Derek Hale
La mañana siguiente me levanté mucho más temprano de lo que acostumbro. Pues, el móvil de Stiles estaba siendo persistente, y su horrible ringtone me perforaba el oído.
Tanto el dueño del dispositivo como mi tío, no estaban en condiciones de levantarse, o tal vez directamente no se querían levantar; inspiro profundo y me impulso lo necesario para poder salir de aquella comodidad que hace mucho tiempo no sentía.
Enseguida descuelgo sin preocuparme por quién llamaba a tan tempranas horas:
—¿Diga?—
—¿Derek? ¿Stiles se quedó en tu departamento o se olvidó el móvil allí?— El sheriff Stilinski prácticamente ya estaba acostumbrado a que Stiles se pase noches en mi Loft, y que muchas otras veces se halla olvidado el móvil en la mesa. Nada nuevo, según él.
—Sheriff, buenos días, perdone si no le avisamos el paradero de su hijo la noche anterior, se nos pasó por alto.—
—No, nada de eso Derek. Ya Stiles está grandecito como para que me avise que se quedó dormido en tu sofá.—Desde el otro lado de la línea el sheriff Stilinski se echa a reír ante, seguro, la imagen de su hijo durmiendo como si estuviese en su propia casa. —Puede llegar a ser un desastre durmiendo, pero cuando no suele tener pesadillas es un verdadero ángel.— Vuelve a reír el padre del castaño, quién seguía en brazos de mi tío.
—No sé usted, pero Stiles no sufre de pesdillas en mi departamento, o por al menos nunca tuvo uno las veces que se quedó aquí.—
El silencio se hace repentino y en sí eso me pone algo nervioso: —Eso es muy bueno. La verdad es que los empiezo a envidiar un poco, ¿sabes las veces que quedé con insomnio porque Stiles no podía dormir...?—
—Sheriff, disculpe que le interrumpa pero... ¿a que se refiere con qué nos envidia? Vivo sólo.— Otra risa surge de la incomodidades más profundas.
—No te quieras hacer el listo Hale, sé muy bien que tu tío también está allí. De todas formas, ustedes gracias al cielo, no tendrán que despertar a mitad de la noche para ver cómo mi hijo sufre un ataque de pánico mientras duerme, y que por puro instinto paterno, no lo abandonarían hasta que pueda reconciliar el sueño.— Esta vez soy yo quién me quedo callado, mientras que ahora observo a Stiles aferrado a las sabanas de mi cama, a una camiseta de Peter y a mi campera de cuero, la cual no recuerdo haberla puesto cerca de la cama en ningún momento. —¿Derek? ¿Todo está bien, hijo?—
—Si. Todo está bien, sólo me aseguraba de que Stiles no tenga frío.—
—¿Cómo?—
—Para que no pase frío...— La pausa se extiende más de lo que tendría que ser. El sheriff chasquea su lengua, y gime cansado.
—¿Como sabes que Stiles tiene frío durante la mañana temprano?—
—Soy un hombre lobo, sabemos el estado de una persona...— Miento; lo verídico de mis palabras se hallan en como me sentía al día siguiente al saber que Stiles y Noah amanecían bien. No sería nada bueno que mi futuro suegro sepa que me quedo noches enteras fuera de la ventana de la habitación de su hijo, cuidándolo en el silencio y el frío de la noche.
—Haré que te creo la historia.— Ahora fue mi turno de reir suavemente, a su vez, conseguí que Noah ría un rato más conmigo.
Luego de eso, me contó un poco de las pistas sobrenaturales y pocos coherente que llegaban a la comisaría, dándome una que otra ubicación de dónde se las encontraron junto con otros datos relevantes.
—Bueno hijo, me agradó hablar contigo, pero tengo que ir a trabajar. Nos vemos mas tarde, Derek.—
—Sheriff, antes que cuelgue.— Me apuro en agregar.
—¿Si?—
—No tiene problema a que hora le devolvamos a Stiles hoy, ¿no?—
—Solo que vaya a clases dentro de una hora, después se lo pueden quedar todo lo que gusten.—
—Bien. Hasta más tarde.—
—Nos vemos.— Cuando cuelgo aquella amena charla, me quito la camiseta negra que tenía puesta la noche anterior y la echo en el respaldo de una silla.
Ya estando en la planta principal, me tomo un tiempo para hacer mis ejercicios matutinos y luego ganarme una merecida una ducha caliente.
Al subir las escaleras, veo a Peter mimando tierno a Stiles. Odiaba admitir pero me llevaba una gran ventaja en el contacto físico y capaz, en lo emocional, pero aún así el aroma que Stiles desprende al estar conmigo es mucho mas diferente que cuando está con Peter.
"¿Acaso tendrá aromas distintos para cada uno?".
Me apuro y bajo enseguida a la cocina nuevamente, pensando en como igualar o, si es posible, superar al psicótico de mi tío.
"Primera etapa del cortejo: Proveer".
El vivir solo me ha enseñado a desarrollar ese sexto sentido en las comidas.
"Dotes culinarios, decía mi madre".
Por un momento pensé si en realidad iba a valer algo aquel acto, para luego volver a la misma respuesta: Es Stiles.
El desayuno consistía en tazas con café, tres para ser exactos, panqueque con caramelo, huevos revueltos y un poco de jugo de naranja al natural.
Desde arriba percibí movimientos, y es, hasta ahora, un solo corazón el que tiene un ritmo despierto: Peter. Escucho como se viste para después ir a levantar a Stiles.
—Venga, es hora de que te prepares para la escuela.—
—¿Escuela? ¿Que escuela, no es fin de semana aún?— Sonrío por aquella respuesta incoherente y sublime a la vez. Un par de pasos pesados se hacen presente, y es Peter quién trae a Stiles, aún siendo un bello durmiente en sus brazos; sus ojos pegados y no acostumbrados a la luz, pues, la noche había sido demasiado oscura.
Le tendí su desayuno variado, y él aún ataraxico: me regala una sonrisa, con oyuelos como dádivas y un simple roce en mi mano: diciéndome que todo estaba bien.
—Tú papá te llamó.— Dejar de respirar es una afirmación un tanto exagerada, para alguien normal, pero en este caso, Stiles, lo hizo. Mi tío me dirige una mirada hostil y con ella un indicio a que prosiga. —Solo preguntó si estabas aquí. Y que no le sorprendió el hecho de que yo halla respondido.—.
—Umm. ¿Eso fue todo?— Pregunta llevándose un pedazo panqueque a la boca.
—También dijo que no tenía drama si volvías o no esta noche a casa, "Solo que valla a clases" fue el término.— Peter miraba atento, ¿a qué? No lo sé.
Stiles nos sonrío, a ambos. Se tomó el jugo de naranja y se fue para arriba. No dijimos nada, tampoco lo detuvimos para preguntárselo. Ahora ambos tomamos asiento, mientras oímos los movimientos que sucedían en mí habitación.
—Proveer. Me ganaste de antemano en ésta, sobrino; debí suponerlo.—
—No es cualquier juego, Peter.— Le contesto algo molesto, tal vez viendo el poco interés que demostraba en tan delicado tema.
—Nunca dije que esto fuera un juego para mí, Derek. Y me ofende que me tomes tan a la ligera siendo que soy tu rival amoroso...— Hace una pausa, verificando que Stiles no este escuchando. —... Stiles merece alguien que le demuestre constantemente que es especial y que no haríamos nada sin él; pero tú, querido sobrino, te olvidas de tan chico detalle, subestimas continuamente sus habilidades y capacidades.— Me quedé sin habla ante tal reprimenda.
"¿Tan mal trato a Stiles?".
Todo este tiempo, inconsciente estuve abusando y degradándolo delante de todos.
—Tiene un corazón demasiado grande para perdonarte todas esas veces que lo amenazaste. Y te tendrías que dar cuenta; las veces que tuvo oportunidad de alejarse de la manada, y no lo hizo. Ahora, quiero lo pienses detenidamente: ¿Acaso Stiles merece darte la oportunidad de que le proveas, cuides y ayudes a criar, despues de todo lo que pasó contigo cerca?— Un delirio me atormentaba. Mi tío tenía más que razón en todo aquello.
"Y si las cosas son así ¿para que tratar de corterjar al Stiles? Estaría cavando mi propia tumba".
Esto no tenía mucho sentido.
Me sentía mareado y débil, como si Peter me ubiese inyectado wolfbane en cada una de aquellas palabras que me fue dirigiendo. Tan sumergidos estuvimos en esa charla que no notamos el tiempo y las cosas que pudo haber escuchado Stiles, quién ahora nos mira a ambos con aflicción desde las escaleras.
Él solo niega suavemente y chasquea su lengua; se masajea la sien, como si buscara una respuesta a todo aquello.
—¿Desde cuando?— Me atrevo a preguntar haciendo referencia a su presencia. Él me mira y se pone de pie.
—Desde el principio.— Susurra bajo, a un tono que sólo los tres podemos escuchar. —No creí que este tema los llevara a pelearse, como familia.—
—No es lo que crees, pequeño.— Peter se adelanta en contestar, pero es callado por un movimiento de mano, la cuál termina por posarse en su mejilla, acariciando apacible.
Marcando olor.
—Stiles, yo debo pedirte disculpas. Y quiero que termines el cortejo con...—
—Alto ahí, Derek. Accedí a que ambos comiencen el cortejo, y que a un final, yo decidiera.— Se separa de Peter y se aproxima, se sentía como si no fuese el mismo muchacho que todos conocían: inquieto, charlatán, juguetón y sarcástico. Era ahora un chico tranquilo, resolviendo un problema de la manera más calmada posible para los tres. Nuestros cuerpos se rozan y se terminan uniendo en un abrazo.
Sus labios buscan los míos, y delante de Peter, me besa.
Lento y pacífico, disfrutamos de aquel acto. Peter se acerca, se quiere unir y no tarda en hacerlo. Ahora Stiles también comparte su elixir con él. Uno y uno hasta el punto de combinar nuestras salivas, entre los tres. La temperatura sube y las mejillas de Stiles están coloradas, los ojos de Peter brillan azules eléctricos dilatados y los míos en rojo encendido.
Pronto todo acaba, Stiles se separa lastimosamente de ambos; nos sonríe pícaro y luego se muerde su labio hinchado y húmedo.
—Creo que va siendo hora de que me valla yendo.—
—¿Quieres que te alcance?—
Preguntamos a la vez, Stiles suelta su hilarante risa y nos complace de su dulce aroma, una vez más.
—¿Ambos me acompañan?— pregunta aún con algo de risa, mientras amaga a secarse una lágrima de alegría.
—Si así lo deseas.— contestamos y el asiente feliz.
—Me gustaría que fuera de ese modo.—
—Así será entonces.— Contesto y finalizo.
Ahora los tres bajamos hasta el estacionamiento, donde está el Camaro hacia la secundaria de Beacon Hills. Ese día es nuevo, es diferente y me gusta; nos gustaba.
No había nada que objetar.
Eso era suficiente.
