Habían pasado dos días después de la batalla final. Harry estaba sentado en la mesa de la cocina de la Madriguera junto a los demás Weasly. A un lado de la mesa, estaba él sentado junto a Ginny, Ron y Hermione. En frente se encontraban el señor y la señora Weasly. Bill y Fleur estaban en una de las cabeceras y en la otra se sentaban Percy y George. Charlie se había levantado ya y estaba mirando hacia la mesa apoyado en la encimera.

Acababan de terminar de cenar y estaban organizando planes para los siguientes días.

—Lo primero tendríamos que sacar al ghoul de mi cuarto, ya no tiene sentido que siga estando allí. Y habrá que limpiarlo bien, porque después de tanto tiempo ahí metido ahora todo apesta a él. -Se empezó a quejar Ron.

—Ron, yo querría ir a buscar a mis padres a Australia. -Dijo Hermione- y la verdad me gustaría que me acompañaras…

—Ah, sí, claro, por supuesto…—Contestó atropelladamente Ron.

Todos se quedaron un momento en un silencio incómodo y un poco avergonzados ante el tono cariñoso que había empleado Ron.

Harry fue el primero en romper el silencio.

—Yo debería volver a Grimmauld Place. Me gustaría poner un poco la casa en orden. Kingsley me ha dicho que ayer la revisaron un par de aurores y que no parece que los mortífagos hayan dejado nada peligroso en ella y…

—Harry, querido, pero por mucho que ordenes la casa deberías quedarte con nosotros un par de meses. —Interrumpió la señora Weasley. —Ahora no es tan seguro que andes por ahí solo. Al fin y al cabo, no han encontrado a todos los mortífagos todavía.

—Me parece bien, pero una cosa no quita la otra. —Sentenció Harry. —En una semana empiezan los juicios y voy a estar muy liado. Todos vamos a estarlo. Y querría dejar la casa lista para cuando todo eso empiece.

—Yo tengo que volver a poner en marcha el negocio. — Añadió George.

Todos se le quedaron mirándole durante un momento sorprendidos de que interviniera. Estos últimos días George no había abierto mucho la boca.

—Me gustaría poder ayudarte con eso. —Dijo Percy, tocándole el brazo.

—Vale, entonces, aclarémonos. —Empezó a organizar la señora Weasly. —Mañana Harry irá a Grimmauld Place a ordenar…

—Yo acompañaré a Harry. — Interrumpió Ginny.

Harry, que estaba desenado oír eso, sonrió ligeramente, pero sin mirar a Ginny. Debajo de la mesa, e intentando que nadie se diera cuenta, le cogió la mano.

Para sorpresa de Harry, la señora Weasly, pese a saber perfectamente cuales eran los posibles planes de la pareja, no se opuso. Nadie lo hizo, aunque Harry tuvo que soportar las miradas de todos los hermanos Weasly clavándose en él. Al fin y al cabo, era cuestión de tiempo que empezaran a dejarles algo de tiempo solos, ya no eran unos críos.

—De acuerdo, Ginny puede acompañar a Harry. Pero volveréis para comer. —Añadió señalándoles con el dedo. Ambos asintieron serios. —Charlie, quizás tú puedas echar una mano a Ron sacando al ghoul de su cuarto. Y en un par de días podríais ir Hermione y tú a buscar a sus padres. —Añadió mirando a Ron. —Aunque deberíais ir con alguien más, podría ser peligroso…

—Ni de coña.-Sentenció Ron, al que le tentaba demasiado la idea de estar unos días a solas con Hermione. —Mamá no tememos dos años. Llevamos meses por ahí solos, no nos va a pasar nada. Además vamos a estar en la comunidad muggle…

—Vale, vale…-Se rindió rápidamente la señora Weasly ante la sorpresa de todos. —Pero escribid a menudo. ¿Cuánto pensáis que va a llevaros encontrarles?

—Espero que no mucho. —Dijo Hermione — Pero cuando les modifiqué la memoria no les mandé a ningún sitio en particular. No quería saber dónde iban a ir porque si me encontraban podrían habérmelo sonsacado. Pero tengo una ligera idea de donde pueden estar.

Molly asintió en silencio, para luego continuar hablando.

—Mientras tanto, Percy y Charlie podrían ayudar a George con el negocio.

— Me parece bien. Pero en unas semanas debo volver a Rumanía. Varios dragones han salido de los huevos y hay mucho trabajo por hacer.

Nosotgos tenemos que volveg a la Gringotts. Están rgestaurando el edificio y han pedido a los empleados que vuelvan lo antes posible paga poder acabag cuando enseguida. — Dijo Fleur mientras Bill asentía.

Harry, Ron y Hermione intercambiaron miradas sonriendo ligeramente y con un poco de culpabilidad. La verdad es que había liado una buena en el banco mágico cuando escaparon de la cámara de los Lestrange.

—Bien, pues entonces ya estamos todos. Porque Arthur debe ir al ministerio mañana, y yo tengo que quedarme en casa, tengo mucho que hacer aquí.

Todos asistieron en silencio, pensando en sus respectivas tareas, y poco a poco empezaron a levantarse y a recoger la mesa.

Cuando hubieron acabado, Harry se despidió de Ginny con una mirada fugaz, y mientras subía las escaleras hacia el cuarto de Ron sonrió. Estaba feliz ya que, aunque solo fuera por una mañana, iba a poder estar tranquilo y a solas con Ginny.

Era el día siguiente. Harry estaba en el jardín con Ginny, cogidos de la mano. Acababan de desayunar y estaban a punto de irse.

—¿Ya te has desaparecido alguna vez sola? —Preguntó Harry.

La chica negó con la cabeza.

—De acuerdo, pues agárrame fuerte la mano y no me sueltes. Será solo un momento.

Ginny asintió brevemente con la cabeza, confiando en Harry.

De repente una desagradable sensación se apoderó de la pelirroja. Sintió como si le tiraran con un gancho del obligo. La sensación desapareció tan rápido como había aparecido y cuando se fijó bien, ya estaban en la plaza fea que recordaba de hacía unos años.

Harry esperó a que la casa apareciera de entre los números 11 y 13, y cuando lo hubo hecho, todavía agarrando la mano de Ginny, abrió la puerta.

—Espera un momento. —Le pidió a Ginny.

Harry entró primero, pero ningún conjuro se activó cuando entró. Probablemente los aurores se habían encargado de hacerlos desaparecer. Le indicó a Ginny que ya podía pasar. Un poco preocupado por el asunto, al cerrar la puerta realizó unos cuantos hechizos de seguridad. Los pocos que había aprendido con Hermione meses atrás.

—Ya está. — Sentenció Harry. —¿Por qué habitación quieres empezar? —Preguntó girándose para mirar la cara de Ginny.

Ella estaba sonriente, muy sonriente. Levantó la mano para acariciarle el pelo a Harry y le contestó:

—¿En esta casa no hay ninguna habitación de matrimonio que necesite ser limpiada?

Harry se rio en voz baja adivinando sus intenciones y se acercó un poco más a Ginny. Le rodeó con las manos por la cadera, juntando su frente con la suya, y le dio un pequeño beso en la nariz.

—Sí, y no me importaría empezar por esa. Pero Ginny, de verdad me interesa ordenar y limpiar la casa. -Dijo adivinando las intenciones de la chica. -Desde la última vez que pasé por aquí ha pasado mucho tiempo y cuando Kreacher se fue…

—Si de verdad quisieras limpiar la casa le habrías pedido ayuda…

—Está con los demás elfos contribuyendo a la reconstrucción de Hogwarts.

—Ya, bueno, eso es verdad. —Aceptó Ginny.

—Además, —añadió Harry— cuanto antes hagamos esta casa habitable antes podrás venirte a vivir conmigo.

—¡Harry…! —Exclamó la pelirroja con sorpresa, abriendo los ojos.

Esa exclamación fue suficiente como para despertar a la antigua señora Black, que se puso a gritar como una loca.

¡Cerdos! ¡Canallas! ¡Mestizos! ¡Mutantes! ¡Monstruos! ¡Fuera de esta casa!

Harry corrió a cerrar las cortinas del cuadro de la señora Black mientras murmuraba enfadado por lo bajo.

—Lo que hay que aguantar, espero que podamos quitar a esta cuando antes de aquí. A ver como convenzo a Kreacher para que me ayude…

Ginny corrió a ayudar a Harry a cerrarlas, y cuando lo hubieron conseguido, y ya a mitad de las escaleras, Harry le cogió la mano a Ginny para que siguieran subiendo juntos.

Entró en una habitación medio vacía en la que pocas veces había estado. Harry suponía que esa habitación debía de haber pertenecido a los padres de Sirius. Ginny entró detrás de él y seguidamente cerró la puerta.

Lo primero que hizo Harry fue abrir las cortinas para que pudiera pasar algo de luz, y limpió los cristales de la ventana con un golpe de varita.

Ginny, mientras tanto, quitó el polvo de encima de la cama con un conjuro, y cogió uno de los cojines para poder limpiarlo también.

Harry se dio la vuelta y se quedó mirando a la chica durante un momento. Mientras tanto, Ginny, que no estaba siendo consciente de que estaba siendo observada, cogía los cojines uno a uno y los limpiaba.

Harry se empezó a fijar en lo guapa que era Ginny, con su largo pelo pelirrojo, sus grandes ojos castaños y sus pecas en la nariz.

—¿Qué pasa, ya no me ayudas? —Preguntó la chica sonriente, cuando ya había acabado de limpiar la cama y tomando consciencia de que el chico se había quedado quieto.

Harry estaba colocado en frente de Ginny, pero tenían la cama entre medias. Se había quedado en silencio, mirándola. Un cosquilleo empezó a recorrerle el estómago, mientras tomaba certeza de la situación.

Estaban solos, completamente solos por primera vez en meses. Llevaba dos días tan atareado y con tantas cosas en la cabeza que no se había dado cuenta del hecho de que era la primera vez que tenían una casa enteramente para ellos.

Y al darse cuenta de ello, y pese a que tenía todas las intenciones del mundo de limpiar la casa, dejó la varita encima de la mesilla. Se subió de rodillas encima de la cama, acercándose hacia la chica, y mirándola intensamente.

Ginny reaccionó rápidamente, como si lo hubiera estado esperando, y le siguió subiéndose a la cama sin pensarlo ni un momento. Se encontraron en medio de la colcha, ambos de rodillas, abrazándose con todas sus fuerzas. Y de un momento a otro empezaron a besarse apasionadamente.

—¿Pero tú no querías limpiar? —Le preguntó a Harry mientras este le recorría el cuello a besos.

—Ginny…Estamos solos. Por primera vez en décadas, estamos solos...La casa está vacía…-Susurró Harry mientras le agarraba la cara con las manos y le daba besos cortos en los labios.

Ginny se rio nerviosamente como respuesta. Se dio cuenta de que Harry se acababa de entender la situación que ella ya había entendido la noche anterior, cuando le pidió a su madre ayudar a Harry.

Ella empezó a recorrer el pecho de él con las manos, primero por encima del jersey, luego por debajo de la camiseta.

Harry, en un momento de impaciencia, tumbó a la chica suavemente contra el colchón, recostándose encima de ella. Ginny, que no se hacía de rogar, empezó la tarea de quitarle todas las partes de arriba de Harry.

Una vez el chico se quedó con el pecho al descubierto, tomó ventaja y aprovechó para introducir sus dos manos por debajo de la camiseta de la chica, subiendo por su abdomen hasta llegar a sus pechos.

Ginny jadeó y arqueó la espalda mientras Harry le agarraba con firmeza. Y sin poder esperar ni dos segundos se quitó la camiseta ella también. Harry volvió a recorrer el cuello de la chica con besos, bajando hacia su sujetador.

Llevaba un sujetador de encaje transparente que Harry ya conocía de alguna escapada que habían hecho por los castillos de Hogwarts. Le encantaba ese sujetador porque no dejaba nada de espacio a la imaginación. Pero más le encantaban los pechos de la chica. Para él, eran perfectos. Eran redondos y tenían un tamaño ideal, ya que cabían cómodamente en sus manos. Empezó a besárselos lentamente mientras la miraba con atención, le encantaba ver como se alteraba y le agarraba del pelo con impaciencia.

Harry cambió los besos por pequeñas succiones, con las que tiraba ligeramente de la piel y del sujetador de la chica, dejándole posiblemente pequeñas marcas. Él hacía tiempo que había aprendido que era el único sitio donde podía hacerlo, ya que de en esa zona nadie podría descubrirlo.

Empezó a bajar las manos hacia el botón del pantalón de Ginny, todavía sin separar la boca se sus pechos.

Una vez se lo hubo desabrochado, se lo empezó a quitar mientras recorría con besos el vientre de Ginny en camino descendente, hasta llegar a sus braguitas de encaje. Se rio al darse cuenta de que llevaba las braguitas a juego.

—¿Así que tenía esto planeado, señorita Weasly…?

Ginny se empezó a reír también, le había pillado. Ella obviamente sí se había dado cuenta la noche anterior de que iban a estar solos toda la mañana.

Harry se deshizo de sus pantalones, y cuando a ambos solo les quedaba la ropa interior, se volvió a tumbar encima de ella. Se colocó entre sus piernas, haciendo todo lo posible para que ella se diera cuenta de lo emocionado que estaba.

—Me vuelves loco, Ginny…—Susurró Harry en el cuello de la chica, aprontándose aún más contra ella.

Ginny respiraba entrecortadamente, mientras abrazaba con fuerza las espaldas del chico. Cuando ya no pudo aguantarlo más, le obligó a girar en la cama, colocándose ella encima.

—Harry, yo… No sabía qué ibas a querer hacer y…

Harry paró un segundo de besarle el cuello y la miró seriamente. Desde que había empezado a besar a la chica encima de la cama, no se había quitado el pensamiento de la cabeza.

—No se nos puede ir de las manos, Ginny. No me esperaba esto y no hemos preparado ninguna protección anticonceptiva…

—En realidad, —le interrumpió la chica nerviosa. No sabía muy bien cómo decírselo y mucho menos cómo iba a reaccionar— yo esta mañana me he tomado una poción de las de mi madre por si acaso querías…

Harry abrió mucho los ojos sorprendido. Se incorporó de la cama, haciendo que Ginny se sentara en sus piernas, y le cogió la cara entre las manos.

—Por supuesto que quiero, Ginny, pero…

—Pues ya está. —Sentención la chica brevemente volviéndole a besar.

—Ginny, pero tú estás segura de…

—¡Claro que estoy segura! —Afirmó la chica impaciente. -Llevo meses desenado que llegara el momento…Ayer me fui a la cama teniendo todo esto bien pensado.

Harry le sonrió con mucha ternura, mirándole a los ojos, a sus hermosos ojos castaños. Qué lista era, y qué afortunado se sentía él de que así fuera. Le empezó a quitar mechones del pelo de delante de la cara.

—Yo también, Ginny, yo también tengo muchas ganas.

Ginny sonrió. Esta última afirmación fue más que suficiente para la chica como para volver a tumbar a Harry de un empujón contra la cama. Ante este gesto él se rio con ganas. Ambos habían hablado mucho de este momento, habían experimentado lo suficiente durante el año anterior y ambos lo habían esperado con ganas. Pese a que habían estado separados durante meses, estaban preparados y lo sabían, no tenían dudas.

Entre los dos consiguieron meterse debajo de la colcha, entre las sábanas, en donde ya en seguida entraron en calor y terminaron de quitarse la ropa interior.

Ginny seguía encima del chico, desnuda. Se besaban impacientemente, con besos húmedos, pero cada vez más cortos. Él le acariciaba la espalda a ella, acabando siempre por agarrarle el trasero. Ella le rodeaba en cuello con los brazos y le besaba con ganas, apretándose contra el cuerpo del chico.

Ginny se separó un momento de él para mirarle a los ojos, como pidiéndole permiso, y Harry asintió.

Ginny se acomodó a horcajadas de Harry, y con una mano, cogió el miembro del chico para introducírselo lentamente. Notó como subía por su interior, como le llenaba por dentro, como le hacía sentir completa. Ambos empezaron a jadear.

Se quedaron un momento en esa posición, quietos, un poco sorprendidos de lo mucho que se estaban entendiendo y a la vez expectantes de lo que iba a pasar a continuación. Lentamente, e intentando que Harry siguiera dentro de ella, Ginny se fue tumbando encima de él, que enseguida le rodeó con los brazos.

Se empezaron a mover. Al principio los movimientos eran suaves, separando muy poco sus caderas para luego volver a juntarlas lentamente. Estaban intentando acostumbrarse a esas sensaciones que eran nuevas para ambos. Aunque en seguida empezaron a moverse cada vez más rápido.

Harry hizo que ambos se giraran para colocarse encima de la chica. Le agarró de las manos con fuerza, con sus dedos entrelazados, a ambos lados de la cabeza de Ginny. Harry estaba muy ansioso y se movía con fuerza contra ella, que se había quedado un poco sorprendida del rápido cambio de papeles. Él se separaba unos centímetros de ella y luego empujaba su cuerpo contra el de la chica, repetidamente. Hundiéndola con fuerza pero a la vez con suavidad contra en el colchón.

La cama estaba haciendo tanto ruido que agradecieron estar solos. Cada vez iban más rápido. Ginny sentía cómo Harry le agarraba las manos con fuerza y la dejaba inmovilizada, y eso le estaba volviendo loca. Harry se intentaba controlar para no ser brusco, pero a la vez se moría de ganas de ir más rápido.

—Por favor, si te hago daño me avisas… —Le pidió Harry con un suspiro.

—No me haces daño -Sentenció la chica, que estaba encantada con la brusquedad de Harry. —Tú sigue, por favor, sigue…

Harry no se hizo de rogar. A Ginny le quedaba poco, y él lo sabía.

Siguió moviéndose como hasta entonces, intentando con todas sus fuerzas no acabar antes que ella, pero le parecía una tarea difícil. Ginny estaba tan húmeda, tan cerrada, tan irresistible…

Tuvo que parar un par de veces, para no terminar antes que ella, pero unos segundos más tardes notó cómo Ginny jadeaba. Se consiguió soltar de las manos del chico y le atrajo hacia ella con fuerza.

Él, notando las evidentes contracciones de la chica y entendiendo lo que estaba sucediendo, no pudo aguantarlo más y se dejó llevar. Se corrió dentro de ella, jadeando y dándole un último empujón hasta el fondo, mientras la besaba.

Se quedaron en esa posición durante un minuto, intentando recuperar la respiración. Harry se rio, de felicidad, y contagió la risa a Ginny. Con una mueca de cansancio, salió de su interior, se tumbó a su lado y la atrajo hacia sí con un abrazo.

Ginny apoyó su cabeza en el pecho del chico, notando como este le daba un beso en el pelo.

—Me ha encantado. —Dijo ella rompiendo el silencio.

—A mí también. —Contestó él con una sonrisa.

Se quedaron unos instantes así, tranquilos, cuando Ginny añadió:

—Aún no entiendo cómo ha podido ser que me hayan dejado venir aquí contigo.

Harry se rio, acordándose de conversación con su familia de la noche anterior y de todo lo que les quedaba por limpiar.

—Como hagamos lo mismo con cada habitación no vamos a acabar nunca. —Comentó.

Se empezaron a reír los dos, felices, y siguieron haciendo bromas y acariciándose durante mucho tiempo. Al fin y al cabo, tal y como pensó Harry, ahora que todo había acabado tenían mucho mucho tiempo por delante. O por lo menos hasta la hora de comer.

Notas de la autora: Pues hacía muchos años que no escribía nada pero siempre había querido publicar algo así. Espero que os haya gustado. Si me queréis dejar un review comentándome qué os ha parecido yo lo agradezco, y además me anima mucho a seguir escribiendo.

Un saludo y hasta la próxima!

Ali