Neil Leagan estaba obsesionado, no, obsesionado no terminaba por describir esto que sentía, estaba enamorado.

Estaba enamorado como un loco de ella, como un loco.

¿Qué como había sucedido? No lo sabia, Candy era como un virus que le había infectado de la noche a la mañana, pero recordaba ese día.

El le había ido a espiar a su apartamento en Magnolia pues corría el rumor que Candy vivía sola con un hombre...

Un vagabundo, sin nombre y sin un centavo en su bolsillo, de la ralea mas baja, claramente mucho mas mayor que ella.

Neil Leagan, quería la primicia, con los detalles fidedignos de la noticia pues con esa información podría destruirla e ir con el chisme a tía Elroy quien sabia, no tenia consideración para con Candy.

Pero sus planes se habían estropeado cuando unos vagos lo interceptaron en medio de un callejón.

Neil no sabia de enfrentarse a la gente, mucho menos a los mal vivientes que rondaban por el peligroso barrio de Candice White.

El color de su cara le había abandonado y era como si empezara a ver las escenas de su vida pasar rápidamente por su cabeza, bueno, la verdad es que no había visto ninguna escena pasar, el único pensamiento en su cabeza es que iba a morir, su vida terminaba aquí, en un instante y con una navaja revolviendo sus órganos.

Estaba horrorizado de lo que seria su destino, o su fin...

En el asqueroso callejón donde le tenían acorralado, con un pómulo que le palpitaba de dolor y un labio roto, Neil se pregunto si este era el final que se le tenia deparado todo este tiempo y si era merecedor de ese castigo.

Tal vez si.

Pero cuando por fin sacaron la navaja a relucir algo paso, los golpes se detuvieron y Neil jamas pudo sentir como le apuñalaban hasta dejarlo muerto, algo o alguien estaba peleando con los malhechores, aun asustado Neil cerro los ojos esperando lo que viniera, Neil temía por su vida pero una parte de el ya se había resignado, aunque también rogaba porque alguien hubiera llegado a su rescate, no importaba si fueran policías y al terminar le llevaran a la estación y tuvieran que declarar, se sentiría agradecido y después se encargaría de refundir a esos malditos, de hacerlos pagar por lastimar gente inocente, por lastimarle a el.

La escoria lastimando a un ciudadano de bien.

Pero cuando abrió los ojos, cuando el alboroto de los delincuentes ceso, solo vio como corrían despavoridos y la única figura presente era una muchacha rubia de rostro pecoso.

Era Candy.

Candice White, la huérfana de hospicio, como su hermana la llamaba despectivamente, Candy le miraba con el entrecejo fruncido y con preocupación, era cierto que Neil no era la persona favorita de Candy, el señorito Leagan había hecho un infierno de su vida cuando su padre le había llevado a vivir con ellos a la mansión familiar.

Los hermanos Leagan eran chicos crueles de los que Candy había tenido que aprender a tolerar, niños que odiaban y reian de la tragedia humana enfrente del mas desgraciado, así era como su madre les había educado después de todo, pero ahora Candy era casi una adulta, hace algún tiempo que había dejado de tener contacto con ellos y si se lo decía así misma varias veces sabia que no podían afectarla.

Ella era una chica fuerte. Estaba mas allá de cualquier jugarreta estúpida de un crio al que le habían dado todo en bandeja de plata.

Aun así, Candy tenia un corazón, y no pudo evitar lo que venia a continuación.

La joven le miro pensativa, después le extendió la mano para ayudarle a levantarse, Neil la acepto titubeante, Candy observo el gesto y frunció aun mas el ceño, como si fuera la cosa mas ridícula que le estuviera ocurriendo y ni ella misma quisiera estar ahí, con el.

En otra ocasión Neil se hubiese ofendido y hubiera tratado de hacerla pagar humillándola de alguna forma, pero esta vez era distinto, y si no fuera por ella tal vez no hubieran existido el resto de las oportunidades que tuvo para redimirse y que no aprovecho.

Neil, se sentía como un montón de mierda, pulverizado y sin sentido. Enseguida tomo su mano, y no supo porque, pero noto lo pequeña que era entre la suya.

Y suave.

Cuando por fin le miro bien era como si la niebla se hubiera despejado de sus ojos, como si la viera por primera vez.

Ahí, bajo las luces de un farol, se veía ridícula con esas coletas que usaba para su edad de muchacha, la misma ropa fea de siempre, pero le gusto su rostro, sus grandes ojos verdes y la pequeña naricita adornada con pecas, pecas que las chicas de su circulo se tapaban con vergüenza y con un polvo que compraban en las farmacias para asi cubrir las huellas de una piel que disfrutaba del sol.

Ninguna chica quería pecas en su piel, pues para ellas representaban una lozanía estropeada, o motivos peores.

Trabajo.

Pero a Candy se le veían muy bien y parecía no importarle mucho todo aquel asunto.

También admiro lo pequeña que era su boca y sintió el impulso de besarle.

¿Besarle?

Cuando Candy era niña nunca la abría considerado bonita, siempre había pensado que tenia unos ojos muy grandes para su cara y que tenia una nariz muy respingona, Candy a lo mas que llegaba era a simpática y todos sabemos que lo simpático es pariente de lo feo.

Pero los años la habían mejorado bastante y hasta la fecha Neil no había visto joven mas deslumbrante a pesar de su aspecto de mujer pobre.

En cuanto a su horrible atuendo, también se podía apreciar que Candy tenia un buen cuerpo.

— ¿Neil?

Ella le hablaba, Neil parpadeo unas veces mas, volviendo a la realidad, ¿de verdad esto estaba pasandole? O era solo un mal sueño, alguna pesadilla de esas que tenia cuando comia mas de la cuenta.

— ¿ Estas bien? — Pregunto Candy sabiendo que probablemente se habia metido en un buen lio por culpa de Neil Leagan, la chica se sintio incomoda al tener la mirada de Neil sobre ella y es que este la contemplaba de una manera muy extraña.

— Si, estoy bien. – Neil miro a los lados, la noche negra les habia llegado, sus ropas estaban sucias y le palpitaba la mejilla derecha, tenia una herida en la barbilla donde le brotaba algo de sangre pero sabia que sobreviviria.

O eso esperaba.

Candy asintio. — Bien... Si necesias algo, mi departamento esta a algunas calles de aquí, tus heridas se podrian infectar, te podria ayudar con ello... si quieres.

Neil la miro aturdido, como si no entendiera bien lo que estaba pasando, ¿Le habia invitado a su departamento? ¿asi de facil? El se quedo mudo.

Dejo pasar algunos minutos evaluando la situacion.

— No importa, mira, solo ve a una clinica. — hablo la joven acomodando su bolso sobre su hombro. — estaras bien.

Candy comenzo a andar dejandole ahí, pero antes de que desapareciera por completo, Neil le llamo.

— ¡Candy!

Ella se viro de inmediato y el corrio hacia ella, acercandose a una distancia prudente.

— No quisiera ir a una clinica, no me gustan esos lugares — Neil tomo aire para lo que le iba a pedir — ¿Podrias... podrias ayudarme tu?

En medio de un callejon lugubre y las luces tenues de una farola cercana, ambos se miraron, una voz en el interior de Candy le gritaba que retirara su oferta, no tenia porque ayudar al insoportable de Neil Leagan, mas aun, el no tenia nada que estar haciendo en su barrio, porque sospechaba que solo habia venido a espiarla y eso le hacia hervir la ándose hacia adelante, sus ojos se encontraron con los suyos directamente, sin reparos por primera vez en años. Una mirada honesta. La joven chillo en sus adentros.

Aquella fue la noche en que Candy encontro un humano en el cuerpo de Neil Leagan.

Sabia que se iba a arrepentir por esto, pero no le quedo de otra mas que acentir y llevarlo a casa con ella.

Por lo pronto, en todo el trayecto a la vivienda de Candy ninguno de los dos dijo nada, Neil se pregunto si veria al hombre que vivia con ella, si descubriria que tipo de relacion llevaban, pero en realidad ya no le importaba, era como si de repente algo hubiera cambiado en el. Y ya no se estremecia de excitacion con el morbo de probar su teoria.

Sin hacer mucho ruido subieron las escaleras de su piso, adentro en su hogar, Neil respiro el olor a violetas y pachuli, la casa de Candy estaba adornada en flores y cuadros de algunas pinturas baratas con paisajes del campo y unos bordados enmarcados, era... Acogedora. Aunque era desagradablemente pequeña para su gusto.

Ciertamente le habia sorprendido el ambiente que respiraba alli, tenia un sentimiento de hogar y puesto que carecia de lujos, Neil se encontro mas reconfortado ahí que en su propia casa donde solo escuchaba las rabietas de Elisa, o las risas de las amistades de su madre al presumir su ultimo viaje a Europa.

Los espacios sobrantes de cada rincon y el eco que se hacia en las habitaciones al redecorarlas cada año.

La mansion Leagan, imponente y vieja, valorada en millones, algun dia la heredaria pues Elisa siendo mujer solo recibiria una mensualidad, su futuro esposo proveria para ella y Neil disfrutaria de los frutos del esfuerzo de generaciones que ya no vivian en este espacio y tiempo.

Candy le sento en un sofa y abrio su botiquin de primeros auxilios, Neil la observo caminar al lavabo de su cocina donde se empezo a lavar las manos como si no hubiera mañana y despues volvio a el, poniendose unos guantes y tomando unos algodones.

Lo que sucedió despues lo hizo gritar como una niña de diez años, pero Candy cumplio sus palabras.

Le habia limpiado las heridas y habia colocado unos curitas especiales donde la rubia le habia indicado que aunque no quisiera ir a una clinica, igualmente requeririan de una sutura especial que solo el doctor podia hacer.

Neil se miro en el espejo, traia la cara hinchada y su camisa estaba salpicada con sangre, trato de acomodar un poco su cabello, que para ese entonces estaba revuelto y hecho un desastre, volteo a mirar a Candy quien guardaba las cosas de su botiquin, como si fuera una tarea de suma importancia e interes, pero Neil podia sentir la pregunta en la rubia.

¿Cuándo se iba a marchar?

¿Cuándo?

¿Cuándo?

¿Cuándo?

¿Cuándo?

¿Cuándo?

— Te agradezco por lo que has hecho. — dijo Neil aprovechando que ella estaba de espaldas, acomodando quien sabe que en el armario.

Candy volteo y asintio con nerviosismo.

Definitivamente queria que se fuera.

Casi sin poder evitarlo Neil miro a su alrdedor, en busca de una pista, de una señal, algo que le dijera que habia alguien mas alli.

— El ya no volvera, dile a la tia Elroy que vivo sola ¿Quieres?

Neil pretendio no comprender, y Candy puso los ojos en blanco. La rubia quiere decirle que sabe lo que estaba haciendo en su barrio, quiere decirle que se ha ganado la golpiza que le propinaron esos sujetos, porque sabe que las acciones de Neil no eran exactamente derivadas de un bien.

¿Pero entonces donde estaria su humanidad?

— Olvidalo, solo marchate, por favor.

Neil asiente con las mejillas rojas de vergüenza, quiere agradecerle por su ayuda, ella le ha salvado la vida, pero otra parte de el, su orgullo herido le ignora, Neil toma sus cosas y se retira sin decir mas.