Buenas chicxs! Aprovechando que tenemos que quedarnos en casa, voy a publicar un par de capítulos seguidos. Espero que disfrutéis de las aventuras de Dean y Baby (y Cas)! Cuidaos que está la cosa muy mal!

No. No se podía ser más penoso. Ni más ridículo. ¿Cuánto tiempo llevaba negándose lo que sentía por Cas? ¿Cuántos años? No tenía ni idea de en qué momento sus sentimientos hacia el ángel habían pasado de fraternales a… algo más. Baby había tenido que coger forma humana y ponerle en evidencia para que se diera cuenta. Dios… no, definitivamente no se podía ser más ridículo.

Enterró el rostro entre las manos.

—Vamos, vamos. Tampoco hay que ponerse así.

Dean negó con la cabeza. Oyó cómo Baby soltaba un suspiro, se levantaba y se sentaba a su lado. Una mano cálida se apoyó en su hombro. Le estaba intentando consolar.

—No lo entiendes… ¿qué se supone que tengo que hacer con esto?

—Venga ya, Dean. Nunca has tenido problemas con el coqueteo. ¿Qué hay de diferente esta vez?

El cazador al fin levantó la vista. La miraba como si estuviera loca. Tenía que estarlo.

—¿Cómo va a ser lo mismo? Los ligues de una noche no tienen nada que ver con esto. Con él… Es mi mejor amigo, por el amor de Dios. No debería sentirme así por mi mejor amigo.

Baby soltó otro suspiro, esta vez rozando la exasperación.

—¿Por qué no? ¿Es por qué es un tío?

Los hombros de Dean se crisparon.

—No. Sí… Yo que sé. No entiendo nada…

—Es por tu padre. —No lo dijo en forma de pregunta.

—John lo hizo lo mejor que pudo.

Aun y después de todos aquellos años, seguía sintiéndose incapaz de no defender a su padre. Llevaba sus enseñanzas tan dentro de sí como su instinto.

—Yo no he dicho lo contrario. Pero Dean, tu padre estaba roto. La muerte de Mary lo cambió, créeme, yo estuve allí —el cazador se giró a mirarla con sorpresa—. Había sido un hombre extremadamente cariñoso y atento, incluso alegre. Pero tu madre fue el amor de su vida y nunca lo superó. Sí, lo hizo lo mejor que pudo. Pero no puedes, aun hoy en día, seguir llevando el peso de sus palabras. Era un hombre de otro tiempo, con otros conceptos sobre la familia y el amor. ¿O no consideras familia a todos los que viven bajo este techo?

Se quedó callado. Claro que eran su familia. Quizá Baby tenía razón, pero su padre seguía siendo parte de sí mismo, como una espina demasiado hundida en su interior.

Las palabras empezaron a brotar de entre sus labios con sencillez, cogiendo fuerza y deshaciendo un nudo que llevaba demasiado tiempo en su garganta.

—De adolescente, recuerdo haber hecho un amigo. El único amigo que he tenido que no fuera cazador. No sé ni en qué pueblo estábamos, pero estuvimos allí el tiempo suficiente como para que quedáramos para salir en bici, ir a comer helado, cosas de esas —Baby escuchaba atentamente—. Supongo que durante esas semanas hablé mucho de él. No lo sé… Al final mi padre me dijo que no podía seguir viéndole. Que estaba empezando a ser "sospechoso". No tardamos en marcharnos del pueblo. Recuerdo la vergüenza que me hizo sentir. Como si estuviera haciendo algo muy malo, aunque nunca pasó nada entre el chico y yo. Éramos realmente solo amigos. No volví a intentar acercarme a ningún chico. Llegábamos al pueblo que tocara, para matar al monstruo de la semana, intentábamos sobrevivir en el instituto, me ligaba a alguna chica para no estar solo en clase, y a repetir la historia en el siguiente pueblo.

De repente, se dio cuenta de lo mucho que había soltado. Jamás se había desahogado tanto con alguien. No quería darle pena. Pero no pudo evitar volver la mirada y hundirla en aquellos maravillosos ojos grises. Solo vio fuerza, pura y dura, sin un ápice de compasión. Le sonrió avergonzado.

—No es ningún secreto que tuvisteis una infancia, como poco, difícil. Nunca fuiste un niño, Dean. Pero eso ya lo sabes —el cazador asintió—. Sin embargo, las cosas han cambiado. Y, si necesitas la aprobación de una figura paterna, te sugiero que pienses en Bobby. ¿Qué crees que te habría dicho si hubieras aparecido ante él con un chico?

Dean soltó un resoplido.

—A no ser que le distrajéramos de sus libros, no creo que le hubiera importado una mierda.

Bobby tenía una extraña manera de ver las cosas. O quizá era la manera correcta, a saber. La cuestión principal era si tenía que ver con el folclore, los monstruos o los hermanos Winchester. Más allá de eso, le daba todo bastante igual.

—Exacto —se sonrieron con complicidad—. Además, Castiel no es un hombre, solo tiene el cuerpo de uno. Y qué cuerpo…

Dean levantó los ojos al cielo. Apuró la copa y se sirvió más, intentando que sus acciones ocultaran su enrojecimiento. Supuso que no funcionó porqué Baby empezó a meterse con él mientras rellenaba su propio vaso.

—Venga, no me digas que no te has fijado. Es increíble que consiga estar sexy con esa enorme gabardina tapándole.

—Te estás pasando. —Le advirtió Dean sin poder evitar que una sonrisa se colara por las comisuras de sus labios.

—Así que te has fijado eh… ¿Y esa corbata a medio deshacer? No me dirás que no es una tentación constante. Me dan ganas de cogerla y obligarle a inclinarse y…

—¡Vale ya Baby! —Exclamó el cazador, con el rostro definitivamente enrojecido.

La mujer soltó otra de esas portentosas carcajadas suyas. ¿Cuánta gente podía decir que su coche se estaba riendo de ellos? David Hasselhoff, supuso. La ronca risa de Baby acabó por pegársele. Los dos se estaban riendo como locos, como los dos tontos que eran, como si estuvieran borrachos en algún bar de carretera; vale, quizá lo de borrachos se acercaba bastante a la realidad.

Cuando se les pasó la tontería, Baby volvió a apoyarle una mano en el hombro.

—Entonces, ¿qué vas a hacer? ¿Vas a confesarte?

El terror invadió a Dean durante un segundo.

—¿Qué dices? ¿En qué mundo podría corresponderme?

Baby pareció pensárselo un momento antes de contestar.

—Imagino que en cualquier mundo. Yo que sé Dean, solo soy un coche.