Peter Hale.

Las heridas tardaron en cerrarse.

No, miento, ni siquiera cicatrizaron o disminuyeron el tamaño del zarpazo.

Pero a pesar de todo, Stiles, tuvo la paciencia de cuidarme y ayudarme esa misma tarde; llegado un momento nos trasladamos al piso de arriba, donde se encuentra la habitación de mi sobrino, ya que la entrada principal estaba lleno de testosterona y estrogeno por el aire; con esfuerzo y dolor, subimos las escaleras, y seguido nuestro, un celoso Derek.

Problemas graves no hubo, hasta que, por quinta vez, la herida se abre y comienza a sangrar con mas fuerza que las anteriores.

—Ven, tenemos que lavarla de

nuevo. —

Dice Stiles tirando suavemente de mi mano a la vez que ejerce presión sobre mi abdomen con la suya. Por suerte el baño no estaba lejos:

《Pero el tratar de curar una herida de alfa te llevaba todas las fuerzas, por eso era normal que un beta u omega no sobreviva a una de estas. 》

Y de nuevo, como lo hizo durante toda la tarde, se tomó su tiempo en detener la hemorragia y de limpiar todos los lugares que fueron manchados.

《 Sangre derramada por los celos de un Alfa. 》

Sus finos dedos recorrieron mi abdomen, acariciando mis músculos, evitando el hacerme un daño mayor del que ya tenía proporcionado.

Liberando por los aires un aroma que me recordaba a Talia, mi hermana, cuando tuvo a su primogénita, Laura. Ese aroma a maternidad, a galletas, leche y lociones suaves aptas para la piel del bebé; una pequeña mezcla de medicina y café.

《Talia. Laura.》

De a poco mi cabeza va cayendo, mi vista se me nubla.

《No lo hagas, ni se te ocurra, Peter.》

Me digo a mi mismo, tratando de contener mis lágrimas, que poco a poco se alteran por escapar. Ya era muy tarde, mi tosco sollozo llega a sus oídos, mis lagrimas empiezan a mojar al azar su camisa, y yo me muerdo mis labios para no mostrar un lado que nunca pensé que saldría a la luz de tan humillante forma.

Al momento ya tengo a Stiles, cubriendo mi cara contra su pecho, protegiéndome de que nadie me vea, sobándome la espalda al ritmo de alguna canción que seguro se le ocurrió al momento.

— Si necesitas llorar, hazlo. No soy nadie para impedírtelo, y mucho menos decirte que todo va a estar bien. Porque en estos momentos, nada esta bien, Peter. —

Mi llanto no fue sonoro, solo fueron miles de lágrimas, una detrás de otra retenidas por años. Que nunca conocieron la luz del día porque yo tenía la necesidad de demostrar que nadie me podía parar, ni mucho menos vencer. Pero la venganza pasó, y por culpa de la misma, Laura, murió en mis manos.

Siento sus dedos, esta vez pasando por donde una vez cayeron mis lágrimas, borrando cada rastro de que alguna vez lloré en sus brazos, procurando mantener viva mi imagen invulnerable. Una vez más, inspiro aquel dulce aroma que lo caracteriza. Creé mi propio mundo por unos segundos, pero mi paz se acaba al escuchar zumbar ambos teléfonos sin piedad alguna, dándome, una vez más, otra razón de que aquella manada de inútiles no pueden hacer nada sin que un adulto los supervise.

— Isaac encontró el escondite del aquelarre. —

Menciona Stiles para ambos en un susurro, como si de repente el hablar fuerte me espante y rompiera en llanto, otra vez; además de que tampoco había amagado a querer sacar el móvil de mi bolsillo trasero. Derek no estaba, hace rato; y Stiles solo se permite ir a guardar los materiales que utilizó en mi herida, dentro del botiquín.

— Stiles. —

— ¿Te duele? —

Atento a mi llamado se gira y me encara, y sin limitarme a nada, más de lo que ya había cruzado la línea ese día, me acerco cauteloso.

— Tal vez lo mejor sea que te quedes hasta que te cures completamente, cualquier cosa puedes ser nuestra caballería pesada si se nos llega a ir de las manos. —

— No. Nada de eso. Solo. —

Hago una pausa para querer llamar aún más su atención, que solo me preste su total atención a mí.

《Porque soy egoísta. 》

— Gracias. —

— Oh. Eso no fue nada, solo, creí que era lo correcto. —

Lo despeino suave al mismo tiempo que le sonrió verídica-mente, para luego sostener su cabeza en alto y poder darle un beso en su coronilla, marcándolo parcialmente con mi olor.

— Ahora vayamos. Tenemos que cazar a las viejas feas. —

La broma tuvo la reacción que esperaba, una donde Stiles se sonroja y me sonríe con total sinceridad, quitando importancia a lo que recién acababa de hacer, evitando lo raro y lo tenso de tal escena.

Llegado el momento del enfrentamiento, el cual ya era inevitable, con aquellas horrendas mujeres llenas de arrugas y magia negra (quienes encima tuvieron la osadía de querer experimentar con Stiles); olvidándonos por completo la insoportable frase de McCall prohibiéndome el no matar a nadie (y como si fuese una juego familiar, acabamos con todas y cada una de ella dentro de esa oscura cueva, con sus cuellos y estómagos abiertos).

De golpes y saltos, hasta rugidos y garras desprendiendo músculos y membranas. No existiendo remordimiento por parte de ninguno de los tres ante tal masacre; para cuando la manada volvió al punto de inicio, con nosotros tres frente a una pirámide de cuerpos inertes, el idiota de McCall fue el primero en dar comienzo a una charla sobre el bien y el mal, y lo poco ético y moral que fueron nuestras acciones; pero claro, mientras él se fue detrás de una sola para atarla de manos, yo tuve que enfrentarme con cincuentas como ella y, encima, con una herida que todavía no se sanaba del todo.

Un sentimiento de satisfacción me causó al ver como la única sobreviviente de aquel grupo de brujos lloraba por las difuntas.

— ¿Cuantas personas se necesita para matar a una sola bruja? Por favor, díganme. Porque mientras todos ustedes estaban detrás de la hija de puta, nosotros tres fuimos capaz de acabar, con alrededor, de cincuentas como ella. —

El cansancio me tenía exhausto e incapaz de escuchar las ridículas excusas de McCall en su defensa.

《Por lo visto tampoco, no soy el único que pensaba lo mismo, Derek y Stiles desprendían el mismo aroma de no ver la hora de irse pronto de aquel, mugriento, lugar.》

— ¿Me pueden acercar a casa? —

Pregunta Stiles, un poco más cerca de ambos para que lo escuchemos solo nosotros; tanto Derek como yo, notamos la mera presencia de sus oscuras ojeras bajo sus ojos.

— Claro pequeño, no hay drama. —

Contesto, a la vez que Derek va tomando rumbo hasta su Camaro, estacionado a un costado se la carretera. Con cautela le sobo su espalda, alentándolo a caminar un pequeño trecho; no me importó que la manada nos mirasen raro, y aún menos que Scott diga que le estaba lavando el cerebro a Stiles.

— Estoy bien. Gracias. —

Queriendo comenzar camino, su pierna derecha flagea llevándolo a punto de caer, o ese hubiese sido el final si no fuera porque lo atrape, presionándolo contra mi pecho y absorbiendo su dolor. Un pie desguinzado.

— No estas bien, Stiles. —

— Puedo renguear, hasta el Camaro.—

— No conmigo presente. No te lo permitiré ni estando muerto. —

Dicho comentario provoca una dulce risa acompañada se un aroma que nubla cualquier sentido y uso de razón.

《 ¿Habrá sido por el uso de sarcasmo y el juego de palabras que utilice?》

De igual manera lo disfrutaba, me emocionaba la idea de ser yo el que genera tales sentimientos; y no era el único, Derek, disfrutaba desde lejos, capaz ya estando a un costado de su preciado auto, pero aun así, a pesar la distancia, lo risueño que podía ser el muchacho, nubla todo sentido y solo quieres más y más de aquella sensación.

— Ven. Sube. —

Sin problemas, sin más drama, lo ayudo a subir de caballito a mis espaldas, así como él me ayudo. Mi cuerpo duele, pero la sola idea de no dejarlo caer me da un motivo para llegar hasta la carretera y luego acompañarlo a su hogar; subiendo pequeños senderos, una caminata tranquila pero cuidando el paso, mis ojos azules brillan dándome una visión nocturna y mis demás sentidos acompañan la tranquilidad de un sueño profundo. Ya los últimos pasos y diviso a Derek, quién me mira con molestia, para luego poner una cara de pasiguedad absoluta; se acerca y sostiene a Stiles para que yo pueda soltarlo sin lastimarlo y luego volver a tomarlo en brazos.

— Stiles. Despierta, tenemos que acomodarte en el asiento. —

— No. Tengo frío. —

Dice en sueños a la vez que toma con más fuerza del cuello de aquella camiseta que había dejado, por si las dudas, en el Loft de Derek.

— Pondremos la calefacción si así lo deseas. —

Vuelvo a sugerirle, suavemente, en un susurro.

Pero no es suficiente, Stiles se prende de ambos, afianzando su brazo izquierdo alrededor del cuello de Derek, mientras que con su mano derecha acaricia mi mejilla. Tal gesto nos dejó algo, perplejos y desorbitados, con la duda de que capaz estaba bajo un hechizo y que no salió del todo ileso de aquella batalla.

— Solo deseo su calor de chucho. Porque tengo frío, y siento que me voy a enfermar pronto. —

— Entonces, déjanos acomodarte dentro del coche. —

— No. Quiero su calor. —

— ¿Y que sugieres? —

— Llevarme encima tuyo. Y abrázame hasta que recupere temperatura, o lo que dure el viaje. —

Y como lo dijo lo cumplí. Porque no me importaba si Derek me abría el cuello o si el Sheriff me disparaba por haber estado tan cerca de su hijo.

No, no me importa.

Al final, Derek se rinde ante alguna de sus batallas mentales y me ayuda a poder subir al coche con Stiles en brazos y envolverlo como si fuese una criatura entre abrigos propios para que su temperatura aumentase, y que dicho sea de paso, queden nuestros aromas impregnados en su cuerpo.

La noche se encontraba oscura y fría, mucho más de lo que se acostumbra por esos lugares, con la atmósfera aún densa y, posiblemente, con un porcentaje de humedad alto, pues, los vidrios se empañaban fácilmente. La jornada fue larga, acompañada con una variedad de música Soft y Deep House a un volumen bajo, para Stiles, y moderado para nosotros.

Una vez habíamos llegado a la residencia Stilinski, ambos bajamos, acompañándonos por si el sheriff pedía explicaciones; pues, Derek es confianza, para lo que respecta de aquel alguacil, pero mi persona, representa peligro y mentiras, capaz de vender a mi familia por nada, o es así como me tienen colgado de una pared. Y que yo llegase solo hasta aquella residencia, con Stiles entre brazos, no da a lugar a pensar cosas de color rosa.

No.

Pero todo resulto, acojonante y raro.

Derek echaba un último vistazo a su coche recién aparcado frente a la puerta principal, donde suponiendo que fue el ruido del motor de cuyo coche que lo alertó, el sheriff ya nos esperaba con la puerta abierta de par en par y con paso libre hacia el interior de aquella casa como si fuera nuestra.

Noah Stilinski no es ningún tonto, me repetía una y otra vez.

Derek solo le pasó la mano y directamente me guía hasta la habitación del castaño, con su padre detrás de nuestros talones.

Lo recosté con suavidad en su cama. Acomode varios de sus rebeldes cabellos que se pegaban por su frente. Lo arrope con sus mantas y, al no poder quitarle ambas chaquetas que sostenía con fuerza en sus manos, le tape con las mismas por encima de las sabanas.

— Descansa. —

Le susurro en su oído, no queriendo despertarlo por segunda vez en esa noche; salgo de aquella habitación, como si fuera el mismo infierno, entrecerrando sus puertas, afuera por los pasillos se encontraba Noah, no cuestionando cada segundo que su único hijo paso lejos de casa, no, sino que charlaba con mi sobrino como si se hubiesen conocido desde antes. Me arrimo en silencio ante ambos, y como corresponde, saludo al Jefe con un apretón de manos lo suficiente para no lastimar su mano y comenzar con el pie izquierdo.

— Veo que esta vez te comportaste como tal, Hale. —

— Bueno, es que Stiles me ayudó con una herida; lo menos que podía hacer por él fue mantenerlo a salvo. —

— Ni que lo digas; tu sobrino ya se adelanto a los detalles. Pero de todas formas debo de amenazarlos de que no hagan daño a mi pequeño o se las verán conmigo; Argent esta dispuesto a proveerme balas con acónito y no temeré en usarlos como tiro al

blanco. —

Le sonreí de costado mostrando, parcialmente, mis perfectos dientes blancos y alguno que otros afilados con mi vista en alto pues el hombre me saca varios centímetros.

— No tiene porque preocuparse, Sheriff. No tenemos la intención de que Stiles salga herido en ningún momento. Además, de toda la manada es con el único que puedo mantener una conversación razonable y nada irritante. —

Noah nos dedica una mirada nostálgica mirándome a mí y luego a Derek y viceversa.

— Es idéntico a su madre. —