Hola otra vez! Me encantan los fanfics del impala convirtiéndose en persona, así que aquí va mi propio granito de arena. No puedo prometer actualizaciones regulares por culpa del maldito trabajo, pero intentaré ir publicando un capítulo a la semana. Sin más preámbulos, aquí lo tenéis! Espero que os guste y no dudéis en dejarme vuestras opiniones en comentarios, muchas gracias!
Jack entró en la cocina del búnker sonriendo con una mujer pasándole el brazo por los hombros como si aquello fuera lo más normal del mundo. Sus tres padres se lo quedaron mirando sorprendidos. Después de tanto tiempo, era difícil sorprender a los dos cazadores y al ángel, pero Jack siempre parecía sacarse algo de la manga.
Dean fue el primero en reaccionar.
—¡Jack! No puedes traer a mujeres al búnker, ¡se supone que este sitio es un secreto!
La extraña soltó un resoplido que consiguió que clavara sus ojos en ella. Y menuda ella. Vestía unos pantalones de cuero que le quedaban como anillo al dedo, una camiseta de tiras de Led Zeppelin y unas botas militares bien atadas. Tenía los brazos cargados de cicatrices y tatuajes. En las orejas unos cuantos aros plateados y en el rostro el toque justo de maquillaje para que le resaltara unos profundos ojos grises. Tenía el pelo largo y liso, negro como el azabache pero brillante. Todo en ella era lo que buscaba Dean en una mujer. Le recordaba a Pamela y un poco a Lisa. Como si estuviera a medio camino entre las dos. Aunque en cuanto lo pensó le pareció una idea ridícula.
—¡No puede traer a mujeres aquí ni a ningún otro lado! —Saltó Sam, evidentemente más molesto con la promiscuidad del crío.
Dean se encogió de hombros. A menudo se olvidaba de que el chico apenas tenía unos dos años. Se giró a mirar a Cas. Éste estaba sospechosamente callado, mirando a la mujer con los ojos entrecerrados. Observándola demasiado atento para el gusto de Dean.
—No es lo que parece… —Dijo Jack a la defensiva.
—Explícate. —Exigió Sam mientras se levantaba, cuan alto era, y se cruzaba de brazos en una pose tan de padre que hizo sonreír a Dean.
Jack soltó un suspiro antes de empezar.
—El otro día estábamos viendo la tele con Dean. Me estaba enseñando una de esas series antiguas que tanto le gustan —Dean frunció el ceño, a saber a cuál de ellas se refería el crío—. La cuestión es que me entró curiosidad, así que…
Por lo visto la mujer se había cansado ya de tanta palabrería porqué soltó a Jack y se acercó a Cas despacio, enganchando su mirada con la de él. El silencio se apoderó de ellos mientras veían como Castiel daba un paso atrás en cuanto la extraña estuvo ante él.
—¿Qué eres?
Ella sonrió de medio lado, coqueta. Se inclinó un poco, como para poder observarle más de cerca. Aquello ya era pasarse.
—Oye. ¡Eh! ¡Tú! —Al final la aludida se giró hacia él.— ¿No ves que lo estás poniendo incómodo?
Aquellos ojos grises lo fulminaron.
—Si no le gusta, me lo puede decir él mismo. Dean.
Dios, su voz. Era profunda y ronca, pero de una manera extrañamente sexy y… ¿familiar? Un momento, sabía su nombre. Sam se giró hacia Jack sin que él se diera cuenta.
—¿Qué serie estabais mirando?
—El coche fantástico —Respondió el crío—. Pensé que estaría bien poder hablar con…
Todo encajó en su mente, como si fuera lo más obvio del mundo.
—¿Baby?
—La única e inigualable —la mujer, ¿coche?, sonrió orgullosa de sí misma antes de volver a centrar su atención en Dean—. Me extraña que no me hayas reconocido. La verdad es que me ofende un poco. Llevamos cuidando el uno del otro desde antes de que nacieras.
—¿Cómo que desde antes de que naciera? —Preguntó Sam mientras Dean aun seguía intentando encontrar palabras que tuvieran sentido.
—Dean fue el que le aconsejó a John que me comprara en vez de aquella mierda de furgoneta de hippies. Imaginaos todos estos años cazando monstruos con la Mistery Machine de Scooby-Doo. Menuda pinta a agentes del FBI habríais tenido con eso.
Se rió un poco de su propio comentario.
—Esto no tiene ningún sentido. Mucho menos gracia.
—¿Qué dices? Soy la monda.
Fue el turno de Sam de que se le escapara la carcajada.
—¿Y tu de qué te ries?
—Os parecéis más de lo que habría creído posible.
Dean soltó un resoplido molesto. Sam seguía intentando aguantarse la risa. Jack sonreía abiertamente intentando entender la situación. Baby había devuelto toda su atención a Castiel, y este último le aguantaba la mirada con curiosidad.
Aquello… Toda aquella situación era muy rara. Demasiado rara incluso para los Winchester. ¿Qué se suponía que tenían que hacer con un coche transformado en mujer? Dean no podía evitar sentirse un poco atraído por ella. Era como si todo en ella gritara familiaridad y hogar. En cuanto lo pensó se dio cuenta de que no podía ser de otra manera. Al fin y al cabo el Impala había sido su hogar durante muchos años; y seguía siéndolo aunque tuvieran el búnker.
A la vez, un nudo de incomodidad y celos había ido creciendo en su estómago desde que se había acercado a Cas. Baby se colgó del brazo del ángel con una sonrisa lánguida y el nudo pasó a pesar como una bala de cañón.
—¿Dean? —Pidió ayuda Castiel.
El aludido apartó la mirada para que no viera lo mucho que le estaba molestando la situación. Al ver que no respondía, Castiel repitió la pregunta.
—¿Dean?
—¿Qué? —Dios… no había querido sonar tan borde.
—Déjale, guapo. Vamos. ¿Por qué no me enseñas el búnker? Solo he visto el garaje y, aunque me encanta, siempre me he preguntado cómo es este sitio por dentro.
El cazador leyó las intenciones en las palabras de su coche. Nadie dijo nada y, tras unos segundos, oyó un par de pasos alejándose por el pasillo.
