Peter Hale.

Ya había pasado más de la mitad de una semana luego de las brujas, y tanto la manada como el pequeño pueblo se encontraban en paz. Aunque el estar corriendo por tu vida no era un buen ejemplo de paz, si era una buena inversión de tiempo, en el cuál uno podía conversar con cierto chico hiperactivo.

Hacía ya desde un tiempo que me había conseguido un departamento en el pueblo, claro que mucho más completo que el de mi sobrino; ubicado al otro extremo del mismo, de dudosa dirección para muchos, a excepción de Lydia, quién era la única que tenía la ubicación exacta, piso correcto y una copia de las llaves de la puerta principal, por lo que se me hizo costumbre el sacar la llave desde adentro del cerrojo, por si ella deseaba ingresar sin permiso como veces anteriores.

No obstante, esa tarde fue todo lo contrario.

Resulta qué, mis mejores tardes constan de leer libros en mi sofá con alguna taza de té o café; o esa debería ser la idea si no fuese interrumpido por la puerta siendo abierta desde afuera, dando vuelta y destrabando el seguro, para luego abrirse completamente.

—Lydia, cariño, te he dicho que me mandes un mensaje para cuando vendrías, algún día me encontrarás desnudo y culpa mía no será.—

—¿Enserio?¿Culpa mía no será?— Al escuchar aquella voz no perteneciente de la chica pelirroja, elevo la vista del libro de la Alemania Nazi que me encontraba leyendo. Pues efectivamente, el muchacho bañado de lunares y de ojos color Wiskey me mira curioso, y como respuesta ante tal gesto cierro el libro. Él prosiguió:

—¿Qué clase de Yoda psicópata eres? ¿Y porque Lydia corre peligro de verte desnudo?—

—¿Celoso pequeño?— Le miré. Este era mi momento. Podía aprovecharlo o podía dejarlo marchar pero, de cualquiera de las maneras, sabía que no podría librarme de ello.

Él me mira ofendido por el adjetivo de cariño. De vez en cuando, Stiles, no soportaba que lo llámase pequeño o niño para cuando estaba enojado.

Sin mucha mas vuelta, le respondo.

—Con respecto a tu primera pregunta, cariño; me gusta pensar que puedo ser mi propio Yoda, claro que, uno mucho más sexy que Obi Wan Kenobi. Además, esta es...— Hago una pausa mientras alzo mis brazo a la altura de mis hombros, haciendo gesto de grandeza por todo mi departamento. —Esta es mi cueva, la cuál tanto ansiabas conocer, pero resulta que poco a poco es invadida por ustedes, quienes me van privando de las ganas de andar desnudo por todo mi departamento, lo cuál contesta tu segunda pregunta.—

—Emm, bien. ¿Y si tanto te molesta nuestra presencia, porque Lydia tiene un copia de las llaves? Es más, ¿Qué hizo para obtenerlas?—

—Nada. Un día se apareció en mi puerta y una semana más tarde ella ya tenía una copia de las llaves, y quién sabe que más.— La respuesta dada es suficiente para todas sus dudas. —Ahora, ¿En que te puedo ayudar, pequeño Stiles?—

—Ah. Bueno, yo vine a devolverte este libro, que Lydia te sacó. Y, tú chaqueta de la vuelta pasada; de hecho te quería decir gracias por el gesto, Derek me comentó que fuiste tú quién me arropo y me dejó con ambas chaquetas. —

"¿Derek? Fue primero con Derek".

—¿Y Lydia?— No quise pensarlo más, Derek empezaba a ponerse a mis alturas. Seguí escuchando todas sus explicaciones y detalles de lo comentado por mi sobrino; y el porqué Lydia no fue quién devolvió aquél gran libro, el cuál Stiles apenas podía sostener.

—Es más, me dijo algo como: ''Se lo saqué mientras me sermoneaba el porque no quería prestarme el mismo libro y mucho menos que estén fuera de su departamento.''—

—Bueno, eso es bueno. Quiere decir que me prestaba su debida atención cuando se lo dije. Y sobre la chaqueta, te lo agradezco mucho.—

Con cuidado tomo el gran libro de sus manos, rosando nuestros dedos en el camino.

Un pequeño escalofrío le recorre su espalda, su piel se eriza, y yo opto por hacerme el distraído. Me doy media vuelta y me dirijo a la habitación que utilizo como biblioteca con Stiles siguiéndome el paso; desde libros antiguos hasta modernos, e incluso libros familiares donde mi padre destaca por sus diarios e investigaciones. En parte sí, se podría decir que estoy orgulloso de poseerlos a todos y cada uno de ellos.

—¡Vaya! Sabía que leías pero nunca pensé que fuera tanto. Me agrada mucho este Peter culto.—

Suspira impresionado por las largas estanterías que ahora recorre con la vista y su dedo índice, tocando y repasando los títulos existentes.

—Es bueno saber que te interese una parte mí, después de todo.—

Digo mientras me ubico detrás suyo sin tocarlo, leyendo parte del contenido del libro que ahora tiene en sus manos y que lo ojea con entusiasmo y cuidado.

Me acerco un poco más y olisqueo detrás de su oreja donde sus aromas son más prominentes, no queriendo que se percate de mis acciones.

—¿Bromeas? Soy capaz de venir del otro lado del mundo con tal de poder leer toda esta biblioteca entera sin sacar un solo libro de tu departamento.—

Dice emocionado, pegado al libro de poesía de José Luis Borges, un poeta de origen argentino.

"¿Acaso no le tienes miedo a la muerte estando conmigo tan cerca?¿Cambio tu forma de verme con este tiempo o sigo siendo el mismo hombre psicópata y cínico que mato a su sobrina y que, alguna vez trató de matarte en el hospital?"

—¿No me tienes miedo, Stiles?—

Le cuestiono, no seguro de mis pensamientos, no seguro de mis propios actos, no queriendo llenarle de preguntas sin sentido y qué, luego, no me pueda responder ninguna.

Solo niega suave. Seguro de su respuesta.

—¿Por qué lo haría, Peter? ¿Lo dices por lo que pasó en el hospital, por lo del bosque, por todas esas vueltas donde estuve cerca de la muerte estando cerca tuyo?¿O lo dices por qué fuiste tú quién mordió a Scott y colateralmente fui involucrado en este mundo peligroso? Sabes más que nadie, Peter, que no te tengo miedo. Es más, te respeto y admiro. Y todo lo que hallamos pasado es eso, pasado.—

—Me tienes miedo.—

—Yo no he dicho eso, Peter...— Insiste.

—Lo pensaste.— Objetó una vez más.

—No pongas palabras en mi boca, Hale.—

—Hablas igual que tu padre.—

—Eso no es verdad.— Él bufa ofendido, pero sabemos que tan dramático le gustaba ser.

—¿Entonces?— Le vuelvo a cuestionar, buscando una duda en su sistema que me diga lo contrario a todo lo que me surgía desde lo más profundo de mi ser desquiciado y animal. Callado me mira: —Fuiste primero con Derek, ¿no? Hueles a él.—

—Recuerda que estuve cubierto por sus ropas, es normal que huela a Derek.—

Por dentro mi lobo gruñe. No, no puedo soportar el aroma de alguien más en Stiles.

—Te creería si tan sólo me miraras a la cara mientras me lo dices.— Sus mejillas rojas se hacen presentes en mi campo visual.

—Sí, fue al primero que le devolví la chaqueta.—

—Estuvieron ambos...—

No continuo, temiendo a la respuesta que podría darme, porque él no tiene ni la menor idea de lo que pasa a su alrededor, por ende, no sabría el daño que provocaría en mí, ni se daría cuenta de lo mismo porque no dejaría que mis emociones salgan a flor de piel, no por segunda vez, no enfrente de aquel muchacho al cual tengo la necesidad de proteger, proveer y cuidar. Pero la oportunidad todavía existe, una donde Stiles me niega la posibilidad de que se haya encamado con mi sobrino, y que solo es el aroma que se impregno por su piel y ropa.

No hay respuesta. No. Hay un movimiento, que dependió de ambos, dónde lo obligo a virar por sobre su eje completamente, dónde lo tomo de su mentón y le suplico que me mire a los ojos.

Una danza empieza a bailarse, mis labios presionan los suyos, aguantando hasta que él reaccionase ante tal petición egoísta; desespero y deseo, él y yo, apoyados contra las repisas de mitología Griega y Romana, dónde su punto de fuerza es ejercida en su nuca, sujetada con presión suave pero firme, y el beso se funde aun más, forzándonos a abrir nuestras bocas y dejar pasar al rival. Travieso y curioso como es: muerde, chupa y estira mi labio inferior, arrebatándome varios jadeos con solo pensar que él, el muchacho virgen que se enfrento a un grupo de brujas, sabe besar.

Lo separo de momento.

—¿Dónde aprendiste a besar así?— Él solo desvía su mirada, apenado. —No es un donde, ¿cierto?— Reafirmo. Y él niega, sus ojos fijos en mí. —¿Quién te enseño a besar?—

Le pregunto esta vez, esperando a que me responda: Derek.

—Malia; aprendimos juntos.—

Murmura bajo, siendo la respuesta era la menos esperada.

—¿Malia, te enseño a besar?—

Indago en tono bajo y atípico, lo bastante cerca para que me oyese.

—Entre Malia y yo hubo una relación bastante rara y reciente, pero no muchos sabían del noviazgo; después de que le ayude a salir de Eichen House, empezamos a estudiar y a salir juntos.—

Tantos años en solitario, sin manada u otra compañía; sonreí, más para mí que para Stiles, procesando la información de que tal vez, Malia, sea ahora una rival; que había heredado los mismos encantos de su padre, osea yo, lo cuál me enorgullecía, y de lo suertuda que fue por estar en el lugar y tiempo correcto para haber sido la primera en robarle besos de este tipo a Stiles, pero como no felicitarla por el trabajo bien realizado.

—¿No estas enojado conmigo?—

Cuestiona dudoso de cualquier reacción.

—¿Por qué lo estaría, Stiles?—

Susurro cerca de sus labios, ansiando en volver a devorarlos.

—¿Por lo de Malia, talves?—

—Solo puedo decir que hizo un excelente trabajo.—

Declaro finalmente sin darle más vuelta al tema.

Volví a besarle. Esta vez, nada ni nadie iba a detenerme, no cuando sus labios eran tan suaves y esponjosos, brillando por la saliva e hinchan por la fricción que provocamos, perfectos para ambos, quienes ahogamos gemidos y jadeos.

"Brr, brrr".

Vibran ambos teléfonos a la vez.

—Ngh. Por favor, no otra vez.—

Me quejo escondido en el pequeño hueco de sus hombros y el cuello.

—Nueva amenaza. Reunión ahora.—

Lee en voz alta el mensaje que, suponiendo lo seco y poco emocionante que sonaba, era de mi sobrino.

—Faltemos ambos y digamos que teníamos otras cosas que hacer.—

—Sabes que soy pésimo mintiendo y además, Derek se dará cuenta y se molestará con nosotros.— Dice mientras yo le doy pequeños besos en su pálido cuello; él se preocupa de no querer hacer enojar a Derek, yo me aseguro de dejar marcado un camino obvio que entre besos y besos, una pequeña mordida junto a una succión, no hace mal a nadie. —¡Hey! ¿Qué haces?—

Me cuestiona entre pequeñas risas.

—Es solo un pequeño souvenir, para que te acuerdes de mí. Andando, no queremos que nos lancen por el balcón o las escaleras.—

Bromeo obteniendo lo que quería; volver a escuchar esa dulce risa suya. Le ayudo a acomodar bien sus ropas, y como hace unas noches anteriores, se vuelve a colar mi chaqueta de cuero con la excusa de que era cómoda y hacia frió esa tarde.

Le extiendo mi mano una vez que cerré la puerta del departamento y bajamos con nuestros dedos entrelazados hasta el estacionamiento del mismo edificio, en donde tenia aparcado mi preciado Pony Car: Ford Mustang Shelby GT350, en color azul.

—¿Por qué nunca te vi aparecer en este auto en el Loft?—

Pregunta a la vez que acaricia las curvas de la carrocería con sus dedos, como si una escultura greco-romana fuese.

—Tal vez porque a diferencia de mi querido sobrino, yo si uso la cochera como toda persona civilizada que

soy.—

Le explico recordando las veces que voy a aquella residencia y su Camaro se encuentra estacionado afuera. Nos subimos y rápidamente nos ponemos en camino hacia el punto de reunión con la camada de chuchos según como Stiles lo suele llamar, mientras le demostraba el verdadero potencial de un Pony Car, llegando solamente 5 minutos más tarde de la hora acordada.

—Llegan tarde, ambos.—

Aclara Derek, como sino fuera lo suficientemente obvio.

—¡Es la primera vez que no llego media hora tarde Sourwolf! Así que no te quejes.—

A diferencia del resto, Stiles entró a aquella residencia marcando paso, junto a la euforia y adrenalina a tope, aún con repercusiones de la emoción por el paseo de hace un rato.

—¿Por que estas despeinado, Stiles?—

Cuando Scott le cuestiona tal cosa al muchacho, Derek, automáticamente se pega la vuelta como si lo último que valla a ver antes de morir fueran sus ojos rojo brillando con furor, aguardaba a que corten el cable equivocado para detonar, saltar encima mío y cortarme la garganta como vez pasada, seguro. Pero sus planes fueron estropeados.

—¡Peter me llevo a más de ciento veinte kilómetros por hora en su coche!¡Fue muy emocionante!—

Todos los presentes veían como el castaño saltaba de un lado a otro; algunos compartían la alegría del chico, otros lo miraban como si fuese un bicho raro por haber aceptado el pasar unos minutos conmigo.

—Pido mil disculpas, sobrino. No fue nuestra intención hacerte esperar cinco minutos. Es más, el chico se emociono tanto que saco su cabeza por la ventanilla, lo cuál eso fue lo que le despeino.—

Finalizo sin más.

Entonces, él cuestiona de nuevo:

—Entonces, ¿llegaron en el mismo auto?—

—Si, Sourwolf. En el mismo.—

Responde, Stiles, adelantándose a mis palabras; pronto, Lydia le consigue un baso lleno de agua junto a un par de pastillas, tratando de que se relajara.

—Sti, pareces un niño que comió demasiadas golosinas en una sola tarde y que ahora esta a tope de energías.—

Le dice mientras se aseguraba de que Stiles tomase las pastillas y, así, pueda recoger el vaso y devolverlo a su sitio.

Mi vista inquisitiva vuelve a dónde mi sobrino quedó; Derek Hale está celoso, y no hace falta ser un ser sobrenatural para saberlo, porque el burro de sobrino que tengo, no sabe disimular o guardarse sus emociones; además de todo eso, la pregunta que había dicho a continuación lo delató:

—Y, ¿Cómo es que terminaron en el mismo auto, si Stiles tiene su Jeep?—

—Yo fui a su departamento.—

Dice, Stiles, interrumpiéndome por segunda vez; como si fuera un simple hábito entre ambos.

—¿Perdona?—

Esta vez es Scott es quién sale a cuestionar las acciones.

"¿Acaso no puede ir a la casa de quién se le de las ganas sin el permiso de ninguno de los dos?".

—Oigan, tranquilos. Solo fui a devolverle su chaqueta y un libro que Lydia me encargo. Nada más.—

Explica como si nos acusaran de un delito que no habíamos cometido.

A como iba el interrogatorio, tomo asiento a un costado de la muchacha pelirroja, pasando uno de mis brazos por detrás suyo, y sin repliques, ella se acomoda dejando de forma parcial su cabeza apoyada en mi hombro, admirando la obra de teatro que se formaba en esos instantes.

—Hola querida, ¿Estuvo la lectura amena?—

Le pregunto, y una de mis sonrisas arrogantes de medio costado se dibujan por mis labios, los cuales seguían medianamente hinchados, cautivando su atención. Entrecerrando sus ojos, como si me dijera con ellos un: ''no me creo nada lo que me digas''; ahora ella me habla indiferente:

—Peter, no te esperaba por acá, y si, lo hice.—

Asiento y suspiro mi derrota, porque es jodida e inteligente, sabe darse cuenta, sabe atar cabos sueltos; pero tarde o temprano me preguntará todo y detalle; tarde o temprano hablará, y luego yo hablaré; y tarde o temprano actuaremos.

—¿Con que te golpeaste el cuello, Stiles?—

La marca que fue hecha con el propósito de poner celoso a Derek ya había sido descubierta, y dicho sea de paso fue la primera pista que le brinde inconscientemente a Lydia; pero ahora me doy cuenta que con solo hablar con el muchacho ya lo pone nervioso.

"Lo olvidé por completo".

Me reprocho. Y el detonante que Derek buscaba en un principio, lo encontró frente a sus narices:

—¿Ocupado Stilinski?—

Bromea el niño lagarto mientras reía de la cara de vergüenza de Stiles.

—Querida, hazme el favor de callarlo de nuevo.— No necesité más palabras, porque ahora Jackson se sobaba su antebrazo del pellizco que la pelirroja le había dado. —Gracias.—

Esperé el golpe de aquel muchacho con quién comparto sangre, pero nunca llegó; en lugar de eso dejó a un lado las tonterías e hizo que nos enfoquemos en el tema principal de aquella reunión; las nuevas amenazas.

—Esto me da mala espina.—