Derek Hale.
La noche anterior, Peter, dejó en claro ante el Sheriff Stilinski que Stiles valía mucho para ambos y que sabíamos muy bien qué peligro corríamos sí se nos iba de las manos. Pero después de eso, Noah, se mostró tranquilo y confiado de que su pequeño estaba seguro, incluso en las manos de Peter.
— ¿Y nuestras chaquetas? —
Cuestiono curioso pues no había visto a Stiles soltarlas en ningún momento, ni siquiera cuando se lo arropo en su propia habitación.
— Lo cubrí por encima de sus colchas con ambas, parecía no querer dejarlas ir. —
Se burla.
Sonreímos mutuamente pensando en como sería si fuésemos nosotros y no las prendas.
— Ahora hay que esperar, a ver si se digna en devolvérnoslas o si se las piensa quedar como cobija. —
Me mira curioso por la broma, pero se suelta al ver la verdad en la misma.
— Adelante, ríete sobrino. Pero Stiles sabe lo importante que es esa campera para vos, al igual que la mía. Lo máximo que hará es no despegarse de ambas hasta que haya una reunión en dónde nos las podrá devolver. Lo bueno de eso es que cuando lo haga, las prendas estarán llenas de su dulce olor, mezclado con los nuestros. Eso sería más que suficiente como para calmar un rato a nuestro instinto animal. —
En sí tenía una razón segura, pues el aroma de Stiles ahora estaría impregnado con el de cada uno, lo cuál venía como anillo al dedo, pero por otro lado, esa chaqueta es importante para mí, y que tenga que esperar hasta que McCall solicite una reunión o que algún ser sobrenatural aparezca para realizar una junta, entonces, Stiles no sería capaz de devolvernos las chaquetas a cada uno.
Esa tarde me la dediqué a estar en el Loft, haciendo una limpieza general, que abarcaba desde reponer los productos de las alacenas hasta ordenar mi habitación. Para cuando había terminado toda actividad de limpieza y orden, me recosté en uno de los largos sofás que tenía, donde con la tenue luz de una lampara lejana, leía un libro de mitología nórdica.
Fue tanta la concentración que le dí al libro que no noté cuando alguien llamaba a mi puerta; ya sabiendo de quién se trataba.
— ¿En que te puedo ayudar a estas horas? —
— ¡Eh! Derek, cuanto tiempo. ¿Es qué acaso no puedo visitar a mi sourwolf cuando quiera sin la necesidad de correr un riesgo maligno? —
Sonrío disimulado al ver como Stiles tenía los nervios a flor de piel, automático fue cuando mi rostro se volvía aun más inexpresivo y fue tanta la incomodidad que me encantaba causar que logré que el muchacho salte directamente con lo que venía a hacer.
— Yo. Te traje a devolvértelo,
gracias. —
Me tiende una bolsa en donde traía mi chaqueta, y tal como Peter predijo, el aroma a Stiles estaba impregnado por cada uno de sus hebras.
— Gracias por devolverme. —
— Oh no, tranquilo, se cuán importante es la prenda. —
Con un leve asentimiento le vuelvo a agradecer.
Me hago a un lado y en el silencio lo invito a pasar. Al principio negó la invitación pero al ver que no lo dejaría irse tan fácil, entró.
— No es necesario, Derek. Solo venía a devolverte la chaqueta. —
— Es por eso que te invité a pasar, anda, no muerdo. —
Bromeo creando una melodiosa y risueña risa.
— Así que dices que me "invitas" a entrar a tu casa. —
— Exacto. —
— Pues, yo lo sentí más como un:
《O entras o no te vas de acá. 》—
Nuevamente ríe pero esta vez conmigo al compás.
Me sentía a gusto, y él también. No hacía falta ninguna pregunta, sus aromas hablaban por él; cambiaban constantes.
— Quédate y preparemos la cena. —
Un pequeño aumento en su ritmo cardíaco fue suficiente, contuvo su respiración y su mundo quiso colapsar, pero él se mantuvo de pie como si nada pasase dentro suyo.
— ¿Cenar? ¿Contigo?—
Asiento restandole la poca vuelta al tema y hacer parecer que una cena entre amigos no fuese la gran cosa, o bueno, esa es la idea.
— ¿Aceptas o no? —
— Si, acepto. —
— En ese caso, te declaro mi
Co-chef. —
Burlo, mostrándole una sonrisa, que capaz, nunca la había visto dibujada en mi rostro. Y si antes había dicho que dejó de respirar, ahora mismo, se había olvidado de vivir.
Un rojo de vergüenza aventura por su rostro, cuello y puntas de ambas orejas, dándole ese toque infantil e inocente.
No tardamos en poner manos a la obra.
Entre los preparativos de aquella cena improvisada hicimos muchas más bromas que acostumbrabamos ambos, al igual que charlas entretenidas y alguna que otra cuestión que te dejaba en blanco sin tener una respuesta consistente o si quiera existente.
Y ¿Como no culpar el espacio reducido de aquella habitación para poder rozar nuestros codos, brazos, antebrazos, pierna e inclusive mi pecho contra su espalda, mientras cocinábamos? Y entre risas y risas, se le escapó aquellas palabras que capaz nunca se sentiría lo bastante valiente como para pronunciarlas:
— Nunca pensé que sería una de las pocas personas que te verían reír de esta manera, Der. —
Y por un momento me rodeó un sentimiento nostálgico, dónde la compañía, la inocencia, el hogar y la maternidad iban de las manos. Me sentí en casa junto a mi familia. Me sentí seguro y a salvo.
El silencio abrupto lo asustó y se lo notaba en su tez aún más blanca.
— De todos, eres la única persona que sé que no me hará daño, Stiles.
Te tengo demasiada confianza y cariño aunque no lo creas o no lo demuestre frente a la manada. Y esto último lo hago porque tengo miedo. —
Una breve pausa bastó para que él busque mis ojos y me mantenga la mirada.
— Tengo miedo a que te usen en mi contra, Stiles. Porque en eso se basó hasta ahora mi vida, primero fue Paige, luego Kate. Y no volveré a cometer tres veces el mismo error. Es por eso que te trato de esa forma tosca y bruta frente a ellos; para que nadie sepa que eres una debilidad mía, ni ellos ni nadie. No quiero que te hagan daño, no quiero que te lastimen; es por eso que tú papá confía en mí. Porque el sabe, y no es ningún tonto, que yo no sería capaz de dejarte ser herido, Stiles. —
Asiente, pega media vuelta y apaga la estufa.
A los segundos, vuelve a la misma posición que estuvo hace tal solo un momento atrás, está vez dando caricias a lo largo de mis brazos y hombros, pensando y tratando de querer gesticular o mencionar algo que se le ocurriese para lo que ameritaba la situación; pues yo ya me había abierto.
No encontrando palabras a lo recién confesado, busca con sus manos mi rostro, el cuál lo había dirigido hacía el piso por la vergüenza apoderándose cada vez de mí, y al igual que Stiles, siento como las puntas de mis orejas toman temperatura, seguramente más rojas de lo que ya estaban.
《¿Cómo mirarlo si ni siquiera se como va a reaccionar?》
Solo podía sentir sus dedos acariciando mis mejillas.
Rindiéndose ante la posibilidad de decir algo, busca sostener mi mirada con la suya. Me sonríe y besa casto y ósculo. Ambos desconcertados apoyamos nuestras frente, una contra la otra, para reflexionar lo recién ocurrido; yo porque fui besado por él, y él por lo que acababa de hacer, aguantando la respiración, a la vez que, cómo si no hubiese pasado nada; él sonríe, como si eso fuera lo suficiente como para tranquilizar aquella loca escena.
— Gracias por todo, Derek. —
—No hay por qué. —
