como al perro que hay que encerrar para que no se escape, y ella no era el perro en aquella habitacion.

-Mujer. Guardala.

-¿Porque cerraste la puerta? Nadie puede entrar aqui. -Quiso saber las verdaderas intenciones del youkai.

-Pero tu podias salir, y no vas a salir de aqui.

-¿Nunca? -Silencio.- ¿Estas de broma? No soy tu esclava.

-Eres mi mujer.

-¿Acaso es lo mismo? -Silencio. -Pero, tu crees en serio que me quedaré encerrada toda la vida, ¿En serio? Se cuidarme sola. -Se disponia a salir de la habitacion enfadada, y si lo conseguia volver a la aldea de Kaede.

-Demuestralo. -El la retuvo del brazo, impidiendo su huida.

-¿Que?

-Demuestra que sabes defenderte, hasta ahora no me lo demostraste. -Le señaló el brazo muerto. -Lucha conmigo.

-¿Estas loco? Solo tengo un brazo y solo soy una humana, tu eres un demonio.

-¡¿Y que crees que hay afuera?! -Por primera vez lo habia oido alzando la voz, sin rugir, sin estar Inuyasha o Naraku delante, la gritaba a ella. -Fuera esta lleno de demonios, no les importa que estes marcada como mia. Quieren comerte. Quieren destrozarte. Y tu no puedes hacer nada, era con dos brazos y mira lo que te hicieron, casi os matan... ¡A los tres! ¿Que puedes hacer con un solo brazo y embarazada? DIME.

-No lo se, ¿Vale? -El habia soltado toda la rabia, nunca le habia oido tantas palabras juntas y nunca habia notado tanto rencor, tanto odio. Ella solamente habia escuchado aun cuando las lagrimas surcaron su rostro y temblaba de miedo, por primera vez le temia. -No se nada. Ni como voy a cuidar a dos bebes con un solo brazo, como vais a encontrar los fragmentos sin mi, y no se que hago aqui sin tanto me odias. ¡Siempre tienes que cargar con la estupida y debil humana! -Ella tambien habia gritado y temblaba de rabia. Se giró y cogió la espada de la mesa y la blandió frente a el, el la esquivó por poco, le habia rozado la mejilla produciendole un arañazo sanguinolento. -¡No tienes derecho a odiarme! ¡No es mi culpa ser humana! ¡No es mi culpa venir a esta epoca! ¡No es mi culpa que seas tan arrogante y frio! -En cada frase daba otra estocada, siempre fallida. Ella era lenta y torpe pero el nunca respondia los ataques solo los evadia atraves del largo pasillo de la casa. -Habla por una vez, ¡Di que me odias! ¡Di que me odias por darte hijos hanyou! ¡Reconocelo!

-No. -Esta vez la paró en secó parando la hoja de la espada con su propia mano, y un hilo de sangre se derramó en la palma del youkai. -No te odio. -Bajó la mano hacia la empuñadura hasta agarrar la mano de Kagome, con un giro le tiró la espada al suelo, y con un tiron la atrajó hacia si mismo. -No te odio. -Le volvió a decir en voz baja al oido.

-¿Entonces... porque... me gritaste tanto...? Nunca me diste miedo pero... por una vez...

-Esta bien que me temas, tienes que ser consciente de que soy un demonio al fin y al cabo. -Ella cayó de rodillas y se tapó el rostro con la mano llorando desconsolada.

-Todo lo que dijiste...

-Era la verdad, eres debil, ahora mismo eres una humana debil e indefensa. No puedes luchar, no puedes correr, mirate has hecho un poco de esfuerzo y estas agotada. -Intentó aguantar la respiración agitada pero era cierto que tenia el brazo agarrotado y la barriga le pesaba mas de lo comun. -Rin se quedará contigo, Jaken y yo iremos en busca de Naraku desde ahora. -La ayudó a levantarse y la guió hacia la sala para guardar la espada en su sitio.

-Entrename. -El la miró con una ceja levantada.

-El orgulloso soy yo, ¿recuerdas?.

-No te burles, quiero entrenar, no quiero ser debil. -Lo miraba seria, con toda la conviccion que puede aparentar una mujer embarazada con los ojos rojos e hinchados por el llanto, sorbiendose a ratos la nariz.
El la observó con atencion, era tan poca cosa, habia perdido mucho peso y grandes ojeras le surcaban el rostro, estaba agotada y herida, dudaba sacar algo de aquel entrenamiento, pero tambien comprendió porque se lo pidio. Ella era autosuficiente, lo poco que entendia de la epoca de su hembra es que era un mundo lleno de comodidad y confort, ella habia aprendido a vivir en aquella epoca tan hostil, mas de una vez la vio luchando con su arco, ahora esa opcion quedaba descartada, solo quedaba entrenarla con espada, pues el cuerpo a cuerpo era imposible con los cachorros. Tardó unos minutos en responderle, ella seguia alli de pie ya respiraba con normalidad y habia dejado de lagrimar, odiaba verla llorar, la miró a los ojos chocolates, esos ojos llenos de orgullo.

-Empezamos mañana cuando amanezca, no seré delicado.

CONTINUARA...

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